ÍNDICE
PRESENTACIÓN
PALOMA
BENDITO SEA
KAVURE'Í
FUE UN LORO
MBOI TUÍ
HORNERO
MARTIN PESCADOR
LOROS SEMBRADORES
TUCÁN
PITOGUÉ
LECHUZA
PÁJARO CAMPANA
KOROCHIRÉ
YACY YATERÉ
TAGUATÓ
ÑANDÚ
PATO
AVES SOBRE UNA CASA
BIBLIOGRAFÍA
PALOMA
SEGUNDA ÉPOCA: EL DILUVIO
Una de las primeras figuras interesantes de la mitología guaraní es la paloma, llamada también yerutí, torcaza, en el vasto entorno de este idioma, que comprende cuatro países que comparten el bello hablar nativo. En algún momento de la antigüedad, desagradó al dios guaraní Tupá Marangatú alguna soberbia, irreverencia o falta de solidaridad en las tribus primigenias y quiso limpiar la tierra con una tremenda e inmensa caída de agua, como lavándola, para después volver a hacerla andar como cuna de la humanidad. Pero antes, a manera de aviso, advertencia o con el deseo de salvar a los que lo hubieren merecido, envió junto a Tumé Arandú, uno de los primeros héroes culturales de la tierra sin mal, a dar aviso a los rescatables de tan grande tragedia, a la paloma, anunciándolo.
La paloma, simpática ave que arrullaba con el sonido del hablar nativo, voló al encuentro de Tumé y le dijo: ¡Oú!, ¡Oú!, ¡Oú!, que en traslación mitotemática significa: ¡Viene!; era el aviso. ¿Y qué venía?, el diluvio. Tumé ordenó a su gente que se subiera a palmeras y cocoteros, recogieran frutos, tejieran bolsos y hamacas y se dispusieran a alimentarse en este medio mientras durara el diluvio, produciendo tal inundación, que todas las tribus recuerdan, incluso en la circunferencia de la tierra, como lo más grande y penoso que se había visto y lamentado.
Pero como en todo mal hay una lección que recoger, los guaraníes aprovecharon para aprender algunas cosas útiles y necesarias, como tejer, para vivir en lo alto, mientras durara tan tremendo meteoro; reunir frutos y descubrir otros alimentos, como fueron el coco y los brotos tiernos de la palma, llamados palmito, de extendidos usos en la cocina moderna.
Tumé enseñó que había un ser superior llamado Tupá, a quien debíase respeto y amor y a quien se podía pedir extremos favores. Fue así que mientras las aguas seguían subiendo, oraban todos pidiendo algún favor especial; de allí que palmas y cocoteros continuaron creciendo hasta sobresalir con su carga humana sobre el nivel de aquella inundación.
Aún se escucha como lejano eco, ese salvador ¡oú!, ¡oú!, de la paloma.
BENDITO SEA
Terminado el diluvio, con la salida del sol volvió a cobrar vida la extensa comarca Tupí-guaraní; y vecinas tribus que manejaban el mismo idioma. Conmovido Tumé, que oficiaba de mediador entre Tupá y los hombres, por el inmenso favor que significaba el final de tamaña inundación, encargó a una graciosa avecilla que recorriera toda la extensión poblada por guaraníhablantes, desde el Amazonas, que significa -en mitología- amasoró (igual a tempestad rota y Paraná, pariente del mar por unirse a él), que fuera enseñando a agradecer al supremo Tupá, cantando en las mañanas y al atardecer una oración de dichosa gratitud entonando invariablemente estas dulces sílabas: ¡Bendito sea!, ¡Bendito sea!...
¡Cuántas cosas pueden enseñar las aves a quien sabe escuchar!. Tan bonito cantar inspiró a un exitoso músico de esta bella Mesopotamia, Gregorio Cabrera, a componer una celebrada página para orquesta, donde resalta el violín con estos armoniosos sonidos: Bendito sea. Un poco más al sur, en Corrientes, la misma avecilla entona con afirmación esta frase, como recalcándola, de este modo: ¡Bendito sea, séa!, y la repite y repite, como enseñando a no olvidarla, y lo hace en si bemol mayor. En ocasiones, se deja escuchar una repetición categórica, como subrayándola graciosamente así: ¡Bendito sea, ché.... ! y le queda bien. Es así como el buen cantar ayuda a honrar al Señor.
