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ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE


  PARTIDO COLORADO – LAS CAUSAS DE SU CAÍDA, 2008 - Compiladores: ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE/ EDWIN BRITEZ


PARTIDO COLORADO – LAS CAUSAS DE SU CAÍDA, 2008 - Compiladores: ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE/ EDWIN BRITEZ

PARTIDO COLORADO – LAS CAUSAS DE SU CAÍDA

Compiladores: ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE/ EDWIN BRITEZ

 

JULIO BENEGAS VIDALLET, EDWIN BRITEZ, BERNARDINO CANO RADIL,

RAMÓN CASCO CARRERAS, BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO,

JULIO CÉSAR FRUTOS, ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE, JOSÉ NICOLÁS MORINIGO,

MABEL REHNFELDT, JESÚS RUIZ NESTOSA, ALEJANDRO VIAL

Copyright © Editorial Azeta SA. / Los autores 13 de agosto de 2008

 

Diseño de Tapa: Celeste Prieto

Foto: Martín Crespo

Compiladores: Alcibíades González Delvalle/ Edwin Britez

Edición al cuidado de: Rufo Medina

Diseño y paginación: Daniel Suárez

Corrección: Emilia Piris Galeano

ABC COLOR

Editorial Azeta SA,

Yegros 745 - Asunción Tel.: 021 4151000

azeta@abc.com.py

www.abc.com.py



INDICE

A MANERA DE PRÓLOGO

¿Cuándo cayó el Partido Colorado? / Enrique B. Bordenave  

CAPÍTULO I

El Estado paraguayo / Julio Benegas Vidallet 

CAPÍTULO II

Incidencia de la prensa y de la opinión pública / Edwin Brítez 

CAPÍTULO III

La crisis de las internas del Partido Colorado desde 1989 / Bernardino Cano Radil 

CAPÍTULO IV

Las administraciones coloradas vendieron la patria en Itaipú / Ramón Casco Carreras

CAPÍTULO V

Stroessner y el Partido Colorado: Un matrimonio de mutua conveniencia / Benjamín Fernández Bogado   

CAPÍTULO VI

En política los errores cuestan / Julio César Frutos 

CAPÍTULO VII

El Partido Colorado y los Derechos Humanos / Alcibíades González Delvalle  

CAPÍTULO VIII

La influencia de los movimientos campesinos en la alternancia política electoral / José Nicolás Morinigo A. 

CAPÍTULO IX

La corrupción tuvo color: ¡Colorado! / Mabel Rehnfeldt

CAPÍTULO X

«Viva la muerte. Muera la inteligencia» / Jesús Ruiz Nestosa  

CAPÍTULO XI

Una cultura política que debe ser superada / Alejandro Vial



A MANERA DE PRÓLOGO

¿CUÁNDO CAYÓ EL PARTIDO COLORADO?

Este libro, se me dijo, quiere indagar las causas por las que el Partido Colorado cayó del poder con las elecciones del 20 de abril pasado. Bueno, discrepo con tal noción. Creo, sí, que el Partido Colorado ha caído pero que esto no ocurrió con las elecciones mencionadas, sino mucho más tiempo atrás. Lo que cayó el 20 de abril fue solo el grupo -abigarrado, por cierto, y numeroso- que dirigía el partido y el Gobierno, pero que no era propiamente «colorado» o «republicano», sino que se aprovechaba de ambos para ventaja personal de sus integrantes. Fue clientelista, nepotista, prebendarlo, asistencialista quizá, pero no había en él, me parece, sino colorados de fachada; no de fondo.

La Asociación Nacional Republicana, ANR, así como el Partido Liberal, PL, que comenzó llamándose Centro Democrático, se originaron a poco de terminada la Guerra del 70; ambos con ideología liberal. Sus nombres coincidían con los de los dos partidos tradicionales de los Estados Unidos, el Republicano y el Demócrata, ambos ideológicamente liberales, pero el primero con tendencia conservadora, y el otro, progresista; una diferencia de velocidad y de sensibilidades antes que de ideología y principios básicos.

Nuestros dos viejos partidos se desempeñaron en el Gobierno bajo una misma Constitución, la de 1870, de clara orientación liberal. El Dr. Justo Prieto puntualizó que el Partido Liberal se habría fundado con base, entre otros documentos trascendentes, «en los principios expuestos por Jefferson para el Partido Demócrata de los Estados Unidos» (Diccionario del Liberalismo, México 1972, pág. 208).

El Partido Colorado, sin embargo, con el tiempo comenzó a cambiar, y no me extrañaría en absoluto que el hecho de que el Centro Democrático cambiara su nombre por el de Partido Liberal haya sido uno de los motivos por los que la ANR, después de perder el gobierno en 1904, procurara diferenciarse del PL buscando una base ideológica que no fuese tan liberal como la de sus primeros tiempos. Así podría entenderse, quizá, su simpatía hacia el Dr. G. R. de Francia, los López y, en general, al autoritarismo y el dirigismo estatal, así como también que -en ciertos momentos- mirara hacia el PRI mexicano y el APRA peruano o llegara con Duarte Frutos a definirse (de la boca para afuera) como «socialista humanista».

Retornado al poder el 13 de enero de 1947 y tras ganar la Revolución de 1947, pronto se deshizo del dictador Higinio Morínigo e instaló sus propios gobiernos pero con escasa fortuna, sucediéndose varios presidentes (Juan Manuel Frutos, Natalicio González, Gral. Raimundo Rolón, Felipe Molas López, Federico Chaves, Tomás Romero Pereira), lo que me parece que se debió más que nada a la pérdida de su vieja orientación. Seguidamente, aunque no sin serias escisiones, apoyó a Alfredo Stroessner, a quien la mayoría de sus dirigentes se sometió totalmente.

El derrocamiento de Stroessner efectuado por políticos y militares colorados no me resulta fácil de entender. Lo seguro es que la vida útil del dictador llegó a su fin, no solo para la ANR sino acaso también para algún otro factor de poder con gravitación sobre nuestro país. En todo caso, a la ANR, liberada de Stroessner, tampoco le fue muy bien. Tras el general Andrés Rodríguez -jefe del golpe contra Stroessner-, vinieron las presidencias de Juan Carlos Wasmosy (que poco tenía de colorado), de Raúl Cubas Grau (Lino Oviedo con otro nombre), y luego el gobierno de «unidad nacional» de Luis A. González Macchi del que el PLR pronto fue borrado sin que tampoco esto diera lugar a la recuperación de la ANR. Llegó por fin Nicanor Duarte Frutos, bajo el cual la corrupción llegó a extremos y el Partido Colorado, en manos de gente sin ideales políticos, quedó reducido a la nada.

