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ANTONIO V. PECCI


  22 TESTIMONIOS DE LUCHA POR LA LIBERTAD - Por ANTONIO V. PECCI - Año 2013


22 TESTIMONIOS DE LUCHA POR LA LIBERTAD - Por ANTONIO V. PECCI  - Año 2013

22 TESTIMONIOS DE LUCHA POR LA LIBERTAD.

ENTREVISTAS A VÍCTIMAS DE LA DICTADURA

Y DEFENSORES DE DERECHOS HUMANOS

© ANTONIO V. PECCI. 2013

 

Contacto: antoniopecci50@gmail.com

© De ésta edición:Editorial Servilibro.

Asunción, Paraguay.

Dirección editorial: Vidalia Sánchez.

Diseño de tapa y de interior: Propuestas.

Corrección de textos: María del Carmen Medina

Fotografías: Archivo Diario Última Hora.

ISBN: 978-99953-0-535-2

Colección Memoria Histórica.

Coordinación: Antonio V. Pecci

Impreso en Paraguay.




PRÓLOGO

VOCES QUE IMPIDEN EL OLVIDO

ALFREDO BOCCIA PAZ

La tortura, los asesinatos, el exilio y las demás violaciones de los derechos humanos perpetrados durante la dictadura de Alfredo Stroessner son conocidos por sus contemporáneos, aunque fueron negados cínicamente por sus ejecutores. En las batallas simbólicas, históricas y jurídicas los emprendedores de la memoria obtuvieron victorias resonantes -como lo fueron, sin dudas, la aparición de los llamados "archivos del terror" y la creación de la Comisión de Verdad y Justicia- pero el paso de los años hace que una nueva generación desconozca u olvide los sucesos violentos generados por el terrorismo de Estado.

Como antes, como siempre, son los testimonios de los sobrevivientes y testigos de aquellos hechos los que se imponen como presencia incómoda e impiden que la indolencia o la amnesia oficial borren los vestigios del relato histórico y edulcoren sucesos atroces. Esos testimonios rompen los silencios, impiden el olvido y reviven situaciones que, de otro modo, desaparecerían de la mirada de los que no las vivieron.

Es a partir de estos relatos de lo atroz que las sociedades que han vivido periodos represivos inician el difícil camino de la memoria. La construcción de la misma comienza en los testimonios, que tienen la fuerza incontenible de abrirse paso frente al discurso predominante, a los decretos de amnesia forzada, al miedo de revisar la actuación ilegítima de los Estados en el pasado reciente. Todo nace y se sustenta en los testimonios, que son construcciones reflexivas de experiencias propias, singulares e intransferibles que, cuando se repiten en lo sustancial, tienen la virtud de consolidarse como verdad jurídica.

Con esos elementos primigenios del proceso de la memoria trabaja Antonio V. Pecci, al presentar en formato de libro 22 entrevistas que fueron publicadas por el diario Última Hora entre marzo y mayo de 2004, en momentos que la Comisión de Verdad y Justicia iniciaba sus trabajos. Se encuentran aquí los testimonios de víctimas de la tortura y el exilio, de defensores de los derechos humanos, de sindicalistas y activistas políticos, de dirigentes campesinos y líderes sindicales o estudiantiles. El stronismo es retratado por quienes lo sufrieron de modo cercano en distintas épocas y ambientes.

Al unificar estas voces en un libro, Antonio V. Pecci logra revestirlas de una textura más unificada y menos perecedera que la de un diario impreso. Con eso, además, coloca otro jalón en su sólida y coherente senda personal de aportes culturales, artísticos, históricos y de rescate de la memoria reciente.

Estos testimonios nos llevarán de nuevo a un pasado que no hay que olvidar ni desconocer, pero solo para lograr que ese conocimiento de lo sucedido impida que nuestro futuro colectivo se vuelva a teñir de prepotencia e intolerancia.



INTRODUCCIÓN

¿Es necesario hurgar en nuestro pasado? Es esta una pregunta que aparece con frecuencia en los debates en torno a temas históricos principalmente. Pero también surge en la esfera personal, privada. Quizá no sea un buen ejercicio para la vida mantener la vista hacia atrás de modo permanente, pues nos llenaríamos de imágenes que distorsionan la realidad actual. Pero el no mirar hacia el pasado también conlleva sus riesgos. Sobre todo cuando nos referimos a una época que muchos prefieren olvidar. Como fue la dictadura stronista (1954-1989), con sus 34 años de despojos, de saqueos a los bienes públicos, de menosprecio a la ley y la justicia, de tortura, prisión y desaparecidos. De la instalación del miedo como segunda piel.

Y de la corrupción generalizada como modo de vida en el sector público y privado.

Todo en nombre de la "unidad granítica" de Gobierno-Partido Colorado- Fuerzas Armadas. Y en cuya cúspide se erigiría el dictador, con una suma de poderes sin precedentes en nuestra historia como país, manejando a su antojo los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Organizando la nación en territorios para diversos tipos de tráficos, como las drogas, el contrabando, tala de bosques, venta de tierras, desplazamiento forzado de comunidades enteras, para beneficio personal. El Tiranosaurio, como lo describió Roa Bastos, fue un voraz acumulador de riquezas, que, según investigaciones recientes, le permitieron acumular a él y a su familia alrededor de un mil millones de dólares. Como sucedió en la Nicaragua de Anastasio Somoza; de Leónidas Trujillo en República Dominicana; de Augusto Pinochet, en Chile; de François Duvalier en Haití. Dictadores ricos, en países empobrecidos, de irritantes desigualdades sociales.

El general Alfredo Stroessner (Encarnación, 1912-Brasilia, 2006) pudo establecer una "democracia sin comunismo" en virtud de la Doctrina de la Seguridad Nacional impulsada por los sucesivos gobiernos norteamericanos desde 1947 en adelante. En lo que se dio en llamar la guerra fría, que tras el final de la Segunda Guerra Mundial significó el surgimiento de dos superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Cada una de ellas estableció su ámbito de dominio geopolítico que derivó en una dura lucha a nivel mundial entre ambos poderes hegemónicos por el control de territorios.

Conseguido el apoyo internacional, acordado tras su visita a la Zona del Canal de Panamá, el joven y ambicioso general se dio a la tarea de conquistar un partido de masas. Y lo logró, luego de un cruento golpe en que enfrentó a la poderosa División de Caballería y consigue derrocar al presidente electo Federico Chaves (1953-1958).

