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LUIS E. MIGONE
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LUIS E. MIGONE


Datos biográficos

"EL MICROBIOLOGISTA LUIS S. MIGONE"

La batalla de Caseros tuvo profundas repercusiones en la vida paraguaya. Acaso una de las más valiosas fuera el reimplantamiento de la libre navegación de nuestro río epónimo. Cerca del medio siglo, por una razón u otra, la acuosa vía con que nos dotara la naturaleza en forma prodigiosa, al margen se mantuvo de la dura lucha que manteníamos en guarda de nuestra naciente y ya bien definida nacionalidad.

Pero se arriba a mediados del siglo XIX, y esto fue un trajinar constante de embarcaciones de todo tipo que unían el Río de la Plata a “la Villeta”, como entonces se denominaba al, sino principal, el más concurrido de nuestros puertos. Integraban esa plétora de navegantes dos hermanos, genoveses, propietarios de embarcaciones que, desde 1856, se dedicaban al comercio del por la época, nuestro más codiciado artículo de exportación: la naranja.

Así, frecuentes y regulares eran los viajes que hacían al Paraguay los hermanos Andrés y Luís Santiago Migone, en su orden, propietarios de las goletas “Fidela” y “Perla”, afectadas a ese cabotaje. El segundo de los nombrados decidió formar hogar y casó, en Santísima Trinidad, con doña Del Rosario Mieres, de allí oriunda, de cuyo matrimonio y en la localidad nace nuestro eminente compatriota, el 12 de julio de 1876.

Sus estudios primarios los totaliza allí, pasando a realizar los secundarios al Colegio Nacional, donde opta al título de bachiller, en 1898, en integro de una promoción llamada a tener trascendencia en nuestra historia. Algunos de ellos? Gerónimo Zubizarreta, Albino Jara, Manlio Schenoni, Ignacio A. Pane, Juan Romero, Eduardo López Moreira, Benigno Escobar, Guillermo Cálcena, Justo P. Vera, Sabino Morra y otros.

Para entonces, ya los decididos cuan infatigables esfuerzos del Dr. Facundo Ynsfrán habían fructificado. Realidad era la Facultad de Medicina y Migone es uno de los 18 adolescentes que asisten al inicio de las clases de esta casa de estudio, que se devenirla ilustre.

Para mejor pintura de aquellos días, vale la pena recordar algunos eventos. La peste bubónica había invadido el país. En laudable determinación, el gobierno, en 1899, contrata los servicios del Dr. Miguel Elmassian, del cuerpo de investigaciones del Instituto Pasteur, de París, para instalar un laboratorio de bacteriología, adquiriendo, simultáneamente, una importante partida de útiles y aparatos para el fin, y procediendo al envío de estudiantes a las facultades de veterinaria de La Plata y Alfort.

De su prometedora época estudiantil, ya se dio y vio en Migone la pasta auténtica, sufrida y tenaz del auténtico investigador. Discípulo predilecto del Dr. Elmassian y con su hábil tutela, descubre el tripanosoma causante del mal de caderas de los equinos, desde entonces identificado como tripanosoma elmassianni-migonei, triunfo científico que el bacteriólogo francés lo evidenció aquí en conferencias, como también en comunicación pública a la Sociedad Rural de Buenos Aires, los que constan publicados en los Anales de la Universidad Nacional de Asunción, 1901 - 2.

En 1903, egresan los 12 primeros médicos: Barbero, Coronel, Taboada, Migone, Odriozola, Romero, Silvera, Pérez, Romero Pereira, Vera, Frutos y Urbieta. El gobierno del modesto y venerable coronel Escurra, en encomiable determinación, decide que la totalidad de los mismos, efectúen estudios de perfeccionamiento en Europa. Un grupo es enviado a Italia y otro a Francia. En el segundo, viaja nuestro hombre.

Ya en París, donde permanecería por el bienio 1904-5, ingresa en los cursos para extranjeros de la Sorbona. Más, donde su principal tarea desarrolla es en el Instituto Pasteur, cuya dirección ejercitaba el profesor Metchnikoff, dignamente flanqueado por autoridades del bordo de Roux, Brumpt, Bezancon y Bart.