Esta avecilla tiene la particularidad, que todos pueden comprobar, de contestar la invitación cuando alguien, silbando, la imita. Quieta y tranquila desde la misma rama responderá su cantar: ¡Bendito sea!, una y otra vez, especialmente al reanimar la tierra el sol y al despedirlo con la espectacularidad del atardecer, que son los momentos universalmente propicios para tan piadosa gratitud.
Hagamos en estas horas señaladas, esta interesante y ornitológica prueba que une a la tierra, el ave y al hombre en tan amable melodía, sin olvidar que melodía viene precisamente de sabor a miel, de allí arranca la acción humana de melifluo cantar.
KAVURE'I
Kavure'i es un ave, mejor una avecilla, de gran significado en el modo de sentir, evaluar y obrar del pueblo guaraní. Kavur es el nombre de un antiguo sabio nativo, o como se dice actualmente, un héroe cultural de la legendaria tierra primigenia; se lo identificaba como sabio, poeta, adivino y médico que gozaba de gran aceptación y acatamiento en toda la dimensión mesopotámica que hoy llamamos La Cuenca del Plata y aún más allá de estos lindes hasta donde ha llegado el comentario de sus hechos semifabulosos, tales como la captación de un silencioso respeto y su ponderable magnetismo que demarcan su misteriosa presencia.
Como cacique, tenía pleno dominio sobre todas las tribus, siendo más acatado que los naturales jefes de ellos. Sus indicaciones eran dadas tan sólo con la intensidad de su mirada. Su época fue inmediatamente anterior al descubrimiento del fuego; su labor se limitaba a enseñar lo que en esta situación de lento crecimiento se podía asimilar y aprovechar. Así enseñó a elaborar -sin fuego- el conocido chipa kavuré, que es una masa de almidón de raíces silvestres con una lactosa vegetal y sales yacentes en la vasta comarca de sus dominios; esta masa convertida en masa o bollo primario se ponía a cocer sobre una piedra al simple calor del sol, mientras su pariente Terenoé, maestra también, enseñó a hacer el tereré (así denominado en su memoria), bebida que sólo requiere agua fría, como todos estos pueblos nuestros lo saben.
Pero como todo cambia en esta vida sobre la tierra, se descubrió el fuego y lo trajo otro sabio civilizador guaraní llamado Tumé Arandú, y lo quiso imponer como medio de progreso y adelanto promisorio. Ambos se enfrentaron y con el fuego y la luz que éste da, pudo triunfar Tumé, siendo expulsado Kavur, como suele ocurrir.... Pero Kavur no se fue; continuó apareciendo y agitando y eligió un estilo de venganza a su peculiar manera. De vez en cuando, se lo ve, silencioso, magnetizante, reunir a varios caciques, hipnotizarlos y en medio de silenciosa ensoñación, se come a uno de ellos y se aleja convertido en ave, el famoso "kavure'i" de nuestras campiñas guaraníes.
FUE UN LORO
Numerosas tribus y sub tribus estaban emparentadas en aquellos bellos tiempos unidos por el sugestivo idioma guaraní. Todo marchaba bien; los nativos vivían en paz, los hombres trabajaban, cosechaban frutos y sembraban con palizos instrumentos algunas semillas como el maíz; también mandioca, y cazaban para mejorar su alimentación; las mujeres; por su parte, cosechaban y cantaban; algunas aprendieron a tejer y bordar, iniciadas, perfeccionaron sus labores hasta la belleza del ñandutí.
Los indiecitos jugaban y traveseaban a gusto en las galerías de la selva e imitaban a las cigarras en su monótona silva; era la tierra feliz, la tierra sin mal, hasta que un día...
A causa de un loro charlatán, repetidor de cuanto llegaba a sus oídos, comenzó a devolver lo que sabía a toda voz, o como se dice "a grito pelado", causando más de un problema en la población, a tal punto que allí mismo se originaron gordos chismes, porque ésta había ido al monte, o la otra tardaba en volver... como que el lío se fue enredando hasta llegar a los oídos de los dos hermanos Tupí y Guaraní, que tenían sus tavas o pueblos, uno junto al otro; uno mirando al este, otro mirando al suroeste, como se puede ver hasta hoy. No se ha podido saber claramente qué originó la enemistad tribal, retirándose ambas comunidades, "cada cual a su rincón"... como se diría hoy, deportivamente, llevándose cada grupo sus cosas, su lengua y sus cantares al hombro, conservándolos en el alma. Se habían separado después de alguna refriega o guerra, motivada por las circunstancias de la superpoblación o promiscuidad, como dicen los sociólogos, donde se originó la chispa del recelo fatal.