Y, posteriormente, enfrentar al grueso de la directiva del Partido Colorado que se negó a cederle el gobierno de la nación en un principio pues lo consideraba un militar nazi. Pero a instancias de un sector de dirigentes, finalmente la mayoría cedió y le brindó el apoyo sobre la base del cumplimiento de unos puntos que la ANR se había establecido como objetivo. Entre ellos, la convocatoria a una Constituyente para sustituir la Carta Magna de 1940 de corte autoritario. Posteriormente, en 1959, el pedido de la Junta se ampliaría solicitando el cese del discurso agresivo del régimen contra sus oponentes; la normalización de la vida política del país; la convocatoria a elecciones generales y el levantamiento del estado de sitio. En suma, el respeto a las libertades fundamentales. El astuto general se comprometió, pero finalmente hizo a un lado esos requerimientos, realizó una purga del Ejército y de la directiva del Partido Colorado, clausuró el Parlamento y cimentó un omnímodo poder personal. Luego, en los años 60, por presión de los Estados Unidos, crearía una democracia maquillada con un Parlamento a medida y un Poder Judicial obsecuente. Pero con el apoyo de un partido de masas, sin lo cual no hubiese sido posible su permanencia en el poder durante tantos años. Lo que lo diferencia de otras dictaduras de la región.

Con el argumento del artículo 79 de la Constitución Nacional, que establecía el estado de sitio "para casos de conmoción grave", manejó discrecionalmente la vida y la libertad de miles de ciudadanos y ciudadanas. A lo que seguirían las fatídicas leyes 294 y 209, de represión al pensamiento y a cualquier tipo de opinión disidente. Con lo que tenía las bases para reelegirse una y otra vez desde 1958 hasta 1988, sin presencia de ninguna fuerza opositora. Se hacía denominar 'El primer deportista' 'El primer trabajador' 'El primer republicano'... Era el culto a la personalidad. Con el dato cómico, para los corresponsales extranjeros, de que los resultados electorales se conocían días antes de cada elección, los que generalmente le concedían el triunfo por 90 por ciento de los votos. Como diría en los años 70 el periodista norteamericano Jack Anderson, en un artículo en el Washington Post: "En el Paraguay no cae un pájaro a tierra sin que el dictador lo sepa".

Luego serían los años del Plan Cóndor, el pacto entre las dictaduras del Cono Sur, firmado en Santiago en 1975, por el que se comprometían al control de opositores, al intercambio de estos y a llevar operaciones secretas en conjunto en cualquier punto del mundo. Así se darían el asesinato del chileno Orlando Letelier, en Washington; el atentado y muerte contra el general chileno Carlos Prats, en Buenos Aires; la muerte del expresidente boliviano Juan José Torres; el atentado contra Bernardo Leighton en Roma; el secuestro del Dr. Agustín Goiburú de la ciudad argentina de Paraná. Y numerosos casos más. Era el Mercosur del terror.

Pero significaría también, sobre todo después de Itaipú, el cambio del modelo económico: concentración de la riqueza en manos de una minoría privilegiada, aumento de las desigualdades sociales, entrega de las tierras para la reforma agraria a colonos y empresarios brasileños y expulsión de comunidades nativas y de familias campesinas.

Hasta hoy se justifica al régimen de esos años, con el argumento de que había seguridad y realizó obras de progreso. El informe final de la Comisión de Verdad y Justicia (CVJ), creada por ley y que funcionó del 2004 al 2008, estableció en 19.862 las personas detenidas arbitrariamente, de las cuales el 90 por ciento de ellas fueron torturadas; los desaparecidos y ejecutados suman alrededor de 423 personas. Y los afectados indirectamente, principalmente familiares, llegan a 119.175. Una de cada 10 personas adultas fue afectada en forma directa o indirecta. Y son de mencionar los miles de exiliados.

De todo eso no se habla. Sin embargo, a pesar de estas cifras, del tremendo impacto que significaron esas políticas represivas en nuestra sociedad, se elude hablar de estos hechos. Y, es más, se pretende justificar, desde círculos colorados stronistas, dicho periodo autoritario con el argumento de que realizó "importantes obras materiales". O de que se trataba del "precio de la paz".

Pero, en la argumentación de la CVJ: "Tampoco puede esta Comisión hacer un análisis de los aspectos positivos y negativos del régimen autoritario. Esto presupone un relativismo moral que coloca hechos económicos y políticos propios de cualquier gobierno -dictatorial o democrático- en el mismo plano junto a actos aberrantes, declarados crímenes imprescriptibles de lesa humanidad. Este camino conduciría a relativizar -e incluso justificar- los actos atroces constatados, argumentando que, en contrapartida, el gobierno ha realizado acciones adecuadas o buenas".

De allí el deber de memoria histórica que tenemos la generación actual, la clase política y la ciudadanía, de revisar sin odios dicho pasado, en busca de la verdad y la justicia. Ya que, como indicaron voces autorizadas, los que no comprenden su pasado están condenados a repetirlo. Lo que vale para las personas y los pueblos.

El presente libro es una compilación de las 22 entrevistas realizadas por este periodista y publicadas en las páginas del diario Última Hora entre los meses de marzo y mayo de 2004. Una iniciativa que surgió en conversación con el entonces director periodístico Antonio Carmona a la luz de la reciente creación de la Comisión de Verdad y Justicia por ley de la nación. Y de que se cumplían 50 años del acceso al poder del Gral. Stroessner. En conjunto con el colega Carlos Pérez Cáceres, quien realizó similar número de repórtales, asumimos la responsabilidad de entrevistar a víctimas y luchadores de la dictadura y defensores de derechos humanos, los cuales estaban olvidados.

Todavía estaba vivo el exdictador gozando de un cómodo exilio en un lujoso barrio de Brasilia, junto a su hijo, el coronel Gustavo Stroessner. Ambos prófugos de la justicia.

De allí el reclamo unánime de las víctimas de que el exdictador concurriera a dar testimonio de lo ocurrido en esos años y, sobre todo, brindar datos para que se ubicaran los restos de los desaparecidos. Secreto que se lo llevó a la tumba en agosto de 2006.

El paso al libro exigió un retoque gramatical para evitar reiteraciones y sirvió para corregir algunos errores, pero con el cuidado de conservar la fidelidad, el registro del testimonio de cada persona entrevistada.

Es también una visión de distintos momentos de nuestro pasado reciente el que describen los entrevistados, como los entretelones del golpe de Estado de 1954; la crisis de 1959 en el seno de la ANR; el Plan Cóndor; la firma de los tratados de Itaipú y Yacyretá y las oleadas represivas ante las acciones de resistencia del campesinado, la Iglesia católica, los partidos opositores, los estudiantes, el movimiento sindical y la comunidad cultural. Un espejo de lo que fueron esos "años de plomo". De militares y de caudillos colorados que aplicaban la ley del mbarete muchas veces en contra de sus propios camaradas -como el caso del capitán Napoleón Ortigoza- o de sus correligionarios, como el de los miembros del Mopoco.