En la ciudad-luz, da a las prensas su monografía sobre “El rol de los carpinchos en la trasmisión del virus del mal de caderas”, que le dio notoriedad en los medios científicos, siendo traducida a todas las lenguas, incluso a la rusa. La fama mundial, pronto, como se ve, se allegó a nuestro bacteriólogo por antonomasia.

Retoma Migone del viejo mundo, con gloria y responsabilidad, que no traicionaría. Su país, siempre justo para los que ostenten verdadera valía, lo funge Decano de la Facultad de Medicina, en 1906, distinción que retendría hasta la clausura de la misma en nuestro “año terrible” de 1912.

Pero de París no se despediría, sin antes representarnos en el Congreso Internacional de Tuberculosis que ahí su sede tuviera, en 1905, y portar su título de Miembro de la Sociedad de Patología Exótica y del Instituto Pasteur, los que bien supieron reconocer sus excepcionales cualidades.

Nuevamente afincado en la patria, su tarea se hace agobiantemente incansable. Profesa en la Facultad de Medicina. Anima y estimula las más dispares inquietudes intelectuales, pero sin menosprecio ni abandono de su prima vocación: la microbiología y el estudio de los ciertos males que eran deleznable realidad en la América tropical.

Viaja por todo el país. Estudia las bacterias y los protozoarios de plantas y animales. Se dedica a la nosografía y produce sus conocidas monografías.

Por la década del 10, todos los autores clásicos de bacteriología, obligadamente citaban a Migone en la especialidad. A su despecho liberado del merecido decanato, refúgiase de nuevo en su laboratorio. En 1913 da a la estampa en el Boletín de la Sociedad de Patología Exótica, de París, los frutos de sus investigaciones clínicas, anatomopatológicas y epidemiológicas de la leishmaniosis forestal, en monografía hasta la fecha reputada como clásica, y en la que confirmaba las ideas de los tropicalistas brasileños, aportando novedosos puntos de vista en lo que atañía a la morfología, evolución clínica y anatomía patológica de las lesiones mucosas y cutáneas que la misma originaba, afirmando, entre otras conclusiones —alarmantes y ratificadas más de 30 años después— que el 30% del personal de las empresas forestales estaba afectado por el repugnante flagelo.

En 1915 viaja a los Estados Unidos, integrando la delegación nacional al Congreso Científico Panamericano, de Washington, junto a Eusebio Avala, Juan Francisco Pérez Acosta, Pedro Bruno Guggiari y Antolín Irala. Ahí da a conocer sus primeras observaciones sobre la vida de los protozoarios, y especialmente, de los leptómanas, en la savia de las plantas, a los que consideraba posible eslabón de virus de enfermedades de vegetales y animales.

Al año siguiente, 1916, representa al país en el Congreso Sudamericano de Patología, Microbiología e Higiene, reunido en Buenos Aires. En la oportunidad, el gobierno argentino le hace formal ofrecimiento de la dirección del Instituto de Microbiología de la Universidad de Buenos Aires, que Migone agradece y rechaza.

Retorna e inicia una prolongada gira por las zonas de los yerbales y obrajes de la región oriental, produciendo un informe que puede estimarse a cabalidad, como una verdadera cartografía sanitaria hasta hoy en vigencia. El, elevado como memoria al entonces Departamento de Higiene, en 1917, contiene el cúmulo de sus observaciones nosológicas y nosográficas.

Reábrese el Instituto de Bacteriología de Asunción y se le hace entrega de su dirección. Pero el Migone científico puro no desdeñaba al ego humanista. Por varios períodos presidió, con sobrada alcurnia, el Instituto Paraguayo, animando inquietudes definitivamente dispares a sus inclinaciones. Nuestro sabio, primera autoridad continental y de las primeras del orbe en el tratamiento del terrible y aún no domeñado flagelo de la leishmaniosis, de tiempo y temperamento se hacía para encauzar el estudio de muchas artes llamadas bellas.

Por 1921, lleva nuestra representación al Congreso Internacional de Medicina, reunido en Montevideo, año por el que también lo encontramos como fundador de la Sociedad Científica del Paraguay, creación de su condiscípulo Andrés Barbero y de Emilio Hassler, benemérito de nuestra cultura, en cuyo órgano daría a publicidad varios de sus trabajos.

