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LUIS VERÓN


  UN LUGAR SAGRADO Y RECOLETO - Por LUIS VERÓN - Domingo, 20 de Marzo del 2005


UN LUGAR SAGRADO Y RECOLETO - Por LUIS VERÓN - Domingo, 20 de Marzo del 2005

UN LUGAR SAGRADO Y RECOLETO

(CEMENTERIO DE LA RECOLETA - ASUNCIÓN)

Por LUIS VERÓN

 

Cuando se estableció, el lugar estaba alejado del casco urbano de la capital paraguaya. Pero ésta, como ameba gigante, pasados los años, fue fagocitándola, convirtiéndola en su propio corazón. Es la Recoleta, un lugar muy caro a los sentimientos de los asunceños. Y olvidado también.

 

 

Es la última morada de mucha gente. De miles de personas que habían pasado por la vida, algunos anónimamente, otros con sus nombres destacados en letras de molde. Y no faltan laureados o merecedores del bronce. Es la Recoleta, el cementerio general establecido en la primera mitad del siglo antepasado.

Es un lugar lleno de historia, de leyendas. Las sólidas edificaciones, de sobrios diseños, le dan un aire solemne, de recogimiento, casi místico. Más todavía con la presencia de añosos árboles típicamente sagrados, como los elegantes pinos.

 


CONVENTO FRANCISCANO

El origen del cementerio data de la fundación de un convento franciscano allá por 1729 en unas tierras donadas por el presbítero José de Roxas y Aranda. Inicialmente, el convento constaba de una modesta capilla y algunas casas destinadas a los religiosos.

 

Pero hubo un problema. El funcionamiento del convento no tenía autorización real, por lo que Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada y ministro del rey Fernando VI, ordenó su demolición.

Hecha la ley, hecha la trampa; o la puesta en vigor de aquella vieja consigna americana "se acata pero no se cumple", nos cuenta doña Margarita Durán Estragó en su libro Los Templos de Asunción-, el alto funcionario gubernamental de la provincia paraguaya, don Marcos José de Larrazábal, fue hasta la Recoleta, y ordenó se tomase pico y mazo y se demoliese una de las viviendas -simulando dar origen a su demolición total-, pero con ese gesto simbólico, se dio por cumplida la orden real y se dejó la cosa como estaba.


Algo así como 85 años funcionó el convento recoletano en su enclave de Tembetary, pues así se llamaba entonces aquel paraje, por estar cercano al arroyo del mismo nombre -que cambió por el de Mburicaó, luego que el doctor Francisco Morra estableciera la terminal de su compañía tranviaria a tracción de sangre a orillas del arroyo-, pero el 20 de septiembre de 1824, el dictador Rodríguez de Francia ordenó la extinción de las comunidades religiosas en toda la República. Las instalaciones de este convento pasaron a servir de local a un cuartel de caballería.

Unos años después, el mismo gobernante ordenó la desmembración de la parroquia de San Roque y la creación de una nueva, la de la Recoleta. Luego de varios años, ya por el paso del tiempo, ya por el descuido en que se la tenía, la pequeña capilla del lugar amenazaba ruina, por lo que el presidente Carlos Antonio López ordenó en 1853 la creación de un nuevo templo, que hoy, en nuestros días viene mostrando las huellas dejadas por el paso del tiempo y la desidia de los responsables de su conservación, simbolizado en el guapo'y que viene royendo su fachada.

 

 

UN RECOLETO LUGAR DE DESCANSO

Pero lo que a nosotros nos interesa es hablar del campo santo aledaño a esta iglesia, si bien no podíamos dejar de referirnos a ella, pues fue la que motivó la toponimia lugareña y la de la necrópolis.

Ya allá por 1805 las autoridades de la metrópoli española recomendaban la erección de un cementerio extramuros de la ciudad, con el propósito de acabar con la centenaria costumbre de enterrar a los muertos en el interior de las iglesias.

Principalmente razones de salud pública primaron en este pensamiento, además de otras. Pese al entusiasmo inicial para cumplir con la disposición real de contar con un cementerio extramuros, nada se concretó, ni por las autoridades coloniales ni por las del nuevo régimen independiente, y mucho menos durante la dictadura francista.