Las elecciones del 20 de abril pasado, en definitiva, no causaron la caída de la ANR. Esta ya estaba caída desde mucho tiempo antes. Las elecciones solamente lo pusieron en evidencia. Creo, sin embargo, que en ese partido hay gente que procurará su recuperación. El viejo PL paraguayo, hoy muy venido a menos como PLRA, también necesita recuperarse, pero no veo señales de que así pueda ocurrir. La democracia paraguaya necesita de los dos antiguos partidos. No se la concibe sin ellos. Ambos deben recuperar su doctrina y su espíritu de servicio a la nación.

Enrique B. Bordenave





CAPÍTULO IV

LAS ADMINISTRACIONES COLORADAS VENDIERON LA PATRIA EN ITAIPÚ

RAMÓN CASCO CARRERAS (*)

 

UNA RARA MEZCLA DE TRAICIÓN, INEPTITUD Y CORRUPCIÓN

¿Fue Itaipú, mejor, el manejo de las entidades binacionales, uno de los factores que hizo posible la remoción de la pesada losa colorada de la administración del Estado nacional 61 años después?

Todos coincidimos, incluso nuestros socios paritarios en las entidades que administran esas colosales hidroeléctricas, especialmente la prensa brasileña, que el abrumador triunfo de Fernando Lugo y la Alianza Patriótica para el Cambio debe imputarse también a la sagaz apropiación de sus estrategas electorales de las consignas sostenidas hace 35 años por ABC Color, por ejemplo, enraizadas ya por consiguiente en los estratos más profundos del sentimiento popular.

Un análisis de las causas de esa derrota cívica que busque sinceramente aproximarse a la verdad tampoco ignoraría esa gota que horadó la roca; nos referimos al trabajo del periodismo de investigación, cuyos picos más relevantes fueron sin dudas los sistemáticos, meticulosos y exhaustivos reportajes publicados por la colega Mabel Rehnfeldt en las páginas de nuestro diario.

Tal vez no hayamos conseguido aún que los responsables de esos sórdidos capítulos de la administración pública nacional, en este caso de las entidades binacionales, sean penalizados por la justicia paraguaya - otro patético capítulo de la corrupción pública de la historia de nuestro país -, no obstante, si evaluamos el comportamiento del elector paraguayo en los comicios del 20 de abril de 2008, una conclusión se acercaría muchísimo a la verdad, y hasta la tocaría: gran parte de esa masa de contribuyentes del Estado, incluso parte de aquellos que se identificaban emocionalmente con los colores del partido que les sirvió en el biberón, se apartó de ellos, no votó por ellos, gracias a la persistente labor de los colegas del periodismo de investigación.

 

LAS PRIMERAS CLARINADAS

Las primeras clarinadas de alerta sobre el pésimo negocio que hicieron los gobernantes de turno de nuestra República datan de 1973, año en que la dictadura colorada cívico-militar, encabezada por el general Alfredo Stroessner Matiauda, firma los dos tratados: 26 de abril el de Itaipú y 3 de diciembre el de Yacyretá.

ABC Color, el 25 de abril de 1973, un par de días después de que se suscribiera en Brasilia uno de los documentos más relevantes de la historia paraguaya, tal vez tanto como el Tratado Secreto de la Triple Alianza contra el Paraguay, firmado en Buenos Aires el 1 de mayo de 1865, con dos de los dictadores más sanguinarios de Iberoamérica -Alfredo Stroessner y Mario Garrastazú Médici- como testigos, publicaba una columna editorial titulada: “Itaipú: gran responsabilidad” en la que advertía que “pocas veces en la historia de la nación habría podido decirse con tan profundo sentido de futuro como hoy. Que está llegando un instante que será de extrema trascendencia sobre su vida” (1).

El 24 de mayo, un mes después, en otro editorial advertía nuestro diario acerca de la “Gran responsabilidad del Congreso”, que esa suerte de “minuto o intersticio democrático”, el legislativo el régimen stroessneriano contaba con genuinos opositores como Domingo Laíno (PLRA), Carlos Alberto González (PLRA), Ligia Prieto de Centurión (PLRA), etc., que plantearon una memorable actitud crítica y de rechazo al documento expelido entonces por la fragua de la Doctrina de la Seguridad Nacional (2).

Los días 25 y 26 de mayo de 1973, en precursoras interpretaciones del documento, despuntaban en nuestro diario los reclamos nacionales que traspondrían el siglo XX y seguirían plenamente vigentes en el aún incipiente siglo XXI: la soberanía nacional sobre el cuantioso caudal de energía eléctrica que habría de generar cotidianamente el coloso suramericano de la hidroelectricidad y el supuesto precio que abonaría a nuestra República la Centráis Elétricas Brasileiras S.A., la poderosa Eletrobrás, por nuestro excedente energético, cuya entrega o cesión, para colmo de males, por el mismo tratado, sería ineludiblemente obligatoria para el socio más endeble en el emprendimiento en cuestión.

“Las cifras en las que este diario estimó lo que Paraguay percibiría por los 30.000 gigawatts (treinta mil millones de kilowatts) de su propiedad que genera Itaipú han sido confirmadas por el canciller nacional en su conferencio de anteayer. Se trata de unos 34,5 millones de dólares año”, advertía el editorial, bajo el título de “A catorce céntimos y medio de guaraní del kilowatt” (3).

 

LAS CIFRAS ACTUALES

Treinta y cinco años después, al cotejar los resultados de esos cálculos iniciales con los actuales valores concluiremos obligatoriamente que los resultados de esos cálculos estuvieron asombrosamente cerca de la verdad. En efecto, el excedente energético paraguayo del que se aprovechó Eletrobrás en el 2007 fue de 37.591.100 megavatios hora, o sea 37.591 gigavatios o 37.591.000.000 de kilovatios hora.

