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SANTIAGO DIMAS ARANDA
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SANTIAGO DIMAS ARANDA


Datos biográficos:

ARANDA, SANTIAGO DIMAS : Nació en Villarrica, Paraguay en 1924. Poeta, narrador y dramaturgo perteneciente a la Generación del 50.

Pasó su infancia en medio de la imponente magia del Ybytyruzu y la calidez humana de una sencilla población rural. Terminó sus estudios secundarios en la capital del Guairá. A causa de las presiones del gobierno de Higinio Morínigo, tuvo que trasladarse a la ciudad de Buenos Aires donde llevó adelante estudios técnicos. En la capital de la República Argentina, publicó su primer poemario “Sangre de tierra y luna”(1960). Volvió al país y dio a conocer en 1970 su libro de poesías “Antología del Silencio”.-

Cabe apuntar que en 1973 edita (en colaboración con Heddy González Frutos)”Catorce testimonios de la Poesía Paraguaya”. Un año después aparece su poemario “Metal es la fragancia”, que salió a la luz en Buenos Aires bajo el sello de Ediciones Criterio. En 1976 obtiene el primer premio en el Concurso Hispanidad, por su novela “La pesadilla”. Esa misma justa literaria también le otorga el tercer premio por “El amor y su sombra”. Ambas obras fueron editadas posteriormente. En el año 1983, bajo la rúbrica de Ediciones Taller aparece su libro de poemas “Fragancia de raíces”.-

En 1994, da a conocer su tercera novela: “Medio siglo de agonía”. Su más reciente aporte literario lleva como título “Vida, ficción y cantos”(1996); se trata de una excelente colección de poemas y relatos perfectamente identificados con nuestro tiempo. Más allá de las publicaciones señaladas, el poeta Dimas Aranda sigue escribiendo incansablemente. En ese sentido debemos mencionar que tiene una importante cantidad de obras inéditas en los más variados géneros literarios. (…).-

(Fuente: "LITERATURA PARAGUAYA 1900-2000 de VICTORIO V. SUÁREZ -  Editorial Servilibro, Asunción, 2006 - Páginas 186 y 187).

 

 

ARANDA, SANTIAGO DIMAS :  Ciudad de Villa Rica del Espíritu Santo, 1924. Poeta, narrador y dramaturgo.

Perteneciente a la llamada «generación del 50», Santiago Dimas Aranda ha incursionado en los tres géneros tradicionales: poesía, narrativa y teatro. Su producción poética incluye, entre otras cosas, los poemarios “Sangre de Tierra y Luna” (1960), su primer libro de poemas, “Antología del Silencio” (1970), “Metal es la Fragancia” (1974) y “Fragancia de Raíces” (1983).-

También es coautor (con Heddy González Frutos) de “14 Testimonios de la Poesía Paraguaya” (1972). En narrativa ha publicado, hasta la fecha, tres novelas: “La Pesadilla” (1984; Primer Premio «Concurso Hispanidad 76» del Instituto de Cultura Hispánica), “El Amor y su Sombra” (1984; Tercer Premio en el mismo «Concurso Hispanidad 76») y “Medio siglo de agonía” (1994). Su aporte literario más  reciente es “Vida, ficción y cantos” (1996), una colección de poemas y relatos de (y para) nuestro tiempo.

También tiene un gran número de obras inéditas entre las que figuran cuentos, otras novelas y algunas piezas teatrales.-

(Fuente: "BREVE DICCIONARIO DE LA LITERATURA PARAGUAYA" / 2da. Edición – Autora: TERESA MENDEZ-FAITH  - Editorial EL LECTOR, Asunción-Paraguay 1998).

 

 

SANTIAGO DIMAS ARANDA.  Entrevista de VICTORIO SUÁREZ

(21-III-1993 - ABC)

“LA CULTURA ESTÁ CUIDADOSAMENTE EVITADA”

 

Para esclarecer interrogantes y analizar los problemas que nos aquejan hemos conversado con el escritor Santiago Dimas Aranda, poeta perteneciente a la promoción del 50 de nuestro país. Durante la dictadura de Stroessner nuestro entrevistado fue perseguido sistemáticamente; asimismo, su poesía fue silenciada por la crítica burguesa. No obstante su voz combativa y su afiebrada poesía de compromiso pudieron más que la indiferencia y logró el merecido reconocimiento.

 

—Entiendo que formas parte de la promoción del 50. Sin embargo, tus obras no alcanzaron una amplia difusión. ¿A qué se debe ese fenómeno?

—La vigencia de la poesía y de ciertos poetas en el Paraguay ha tenido efecto –a mi entender– más de oído que a través de la lectura. Es decir, la poesía a través del canto, de la música. Ejemplo: Emiliano, Ortiz Guerrero y otros. Sin embargo, hay excepciones. En mi caso, yo atribuyo la poca difusión de mi obra al hecho de haber aparecido tarde, no haber contado con ediciones de Losada u otro sello de renombre. Tuve que conformarme con ediciones cortas, sin distribución internacional, hechas por cuenta propia. Además, el tipo de poesía, preferentemente social, que cultivo, no siempre ha caído bien. En dos ocasiones he merecido la cárcel por una poesía. Otras veces me radiaron, me excluyeron los propios amigos poetas, especialmente los del Pen Club.

 

—La crítica quiere dar a entender su indiferencia hacia la poesía social, invocando que tal género nunca se consolidó realmente en nuestro país. ¿Qué se puede decir al respecto?

