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LUIS N. BAREIRO SPAINI


  LAS FUERZAS ARMADAS Y SU PROFESIONALIDAD - Por LUIS N. BAREIRO SPAINI


LAS FUERZAS ARMADAS Y SU PROFESIONALIDAD - Por LUIS N. BAREIRO SPAINI

LAS FUERZAS ARMADAS Y SU PROFESIONALIDAD

REALIDAD Y PERSPECTIVAS

UNA INTERPRETACIÓN NACIONAL Y REGIONAL

por LUIS N. BAREIRO SPAINI

Intercontinental Editora,

Asunción-Paraguay 2008

 

 

 

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En “LAS FUERZAS ARMADAS Y SU PROFESIONALIDAD: REALIDAD Y PERSPECTIVAS (UNA INTERPRETACIÓN NACIONAL Y REGIONAL)” su autor, el General ( R ) Luis Bareiro Spaini presenta sus reflexiones sobre el estudio y valoración de la profesionalidad y profesionalización de las Fuerzas Armadas.

Se abordan en este texto aspectos históricos, conceptuales y operativos de la carrera militar referentes a sus misiones, roles y desafíos, como también aspectos propositivos que abarcan la profesionalización, modernización y el perfil recomendable para el eficaz ejercicio del instrumento militar de la defensa y su conducción.-

Las propuestas y recomendaciones que este libro presenta se dirigen a exponer el diseño y formulación de políticas en la materia. Asimismo, quiere servir de estímulo para una conveniente información y capacitación de civiles en el tema.-

Al ser su propuesta y finalidad contribuir a un mejor conocimiento de una problemática esencial en la estructura histórico-social del Paraguay, los aportes ofrecidos en el texto se orientan a la conveniente profesionalización de las Fuerzas Armadas de nuestro país.-

Se debe mencionar que esta reflexión está enmarcada en la intención de contribuir a que las Fuerzas Armadas del Paraguay logren su plena integración con la sociedad nacional, en lo interno y en lo externo, prioritariamente, con los países de la región, particularmente con énfasis en el  interrelacionamiento MERCOSUR-UNIÓN EUROPEA.

 

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Puede ampliar la información sobre el libro en el espacio de

SUÁREZ, VICTORIO A.

Artículo titulado:

“Precisión metodológica en un libro de certeros planteamientos”

Semanario Cultural del día Domingo, 15 de marzo de 2009

http://www.abc.com.py/suplemento.php?sec=14&fec=2009-03-16

 

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INTRODUCCIÓN: El  tema objeto de este trabajose centra en el estudio y valoración de laprofesionalidady profesionalización de las Fuerzas Armadas, tema de actualidad y cuya intención es aportar resultados prácticos conducentes a la soluciónde los problemas planteados.

Se abordan en él aspectos de la profesión militar relacionados con la seguridad y la defensa nacional, aspectos históricos y operativos de las Fuerzas Armadas referentes a sus misiones, roles y desafíos, y, finalmente,aspectos propositivos que abarcan la profesionalización, modernización y el perfil  profesional recomendado para el ejercicio del instrumento militar de la defensay su conducción.

Con la plena certeza que resultará infructuoso todo intento de realizar enforma dogmática, hermética y sectorial -con exclusión de la participación civil- los necesarios, requeridos, prioritarios e impostergables cambios en la institución militar paraguaya, el presente estudio busca ser-para Civiles y militares- una fuente participativa para los elementos de juicio, que  la evaluación crítica, rigurosa y metódica necesita y requiere en el apremiante tratamiento de esta problemática.

Su finalidad es, entonces, contribuir a un mejor conocimiento de tan transcendente tema, en los planos profesional, institucional, nacional y societal. Para el efecto, presenta recomendaciones y propuestas de utilidad parala formulación de políticas en la materia y la identificación de tareas a ser desempeñadas por los diferentes actores involucrados. Asimismo, para una conveniente formación y capacitación de civiles en el tema, que les permita ejercer, con elnecesario y requerido conocimiento, la conducción política efectiva del instrumento militar.

Un hecho incontrovertible y concluyente observado en la actualidad ces que el desarrollo de los procesos socio-históricos de la post-Guerra Fría, de la globalización y mundialización, han vuelto anacrónicos y obsoletos conceptos, terminologías, usos y aplicaciones que, correspondiendo a épocas pretéritas, han perdido totalmente vigencia y eficacia. En tal sentido, cualquier intento de reavivarlos -desde luego, carentes de toda argumentación lógica y eficiencia formal- sólo puede ser claramente regresivo y, en consecuencia, debe ser considerado como interferencia negativa en el vertiginoso proceso de actualización y contemporaneidad que el actual momento de la región, el continente y el mundo requieren y exigen.

Se considera conveniente indicar que el estudio ha sido orientado hacia el área temática elegida, de modo prioritario aunque no excluyente, en un proceso intelectual signado por una constante actualización de conceptos, datos, autores y textos. Esto, con la intención de ofrecer una serie de propuestas caracterizadas por su rigor analítico y eficacia práctica que, desde un diseño metodológicamente coherente, ofrezca las secuencias y los modos de su implementación para el logro de los objetivos que la misma exposición de esta disertación pone en evidencia.

Los aportes que ofrece, tanto los relacionados a sus referencias históricas corno a los análisis, propuestas y recomendaciones -estos últimos basados en conceptos y criterios actualizados sobre la temática- orientados hacia la conveniente profesionalización de las Fuerzas Armadas del Para-guay, constituyen elementos coadyuvantes y relevantes para su imprescindible y deseable integración, con la sociedad paraguaya, en lo interno, y con los países de la región, en lo internacional.

“Las escuelas son el taller en que se forman los grandes prelados y magistrados civiles y militares. La instrucción no solamente es adorno, mas también prenda necesaria a los que siguen la gloriosa profesión de las armas. Los Jefes políticos y militares más se sostienen con la autoridad y buen uso de los conocimientos científicos que con la fuerza y poder”. (JUNTA SUPERIOR  GUBERNATIVA. Bando del 6 de enero de 1812).-

"No hay disciplina sin una observancia estrecha de los deberes militares, y sin la responsabilidad y la obediencia prescripta en el orden jerárquico militar. Sin la disciplina, los cuerpos y los ejércitos no son sino grupos desordenados de hombres armados que jamás podrán corresponder a la confianza de la Nación y su gobierno, no mereciendo por consiguiente, de manera alguna, la distinguida calificación de soldado". (FRANCISCO SOLANO LÓPEZ. Orden General. Cuartel General en el Campo de Bado, Paso de Patria, 28 de febrero de 1851).

"Nuestra obligación, la más imperiosa, es la de formar los hombres, que en el momento necesario serán aptos de mandar, sin que se pueda saber antes del, momento aquél,, si los serán o no (...) nos encontramos, al pasar de la paz a la guerra, en presencia de un cambio en el estado esencial del asunto: abandonamos el campo de lo ficticio para entrar en los dominios de lo concreto. Es sobre todo con la meditación y con la teoría que el jefe se prepara para la práctica eventual del mando. El esfuerzo cerebral es más importante que el esfuerzo muscular en ciertos casos (...)".

 

 

(JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBIA: 

"La disciplina de guerra. La preparación". Febrero/1930).

 

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ÍNDICE:

  • CARACTERÍSTICAS DISTINTIVAS DE LA PROFESIÓN MILITAR
  • LA FUNCIÓN MILITAR EN EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO: ARISTÓTELES, TOMÁS DE AQUINO Y JULIÁN MARÍAS
  • LA PROFESIÓN MILITAR: SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA
  • LA INSTITUCIÓN MILITAR DEL PARAGUAY: RESEÑA HISTÓTICA
  • PROFESIONALIDAD, CONFLICTO ARMADO Y DEFENSA
  • LAS FUERZAS ARMADAS: ROLES Y DESAFÍOS
  • LAS FUERZAS ARMADAS DEL PARAGUAY: ANÁLISIS Y PROPUESTAS ESPECÍFICAS DE PROFESIONALIZACIÓN

CONCLUSIONES

RECOMENDACIONES

BIBLIOGRAFÍA.-

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1. CARACTERÍSTICAS DISTINTIVAS DE LA PROFESIÓN MILITAR

 

         La ciencia militar es una disciplina del espíritu, solidaria de todas las demás, y como todas las demás ciencias, debe tender siempre hacia lo más elevado y poner en juego plenamente todas las energías del pensamiento.

 

         Jean Jaurés

 

         El estudio y la valoración de un tema tan trascendente como lo es el de la profesionalidad y profesionalización del órgano militar de la Defensa Nacional -las Fuerzas Armadas- demandan precisar, desde su inicio, el carácter de "profesión" de la milicia.

         A tal efecto, la requerida claridad conceptual para su tratamiento exige definir o conceptuar algunos términos relacionados con la cuestión.

         "Profesionalismo" es el cultivo o utilización de ciertas disciplinas, artes o deportes, como medio de lucro (Diccionario de la Lengua Española).

         "Profesionalidad" es la calidad de profesional. Para el presente trabajo, el término "Profesionalidad" es utilizado en su acepción de "capacidad que tiene una persona para ejercer su profesión de una manera seria, rápida y eficaz. Eficacia en la propia profesión". Esto requiere la "Profesionalización" para su implementación e interrelación.

         "La profesionalización, sinónimo de especialización técnica, implica un largo aprendizaje y el entrenamiento científico de los miembros del instituto armado, con el ánimo de formar cuadros más instruidos y elevar el nivel profesional, así como de acrecentar la homogeneidad del comando central". (Francia Elena Díaz Cardona: Fuerzas Armadas, Militarismo y Constitución Nacional en América Latina. 1988. p. 54)

         Señala Rouquié que con la profesionalización de la oficialidad comienza la modernización de los ejércitos, y mediante la cual se constituye la milicia en una "ocupación permanente, remunerada y de tiempo completo, que requiere estudios y una prolongada preparación física e intelectual, sujeta en su desenvolvimiento a normas estrictamente codificadas" (Alain Rouquié: El Estado militar en América Latina. 1982)

         "Profesionalizar" significa dar carácter de profesión a una actividad. Convertir a un aficionado en profesional, persona que ejerce una actividad como profesión (Diccionario de la Lengua Española).

         "Profesional" es el perteneciente a la profesión o la persona que ejerce una profesión. "Que ejerce de manera competente una profesión u oficio".

         "Profesión" es el empleo, facultad u oficio que una persona tiene y ejerce con derecho a retribución. En su acepción amplia, significa actividad habitual y bien ejecutada ejercida por alguien, con fines lucrativos. Puede ser actividad manual o corporal, artística, técnica, intelectual o deportiva.

         En su acepción específica significa ocupación especializada, de altas características científicas y técnicas, y exigencias éticas, que se ejerce libremente amparada por un título expedido por un centro de altos estudios y que requiere constante actualización académica.

         El Diccionario Militar señala que "la milicia es profesión para todos los oficiales, jefes y generales de los Ejércitos modernos (...)" y define el término "Profesional", entre otras acepciones, como "el militar de carrera, a diferencia del excepcional o transitorio (...)" (Guillermo Cabanellas de Torres: Diccionario Militar. Aeronáutico, Naval y Terrestre). .

         Las profesiones "liberales" son las que se ejercen libre y voluntariamente en un mercado abierto.

         El reconocimiento de una actividad como profesión y de los que la ejercen como profesionales, requiere ciertas condiciones universalmente aceptadas, referidas a su funcionalismo, escolaridad y altas características de especialización.

         En el ámbito de la cultura contemporánea, el reconocimiento de las profesiones como tales requiere que sean siempre de nivel universitario o institución similar, amparadas por un título avalado por el Estado y que revista de algunas condiciones, como vocación y aptitudes, conocimientos y habilidades, continuidad académica, experiencia, universalidad, corporatividad y ética profesional.

         Una profesión "es un tipo peculiar de grupo funcional con características altamente especializadas. (...) En tanto profesionalismo, es característica del moderno oficial en el mismo sentido en que lo es del médico o del abogado".(1)

         En el concepto de Huntington, las características que distinguen una profesión como un tipo especial de vocación son la especialización, la responsabilidad y la corporatividad. (2)

         En lo referente a la especialización, "el profesional es un técnico con habilidades y conocimientos especializados en un campo significativo del esfuerzo humano. Solo por la educación y la experiencia prolongada se adquiere especialización. Ella es la base de padrones objetivos de competencia profesional, que separa a los profesionales de los legos y que mide la relativa capacidad de los miembros de una profesión". (3)

         En su análisis, Huntington sostiene que la milicia revela muchas variedades de especialistas, muchas de ellas con sus contrapartes en la vida civil, como los ingenieros, médicos, pilotos, técnicos en inteligencia, comunicaciones, etc. El cuerpo de oficiales tiene una especialización aún mayor o más abarcante, como la de militares de tierra, mar y aire, con grandes diferencias en las funciones ejercidas y en las indispensables habilidades. Pero la cualidad o especialidad común a todos los oficiales, sean de tierra, aire o mar, y que los distingue de todos los civiles, y aún de otros especialistas existentes en las modernas fuerzas armadas, es la de "administración de la violencia", o sea, la dirección, operación y control de una organización humana cuya principal función consiste en la aplicación de la violencia, cualidad peculiar del oficial. Es evidente que la función militar requiere un alto grado de especialización. (4)

         En relación a la responsabilidad, el profesional "es un técnico militante que trabaja en un contexto social y que presta servicio esencial al funcionamiento de la sociedad (...). El carácter esencial y general de su servicio, así como el monopolio de sus habilidades, imponen al profesional la responsabilidad de prestar servicios cuando la sociedad los exige". (5)

         Para Huntington, la especialización del militar le impone una particular responsabilidad social. "Tal como en la práctica de la medicina, la sociedad insiste en que la administración de la violencia solo sea utilizada en bien de objetivos socialmente aprobados. La sociedad tiene un interés directo, permanente y general en el empleo de esa especialización para el fortalecimiento de su propia seguridad militar. (...) La habilidad del militar es la administración de la violencia. Su responsabilidad es la seguridad militar de su cliente, la sociedad. El cumplimiento de la responsabilidad exige dominio de la especialización, y éste impone aceptación de la responsabilidad. Tanto la responsabilidad como la especialización distinguen al oficial de otros tipos sociales. Todos los miembros de la sociedad tienen interés en su seguridad. (...) El Estado se preocupa directamente de la consecución de éste y de otros valores sociales, pero solo el cuerpo de oficiales es responsable por la seguridad militar, con exclusión de todos los otros fines". (6)

         En lo concerniente a la corporatividad, "los miembros de una profesión tienen en común la sensación de unidad orgánica y de autoconciencia como un grupo que difiere de los legos. Esa sensación colectiva tiene orígenes en la disciplina y en el entrenamiento, indispensables a la competencia profesional, así como en el vínculo común del trabajo y en la solidaridad con una responsabilidad social única. El sentido de unidad se manifiesta en una organización profesional que normaliza y aplica los padrones de competencia profesional y que establece y pone en vigor los padrones de responsabilidad profesional". (7)

         Sobre su carácter corporativo, Huntington apunta que la milicia es una profesión pública burocratizada. "El derecho legal de ejercerla se limita a los miembros de un organismo rigurosamente definido. La comisión es para el oficial lo que la licencia es para el médico. Orgánicamente, el cuerpo de oficiales es mucho más que una simple creación del Estado. Los imperativos funcionales de seguridad dan origen a complejas instituciones vocacionales que moldean el oficialato en un grupo social autónomo. El ingreso en ese grupo es restringido a aquellos con educación e instrucción indispensables y, generalmente, solo es permitido por el nivel más bajo de competencia profesional. La estructura corporativa del cuerpo de oficiales incluye no solo la burocracia oficial, sino también sociedades, asociaciones, escuelas, publicaciones, costumbres y tradiciones". (8)

         Finalmente concluye que "la vocación para la milicia atiende los principales criterios de profesionalismo". En la práctica ninguna vocación presenta todas las características del tipo profesional e ideal. Es probable que en la milicia esté ausente alguna de ellas. No obstante -dice- "su carácter fundamental como profesión es innegable". (9)

         Por su parte, Davenport describe los dos modos que el conocimiento contemporáneo sobre ética profesional establece para determinar si una ocupación es una profesión: 1º) el enfoque histórico, que se limita a preguntar si en la historia de la civilización, esta ocupación se reconoce como profesión; 2°) el enfoque analítico, que pregunta si esta ocupación satisface las pautas actualmente aceptadas para una profesión. Estas pautas establecen: a) que el trabajo realizado por los miembros de esta ocupación sea reconocido por el público, como básico y necesario; b) que para ingresar a la misma, se deben cumplir ciertos requerimientos mínimos específicos; y c) que los miembros de esta ocupación proponen y respetan un código de responsabilidades éticas. (10)

         "Actualmente, si usamos el enfoque analítico, el público reconoce que la tarea de los militares es crucial y necesaria, el ingreso a la actividad militar exige adiestramiento y aptitudes específicas, y los diversos códigos de justicia militar proponen responsabilidades éticas que se hacen respetar mediante diversos tipos de corte marcial. Junto con la medicina, la jurisprudencia y el sacerdocio, se lo ha reconocido como una vocación especial, al menos desde el Siglo VIII en la civilización occidental y desde el año 2500 A. C. en el Asia". (11)

         Es obvio entonces -concluye Davenport- "que el servicio militar es una profesión según cualquiera de ambos enfoques".

         Una de las peculiaridades de la profesión militar es que ella no se ejerce libremente. Mientras todas las otras profesiones son en cierta medida reglamentadas por el Estado, la profesión militar es monopolizada por el mismo Estado, jerarquizada y amparada por un nombramiento. Refiriéndose a la preparación que ella requiere y a algunas de sus peculiaridades, García Ferrer señala que "comprende una amplia preparación humanística, técnica y administrativa, sin menoscabo en la capacidad combativa para la defensa armada de la nación y de sus instituciones. La profesión militar de los hombres de armas no es de lucro, como sí lo son los del medio civil. Es una profesión sumamente compleja al ejercerse con unos hombres, cuyo mando y dirección supone un amplio conocimiento humanista, y con unos medios cada vez más sofisticados que caen dentro del campo de la ciencia". (12)

         Cabe señalar que una amplia y variada serie de derechos y obligaciones legales, administrativas y operativas, vitales para el buen funcionamiento de las Fuerzas Armadas, devienen de su requerida e imprescindible condición de "profesional y permanente". Son algunas de sus características peculiares el riesgo de vida, la sujeción a preceptos rígidos de disciplina y jerarquía, la dedicación exclusiva, la disponibilidad permanente, la movilidad geográfica, el vigor físico, la formación específica y el perfeccionamiento constante, la prohibición de participar de actividades políticas, la prohibición de sindicalizarse y de participar de huelgas o de cualquier movimiento reivindicatorio, las restricciones a derechos laborales, el vínculo con la profesión aún en el estado de inhabilidad, y las consecuencias para la familia.