Tupí y Guaraní, amigos en convivencia, hermanos inseparables parecían, liaron sus bártulos y se fueron a buscar lugares más tranquilos poniendo distancia entre chisme y chisme; señal de que este uso vecinal tan usado y desacreditante, era de antiguo uso e irremediable data. Fue así que se repartieron los rumbos y horizontes del Nuevo Continente, cuyo antiguo nombre, autóctono, original y vernáculo, aún estamos buscando para hacer de ello una vera novedad impactante, que aún hay tiempo para todo; la cuestión es investigar un poco más, nada más.
En fin, las sorpresas que puede traer un loro charlatán.
MBOI TUI (SERPIENTE LORO)
En época cercana al principio de los tiempos -minutos más, minutos menos- existió en la tierra encantada de los guaraní, la tierra sin mal, tierra y tiempo que hemos perdido, un loro de vistosa pinta, muy hablador y, a veces, tercamente silencioso, que observaba todo lo que pasaba en esa tava o comunidad nativa, paseándose en ir y venir en la rama que le fue asignada por Rupavé, padre primigenio de la tribu ancestral que vivía feliz y tranquila de lo que la rica y generosa selva y campiña daba para el sustento, sin que faltara nada, lográndose también alguna caza y pesca, sin descontar peces de sus abundantes ríos.
Tanta bondad de la tierra y tanto bienestar del pueblo, ocasionó la curiosidad de lejanas tribus y quisieron saber el origen de ese bienestar; así que se acercaron y se pusieron a explorar, buscando esa verdad.
Pero no pudieron saberlo todo enseguida, porque selvas y bosquecillos guardaban caminos secretos conocidos sólo por lugareños, que habían sido aleccionados por Rupavé, de que no permitieran la entrada a toda gente curiosa, andariega, o guatapora; simples caminantes de la tierra, porque la presencia de gente extraña constituía un serio peligro a la estabilidad o vida equitativa de la comunidad agrícola-cazadora guaraní. Pero como curiosos y andariegos abundan, transan y transitan; descubrieron la ubicación del goloso loro y dándole miel fermentada, llamada eira lechiguana, en peligrosa cantidad, consiguieron emborracharlo, poniéndose este loro a hablar sin medida ni prudencia de todo lo que sabía, descubriendo así la entrada secreta a la tierra sin mal, diciendo fuertemente: ¡Por aquí!, ¡por aquí!, por donde los invasores pudieron colarse quedándole al loro el nombre de Paracáu; regresado Rupavé de sus largas correrías con sus frutos y caza a cuestas, advirtió que extraños habían entrado a la protegida tierra sin mal, halló al loro todavía en medio de vapores de libación, guaripólicamente... y comprendiendo que éste fue el causante de tal intromisión extraña, lo maldijo, convirtiéndolo en un loro de alas atrofiadas, con un largo cuerpo de serpiente enroscada a la rama, pero conservando tan sólo el pico de loro, imagen que se puede ver en una roca de Tovatí, recordando el caso tallado en roca viva perennemente .
HORNERO
Apenas posesionado de sus insospechados dominios, por alejamiento del anterior regidor -Kavur- salió Tumé, el sabio, a reconocer por todos los rincones la geografía y topografía de los asentamientos tribales de la grande y dispersa familia tribal originaria de los Tupí-guaraní en esta tierra sin mal, en aquellos tiempos, cuando a unos pasos nomás de su techo y de su pueblo o tava, se encontró Tupá Arandú que en su calidad de héroe cultural, era natural mediador entre el hombre en la tierra y la divinidad en los cielos, conocido en su nombre de Tupá Marangatú -Dios Todopoderoso- cuál es su significado en guaraní. Al salir nomás, decía, se encontró con un par de niños tiritando de frío; se detiene y les pregunta:
- Y ustedes, indiecitos guaraní, ¿qué hacen aquí?
- Estamos buscando un poco de sol porque tenemos frío
- ¿Tienen frío?, ¿y dónde está vuestro padre?
- Está por el monte buscando bichos para comer
- ¿Buscando bichos?; ¡vayan a buscarlo inmediatamente!
Encontrado el cacique, lo acercan a Tupá, originándose este diálogo:
- ¿Dónde has estado?
- En los bosques, tratando de cazar alguna cosa
- ¡Pero dejas a los niños muriéndose de frío!, ¿no lo ves?. ¿Por qué antes de ir lejos, no les haces un techo protector?.