Fue el gobierno del consulado López-Alonso el que tomó el toro por las astas, fundando el Cementerio General de la Recoleta, bendecido y habilitado el 23 de octubre de 1842. Desde entonces quedó absolutamente prohibido el entierro de cadáveres en el interior -"ni aun en sus corredores externos"- de las iglesias de la capital, exceptuando los de párvulos, que debían hacerse en la Encarnación. Poco después, hasta esto fue prohibido terminantemente, so pena de fuertes multas.

En el campo santo recoletano, el gobierno permitió al público "formar catacumbas, levantar mausoleos, pirámides y colocar lápidas en la forma que les agradase sobre las tumbas de sus deudos".

 




...Y DE PASEO

Es justamente este aspecto lo que hoy día le hace interesante al cementerio de la Recoleta. Recorrer por sus pasillos le da a uno la oportunidad de disfrutar de un muestrario de arquitectura funeraria más que interesante. En los recovecos de la parte más antigua del cementerio, uno puede contemplar importantes monumentos de los más diversos estilos, desde los minimalistas, aunque no carentes de solemnidad, hasta los elegantes panteones de estilo gótico, que le dan al lugar un aspecto enigmático y críptico.

Recorrer los pasillos del cementerio también le une a uno con la propia historia. Ante los ojos van desfilando lápidas con nombres que recuerdan a diversos episodios de la historia patria y a sus protagonistas. Allí, por ejemplo, está la tumba de Corina Adelaida Lynch, fruto, al parecer, de cierto amorío furtivo de la concubina del mariscal López, cuya tumba -de la concubina- también está en la Recoleta, en un elegante mausoleo coronado con la efigie de la cortesana irlandesa.


A pasos nomás, los nombres de Emilio Aceval, Juan Bautista Gill, Patricio Escobar, expresidentes de la República, "comparten" con los de repúblicos -juristas y ministros-, como Teodosio González, Emilio Gill, Benjamín Aceval, José Irala; intelectuales como Arsenio López Decoud o Juan Bautista Rivarola; artistas, como el músico Herminio Giménez o el poeta Emiliano R. Fernández; o héroes inmarcesibles como el legendario José Eduvigis Díaz, el triunfador de Curupayty en la guerra contra la Triple Alianza. Y si uno se fija detenidamente, hasta es posible identificar la tumba del primer intendente de la ciudad, el francés don Francisco Casabianca.

 

 

..Y DE DOLOR

No solo el dolor por los parientes deja sus huellas en el campo santo de la Recoleta, sino otro tan intenso como aquel. El que produce la desidia, el olvido, la indolencia de los parientes e interesados, sin excluir la cuota de irresponsabilidad de las propias autoridades.

Da lástima y duele ver cómo la invasión vegetal va haciendo mella en muchos de los monumentos funerarios, condenándoles a la ruina y, lo peor, al derrumbe, como el caso del Panteón Militar, en cuya cima nació y creció todo un "bosque" de ficus guapo'y. La última morada de ilustres militares o genios como el artista del aire Silvio Pettirossi, en cualquier momento puede venirse abajo. Paradójicamente, solo la raigambre de la invasión vegetal la mantiene en pie.

Las láminas de fino y elegante mármol de la tumba del expresidente Emilio Aceval ya fueron levantadas y caídas por efectos de las raíces de guapo'y. Y así otros muchos. Porque si no es el dañino guapo'y es el amba'y o cualquier otro espécimen vegetal.

Vale decir que hay panteones muy bien revalorizados por medio de oportunas restauraciones, como los de la colectividad eslava, o particulares como el de los Rivarola, y justamente esos panteones en buen estado de conservación hacen resaltar el estado ruinoso de otros monumentos importantes como el caso de la familia de don Marcos Riera, pariente antepasado del mismo intendente de la ciudad, con visibles grietas que van mellando su elegante estructura. La misma tumba del general Díaz, o la del otrora acaudalado Luigi Patri merecen y necesitan trabajos de restauración y así como ellas, muchas otras.

El Cementerio de la Recoleta es un hito referencial ciudadano muy importante como para dejarlo morir víctima de nuestro desinterés, indolencia, irresponsabilidad y prevaricato. Las instituciones respectivas deberían tomar cartas en el asunto y brindar a los muertos que allí descansan, un digno sueño eterno.

 

 

Fuente: Artículo publicado en el diario ABC COLOR 

Domingo, 20 de Marzo del 2005

Fuente en Internet: ABC DIGITAL / PARAGUAY

 

 

 

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