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REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY

  IV ÉPOCA - Nº 04 / OCTUBRE 2002 - REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY


IV ÉPOCA - Nº 04 / OCTUBRE 2002 -  REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY

 REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY.

POETAS - ENSAYISTAS - NARRADORES.

IV ÉPOCA - Nº 04/ OCTUBRE 2002,

Editorial Arandurã,

Asunción-Paraguay, 2002 (239 páginas)

 
 

PALABRAS PRELIMINARES
 
El PEN Club se fundó en Londres en el año 1921 y de acuerdo a lo expresado por su fundadora, Catharine Amy Dawson Scott, fue con la finalidad de reunir a los escritores para intercambiar ideas sobre temas literarios de actualidad. Su primer presidente, el Premio Nobel John Galsworthy, manifestó que la creación tendía "a la comprensión internacional y la paz". Rápidamente la idea se extendió a otros países, y en la actualidad existen más de 100 centros en el mundo.

En el punto 4 de los Estatutos del PEN Club se lee "el PEN defiende el principio de la trasmisión sin barreras del pensamiento, dentro de cada nación, así como entre las naciones. Sus miembros se comprometen a oponerse a toda forma de supresión de la libertad de expresión en el país y dentro de la comunidad a la cual pertenecen, así como en el ámbito mundial dondequiera que ello sea posible. El PEN se declara partidario de una prensa libre y se opone a la censura arbitraria en tiempos de paz. Cree que el avance necesario del mundo hacia formas políticas y económicas altamente organizadas hace que la libre crítica de los gobiernos, administraciones e instituciones sea imperativa. Y, puesto que la libertad implica restricción voluntaria, los miembros se comprometen a oponerse a los males de una prensa libre, tales como las publicaciones mendaces, la falsedad deliberada y la distorsión de los hechos con fines políticos y personales".

El PEN Club del Paraguay se creó, según los datos orales que poseo, dentro de la década del 50, siendo uno de sus fundadores y presidente por muchos años el historiador Julio César Chaves. Desde entonces pasaron por el club numerosos escritores de renombre nacional e internacional, algunos como dirigentes, otros como contertulios de las siempre amenas reuniones que se realizaban en los sitos más variados y extravagantes, si se quiere, como "El Marino", que estaba ubicado en Tte. Fariña y 22 de Septiembre, "El Trigal" de Tacuary casi 25 de Mayo, el "Nick" donde nos refugiábamos a puertas cerradas cuando regía el Edicto.

También fuimos huéspedes del Circolo Italiano, hasta que lo demolieron y por último la marejada de bohemios se asentó en el bar "San Roque ", que hasta el presente es el punto de referencia del PEN Club del Paraguay.

Esta vida nómada es la que no permite poseer datos más precisos acerca de la historia de nuestro club en el Paraguay. Lo que sí hay de cierto es que en enero de 1977 se presentó al público el primer número de la revista del PEN Club del Paraguay dedicada a los Poetas, editada por el Fondo Editor Paraguayo; el segundo número los Ensayistas se presentó en abril de 1978, y el número tres los Narradores en diciembre de 1979, estos dos últimos a cargo de Ediciones "Comuneros" y todas ellas bajo la dirección de William Baecker, siendo presidente de la institución el Dr. Alejandro Marín Iglesias.

En septiembre de 1984 se publicó el cuarto número de la revista, conteniendo trabajos de los poetas, ensayistas y narradores del club. Otros dos números de la revista, que no poseo, aparecieron entre 1988 y 1989.

Durante los años posteriores decayó la actividad del PEN, hasta que el 7 de junio del año 2000, un grupo de escritores, todos ellos miembros de antiguo del club, decidieron reestructurarlo. Se convocó a una asamblea extraordinaria y se labró el acta correspondiente al reinicio de las actividades. Ocupó la presidencia el poeta Luis María Martínez, secundado por una comisión directiva deseosa por dar nuevos bríos al PEN Club del Paraguay, para lo cual se buscó y se encontró la forma de reiniciar la publicación de nuestra revista, cuyo cuarto número ofrecemos hoy.

Este trabajo es resultado del entusiasmo de los socios que conforman nuestro club, quienes movidos por su interés en la literatura en general y la paraguaya, en particular, aportaron los trabajos que dan cuerpo a esta antología poco común, pues reúne en sus páginas a Poetas, Ensayistas y Narradores.