De acuerdo con los registros contables de la Dirección Financiera de la binacional correspondientes a ese ejercicio, Eletrobrás pagó a nuestro país, en concepto de compensación por energía cedida, US$ 100.302.700. Al dividir ambas cifras descubriremos que el monto unitario de la compensación -el supuesto precio de la energía paraguaya en Itaipú- que abona Eletrobrás al Estado paraguayo es de US$ 2,69 por megavatio hora.

Como la unidad megavatio hora es equivalente a 1000 kilovatios hora, descubriremos también que por cada kilovatio hora nos pagan menos de 3 centavos de dólar por kilovatio hora (0,00266 exactamente). Visto que el dólar se cotizaba en julio de 2007 en el mercado cambiario de Asunción en 4.970 guaraníes, concluiremos que por cada kilovatio hora que obligatoriamente entregamos al Brasil recibimos 13 guaraníes con 22 céntimos.

 

EN EL PRINCIPIO, EL CONTENCIOSO LIMÍTROFE

El 26 de abril, recurriendo a la jerga del aficionado al ajedrez, podríamos decir que Brasil coronó una pieza, convirtió en dama un peón, porque un rápido recorrido a través de los escarpados antecedentes del proyecto de aprovechamiento hidroeléctrico de los recursos hidráulicos del río Paraná, pertenecientes en condominio a los dos países desde e inclusive el Salto del Guairá o Salto Grande de Sete Quedas hasta la boca del río Yguazú (4) hará que nos encontremos episodios realmente graves, que llegaron incluso a la agresión militar brasileña contra nuestro país.

En junio de 1965, un destacamento militar brasileño se instaló en el trecho de 20 kilómetros de la línea no caracterizaba aún entre el 341/IV y el Salto del Guairá (Puerto Renato para Brasil).

Con una excusa muy parecida a la que dan las autoridades brasileñas en el presente cuando montan sus operativos policíaco -militares en las inmediaciones de la frontera que separa a Ciudad del Este de Foz de Iguazú, ante los reclamos del Gobierno paraguayo, el presidente brasileño de entonces, el mariscal Humberto Castello Branco, respondía que el propósito de ese destacamento obedecía a la necesidad de mantener en ese lugar “un mínimo de vigilancia para prevenir la formación de eventuales grupos guerrilleros y combatir más eficazmente las operaciones de contrabando” (5).

El 21 de octubre de 1965, los siete miembros de la Comisión de Límites de nuestro país, cuando intentaban verificar los hechos hasta ese momento publicados en la prensa, fueron detenidos por los efectivos militares (6).

“Brasil se encontraba en la senda de una guerra con el Paraguay o, mejor, el Paraguay estaba en la senda de una guerra con el Brasil por un litigio de frontera”, escribía en su memoria Mario Gibson Barboza, embajador del gobierno brasileño ante el gobierno paraguayo en 1966, canciller de la República Federativa del Brasil en 1973, año en que se firmó el Tratado (7).

“El momento de las relaciones brasileño-paraguayas era muy delicado. El Paraguay, que nos disputaba acérrimamente un trecho de la frontera común, estaba conmemorando cien años de lo que denominaba el ‘Martirio de la Raza’. La guerra de la triple alianza que ocurriera de 1865 a 1870. Yo llegaba en 1966. El ‘Martirio de la Raza’ éramos nosotros, los brasileños, como principales vencedores y como país que cargaba el mayor costo de la guerra, que habíamos impuesto a los paraguayos. Era ese el clima a mi llegada: nosotros habíamos aniquilado la nación paraguaya, yo era representante oficial de los autores del martirio” (8).

 

LA POLÍTICA DE LOS HECHOS CONSUMADOS EN TRES ACTOS

Fuentes primarias, protagonistas de relevancia del pasado itaipuano, que pidieron el anonimato, advierten que esa ocupación militar y el posterior apresamiento de los miembros de la Comisión Demarcadora de Límites de nuestro país, así como la parafernalia diplomático-propagandística que se desplegó en su entorno, eran piezas cuidadosamente colocadas de un rompecabezas que la elite gobernante brasileña completaría el 26 de abril de 1973, con la suscripción del Tratado.

La intención era, de acuerdo con esas fuentes, ante esas sutiles manifestaciones del poderío militar económico y militar de la República Federativa del Brasil, convencer a los gobernantes de turno de nuestra República que la única salida lógica, racional, que tenían era firmar el acuerdo bilateral, que sumergiría el contencioso limítrofe bajo las aguas de esa especie de Mediterráneo suramericano, que efectivamente es hoy el embalse o reservorio de agua del aprovechamiento hidroeléctrico de los recursos hidráulicos del río Paraná, con el beneficio adicional de la energía eléctrica.

El sacrificio por inmersión de una de las “siete maravillas” del ecosistema regional, hoy casi olvidada, de acuerdo con la moderna fraseología militar moderna, fue el “daño colateral”, minuciosamente preestudiado y hasta ensayado por la diplomacia y la inteligencia militar del país limítrofe.

 

EL ACTA DE FOZ, EL TERCER ACTO CONTRA EL PARAGUAY

El tercer acto de esa impecable representación, el resultado esperado, luego de solemnes reuniones los días 21 y 22 de junio de 1966 “en puerto Presidente Stroessner” y Foz de Yguazú, los ministros de Relaciones Exteriores de nuestro país y de Brasil, Raúl Sapena Pastor y Juracy Magalhaes, firmaron lo que sería la primera piedra angular del complejo hidroeléctrico Itaipú: el Acta Final de Foz de Yguazú.

El documento fue parcelado en ocho partes. En la primera, los cancilleres “se manifestaron acordes en reafirmar la tradicional amistad entre los dos pueblos hermanos, amistad fundada en el respeto mutuo y que constituye la base indestructible de las relaciones entre los dos países. En la segunda, en estricto arreglo con los ritos diplomáticos, se alude a la necesidad de superar las dificultades que se plantearon entre los dos países, mejor, según nuestras fuentes, las dificultades preparadas y correctamente aplicadas por nuestros vecinos, cuyo primer resultado era el Acta de marras.

El eje alrededor del cual giraba el Acta estaba contenido en la parte III del documento: “Proclamaron la disposición de sus respectivos Gobiernos de proceder, de común acuerdo, al estudio y evaluación de las posibilidades económicas, en particular de los recursos hidráulicos, pertenecientes en condominio a los dos países del Salto del Guiará o Salto Grande de las Siete Caídas”.