         Al referirse a la profesión militar, señala Bray que múltiples y complejos son los conocimientos generales y profesionales que el Oficial debe ir adquiriendo a través de las diversas etapas de su formación, pues cada jerarquía impone renovadas exigencias para desempeñar con eficacia el mando de la unidad que le corresponde ejercer por su grado (...). "En ese orden de ideas, la profesión militar es una de las pocas que, a más de simple oficio, puede ser asimismo considerada como ciencia y arte, sin que trazos inconfundibles permitan apreciar a simple vista una rígida línea demarcatoria de cada una de las tres definiciones.

         Pertenecen a la categoría de simple oficio rutinario aquellos quehaceres relativos a la vida cotidiana de cuartel: guardias, revistas, conservación del material, bienestar de la tropa, administración de la unidad. Es ciencia: cuando se refiere al dominio de ramas tales como estrategia, balística, topografía, explosivos, siderurgia, logística y otras. Y es arte en punto a la interpretación de los principios de la guerra y a su aplicación sobre el terreno (...). El Oficial es, además, un educador permanente en todo el curso de su carrera. Lyautey le asigna una misión social de primera jerarquía dentro de la colectividad. No solamente ha de aprender su oficio, sino también saber enseñarlo. Es la suya una perenne ejecutoria de maestro y conductor, así en la paz como en la guerra. A su cargo corre, a más de la instrucción profesional de sus subordinados, la formación moral y espiritual de los mismos". (13)

         Complementa esta serie de autorizadas opiniones sobre tan primordial tema, la realizada por Augusto Roa Bastos, caracterizado exponente de la cultura paraguaya.

         La opinión del mencionado intelectual, aún cuando no haya sido un estudioso en esta especialidad, constituye importante referencia para la sociedad civil paraguaya a la que representa, y es particularmente relevante, considerando la preocupante ausencia de conocimientos básicos sobre el tema en la mayoría de sus componentes.

         Al preguntarse Roa Bastos sobre lo que distingue a la institución militar de la sociedad civil, dice:

         "La distinción específica está basada en dos factores esenciales y a la vez estructurantes: el primero, las funciones, el rol orgánico e institucional de las Fuerzas Armadas determinado por el carácter de su neutralidad política, o mejor, por su apoliticismo ideológico, condición primera de la profesión militar que no puede ni debe ser parcializada por su adhesión a ideologías y menos aún por su militancia directa o encubierta en agrupaciones confesionales y partidos políticos" (14)

         Para Roa Bastos, el segundo factor remite a un problema de cultura militar, "que se relaciona con el aprendizaje, formación y conciencia profesional del soldado y, desde luego, con el concepto de la ética militar que constituye el estatuto intangible de su profesión". (15)

         Finalmente señala, que (...) "las características distintivas de la corporación militar son su maestría en el arte de la guerra, su responsabilidad institucional y su sentido activo de la cohesión de cuerpo. Cohesión de cuerpo no tiene aquí un sentido meramente corporatista, en su acepción medieval, sino el sentido de una cohesión vocacional e institucional moderna de la conciencia profesional y de la práctica de esta profesión". (16)

         Las semblanzas descritas sobre la naturaleza, calidad, condiciones y peculiaridades de la institución, como los análisis realizados y las conclusiones arribadas, con tan claros y precisos conceptos, permiten afirmar con lucidez y convicción las características distintivas de la profesión militar.

 

         (. . .) porque, ¿en qué hombres ha de procurar la patria mayor fidelidad sino en aquellos que le han prometido morir por ella? ¿Quién debe querer más la paz sino el que de la guerra puede recibir mayor daño? ¿Quién ha de temer más a Dios sino el que, arrostrando diariamente infinitos peligros, necesita más de su ayuda? (Nicolás Maquiavelo a Lorenzo Strozzi. "El arte de la guerra").

 

 

 

NOTAS

 

(1)     Huntington, Samuel P. O Soldado e o Estado. Biblioteca do Exército Editora, Río de Janeiro, Rep, Federativa del Brasil. Año 1996, p. 25.

(2)     Ibíd., p. 26.

(3)     Ibíd., p. 26.

(4)     Ibíd., p. 29.

(5)     Ibíd., p. 27.

(6)     Ibíd., p. 32.

(7)     Ibíd., p. 28.

(8)     Ibíd., p. 34.

(9)     Ibíd., p. 29.

(10)   Davenport, Manuel M., Stockdale, James B y otros: Ética Militar. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1989, p. 13.

(11)   Ibíd., p.14.

(12)   García Ferrer, Gral. Carlos: A vueltas con la enseñanza superior militar. Revista EJÉRCITO. Madrid, España. Setiembre/1991, p. 36.

(13)   Bray, Cnel. Arturo. Militares y Civiles: Estudio psico-patológico del pronunciamiento. Carlos Schauman Editor. Asunción, 1.984, pp. 85/86

(14)   Roa Bastos, Augusto. Las Fuerzas Armadas y la opinión pública. Revista SER en el 2000. Seguridad Estratégica Regional. Buenos Aires, Rea. Argentina, N° 11, Mayo/ 1999,P. 13.

(15)   Ibíd., p. 13.

(16)   Ibíd., p. 14.

 

 

 

2.      LA FUNCIÓN MILITAR EN EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO:

ARISTÓTELES, TOMÁS DE AQUINO Y JULIÁN MARÍAS

 

         Es del ciudadano virtuoso que se exponga al peligro de muerte para la conservación de la República. Y si el hombre fuera parte natural de este estado, tal inclinación sería natural.

 

         Santo Tomás de Aquino.

 

         Desde épocas muy remotas los problemas planteados por el orden militar y su relación con la vida política han motivado el interés de no pocas personas, que dedicaron su atención, voluntad y tiempo al estudio de tan importante temática, esencial al bien común.

         En la antigüedad, dos elevados exponentes del saber humano que no ocultaron su interés por el significado que la misión de las fuerzas armadas reviste en el orden político y que a pesar de no haber sido -paradójicamente- hombres de armas, sus esclarecidos pensamientos no pueden eludirse en el tratamiento de la problemática castrense, son Aristóteles de Estagira, el genial filósofo del siglo IV a. C., y Santo Tomás de Aquino, el insigne escolástico medieval, Doctor Universal de la Iglesia Católica.

         Así mismo, un pensador contemporáneo que dedicó su atención a la función militar es Julián Marías, filósofo español de "nítida y dilatada trayectoria intelectual, prolongada a lo largo de más de medio siglo y con una amplia proyección cultural y académica en numerosos países", cuyo aporte al pensamiento actual le han convertido en "una de las figuras más destacadas de la intelectualidad iberoamericana de este siglo". (Julián Marías Aguilera.1914-2005. Proyecto Filosofía en español. 2001. www.filosofía.org).

         Mario Enrique Sacchi ha realizado un interesante estudio sobre las teorías castrenses de Aristóteles y de Santo Tomás de Aquino consistente en tres ensayos publicados, el último de los cuales constituye una visión personal del autor sobre las enseñanzas de los citados maestros. Por considerarlo de interés en el tratamiento del tema de esta obra, se reproducen en el presente capítulo varias de las observaciones y conclusiones del mencionado académico, que permiten apreciar con mayor precisión el pensamiento y la claridad conceptual con que estos sabios interpretaron la verdadera esencia de la función militar en el orden político del Estado.

         Dada su importancia y siendo una cuestión raramente indagada por historiógrafos y comentaristas, el propio autor dice al respecto: "Aristóteles y Santo Tomás de Aquino han elaborado sendos tratamientos acerca del orden militar, que no merecen estar ausentes de las investigaciones de los teólogos, de los filósofos ni de los expertos en asuntos jurídicos y estratégicos. Han considerado la misión de las fuerzas armadas con una lucidez que modernamente se extraña en las versaciones de la ciencia política". (1)

         Ambos filósofos han estudiado la función militar en el marco de la ciencia de la ciudad o Estado. Para ellos la estrategia no constituía un saber autárquico, por lo que solo se la podía comprender como parte de la filosofía práctica que versa sobre los actos del ciudadano. Asimismo, la milicia constituía una verdadera institución de la "polis" y su razón de ser no era otra que la de servir a la comunidad civil con su poder de disuasión y de destrucción, proveyendo la necesaria seguridad a la misma. El fin de los actos castrenses era "la victoria en el combate", que a su vez resultaba un medio con respecto a otro fin ulterior, el de "proveer la seguridad de la nación", condición indispensable para que ésta pudiera dedicarse a las actividades más provechosas.

 

         ARISTÓTELES Y EL TEMA CASTRENSE

 

         Aristóteles (384-322), preceptor de Alejandro Magno, "es -con Platón- la figura más grande de la filosofía griega, y aún tal vez, de toda". Fue el "forjador de muchos de los más importantes conceptos que el intelecto humano maneja desde hace varios siglos para pensar el ser de las cosas y el creador de la lógica como disciplina". (2) (3)

         De entre sus varias obras, las que contienen sus pensamientos referidos al tema militar y la guerra son "La Política" y "Ética a Nicómaco".

         Fue uno de los que incesantemente se preocuparon por la consideración de los asuntos militares. Su convicción de que "el tratamiento de los temas castrenses estaba umbilicalmente ligado al bien de la sociedad política, se sustentaba en sus conocimientos de la historia de varios pueblos y en su experiencia de la vida cívica de la Grecia en que le tocó vivir durante el siglo IV a. C.". (4)

         "En el pensamiento aristotélico la política involucra necesariamente una dilatada serie de exámenes acerca de los problemas militares, como que la organización bélica de la ciudad y las virtudes de los hombres de armas son requisitos indispensables para preservar a la sociedad de las amenazas y de los ataques de sus enemigos externos e internos. Este conocimiento práctico de los asuntos castrenses, un conocimiento cabalmente político por su inmediato nexo con el bien común del Estado, es lo que Aristóteles denomina "estrategia", o mejor, "técnica": La oportunidad en la guerra es estudiada por la [ciencia] estratégica". (5)

         Según la apreciación aristotélica, era imposible justificar la ignorancia de los problemas estratégicos en la filosofía política, como así mismo reputaba del todo imprudente esa ignorancia por parte del gobernante. Por otro lado, "tampoco el hombre a quien se le han otorgado responsabilidades de mando en las huestes castrenses, puede legítimamente desconectar sus conocimientos militares de aquellos incumbentes al régimen civil del Estado. Es por ello que la política y la estrategia van siempre constantemente implicadas entre sí, so pena de quitar a la ciencia de la ciudad una de sus secciones fundamentales -el análisis de la seguridad de la república-, o de eliminar de la inteligencia militar el rasgo más perentorio de su razón de ser: la subordinación a la inteligencia política". (6)

         En lo referente a las fuerzas armadas, distinguió cuatro clases de fuerzas militares "en función del poder bélico y de los modos de desplazamiento que cada una de ellas exhibía en el teatro de las batallas".

         Entre las fuerzas terrestres "descuellan la caballería y la infantería, ya que las mismas jerarquías superiores del mando militar son distribuidas entre los jefes de las tropas ecuestres y de los hoplitas" (7)

         Las tropas auxiliares, situadas en tercer lugar entre las armas de los ejércitos de tierra, cumplían funciones parecidas a lo que sería una infantería ligera. Servían de refuerzo en las operaciones bélicas de aquellas fuerzas más determinantes de la victoria en el combate.

         La cuarta fuerza militar de la ciudad constituía la marina de guerra, a la cual le prestó una atención digna de su particular estilo de guerrear y de la significativa contribución que brinda en la destrucción de las naves enemigas que acechan a la República desde el océano.

         De entre las consideraciones del sabio filósofo surge la concepción de lo que hoy denominamos "operaciones conjuntas", al establecer que "las tropas terrestres y los marinos están compelidos a llevar adelante los actos de guerra de una manera mancomunada, pues resulta imprescindible conservar la conjunción de fuerzas en aras de la defensa homogénea del Estado; así, el ataque contra los invasores debe practicarse mediante el empleo simultáneo de los ejércitos de tierra y de la flota". (8)

         Consideraba a las Fuerzas Armadas como "instituciones indispensables del cuerpo social", y esto a tal punto que la misma ciudad no era siquiera imaginable "sin sus necesarios contingentes de ataque y defensa". (9)

         Era consciente de la perniciosa tendencia de algunos gobernantes, de confundir la república con una guarnición, y de lo nocivo que resultaba "infundir en sus pobladores el temperamento de que su patria está convocada a crecer mediante el sojuzgamiento de sus vecinos. Las fuerzas armadas, en ese instante, son tenidas como la maquinaria de avasallamiento y dominio de los Estados considerados enemigos. El filósofo deploró incesantemente estas constituciones que hacían del estamento militar un instrumento de la acción despótica de los gobiernos. No simpatizaba con esa especie de culto reverencial hacia las artes de guerra en aquellos países que no sabían compaginar la capacidad destructiva del poder militar con las exigencias de la pacífica convivencia de los ciudadanos, recordándonos que en Creta y en Esparta la legislación y la pedagogía estaban concentradas en la preparación de sus habitantes para enfrascarlos en hostilidades". (10)

         Sobre las cualidades que debían reunir los hombres públicos en las diferentes formas de gobierno, Aristóteles estableció tres: la lealtad a la Constitución del Estado; la idoneidad para la función; y el justo y honesto desempeño de los cargos. (11)

         Para Aristóteles, los altos mandos castrenses debían ser cubiertos en mérito a ciertas cualidades. Las cuatro fuerzas castrenses, según él, "exigían ser comandadas por hombres embebidos de ciertas condiciones para el recto y expeditivo uso del poder bélico que se les ha confiado" (12)

         Delineó algunos parámetros fundamentales del estamento militar, que se pueden reducir a lo siguiente:

         a)      El hombre de armas convocado a ejercer el mando militar debe saber regir su tropa pero, para saber mandar, previamente es preciso saber obedecer. Quien no aprendió a obedecer no puede ser un buen comandante. (13)

         b)      Se reclama del buen soldado un comportamiento honesto. Esto estatuye que el acceso al generalato no se consiga por medio de un contrato de compra-venta. Si el ascenso de los hombres en la vida política se diera a través de este camino, no se podría garantizar el ejercicio virtuoso de los altos cargos de la república. Así, era deleznable caer en el vicio de los cartagineses de subastar el trono de los reyes y el mando de los generales." (14)

         c)       Es imprescindible poner al frente de los ejércitos a aquellos generales de mayor destreza castrense.

         d)      Para pertenecer al estamento militar es menester ser un perito en armas. Constituye un penoso espectáculo el de aquellas naciones cuyos ejércitos son torpemente comandados por hombres desprovistos del conocimiento y de la técnica del uso de los aparatos de destrucción, lo cual no solo es peligroso, sino inclusive ingenuo, porque a la hora de la batalla el jefe que no sepa cuál es el debido empleo del armamento casi seguramente será protagonista de un estrepitoso fracaso." (15)

         El estamento militar requiere la "jerarquización de sus cuadros" mediante el otorgamiento de responsabilidades "en un grado proporcional a la experiencia profesional y a la fidelidad de sus integrantes a las leyes de la comunidad civil".

         Aristóteles estimaba que esta jerarquización debía darse aún dentro de cada fuerza en particular."

         El Estagirita había destinado a las fuerzas armadas un lugar de preeminencia en la vida del Estado. Para el mismo, las huestes de la república eran la misma república en su función defensiva y de ataque, y las operaciones militares eran actos de la sociedad en cuanto vigilante de su seguridad y su fortaleza bélica. Determinaba que "no hay actos militares que no sean actos políticos, y por eso la autoridad de la ciudad es también autoridad castrense, porque de lo contrario acontecería que el mando militar fuera considerado como un poder autónomo dentro del cuerpo civil, lo que ha de rechazarse de plano, pues así se caería en el error de minar la imprescindible unidad del gobierno, la cual, según consta, es la causa principal de la unidad y de la integridad del Estado". Consideraba además a las fuerzas armadas como "instituciones connaturales a la república". (17)

         En cuanto al deber del político en lo referente a la defensa, éste debía estar "urgido en conocer minuciosamente lo concerniente a la guerra y a la paz, al poder actual y potencial de sus fuerzas armadas, a las conflagraciones que azotaron a su país y a las razones que a ella llevaron; pero también debe instruirse acerca del poderío militar de las naciones vecinas, sobre todo de las más pertrechadas que la patria de uno mismo, por cuanto este conocimiento es el que le permitirá tomar los recaudos necesarios cuando se produzcan los enfrentamientos con ellas e iluminar así la prudencia que ha de dirigir las relaciones con esos estados". (18)

         Consideraba de gran utilidad, entre los conocimientos políticos de las materias estratégicas, incluir la versación sobre las guerras acaecidas en otras repúblicas y el modo por el cual llegaron a su término. La finalidad del conocimiento estratégico y de las operaciones de las fuerzas armadas es la victoria. (Ética a Nicómaco. I-1). "Ninguna sociedad se embarca en una guerra para ser vencida, por ello, la técnica de los generales está totalmente enderezada al triunfo en las confrontaciones militares de manera análoga a como el arte del médico se ordena a restablecer la salud del enfermo (La Política. VII-2).

         La Ciencia Política y la Estrategia no pueden ser separadas. Ni el político debe ignorar lo pertinente a la esfera militar ni el estratega lo incumbente a la sociedad civil". (19)

         En lo referente a la guerra, ella puede ser justa "en la medida en que el bien común obligue a emprender acciones bélicas contra los enemigos que buscan vulnerarlos desde el extranjero y aún desde el mismo égido político, ya que en ambos casos la ciudad sucumbiría si no se adoptaran recaudos más drásticos para evitar el colapso".

         Para Aristóteles el bien consistente en la seguridad militar de la república es un verdadero y apetecible bien, pero no es el bien supremo del hombre. (Política. VII-2). El fin de la guerra es la paz, así como el ocio lo es del negocio. Entendiéndose por "ocio" no como sinónimo de holgazanería, sino como "la serenidad en la cual el espíritu humano avanza en la nutrición de su capacidad receptiva, esto es, la perfección del intelecto vocacionalmente llamado a aprehender la verdad, fuente del amor a las cosas elevadas y del regocijo en la admiración de la belleza".

         "El orden militar se funda en dos principios: en la prudente compaginación del obrar político en pos del bien común con las operaciones de las fuerzas armadas, y en la coherencia de las acciones de los cuadros militares ejecutadas bajo la comandancia de la jerarquía castrense". (21)

         "Aristóteles ha puntualizado con nitidez que la estrategia es un saber práctico de cuyo refinamiento depende el más gravitante factor de la vida política, el asentamiento de la sociedad en su seguro camino hacia la felicidad alcanzable en la paz, en el sosiego y en el intercambio de la amistad, sin lo cual el cuerpo cívico se deslizará hacia la corrupción, porque la felicidad no es cualquier beneficio, sino solo aquel consistente en la fruición de la verdad y de las cosas más perfectas". (22)

 

         TOMÁS DE AQUINO Y EL ORDEN MILITAR

 

         Tomás de Aquino (1225-1274), "realizó la adaptación de la filosofía griega de Aristóteles al pensamiento cristiano de la Escolástica, sin plegarse al aristotelismo, ya que el sentido general de su sistema difiere hondamente de él". Para este sabio pensador, las dos ciencias que constituyen dos tipos distintos de saber son "la teología, que se funda en la revelación divina, y la filosofía, en el ejercicio de la razón humana. Ambas tienen que ser verdaderas, y por tanto no puede haber conflicto entre ellas, porque sería una discordia dentro de la verdad". (23)

         Fue otro de los sabios que dedicaron su atención a los asuntos militares. Encaró las materias militares desde un enfoque esencialmente cristiano, sin excluir las consideraciones sobre la estrategia de Aristóteles, las narraciones de algunos tratadistas e historiógrafos romanos y de la jurística imperial. Concordaba con el conocimiento clásico que definía la estrategia como "la ciencia y el arte del hombre de armas, o si se prefiere, de la sociedad política en sus funciones bélicas".