Al año siguiente, padeciendo el país de una de sus endémicas revueltas intestinas, una de las fracciones en pugna, la que obedecía al coronel Chirife, le hace oferencia de la Primera Magistratura del país, distinción y responsabilidad que desestima para bien de nuestra ciencia.

En el usufructo de una de sus presidencias del Instituto Paraguayo, 1923, y por acucios constantes de Juan Francisco Pérez Acosta, promueve la famosa encuesta sobre el himno nacional, patriótica, simpática y fundamental tarea que, vale la pena dejar constancia, sería culminada por otro médico meritísimo, más de 30 años después el inolvidable Juan Max Boettner.

En 1924 viaja a Lima, acompañado del Dr. Ovidio Rebaudi, en calidad de delegados al Congreso Panamericano de Medicina allí a reunirse, donde arriba aureolado, justicieramente, como una de las más acatadas autoridades médicas tropicalistas del mundo. Adjunto a la ratificante consideración de su talento, nos allega su designación de Miembro de Honor de la Academia de Medicina y de la Universidad de San Marcos, de la ciudad virreinal.

En el mapa de los azotes tropicales, el Paraguay no podía ser preterido. Así, en 1926, la Sección de Higiene de la Liga de las Naciones, comisiona al país al profesor Barnet quien, en las sucesivas conferencias aquí dictadas, puso de resalto los trabajos científicos efectuados por Migone por combatir el pavoroso mal bíblico.

Al año siguiente, un viejo conocido de sus días primigenios en el Instituto Pasteur, convertido ya en prominente profesor titular de Parasitología de la Sorbona, el ilustre Dr. Brumpt, viene a América, junto con el colega Dr. Langeront. No hesitan en venir a Paraguay, desde Brasil, donde el Dr. Chagas les había incitado para visitar al “sabio y gran maestro de la especialidad”.

A la misión Brumpt le viene anexada delegaciones oficiales argentina y uruguaya para estudiar con el maestro paraguayo los anopheles maculipennis y los stegomya calopus, considerados agentes trasmisores del paludismo y la fiebre amarilla respectivamente.

En 1928, nuevamente es electo Decano de la Facultad de Medicina. Durante el mismo, los Anales del Instituto Nacional de Parasitología publican su monografía sobre un caso de kala-agar en el Paraguay, cuyo brote encuentra Migone por primera vez, no tan sólo en el país, sino en todo el continente.

Trabaja, trabaja incansablemente en su laboratorio. El mal de Hansen es ahora su preocupación. Mientras, en Europa, a un cuarto de siglo de su publicación, no se supera su admirable trabajo sobre la leishmaniosis. El Boletín de la Real Sociedad de Medicina, de Londres, lo inserta en sus páginas, lo que le reporta su nombramiento de Miembro de la Real Sociedad de Medicina Tropical e Higiene y el de colaborador permanente del Museo Británico.

En sus investigaciones, descubre una nueva especie de phebótomo, que presentó en pertinente comunicación, a la Universidad de Coimbra, la que a su vez propuso y obtuvo, que la misma fuese denominada con el nombre de su ilustre descubridor, en los registros científicos de la especialidad.

A fines de 1929, las vicisitudes de una cruel dolencia lo llevan nuevamente a Europa. Torna al Instituto Pasteur donde encuentra a viejos compañeros de la hora inicial. Viaja a Alemania e Italia en procura de los más modernos medicamentos para combatir la lepra, embarcándose de regreso, en abril de 1931.

Poco después, estalla la guerra del Chaco y la patria es necesitada de sus mejores hijos. Un brote epidémico en la zona de operaciones hace que Migone —incorporado al ejército con el grado de Coronel—, viaje a la misma para instalar y orientar, los primeros laboratorios bacteriológicos, retornando para seguir su prestación de servicios en el hospital de la Cruz Roja.