La cuarta fue un verdadero anticipo de lo que sería el Tratado y algo que los futuros renegociadores del Tratado no deben ignorar: “Concordaron en establecer, desde ya, que la energía eléctrica eventualmente producida por los desniveles del río Paraná... será dividida en partes iguales, siendo reconocida a cada uno de ellos el derecho de preferencia para la adquisición de esta misma energía a justo precio, que será oportunamente fijado por especialistas de los dos países, de cualquier cantidad que no sea utilizada para la satisfacción de las necesidades del consumo del otro país” (9).

 

UN PRINCIPIO QUE EROSIONÓ EN MENOS DE SIETE AÑOS

El artículo de referencia contenía otro freno a las intenciones de los negociadores brasileños del Tratado, reconocía también “el derecho de preferencia” de una de las partes sobre el excedente del otro.

Pasaron siete años, el 26 de abril de 1973, el Tratado que firmaron los cancilleres de entonces, Kaul Supena Pastor y Mario Gibson Barboza, no solo endurece la prohibición u obligación de la parte que posea el apetecido excedente, o sea, Paraguay, sino también impone un precio fijo y arbitrario.

La erosión de los derechos del dueño del excedente fue violenta y acelerada. Observemos una sola muestra: la compensación paraguaya, en definitiva el precio de venta de nuestra energía, figura en el Tratado como parte del costo del servicio de Electricidad de Itaipú.

Debió transcurrir una década, 13 años con precisión, para que los Gobiernos firmasen un instrumento diplomático para corregir ese error (una verdadera modificación del Tratado que los herederos “socialistas” de las águilas brasileñas de los años 60 y 70, sin rubor alguno, definen como un instrumento jurídico perfecto) y se aclarase que la parte que se beneficie con el excedente del otro (Eletrobrás de Brasil) es la que debe pagar la compensación a la parte que cede y no la entidad binacional.

 

PRECIO FIJO Y ARBITRARIO

El capítulo más doloroso de esa historia de imposición y sometimiento brasileño-paraguaya es la sustitución del concepto de la venta, inherente a toda actividad comercial, por la compensación por cesión de energía.

Además, la definición de un precio casi fijo por cada unidad de energía cedida. En principio fue de US$ 0,3 por megavatio hora; hoy, con las fórmulas de actualización aplicadas desde 1986, es de US$ 2,7, según fuentes de Itaipú.

Ese valor, hasta el 2005, fue actualizado -no incrementado- a través del instrumento diplomático DM/T/N.R. N° 3, del 28 de enero de 1986, que incorporó una serie de factores por los cuales debió multiplicarse la cantidad inicial. Recordemos que en noviembre de 2005, los presidentes Nicanor Duarte Frutos y Luiz Inácio Lula da Silva, en Montevideo, añadieron un puntito al multiplicador vigente, al incrementarlo de 4 a 5,1.

La nota reversal de referencia incorporó igualmente otras dos fórmulas de ajuste, basadas en dos indicadores de la inflación norteamericana: el Industrial Goods y el Consumer Price. Multiplicado el valor unitario de compensación (US$ 0,3/MWh) por 5,1 y adicionado el resultado de la aplicación de esas dos fórmulas, según la liquidación del año pasado de Itaipú, la compensación paraguaya llega a US$ 2,7 por megavatio hora.

 

MUCHA ASTUCIA O SOLO GANAS DE DEJARSE ENGAÑAR

¿Qué pasó? ¿La astucia brasileña fue incontrarrestable para los negociadores paraguayos de entonces? La respuesta cae por propio peso y con mucho estrépito: la dictadura militar-colorada, encabezada por el general Alfredo Stroessner y una cohorte de políticos, empresarios y técnicos colorados optaron por el beneficio sectorial y hasta personal en desmedro del interés nacional.

Tan vil entrega de nuestro patrimonio y de nuestra soberanía no tiene otra explicación. Así lo entendió el elector paraguayo que votó el 20 de abril y dio la espalda a la fórmula que seguía enarbolando la misma bandera, coreando casi las mismas consignas, entonando las mismas canciones, pronunciando los mismos discursos que aquellos que 35 años atrás Armaron un documento que despojaba a su nación de su energía, de su poder de decisión sobre esa energía y, por consiguiente, de su presente y de su futuro.

 

ACTA N° 81 DE LA REUNIÓN EXTRAORDINARIA DEL 4 DE ABRIL DE 1986

Las fases posteriores del proyecto, siempre bajo la administración colorada del país, incluso en la etapa poststroessneriana, en la de la transición hacia la democracia, los cambios registrados en Itaipú beneficiaron siempre a nuestro socio en la hidroeléctrica. Por ejemplo, la reducción de la tarifa de la usina en abril de 1986, muy por debajo de su costo de producción -de US$ 14,75 por kilovatio mes a US$ 10 por kilovatio mes-, aceptada por unanimidad, incluso por los seis directores y seis consejeros paraguayos, a sabiendas de que el destinatario casi exclusivo de esa medida de subsidio eran las empresas brasileñas (98% contra un 2%).

El acta correspondiente, que como otros documentos, pudo burlar el muro de la binacionalidad, consigna que en la sesión única de la reunión extraordinaria del Consejo de Administración, los “seis buenos paraguayos” que aprobaron la decisión de subsidiar a las empresas eléctricas brasileñas fueron: Ezequiel González Alsina, ingeniero Andrés Gómez Opitz, general Milciades Ramos Giménez, Salvador Rubén Paredes, colorados stronistas (10).

La reunión fue convocada por el director general de la entidad binacional, el general brasileño Ney Braga, y el director general adjunto, paraguayo, el ingeniero Enzo Debernardi. Estuvo presente e intervino en la reunión, el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay, el entonces diputado del Partido Colorado, José Antonio Moreno Rufinelli. La sesión, que provocó el alud de la deuda espuria, fue presidida por el miembro brasileño del Consejo de Administración, Rubens Ricupero (11).