         Sacchi señala como un rasgo destacado de la estrategia tomista "su intemporalidad, entendiéndose por ella la separación existente en su doctrina entre los enunciados científicos y las contingencias concretas de la historia castrense previa y contemporánea a la época del maestro. En razón de esta intemporalidad, sus teorías inciden inmediatamente en la esencia de los actos militares, más allá de su irreferencia a tales o cuales circunstancias". (24)

         Sin haber redactado tratados de arte estratégica, "no eludió la urgencia de expedirse en lo tocante al orden militar cuando ello le fue requerido por su visión científica de los actos humanos y de la vida política". En su doctrina indicó el entroncamiento del orden militar dentro del orden político (civil), "toda vez que las operaciones castrenses solamente han de comprenderse en cuanto que son entidades morales insertas en la misma médula de la existencia del estado". (25)

         "La sociedad política, el ámbito donde acaece el humano acceso a la suprema perfección natural, es simultáneamente el ámbito donde se manifiesta el sentido de la misión del soldado con todo lo que a su accionar va irremisiblemente anexo: la guerra y la paz, el triunfo y la derrota, la alegría del vencedor y el escarnio del vencido, la seguridad de la república y las amenazas de sus contendientes, la solidez de la autoridad y las tentaciones a la rebeldía, la prosperidad y la ruina de los reinos, etc. Es innegable, luego, que la envergadura moral de estos datos no podía estar ausente de la especulación teológica ni del estudio de la ética tomista". (26)

         En cuanto a la politicidad del orden militar, para Tomás de Aquino, el orden político no es otra cosa que "el orden civil, el orden de las civitas, esto es, la ciudad, el estado o la república, y en ese orden, sin la menor duda, va incluido el orden militar".

         La doctrina tomista estima que el orden militar es intrínseco al orden civil y que no hay orden civil, o sea, orden político, sin orden militar. (27)

         "Si bien las fuerzas militares suman unos pocos miembros de la comunidad cívica, la distinción entre el hombre de armas y el resto de sus conciudadanos únicamente tiene valor en razón de la obvia distinción de los oficios de la población, porque el estamento militar, a diferencia de otros, es de carácter público y nunca una asociación privada de soldados. En otras palabras, los ejércitos son la faz castrense del estado y es el estado quien se expresa bélicamente a través de sus huestes". (28)

         Justifica los gastos que demandan su mantenimiento o sostenimiento, pues "la politicidad de las milicias o su pertenencia al orden público es lo que faculta a la autoridad cívica para aplicar impuestos a los súbditos a los fines de sostener las fuerzas armadas con sus debidos pertrechos, preparándolas para combatir con eficacia y perspectiva de victoria y teniéndolas prestas para enfrentar a los enemigos cuando ello acaezca". (29)

         En referencia a la administración de los impuestos destinados a solventar el mantenimiento de las milicias, hace la salvedad que "no se puede destinar las asignaciones tributarias obtenidas por este concepto a un fin ajeno a él (...) El gobierno del erario público exige una moderada e idónea administración para que no se despilfarre y no se vulneren así las necesidades del Estado". (30)

         En cuanto a las relaciones con las demás repúblicas, Santo Tomás menciona que "puede haber una doble vinculación de los hombres con los extranjeros: una, pacífica; otra, belicosa. (...) La ley tiene preceptos convenientes en cuanto a la relación hostil con los extranjeros". Estos preceptos de clara conveniencia son: "que la guerra sea justa; que sea sobrellevada con fortaleza poniendo los guerreros toda su confianza en Dios; que no se llame a la lucha a quienes por sus condiciones pudieran comprometer la victoria; y que se emplee moderadamente el poder del triunfador (...)". (31)

         La función política conferida por Santo Tomás a los hombres de armas penden de dos principios inconculcables: el principio del gobierno político de las fuerzas militares [conducción política de las fuerzas armadas (N.A.)] y el principio de la sujeción de la guerra a la regla política sancionada por la autoridad de la república [conducción política de la guerra (N.A.)]. En base a esta teoría, el santo doctor, como ya antes lo hubo admitido Aristóteles, "veía en las fuerzas castrenses a la misma sociedad en armas". (32)

         En cuanto a la necesidad política de las fuerzas armadas, no podía concebir una sociedad sin ella. Consideraba a las fuerzas armadas como un componente esencial del cuerpo político. "No son instituciones adventicias que pueden estar o no estar en la vida del Estado, sino que allí se hallan porque en buena medida tampoco puede haber una verdadera comunidad política sin dichos órganos de defensa. (...) El Estado virtualmente desaparecería sino tuviera ejércitos donde afincar su fortaleza y en los cuales depositar la seguridad contra sus enemigos internos y externos». (33)

         Manejaba conceptos muy claros sobre la importancia de la preparación de las fuerzas y su misión esencial: "a la hora de las pruebas de fuego, (...) como los ataques de un ejército extranjero, la ciudad no puede resistir con la improvisación de defensas carentes de los pertrechos y de la preparación militares, ni de nada valen los artilugios diplomáticos o declamatorios cuando el contrincante avanza para aplastar bélicamente a la patria desguarnecida. Las fuerzas armadas son los custodios de la República y la propia República guerreante". (34)

         Comprendió cabalmente la necesidad de la fuerza y su subordinación al poder político, exaltando con vehemencia la necesidad intrínseca de que el Estado "cuente con un poderío castrense inmediata y directamente subordinado a la suprema autoridad política". El ejército y el aparato militar por él empleado tienen reservada "una posición descollante entre lo que es necesario a un Estado desde su misma fundación". (35)

         La virtud -decía Tomás- es un hábito operativo bueno y principio del bien obrar. Hay distintos géneros de virtudes, algunas de ellas tocan a unos más que a otros. Algunas le son específicamente exigidas a los hombres de armas por su condición de tal, para que tiendan ordenadamente al cumplimiento de sus funciones. Ellas pueden reducirse a cinco principales: la fortaleza, la clemencia, la mansedumbre, el patriotismo y la prudencia militar.

         En lo referente a la guerra, ella constituía para Tomás "un hecho en la vida política. Condensó su teoría de la guerra en un breve tramo de la Summa Theologiae, que abarca cuatro artículos de una quaestio inserta en el tratado de caridad", en el primero de los cuales se pregunta: ¿es siempre pecado guerrear? Responde que no siempre la guerra es pecaminosa. "Su licitud o ilicitud dependerán en todo momento de su adecuación a la regla condicionante de la moralidad de las operaciones tenidas en el plano de la alteridad. Concretamente, el problema moral de la guerra no es otro que el de la justicia o de la injusticia de las hostilidades". Obviamente, si la guerra no es justa, en vano será buscar una justificación moral de ella. (36)

         De acuerdo a Tomás, tres son los principios en que ha de sustentarse la beligerancia para satisfacer las exigencias de la justicia: que la guerra justa debe llevarse a cabo por la autoridad del Príncipe; que la causa sea paralelamente justa; y que se persiga el bien y se evite el mal, esto se refiere a la recta intención de los guerreros. (37)

         Santo Tomás no encasilló la actividad militar en un compartimiento limitado a los quehaceres del cuartel. Para él, "las tropas de la nación y su más típica operación -la guerra- se ordenan a un fin engalanado por la bondad y la nobleza: la paz, uno de los más bellos beneficios que el hombre puede gozar en la armonía de la convivencia. Esa paz es el término propio al cual se aspira ejecutando los actos bélicos". (38)

         Tenía singular aprecio por las fuerzas armadas y por el orden militar del estado que ellas custodian. Para él, el hombre de armas "cuida militarmente el bien común". (39)

         Refiriéndose a las actividades vedadas al hombre de armas, estatuyó en su teología la absoluta prohibición de que los miembros de las fuerzas militares ejerzan actividades comerciales. Justificaba esto porque "los negocios practicados en la ciudad se ordenan a la utilidad particular; pero la actividad militar se ordena a custodiar todo el bien común". (...) "La nación no puede ser feliz si las fuerzas armadas están plácidamente recostadas en la comodidad y en la conversación con aquellos cuya profesión consiste en traficar, cualesquiera sean las mercaderías permutadas: especies, valores, empleos, cotos u otras mercedes". (40)

         Sobre la finalidad y misión de la milicia, el pensamiento de Santo Tomás no pudo haber sido más esclarecedor al indicar que "el fin de la actividad de las fuerzas armadas es conseguir y custodiar la paz a los efectos de que en esa atmósfera de tranquilidad los hombres se den a especular y a contemplar la verdad, un bien común que les reditúa la suprema felicidad accesible en esta tierra, porque si ese ocio no está al alcance de la sociedad, entonces no se es feliz, la paz se evapora y la guerra será el camino por el cual transitará indefectiblemente el espíritu desesperado de los pueblos". (41)

 

         JULIÁN MARÍAS Y LAS FUERZAS ARMADAS

 

         Julián Marías (1914-2005) es un filósofo español destacado por  "la profundidad de sus reflexiones y el rigor de su pensamiento", cuyas vivencias personales han constituido "el sustento de sus conocimientos del tema militar y bélico, en razón de haber sido movilizado para el servicio militar a favor de la República, durante la Guerra Civil Española, terminada la cual tuvo que purgar unos meses en las prisiones del franquismo". (42)

         En su obra "Sobre Hispano-América", Julián Marías encara el terna de la función militar en la sociedad.

         En lo específicamente relacionado a las Fuerzas Armadas, al contrario de lo que corrientemente se podría pensar, para Marías lo primordial es "la autoridad como poder moral" y no las "armas ni siquiera las fuerzas", que adquieren para él carácter accesorio o subsidiario.

         "(...) cuando se habla de Fuerzas Armadas lo primario no son las armas ni siquiera las fuerzas. Esto paradójico. Lo primario es la organización, es el orden, es la cadena jerárquica, es, en definitiva, la autoridad; pero la autoridad como poder moral, es decir, a última hora, como poder espiritual. Las Fuerzas Armadas, si lo son, lo que no pueden ser jamás es fuerza bruta, en modo alguno; si las Fuerzas Armadas se reducen a fuerza bruta, entonces ya no son lo que son, ya no son lo que tienen que ser, justamente es la violación radical de lo que las constituye". (43)

         En la convicción de estar en un mundo definido por una crisis general de legitimidad, por haber "muchos países que han perdido su legitimidad" y otros "que no lo han tenido nunca", señala, asimismo, que aún los de legitimidad plena "ni siquiera para ellos es verdad", porque como están en trato constante con otros más o menos ilegítimos, "tienen la legitimidad empañada, la tienen contaminada por su convivencia, inevitable por supuesto, con países de legitimidad dudosa o nula. Por tanto pareciera que asistimos a una especie de enfermedad general de ilegitimidad en el mundo".

         Y es con respecto a esta crisis que considera a las Fuerzas Armadas como un "resto de la legitimidad en crisis", calificándola de "inestimable rescoldo de la legitimidad".

         "(...) en época de crisis social y especialmente de crisis de la legitimidad, las Fuerzas Arrasadas frecuentemente son el resto de la legitimidad: por lo que tienen de organización jerárquica, por lo que tienen precisamente de autoridad, suelen ser lo que quedan, el resto de la legitimidad en crisis. Yo creo que esto es lo más valioso que tienen, y lo más preciso para una sociedad, con tal de que se evite una tentación (...) en pensar que las Fuerzas Armadas son la legitimidad o que son el principio de la legitimidad (...) El principio de la legitimidad es el consenso social de la sociedad, ese es el único principio vivo de la legitimidad. Por consiguiente, toda legitimidad parcial viene de la legitimidad general de la sociedad en forma de consenso, en forma de opinión colectiva y pública, públicamente expresada, y a la cual se puede uno referir y con la cual se puede Contar". (44)

         "(...) en estas circunstancias, las Fuerzas Armadas representan el rescoldo de una legitimidad más amplia que ha estado comprometida, o que está apagada; el rescoldo para volver a encenderla. A veces se puede, sobre las cenizas, sobre el rescoldo de un fuego que ha ardido, volver a encenderlo y pueden brotar nuevamente las llamas. Esta es la función capital que tendría ese preciso, inestimable rescoldo de la legitimidad". (45)

         Pero el problema inmediato que se plantea es el de la "evitación de toda dictadura" y del riesgo de futuras dictaduras. La dictadura en su concepto "corrompe profundamente el cuerpo de una nación", agregando que lo dice "un español dolorido cuya vida ha transcurrido casi entera en una constante angustia nacional, una angustia no exenta de esperanzas, pero angustia siempre".

         Pone de manifiesto la falacia existente de trastocar el concepto de "autoridad" por el de "opresión", que como consecuencia se considera como opuesto al de "libertad". Con su peculiar lucidez, Marías puntualiza que, contrariamente, la autoridad constituye "el estimulo de la libertad".

         "(...) la autoridad es precisamente el órgano capaz de estimular la libertad, es decir, de obligar a los hombres a ser libres, de proporcionarles la iniciativa, los estímulos, los impulsos, justamente para no estancarse, para no demorarse, para no quedarse en situación letárgica, sino para ser crecientemente libres. Es la autoridad para la libertad". (46)

         Sin ser demasiado confiado, ingenuo ni iluso -como lo asegura él mismo-, Marías cree que la vida humana "no es posible en forma creadora más que bajo la especie del entusiasmo".

         A diferencia del joven "que para entusiasmarse por algo necesita creer que es perfecto", el hombre maduro "siente entusiasmo por la realidad; aunque vea sus defectos no se desanima, se da cuenta de que los defectos forman parte de la realidad (...) el entusiasmo no va reñido con el escepticismo; no se olvide además que el entusiasmo no requiere la seguridad del éxito o del triunfo. Los militares saben que la vida militar tiene dos caras, la victoria y la derrota. Hay que aceptarlas a las dos. Una de las muchas cosas con las cuales tiene que habérselas un militar es la posibilidad de la derrota. Ha habido países, ha habido ejércitos que han sido lamentables, simplemente porque no han admitido la posibilidad de ser vencidos. Es una posibilidad que hay que aceptar". (47)

         En su escrito sobre la formación del Ejército, Marías observa la necesidad de todo Ejército de contar con un estilo.

         "Y un Ejército -a nadie que piense un poco en ello se le escapará- es, ante todo, un estilo, una aptitud militar peculiar. Ser militar no es lo mismo para un inglés que para un alemán, por ejemplo, en 1938 (...) Para darse bien cuenta de esa, necesidad que toda milicia tiene de contar con un estilo, basta con ver la apelación constante que las fuerzas de la República han hecho y hacen a otros modos militares, con los que querrían entroncar. Así, se ha buscado la conexión con la tradición más antigua española, pero esto resulta un poco lejano, y no ha pasado de ser una apelación verbal (...)" (48)

         Interesante resulta el enfoque dado por Marías a la aptitud que deben tener los militares por encima de los conocimientos meramente profesionales que impone la guerra moderna.

         "(...) el Ejército tiene que militarizarse en absoluto; ante todo, en el sentido de los conocimientos profesionales. Pero hemos visto que esto no basta, y que ese saber bélico se superpone siempre a una cierta aptitud general, de la que quisiéramos hablar aquí. En primer lugar la aptitud no debe ser profesional: los miembros del Ejército español no deben sentirse principalmente militares, aunque deben serlo lo suficiente para saber hacer la guerra". (49)

         La importancia del paso de los jóvenes por el ejército, cuyas experiencias determinarán su actitud futura ante la sociedad, la interpretación del fenómeno de la guerra, y la necesidad y posibilidad de orientar convenientemente "ese estilo militar", sustrayéndolo de nocivas influencias, han sido temas esenciales abordados por el eminente filósofo.

         "No se puede perder de vista el hecho de que una generación entera española, la que va a ser decisiva en los años próximos, está en el Ejército. Para ella por tanto, para el inmediato porvenir de España- va a ser esencial este paso por el Ejército. De lo que los españoles jóvenes saquen de esa experiencia va a depender en buena parte el carácter que tenga luego España, en la paz. Se ve, pues, que la importancia del estilo militar trasciende con mucho de las necesidades inmediatas de la guerra. De la campaña puede salir un tono de vida de dureza, de tosquedad, de cerrazón: una actitud militarista en el peor sentido de la palabra, como la que ha afectado muchas veces a Alemania; podría salir también un estilo magnífico de disciplina, de nobleza, de necesidad profunda de paz, independiente de todos los temores; podría ganarse en la guerra precisamente una conciencia de civilidad plena, afirmada al cesar en la vida militar, que mejorara esencialmente la realidad de España. Todo esto -y no sabemos qué- puede esperarnos al acabar la guerra. Quisiéramos que se aprendiese a hacer las guerra para eliminarla, para imponer la paz; que los militares españoles, por decirlo en una palabra, supiesen disparar muy bien los cañones, pero les doliese en el alma cada cañonazo".

         "Naturalmente, en todo esto se puede influir. En lugar de dejar que ese estilo militar se forme a capricho, sometido a influencias tal vez dañosas, se le puede orientar y cultivar en un sentido preciso. Y no se crea que esto significa un apartamiento inoportuno de la preparación de la guerra, sino todo lo contrario, porque todo Ejército tiene como su fuerza permanente, fundamento de todas las demás, un espíritu que es el que le da su unidad y su eficacia a través de todas las suertes de la lucha. Los ejemplos, por demasiado a la vista, resultan superfluos. En la Gran Guerra, de recuerdo bien próximo, tenemos todos los que se pudieran necesitar, de presencia y de ausencia de ese espíritu". (50)

         Dirige además su atención sobre la preocupación existente en ese momento en España por la formación del Ejército, resaltando dos situaciones relevantes observadas: el doble carácter de ese trágico conflicto, de guerra civil y de invasión a la vez; y las profundas diferencias determinadas entre los grupos componentes del Ejército, constituido por campesinos y obreros por un lado, con una limitada formación, y los oficiales y soldados, con una formación superior. En tal sentido señala: "(...) queremos indicar los dos puntos de vista que creemos interesantes, y que se suelen pasar por alto. Uno de ellos es el doble carácter de la guerra que estamos combatiendo: una guerra civil y de invasión a la vez. La interferencia constante de esas dos dimensiones perturba todo considerablemente. Y es menester decir que en todo predomina el carácter de guerra civil, y por eso se subraya tanto el aspecto político del Ejército. Como la lucha es realmente civil, esto es inevitable: lo que puede hacerse es, en lugar de cultivar ese carácter, que perjudica el desarrollo de la guerra y perjudicará más aún cuando acabe, tratar de hacer que se atenúe y se afirme en cambio más y más el sentido nacional de la contienda. Si se supiera administrar bien, el carácter político de nuestra lucha serviría, precisamente, para evitar el peligro de las guerras nacionales, que es la erupción de los nacionalismos, el cultivo de la patriotería: un riesgo que, si bien de un modo muy falso, no ha dejado de aforar entre nosotros.