Al término de la conflagración, es nombrado miembro del Consejo de Administración de la Oficina de Cambios, función que la desempeñará hasta 1937, año en que también, en un tomo de la Revista de la Sociedad Científica del Paraguay, comunica sus observancias sobre las cualidades terapéuticas para la cura de la lepra del aguaí-guazú, espécimen vegetal que a propuesta del Dr. Hassler, está científicamente registrado con el nombre de nuestro ponderado compatriota.

A comienzos de 1938, es invitado para asistir como Miembro de Honor, por el Consejo Internacional de la Lepra, al congreso a realizarse en El Cairo. Luego de él, nuevamente llega al Instituto Pasteur y Alemania. El objetivo?: Hallar novedades en su pertinaz lucha contra el mal de Lázaro.

De su vuelta hasta su óbito, todo lo dedicó a los pobres. Difícil se hace imaginar espíritu mejor dotado para una vocación misional. Su laboratorio y, como magro descanso, su consultorio, constituía la totalidad de todo su mundo, y ahí se daban cita las miserias más espantosas de su áspera especialidad. Si las leyes civiles podrían canonizar, Migone esplendería en lo más alto del santoral.

No éramos nosotros los más hábiles ni de los más obligados, a este pardo evocar de una existencia singularmente valiosa, de inmensa ejemplaridad humana. Pero Migone es uno de los muchos paraguayos que esperan el esquivo, renuente, agradecimiento patrio. El consenso científico lo ha colocado en el sitial que se merece de mucho tiempo há. Su memoria no puede ambicionar una posteridad en vida, mal que lo ignoremos. Frontera acá es que el sacudón debe producirse.

Que otros —lo ansiamos sin cortapisas— mejoren la endeblez básica de nuestro ensayo, lo que no sería obra de romanos, qué duda puede caber! Pero nadie puede negamos el sagrado derecho de querer reivindicar la excelsa memoria del amigo que se nos adelantara en el gran viaje.

Poco quedamos de los asistentes a las inevitables tertulias iniciadas en la monástica vivienda del impar Barbero que, más forzoso era ello, culminaban en el cafetal del Parque Caballero. Aponte, Schmidt, Rojas, Schenoni y Migone acaso hoy prosigan, en el más allá, las simpáticas cuan interminables discusiones que los peculiarizaron en este mundo.

El saldo positivo de sus vidas; su demostración palmaria, es de nuestro personal y absoluto arbitrio. En esa sistemática transitamos, sin espera ni ambición de retribuciones de cualquier naturaleza.

Migone, el grande Migone, falleció el 13 de julio de 1954. Ese fue el hombre y esa su obra.

Fuente: CIENTÍFICOS PARAGUAYOS I - LUIS S. MIGONE – TEODORO ROJAS – ANDRÉS BARBERO. Ensayo de BENIGNO RIQUELME GARCÍA. CUADERNOS REPUBLICANOS. Año 1975 (35 páginas)

 

 

LUIS E. MIGONE (*) : Hijo de Luís Santiago Migone y Del Rosario Mieres, nació en Stma. Trinidad en 1876. Hizo sus estudios en el Colegio Nacional y en la Facultad de Medicina; de la qué egresó en la primera promoción en 1903.

Se inició en los trabajos de investigación de laboratorio bajo la orientación del Dr. Miguel Elmassian, del Instituto Pasteur de París, contratado por el gobierno. Las investigaciones de Migone descubrieron el virus causante del mal de caderas de los equinos, identificado entonces como tripanosoma elmassiani - migonei. Becado por el gobierno, viajó a Francia; realizó investigaciones en el Instituto Pasteur, y publicó su trabajo sobre El rol de los carpinchos en la transmisión del virus del mal de caderas, que le dio notoriedad en los medios científicos. Su monografía fue traducida a varios idiomas. Y fue designado miembro de la Sociedad de Patología Exótica y del Instituto Pasteur.