El “arreglo” sobre la deuda espuria, consolidado en la Resolución N° RCA - 06/97, de Equilibrio Económico-Financiero de la Itaipú, el 31 marzo de 1997 fue la puntuda final para que brasileños y paraguayos descargaran sobre el pasivo de la entidad binacional, como si se tratase de otro de los numerosos préstamos que otorgó Electrobras a Itaipú y, por ende, que alcanzaran sus esquirlas incluso a los usuarios paraguayos de la producción de la gran central, a pesar de que la participación paraguaya en el usufructo del subsidio no pasó el 2 por ciento del total. Las raíces de ese “arreglo” se profundizan incluso hasta 1995, año en que comienza a discutirse el “aditivo” que pretendían agregar a la deuda de Itaipú con Eletrobrás, los directores brasileños. La antesala de otros de los actos de entrega del Partido Colorado tiene un espacio y tiempo y protagonistas: Brasilia, por Paraguay Carlos Alberto Facetti, entonces ministro de Hacienda, presidente de la delegación y continuador en ciernes de la “obra colorada” del Gobierno Juan Carlos Wasmosy. Lo secundaban Gustavo Pedrozo, ministro de Obras Públicas; Jorge Lamar, viceministro de Minas y Energía del Ministerio de Obras Públicas; Miguel Fulgencio Rodríguez, presidente de la Administración Nacional de Electricidad; Héctor Richer, consejero de Itaipú; Miguel Luciano Jiménez, director general paraguayo de Itaipú, altos funcionarios de ese capítulo gubernamental del partido fundado por Bernardino Caballero.

La Resolución RCA- 06/97, llevada a cabo en Sao Paulo, Brasil, fue aprobada por los siguientes consejeros: Miguel Fulgencio Rodríguez, Carlos A. Saldívar, Joaquín Rodríguez, Héctor Richer, Adolfo Ozuna y Paul Sarubbi (12).

 

ACUERDO DEL 2002

Las nuevas categorías de energía que el Acuerdo del 2002 incorpora, de contrabando, al conjunto normativo que regula el manejo de la central hidroeléctrica, así como los precios diferenciados que establece, trasgreden sin atenuantes el Tratado de Itaipú, porque sus alcances no están previstos en el documento original, o algunas de sus notas reversales complementarias.

Esas nuevas categorías se refieren a:

- La energía garantizada, o energía asociada a la potencia contratada.

- La energía adicional a la garantizada, o adicional a la energía asociada a la potencia contratada.

- La energía excedente.

Todas esas energías poseen tarifas diferenciadas por “calidad de energía”, es decir, al margen de lo establecido en el Anexo C, que solo menciona una tarifa de potencia.

La tarifa de potencia, resultante de la aplicación de los factores que integran el capítulo de “costos del servicio de electricidad” del Anexo C del Tratado, se congela en una suerte limbo propagandístico, porque la tarifa real, desde el 2002, es el resultado de la combinación de los valores de las nuevas categorías que crea la resolución de ese año.

Además, viola el artículo XIII del Tratado, que consagra un principio fundamental para el Paraguay: “La energía producida por el aprovechamiento hidroeléctrico será dividida en partes iguales entre los dos países”, pero debido a esa transgresión se nos escamoteó también el derecho a la igualdad, porque la entrega de la energía adicional es en proporción a la potencia contratada, o sea 95% para Brasil y 5% para Paraguay. Un verdadero tiro de gracia a la cabeza de la soberanía paraguaya sobre la mitad de Itaipú.

Añadamos que esas calidades de la energía eléctrica de Itaipú tienen la siguiente característica: la energía garantizada es “cara” y la adicional a la garantizada es “barata”.

Además, su distribución -de la barata- entre ambos países es en proporción a la potencia contratada, es decir, al Paraguay, que contrata menos del 5% de la potencia puesta a contratación, le corresponde apenas ese porcentaje de energía barata.

Hasta aquí queda claro que la Resolución del 2002 de los órganos de administración de Itaipú, entre cuyos representantes resalta, por ex ministro de Obras Públicas, José Alberto (Icho) Planás; como consejero de Itaipú, el ingeniero Jorge Ayala Kunzle, fue de nivel inferior de escalera de entregas coloradas de los intereses de la patria en Itaipú.

No obstante, no debe olvidarse otro hecho sumamente grave, la ampliación, en la práctica, del nuevo criterio de distribución de la energía: Sospechosamente se le permite a la ANDE que contrate un valor de potencia muy inferior a la cantidad que necesita su mercado; pero se le otorga, mediante una “concesión graciosa”, la energía que necesita para atender su demanda en las horas de máximo consumo en su mercado, la que, además, recibe con la tarifa de la energía barata.

“Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”, dice el refrán, separando los detalles farragosos, descubriremos con esa decisión, superficialmente beneficiosa para nuestra empresa eléctrica, se disimulan los abortivos que pueden interrumpir el proceso de gestación del futuro de nuestra patria.

 

UNA ANDE COMPLACIENTE O DIRECTAMENTE CÓMPLICE

En efecto, debido a esa solución cortoplacista hasta los límites de lo insólito de la ANDE, nuestro país tiene energía para atender, con suerte, el ritmo vegetativo de Incremento de su demanda y según las oscilaciones de su actual diagrama de carga -una vasta llanura durante 21 horas del día y un elevado pico en las tres restantes, de 18 a 21-, La fórmula es sencilla: a cambio de los 1000 megavatios que deja de contratar entre las 21,01 y las 17,59, Eletrobrás le entrega la energía barata adicional a la energía asociada a la potencia contratada, para que recorte sus picos de sus tres horas más dramáticas. El negocio -otro más- es redondo, porque si Eletrobrás o el Gobierno brasileño tuviera que reemplazar esos 1000 megavatios que deja de contratar la ANDE, estaría obligada a construir una usina alternativa, al menos con esa potencia, la que de acuerdo con los costos actuales rebasa con holgura la barrera de los US$ 1.000 millones.

El hecho, además de abortar sus posibilidades de crecimiento, deja en manos de Brasil el control de su futuro, porque con ese esquema nunca aplicará sus planes de crecimiento de mediano y largo plazo, con un ritmo que se adentró en los dominios de lo cualitativo. En otras palabras, no más parches o hielo para aliviar la inflación, sino planes de crecimiento que hagan posible, después de mucha espera, el despegue económico de nuestro país.

Además, ese sistema de operación deja al país sin argumentos para exigir la ampliación de la subestación de la margen derecha de Itaipú, porque con la escasa cantidad de potencia contratada, la capacidad actual de esa subestación dobla la cantidad contratada por ANDE.