Es la visión de quienes sufrieron tremendas injusticias, de quienes arriesgaron mucho a favor de un país más equitativo, con vigencia de las libertades fundamentales. Y que se toparon con una maquinaria represiva monstruosa en que la tortura y la muerte estaban a la orden del día por parte de policías y militares, de fiscales y jueces, que habían, paradójicamente, jurado obedecer la ley. Una era de terror sin precedentes en el siglo XX.

Pesadilla que acabó el 2 y 3 de febrero de 1989 con la caída del dictador, y significó el cese de la censura a la prensa y un amplio marco de libertades públicas. Aunque su legado de corrupción e impunidad para los delitos sigue siendo un pesado lastre.

Algunos de los testimoniantes ya no están, por lo que su palabra adquiere mayor valor. En ninguno de ellos encontramos rencor ni deseo de venganza. Aunque sí el pedido de justicia a los represores. Y de restitución de lo robado al país y a las personas. Así como el vehemente deseo de implementación de una política efectiva de derechos humanos para evitar la repetición de un régimen de terrorismo de Estado y sus nefastas consecuencias.

A pesar de las duras experiencias sufridas, en todos estos sobrevivientes hay un haz, una luz de esperanza y una actitud de seguir luchando frente a las injusticias, de cara a la construcción de un país mejor, con libertad y justicia social.



ANANlAS MAIDANA

MÁS DE 20 AÑOS DE PRISIÓN

"MONSEÑOR: ESOS ESTÁN AHÍ PARA MORIR”

Es el único sobreviviente del grupo de cuatro dirigentes comunistas que permanecieron presos durante 20 años y hoy cuenta su experiencia.

El próximo 26 de julio, Ananías Maidana cumplirá 81 años, 64 de ellos dedicado a luchar contra los regímenes despóticos en nuestro país.

En sus diversas prisiones superó los 20 años, siendo la más importante la que sufrió desde 1959 hasta 1979. Oriundo de Encarnación, del barrio Hospital, cursó estudios en la Escuela Normal n.° 4 Clementina Irrazábal, donde tuvo sus primeros enfrentamientos con las autoridades de su ciudad natal, debido a sus protestas por las condiciones de trabajo de los obreros. En 1941, a los 17 años, comenzó su lucha a nivel estudiantil apoyando una huelga general de los maestros y el centro estudiantil se unió a esta huelga.

Ahí se adhirió al Partido Comunista, yendo a prisión. Luego siguieron otros años de lucha, hasta llegar al 59.

-¿En qué circunstancias fueron a parar al "panteón de los vivos”?

-Por disposición de la dictadura, cuatro presos estábamos condenados a morir en la prisión y se hizo un calabozo especial en la Comisaría 3º, en 1959, para nosotros.

Estábamos el educador Antonio Maidana, segundo secretario del Partido Comunista; el profesor normal Julio Rojas, el economista Alfredo Alcorta y yo, que era educador. El pueblo bautizó el lugar como el "panteón de los vivos".

El sitio tenía 1,70 por 4,40 metros, sin luz, sin ventilación, en un sótano y teniendo que hacer nuestras necesidades en un wáter dentro del calabozo. Dos años después llegamos a estar 15 presos políticos, teníamos que turnarnos para dormir, pues no había lugar. Casi cinco años pasamos sin salir al sol.

-¿Recibieron algún tipo de apoyo?

-En agosto del 63 vino una delegación de 6 senadores y 1 periodista de Chile, la mayoría de ellos partidarios de Stroessner, y como ya había una campaña de solidaridad con los presos nuestros en ese país, estos parlamentarios creían que eso era una propaganda y pidieron hablar con nosotros. Llegaron hasta la Comisaría 3º con el permiso de Stroessner. Entonces, vino un oficial y nos dijo: "Aféitense bien, pónganse un traje, van a recibir visitas". Y Antonio Maidana, Julio Rojas y Alfredo Alcorta fueron sacados para ir a entrevistarse. Y estos compañeros les dijeron a los parlamentarios: "Si ustedes quieren llevar una impresión directa de las condiciones en que vivimos los presos políticos, les invitamos a que lleguen hasta el calabozo". Y el periodista chileno González insistió en que se debía llegar hasta el lugar, "porque yo tengo que informar a la prensa y a la opinión pública". Los acompañantes de ellos eran el entonces diputado Sabino A. Montanaro y el comisario de la 3º Augusto Moreno. Solo pudo entrar un diputado del Partido Radical chileno, los otros no lo hicieron por el hedor que había dentro. Prendimos un fósforo para mostrarle que entró el moho en las paredes, la humedad, las goteras. Él dijo: "¿Cuántas horas hace que ustedes están aquí? Creyó que era un calabozo de castigo. Y le dijimos que hacía cinco años que estábamos guerrilleros, febreristas, liberales. Y le preguntaron a Montanaro si eso era cierto, y él les dijo que sí. Entonces los parlamentarios chilenos dijeron: "Hemos viajado por muchos países de Asia, África, pero nunca hemos encontrado un calabozo de estas características, es una inhumanidad mantenerlos en estas condiciones".

-¿La Iglesia católica se interesó en el caso de ustedes?

-Sí, cuando se dio el caso del compañero Alcorta, que se sintió mal, nosotros gritamos desde el calabozo para pedir atención médica. Nuestros familiares se enteraron y fueron a verlo a monseñor Aníbal Mena Porta, entonces arzobispo de Asunción, para pedirle que hablara con Stroessner. Mena Porta tomó el teléfono y se comunicó: "Señor presidente, se encuentran conmigo familiares de presos de la 3º, y uno de ellos está muy mal, el economista Alcorta". Y Stroessner le contestó: "No se preocupe, monseñor, esos están ahí para morir". Y el monseñor le pasó el tubo y le hizo escuchar esa respuesta a Marciana Balbuena de Alcorta.

-¿Ustedes fueron procesados?

-Antonio Maidana, Alfredo Alcorta y Julio Rojas en 1958. Por la Ley 294 les salieron dos años de prisión a Alcorta y Rojas, y se ordenó la libertad de Antonio Maidana por un juez de apellido Benítez. El juez fue expulsado de los tribunales. Y los tres compañeros fueron llevados a la Guardia de Seguridad y luego a la 3º en diciembre del 59, en coincidencia con la gran represión contra el movimiento guerrillero. Yo no fui procesado.

-¿Hubo gestiones para que ustedes pudieran salir al exterior?

-Sí, las hubo, sin resultado. La primera delegación que vino fue de los maestros uruguayos, en el 60, y luego, en el 67. Se entrevistaron con el ministro del interior, Édgar L. Ynsfrán, y este les dijo: "Estos son traidores, consíganles para su pasaje y que vayan fuera de América Latina". Y volvió a los 15 días la delegación con los pasajes para Checoslovaquia y fueron recibidos ya con provocaciones y agresiones. La delegación estaba encabezada por la profesora Reina Reyes y se alojó en el hotel Guaraní. Y luego vinieron otras delegaciones sin resultado. La que ayudó a cambiar las condiciones de vida fue la de la Cruz Roja Internacional en el 71. Fuimos pasados a otra celda, tuvimos colchones, sábanas, almohadas, algunas camas pequeñas. También una mejor alimentación. Y consiguieron que fuéramos sacados una hora al día al sol, luego de años de prisión encerrados.