De regreso al país, ejerció la cátedra en la Facultad de Medicina, mas su dedicación fundamental fue la investigación; viajó por todo el país estudiando las bacterias y los protozoarios de plantas y animales. Publicó una monografía sobre un caso de Kala-azar, cuyo brote encontró Migone por primera vez. El boletín de la Real Sociedad de Medicina de Londres publicó otra vez su admirable trabajo sobre la leishmaniasis, y es designado miembro de la Real Sociedad de Medicina Tropical. Luego investigó sobre el mal de Hansen, la lepra; mas al estallar la guerra, LEM se incorporó al Ejército y fue al Chaco. Las graves epidemias que azotaron a los combatientes, crearon graves problemas a la Sanidad paraguaya. Los Dres. LE Migone, Raúl Peña y otros laboratoristas, cumplieron excepcional labor en la producción intensivas de vacunas preventivas de nuevos brotes.

En 1937, Migone publicó su trabajo sobre Las cualidades terapéuticas del aguaí-guazú, para el tratamiento del bíblico mal; dicho spécimen vegetal fue registrado en los anales científicos, con el nombre del notable investigador paraguayo. Otras ocupaciones absorbieron también su tiempo: Decano de la Facultad de Medicina, Director del Instituto de Bacteriología, Presidente del Instituto Paraguayo, fundador y animador, con Andrés Barbero y Emilio Hassler de la Sociedad Científica del Paraguay. Integró y dio prestigio a varias delegaciones nacionales a Congresos científicos; en Buenos Aires, Montevideo, Lima, París, Washington, El Cairo, Falleció en 1954. Casado con Gabriela Battilana, era su hijo el Dr. Luís Santiago Migone Battilana, eminente médico también.

(*) de B. Riquelme García, "Científicos Paraguayos"

Fuente: BREVE HISTORIA DE GRANDES HOMBRES. Obra de LUIS G. BENÍTEZ. Ilustraciones de LUIS MENDOZA, RAÚL BECKELMANN, MIRIAM LEZCANO, SATURNINO SOTELO, PEDRO ARMOA. Industrial Gráfica Comuneros, Asunción – Paraguay. 1986 (390 páginas)

 

 

MIGONE, LUIS E. : Médico y catedrático. Nació en Santísima Trinidad el 12 de julio de 1876. Fueron sus padres Luis Santiago Migone y Del Rosario Mieres.

Estudió la escuela primaria en su ciudad natal y luego, ya en Asunción, en el Colegio Nacional de la Capital, alcanzó el título de bachiller en el año 1898; sus estudios universitarios los realizó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, de la que egresó en 1903, junto con otros destacados exponentes de nuestra intelectualidad. Bajo la orientación del Dr. Miguel Elmassian, del Instituto Pasteur de Francia, se inició en la investigación bacteriológica. Migone descubrió el virus causante del mal de caderas de los equinos, llamado Tripanosoma elmassiani-migonei.

Fue becado a Francia, donde continuó sus investigaciones científicas, y publicó en la capital francesa su monografía: "El rol de los carpinchos en la transmisión del virus del mal de las caderas". Este trabajo fue traducido a varios idiomas, incluso al ruso.

De regreso al país, se dedicó a la docencia en la Facultad de Medicina, sin abandonar jamás su tarea de investigador; estudió las bacterias y protozoarios de las plantas y animales. Fue decano de la Facultad de Medicina desde 1906 a 1912; director del Instituto de Bacteriología; presidente del Instituto Paraguayo; fundador, entre otros, de la Sociedad Científica del Paraguay.

Contrajo matrimonio con Gabriela Battilana y era su hijo el Dr. Luis Santiago Migone.

Integró varias delegaciones nacionales a congresos científicos en diversas partes del mundo. Migone publicó los siguientes trabajos: "EL AGUAI-GUASU O POUTERIA MIGONEI (HASSLER)"; (1937); APUNTES DE CLIMATOLOGÍA Y NOSOGRAFÍA MÉDICA DEL PARAGUAY; (1929); "FLAGELADOS DE LAS PLANTAS"; (1922).

Luis E. Migone falleció en Asunción el 13 de julio de 1954. Sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta.

Fuente: FORJADORES DEL PARAGUAY – DICCIONARIO BIOGRÁFICO. Realización y producción gráfica: ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL. Coordinación General: Ricardo Servín Gauto. Dirección de la obra: Oscar del Carmen Quevedo. Tel.: 595-21 373.594 – correo: arami@rieder.net.py– Asunción-Paraguay 2001 (716 páginas).



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