Por consiguiente, los errores estratégicos de las últimas administraciones coloradas de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) -llevar al país hasta las fronteras del colapso energético o del desabastecimiento eléctrico- es otra de las posibles explicaciones de la severa derrota que sufrió el Partido Colorado en las elecciones del 20 de abril de 2008.

En rigor, una torrentosa confluencia de factores entre los cuales resalta el deterioro creciente e ininterrumpido de la calidad del servicio de energía eléctrica al mercado paraguayo, la injustificable imprevisión del crecimiento de la demanda de ese mercado y la galopante corrupción que, como un cáncer maligno, hizo metástasis y afecta a todos sus órganos vitales.

Además, la actitud sospechosamente complaciente que internalizaron sus administraciones coloradas de turno en lo concerniente a la defensa de los intereses nacionales en las entidades binacionales Itaipú y Yacyretá, en las cuales, según los tratados correspondientes, interviene como copropietaria, obviamente, en representación de la República.

 

DE LA AUDITORÍA A PROFUNDIDAD AL “SOBORNO SOCIAL”

Era una de las agitadas tardes del 2003, antes de las elecciones generales, cuando un ex colega de la profesión llama a nuestra redacción para avisarnos que enviaba a la sección Económica de nuestro diario, el “revolucionario” programa de gobierno de Nicanor Duarte Frutos. Se trataba de Aníbal Saucedo Rodas, ex periodista de Última Hora, incluso ex secretario general adjunto del Sindicato de Periodistas del Paraguay, que se identificó, en los escarceos preelectorales como uno de los voceros del “socialismo humanista” del Partido Colorado, tal vez con la pretensión de contrarrestar la imagen socialista que proyectó Fernando Lugo y parte de su entorno.

El librito -titulado “Agenda para un país mejor”. Programa de Gobierno 2003-2008. Nicanor Duarte Frutos-, hasta fue convenientemente señalizado para que el destinatario, en este caso el periodista de Economía, no perdiera su tiempo hojeando el material de propaganda y pudiera irse directo a su tema.

El ex colega, que dejó la profesión por la política, sin dudas, aún recordaba la manera de trabajar de los periodistas de los matutinos, especialmente en los momentos en que la “cinta sinfín en las salas de redacción comienza a acelerarse, especialmente cuando ciertos coordinadores, con ese ritmo monocorde pero intimidante, esporádica pero sistemáticamente comenzaban a entonar esa canción que aún hoy resuena en nuestros sistemas auditivos: ¡PÁGINA!, ¡PÁGINA!

En efecto, la página 47 de “Agenda para un país mejor”, en el segundo párrafo, tropezamos con un prometedor título: ENERGÍA PARA EL DESARROLLO, cuyo primer párrafo explicaba que “la producción anual de energía hidroeléctrica del Paraguay se encuentra muy por encima de su actual nivel de consumo. Sin embargo, debido a las limitaciones de los tratados de Itaipú y Yacyretá, el país no puede exportar libremente su excedente. En contraste con la abundancia energética, cerca de 600.000 compatriotas carecen aún del servicio público de electricidad. Por consiguiente, urge definir una política de Estado en materia energética”.

Instalémonos cinco años después, antes de las elecciones del 20 de abril, obviamente. El nivel de consumo de la energía hidroeléctrica del Paraguay sigue estando “muy por debajo del actual nivel de producción de anual de energía hidroeléctrica del Paraguay”.

Los últimos registros internos y de la propia Itaipú revelan que en el 2007 la parcela paraguaya de la producción de Itaipú fue de 90.322,8 gigavatios hora, equivalentes a 90.322.800 megavatios hora o 90.322.800.000 kilovatios hora y que la ANDE, de ese cuantioso caudal aprovechó apenas 7.570,3 gigavatios hora, equivalentes a 7.570. 300 megavatios hora o a 7.570.300.000 kilovatios hora. Por consiguiente, solo en Itaipú, su remanente, en ese ejercicio, fue de 37.591,1 givavatios hora, equivalentes a 37.591.100 megavatios hora o 37.591.100.000 de kilovatios hora.

¿Exportó nuestro país ese caudaloso flujo energético que le sobraba en Itaipú luego de contratar la cantidad que necesitaba para atender el consumo interno? No, porque el Sr. Duarte Frutos, que tan atinadamente daba a conocer su diagnóstico en el 2003 e incluso extendía la receta, nada hizo para que nuestro país saltara el cerco que había Impuesto el Tratado de Itaipú ya en 1973 y tuvo que conformarse con volver a ceder su excedente a cambio de la compensación -nunca precio de venta- impuesto a nuestro país a través de ese limitante Tratado.

La enorme diferencia entre el significado concreto de exportación, que es igual que venta a un comprador extranjero, y compensación por energía cedida es posible cuantificar gracias a los parámetros vigentes en nuestro país, en la República Federativa del Brasil e incluso en el mercado regional.

De acuerdo con los registros de la entidad binacional, el Gobierno paraguayo recibió el año pasado en concepto de compensación por energía cedida la suma de US$ 100.302.700, suma que dividida entre los megavatios hora que componen nuestro excedente, nos permitirá descubrir que el monto unitario de esa compensación no llega a US$ 3, exactamente US$ 2,69.

Añadamos que nuestros socios en Itaipú realizan en estos días una nueva licitación para vender energía eléctrica como la de Itaipú, mejor entre ellas la energía de Itaipú, a las distribuidoras mayoristas y que el precio techo que estableció la institución reguladora para esa licitación es de US$ 94 por megavatio hora.

Agreguemos que en el 2007, según los registros de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (ANEEL), uno de los órganos oficiales de regulación del mercado eléctrico de ese país, el promedio nacional de todas las categorías de consumo ronda los US$ 160 por megavatio hora.

En cuanto a la paradoja: abundancia de energía / 600.000 compatriotas “aún sin servicio eléctrico”, cinco años después, la ANDE admite que ya se desliza peligrosamente por la pendiente del desabastecimiento. En efecto, la demanda de potencia en febrero de este año había traspuesto la frontera de los 1.500 megavatios, cantidad que, según técnicos independientes, superaba ya la capacidad de respuesta de la empresa eléctrica estatal, y que los parpadeos, cada vez más perceptibles en el sistema, son síntomas de absoluta inmediatez del colapso.