El PEN Club del Paraguay es una asociación de hombres y mujeres que escriben y cuya participación en el quehacer cultural de nuestro país es destacada. La mayoría de sus socios mantiene un ritmo de publicación que hasta resulta sorprendente dadas las circunstancias adversas por la que atraviesa nuestra patria en lo referente a la economía, la cultura, la educación y en especial a la formación axiológica de la juventud.

Sin embargo, no es nuestra intención reclamar nada en este momento y mucho menos solicitar ayuda. El PEN Club del Paraguay es autosuficiente para llevar a cabo sus emprendimientos, para buscar los recursos que exige la publicación de una obra como ésta que ponemos en manos de nuestros amigos, de las personas anónimas que de un modo silencioso apoyan al escritor paraguayo, en manos de quienes comprenden la necesidad imperativa de sacudir a nuestra sociedad del marasmo en que se encuentra y arrancar a la juventud de ese duermevela pasmado originario de la mediocridad sin esperanzas del entorno en que se desenvuelve, víctima de mezquindades ajenas, de la codicia voraz y el egoísmo destructivo a que nos arrojó el maridaje inescrupuloso de la ignorancia y la ambición.

Una juventud que no lee es una juventud perdida y una juventud que no piensa está condenada a la aceptación sumisa o interesada de las mentiras del pasado y del presente.

La literatura le ofrece, en la alternativa de sus variadas formas, la posibilidad de ejercer el derecho al pensamiento y a la crítica. Abre un nuevo surco donde puedan germinar ideas diferentes a las que se manejan a diario y permite al lector cruzar el jardín secreto del autor y descubrir en él las resonancias de sí mismo, identificándose con esa realidad ajena y propia, esa realidad humana y eterna que se encierra en toda obra de arte.

El PEN Club del Paraguay alberga en su seno a hombres y mujeres disímiles y sin embargo, esta obra que se entrega a la opinión pública es la muestra fehaciente de la armonía que puede existir en medio de la diversidad de ideas, sentimientos, objetivos, sueños y deseos.

El escritor es esencialmente un ser que sueña. Ni la erudición de un ensayó, ni el vuelo poético, ni la fuerza de un relato escapan a esta condición propia de la creación. Si no se sueña, es poco probable alcanzar la creación.

Para concluir con este discurso, creo oportuno destacar la vocación del editor, don Cayetano Quattrocchi, quien a través de Arandurã Ediciones acompaña el trabajo creativo de tantos escritores que como nosotros, los componentes del PEN Club del Paraguay, le somos deudores de la posibilidad de ver el nacimiento de un nuevo hijo de la creación literaria, y ello se debe a que Cayetano es también un soñador, como otros, sin duda, sólo que él consigue que los sueños se vuelvan realidad.


Presidente del PEN Club del Paraguay Asunción, octubre de 2002
 
 
 

ÍNDICE
 
Palabras preliminares

POETAS

ACOSTA. Delfina: Después de mucho saludar/  En Paraguay prohibieron

AYALA DE MICHELAGNOLI, Margot: Patria

BAECKER, William: Ese instante/ Apenas una lágrima/ Juego sin final

BAREIRO SAGUIER, Rubén: Lluvia

CABALLERO FIGÚN, Miguel: La lira perdida

CARMAGNOLA, Gladys: En la fila/ ¿Por qué?/ Antes de que me vaya/ Cáscara

CASARTELLI, Víctor: Recuerdo

CASOLA, Augusto: Lapachos  / Tus ojos/ Pregunta

CHAVES, Raquel: El corazón de lo real/ Tarde cruel/ Casi soneto

DELGADO, Susy: Allá van

FERRER, Renée: XIX/ IX

GONZÁLEZ CANALE, Aurelio

LÓPEZ Nila: Tiempo, luz, infinito

MARTÍNEZ, Luis María: Mucha España/ ¿El Verso, el verso?/ Escritor

PISTILLI, Fernando: Amigo/ Asunción/ Mar muerto/ Un café en Jerusalem

RAUSKIN, J.A.: Fin de un verano/ El refugio/ Noche nuestra/ En el idioma de la lluvia

RIVAROLA, Domingo: Remembranzas/ Espera
 
ENSAYISTAS

DE  PAULA GOMES, Abelardo: “Los sertones" (os sertões), centenario de un clásico de iberoamerica

KASAMATSU, Emi: Recogiendo silencios, el lenguaje de las mujeres

MARTINEZ, Luis María: Deodoro Roca, Pensador de América

RODRIGUEZ ALCALÁ DE GONZÁLEZ ODDONE, BEATRIZ: Dos Mariscales
 

NARRADORES

ARGÜELLO, Manuel E.B.: ¿Apenas un sueño?