Y surge allí el primer gran pretexto y disculpa de inacción:
- ¡Cómo, si no tengo herramienta!...
- ¿Herramienta?, ¡Esto se hace con las manos!... –y levantando sus brazos para gesticular en su protesta, se posa en una de sus manos el hornero, ave constructora llamada también Alonsito, y ordena-: ¡Hornero!, múestrale a este despreocupado cacique, cómo se construye una casita para proteger del frío a los chicos!...
Y así fue como el hornero, sin reclamar herramienta alguna, construyó el primer techo modelo, que, ampliado, sirvió para albergar y formar poblados guaraníes, llamados tavas, donde familias enteras se protegieron del frío, de la lluvia y del granizo. Realizada la muestra con sólo pico, barro y palitos quedó silencioso el cacique mientras surgía la segunda frase típica nativa, de boca de Tumé: ¿Qué vas a decir?.
Fue la oportuna lección civilizadora con Tumé Arandú.
MARTÍN PESCADOR
Luego de aquel encuentro con la realidad del pueblo que Tupá le había asignado, donde recibió la oportuna ayuda "didáctica" y picopráctica del hornero, Tumé salió a reconocer sus lares por la geografía húmeda, los ríos de esta rica mesopotamia, originándose otra escena típica de la imprevisión ñandeteva. Se encontró con unos muchachos, adolescentes del saber práctico, que, cansados y con notable y visible apetito -famélicos- como se dice en los libros de la Castilla moderna, les preguntó un poco intrigado por su aspecto de demorado yantar:
- ¿Qué les pasa a ustedes, que están alicaídos o enfermos?
- Tenemos hambre, respondió uno de ellos
- ¿Hambre?, preguntó Tumé, ¿y dónde está el hermano mayor?
- Por el monte, buscando raíces, le respondieron ambos
- ¡Buscando raíces al mediodía!, tronó Tumé. ¡Vayan a llamarle!
Parten los muchachos y traen al jovenzuelo, parlando y silbando.
- ¿De dónde vienes?, pregunta Tumé.
- De aquellos árboles, cerca del cerro, responde
- ¿Y cómo no te das cuenta que estos jovencitos tienen hambre?, ¿qué pasa que no les enseñas a hacer fuego y tostar aquellos pececillos que saltan sobre este río?.
Y aquí surge -es histórico- el segundo pretexto nacional:
- ¡Pero no tengo anzuelo!
- ¿Anzuelo?, pregunta algo indignado Tumé. ¡De dónde anzuelo!.... y levantando la vista ve acercarse un ave y Tumé lo llama:
- ¡Martín Pescador!, llegas a tiempo... ¡muéstrales a estos aprendices de la ciencia de la vida, cómo se logra buena pesca...!
Y fue así como el voluntarioso Martín Pescador se convirtió en maestro de rica y abundante pesca. Arrojándose al agua, y sin más anzuelo que su pico, usado como martinete -de allí su nombre- mostró que era posible pescar, sin pretexto de que faltara anzuelo.
El hermano mayor quedó un poco cortado. Momento que aprovechó el sabio Tumé para agregar la ya tradicional pregunta finiquitoria: ¿Qué vas a decir...?.
Concluyamos diciendo que Martín Pescador en guaraní es pirá guirá, o mejor, pájaro-pez: guirápirá, porque el aborigen veía salir del agua, amalgamados, el pez y el ave.
LOROS SEMBRADORES
La tierra sin mal había crecido en población extendiéndose por todos los rumbos, planicies, montes y collados; las riberas de los ríos, lomadas y colinas fértiles en sumo grado. En tan bella tierra había mucha gente, especialmente niños que necesitaban algo rápido cercano y abundante para desayunarse mientras las madres golpeaban los morteros preparando farináceas para complementar los productos de caza y pesca que traería el guaraní, mientras los niños se esparcían por la campiña cercana, colectando frutas diversas, ingredientes que equilibradamente darían por resultado un pueblo sano y laborioso. De este normal desarrollo de la vida se ocupaba el sabio Tumé, sabio al fin, debía interesarse por su comunidad.
En una de sus andanzas, halló sobre la gramilla algunas frutas doradas, que migrantes de otras tierras habrían dejado caer; luego de olerlas y probarlas, hallándolas aromáticas y deliciosamente jugosas, las calificó de nutritivas y se propuso agregarlas a la dieta guaraní. Llamó a todos los loros de la comarca y les encargó una tarea especial:
- Creo, loritos charlatanes, que ustedes pueden hacer un gran bien a estos pueblos, llevando a desparramar estas semillas para que a su tiempo se conviertan en deliciosas frutas y todos los niños puedan arrancarlas y comérselas mientras pasean por el bosque.