Destaca también que en los años 70 una delegación de obispos llegó hasta el Palacio de López para hablar con Stroessner. Y este les dijo: "Ustedes vienen a pedir la libertad de los que mañana les van a asesinar a ustedes". Y los obispos le respondieron: "No nos interesa lo que suceda mañana, nos interesa que ahora se haga justicia con ellos". Enfatiza que la lucha del Comité de Iglesias y de la CEP fue muy coherente con esa posición mantenida por los obispos. "La lucha de monseñor Rolón fue continua. Junto con la solidaridad internacional fue uno de los factores determinantes de nuestra libertad."

Ananías nos dijo finalmente: "Que venga Stroessner y cuente dónde están los desaparecidos y que cuente cuál fue su compromiso con los yanquis para la política represiva que aplicó."


VOLVIERON A BUENOS AIRES

En 1977, como producto de la presión internacional, se dio la libertad de Antonio Maidana, Julio Rojas y Alfredo Alcorta. Quedaron un tiempo aquí y luego, ante el riesgo de ser detenidos otra vez, se asilaron en la Embajada del Perú, donde fueron obligados a permanecer 6 meses hasta conseguir el salvoconducto, yendo a Suecia y luego a la Unión Soviética. "Hicieron una gran campaña ante las Naciones Unidas por la libertad de los presos políticos. Yo salí en el 78, ya desde Emboscada", dijo Ananías Maidana. Les ofrecieron quedarse en Europa. Pero ellos querían reponerse de salud y volver al país. Los tres volvieron a Buenos Aires.

En el 80 cayeron presos en manos de la dictadura argentina Antonio Maidana y Alfredo Alcorta. Julio Rojas huyó y se salvó. Alcorta recuperó su libertad después de muchas torturas sicológicas y fue a Suecia, donde murió en el 81.

Antonio permanece desaparecido hasta hoy. Julio Rojas fue a la Unión Soviética, pero volvió a la Argentina y falleció de un síncope cardiaco en el 90. "De modo que soy el único sobreviviente del grupo de los 4 que soportamos 20 años de prisión juntos", manifestó Ananías Maidana.



LIZ FERNÁNDEZ CASABIANCA

ESPÍRITU REBELDE

"YO AVANCÉ Y GRITÉ: '¡VÁYANSE!' A LOS POLICÍAS"

 

Es la mujer cuya fotografía recorrió el mundo a mediados de los 80, con el gesto desafiante ante la Policía, en la explanada de la Catedral, signo de una nueva actitud cívica.

Liz Fernández Casabianca, nacida en Asunción, ya en plena adolescencia tuvo gestos e rebeldía crítica. Estudió en el Colegio Internacional, época en la cual se negó a participar del desfile estudiantil organizado por Stroessner en honor del dictador chileno Augusto Pinochet, de visita en Paraguay en 1974. "En casa lo hablamos y mamá estuvo de acuerdo en que yo no fuera a dicho acto, porque condenábamos el golpe de Estado sangriento de Pinochet."

Es más, había conocido el Chile de Allende, a principios de los 70, que le marcó en sus juveniles 14 años. "Chile me pareció maravilloso, me pareció gente muy culta, muy encantadora. Me fascinó el ambiente de libertad y tolerancia".

Le tocó luego una beca de estudio para Estados Unidos, pero Pastor Coronel le negó durante semanas el pasaporte, debido a la afiliación de su padre, Ignacio Fernández, conocido como Fernández Puku, dirigente del prohibido Partido Comunista. Abogado, había estado preso en la Comisaría 3º junto con los presos más antiguos de América Latina -los Maidana, Alcorta, Rojas-, de 1964 al 69, y logró su libertad luego de una huelga de hambre de 40 días y una intensa presión internacional: "Éramos tres hermanas. Cuando nacimos, papá estaba preso", hecho que les marcó profundamente.

"Íbamos todos los domingos a la Comisaría 3º a visitar a papá. Teníamos 3 minutos y lo veíamos tras las rejas, rodeados de policías. A veces esperábamos horas con un sol tremendo, bajo un árbol". Ya libre, el padre tuvo que asilarse en la Embajada del Uruguay, ubicada entonces en España y Boquerón -actual Parque Serenidad- y de allí logró, luego de varios meses, salir para ir al aeropuerto. Fue a Montevideo y de ahí a Europa. En todos esos años, su madre, Gladys Casabianca, les inculcaría la conciencia de que no debían avergonzarse de que su padre estuviera detenido. "Él está allí por sus ideas", les indicaba.

A los 18.años ella sufrió una crisis grave. "Tenía delirio de persecución, estaba dominada por la idea de que Stroessner me haría matar y de que el ministro del Interior, Montanaro, era el encargado de hacer ejecutar la orden, y lo único que decía para mis adentros es que no quería que me mataran frente a mamá". Ese difícil cuadro no la abandonaría tan fácilmente. Tuvo tratamientos de esta y de sucesivas crisis cíclicas, a lo largo de 10 años, hasta que se casó y fue a vivir a Buenos Aires. "Ahí concluyó ese ciclo terrible", confiesa al evocar ese hecho, que junto a la falta del padre la marcarían profundamente.

 

 

CARMEN SOLER

"En Buenos Aires conocí a Antonio Maidana, Julio Rojas, Alfredo Alcorta, a Miguel Ángel Soler, Luis Casabianca y, desde luego a Carmen Mamacha Soler", militante comunista y poetisa, fue detenida varias veces en Paraguay, exiliada luego en Suecia de donde retornó a Buenos Aires, en cuya ciudad falleció en noviembre del 85. "Estuve mucho con ellos en Santiago de Chile y, sobre todo, en Buenos aires. Ella era una gran luchadora a quien admiraba por su valentía". Siente como que recibió la posta de lucha de sus manos. Incentivo que la llevó a participar en numerosas manifestaciones a favor de líderes estudiantiles presos, como en el 69, a favor de los hermanos Bogado Gondra. La calle Palma la tuvo como una asidua caminante, a través de las diversas manifestaciones en contra de la dictadura, a favor de los presos, de un ambiente de libertad. "En una oportunidad, en los 80, un grupo de universitarios opositores hicimos una repartija de volantes por Palma, con Benjamín Livieres, Emilio Camacho, Jorge Escobar, Carlos Mateo Balmelli y otros". Esta vez con la motivación de exigir pan y libertad para el pueblo paraguayo. "Nos reuníamos en mi casa en Las Mercedes, discutíamos de todo y organizábamos cosas. Lo que hacíamos era como un granito de arena para el derrocamiento de la dictadura, de gente que teníamos la misma inquietud". Participaba activamente de las marchas de Clínicas, en las asambleas de la Facultad de Derecho, donde llegó a estudiar Notariado, pero abandonó esto para tomar clases de artes plásticas con Livio Abramo, Olga Blinder, Edith Jiménez, Carlos Colombino, es decir, el camino del arte.