—Para mí la crítica no me ha sido hostil. Puedo decir que he tenido co mentarios muy positivos y hasta benevolentes. No puedo sino agradecer la preferencia que he merecido en algunos concursos, por ejemplo. Puede ser que la poesía social no se haya consolidado aquí. En ese caso, tendré que manifestar la impresión de que la cultura en general no ha podido consolidarse. Y siendo la poesía, principalmente la social, sólo una partecita de la cultura, no podemos pedir que haya sido la excepción. Nuestro pueblo no lee. Primero, era por ignorancia o desinterés, luego los medios de difusión y la subcultura importada terminaron por anular a los libros. Sin embargo, siempre hay excepciones. Mucha gente me ha comentado con simpatía haber leído un poema mío, ejemplo: “Indio viejo”, difundido recientemente por “Cabichu’i 2”.

 

— ¿Cuál es tu experiencia de escritor durante el proceso oscurantista y criminal del stronismo?

—Durante el oscurantismo stronista mi trabajo no ha cesado. He publicado siete libros, he obtenido premios importantes en prosa, dos novelas y un cuento, pero la experiencia tal vez más contundente ha sido la de verme preso por un poema: “Antonio Alonso Cañero”. Primero fue una confusión del no muy informado subsecretario Jaime Bestard; la rectificación luego de una periodista cuyo nombre no me merece recuerdo, por haber hecho el papel de vulgar delatora y entreguista.

Finalmente, el sensacional despliegue policíaco para el apresamiento de un poeta de nombre Santiago Dimas Aranda.

De más está ahondar en lo que sobrevino. Amenazas, vejaciones, secuestros de un centenar de libros que fueron a parar conmigo en “La Técnica”, departamento de torturas del Ministerio del Interior. Creo que varios policías, entre ellos Saldívar, leyeron y releyeron mis libros. No buscaron en ellos literatura ni poesía sino alguna partícula del “vocablo maldito”: comunismo. Después de eso, no solo mucha gente dejó de interesarse por mi poesía, sino, además, varios contratos comerciales me fueron cancelados.

 

—¿Se puede tener fe y creer en un futuro más promisorio para la cultura?

—Creo que la cultura, en el sentido tradicional de su acepción, va adquiriendo nuevas formas, se vale de nuevos mecanismos. La tecnología audiovisual y la informática van a posibilitar en el futuro una veloz transformación cultural que ojalá alcance a las mayorías cada vez más empobrecidas. Todo depende de que los ciudadanos con mayores conocimientos y recursos económicos se avengan a crear la necesaria apertura humanista, devolviendo a la sociedad buena parte de lo apropia do, creando fuentes de trabajo y propendiendo a la socialización de los medios de producción y de culturización. Las universidades, los centros de investigación y las bibliotecas deberían conquistar los privilegios de que hoy gozan los faraónicos e inútiles polideportivos. Pero siempre hay un pero. Mientras los zánganos y expoliadores dominen las finanzas y la distribución y sean los dueños de las grandes tierras inalcanzables para el campesino sin tierra e incluso para muchos graduados en escuelas agropecuarias que deambulan por los ministerios en procura de algún conchabo; mientras las autoridades protejan a los ladrones y acogoten a los pequeños productores con impuestos insoportables, la cultura será siempre el aditamento de moda para mandarse la parte.

 

— ¿Se puede hablar de claquismo en la literatura de nuestro país?

—Claquismo o “cepillismo”, como decían los porteños del novecientos, es uno de los males que contribuyen a anquilosar a nuestra literatura en los tiempos difíciles, acompañando a la represión, a la censura y autocensura dictatorial. Hubo grupos hasta hace muy poquito, que disfrutaban haciendo sentir su poder de minoría elitista. Siempre hubo monstruos sagrados que protegían o condenaban. En cierta oportunidad, creo que fue en el “Juan de Salazar”, dos de esos monstruos panelistas afirmaron categóricamente que la poesía social no es poesía. Sin embargo, uno de ellos no hacía mucho tiempo había defendido con gran propiedad a Pablo Neruda. Yo, personalmente, no he sentido el rechazo de ellos, tal vez por no haberlos frecuentado.

 

—Si estás en la Sociedad Paraguaya de Escritores, ¿por qué dicha agrupación es tan gris, vive casi en el anonimato y la inactividad? ¿Qué sucede realmente?

—De la Sociedad de Escritores no tengo mucho que decir. Soy socio fundador. Fuimos más de cien. Algunos murieron. Otros se apagaron. Desde que se produjo el último cambio de directiva, no he recibido tan siquiera un llamado telefónico invitándome a una reunión. ¿Será por mi extracción social? No lo sé.

 

— ¿Se puede decir que los escritores “son los grandes ausentes en este proceso”, tal como señalara Víctor Jacinto Flecha?

—De la ausencia de los escritores en el proceso no me extraña. Quizá haya alguno que actúe individualmente, pero como grupo es algo difícil. Estuve en varias organizaciones de escritores y artistas a lo largo de mi vida, aquí y en el extranjero. Todas, finalmente, desaparecieron. Los escritores somos naturalmente remisos para las luchas organizadas.

 

— ¿La política y la poesía son dos cosas diferentes o es que se asocian a la amplia perspectiva de la actividad creativa?

—No creo que se pueda hacer política a través de la poesía, pero sí creo que todo poeta tiene su ideología, su posición política intrínseca, y no se puede evitar su traslucimiento al hacer poesía. El hecho mismo de declararse apolítico es una actitud política. En cuanto a la poesía social, suele tener mayor florecimiento en los tiempos duros, de luchas y represión.

Fuente: PROCESO DE LA LITERATURA PARAGUAYA - PERFIL HISTÓRICO, BIBLIOGRAFÍA Y ENTREVISTAS A LOS MÁS DESTACADOS ESCRITORES PARAGUAYOS. Por VICTORIO V. SUÁREZ. Edición corregida y aumentada. Asunción, Paraguay. 2011 (654 páginas)



SANTIAGO DIMAS ARANDA

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