AYALA DE MICHELAGNOLI, Margot: La casa de la calle Estrella N° 33

BAREIRO SAGUIER, Rubén: De como el tío Emilio ganó la vida perdurable

CASOLA, Augusto: La jarra de limonada

DELGADO, Susy: La canción de la abuela

FERRER, Renée: El ovillo

GONZÁLEZ REAL, Osvaldo: El mesías postergado

PÉREZ CÁCERES, Lita: El secreto de Sara Quinlan

PÉREZ-MARICEVICH, Francisco: El encuentro
 
 
 
 
 
 
POETAS
 
 
LA LIRA PERDIDA
a la memoria de mi gran amigo
y compañero Raimundo Careaga
 
Te has ido como un río
a hendir el viento de algún mar profundo.
Nos dejaste el vacío,
tu pensamiento impío
partió para buscar un nuevo mundo.
 
Mi lira está perdida,
quedó sin la presencia del ensueño.
La música sin vida
con su clave escondida
se desmayó en la claridad del sueño.
 
Estás tomando un vino
con Marx, con Engels, con el Che Guevara.
Qué raro es el destino
terrible desatino
que tu lumbre en la noche nos restara.
 
Sonó la guerra un día,
fulminados los soles de Febrero.
Después un
mediodía
tu mano con la mía
encontraron su esencia en el acero.
 
Tus cenizas, hermano,
han vuelto ya sin odio al alter ego.
El Yvaga profano,
un lirio en cada mano
y un verde eterno que nació en el fuego.
 
Encontraste en la nada
los confines geométricos del cielo.
Después tu llamarada,
tu centella imantada
atraparon mis sombras en su vuelo.
 
Me cuesta, compañero
encontrar las palabras del delirio.
Tu verbo está primero
eterno prisionero,
clavel rojo teñido en el martirio.
 
Por fin tu voz y el viento
rasgando el éter y el amor divino.
Oculto está el momento,
lejos el pensamiento
y muy cerca de ti mi antiguo vino.
 
 


Voy a mantenerme siempre en tu corazón
para nunca volver atrás
me hice un juramento ante Dios
que el paso dado contigo
es para siempre
 
yo sé de dolores... sé de la vigilia del marinero,
también sé que el barco no siempre
vuelve a las mismas aguas
 
¡fui por mucho tiempo peregrino del amor!
 
avivé muchos sueños; alguna vez me dañaron el alma...
 
te ganaré el corazón para no devolverte más.
Santander (España) 2000
Así son las cosas de la vida
tienen sus estaciones y el invierno llega
 
pero siempre será primavera
porque en mi corazón... tus cartas,
las servilletas con dedicatorias,
las flores secas dentro de algún libro viejo,
los besos bajo la lluvia...
¡son vidas que hacen a la vida!
 
y, llega el invierno con su paisaje
algo triste, algo ausente...
 
pero tú eres mi primavera
porque tus cartas están vivas y perfumadas
debajo de mi almohada.
Las Palmas (España) 2000


Si por el azar de la vida no puedas cumplir tus sueños
yo los voy a despertar en mi vida dando así más corazón a mis sueños
 
no será fácil...
tus alas son de mar y tus ilusiones, pecho de paloma
y tu abrazo, ¡primavera pura!
 
¡quién pudiera tener tus ojos y tus labios, manjares de amor!
 
... en mi vida, tus sueños que ya son mis sueños
San Sebastián (España) 2000
 
Quiero quererte como tú me quieres
quiero que me quieras como yo te quiero
 
sin que tú me niegues la ilusión
sin que yo te niegue los sueños
sí, dándome un itinerario de amor seguro
sí, dándote un hogar con muchas ventanas
 
-¡quiero quererte como tú me quieres
que me quieras como yo te quiero!
 
-¡ ... sí, brindar, en la noche,
con lágrimas de alegría...
una emoción de ternura, de eternidad!