         En segundo lugar, se comete otra confusión, en el fondo ligada con la primera: se, olvida con demasiada frecuencia la diferencia de nivel que hay entre los distintos grupos de militares. Hay una enorme distancia entre los campesinos recién apartados de la tierra o los obreros menos especializados y los que tienen -oficiales y soldados- una formación superior, porque hoy todos están en el Ejército. Es claro que la actuación sobre unos y otros tiene que ser muy distinta, y si no será ineficaz. Si a esto se añade que forzosamente el papel de estos militares en el Ejército difiere de un modo considerable, sobre todo teniendo en cuenta que éste no dispone de una estructura previa, se verá cuanto importa ejercer sobre cada uno de estos grupos una influencia adecuada. Otra cosa es, indudablemente, perder el tiempo". (51)

         Sobre la necesaria formación que debe darse al Ejército, y el objetivo de la guerra, concluye diciendo: "Sería menester dar al Ejército los elementos de una formación pertinente, desde los conocimientos necesarios para ser buen soldado o buen oficial hasta la aptitud general en que eso se funda, sin perder nunca de vista que el Ejército ha de hacer la guerra, y que la hace para acabarla, para afirmar e imponer la paz que ha de seguirla". (52)

         Como se ha expuesto, resulta muy valioso el aporte de estos insignes pensadores que, con la lucidez de sus reflexiones, han permitido una mejor comprensión sobre la relevancia de la función militar para la seguridad de la Ciudad-Estado o, más modernamente, el Estado-Nación.

         En consecuencia, la requerida e indispensable presencia de la filosofía -bien llamada "madre de las ciencias"- se debe mantener en el tratamiento de temas tan esenciales referidos al Estado, a su seguridad y a su supervivencia.

 

         La fuerza con que por la guerra se defiende la patria contra los bárbaros, con que se socorre a los débiles de la nación, y con la cual se auxilia a los amigos contra los ladrones, está repleta de justicia.

 

         San Ambrosio de Milán.

 

         No se busca la paz para incentivar la guerra, sino que se hace la guerra para ganar la paz. Sé, pues, pacífico combatiendo, para que atraigas provechosamente a la paz a aquellos a quienes combates.

 

         San Agustín de Hipona

 

 

 

NOTAS

 

(1)     Sacchi, Mario Enrique. Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y el Orden Militar. Colección Ensayos Doctrinarios. Cruz y Fierro Editores, Buenos Aires, Argentina, 1982, p. 139.

(2)     González Álvarez, Ángel. Historia de la Filosofía. 9° Edición. Ediciones y Publicaciones Españolas S.A. (EPESA), Madrid, España, 1978, p. 26.

(3)     Marías, Julián. Historia de la Filosofía. 20º Edición. Editorial Revista de Occidente S.A. Madrid, España, 1967, p. 57.

(4)     Sacchi, Mario Enrique. Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y el Orden Militar. Colección Ensayos Doctrinarios. Cruz y Fierro Editores. Buenos Aires, Argentina, 1982, p. 15.

(5)     Ibíd., p. 18. (Ética a Nicómaco. I-6).

(6)     Ibíd., p. 20.

(7)     Ibíd., p. 21. (Política. VI-7).

(8)     Ibíd., p, 26. (Política. VII-6).

(9)     Ibíd., p. 29.

(10)   Ibíd., p. 30/31. (Política. VII-2).

(11)   Ibíd., p. 36. (Política. V-9).

(12)   Ibíd., p. 27.

(13)   Ibíd., p. 35. (Política. V-7).

(14)   Ibíd., p. 35.

(15)   Ibíd., p. 37. (Política. V-9).   

(16)   Ibíd., p. 39. (Política. V-3).

(17)   Ibíd., p. 46.

(18)   Ibíd., p. 51. (Rhetórica. I-4).

(19)   Ibíd., p. 52/53.

(20)   Ibíd., p. 54.

(21)   Ibíd., p. 59/60.

(22)   Ibíd., p. 61.

(23)   Marías, Julián. Historia de la Filosofía. 20º Edición. Editorial Revista de Occidente S.A. Madrid, España, 1967, pp. 160/162/163.

(24)   Sacchi, Mario Enrique. Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y el Orden Militar, Colección Ensayos Doctrinarios. Cruz y Fierro Editores, Buenos Aires, Argentina, 1982, p. 66.

(25)   Ibíd., p. 67

(26)   Ibíd., p. 67/68.

(27)   Ibíd., p. 69.

(28)   Ibíd., p. 69.

(29)   Ibíd., p. 71.

(30)   Ibíd., p. 72.

(31.)  Ibíd., p. 73/74 (Summa Theologiae. Ia-IIae q. 105).

(32)   Ibíd., p. 77.

(33)   Ibíd., p. 79.

(34)   Ibíd., p, 80.

(35)   Ibíd., p. 80/81,

(36)   Ibíd., p. 97/98.

(37)   Ibíd., p. 99/100.

(38)   Ibíd., p. 114.

(39)   Ibíd., p. 112/113. (De regimine principum. I-15 et 16).

(40)   Ibíd., p. 115/117. (Summa Theologiae IIa-IIae).

(41)   Ibíd., p. 118.

(42)   Proyecto Filosofía en español. 2001. www.filosofia.org. Julián Marías Aguilera (1914-2005). 18/Nov./07.

(43)   Marías, Julián. Sobre Hispano-América. Emecé Editores S.A. Buenos Aires, Argentina, 1973, p. 164.

(44)   Ibíd., p. 164.

(45)   Ibíd., p. 1165.

(46)   Ibíd., p. 165/166.

(47)   Ibíd., p. 167.

(48)   Marías, Julián. La formación del Ejército. Revista Blanco y Negro. Año XLVIII. N° 10. Set./1938. Madrid, España (Proyecto Filosofía en español. 2001. www.filosofía.org.)

(49) Ibíd.

(50) Ibíd.

(51) Ibíd.

(52) Ibíd.

 

 

 

 

3. LA PROFESIÓN MILITAR: SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA

 

         Los fundamentos de todos los Estados son las buenas leyes y las buenas armas, mas no puede haber buenas leyes donde no existen buenas armas.

 

         Nicolás Maquiavelo

 

         Con el registro de acontecimientos realmente sucedidos y vividos, es la historia fuente inagotable de experiencias y enseñanzas. Ella proporciona el adecuado y necesario instrumento para obtener la interpretación indispensable que los estudios críticos de los problemas actuales requieren. En tal sentido, algunos hechos puntuales, que han situado a la milicia como protagonista principal, y que por su trascendencia se describen a continuación, permiten definir a la profesión militar en su contexto histórico y apreciar los perfiles que la institución fue adquiriendo a través del tiempo.

         En épocas muy remotas, el primer combatiente "tuvo que haber sido el hombre de las cavernas, armado de primitiva honda", dice Bray.

         Desde entonces, gradualmente y por etapas, fueron surgiendo los conceptos que impusieron la organización colectiva, con fines ofensivos y de defensa.

         Sin embargo, debe señalarse que en su evolución histórica la institución militar propiamente dicha no se ha ajustado "a un proceso de ritmo uniforme en todas las latitudes del mundo": mientras en determinados países permaneció estacionario durante siglos, en otros "experimentó mutaciones constantes". (1)

 

         LA MILICIA EN EL MUNDO OCCIDENTAL

 

         (...) Fue en Egipto donde "por vez primera apareció una auténtica clase militar. Su Emperador Ramsés II otorgó supremacía a la casta guerrera, concediéndole privilegios y prebendas sobre los demás súbditos y habitantes". Egipto constituyó el primer imperio "de corte netamente militar". En cuanto a los fenicios, "siendo más comerciantes que guerreros", solo tuvieron ejércitos mercenarios y "solo empuñaban las armas como último recurso". Se destacaron como "uno de los más eximios navegantes de su época". Se afirma que fueron los "inventores de la catapulta, máquina de guerra a la que se considera precursora de la moderna pieza de artillería".

         El servicio militar en Atenas era obligación limitada para una "determinada clase social, que no era la ciudadana" sino la de extranjeros de nacimiento, mientras que Esparta constituía un Estado-Ciudad "del más puro cuño militarista". El espartano era "militar de vocación y profesión", y el ateniense, un "miliciano armado en defensa del Estado-Ciudad". (2)

         Alejandro de Macedonia "fue uno de los eximios innovadores de la guerra" y el verdadero "creador de la caballería como arma de combate", a la que dotó de una organización para cumplir misiones tácticas en acciones de guerra.

         Roma constituyó el "imperio militar moderno por excelencia". (...) Fue un imperio conquistador que requirió un "ejército numeroso y poderoso", no solo para llevar la guerra a lejanos territorios, sino además "para mantener sometidos" a los pueblos vencidos. (3)

         Con la invasión de los bárbaros "desaparece todo vestigio de organización militar estable en Occidente". Por esta época "comienza a predominar la caballería como arma principal de combate y se inicia la declinación de las unidades de infantería de origen greco-romano". (4)

         El 2 de agosto de 216 a.C., cerca de Cannas, Aníbal "enfrentó a un inmenso ejército romano, disponiendo a sus hombres en media luna, con poderosas fuerzas de caballería en cada ala de su línea de infantería". Hizo que su centro cediera embolsando a los romanos que fueron destrozados, muriendo setenta mil infantes y todos los hombres de a caballo del ejército romano, cayendo diez mil prisioneros. Este éxito constituyó "la más perfecta de las victorias tácticas de la historia". (5)

         El cónsul Mario introdujo "profundos cambios en la organización militar romana", que influyeron en la estrategia y la política. En torno al 104 a. C., "descartó el viejo sistema de milicias y abrió el ejército a los voluntarios que no pertenecían a las clases propietarias". Inició una nueva era en la organización militar del Imperio al "instituir la paga del soldado y someter a sus tropas a un programa de intenso adiestramiento para la guerra". El ejército romano "se hizo profesional, con un fuerte espíritu mercenario". (6) Una interesante observación de esa época, devenida posteriormente a axioma en el campo de la conducción y el mando, y vigente hasta hoy, era que el ejército resultaba exitoso cuando contaba con generales hábiles y bien educados; y cuando no eran adecuados, la disciplina se resentía. La época de Mario coincidió con la iniciación de una "era específica en la historia de Roma: el gobierno de los militares".

         Julio César (102-44 a.C.) legó una considerable contribución al liderazgo militar. Al decir de Bray, fue el conquistador de las Galias y "personificó el caso típico del soldado que se alza contra las instituciones y las leyes en pos de ambiciones notoriamente personales".

         "La verdadera revolución en la movilidad llegó a Europa con los mongoles de los siglos XII y XIII". Operaban con "ejércitos de calidad" y sus tácticas "eran flexibles en la ejecución y sus movimientos se hacían con precisión. Combinaban las tácticas de fuego y choque, desorganizando al enemigo mediante el fuego y luego cargando sobre él con velocidad disciplinada, implacable", buscando los puntos débiles. (7)

         La batalla de Adrianópolis, en el año 378, entre romanos y godos, "demostró que las viejas tácticas de la falange y la legión estaban terminadas; que el valor era el elemento central de la guerra; y que la caballería tenía un papel cada vez más destacado". (8)

         En 452, Atila invadió Italia, arrasando ciudades, masacrando poblaciones enteras y llevando esclavos. "Murió al año siguiente, víctima de sus excesos".

         En la batalla de Tagina, ocurrida en el año 552, en un llano de los Apeninos, el táctico Narses, general de Justiniano el Grande, "derrotó a los Godos mediante el primer experimento en el empleo combinado de arco y pica"

         Para el año 630, romanos y persas "se habían agotado mutuamente" por las guerras que cada uno sufrió durante el siglo anterior. Ese año "el poder del Islam comenzó su ascenso".

         En los años 717-718 fue sitiada Constantinopla y su defensa, realizada por León el Isaura, "fue clásica en su género, y en muchos aspectos, precursora de la batalla de Inglaterra". Al disponer una operación en la que conjugaba el empleo de barcos y de una fuerza terrestre del tipo comando, "infligió una grave derrota al ejército musulmán", constituyendo uno de los primeros ejemplos de operaciones conjuntas. La defensa de Constantinopla durante doce meses "fue un logro militar de primera magnitud y un significativo momento de la historia". (10)

         "Militarmente, los bizantinos estaban un siglo por delante de Occidente". Ocho siglos antes "tenían excelentes textos militares" y su ejército fue "uno de los más avanzados del mundo", contando con dos tipos de soldados: tropas combatientes y soldados administrativos. "La sección administrativa incluía una columna de suministros, ingenieros, bagaje y un cuerpo de ambulancia, probablemente el primero en su género". "Las tropas de combate estaban divididas en tres comandos independientes: infantería, caballería y artillería. En toda la Europa Medieval solo Bizancio trató la guerra con deliberación científica, pues cada generación enfrentó problemas y los resolvió mediante el estudio sostenido". Para los bizantinos, "un general que confiase en la fuerza cuando podía lograr su fin mediante la astucia, era un necio". (11)

         "Carlomagno fue uno de los primeros generales en imponer una elevada organización a su ejército". Requería que su ejército tuviera movilidad y, por la necesidad del forrajeo para subsistir, organizó un "tren de suministros", así como un "tren de sitio". "Estableció fortalezas en puntos estratégicos de sus dominios". (12)

         La invasión de Inglaterra en 1066 por Guillermo el Conquistador "fue una obra maestra de inteligencia táctica y estratégica, y probablemente el modelo que hizo que las fuerzas normandas fuesen tan notablemente exitosas a lo largo del siguiente siglo".

         Entrado el siglo XIII, Francia, Inglaterra y después Italia "comenzaron a pagar a todos sus soldados. En Europa, ser soldado se convirtió en un oficio".

         La victoria de Crécy, que dirigió Eduardo III, constituyó "la instancia fundacional de Inglaterra como nación militar". Gran parte del éxito se debió al "entrenamiento en el prado comunal que los arqueros llevaron adelante desde que eran niños. Casi quinientos años después, Sir John Moore, fundador de la magnífica Brigada Ligera que combatió en España y Portugal, reconoció que había hecho empleo del principio pre-Crécy de entrenamiento riguroso. Más allá de esto, la victoria se debió a que Eduardo dio con un sistema de combate de a pie que combinaba arqueros e infantes armados". (13)

         En 1338, los turcos y su ascendente Imperio Otomano "introdujeron un nuevo y notable tipo de soldado, al que llamaron Yeni Tscheri, que significa nuevo ejército o nuevo soldado. En Europa, el término se difundió bajo la forma Jenízaro". Su entrenamiento consistía en "dar a los niños cristianos la mejor educación práctica posible". Sin padres ni patria, "Jurarían ser leales sólo a la Casa de Osmán" (Primer Sultán turco), siendo "conducidos gradualmente a la fe musulmana". Se convirtieron en el "cuerpo de hombres más competentes y temido del mundo en su doble calidad de soldados y administradores". Entrenados para pensar en términos militares y actuar con precisión, "llegaron a un nivel de eficiencia fría e inhumana que nunca fue igualado". (14)

         En España, la reina Isabel La Católica, que con su esposo, el rey Fernando, reinó sobre Castilla y Aragón a partir de 1479, "demostró ser una gran general y una aún más grande jefa de Intendencia militar. Contribuyó a la evolución de la artillería, la ingeniería y la infantería". Desarrolló un ejército "a partir de una fuerza policial, una forma temprana de ejército nacional profesional, y finalmente contrató mercenarios suizos, por entonces la mejor infantería de Europa". Los grandes problemas de aprovisionamiento los resolvió estableciendo un "tren de suministros" consistente en "no menos de 80.000 mulas de carga. En toda la historia no hay un registro parecido de semejante cantidad de animales empleados con fines bélicos". Introdujo también un hospital de campaña, "el primero del que haya quedado registro, y un regimiento de mensajeros de campaña". (15)

         Suecia fue el primer país de Europa que estableció "una organización militar nacional regular. Ya en el siglo XV se habían sentado los cimientos de un ejército regular nacional y el rey Gustavo Adolfo construyó sobre        ellos". Su artillería e ingenieros eran "muy superiores a los de sus enemigos". Renovó la guerra al "alterar el equipo y las tácticas de su caballería. Sólo empleó coraceros y dragones". Fue un gran reformador de la infantería. Bajo la influencia de Isabel, "introdujo hospitales de campaña y botiquines para cada regimiento. Gustavo Adolfo no sólo fue el fundador de la organización militar moderna continental, sino también el fundador de los conceptos tácticos modernos". (16)

         La profunda transformación sufrida por los ejércitos en la era medieval que los convierte en ejércitos personales sujetos al mando absoluto de un amo o señor, es observada por Bray: "Desaparecen los ejércitos como organismos al servicio de un Estado para pasar a ser instrumento personal de los potentados caballeros feudales, cuando no factores de sus apetitos y ambiciones. (...) Ya no hay militares de oficio en el cabal sentido del término, pues todos son soldados de ocasión, unos como amo y otros como vasallos". (17)

         El retorno del ejército por sus fueros como institución al servicio del soberano, se debió a la monarquía absoluta personificada por Luis XIV de Francia, "que entonces y conforme a la clásica forma del nombrado monarca, era el Estado. Convirtióse de esa suerte en un organismo eminentemente aristocrático, en cuanto respecta al cuerpo de oficiales. (...) Con la Revolución Francesa se inicia el proceso de una profunda y general democratización del Ejército de Francia, cuyo fenómeno señaló, en cierto modo, un periodo de regresión para el oficio de las armas, desde el punto de vista de la jerarquía social del cuerpo de oficiales". Es precisamente en la Revolución Francesa donde se origina el concepto de la "nación en armas". Esto implicaba "que los ejércitos dejaron de constituirse con profesionales y mercenarios para ser integrados por ciudadanos convocados a filas en cumplimiento de un deber cívico y en pie de igualdad, relativa en sus comienzos". Debe señalarse que, hasta 1798, el reclutamiento del nuevo ejército republicano se llevó a cabo por medio del voluntariado, pero en el citado año entró a regir la conscripción obligatoria. En consecuencia, "el ejército dejó de ser un organismo al servicio personal del monarca o señor, para convertirse en institución de carácter nacional. Esa transformación impuso a su vez un concepto también nuevo en cuanto a reclutamiento y organización de las fuerzas armadas". (18)

         En 1768, constituyó Federico II el primer núcleo de Oficiales de Estado Mayor.

         En Prusia, el entrenamiento del ejército era muy moderno y en él se simulaban situaciones bélicas con gran realismo. El rey Federico Guillermo II (1748) seleccionó oficiales de todas las especialidades y de todos los orígenes, pagándoles con montos variados según los antecedentes que tuvieran y la capacidad que demostrase cada uno.