Recuerda nítidamente cuando en abril del 86 se organizó una acción en favor de cuatro médicos presos: Carlos Filizzola, Bellasai, Masi y (Héctor) Lacognata. Participaron del oficio de la misa en la Catedral, en donde fueron recordados y cuya libertad se reclama. "Era la misa de las 11.00, creo que con monseñor Blujaki. Luego salimos a la explanada y cantamos Patria querida, de manera espontánea. Éramos unas 80,100 personas, y la Policía, que ya estaba desde más temprano enfrente, acordonando la iglesia, arremetió con los carros hidrantes y nos mojó con la intención de dispersarnos. Había periodistas alemanes e italianos, además de cronistas locales que fueron duramente agredidos. Pero la gente no se dispersó, retrocedió hacia la Catedral y continuó resistiendo. Y yo avancé y grité algo así como: ¡Váyanse! a los policías. La gente se animaba. Estaba muy claro quién se hallaba de este lado y quién del otro. También habíamos hecho algo similar por ABC en el 84, cuando fue clausurado. Salimos de la Catedral y subimos la calle Yegros hasta la sede del diario. Marchábamos Alcibiades, doña Coca Lara Castro y mucha gente, y la Policía nos hostigaba pretendiendo que nos dispersáramos".

-A la distancia, ¿cómo ves a la dictadura?

-El stronismo fue un hecho nefasto. Lo peor que hizo fue haber creado una generación de gente que no piensa. Le quitó libros, calidad educativa, impulsando un modelo de gente mediocrizada, no pensante. Impuso la prohibición de libros de todo tipo e hizo crecer un miedo al libro que hasta hoy existe en nuestra gente. De mi casa llevaron tantos libros y encima te acusaban por tenerlos. Por eso el país está como está. Creo que recién ahora va a comenzar a apuntalarse una cultura abierta al pensamiento, a los libros. Me parece importante que en el programa educativo para colegios se establezca que los chicos tengan que leer un libro al año.


LUCHADORES

-¿Recordás a algunos compañeros y compañeras de la época?

-Doña Coca Lara Castro, a cuya casa iba con frecuencia Carmen Soler, Miguel Ángel Soler, que tenía la estampa de hombre fuerte, dulce, solidario, al igual que la esposa,

Mecha Soler. Ananías Maidana me parece una persona fabulosa, y que siga luchando, a pesar de todo. Siempre estuvieron presentes en mi memoria el Che Guevara, Roa Bastos, Serrat, los que estaban en la lucha por el ser humano.

En Buenos Aires conocí a José Asunción Flores, quien un día le obsequió a mamá una partitura muy linda; Kerasy, con una dedicatoria muy emotiva. Es para mí una figura inolvidable.




JULIO BELOTTO

LÍDER ESTUDIANTIL DE LA HUELGA DE 1959

"YO FUI TORTURADO POR EL GENERAL DUARTE VERA"

 

Julio Belotto tiene una rica historia como dirigente estudiantil y luego como militante del Mopoco en el exilio, en su lucha contra la dictadura.

Belotto, 64 años, asunceno, participó desde muy joven en la militanda juvenil colorada, desde la Seccional n.° 1 de Trinidad.

Comenzó sus actividades en el Blas Garay, espacio estudiantil colorado, junto a Guido Arce Bazán, Raimundo Domínguez, Abelardo Cárdenas, cuando los sucesos del 59 interrumpieron el funcionamiento de dicha organización.

Militó intensamente junto a los colorados democráticos y a los estudiantes secundarios, en una lucha que lo llevaría al exilio por 30 años. En la Argentina comenzó una nueva vida sin abandonar sus ideales de lucha, pero siguió estudiando hasta graduarse en Ciencias Contables, además de realizar cursos en Ciencias Políticas. A la par desarrolló actividades con el Mopoco hasta lograr su vuelta en 1984, de modo esporádico, hasta su radicación definitiva en el 89.

Ante el anuncio del gobierno de Stroessner de aumentar el pasaje de 3 a 5 guaraníes, el estudiantado secundario de los colegios públicos reaccionó y convocó a un mitin estudiantil en la plaza Italia para el 28 de mayo de 1959, un día feriado.

"En aquella concentración estudiantil del 28 de mayo de 1859 fuimos atropellados en forma violenta por la policía. Este acto lo convocaron inicialmente el Centro 23 de Octubre del Colegio Nacional de la Capital y el Centro Ismael González de la Escuela Nacional de Comercio n.° 1".

El estado de sitio se había levantado por pedido de 17 dirigentes colorados de la ANR, quienes exigían la normalización institucional, el levantamiento del estado de sitio y la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente. "La Junta de Gobierno elevó esta nota a Stroessner recomendando su implementación. Pero solo fue un tímido intento. Stroessner haría todo lo contrario, pues venía a quedarse a sangre y fuego en el poder."

En plaza Italia, no pasaron de 2000 los estudiantes presentes. Se inició el mitin y habló Nelson Darío Silvera. Luego vino Erasmo Candía, jefe de Investigaciones, quien planteó que debían dispersarse. Nelson le habló de que había una autorización para el mitin exhibiendo la nota correspondiente. Pero Candia le insistió que ya no servía y debían dispersarse.

"Erasmo Candia estaba acompañado por el coronel Sapriza Corrales, quien dirigía la Policía Montada. Ante la negativa de los estudiantes a dispersarse vino la orden de represión de Duarte Vera, jefe de Policía entonces, y los efectivos arremetieron. Nosotros cantamos en Himno Nacional, pero ellos no respetaron y arremetieron contra la multitud con gases lacrimógenos y la Policía Montada, y se produjo una desbandada. Algunos se guarecieron en casas particulares y otros en la parroquia Cristo Rey. Pero la reacción estudiantil fue grandiosa el 29 de mayo, a la noche".

Se convocó a un encuentro en la esquina del colegio Comercio n.° 1, en Mariscal Estigarribia e Iturbe. "Concurrieron más de 10.000 estudiantes de todos los colegios, en solidaridad ante la brutal reacción policial del día anterior. Para entonces ya se había declarado huelga general de todos los colegios de secundaria, a instancias de una coordinadora de los colegios públicos y privados, donde se planteaba la rebaja de pasajes, la destitución de Duarte Vera y Erasmo Candia y la libertad de los estudiantes detenidos. Así también, el pedido de libertades públicas con el levantamiento del estado de sitio".