San Ignacio de Loyola (España) 2000
 


AMIGO
Para José-Luis Appleyard

Era de mayo,
era mi amigo
y amaba vivir.
Le gustaban tantas cosas,
le gustaba cómo suena un vaso de bon vino,
aunque tomaba vinos malos
encorchados y marcados varias veces,
por eso yo no lo acompañaba.
Odiaba las mañanas y tenía mal carácter
-era poeta-
pero amaba las siestas y las primas.
Veía telenovelas y almorzaba con Mirtha Legrand,
una parte suya siempre quiso actuar.
Amaba las violetas, por su sencillez decía,
aunque yo creo que por las de Madrid
y por Casilda.
Mi madre y Pilar dicen que nunca vieron
manos más bellas.
Monologaba con sus fotos de juventud
de un amor y una playa muy lejanos.
También plantó un árbol y tuvo un hijo.
Le gustaban las rosas y el lazo
a mí sólo me gusta la rosa,
pero eso no nos distanciaba.
Los viernes
las diez como hora
el San Roque, una mesa
los Plá, William, mis padres,
Víctor y sus olvidos,
los amigos recordados,
los cañonazos,
las anécdotas,
su corona rota por ser cerrista,
-¡qué triste nunca me vencía!-
el ciprés,
las palabras,
las palabras siempre
y esa eterna Vagabunda
de silencios compartidos.
Luego un taxi y el lugar
que más tardara en cerrar.
Cada marzo le ganábamos una hora a la vida.
Editamos un libro, ganó un premio y perdimos dinero.
 
Es febrero,
los periódicos cuentan que murió el poeta,
el poeta está vivo.
Yo les cuento que se me murió mi amigo.
 

ASUNCIÓN
Me han robado Asunción.
Me han robado su día,
con sus máquinas feroces
me la han quitado,
y sólo quiero
recorrerla en silencio,
doblar sus esquinas
dejarla ser en sus muros
los amantes nocturnos
que buscan transgredir
el ruido hipócrita
de una ciudad que muere
en sus torres nuevas.
Por eso,
la camino de noche
-cuando es mía-
a lo largo y a lo ancho,
la subo, la bajo y la cruzo
siete veces.
Camino
sus veredas irregulares
donde ya no hay naranjos,
donde ya no hay flores
pero siento el olor intenso
-imaginario o imaginado-
de jazmines,
en el asfalto aún tibio
por el sol de temprano.
La voz caminando,
y cuando empieza
a llegar la mañana
parto la Oliva
y me siento entre 14 y 15
a esperar un colectivo,
que también recuerda
la ciudad que amo
y se va quedando
en estos versos
. ya lejanos.
 

MAR MUERTA
Cálido mar
de sal muerto muerto
de sal.
Cálido mar
que me flotas
te floto
y en mi cuerpo
dibujas,
blancos caminos
antes no vistos.
Cálido mar
aquí a cuatrocientos
metros de otros mares,
Mar -de sal- muerto
yo -de sal- vivo.
 



ENSAYO
 
 
DOS MARISCALES
 
Nada más apasionante, para quien investiga la historia de un pueblo, que trazar paralelos entre sus figuras cumbres que ayuden a comprender las distintas épocas y circunstancias que, en cierta manera, condicionaron sus respectivas conductas y, por ende, el devenir de la nación, sin olvidar la incidencia que en las mismas pudo haber tenido la índole personal de los protagonistas.

Basta asomarse a la historia de nuestro país para sufrir de inmediato el fuerte impacto de sus dos mariscales que asignaron etapas cruciales de la vida nacional y encarnaron la defensa.
Anímicamente opuestos entre sí, José Félix Estigarribia comprende desde niño que los logros exigen sacrificio y disciplina. En sus deseos de superación, abandona el humilde hogar paterno de Caraguatay para ingresar a la Escuela de Agricultura de Trinidad, de donde luego egresará ocupando el primer puesto de su promoción.

La carencia de medios para montar un establecimiento agrícola lo impulsa a proseguir el bachillerato en Asunción. Para ello, deberá ayudarse económicamente con el magro salario de un empleo que desempeña en los tribunales.

Durante esos años -1906/1908- reside en Trinidad, desde donde viaja diariamente a la capital en el tren de las seis de la mañana.

Pero esta etapa de su vida es bruscamente interrumpida por la revolución de 1908, a la que nuestro joven estudiante adhiere con todo el fervor de su juventud idealista.