         En 1796, un hecho resaltante lo constituye la conducción de los ejércitos de la joven república, a través del Piamonte hasta Mantua y Verona, en una de las más brillantes campañas militares emprendidas por un joven general de 27 años, Napoleón Bonaparte. Y lo más asombroso era que tratábase de un ejército mal alimentado y peor vestido, o para expresarlo en términos ajustados a la verdad, de una turba desmoralizada, hambrienta, indisciplinada y andrajosa. El General Corso iniciaba así -acaso sin sospecharlo- una nueva era en el arte de la guerra, al sentar y practicar el principio de la concentración de los esfuerzos, basado sobre la sorpresa, integrada por sus dos elementos esenciales: secreto y rapidez. Los prolongados asedios a las plazas fuertes -fundamentos de la estrategia medieval- ceden lugar a las maniobras fulminantes. (19)

         En lo referente a las escuelas de formación para la carrera militar, apunta Bray que "hasta el siglo XVIII no tuvo el Oficial más escuela para su formación profesional que ciertos Liceos de instrucción elemental, los cuerpos de tropas y el campo de batalla. En los primeros aprendía los elementos rutinarios de la vida de cuartel; y en las acciones de guerra -cuando las había- la experiencia necesaria para la conducción en el combate. En el curso de la expresada centuria comenzaron a surgir las escuelas y academias destinadas a la educación profesional de los Oficiales. En 1716, Federico Guillermo I refundió las Escuelas de cadetes de Kolberg y de Berlín en un solo instituto, del cual pasaban los egresados a los cuerpos de tropas en carácter de aspirantes a cornetas, para ser luego promovidos al grado de Oficial".

         En los tiempos de Luis XIV, en Francia, "funcionaba -a más de la llamada Casa Real- una escuela de cadetes, en la cual ingresaban los alumnos más aventajados procedentes de los liceos de Angers y Brienne; se había organizado asimismo una escuela de ingenieros en Metz, otra de artillería era La Fére y una tercera de caballería en Saumur". En 1751 se fundó la Escuela Militar de París. Y en plena Revolución Francesa, la Convención fundó en 1794 la famosa Escuela Politécnica de París, "de donde se nutrió en gran parte el cuerpo de Oficiales técnicos de los ejércitos napoleónicos que siguió dando a Francia profesionales de acabada preparación en el arma de artillería y de ingenieros". (20)

         En cuanto a España, durante el Siglo XVIII "formábanse los Oficiales en algunos regimientos de línea, como el Murcia, en carácter de aspirantes o cadetes. La admisión estaba limitada a quienes fueran hijodalgos notorios conforme a las leyes del Reino". En España eran de rigor "el abolengo y ciertos medios de fortuna para ingresar en el cuerpo de oficiales". (21)

         En 1803, Bonaparte dispuso que los liceos imperiales "se organizaran sobre bases militares, haciendo de ellos institutos de formación profesional para Oficiales". Un año antes ya había fundado la Escuela Especial Militar para cadetes de infantería y caballería. En 1806 el mariscal Gouvion Saint Cyr inauguraba la escuela que lleva su nombre y que ha pasado a ser "una de las más renombradas del mundo", donde se han formado desde entonces los oficiales de infantería del ejército francés. (22)

         En el siglo XIX aparecieron en diversos países las siguientes academias que luego habrían de adquirir prestigio mundial: "en Alemania la escuela de Lichterfeld (Berlín); en España la Academia General Militar de Toledo, que en 1893 fue destinada exclusivamente al arma de infantería, estableciéndose la de caballería en Valladolid, artillería en Segovia e ingenieros en Guadalajara; en Italia la Academia de Turín para los futuros oficiales de artillería e ingenieros, y la de Módena para los de infantería y caballería; en Inglaterra el Colegio Militar de Sandhurst fundada en 1799 por el Duque de Cork, para los cadetes de infantería y caballería, y la Real Academia de Woolwich para los de ingenieros y artillería. En América la institución más antigua de su género es la Academia Militar de West Point, en los Estados Unidos, fundada en 1802, durante la Presidencia de Jefferson. Le siguió el Colegio Militar de Méjico, inaugurado en 1822 por el Mariscal Diego García Conde". (23)

         "Waterloo fue un combate especialmente sangriento y marcó el fin de una era. El principal triunfó de Wellington fue que su método defensivo-ofensivo demostró ser correcto". Había entrenado a sus hombres para que constituyesen "un preciso cuerpo de tiradores, y su táctica era típicamente inglesa, legado de los grandes comandantes que lo precedieron". (24)

         Una de las mayores y más significativas batallas del siglo "fue la de Solferino (1859), que enfrentó a franceses y austriacos". Fue el principal "punto de inflexión en el arte de la guerra entre 1815 y 1914". El horror que vio Henri Dunant, en Solferino, lo decidió a fundar la Cruz Roja. (25)

         En la Guerra Civil de Estados Unidos de América (1860-1865) el general Sherman demostró que la aproximación indirecta a la retaguardia económica y moral del enemigo era decisiva y tenía profundas consecuencias.

         "El General Edmonds, historiador oficial de la Primera Guerra Mundial, escribió que fueron las operaciones del gran ejército del oeste de Sherman las que llevaron al derrumbe de la Confederación. Es un error la creencia generalizada de que muchos de los Generales de la Guerra Civil no conocían su oficio. Los historiadores que han estudiado la Guerra Civil consideran que el nivel de conducción fue elevado. De hecho, la guerra hizo surgir más comandantes que cualquier otra guerra en la historia, con excepción de la Segunda Guerra Mundial. En esta guerra se vieron por primera vez una cantidad asombrosa de innovaciones y mejoras bélicas como el rifle de repetición, alambradas defensivas, minas terrestres y trampas cazabobos, granadas y morteros, balas explosivas y lanzallamas, submarinos, minas navales y torpedos, artillería montada en ferrocarriles, torretas artilladas giratorias, miras telescópicas, periscopio de trincheras. Se empleó por primera vez la ametralladora Recua -una de las primeras- y en 1864 el Sur consideró el empleo de "granadas asfixiantes". Se generalizó el empleo de los ataques anfibios y de la observación aérea, mientras que el sabotaje se difundió tanto, que sus técnicas no fueron equiparadas hasta la Segunda Guerra Mundial. El Servicio de Telegrafía militar incidió considerablemente en la guerra y de hecho fue una de sus armas principales, en particular para las fuerzas de la Unión. Los ferrocarriles ofrecieron tremendas oportunidades a los generales con iniciativa, ambos lados llevaron tropas por tren al lugar de la acción". (26)

         La actividad militar como profesión empezó a manifestarse en el siglo XIX en los ejércitos europeos de los países más desarrollados de Europa Occidental. Pero los inicios o intentos de conducir la guerra con métodos más racionales, lógicos y humanos, con bases científicas, técnicas y humanísticas, surgían ya esporádica y limitadamente desde el siglo anterior, siendo en la época de Federico II, rey de Prusia, cuando con más énfasis se tomaron decisiones tendientes al logro de los mencionados propósitos.

         Los grados de la Oficialidad "se vendían a los nobles y los mandos también se otorgaban sobre esta base". Las guerras no eran de interés nacional, sino "eran problemas dinásticos de la realeza y la nobleza en general, por causas hereditarias y religiosas". Los ejércitos eran aún una mezcla heterogénea de "condotieri, gente de leva y soldados de fortuna". Solo a los ingenieros y artilleros se les exigían cualidades profesionales y, en su mayoría, no pertenecían a la nobleza.

         "Fue definitivamente en el siglo XIX cuando en aquellos mismos países, lo que a fines del Siglo XVIII fue un inicio, se convirtió en una institución que ha venido creciendo en importancia y urgencia, y pasando de los países desarrollados a todos los demás, a los que eran colonias y ahora constituyen el llamado Tercer Mundo (Asia, África, América Latina). Las causas que originaron hace más de 200 años estas tendencias, fueron derivadas de la Revolución Industrial, de la expansión del liberalismo, de la evolución tecnológica de las armas y, cosa muy importante, de la necesidad cada día más imperiosa de que la guerra se sujete a la política del gobierno, a los intereses y objetivos de la nación y al Derecho Internacional". (27)

         La oficialidad es un producto genuino del siglo XIX. En verdad, representa "una de las creaciones institucionales más significativas de ese siglo". (28)

         Prusia fue el "primer país en profesionalizar su cuerpo de oficiales y fue también el primero en introducir el servicio militar obligatorio". (29)

         La importancia central de las escuelas militares y el papel clave desempeñado por el Estado Mayor General dieron al ejército "prusiano un prestigio intelectual que no se encuentra en otras fuerzas", según comentario de un observador inglés en 1859. (30)

         Según Huntington, la fecha precisa de los orígenes de la profesión militar en Europa es el 6 de agosto de 1808; cuando el gobierno prusiano emite el decreto de designación de oficiales que planteaba patrones básicos de profesionalismo. Entre éstos se consideran para tiempos de paz la educación y el conocimiento profesional y, para tiempos de guerra, el valor distinguido y la percepción. (31)

         En los EE.UU. surgen en 1875, cuando el Gral. Sherman encomienda al Gral. Emory Upton la estructura de una fuerza militar basada en la selección por méritos, especialización, retiros, ascensos y preparación en escuelas.

         Los ejércitos modernos se diferencian de los de la sociedad antigua (castas, sectas y estamentos) en que poseen tres singularidades fundamentales: su dependencia y responsabilidad con el Estado; la especialización de la institución y preparación de sus integrantes; y su sentido de institución o corporativismo, única singularidad que les liga con los modelos antiguos.

         En referencia a Latinoamérica, Sotelo sostiene que "la integración del subcontinente en la economía capitalista mundial como proveedor de materias primas, arrastra consigo un desarrollo vertiginoso de las fuerzas productivas, así como un crecimiento sustantivo de los sectores medios. La consolidación de los nuevos Estados que de ello se sigue, permite la profesionalización e institucionalización de las FF.AA.".

         Sitúa a Chile a la vanguardia de este proceso, después de la victoria sobre Perú y Bolivia en la guerra del Pacífico (1879-1883), que recibe posteriormente, en 1886, una misión militar alemana que ejerció gran influencia en la modernización de su ejército, conforme al modelo prusiano.

         "Perú, en 1896, contrató una misión militar francesa y Bolivia acudió tanto a la ayuda militar francesa como a la alemana. Una misión alemana se encargó, en 1899, de reorganizar el Colegio Militar Argentino. Víspera de la Primera Guerra Mundial, la Argentina enviaba entre 30 y 60 Oficiales por año a estudiar a Alemania".

         Los EE. UU. se ocuparon de la modernización de los ejércitos del Caribe.

         Al comenzar el Siglo XX, la mayoría de las Repúblicas Latinoamericanas cuentan con ejércitos profesionales, fuertemente institucionalizados. (32)

         Pero la gran depresión de 1929, al poner de manifiesto los defectos y la inviabilidad de una estructura socioeconómica, abre paso a la crisis estructural e institucional, que da al ejército ocasión de intervenir. La crisis mundial impulsó a la oligarquía a recuperar el poder político, temerosa de que se desencadenara un movimiento de masas no controlable". (33)

         Destaca Bray que, apenas transcurrido el primer decenio del siglo XX, todas las naciones del mundo civilizado, con excepción de muy pocas, incorporaron a sus leyes la del servicio militar obligatorio. "De esa suerte, el factor básico para la organización de la defensa nacional convirtióse en un instrumento de civismo, que afectaba, directa, personal e irrevocablemente, a todos los ciudadanos sin distinción de clase, sin otras exenciones que las establecidas por la propia ley. Cuando la guerra dejó de ser oficio o afición de los menos para convertirse en esfuerzo máximo de la colectividad, cuyas repercusiones de todo orden afectaban a todos, y no solamente a príncipes, monarcas o potentados, fue de justicia que todos los ciudadanos contribuyeran con su tributo personal a lograr la victoria. Pero como no es posible que un Estado -así sea el más rico- mantenga sobre las armas con título de permanencia a todos los ciudadanos en condición de prestar servicios, se hizo necesario disponer en tiempo de paz de un cuadro relativamente reducido de gente del oficio, organizado sobre bases racionales, cuyo cuadro es llenado con los contingentes convocados bajo bandera al pasar la nación del pié de paz al pié de guerra. De ahí surgió el concepto moderno de un ejército permanente, esto es, un organismo estable constituido por un cuadro seleccionado de profesionales, llamados a actuar como instructores -oficiales y suboficiales más un cierto número de especialistas contratados- y un porcentaje, o el total de los jóvenes que anualmente cumplen la edad establecida por la ley de reclutamiento. Con el licenciamiento periódico de la clase convocada a filas, según el plazo establecido para su permanencia bajo bandera, los contingentes licenciados pasan a constituir una reserva instruida, de la cual dispone el país para llenar los cuadros del ejército permanente en caso de movilización".

         Una de las pocas guerras notables del periodo 1918-1939 fue la campaña del Kurdistán, a cargo del vice mariscal del Aire, sir John Salmond, quien "demostró gran iniciativa durante las grandes batallas de 1918, empleando por primera vez en la historia, a la aviación para transportar tropas al área de combate y para llevar suministros y evacuar heridos". (35)

         El general Wavell fue el "primer comandante británico de la Segunda Guerra Mundial en entender las lecciones de las campañas alemanas en Polonia y Francia y aplicarlas a la guerra en el desierto". Fue además "el primer comandante británico en combinar exitosamente las fuerzas terrestres, aéreas y navales de su país en una campaña. Y aún más notable, logró acrisolar un ejército constituido por individuos de distintas nacionalidades, transformarlos en una fuerza de combate de primera magnitud y, al frente de ésta, obtener algunas de las victorias militares de menos costo de la historia de las armas británicas". (36)

        

         LA MILICIA EN EL MUNDO ORIENTAL

 

         Hacia el año 1800 a.C. las mejoras introducidas en el diseño de los carros de guerra, con la invención de "ligeros pero robustos vehículos de dos ruedas, que podían circular por el campo de batalla", tirados por un grupo de caballos, produjo un cambio importante elevando la movilidad y potencia a un nuevo nivel. (37)

         Las poblaciones más capacitadas para beneficiarse de las posibilidades de la guerra con carros "eran las de las estepas, cuya forma de vida les aseguraba un fácil acceso a los caballos". Consecuentemente, hordas de conquistadores bárbaros "equipados con carros circularon por todos los países civilizados de Oriente Medio entre los años 1800 y 1500 a.C.". (38)

         En China y la India, "la llegada de los carros señaló un cambio drástico. En la India, los aurigas pusieron fin a la más antigua civilización del Indo hacia el año 1500 a. C., sobreviniendo una época oscura que duró varios siglos, antes de que surgiera un nuevo tipo de vida civilizada". En China se produjo una transformación opuesta, debido a que "una nueva dinastía que empleó el carro, la Shang, presidió el desarrollo de una sociedad más fuertemente diferenciada que las que habían existido previamente en el valle del río Amarillo".

         El descubrimiento de la fabricación de herramientas y armas de hierro "tuvo lugar en alguna zona del este de Asia Menor, hacia el año 1400 a. C.", pero esta nueva habilidad no se extendió ampliamente "hasta aproximadamente después del año 1200 a.C.". (39)

         En Oriente Medio, la difusión de los conocimientos sobre elaboración del hierro "precipitó una nueva ronda de invasiones y migraciones entre los años 1200 y 1000 a.C.11. (40)

         Los reyes asirios fueron los que "con mayor éxito practicaron el arte del gobierno burocrático de las fuerzas armadas en los primeros tiempos de la Edad del Hierro". Desarrollaron un ejército en el que "el rango atribuido determinaba quiénes mandaban y quiénes obedecían". Aportaron una "considerable inventiva al desarrollo de los nuevos equipamientos y formaciones militares". Convirtieron a sus ejércitos en "los más formidables y mejor disciplinados que el mundo había visto hasta entonces". (41)

         "El punto de partida de las incursiones de la caballería desde la estepa puede situarse hacia el año 690 a. C., cuando un pueblo conocido como los Cimerios arrasó gran parte de Asia Menor". Esto ocurrió casi dos siglos después que los Asirios hubieran comenzado a "emplear la caballería en la guerra en una escala significativa". (42)

         En el año 101 a. C., la expedición del emperador Wu-ti "introdujo los grandes caballos de Irán en China", que sin embargo "nunca fueron demasiado importantes en el Lejano Oriente". (43)

         En Irán, la conversión de los jinetes rurales a la fe del Islam "implicó su abandono del estilo de vida militar que durante siglos había constituido un bastión eficaz contra las incursiones desde la estepa", con resultado adverso para su seguridad, sufriendo una gran infiltración "de invasores y gobernantes turcos a partir del Siglo X". (44)

         "Notables cambios se produjeron en la industria y los armamentos chinos a partir del año 1000 d.C. aproximadamente, anticipándose en varios cientos de años a los logros europeos". Pero, a pesar de todo, la desaparición de los "nuevos modelos de producción", la modificación de la política del gobierno y la oposición a "nuevas innovaciones", hicieron perder a China "su liderazgo en la industria, el poder político y la guerra. Países semi bárbaros, hasta entonces -Japón al este y Europa al oeste- suplantaron a los gobernantes mongoles de China en su condición de los más formidables expertos en el manejo de armas de todo el mundo". (45)

         En 1126, hombres de una tribu de Manchuria, conocidos como "churches", "conquistaron K'ai-feng, estableciendo un nuevo régimen en el norte de China, la dinastía Chin". Los derrotados Sung "se retiraron hacia el sur, convirtiendo al río Huai en la frontera septentrional de su restringido dominio". (46)

         En la década de 960, primeros años de reunificación, "que implicaron campañas ofensivas, la política militar Sung se volvió estrictamente defensiva". Desde la perspectiva de la burocracia china, "una política de defensa pasiva tenía la ventaja de facilitar el predominio civil dentro de China. Un Ejército que tuviera asignarlas funciones de guarnición y rara vez entrara en campaña activa podía ser mantenido bajo un estricto control mediante la cuidadosa regulación de sus suministros". (47)

         Los ejércitos chinos del Siglo XI estaban equipados con máquinas lanzadoras de piedras, flechas y materiales incendiarios. "Mezclas explosivas, incluida la pólvora, se sumaron a este conjunto de complicado armamento hacia el año 1000. Los explosivos fueron utilizados inicialmente como material incendiario, pero los chinos comenzaron a explotar el poder propulsor de la pólvora a partir de 1290, cuando al parecer fueron inventadas las verdaderas armas de fuego. Realmente, la innovación tecnológica china parece haberse concentrado de modo especial en el armamento, en el periodo Sung". (48)

         El carácter defensivo, de la estrategia Sung, "estimuló la experimentación tecnológica". Las autoridades Sung comenzaron a "recompensar sistemáticamente a los inventores militares" y, con este mecenazgo, "se minimizaron los obstáculos a la innovación". (49)

         La empresa imperial en el Océano Indico "se basó en una tradición naval iniciada con el establecimiento de la dinastía Sung del sur". Cuando K'ai-feng cayó en manos de los "churches" en 1126, un descendiente de la familia gobernante huyó hacia el sur" y creó una marina de guerra. A partir de ese momento, el gobierno Sung del sur "pasó a depender de los buques de guerra", en vez de depender de las fuerzas de infantería apostadas en las plazas fuertes a lo largo de la frontera, como habían hecho los Sung del norte. (50)

         Cuando los ejércitos de Gengis Khan invadieron los dominios de los "churches" en el norte de China y luego, después de medio siglo, atacaron también el sur, "tuvieron primero que vencer a la armada que había sido durante mucho tiempo el principal baluarte del régimen Sung. Esto le exigió a Kublai Khan la creación de una marina propia".