Mientras tanto, esa noche sesionó el Congreso unicameral que trataba la situación, donde no podían llegar los estudiantes, pues el Congreso estaba acordonado. "Cuando recibimos la noticia del apoyo del Congreso, presidido por Waldino Ramón Lovera, nos sentimos satisfechos. Vinieron Abel Dos Santos y Fulgencio Aldana, parlamentarios, a expresar el apoyo; habían emitido un pronunciamiento exigiendo el procesamiento de Duarte Vera y Erasmo Candia". De allí esa multitud enfervorizada se dirigió marchando hacia el Colegio Nacional de la Capital (CNC) haciendo vítores y hurras en favor de la libertad de los estudiantes y consignas en contra de la dictadura.

En el CNC se instalaron los estudiantes y se declaró tribuna libre de oradores, aunque a cada hora se recibían disparos de gases lacrimógenos. "Mojábamos nuestra camisa en agua para contener el efecto de los gases lacrimógenos y prendíamos fogatas". A las 4 de la mañana se dio el asalto final por parte de los efectivos policiales, donde los estudiantes huyeron por los fondos del colegio. La Policía procedió a romper todo lo que encontraba a su paso, incluido el gabinete de Química y Física.

Al día siguiente apareció el decreto antedatado el 29, de clausura del Parlamento, y se reimplantó el estado de sitio. "Estaba consumado el autogolpe stronista".

Se produjo una detención generalizada de miembros del Partido Colorado, de connotados caudillos y parlamentarios; así también de dirigentes estudiantiles. Muchos fueron al exilio. Los dirigentes estudiantiles Emiliano García y Nelson Darío Silvera fueron confinados a General Bruguez, Chaco, el 3 de junio de ese año. Mientras, el resto de la dirigencia inició la larga resistencia para soportar la huelga a través de la coordinadora estudiantil integrada, entre otros, por Daniel Brítez,


INGRESO CLANDESTINO

Aunque desafiando las trabas, ingresó en 1984 al país luego de 25 años, una vez descubierto fue apresado en forma inmediata pero manifestó que venía a ver a su madre enferma en Caaguazú. "Escoltado por dos policías fui a verla y luego me trajeron preso a Investigaciones. Y allí me llevaron en presencia del Gral. Brítez Borges, quien me dijo si qué instrucciones traía de Fidel Castro para subvertir la democracia en el Paraguay. Luego fui derivado a otros interrogadores, lo cual duró todo un día, indagándome cómo me escapé del Chaco, cómo subsistía, si recibía dinero del comunismo internacional." Debido a las presiones de los líderes del Mopoco que ya estaban aquí, a los 8 días logró su libertad y volvió a la Argentina.

Su madre falleció ocho días después, debido en parte a su preocupación de saber que su hijo estaba preso y presuntamente bajo tortura. "De lo cual también responsabilizo a la dictadura".





RODOLFO SANNEMANN

CON CINCO EXILIOS ENCIMA

"FUIMOS VÍCTIMAS DEL OPERATIVO CÓNDOR"

 

Militante activo de la juventud colorada, además fue testigo presencial del golpe del 54 y luchó por un país distinto, lo que le valió varios exilios.

Rodolfo Sannemann, entonces estudiante aún, empleado en el Correo, fue testigo presencial del atraco a la Policía por las fuerzas sublevadas que dirigía el general Alfredo Stroessner y donde murió uno de los dirigentes jóvenes más talentosos, Roberto L. Petit, a quien lo había conocido y apreciado en las labores del Comité Central de la Juventud Colorada.

Su lucha lo llevó años más tarde a enfrentarse con el dictador, y en los años 60 se vio forzado a ir al exilio luego de los restallantes sucesos estudiantiles del 59.

Junto con su esposa Gladys Meilinger se radicaron por varios años en Foz de Iguazú, hasta que la instauración de la dictadura militar brasileña les obligó en el 64 a buscar un segundo refugio, esta vez en Posadas.

Allí se encontraron con una extensa colonia de paraguayos y ambos se dedicaron al trabajo y a la militancia contra la dictadura.

Ambos fueron secuestrados bajo el régimen del general Jorge Rafael Videla y trasladados a diversos sitios de torturas, hasta que en el 77 la decisiva intervención del gobierno de Alemania logró la libertad de ambos, yendo a dicho país.

Luego de un par de años en Venezuela, se aproximaron al país nuevamente y en enero del 84 ingresaron nuevamente, como producto de la presión internacional que logró el retorno de los exiliados colorados.

"Recuerdo que viajaba en tranvía por la avenida Mariscal López la mañana del 5 de mayo y veía a tropas del Ejército movilizadas que venían caminando hacia el centro, no sé si estaban a favor o en contra del golpe", señala.

Después, ya cerca del Correo, encontró también numerosos soldados y policías en torno al Cuartel Central. "Encontré a un oficial amigo y ese me dijo acaba de morir nuestro jefe, Roberto L. Petit. Vi cuando lo sacaban en ambulancia. Eso me sorprendió y le dije al oficial: ¿qué pasó con Petit?, porque yo había trabajado con él. Lo mataron al jefe -me dijo- y está muy malherido el subjefe Caballero Zavala. De acuerdo el relato de otros oficiales días después, Petit fue herido cuando salió para alzarlo a Caballero Zavala que estaba en el suelo, pues lo habían ametrallado, a quien posteriormente lo visité en el hospital. Este me contó que los soldados del Batallón 40 entraron forzando todo, rompiendo puertas, a patadas, y que quien ejecutó la orden fue un sargento que le baleó a él y le mató a Petit, quien murió desangrado. Eso me impactó".

Don Rodolfo ignoraba el entorno de la conspiración, los enfrentamientos que se daban entre chavistas y epifanistas. "Luego me enteré del proceso, que la parte civil estaba dirigida por Méndez Fleitas y la parte militar por Stroessner".

Se enteró también de las discusiones entre los caudillos, un grupo de los cuales no quería que Stroessner asumiera el poder, y la insistencia de Epifanio Méndez para que se le diera el poder. "Muchos de nosotros creímos que eso iba a significar una mejora en la situación. Teníamos una expectativa favorable. Es más, yo lo había conocido personalmente a Stroessner, porque flirteaba con una sobrina suya y recibí una invitación de ella para una fiesta en Paraguarí el 3 de noviembre del 55. Ahí lo conocí personalmente, pues se acercó, me habló, era muy vivo, me preguntó por mi jefe en el Correo, don Alfonso dos Santos, ¿él sigue tomando su whisky blanco? Y entendí que se refería a que el mismo tomaba solo leche y le respondí que sí". Luego comenzó una serie de hurras de los capitanes y generales, lo que a mí me llamó la atención y él se dio cuenta de que yo les estaba observando a los militares y me dijo: "Mire Sannemann, usted no se preocupe de los que están ahí haciendo hurras, entre ellos hay un montón de traidores. '¿Pero será posible general?', sí, me dijo, no tenga dudas".