Y si bien este golpe tiene por secuelas la anarquía y el atraso, podemos afirmar que para el país fue providencial, ya que, merced a él, el futuro vindicador del Chaco y del honor nacional abandonará definitivamente el agro para ingresar al Ejército. Más tarde, cuando el ambicioso coronel Albino Jara deponga de la Primera Magistratura a don Manuel Gondra, y se vea envuelto en nuevas luchas civiles, que le costarán la vida en Paraguarí, Estigarribia, oficial de las fuerzas gubernativas, será herido en Estero Bonete. Posteriormente, tras su recuperación, por orden del Gobierno viajará a Chile para continuar sus estudios.

La dura experiencia vivida lo incita a hacer un juramento íntimo que habrá de ser norma de toda su vida: el de no sublevarse jamás y ser siempre leal al gobierno establecido.

***

Por su parte, Francisco Solano López, si bien durante su infancia se vio reducido al ostracismo impuesto por el dictador Francia a su familia, desde muy joven gozó de los halagos de la fortuna y del poder, al ser electo su padre Primer Presidente Constitucional del Paraguay en 1844.

General de la nación a los diez años de edad, Solano López realiza tiempo después una larga gira por Europa, representando a su egregio padre. El lujo y el confort rodean su vida; se trata con europeos ilustres e incluso tiene acceso a Napoleón III, cuya fuerte personalidad lo impacta vivamente.

Todo ese boato y refinamiento signarán definitivamente su temperamento apasionado, proclive a la sensualidad. Cuando regrese, no lo hará sin traer consigo los muebles más finos, los adornos más exquisitos. Posteriormente, se hará construir un suntuoso palacio, en una ciudad de casas modestas y arenosas calzadas.

Tampoco dudará en importar una bella y desprejuiciada amante y la impondrá a una sociedad austera y tradicional, profundamente arraigada a sus principios morales y religiosos, que nunca transigirá de buen grado con ella.

***

Estigarribia también vivió unos años en Europa, pero su vida fue de contracción al estudio y disciplina. Aventajado alumno de la Escuela Superior de Guerra de París, mereció honrosas distinciones de su director, general Hering, y fue recibido en su casa por el Mariscal Foch, quien lo distinguió con su amistad.

Ya en aquellos años su obsesión era el Chaco; así lo afirma en sus Memorias el capitán José A. Bozzano, que lo visitó en París. Ansioso de aprender, Estigarribia absorbía cultura por todos los poros. A su gran amigo, el hoy coronel Carlos J. Fernández, le escribía: "Yo no creo que valga la pena enviar jefes a Europa para copiar programas de instrucción y hacer crónicas de fiestas. Yo voy a prepararme al máximo, lo estoy haciendo, en las altas técnicas, lo que es imposible hacer en nuestro país; nadie, en igualdad de condiciones, lo prometo, hará en Europa más que yo". El futuro gran estratega se halla en la fragua; de ella saldrá sereno, maduro, seguro de sí, listo para emprender la gran hazaña.

***

Francisco Solano López cosechará laureles en la Argentina, interviniendo brillantemente, en 1.859, en un conflicto interno. Años después, su excesiva autovaloración le hará olvidar el tino y la mesura empleados en sus gestiones con Mitre y Urquiza, y declarará la guerra al Brasil y luego a la Argentina, sin detenerse a analizar con calma las consecuencias de su actitud para el progresista país que le legara su padre.

Es que López, por su temperamento, jamás se hubiese avenido a escribir una historia pequeña; su vida toda estaba signada por el gigantismo. La bebió a grandes sorbos, sin arredrarse ante la prisa que hace más próximo el final.

Nada en su vida fue pequeño; ni sus amores, ni sus odios, ni la ambición, ni ese orgullo férreo que lo sostuvo hasta el final. Hasta su muerte, fue una muerte a su medida; de haber muerto de muerte natural, el Mariscal de Hierro no sería hoy para su pueblo uno de sus más grandes héroes, símbolo del holocausto de toda una generación, que bien pudo haber hecho suya la antológica frase: "En mi fin está mi comienzo".
 

***
 

El Mariscal del Chaco, su antítesis humana, es un hombre mesurado y modesto. Nada en él, a primera vista, hace intuir al genio militar que habrá de redimir al país de humillaciones y derrotismo, imprimiendo un cauce nuevo a la vida nacional.

Su proceder jamás será tributario de impulsos temperamentales; su sabia estrategia tendrá por fundamento la más pura técnica militar; todo lo que haga y decida será siempre el resultado de largas, concienzudas cavilaciones. No es un carismático que enfervoriza las multitudes, pero su brillante conducción se irá ganando el respeto y la adhesión incondicional de su ejército, al que conducirá a una aplastante victoria.