         Tras su victoria sobre Hsiang-yang, "una de las principales plazas fuertes de los Sung en el río Yangtsé", asediada durante cinco años, Kublai continuó incrementando su fuerza naval y en el año 1281, con un total de 4.400 barcos, "intentó la invasión de Japón", sin éxitos duraderos. "Los guerreros japoneses, en combinación con un oportuno tifón, destruyeron la fuerza invasora". Una posterior acción contra Java, en 1292, aun cuando logró victorias iníciales, "tampoco consiguió establecer un control duradero sobre aquella lejana isla". (51)

         Una nueva dinastía nativa, la Ming (1368-1644), bajo la cual un jefe militar local pudo "reunificar a toda China", combinó la política militar de los Sung del sur con los del norte, manteniendo "un vasto ejército de infantería para proteger la frontera contra los nómadas", y una formidable armada "para vigilar las vías fluviales y marítimas". (52)

         "En 1407, la armada Ming efectuó una expedición a Annam (Vietnam actual), pero entre 1420 y 1428 las fuerzas chinas sufrieron allí una serie de reveses. Finalmente, en 1428, se decidió la retirada". (53)

         El acrecentamiento del poder militar de los nómadas mediante la interpenetración con las sociedades civilizadas, alcanzó su punto culminante en el Siglo XIII, Gengis Khan (1206-1227) reunió a casi todos los pueblos de la estepa bajo una única estructura de mando.

         Gengis Khan realizó "una impresionante contribución al arte militar: con el inteligente empleo de tres ejércitos combinados destruyó al poderoso Imperio Kin". (54)

         "(...) luego de entrar en Pekín, volvióse hacia Occidente apoderándose de Turquestan, Armenia, parte de la India y el Sur de Rusia; sus huestes llegaron hasta Hungría y Silesia, y el vasto imperio por él fundado se extendió desde el océano Pacífico hasta el río Dnieper. Su sucesor, Ogdai Khan, importó a Occidente el invento chino de la pólvora, y fue acaso el suyo el primer ejército del mundo en utilizar piezas de artillería de calibre modesto.

         Las tropas de Ogdai Khan eran bien disciplinadas y adiestradas; afirma un historiador que es opinión corriente considerar a los tártaros como una horda salvaje que todo lo arrollaba a su paso, sin ningún plan estratégico, por el contrario el ejército mogólico que venció a Polonia y conquistó Hungría debió sus victorias a una consumada estrategia, y no a la mera superioridad numérica". (55)

         En lo que respecta al Japón, "poco es cuanto se sabe acerca de las diversas etapas cumplidas en su proceso evolutivo, (…) aunque la historia oficial del referido país se remonta a diecinueve siglos antes de la gran invasión mongólica, vale decir, hacia el año 660 a. C., no se asoma al mundo civilizado, ni el mundo civilizado sabe gran cosa de su existencia hasta el Siglo XVI, en que unos mercaderes portugueses, procedentes de China, arribaron a sus costas tripulando un junco" (...)

         (...) "No fue hasta el año de 1853 de nuestra era que el Comodoro Mathew Calbraith Perry, de la Marina de Guerra norteamericana, fondeó en aguas prohibidas del Japón, al mando de una poderosa escuadra. (...) Esto pasaba a mediados del siglo XIX. El Japón era entonces un estado feudal absoluto, en manos de 276 señores, que habían instituido la casta guerrera más exclusiva de que hay noticia. Y sin embargo, escasamente cincuenta años más tarde, convertíase ese país en potencia militar y naval de primer orden. En 1904, el mundo civilizado no salió de su estupor cuando aquel diminuto país, apenas repuesto de la larguísima noche de su peculiar y primitivo enclaustramiento feudal, derrotaba al coloso ruso en los campos de batalla de Manchuria. En silencio y con paciencia, asimilaron los japoneses en menos de medio siglo la civilización europea en sus aspectos esenciales de técnicas y adelantos; sus militares y marinos habían aprendido de Occidente y en Occidente todo cuanto valiera aprender referente al arte de la guerra moderna. Fue siempre el Japón muy guerrero y militarista". (56)

         Se debe señalar como un rasgo notorio de los militares japoneses su fuerte apego a la ideología nacional (...). "Dada la naturaleza de la ideología nacional y su fuerte asociación con la tradición feudal, ella hizo también del cuerpo de oficiales del Japón uno de los más importantes organismos del mundo sin espíritu profesional. (...) El Japón tuvo el ejército más político del mundo. (...) El adoctrinamiento del oficial en las fuerzas militares japonesas enfatizaba la importancia del coraje bajo el fuego, mucho más que el hecho científico. (...) La mentalidad militar japonesa era más subjetiva que objetiva. (...) Estaba imbuida de la ideología nacional, y le era difícil, sino imposible, analizar una situación militar de una manera científica y fríamente realista. (...) La disciplina militar japonesa era una reminiscencia del feudalismo. Oficiales y soldados tenían que estar instantáneamente listos a sacrificar la vida por el emperador. (...) Contrariamente al realístico pensamiento militar profesional de occidente, que considera la retirada como una posible necesidad militar y que, en consecuencia; se debe estar preparado para ella, la doctrina japonesa se niega a considerarla como una alternativa admisible". (57)

         El protagonismo de la milicia en los principales acontecimientos descritos, tanto en el mundo oriental como en el occidental, permite apreciar los perfiles de la profesión militar a través del tiempo, en su contexto histórico, como también concluir que la conjunción de distintos niveles de la capacidad requerida con su aplicación racional y sistemática, conduce al éxito en los grandes desafíos, y cuya concreción requiere que estos elementos sean estructurados en una convergencia armónica y equilibrada de inteligencia, conocimiento, reflexión y preparación previa.

        

         Los que, en servicio de la patria, se hallan en el ejército, considérense instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos, pues desempeñando bien esta función, realmente contribuyen a estabilizar la paz.

         Gaudium et spes, n. 79, in Concilio Vaticano II.

 

 

 

NOTAS

 

(1)     Bray, Cnel. Arturo, Militares y Civiles: Estudio psico-patológico del pronunciamiento. Carlos Schauman Editor. Asunción, 1984, p. 9.

(2)     Ibíd., p. 13.

(3)     Ibíd., p. 15.

(4)     Ibíd., p. 20.

(5)     Laffin, John. Grandes Batallas de la Historia. Secretos de los maestros de la estrategia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Argentina, 2004, p. 63.

(6)     Ibíd., p. 76.

(7)     Ibíd., p. 36.

(8)     Ibíd., p. 87.

(9)     Ibíd., p. 90.

(10)   Ibíd., p. 91.

(11)   Ibíd., p. 93.

(12)   Ibíd., p. 103.

(13)   Ibíd., p. 115. 

(14)   Ibíd., p. 117.

(15)   Ibíd., p. 123.

(16)   Ibíd., p.126/131.

(17)   Bray, Cnel. Arturo: Militares y Civiles. Estudio psico-patológico del pronunciamiento. Carlos Schauman Editor. Asunción, 1984, p. 21.

(18)   Ibíd., p. 25/31/32.

(19)   Ibíd., p. 30.

(20)   Ibíd., p. 26.

(21)   Ibíd., p, 28.

(22)   Ibíd., p. 27.

(23)   Ibíd., p. 28.

(24)   Laffin, John. Grandes Batallas de la Historia. Secretos de los maestros de la estrategia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Argentina, 2004, p. 237.

(25)   Ibíd., p. 241.

(26)   Ibíd., p. 260.

(27)   Guerrero Mendoza, Gral. Div. DEM Ret. Marco A.: "El profesionalismo militar". MASTRO. Revista Iberoamericana das Armas e Servicos. Año 4 - N° 3. Junio/1995. p. 27.

(28)   Huntington, Samuel P, O Soldado e o Estado. Biblioteca do Exército Editora, Río de Janeiro, Rep. Fed. Brasil, 1996, p. 37.

(29)   Ibíd., p. 56.

(30)   Ibíd., p. 72.

(31)   Ibíd., p. 49.

(32)   Sotelo, Ignacio. Sociología de América Latina. Estructuras y Problemas. Editorial Tecnos. Madrid, España, 1975, p. 196.

(33)   Ibíd., p. 197.

(34)   Bray, Cnel. Arturo. Militares y Civiles: Estudio psico-patológico del pronunciamiento. Carlos Schauman Editor. Asunción, 1984, p. 32.

(35)   Laffin, John Grandes Batallas de la Historia. Secretos de los maestros de la estrategia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Argentina, 2004, p. 284.

(36)   Ibíd., p. 289.

(37)   McNeill, William H. La búsqueda del poder. Tecnología, fuerzas armadas y sociedad desde el 1000 d. C. Siglo Veintiuno Editores, sa de cv. México D.F., 1989 - p. 10.

(38)   Ibíd., p. 11.

(39)   Ibíd., p. 13.

(40)   Ibíd., p. 14.

(41)   Ibíd., p. 15.

(42)   Ibíd., p. 17.

(43)   Ibíd., p. 23.

(44)   Ibíd., p. 24.

(45)   Ibíd., p. 27.

(46)   Ibíd., p. 36.

(47)   Ibíd., p. 38.

(48)   Ibíd., p. 43.

(49)   Ibíd., p, 44,

(50)   Ibíd., p. 47.

(51)   Ibíd., p. 48.

(52)   Ibíd., p. 49.

(53)   Ibíd., p. 51.

(54)   Laffin, John. Grandes Batallas de la Historia. Secretos de los maestros de la estrategia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Argentina, 2004, p. 105.

(55)   Bray, Cnel. Arturo. Militares y Civiles: Estudio psico-patológico del pronunciamiento. Carlos Schauman Editor, Asunción, 1984, p. 24.

(56)   Ibíd., p. 23/24.

(57)   Huntington, Samuel P. O Soldado e o Estrado. Biblioteca do Exército Editora. Río de Janeiro. Rep. Fed. Brasil, 1996, pp.144/145/146/147.

 

 

 

4. LA INSTITUCIÓN MILITAR DEL PARAGUAY: RESEÑA HISTÓRICA

 

         La institución militar es una de las más nobles y poderosas en la vida de las naciones. Ninguna como ella es condición tan esencial de la existencia nacional.

 

         Eligio Ayala

 

         Las Fuerzas Armadas de la Nación es una institución fundamental del Estado paraguayo. Su existencia, enraizada en los orígenes de la patria, ha cumplido a través del tiempo un rol protagónico importante en la vida del Paraguay. Esta trayectoria, en más de una ocasión, resultó vital y esencial para su supervivencia como Estado-Nación.

         El conocimiento y la interpretación de algunos de los aspectos históricos más significativos de la institución militar paraguaya, permitirán una conveniente apreciación sobre el desarrollo y evolución de la misma, y su relevante función en la historia nacional del Paraguay. A tal efecto se hará referencia a dos épocas históricas del país: la colonial y la independiente.

 

         ÉPOCA COLONIAL

 

         En su muy interesante obra sobre la organización militar de la Gobernación del Paraguay (periodo colonial), Rafael Eladio Velázquez señala que, dentro de la estructura del imperio colonial español y hasta la creación de la Intendencia a fines del siglo XVIII, el Paraguay "es una provincia menor, vinculada con el Virreynato del Perú y sin Audiencia dentro de sus límites, pero su Gobernador en todos los casos tiene el título de Capitán General, con las correspondientes atribuciones y jerarquías". (1)

         En 1716 se establece que, cuando los Gobernadores del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán, "concurran al frente de sus respectivas tropas a una empresa militar, tendrán el mando superior el de mayor grado", y siendo de igual rango, corresponderá el mando al de mayor antigüedad.

         Todos los Gobernadores del Paraguay tuvieron título de Capitán General "con los atributos de ese mando". El más importante segundo en la jerarquía provincial y sustituto eventual en el gobierno era el "Teniente General de Gobernador, Justicia Mayor y Capitán a Guerra, denominaciones que indican sus facultades políticas, judiciales y militares, con jurisdicción sobre toda la provincia" (2)

         La hueste conquistadora, "reclutada en los reinos de Castilla por los Adelantados Mendoza, Cabeza de Vaca y Ortiz de Zárate", incorporó pronto a "criollos y mestizos paraguayos", constituyendo el "antecedente y origen de las milicias provinciales del Paraguay, de los siglos XVII y XVIII". (3)

         En materia de defensa todo el siglo XVII fue crítico, a tal punto que "la propia subsistencia del Paraguay" llegó a verse en peligro. La presión bandeirante y la de los indígenas chaqueños hicieron llegar la crisis "a su más honda sima en 1676, con la destrucción de la décima Villa Rica y el cautiverio de 4 pueblos de guaraníes de su comarca".

         Tan grandes problemas pusieron a las autoridades del Paraguay "en la necesidad de montar una organización militar y un sistema de reclutamiento eficaz".

         Una de las principales obligaciones del Encomendero era el servicio militar, "a su costa y minción", vale decir, aportando él "sus armas, cabalgaduras y bastimentos en campaña". Pero como la defensa provincial no podía organizarse satisfactoriamente solo con los Encomenderos, y en vista de que ya en el siglo XVI comenzaron a manifestarse los primeros alzamientos de los guaraníes contra el servicio personal y otros abusos, "hubo que recurrir al alistamiento compulsivo de los moradores sin encomienda y de todo hombre capaz de empuñar las armas. Este hecho constituyó el antecedente directo para el alistamiento en las milicias provinciales del siglo XVII".

         La organización de las milicias provinciales "parece haberse consolidado a mediados del siglo XVII o poco antes, y mantendría por unos 150 años su conformación de entonces". Jefe superior de ellas era el Gobernador, en su carácter de Capitán General, "secundado directamente por el Teniente General de Gobernador", ambos con funciones políticas y judiciales, además de las militares.

         El más alto oficial exclusivamente militar fue el Maestre de Campo General, que corría "con todo lo relativo al servicio de guardias y atención de los fuertes de la ribera", y ejercía el mando del Batallón de la Ciudad de Asunción. Se contaba además con un Sargento Mayor de Provincia, que tenía la responsabilidad en cuanto "al adiestramiento de los efectivos". Ambos eran nombrados y removidos exclusivamente por el Gobernador y, generalmente sustituidos en cada cambio de gobierno.

         En las postrimerías del periodo colonial los Maestres de Campo de las distintas ciudades y demás poblaciones, se convirtieron en Comandantes de Armas, con atribuciones más amplias. Las villas y poblaciones de españoles "tuvieron sus propias milicias, generalmente de poca importancia".

         Al avanzar el siglo XVIII e ir "cambiando las condiciones sociales y económicas", al tiempo que crece la población y se amplía considerablemente el área poblada, "la estructura militar sufre transformaciones muy acentuadas". (4)

         Cualquier "reunión o petitorio colectivo de vecinos de Asunción o Villa Rica", con la consiguiente enumeración de grados, demostraba "en qué medida el servicio militar formaba parte de la vida cotidiana del paraguayo de entonces".

         Los antiguos Tenientes Generales de Gobernador, que conservaban de por vida el trato de General, y los Maestres de Campo Generales, Maestres de Campo, Castellanos y Sargentos Mayores, "eran convocados a Junta de Guerra por el Gobernador, para dar su parecer en circunstancias especiales: guerra con los indígenas o los portugueses, o reorganización de la defensa". En cuanto a la cantidad de oficiales, Velázquez menciona que "la proporción de oficiales era muy alta en relación a la tropa, pero que no hubiera mandos disponibles para su jerarquía no les impedía a aquellos servir en la defensa provincial". (5)

         En lo referente a la disponibilidad de armamentos en esa época, manifiesta Velázquez que "la carencia de armas siempre constituyó uno de los mayores problemas de la defensa". En tal sentido, esta falencia "se habría de manifestar aún más aguda a fines de 1810", cuando hubo que organizar la resistencia contra el ejército expedicionario de Belgrano, "a punto tal que la mayor parte de las tropas paraguayas habría combatido en Paraguay con estacas y lanzas improvisadas". (6)

         En el siglo XVII, los jesuitas, "con los recursos de las comunidades a su cargo, fueron adquiriendo armas de fuego y adiestrando en su manejo y organizando militarmente a los guaraníes de las mismas, para poder defenderse con eficacia" contra los bandeirantes.

         Las villas y poblaciones fundadas en el siglo XVIII contaron también "con sus propias milicias agrupadas en Compañías, con sus correspondientes Maestres de Campo, transformados más tarde en Comandantes de Armas".

         En el siglo XVIII, en el Paraguay "se producen cambios institucionales y socioeconómicos". La encomienda entra en "franca e irreversible decadencia". La antigua estructura militar y "el sistema de reclutamiento se vuelven inapropiados y obsoletos. Con todo y en lo esencial, el sistema de milicias y de reclutamiento siguió siendo el del siglo anterior".

         La gran reforma militar, "encuadrada dentro de las que se producen en todo el imperio colonial español", tendrá comienzo hacia 1778 ó 1779. En el año 1791, entra en vigor el Nuevo Reglamento y Ordenanza de Milicias. Mantiene éste "la distribución y los efectivos de los diversos cuerpos", establece "normas para el alistamiento", se ocupa también de las "exenciones del servicio militar, del requisito de nobleza para ser cadete o soldado distinguido, de la exclusión de mulatos, gitanos, carniceros, pregoneros o verdugos, vagabundos y delincuentes, del alistamiento de sustitutos, del cambio de vecindario, de las licencias para casarse oficiales y clases, de las penas para desertores e infractores, de la forma de pasar revistas y pagas; de las propuestas para ascensos y de la asamblea anual. Por primera vez en la historia del Paraguay colonial se estatuyen normas precisas y completas en materia de organización militar".

         El Comisario de Partido "se transforma pronto en Juez Comisionario y autoridad local", lo que sumado a la "identificación de las Compañías con los lugares poblados", a la "absorción del poder político" por los Comandantes de Armas de las Villas y los comandantes de los Regimientos en sus respectivas áreas, y al alistamiento general con una relación jerárquica permanente de los habitantes con sus respectivos oficiales, "contribuye a una militarización de la estructura político-administrativa local y regional y de la población rural. Hasta hoy los antiguos Partidos, hoy llamados Distritos, en sus respectivas áreas rurales se dividen en Compañías en el Paraguay". (7)

         El servicio militar transformado en "rutina de guardias costeras" y las exenciones establecidas determinó que "parte apreciable de la población en estado de tomar las armas careciera por completo de instrucción en materia militar y que las reservas veteranas ya no tuvieran la experiencia de los reformados del siglo anterior". Esto lo afirmaría Azara hacia 1805 y se comprobaría al improvisarse aceleradamente, con pocas armas y mucha gente sin ninguna formación militar, la defensa provincial contra la expedición de Belgrano, a fines de 1810 y comienzos de 1811. Sin embargo, "esos milicianos apresuradamente alistados, habrían de ganar en Paraguarí y Tacuary dos claras y decisivas victorias, a fuerza de valor y resucitando una vieja tradición paraguaya".