Dirigentes de gremios empresariales, como la Unión Industrial Paraguaya (UIP), también antes del 20 de abril, denunciaban que unos 20 proyectos de ampliación industrial estaban paralizados porque la empresa eléctrica estatal ya no ofrece condiciones para atender sus requerimientos.

Hecha la introducción, aparece la palabra que quita el sueño a muchos compatriotas y dibuja una amplia sonrisa en los rostros de muchos otros, especialmente de aquellos que amasaron su fortuna y su estatus social a su sombra cómplice: “ITAIPÚ.: Durante la vigencia de gobiernos autoritarios en la región, la hidroeléctrica Itaipú ha servido para establecer una poderosa oligarquía corrupta en el Paraguay que, a cambio de negociados, ha adoptado decisiones convenientes para una sola de las partes. Esta situación de dependencia debería modificarse hacia otra de equidad en el trato, que favorezca un desarrollo económico social, y ambiental sostenible de ambos pueblos”.

Una vez más el diagnóstico fue preciso, la “oligarquía corrupta”, prohijada por la dictadura colorada, fraguó esa pretendida casta social, la de los “barones de Itaipú”. Cinco años después, y la población sin dudas lo interpretó de ese modo, puede concluirse que Nicanor Duarte Frutos y su equipo solo buscaban desplazar, ocupar el lugar de esa oligarquía, incluso sin miramientos en lo concerniente a la manera o los procedimientos que utilizaron.

Las valiosas publicaciones de la colega Mabel Rehnfeldt, de Luis Bareiro Mersán, etc., en las páginas de nuestro diario demostraron en forma casi inconfutable que en el atípico escenario social paraguayo, una nueva “oligarquía”, cuyas cabezas visibles eran el propio Duarte Frutos y sus agentes ejecutores como Víctor Bernal, desplazaba o, mejor, se atrevía a irrumpir en el territorio indiscutido de esa oligarquía cuya existencia se gestó en la complaciente matriz de la entidad binacional, con la asistencia de parteros como el general colorado y dictador de la República del Paraguay hasta 1989, Alfredo Stroessner.

¿Qué pasó con las decisiones adoptadas, a cambio de negociados, “convenientes para una sola de las partes” en Itaipú, que también denunció el Presidente saliente? Los resultados están a la vista, no fue denunciado uno solo de ellos por enriquecimiento ilícito ante la justicia, ni siquiera por mal desempeño en la función pública; en definitiva se trataba de sus “correligionarios” de los que solo estaban separados por la cuantía de sus patrimonios.

La administración de esa especie de rey Midas que es Itaipú hizo posible que esa frontera “de clases” se difuminara y que hoy compartan, además de la “doctrina” colorada, la casta social que en su programa de Gobierno repudiaba: la de la “oligarquía corrupta...”.

Cinco años después todo sigue igual e incluso peor, porque la administración Duarte / Bernal de Itaipú hizo que la presencia paraguaya, de la que algunas de sus predecesoras, por la capacidad individual de algunos de sus miembros fuese una lumbre titilante en el candelabro binacional, se apagase completamente. Tan real fue ese deterioro, que ciertos colegas de la prensa paraguaya, cuando buscaban una explicación oficial de Itaipú sobre los serios cuestionamientos hechos por otros sectores de la prensa paraguaya, sin hesitaciones desembocaban en la oficina del director general brasileño, Jorge Miguel Samek, porque estaban convencidos de que la Dirección General paraguaya apenas era instancia para cerrar jugosos contratos publicitarios o de otra Índole,

Otro párrafo de ese Programa do Gobierno debe ponerse en relieve: “La Itaipú ha sido manejada desde 1973 en forma autoritaria, excluyendo a la sociedad civil de los controles institucionales: Congreso, Contraloría y Tribunal de Cuentas de cada país. Proponemos crear un mecanismo de acceso a toda la información de las cuentas de Itaipú, incluyendo a la Contraloría y los Congresos de ambos países, y llevar a cabo una auditoría a profundidad (las negritas son nuestras) sobre los ejercicios anteriores de todo lo actuado hasta ahora en Itaipú (1973-2003), lo que permitiría conseguir una reducción o incluso la eliminación de las deudas pendientes”.

El diagnóstico tuvo la precisión del neurocirujano, pero de la profundidad de la auditoría nada puede comentarse, porque no dejaron que se auditara uno solo de los trabajos encubiertos por el programa de “las obras sociales”, ni siquiera los de refacción del Colegio Nacional de Comercio N° 1 de Asunción, en los que incluso hubo denuncias, a través de la prensa y ante el Ministerio Público, de soborno contra los administradores de esos trabajos o de algunos de los operativos de repartija de pollitos, porcinos o vacunos, tarea a la que dedicó grandes esfuerzos (tiempo y dinero de Itaipú) la última administración de una entidad cuya razón de ser es la producción y el suministro de energía eléctrica.

A la sombra de “las obras sociales de Itaipú” amasaron fortunas los componentes de la nueva “oligarquía corrupta” y la opacidad que caracterizó a sus procedimientos, naturalmente ante la complacencia y el estímulo de la “otra parte” que se benefició con los negociados de la anterior oligarquía corrupta, impidió que la opinión pública paraguaya pudiera seguir de cerca, observar, no solo las grandes operaciones de compra-venta de los administradores de turno de una empresa tan importante como Itaipú, “la principal riqueza natural en explotación del Paraguay”, sino también las operaciones de entrega de los intereses nacionales, que aislaban cada vez más de la soberanía del país no solo su energía, hecho que se concretó en 1973, sino también su manejo y hasta el futuro de la República del Paraguay.

En 1973, la dictadura militar colorada del Alfredo Stroesner entregó la soberanía paraguaya al Brasil sobre su excedente energético, cuantificado hoy en 37.591.100 megavatios hora. En 1986, el mismo gobierno aceptó que, en el manejo de la entidad binacional, sus principales direcciones -Financiera y Técnica- siguieran en manos brasileñas. En 1993, otro gobierno paraguayo reflotó el instrumento diplomático que hacía posible esa hegemonía contra los intereses paraguayos y, en el 2002, el control de nuestras posibilidades de crecimiento o del futuro paraguayo.

El Poder Legislativo no recibió un solo informe del Ejecutivo, a pesar de su insistencia, acerca de lo que compraron, contrataron, vendieron alquilaron sus funcionarios en Itaipú en el marco del programa de “obras sociales” de referencia, tampoco la Contraloría General de la República y mucho menos el ciudadano cuyas contribuciones solventa los gastos de los administradores de turno del Estado paraguayo.