EL PRIMER EXILIO.

En el 56 Sannemann entró a militar fuerte junto a Waldino Ramón Lovera, titular de la juventud colorada, con quien recorrerían el país en busca de la reorganización del movimiento.

En el 58, acompañaron la huelga obrera y luego, en mayo del 59, la protesta estudiantil ante la suba de pasajes, que derivó en una resolución de censura del Parlamento al jefe de Policía, Duarte Vera y al jefe de Investigaciones, Erasmo Candia. "Vimos la represión a los jóvenes en plaza Italia e incluso a los niños y eso me impactó y me di cuenta que la situación se tornaba negativa".

Continuaron trabajando en la clandestinidad, aunque sus líderes ya estaban exiliados o confinados. Este era el caso de Lovera, Enrique Riera, Osvaldo Chaves y el coronel Nelson Rolón, enviados a Fuerte Olimpo, para lo cual Sannemann fue enviado para propiciar la fuga de todos ellos hacia el Brasil, ya que era un gran conocedor del Norte, zona de la cual era oriundo. Lo que se concretó tiempo después.

Siguió trabajando en forma clandestina un tiempo después, hasta que finalmente cayó en manos de la Policía y fue también confinado a Coronel Oviedo, lugar del cual se fugó rumbo a Foz de Iguazú.

En este punto se reunió con su esposa; tiempo después se establecieron ambos en esa ciudad de frontera en busca de algún respiro económico y continuó con su militancia junto a Alejandro Stumpf, Aníbal Abbate, Salvador Villagra, Salomón y otros compañeros de partido. "Las veces que llegaba Stroessner, todos los opositores éramos llevados a un cuartel del Ejército brasileño, eso ya bajo la dictadura militar".

Su calvario continuó, pues en el 64 se vieron obligados a mudarse a Posadas, donde se establecieron. "Allí estábamos supermarcados por policías argentinos", pero continuó con su labor profesional y partidaria, "un tiempo estuvo como presidente de la filial del Mopoco el doctor Faustino Centurión, recorríamos de punta a punta ciudades de la frontera en contacto con los compañeros".

 

DE NUEVO EN ASUNCIÓN

En el 84 comenzó a venir periódicamente a Asunción desde Foz, aprovechando la presión internacional.

"En Ciudad del Este al llegar ya me esperaban dos policías que me seguían hasta la capital y no se despegaban de mí, las 24 horas tenía custodia. Todos los del Mopoco teníamos guardia y solíamos encontrarnos en el bar San Marcos, que se llenaba de policías con sus motos. Luego comencé a dialogar con mis guardias y me dijo un día un oficial: 'nosotros le teníamos un cagazo y les mirábamos los bolsillos porque pensábamos que llevaban bombas' cosa de lo cual se dieron cuenta era una propaganda'. Podían nuevamente pisar calles asuncenas y después procedieron a caminar por la calle Palma en grupo, seguidos de los policías "y la gente nos aplaudía".

Iban rompiendo el miedo y afincándose de nuevo para aportar lo suyo.

Refiere que Stroessner tenía policías argentinos en toda la frontera a sueldo, quienes controlaban la actividad de los opositores. "Es así que en una oportunidad nos detuvieron y casi nos entregaron a la Policía paraguaya, si no hubiera sido por la intervención de un alto militar argentino, quien se opuso", eso ocurría en el año 73.

Con el golpe de Videla, Sannemann fue detenido al igual que su señora, Gladys, víctimas del Operativo Cóndor, e inició un calvario por distintas comisarías y cuarteles de la provincia, que finalizó en el 77 cuando logró ser enviado a Alemania y tiempo después su señora y sus dos hijos se reunieron con él, verdaderos supervivientes de este proceso de dictaduras en la región. Le había salvado el hecho de que era hijo de alemanes y la pronta reacción del gobierno de dicho país.

A los 71 años mira con escepticismo la transición, "todos los que le sucedieron al dictador eran stronistas, tal vez ahora puede hacer algo este nuevo presidente, aunque me parece difícil que esta Junta de Gobierno le apoye, pues son todos stronistas".

Se tiene todavía una estructura que sigue en manos stronistas, lo que dificulta el cambio, "Lo positivo es que la juventud comienza a movilizarse, pero se necesitan unos 10 o 15 años para que se dé un proceso de cambio".




ANEXO I

PRINCIPALES REIVINDICACIONES DEL ATY GUASU

 

Conclusiones del Aty Guasu de víctimas de la dictadura, Defensores y defensoras de DD.HH. realizado el 24 de noviembre de 2011 en PRODEPA, con la participación de alrededor de 100 referentes de distintas regiones del país organizado por la Mesa Memoria Histórica. El mismo fue realizado analizando las Recomendaciones Finales de la Comisión de Verdad y Justicia.

1. Solicitar al Poder Ejecutivo la creación de la Secretaría de Derechos Humanos adscrita a la Presidencia de la República, con las finalidades ya indicadas en las Recomendaciones de la CVJ. La misma debe estar integrada por personas idóneas y comprometidas con los derechos humanos. Ésta Secretaría debe impulsar una política de Estado en materia de DD.HH. a nivel nacional y debe ser trasversal a todas las instituciones públicas.

2 Plan de Búsqueda de Desaparecidos: Debe proseguir dicha búsqueda. Los 20 restos humanos hallados hasta ahora deben ser identificados. El Estado debe proveer los recursos necesarios para que un Equipo de Antropología Forense haga su trabajo. También debe ayudar para que aumente y se vaya completando el Banco Nacional de Datos Genéticos. El Ministerio Público debe actuar para aclarar dichas muertes.

Caaguazú reclama la búsqueda de los campesinos desaparecidos en 1980.

3. El Congreso debe nombrar cuanto antes al Defensor/a del Pueblo, teniendo en cuenta el bien público y no el interés sectario de los partidos políticos.

• Las indemnizaciones previstas en la Ley 838/96 son insuficientes; debe ampliarse esta ley y establecer una nueva ley indemnizatoria que beneficie también a los exiliados así como a las esposas de presos políticos, entre otros.

4. Plan de Recuperación de tierras mal habidas. El Gobierno debe arbitrar las medidas para la recuperación en el corto plazo de los más de 7 millones de hectáreas destinadas a la reforma agraria pero que fueron entregadas por la dictadura stronista a militares, políticos, ministros, caudillos colorados y colonos brasileños. La lista completa de las adjudicaciones se halla en el Informe Final de la CVJ. Esto serviría de base para una Reforma Agraria integral.