         El brigadier Félix de Azara de 1805 a 1808 integró la Junta Consultiva de Fortificación y Defensa de Indias, y "en tal carácter produjo un Informe sobre la Formación de las Milicias Urbanas en el Paraguay". (8)

         Esta fuerza de milicias urbanas "vendría a constituir algo así como una reserva para los regimientos de milicias regladas, de las que no formaba parte, pero tendría también funciones policiales". (9)

         En 1810 "existían ya las milicias urbanas en el Paraguay", paradójicamente llamadas así, considerando que eran propias del medio rural. El cargo de Jefe de Milicias o Jefe de Urbanos, como autoridad policial del Partido, "lo encontramos hasta la Guerra de la Triple Alianza, después de la cual es sustituido por el Jefe Político".

         El sistema de Regimientos de Milicias, de servicio rotativo y sin paga, "resultaba inadecuado para una eficaz defensa provincial", considerando que desde antes de 1770 se volvía a percibir la presencia portuguesa en el Alto Paraguay y en Ygatimí. Resultaba lógico entonces que las autoridades políticas y municipales de Asunción "pidieran el establecimiento de un cuerpo de tropa veterana". Ya en su momento, Melo de Portugal había propuesto aplicar a ese objeto lo recaudado por sisas y arbitrios. A su vez, Alós y el Cabildo, años más tarde, propusieron "la creación de un estanco de la yerba para hacer frente a los costos de este ejército profesional y permanente. Ninguna de estas iniciativas prosperó y la defensa del Paraguay siguió a cargo exclusivo de sus habitantes". (10)

         En el gobierno de Bernardo de Velazco se volvió a reglamentar el alistamiento y el servicio militar, en concordancia con el Real Reglamento del 14 de Enero de 1801. Sus ordenanzas contemplaban el sorteo en cada cabecera de Partido de las respectivas Compañías y la disposición de que "los soldados alistados no podían ausentarse de sus vecindades y domicilios sin permiso de sus oficiales", lo que ratifica la permanente subordinación, notada ya al hacer referencia a las milicias urbanas.

         Desde la conquista hasta fines del Siglo XVIII, el servicio prestado en las milicias del Paraguay "no fue remunerado, salvo el tributo que beneficiaba al Encomendero y alguna ayuda en víveres y municiones que pudiera darse, aunque no siempre, al soldado sin feudo".

         El 11 de febrero de 1791, el Virrey dictó una resolución por la que disponía "se abone al teniente coronel don José de Espínola el sueldo de tal, por los días que justifique haber estado empleado en la expedición contra los infieles (...), por ser conforme con lo resuelto por Su Majestad". Con este hecho se sentaba un precedente: "desde entonces comenzaron a pagarse sueldos a los milicianos del Paraguay, pero solamente por el tiempo que se hallaran en campaña".

         Sin embargo, pese a esta jurisprudencia, todavía en 1811 el Gobernador-Intendente Bernardo de Velazco "licenciaría sin paga a la Oficialidad y Tropa paraguaya que se había batido con valor y victoriosamente en Paraguarí y Tacuary". (11)

         No puede dejar de mencionarse, por su relevancia histórica, un hecho de carácter internacional ocurrido en este periodo: el de la participación de un contingente paraguayo en la defensa de Buenos Aires y Montevideo, contra las invasiones inglesas, en el Río de la Plata, en los años 1806 y 1807.

         Al respecto dice Moreno que, por disposición del virrey Sobremonte, el 4 de agosto de 1806 partió esa fuerza de la Asunción en tres embarcaciones, al mando de dos jefes, seis capitanes y 12 oficiales subalternos. Al mes, anunciaba el Virrey al Gobernador Velazco que había destinado 550 hombres de aquel contingente para Buenos Aires, mientras pasaba él con todas sus tropas a socorrer a Montevideo, "previniéndole que tuviera pronta cuanta gente le fuese posible para el primer llamado". El 5 de noviembre Sobremonte dispuso que toda la gente prevista marchase "en la posible brevedad y por el camino más corto". Casi todas estas fuerzas fueron al fin concentradas en las inmediaciones de Montevideo, "donde centenares de paraguayos cayeron acribillados por las balas inglesas, a causa de la inhábil dirección de Sobremonte". (12)

         Colmán Villamayor señala que, durante la segunda invasión del año 1807, el contingente paraguayo citado pasó a actuar en defensa de la capital de la Banda Oriental (Uruguay) y para reforzarlo se le agregaron dos regimientos con un total de 314 plazas, al mando del teniente Pedro Antonio de Herrero y el capitán Manuel Antonio Coene. (13)

 

 

         ÉPOCA INDEPENDIENTE

 

         Al establecerse la Junta Gubernativa en junio de 1811, se le fijó, entre otras obligaciones, la de "crear y mantener la tropa necesaria a la seguridad de la Provincia", designando al teniente coronel Fulgencio Yegros, Comandante General de Armas.

         El Bando del 6 de enero de 1812 de la Junta Superior Gubernativa, firmada por Fulgencio Yegros, Pedro Juan Cavallero, Fernando de la Mora y Mariano Larios Galván, dispuso la creación de una Academia Militar, para la instrucción de oficiales, fijando también las obligaciones, las reglas disciplinarias y los ejercicios y evoluciones necesarios para mantener a las tropas en pie de repeler cualquier agresión. (14) Desafortunadamente para lo que posteriormente sobrevendría -la Guerra de la Triple Alianza-, cerró sus puertas por disposición del Dictador Francia, sin poder rendir a la patria los beneficios que para ella anhelaron los próceres que la instituyeron.

         La primera misión guerrera que le cupo cumplir al Ejército Nacional fue la recuperación del Fuerte Borbón (Fuerte Olimpo), en setiembre de 1812, ocupado por los portugueses, desalojados posteriormente por acción de las fuerzas nacionales.

         En octubre de 1813, el Segundo Congreso Nacional dictó el Reglamento de Gobierno, encomendando a los dos cónsules, Fulgencio Yegros y Gaspar Rodríguez de Francia, la expresa obligación de "la conservación, seguridad y defensa de la República", confiriéndoles a ambos la graduación y honores de Brigadier y asignándoles la Comandancia General de Armas del Ejército, en forma conjunta.

         Ese mismo año, el Dr. Francia -Cónsul de turno- dictó el Reglamento Provisorio de Organización de Cuadros del Ejército Nacional y en 1816, ya como Dictador Supremo y Perpetuo de la República, aumentó a 5.000 las tropas de línea y a 20.000 las milicias o reserva. El armamento consistía en fusiles de chispa y de avancarga para la infantería; sables, lanzas y pistolas para la caballería; cañones y obuses de hierro, heredados del ejército colonial, para la artillería. Dispuso asimismo la organización de la Marina de Guerra, con buques construidos para la guerra y con los cuales se formó la Escuadrilla Naval, que en octubre de 1818 atacó en Corrientes naves enemigas que habían capturado a barcos paraguayos, en la primera acción de guerra de la marina paraguaya.

         El Congreso de 1844, que aprobó la primera carta política del Paraguay independiente, designó a Don Carlos Antonio López, Presidente de la República, Capitán General y Jefe Supremo de las Fuerzas Navales y de Tierra, pudiendo nombrar un Jefe General al mando del Ejército y estableciendo con precisión las atribuciones del Presidente de la República con respecto al Ejército Nacional.

         El deterioro de las relaciones con el gobierno de Buenos Aires obligó a don Carlos Antonio López a dictar el 26 de agosto de 1845 una ley que reorganizó el Ejército Nacional en Ejército de Línea y Guardia Nacional.

         Se dispusieron además la compra de armas de Inglaterra y la construcción de cuarteles y fortalezas, se establecieron fortines en el Chaco y guardia permanente en Bahía Negra.

         El 11 de noviembre el Paraguay firmó un Tratado de Alianza con Corrientes contra el Gobierno de Buenos Aires. El 4 de diciembre se declaró la guerra a Buenos Aires, organizándose un ejército expedicionario para la campaña de Corrientes, de aproximadamente 5.000 hombres de infantería, caballería y artillería, al mando del entonces Coronel Mayor Francisco Solano López, finalizando la campaña con algunas acciones sin relevancia, en abril de 1846.

         En mayo de 1846, el Ejército Nacional se instaló en Cerrito y en julio de 1847, en Paso de Patria, con 6 Batallones de Infantería, 4 Regimientos de Caballería y 300 Tropas de Artillería. En ese mismo año se establecieron la jerarquía y los grados de los oficiales y Jefes del Ejército Nacional, se imprimieron reglamentos para la infantería, caballería y artillería.

         En 1849 fue contratada la Misión Militar Brasilera, a cuyo frente estuvo el Teniente Coronel Villagrán Cabrita, instructor de artillería.

         La creación del Ministerio de Guerra y Marina como órgano superior del ejército data del año 1854, habiéndose designado para dicho cargo al Brigadier Francisco Solano López, General en Jefe del Ejército Nacional.

         En 1855, ante la amenaza de una escuadra brasileña de 20 buques, al mando del almirante Ferreira de Oliveira, el Ejército Nacional se trasladó a Humaitá, artillándosele con piezas de gran calibre, construyéndose en el lugar las instalaciones necesarias para los alojamientos. Don Carlos Antonio López, con gran habilidad diplomática, pudo resolver la situación planteada, quedando registrado este caso como "modelo de gestión en el campo de las relaciones exteriores".

         El 27 de setiembre de 1859 parte de Asunción con destino a la Argentina el Brigadier General Francisco Solano López en carácter de Ministro Mediador de la República del Paraguay, en el conflicto armado entre los gobiernos de la Confederación Argentina y el de Buenos Aires, llegando a Paraná, Capital Provisoria de la Confederación Argentina, el día 5 de octubre de ese mismo año. Solano López finaliza con éxito su misión el 10 de noviembre de 1859, con la firma del Convenio de Paz de San José de Flores y con el reconocimiento del pueblo y gobierno argentino (15)

         Al asumir Francisco Solano López la responsabilidad de la defensa nacional en la guerra de 1865-1870, la preparación militar de nuestro país "se hallaba muy en zaga" con respecto a las naciones componentes de la Alianza.

         Los Oficiales eran promovidos desde las filas de tropa sin haber recibido ninguna instrucción especial atingente a su nueva jerarquía, con lo que se imposibilitaba un desempeño eficiente en sus nuevos rangos. (16)

         La preparación técnica de los Jefes y Oficiales del Ejército Paraguayo de esa época era completamente nula. Ni uno solo había cursado estudios militares en el país ni en el extranjero. "Teníamos algunos autodidactas como el General Aquino y el mismo Mariscal López o como el General Bruguez, que aprendió los rudimentos de la artillería con la Misión Militar Brasilera dirigida por el Capitán Cabrita, en la época de Don Carlos Antonio López. Los Jefes y Oficiales que pelearon en esa guerra se comportaron heroicamente, pese a carecer de preparación técnica adecuada. Ni remotamente podrían compararse, en preparación profesional, al cuadro de Jefes y Oficiales que posteriormente se formó para la Guerra del Chaco". (17)

         Para el conflicto bélico del Chaco, el Paraguay no descuidó la educación de sus oficiales. Además de instituir la Escuela Superior de Guerra, envió numerosos hombres de armas a varios países e incorporó misiones militares extranjeras. "El cuadro de oficiales acaso pudo haber sido insuficiente, pero no improvisado. Por eso el Ejército del Chaco estuvo bien dirigido en todos sus niveles". (18)

         Terminada la Guerra de la Triple Alianza en 1870, no pasó mucho tiempo para que los primeros gobiernos constitucionales pensaran seriamente en la formación de militares profesionales, que serían después los primeros instructores de un futuro ejército nacional.

         En los primeros arios que siguieron a 1870 sólo existía el Escuadrón de la Legión y durante la presidencia de Cirilo Antonio Rivarola, el Ministro de Hacienda Juan B. Gill organizó el famoso "Batallón Guarará", "de muy triste fama por la conducta abusiva de sus integrantes. Los oficiales eran surgidos de las filas, muchos de ellos de la pasada guerra según sus méritos de servicio en los cuarteles, en los combates o por la sumisión y obsecuencia a los Jefes". Posteriormente se estiló que algunos con mayor formación intelectual se incorporaran al cuerpo de oficiales como Alférez o Tenientes en Comisión, "con lo que mejoró la formación profesional de la oficialidad". Este sistema se mantuvo hasta la creación de la Escuela Militar. (19)

         Con el propósito de reconstituir nuestro ejército, el gobierno nacional envió en 1891 a la Rca. Argentina a los primeros estudiantes que debían seguir la carrera militar en carácter de becarios. Posteriormente se envió en misión de estudios de perfeccionamiento a Chile, Brasil, Uruguay y Estados Unidos de América un total de 125 jóvenes, sin contar los que fueron enviados a Europa, cuyo número no baja de 72. (20)

         Durante el año 1897, a iniciativa de un núcleo de estudiantes, se organizó lo que se dio en llamar "Milicia de la República" con voluntarios que fueron instruidos por militares egresados de la Escuela Militar Argentina. Este núcleo se transformó, en 1898, en el Batallón de Aspirantes, que sirvió de base a la organización de la Guardia Nacional de la Capital, por Ley del Congreso. El 12 de setiembre de 1899 se organizó la 1ª. Región de la Guardia Nacional, con seis Regimientos al mando de civiles que habían recibido grados militares.

         El 12 de diciembre de 1904, con la firma del Pacto del Pilcomayo, asume el poder el Partido Liberal que, con respecto al ejército, sostiene como principio "la necesidad de su carácter nacional y su subordinación al gobierno civil". Se organizan de inmediato los cuadros de la Armada Nacional, se completan las Zonas Militares y sus Cuadros y se crea la Sanidad Militar. Se autoriza la construcción de cuarteles, el edificio de la Escuela Militar que se piensa fundar y el Parque de Guerra. "El nuevo Gobierno entra así de lleno a la realización de una estructura nueva del Ejército". (21)

         En el año 1905 el gobierno nacional dispuso la creación de un Curso Militar cuyo primer director fue el Mayor Manlio Schenoni. Este curso funcionó 8 meses y no se reabrió por diversas dificultades presentadas.

         El 23 de junio de 1915 se crea la Escuela Militar con la finalidad de suministrar instrucción profesional y civil a los jóvenes que deseaban ingresar en el Ejército en calidad de Oficiales.

         En 1925 se autoriza la contratación de una Misión Militar Francesa que inicia sus actividades al año siguiente. Sus componentes dictaron cursos en la Escuela Militar y en las distintas unidades, a lo que se llamó Escuela de Aplicación, en la que se preparaba a oficiales para cursar la Escuela Superior de Guerra. Simultáneamente, se abrió la Escuela de Aviación. (22)

         Superadas algunas dificultades, se crea la Escuela Superior de Guerra, donde se inician los cursos en marzo de 1931, enseñándose Alta Estrategia, Táctica y Ciencia Militar en sus más variados aspectos, bajo la dirección y enseñanza de una Misión Militar Argentina, que se retiró el 15 de agosto de 1932 a causa del conflicto con Bolivia. De esta escuela egresaron brillantes Jefes que con sus conocimientos condujeron las operaciones en la Guerra del Chaco. (23)

         La Escuela de Oficiales de Reserva fue creada en noviembre de 1924; la Escuela de Sub-Oficiales, en marzo de 1932; y el Estado Mayor General, en enero de 1905, reorganizándose en el año 1926. El Servicio Militar Obligatorio se estableció por ley del Congreso en 1910, pero solo se lo puso en vigencia en 1916, dando como resultado la instrucción militar de más de 50.000 ciudadanos. (24)

         La Revolución de 1922 trajo consecuencias funestas al país, "provocando la suspensión de la precaria ocupación militar del Chaco, iniciada en 1919 en el sector Pilcomayo y Confuso, y postergando por muchos años el programa de Defensa Nacional".

         El nefasto resultado de la lucha fratricida que duró poco más de un año fue la "desintegración casi total de los cuadros de Oficiales de las Fuerzas Armadas", y la pérdida de gran parte del material de guerra existente, comprometiendo al país con obligaciones extraordinarias, quedando el crédito público con deudas flotantes y exigibles, circunstancia que motivó una reducción sustancial del presupuesto. (25)

         La situación en que se debatía el país, como consecuencia de la larga guerra civil de 1922-23, al hacerse cargo del gobierno el Dr. Eligio Ayala, en 1924, era la siguiente: gran aflojamiento de los servicios de la administración pública; total pérdida del crédito del país en el exterior; abandono absoluto en que se encontraba la vasta región del Chaco; el avance discrecional y ocupación de una gran zona de nuestro Chaco efectuados por Bolivia; el desmantelamiento total de nuestras Fuerzas Armadas y su desarme casi absoluto. (26)

         Cabe señalar aquí que una acertada medida del gobierno paraguayo en el periodo previo a la Guerra del Chaco fue la del envío de un considerable número de Oficiales jóvenes, para realizar estudios superiores en Academias europeas.

         Al referirse a la profesionalidad e institucionalidad de las Fuerzas Armadas del Paraguay, Marcial Riquelme afirma que "el ejército paraguayo que se organiza a partir de 1924, bajo el gobierno de Eligio Ayala, ante la inminencia del conflicto bélico con Bolivia, fue eminentemente profesional e institucionalista. Su rol específico era la defensa e integridad de la soberanía nacional, estaba subordinado al poder civil y pese a que existían oficiales con preferencias por distintos partidos o corrientes políticas las Fuerzas Armadas como institución no estaban alineadas con ningún partido político. El Colegio Militar estaba abierto a todos los ciudadanos paraguayos aptos y con vocación por la carrera de las armas, sin requerimientos de afiliación político-partidaria".

         "Con el golpe militar del 17 de febrero de 1936, encabezado por el Cnel. Rafael Franco, se inició en el Paraguay moderno, por una parte, la etapa de injerencia directa y excluyente del estamento militar en la política, con su secuela de purgas, arrestos, confinamientos y pases a retiros forzoso de Oficiales que se negaron a plegarse al citado movimiento, y por la otra, la declinación del poder civil, que por lo general sigue al quiebre de la institucionalidad". (27)

         Al inicio de su gobierno, Morínigo exigió a los Oficiales de las Fuerzas Armadas la firma de un "acta de lealtad" a su persona y al "movimiento nacionalista".