- ¿Y por dónde debemos comenzar?, preguntó el jefe de los loros.
-Por todo el contorno inmediato y luego, por todo el interior, donde haya una tierra arenosa, capaz de recibir las semillas, que luego el viento cubrirá de tierra y sol y las lluvias harán germinar.
- ¡Creo, creo, creo que lo podemos hacer!, dijo el loro dirigente y se movieron todos aleteando con las semillas en el pico, para arrojarlas en lugares aptos, y así los niños guaraníes y los jóvenes también, tuvieron algo nuevo para comer en esta tierra sin mal.
- ¡Muy bien loritos laboriosos y parlanchines!, dijoles Tumé. Han hecho un buen trabajo y les recomendaré a Tupá Marangatú para que los convierta en inteligentes y simpáticos, pudiendo vivir del fruto de sus trabajos en las casas nativas, sin problemas.
Y así fue cómo prosperaron los cultivos de naranjos en el Paraguay. Embellecidas por el color del sol y el sabor de la miel para regalo infantil.
TUCÁN
Cumplida la formidable tarea de cultivar naranjos en la tierra sin mal, Tumé Arandú se dio cuenta de que faltaba hacer algo por la creciente población de gente madura -de ambas especies- que habitaba en sus dominios y habiendo hallado una rara semilla que, al parecer, trajo el viento y él mismo la cultivara, cuando creció el árbol, dio frutos y semillas en abundancia y hallándola nutritiva, este sabio las gustó todas, juntando las semillas para usarlas en provecho de la grande y dispersa tava guaraní. Para desarrollar ese proyecto, necesitaba colaboradores; llamó a una multitud de loros parleros para hacer el mismo trabajo, entablándose en el mitológico hablar de aquellos tiempos, este diálogo:
- ¡Bienvenidos toritos!, ¡animosos cantores!. Han trabajado bien esparciendo las semillas de naranja para que los niños tengan un alimento sano en su riquísimo jugo, durante todo el día y por toda la extensión de nuestras tavas guaraní.
- ¡Y qué quieres sabio Tumé que hagamos ahora, que somos muchos más?.
- ¡Quiero que vayan a desparramar por todos los campos conocidos que calienta el sol en la tierra sin mal, estas semillas que serán la solución alimenticia de jóvenes y mayores, como de los viejitos que ya no pueden subir a los árboles para arrancarlos, porque estas frutas caerán maduras a sus pies.
- Lo haremos enseguida, dijeron los loros, yendo a buscar las semillas que Tumé había tenido la previsión de poner a secar.
Pero volvieron los loros vocingleros, quejándose:
- ¡Creo, creo, creo que no podemos llevar las semillas!
- ¿Por qué?, ¿qué pasa ahora verdes avecillas de mi tierra?
- ¡Creo, creo, creo que las semillas se escapan de nuestros picos!
Sorprendido de que no pueda cumplirse una orden suya, Tumé se preguntó: ¡Qué podemos hacer con tanta semilla...?
En esto pasa volando un pajarillo ya conocido y suelta la solución:
- ¡Bendito sea!... ¡Bendito sea!...
- Ahora comprendo, dijo Tumé, y pidiendo favores a Tupá, logró que le enviara un ave con pico más grande, que pudo cortar las semillas. Esta ave tan oportuna existe aún y se llama Tucán.
BIBLIOGRAFÍA
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"".- Anthropos, Internacional Reviev, Vol. 50; 1955.
- Tomás Ozuna: Notas guaraníticas. Asunción, 1923
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- P. Sánchez Labrador: Peces y aves del Paraguay, Fabril Ed. L.B.A.
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- Rudi Torga: Entrevistas personales.
- Mauricio Cardozo Ocampo: Memorias y entrevistas personales.
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-Andrés Oscar Contreras: Guirá campana, Asoc. Hombres y naturaleza y Amigos de Doñaña (España). Edit. Pilar, Paraguay.
- Museo Mitológico de Capiatá. Km. 19, Capiatá, Paraguay.
- Museo de Itaipú: Colección documental. Ciudad del Este.
- Museo de Yacyretá, zona del Paraná, Ayolas.
- Biblioteca de la Universidad Católica, Asunción.
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- Encuentros con la naturaleza, Parque Municipal de Quiteria, Encarnación, Paraguay.