***

Francisco Solano López amaba los golpes de audacia, las acciones espectaculares, que a costa de muchas vidas, las más de las veces, sólo lograban pequeños triunfos -la captura de algunas piezas de artillería o una simple bandera enemiga-, que para nada incidían en el resultado final. Ejemplos de ello: el ataque a las fortificaciones de Tuyutí, el 3 de noviembre de 1867, y la batalla de Rubio Ñu, en que fueron inútilmente sacrificados cerca de tres mil niños, cuando tanto pudieron haber dado de sí, posteriormente, en la dura, tremenda etapa de la reconstrucción nacional.

***

Estigarribia busca el aniquilamiento de las fuerzas enemigas y no sacrifica estérilmente hombres en gloriosas e inocuas acciones; sus golpes locales son certeros y siempre convergen a un fin. Ataca o contraataca, adaptándose al estilo del contendor; emplea el "corralito", en el que sus comandos y tropas se hicieron expertos, cuando las condiciones del terreno lo permiten. Su lema es "mientras estemos unidos seremos invencibles". No disgrega sus fuerzas; por el contrario, las concentra para sus grandes acciones y logra así triunfos memorables.

Sabe adentrarse en la psiquis del enemigo y cuando éste no esperaría una reacción de nuestra parte, por la difícil situación de nuestras tropas, lo sorprende violentamente en El Carmen, logrando una de las victorias decisivas de la guerra, al más bajo costo en vidas para nosotros.

Consecuencia de El Carmen será la asombrosa marcha hacia Yrendagüe y la posterior captura de sus pozos, lo que provocará el aniquilamiento de todo un cuerpo de Ejército enemigo.

Si los triunfos no lo vuelven eufóricos, tampoco le desmoraliza ni enfurece la derrota. Su calma imperturbable infunde optimismo y confianza a los suyos, impulsándolos a las más arriesgadas acciones.

Ecuánime, concreto, hábil para elegir a los ejecutores de sus planes en misiones determinadas, da oportunidad a que se le hagan sugerencias, sin dejarse influir por las rivalidades que pueden existir entre sus subalternos. Sus instrucciones, traducidas en órdenes, son concisas, pero dejan margen a las iniciativas de sus subordinados.

Nada más lejos de él que el autócrata; jamás ejercerá el mando con arbitrariedad ni apelará el terror para hacer valer su autoridad. En tres años de guerra no firmará una sola orden de fusilamiento, y a quienes pretendan que lo haga, les dirá: "¡Pobres muchachos, pasan tantas penurias y miserias que, posiblemente, yo a su edad y en sus circunstancias también hubiese sido desertor!".

Cuando tras el revés de Strongest el capitán de Aviación Isidro Jara le da el informe, no tiene una sola palabra de reproche para nadie, pese a haber planeado concienzudamente la maniobra que pudo ser brillante, de no haber fracasado sus comandos: "Capitán Jara -dice-, agradezco y felicito a su escuadrilla. Transmita usted mi profundo reconocimiento a toda la tripulación que, participó en la acción; el capitán Joel Estigarribia hizo lo imposible y pasa como el mimado de la historia de esta batalla".

***

En circunstancias similares, López declarará traidor al coronel Francisco Martínez, héroe de Humaitá, de Isla Poí y otras acciones; tratará de forzar, por medio de horribles torturas, a su joven esposa a abjurar de él, y al no lograrlo, la hará ejecutar, ingresando así a nuestra historia Juliana Insfrán de Martínez como el más acabado ejemplo de coraje, amor y fidelidad conyugal.

Suspicaz y desconfiado por su naturaleza, Solano López se sentía acosado por la traición; esta obsesión, agudizada a medida que sus circunstancias se hacen más y más perentorias, costará las vidas de sus hermanos Benigno, del obispo Palacios, de su cuñado el general Barrios, del canciller José Berges, de Pancha Garmendia y de muchos otros, en los tristemente famosos Tribunales de Sangre.

***

Patriota hasta la médula, Estigarribia no buscó ventajas materiales en el ejercicio de sus altos cargos. Cuando la muerte lo sorprendió -¡él que al frente de su ejército había recuperado para el país la cuarta parte de su territorio!- no tenía un solo palmo de tierra propia: los pocos bienes de su familia pertenecían a su esposa.