Esta medida ayudaría a paliar la situación de miles de campesinos sin tierra; la situación de desarraigo y emigración hacia las ciudades y el exterior así como paliar la pobreza campesina estimada en más de 1.200.000 personas.

5. Plan de Recuperación de los campos comunales, caso San Joaquín y otros, de los cuales se apoderaron caudillos políticos.

• Muchos campos comunales quedaron en manos de políticos. Ej: en San Ignacio (Misiones) en poder de Walter Bower, en Costa Irala (Quiindy) en poder de Gustavo Dos Santos. Deben ser recuperados y puestos al servicio de las comunidades campesinas.

• Muchas tierras de las víctimas también quedaron en poder de los represores. Ej: en San Joaquín (Santa Rosa, Misiones), las tierras de los hermanos López (desaparecidos) fueron vendidas por el Ing. Pereira que era funcionario del IBR. Es una afrenta al pueblo que estas tierras sigan en poder de ellos.

• El Estado debe prever los recursos necesarios para proceder a la restitución de tierras ancestrales a las Comunidades y Pueblos Indígenas.

En ése orden expropiar las residencias acumuladas por personeros y familiares del dictador como la mansión de Fredy Stroessner y la casa quinta de Alfredo Stroessner en Ayolas.

• Las tierras que están en poder de los pequeños agricultores deben titularse en forma inmediata y comenzar la asistencia técnica y crediticia para la producción agrícola, dentro de un Plan Nacional de Apoyo al Pequeño y Mediano Productor.

• Debe aplicarse la Ley de Fronteras (N° 2532/05), que no se cumple. Asimismo a las tierras mal habidas que están actualmente en poder de extranjeros. Esto va contra la soberanía territorial de la nación y en algunos casos, además de la destrucción del ambiente por parte de las grandes empresas agropecuarias.

6. Plan de Rehabilitación por secuelas de torturas, tratos inhumanos, crueles y degradantes. No existe en el país un centro especializado para la rehabilitación de las víctimas de la dictadura, tanto a nivel médico, siquiátrico y sicológico, incluyendo estudios especializados y medicamentos. En los Centros de Salud del interior hay escasa y mala atención a las víctimas. También los familiares de víctimas directas necesitan de ésta atención médica. Además hay víctimas que requieren atención médica domiciliaria por causa de la edad y las secuelas de las represiones que han sufrido.

7. Se deben sanear los archivos del Departamento de Identificaciones de la Policía Nacional y del Poder Judicial donde las víctimas todavía aparecen con antecedentes en virtud de la ley liberticida No. 209/70.

8. En materia Educativa la asignatura 'El autoritarismo en la historia reciente del Paraguay', propuesta por la CVJ, debe ser enseñada en todos los colegios de enseñanza media, con carácter obligatorio y no opcional como ocurre hasta ahora. Y con carácter bilingüe.

Se debe incorporar el estudio de los derechos humanos en todos los grados del sistema educativo. Los docentes deben ser capacitados en la materia.

9. Se debe reemplazar los nombres de represores que aún figuran en calles, plazas, centros educativos, pueblos, instituciones, por la de los luchadores víctimas de la dictadura. Ej. en Caaguazú están las localidades Colonia Montanaro y 3 de noviembre; en Eusebio Ayala hay una escuela con el nombre del represor y asesino Gral. Patricio Colmán.

Se debe proceder a sacar el nombre y la figura del dictador de todos los lugares donde estén instalados. Y de ser necesario, promulgar una Ley de la Memoria Histórica para hacer efectivas éstas acciones. Y promover que distintos sitios públicos, avenidas y rutas tengan nombres como "Ligas Agrarias Cristianas", "Escuelitas Campesinas", "Próceres de la historia reciente", "Luchadores por la libertad de nuestro pueblo", etc., o los nombres de los héroes civiles de cada localidad. Y también las promociones estudiantiles.

• El Plan de Acción, actualmente en elaboración por la Red de DD.HH. del Poder Ejecutivo, lo mismo que el Plan Nacional de Educación en DD.HH. del MEC, deben tener en cuenta las Recomendaciones de la CVJ y la experiencia de nuestra historia reciente en cuanto a desconocimiento y menosprecio de los DD.HH.

10. Se debe exigir al Ministerio Público el procesamiento de los represores debidamente identificados por las víctimas, según consta en el Informe Final de la CVJ. Hasta ahora nada hecho el citado ente para terminar con el manto de impunidad que protege a los acusados de graves violaciones a los DD.HH.

11. Se debe solicitar al Poder Judicial que conforme a la Const. Nacional y los Tratados Internacionales se acabe con las medidas que favorecen a exjerarcas del régimen con medidas sustitutivas (Ej. Francisco Ortiz Téllez, ex Cónsul en Posadas; Sabino A. Montanaro, ex Ministro del Interior), acusados de delitos de lesa humanidad; sobreseimientos (caso del reo prófugo Coronel Gustavo Stroessner), extinción de causas penales por negligencia o complicidad de jueces y fiscales. Mientras en los países vecinos (Argentina, Chile, Uruguay) se hace un inmenso esfuerzo para sancionar a los represores como parte de una política de Nunca Más al Terrorismo de Estado, en Paraguay sigue rigiendo una virtual amnistía.

12. Se debe poner a disposición de las víctimas y sus familiares directos los archivos y documentos que hacen relación a las citadas personas y que obran en instituciones públicas (archivos del Ejército, la Policía, Ministerios, entes públicos) y privadas.

13. La reparación a comunidades arrasadas por la represión como Costa Rosado, Simbón, etc. debe ser colectiva, proveyéndoseles de los servicios básicos en términos de salud, educación, electrificación, caminos de todo tiempo, etc.

14. Se debe realizar una política de reivindicación pública de luchadores/as y gestas sociales y políticas rescatando el legado de ésas luchas y de ésas figuras en la construcción de un camino hacia la democracia y la libertad.




INDICE

Agradecimientos.

Prólogo.

Introducción

Entrevistas

Antonio González Arce

Elba Benítez de Goiburú

Ananías Maidana

Benigno Perrotta

Orlando Rojas    

Domingo Rolón

Diosmede Mora

Juan de Dios Acosta Mena

Liz Fernández Casabianca

Nancy Augsten

Rodolfo Aseretto

Guillermina Kannonikoff

Víctor Báez Mosqueira

Osvaldo Ruíz Arce

Julián Cubas

Bernardino Cano Yegros

Rosa María Ortiz

Luís Alfonso Resck

Martín Valiente Gómez

Julio Belotto

Rodolfo Sannemann    

Padre Braulio Maciel   


Anexos

1. Principales reivindicaciones del Aty Guasu

II. Cronología básica (1954-1989)

 

 

 

 

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