         Señala Riquelme que hasta 1947 las Fuerzas Armadas "estaban mayoritariamente comprometidas con la postura institucionalista", pero a partir de la guerra civil de ese año las medidas adoptadas por el gobierno "modificaron profundamente no solo su composición sino su orientación y profesionalización", quedando "virtualmente desmanteladas" y entrando "en un periodo de crisis ante el avance de dos fenómenos estrechamente relacionados entre sí: la desprofesionalización y la desinstitucionalización o participación forzosa". (28)

         En lo referente a la desprofesionalización, se debe indicar que, antes del inicio de la guerra civil de 1947, las Fuerzas Armadas tenían un alto nivel profesional, tanto en términos de la preparación de sus cuadros como del entrenamiento de la tropa, pero "a partir de 1947 se inicia un periodo de marcada declinación profesional en las Fuerzas Armadas. Esta desprofesionalización se debió fundamentalmente a los factores ya mencionados; la purga masiva de oficiales de carrera que habían tenido un desempeño brillante en la guerra con Bolivia y el ingreso, también masivo, de oficiales de reserva semianalfabetos, que combatieron bajo las órdenes de Morínigo en la guerra civil de 1947.

         Con la purga de los oficiales institucionalistas y la incorporación de los de reserva, el ejército paraguayo comenzó su proceso de desinstitucionalización formalizado por Stroessner, bajo cuyo régimen la mayoría de los Generales asumió una orientación política abiertamente antidemocrática". (29)

         En el año 1965, por los Decretos, N° 12.634, del 13 de julio, y N° 12.708, del 19 de julio, se envía en comisión de servicio a la República Dominicana un contingente de 208 hombres, al mando del coronel DEM Roberto Cubas Barboza, para integrar la Fuerza Interamericana de Paz, creada por la Organización de Estados Americanos para intervenir en el conflicto interno de ese país.

         Una evaluación objetiva y ecuánime de esta circunstancia permite concluir que, en el plano estrictamente militar-profesional, el contingente paraguayo tuvo un correcto desempeño, demostrando las aptitudes requeridas para las operaciones combinadas, junto con fuerzas de otros países. Sin embargo, desde una perspectiva jurídico-política, se debe mencionar que dicha participación fue un acto de flagrante injerencia e intervención en los asuntos internos del mencionado país, contraviniendo principios esenciales del Derecho Internacional Público que habían sido elementos de sustento de la Política Exterior paraguaya en consonancia y afinidad con los principios rectores de las relaciones exteriores de los países latinoamericanos (Doctrina Drago, Estrada, etc.).

         Si bien se debe señalar que dicha participación se vio en el contexto de la Guerra Fría entonces imperante, tampoco se puede olvidar la responsabilidad del gobierno paraguayo de la época en incorporarse a dicha Fuerza Interamericana de Paz, dado que hubo otros gobiernos latinoamericanos que, consultados al respecto, negaron su adhesión y expresaron su rechazo.

         Según Rial, Paraguay en 1989 no tenía unas Fuerzas Armadas modernas.

         "Viviendo de las glorias pasadas, de la lucha "primitiva" en el Chaco, entre 1930-1932, los militares no habían desarrollado su fuerza militar. Muy aislados del resto de sus colegas de la región, dependían tecnológicamente de la orientación y a veces la ayuda de sus pares brasileños, argentinos y de Estados Unidos. Se trataba de una fuerza compuesta de un importante número de Oficiales, todos egresados del Colegio Militar, con un nivel de preparación académica que requería importantes mejoras. Contaba con una masa de conscriptos conformada por dos niveles. El sector popular que proveía la masa de los soldados y el otro grupo de conscriptos, provenientes de sectores medios, hacía el servicio en el CIMEFOR (Centro de Instrucción Militar de Formación de Oficiales de Reserva). Se complementaba con un número muy pequeño de profesionales que actuaban como "clases", Suboficiales". (30)

         Tampoco el Ejército (Fuerzas Armadas) estuvo ausente en los innumerables golpes de Estado, revoluciones, revueltas, asonadas y guerras civiles, originados en las turbulentas pasiones de rivalidades partidarias o de ambiciones personales o facciosas, que asolaron la República con su terrible carga de sangre, dolor y luto para el pueblo paraguayo, verdadera traba al desarrollo de esta nación, que debió merecer un mejor destino.

         En función represora o en rebeldía, y a veces integrando ambos bandos, el Ejército participa activamente en ellas. Así lo vemos actuar en las conspiraciones y revueltas, de Cándido Bareiro, Gral. Bernardino Caballero y el Cnel. Serrano, en Asunción, y del Cnel. Patricio Escobar, Cnel. José del Carmen Pérez, Cnel. Silvestre Aveiro y otros, en Tacuaral (Ypacaraí, diciembre de 1871); en el movimiento subversivo del ex presidente Cirilo Antonio Rivarola, mayor Zacarías Jara y otros para apoderarse de la cárcel pública (1872); en el movimiento revolucionario del general Caballero y Cándido Bareiro, José Segundo Decoud, Antonio y Juan Recalde, Juan Silvano Godoy y otros, contra el presidente Salvador Jovellanos, obligando la movilización de la Guardia Nacional (1873); en la sublevación de las fuerzas nacionales y policiales contra el gobierno de Salvador Jovellanos, dirigida por el Gral. Bernardino, el Gral. Patricio Escobar y Cándido Bareiro (30-marzo-1874); en la rebelión del Gral. Germán Serrano en la Cordillera (8-Dic.-1875); en el complot revolucionario y asesinato del presidente Juan Bautista Gill, seguido de la toma de la ciudad de Luque por los rebeldes (12-abril-1877); en el desembarco de tropas rebeldes en Humaitá y Pilar, a bordo de "El Galileo" y con la captura de las villas y el apresamiento de sus autoridades (11-junio-1879), en el golpe de Estado contra el vicepresidente Adolfo Saguier, tras la muerte del presidente Cándido Bareiro (4-set.-1880); en la de 1904; en las de 1908,1911,1912,1922/23 (ya mencionada); en la de febrero de 1936; en el golpe de Estado de 1937; en la llamada "revolución de 1947"; en el golpe de Estado de 1954; y en el de 1989. Este último produciendo el desplazamiento de un régimen de 35 años de duración (1954-1989). La relevancia que este hecho debió tener para el desarrollo evolutivo del país hubiese sido mayor de haberse podido contar con una dirigencia política más capacitada y mejor preparada para el cumplimiento de su cometido.

         Las perjudiciales e inmisericordes, como casi siempre injustas "purgas", que regularmente han cerrado el final de cada capítulo de estas desafortunadas contiendas armadas, han producido a través del tiempo los mismos nefastos resultados para la institución militar: disminución abrupta del personal capacitado e inmediato acceso a los cargos relevantes del personal sin la antigüedad necesaria y, muchas veces, sin la capacidad requerida.

         Sobre los efectos nocivos de las guerras civiles, Speratti dice: "(...) el ejército y el país vieron malograr una cantidad considerable de jefes y oficiales de las primeras promociones de formación en el exterior y en nuestra flamante escuela militar, y con ello, el mando de nuestro ejército no alcanzó a contar ni siquiera con la experiencia intacta de sus pocos años de vida, cuando se vio enfrentado a la segunda guerra que el país tuvo que sostener en la defensa de su integridad territorial y de su soberanía".

         "La destrucción que ha experimentado el mando de nuestro ejército después de esta guerra, ha sido aún más completa y más profundamente dañosa, porque con ella no solamente se perdió la mayor parte de la experiencia de la guerra, sino también los conocimientos académicos adquiridos en la Escuela Superior de Guerra, creada bajo la competente dirección de una calificada misión extranjera que, a un cuarto de siglo de la fundación de la Escuela Militar, había formado el primer plantel de jefes paraguayos que llegó a ejercer el magisterio en las cátedras de la Escuela de Guerra". (31)

         Refiriéndose a los antecedentes de este tipo de conducta, Bray señala: "La historia de América conquistada y colonizada por los españoles configura todo un proceso, varias veces secular, de movimientos revolucionarios, proceso que se inicia durante la propia conquista y perdura hasta nuestros días con la agotadora intermitencia de las fiebres tropicales, rebeldes en la mayoría de los casos a los tratamientos ensayados hasta la fecha, La llamada "siesta colonial" no existió jamás". (32)

         A los mencionados movimientos los clasifica en cuatro tipos, excluyendo la época contemporánea: conflictos entre los propios conquistadores; insurrecciones de las clases sometidas; rebeliones locales contra las malas autoridades de la Corona; y movimientos emancipadores de los denominados criollos.

         Continuando con su descripción, sigue diciendo Bray: "Afianzada la emancipación política de los nuevos Estados y juradas las respectivas Cartas Orgánicas de su régimen institucional, inspiradas todas ellas en los principios más avanzados del liberalismo, no por eso advino al continente iberoamericano un clima de sosiego y cordura. Fue lo que hizo decir a Bolívar: Todo los que hemos servido a la Revolución aramos en el mar". Libres del yugo español, continuaron preponderando en nuestras colectividades, de formación volcánica y siempre ávidas de sangre, la supremacía de la fuerza y el factor avasallante de las armas. Sucediéronse -dentro ya de cada país soberano- los golpes de Estado, las dictaduras y el fenómeno demoledor y pernicioso del caudillismo hecho lanza, o bien oculto entre los pliegues de una toga, cuando no embozado en las sagradas vestiduras de un hábito sacerdotal''. (33)

         Una semblanza acabada de la milicia paraguaya sería incompleta e inexacta desconociendo algunos de los varios conceptos referidos al soldado paraguayo, por aquellos que, en el desafortunado ayer, fueron sus ocasionales adversarios. En tal sentido se debe coincidir que el honrar al contendor con elogios que transponen las fronteras de la admiración -como el caso de Rommel entre las tropas del Ejército Aliado-, no deja margen de duda sobre la honestidad y equidad de los juicios emitidos.

         Los siguientes juicios extractados de publicaciones realizadas fuera del ámbito nacional paraguayo eliminan todo atisbo de sospecha sobre cualquier presunta parcialidad interesada y sectaria:

         "(...) Todos los encuentros, todos los asaltos, todos los combates habidos desde Coimbra a Tuyutí, muestran y sustentan de una manera incontestable que los soldados paraguayos son caracterizados de una bravura, de un arrojo, de una intrepidez, y de una valentía que raya a la ferocidad, sin ejemplo en la historia del mundo"(...)

         "(...) El soldado paraguayo prefiere morir a rendirse (...) la moral de ese ejército ya derrotado aumenta en la derrota y cuando sus soldados están bajo la mirada de López, se sienten magnetizados, pudiendo hacer lo imposible (...) lejos de economizar su vida, parece que buscan con frenético interés la ocasión de sacrificarla heroicamente y de venderla por otra vida o por muchas vidas de sus enemigos" (...)

         (...) Vuestra Majestad tuvo a bien encargarme muy especialmente del empleo del oro, para, acompañado al sitio, solucionar la campaña del Paraguay, que viene haciéndose demasiado larga y cargada de sacrificios, y aparentemente imposible por la acción de las armas; pero el oro, Majestad, es materia inerte contra el fanatismo patrio de los paraguayos, desde que están bajo el mirar fascinante y el espíritu magnetizador de López. Y es preciso convencerse, pues será crasa necedad mantener todavía lo contrario, que: los soldados, o simples ciudadanos, mujeres y niños, el Paraguay todo cuanto es, y López, son una misma cosa, una sola cosa, un solo ser moral e indisoluble. (... ) (Despacho privado del Marqués de Caxias a su Majestad el Emperador del Brasil Don Pedro II). (34)

         "(...) Los pilas [paraguayos] desafían la muerte sin miramientos. Temerarios, combaten procurando poner en ridículo a su adversario. Se mofan de él, se complacen en aturdirlo con gritos salvajes, que imitan el aullido de las fieras del monte, o el relincho de potros cerriles. Parece que la guerra les es cómoda. Diríase que complementa el ansia de su existencia selvática. Lucen blusa y pantalón color verde olivo, sombrero de trapo con ala ancha, y una parte de ella levantada sobre el rostro, como quien quisiera destacar la prestancia de su porte. Se equipan con poncho arrollado a la bandolera, bolsa de municiones y de víveres al mismo tiempo, una lata de agua colgada al cinto; el fusil, el yatagán y granadas de mano pendientes en el correaje. A ninguno le falta la "guampa" de cuerno de res para matear. Mezclan la galleta con yerba mate y dominan el hambre (cururú); combinan agua con la misma, y sacian su sed (tereré). Hacen resaltar la arrogancia de su figura protegiéndose las piernas con tiras de vacuno. Los zapatos los llevan pendientes al hombro como cosa inútil. El filoso cuchillo lo utilizan para todo menester, lo mismo cortan con él su "zoquete" de carne, como lo hunden en el cuerpo del adversario. Andan por la espesura con agilidad felina. Gritan al hablar, con guturaciones extrañas, que saben a rumor de selva. Casi todos cantan y tocan el "mbaraca" (guitarra). Son dados a la poesía y a la música. En el combate cuerpo a cuerpo nos aventajan. Lo reconocemos, por lo mismo, preferimos despacharlos a prudente distancia. (...)" (My. Alberto Taborga T. [Oficial boliviano]-Diario de Campaña. Guerra del Chaco. - 28 de setiembre de 1932). (35)

         Esta exposición de los lineamientos generales de la institución militar del Paraguay, en sus periodos colonial e independiente, permite comprender las razones y circunstancias de su protagonismo social, que, a través de la historia, fueron delineando sus contornos, hasta la conformación y configuración de sus rasgos distintivos contemporáneos.

 

         Como el Ejército es el medio directo e inmediato de la defensa de la patria, lo que se hace por él, se hace por ésta.

 

         Eligio Ayala

 

 

 

NOTAS

 

(1)     Velázquez, Eladio Rafael: Organización Militar de la Gobernación y Capitanía

General del Paraguay. Academia Nacional de la Historia. Caracas, Venezuela, 1979, p. 418.

(2)     Ibíd., p. 420.

(3)     Ibíd., p. 422.

(4)     Ibíd., p. 429.

(5)     Ibíd., p. 431.

(6)     Ibíd., p. 437. (Cit. Fulgencio R. Moreno. "Estudio sobre la Independencia del Paraguay". 1911, pp. 233/237)

(7)     Ibíd., p. 449

(8)     Ibíd., p. 450/451.

(9)     Ibíd., p. 451.

(10)   Ibíd., p. 453.

(11)   Ibíd., p. 457.

(12)   Moreno, Fulgencio R. Estudio sobre la Independencia del Paraguay. Carlos Schauman Editor. 3ª. edición. Asunción, pp. 68/69.

(13)   Colmán Villamayor, César J. Reseña en torno a instituciones del Paraguay Colonial; sus principales funcionarios y su prototipo, el Coronel realista José (de) Espínola y Peña, la Independencia Nacional. Facultad de Filosofía, Asunción. Año 2000, p. 61.

(14)   Vargas Peña, Benjamín. Los Ideales del Paraguay y otros ensayos. Editorial Corrientes. Corrientes, Rca. Argentina, 1954, p. 13.

(15)   Publicación Oficial: Documentos Oficiales de la Mediación Pacífica de la República del Paraguay en la Disidencia Aneada entre los Excelentísimos Gobiernos de la Confederación Argentina y Buenos Aires. Asunción, 1860. Editorial Universo. Cuadernos Republicanos. Asunción, 1980, p. 3.

(16)   Vittone, Cnel. Luis. Dos Siglos de Política Nacional. Imprenta Militar. Asunción, 1975, p. 80.

(17)   Ríos, Ángel F. La Defensa del Chaco. Verdades y mentiras de una victoria. Archivo del Liberalismo. Asunción, 1989, pp. 196/197/198.

(18)   Ibíd. Presentación de José Fernando Talavera.

(19)   Riart, Gustavo. El Partido Liberal y el Ejército. Cuadernos Históricos. Archivo del Liberalismo. Año III, N° 16, Julio/Agosto 1990. Asunción, p. 13.

(20)   Olmedo A., Cnel. DEM Agustín. Historia del Colegio Militar Mcal. Francisco Solano López, 1915-1985, Tomo I. Imprenta Militar. Asunción, 1990, p. 21.

(21)   Riart, Gustavo. El Partido Liberal y el Ejército. Cuadernos Históricos, Archivo del Liberalismo. Año III, Nº 16, Julio/Agosto 1990. Asunción, p. 21/23.

(22)   Ríos, Ángel F. La Defensa del Chaco. Verdades y mentiras de una victoria. Archivo del Liberalismo. Asunción, 1989, p. 105.

(23)   Ibíd., p. 106.

(24)   Ibíd., pp. 107/108

(25)   Samaniego, Gral. Div. Marcial: Las FFAA de la Nación en el decenio de la pre Guerra del Chaco hasta la Victoria de Boquerón. Imprenta Militar. Asunción, 1979, p.33.

(26)   Ibíd., pp. 34/35.

(27)   Riquelme, Marcial Antonio. Stronismo, Golpe Militar y Apertura Tutelada. RP Ediciones. Asunción, 1992, p. 45.

(28)   Ibíd., p. 50.

(29)   Ibíd., p. 52.

(30)   Rial, Juan. Paraguay. Los Militares en el proceso de Transición desde un Régimen Neopatrimonialista. "Programa de Relaciones Cívico Militares". Mayo a Noviembre/ 1996, p. 3.

(31)   Speratti, Cap. Juan. Política Militar Paraguaya. Buenos, Argentina, 1955, p. 45/46.

(32)   Bray, Cnel. Arturo. Militares y Civiles: Estudio psico-patológico del pronunciamiento. Carlos Schauman Editor. Asunción, 1984, p. 49.

(33)   Ibíd., p. 50.

(34)   Chiavenatto, Julio José. Genocidio Americano: A Guerra do Paraguai. 3º edición. Editora Brasiliense. Sao Paulo, Brasil, Año 1979, pp. 153/154

(35)   Taborga T., My. Alberto. BOQUERÓN. Diario de Campaña. Guerra del Chaco. 2a edición. Librería y Editorial Juventud. La Paz, Bolivia. Año 1970, pp. 102/103.

 

 

 

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-        SERIE ENFOQUES. Publicación Trimestral del Centro Paraguayo para la Promoción de la Libertad Económica y de la Justicia Social (CEPPRO). Asunción, Paraguay.

-        SERVICIO PAZ Y JUSTICIA - PARAGUAY (Serpaj-Py). Gastos militares en Paraguay (Araceli Cabello Luque). Serie Presupuesto. 1988-1999.

-        SERVICIO PAZ Y JUSTICIA - PARAGUAY (Serpaj-Py).Gastos militares en Paraguay (Hugo Valiente y Juan Carlos Yuste). Serie Presupuesto. 1998.

-        SERVICIO PAZ Y JUSTICIA - PARAGUAY (Serpaj-Py). Rompan filas. Servicio Paz y Justicia. Asunción, Paraguay, 1996.

-        TESTIMONIO Y PROYECCIÓN DE UNA VOCACIÓN. Ejército de Chile.

-        VERDE-OLIVA. Revista del Exército Brasilero, N° 170, Edición Especial.

 

 

 

 

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