***

Finalizada la guerra de la Triple Alianza, Elisa Lynch intentará reivindicar para sí y sus hijos el cuantioso legado de su otrora poderoso amante, en el que se incluían, entre otros muchos bienes, ¡cuatro mil leguas de nuestro devastado territorio...!

***

Dos hombres diferentes; dos opuestos destinos. Y el mismo pueblo, valiente y sufrido, que seis décadas más tarde, bajo la conducción de un estratega genial, colmaría de laureles la humillada frente de la Patria.
 
 
 
 
 

 
 
NARRADORES
 
 
LA CASA DE LA CALLE ESTRELLA N° 33
 
La fachada de principio del siglo "art-decor" altas y pesadas puertas en madera esculpida, el llamador, el buzón y los tiradores en bronce, balcones de hierro forjado.

Quedé largo tiempo embelesada mirándola, desperté del hechizo, me aproximé al picaporte, lo giré temerosa: cedió sin esfuerzos, sorprendida me hallé en medio de un zaguán, donde parecía circular un aire frío, el rumor de la calle se apagó.

Permanecí quieta en la penumbra porque escuché a través de la puerta que daba a la calzada, ruidos de cascos, al parecer de una carroza... luego reinó el silencio.

Cuando mis ojos se habituaron a la oscuridad, vi los pisos de mosaicos con arabescos, las paredes revestidas de mayólicas en colores brillantes, el alto techo con rebordes de yeso, y en el cielo raso querubines y guirnaldas.

Una puerta cancel dejaba pasar la luz a través de unos cristales opacos con iniciales en letra gótica.

Me introduje a un patio embaldosado, el aljibe de mármol blanco se destacaba desamparado, mientras una enredadera de jazmín nácar surgía como flor exótica entre el espacio de una baldosa rota, y se enroscaba a la roldana temerosa de violar con su aroma vivo, el sitio desolado.

Triángulo de misterio y silencio rodeaba el entorno; un escalofrío me recorrió; pensé retroceder, y al moverme lo hice hacia adelante...

Una escalera con peldaños vacilantes nacía en el corredor: me aproximé con pasos dudosos y subí lentamente. Me hallé frente a un "hall" de dimensiones insospechadas; un vitral de forma circular con cristales de diversos colores proyectaba extrañas luces.

Quedé deslumbrada y pensé azorada que esta misteriosa casa señorial y fuera del tiempo, debió pertenecer a una familia importante; varias habitaciones daban sobre el mismo patio; la quietud era total y las puertas estaban cerradas, dudando golpeé unas y otras; la última la hallé entornada, empujé con cautela y el corazón palpitando; una vez dentro me pareció amigable, el ambiente trajo algo borroso a la memoria.

Las ventanas altas y agobiantes sin visillos, impersonales y frías, una biblioteca con libros descomunales y polvorientos llamaron mi atención; no por su tamaño sino por sus bordes labrados en bronce. Agucé la mirada y descubrí un lúgubre escritorio, y sentado frente a él a un hombre, que se incorporó al verme y me miró sin sorpresa como si me esperara.

Era de mediana estatura pobremente trajeado de negro, con distinción en el porte, disculpándose no sé de qué.

Me observaba con ojos esquivos, vacilantes y sonrisa de caballero antiguo, comprendí en su actitud que algo lo turbaba, traté de disipar su confusión con un saludo que quiso ser cordial.

Un creciente terror me iba poseyendo y tomando una súbita decisión huí como una exhalación sin despedirme, a mis espaldas escuché un grito angustioso... lo escuché o lo imaginé...

Ya en la calle, inmersa en la confusión de pensamientos y extraños sucesos, regresé a casa, perdida la noción del tiempo.

Durante días y días me asoló el vértigo de la pesadilla. Después de unas semanas, ya repuesta del pánico, decidí hacer una nueva incursión a la misteriosa casa de la calle Estrella N° 33.

Recorrí innumerables veces la cuadra sin hallar rastro, pregunté a antiguos residentes, inútil; entonces recurrí al Registro de Propiedad de la Ciudad de Asunción Antigua, sin respuesta. No logré pista alguna de que hubiera jamás existido una casa en la calle Estrella 33.

La desnudez insólita de lo sobrenatural me arrinconó hacia las fronteras de lo desconocido. ¿Había realmente orillado la cuarta dimensión insertándome en otro siglo o era la alucinación de una incipiente locura?
 
 
 
 
 

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