Solo la prensa, gracias a la tozudez y entrega de sus investigadores y, obviamente, a la colaboración de un número considerable de fuentes que, desde el principio, entendieron y asumieron que su lealtad era y es con la patria, con el pueblo paraguayo, pudo informar a la opinión pública, llevarles la información que sus mandatarios debían entregarles en periódicas, sistemáticas y meticulosas rendiciones de cuenta.

Gracias a ese trabajo el pueblo paraguayo pudo enterarse que los gobiernos colorados de turno entregaron o vendieron pedazos valiosos de la soberanía de su patria en los aprovechamientos hidroeléctricos del recurso hidráulico del río Paraná con la República Federativa del Brasil y con la República Argentina.

El trabajo de los periodistas hizo posible que el elector supiera que Brasil y Argentina, en Itaipú y Yacyretá, con complicidad con los gobiernos colorados de turno, le estaban despojando del futuro a sus hijos y a sus nietos al regalar a las empresas eléctricas de esos países la cada vez más apreciada energía eléctrica.

Que se informara que en Itaipú, el Estado brasileño, a través de sus empresas como Eletrobrás, no solo coronaron con éxito el negocio energético, la transferencia de tecnología hacia sus empresas propició el equipamiento electromecánico de Itaipú, que las mismas se alzaran con la mayoría y los principales contratos de abastecimiento y de prestación de servicios, sino también que transformaran el proyecto en un negocio financiero casi incomparable.


DE US$ 3.566 MILLONES A US$ 60 MIL MILLONES

En 1973 Eletrobrás prestó a la entidad binacional 3.566 millones de dólares, operación que permitió a “tirios y troyanos” sostener que en el proyecto binacional de Itaipú, Brasil puso todo el dinero y Paraguay, “solo el agua”.

Las pesquisas periodísticas hicieron posible que el elector supiera hoy que al 31 de diciembre de 2007, la empresa eléctrica brasileña le ha cobrado ya al ente binacional US$ 30.700 millones, una suma treinta veces superior a la que le prestó -nunca puso- inicialmente y que hasta el 2023 aún le debe pagar otros US$ 30.000 millones.

¿Qué pasó con la “auditoría a profundidad” sobre los ejercicios anteriores de todo lo actuado en Itaipú (1973-2003), que permitiría conseguir una reducción o incluso eliminación de las deudas pendientes que prometió Nicanor en su programa de marras?

Reiteremos, hasta el 2007 Itaipú honró compromisos por valor de US$ 30.700 millones, entre el 2008 y el 2023, aún debe pagar un monto superior a los US$ 30.000 millones. Entonces, ¿a qué reducción e incluso eliminación se refirió el Sr. Duarte Frutos?

La supresión de la fórmula de ajuste o “doble indexación” de la que aún se jactan los personeros del Gobierno saliente es un engaño. Esa fórmula de ajuste elevó las tasas de interés que le impone Eletrobrás a Itaipú a niveles cercanos al 12,5% anual en dólares. Tasas usurarias si se los compara con los vigentes en el mundo. Además, gracias a esa “doble indexación” antes de que el Gobierno brasileño procediera a cancelarla, la binacional había abonado ya un adicional, una suerte de deuda extraordinaria o exceso de la deuda cercano a los US$ 8.000 millones, que nunca serán “reducidos e incluso eliminados”.

Las investigaciones realizadas por diarios como ABC Color permitieron que los electores se enteraran del impúdico y desmesurado enriquecimiento de los funcionarios paraguayos de Itaipú a pesar de que simultáneamente se deterioraba, por ejemplo, la calidad del servicio eléctrico en el país e incluso comenzaran a otear en un horizonte cada vez más cercano la terrorífica silueta del espectro de los apagones.

Por consiguiente, demostradas las premisas, debe concluirse que la administración colorada de los intereses paraguayos en Itaipú -incluso antes de la suscripción del Tratado el 26 de abril de 1973, día en que, “coincidentemente” se enfrentaban en un campo futbolístico Cerro Porteño y Botafogo y que, según testigos presenciales, los miembros de la delegación paraguaya que viajaron a Brasilia para firmar el documento, con Alfredo Stroessner como director de orquesta, estaban más interesados en las alternativas de esa “contienda” futbolística que en el contenido del Tratado-, fue sin dudas uno de los factores más influyentes en la derrota colorada del 20 de abril de 2008.

Una segunda conclusión igualmente importante: si las secuelas de esa administración colorada, tanto en el tratado como en la cotidianeidad paraguaya, desde 1973 incluso hasta hoy, no hubiera sido divulgada por la prensa, sus efectos en la conciencia de los electores paraguayos hubiera sido diferente.

De ahora en más, falta que los campeones elegidos sean leales al mandato popular del 20 de abril, y librar el buen combate, porque el país ya no resistiría una nueva frustración nacional.


Notas:

1. Enríquez Gamón, Efraím. Itaipú. Aguas que valen oro. Editorial Gráfica Mercurio. Asunción 2007, segunda edición.

2. Ibídem.

3. Ibídem.

4. Tratado de Itaipú, artículo I.

5. ABC Color. Suplemento Económico, Pág. 007. 22/06/08.

6. Ibídem.

7. Barboza Gibson, Mario. Na Diplomacia, o trazo todo da vida. Récord. Río de Janeiro, 1992, Pág. 85.

8. Ibídem,

9. Itaipú binacional. Documentos oficiales. Centro de Documentación. Asunción, 1989.

10. Itaipú binacional. Acta Nº 81. Reunión Extraordinaria. Sesión Única. Pág. 002, Foz de Yguazú, 04/04/96.

11 Ibídem

12. Factor humano Itaipú binacional, Asesoría de Comunicación Social. Págs. 11, 12. 13, 14 y 15, Asunción, 1996.


NOTAS

* Ramón Casco Carreras nació en Caazapá en 1951, es licenciado en Ciencias de la Comunicación con énfasis en periodismo. Comenzó el trabajo periodístico en 1979 en el diario HOY, donde permaneció hasta enero de 1989. En febrero de 1989 ingresa a Noticias. El 15 de marzo de 1989 es incorporado por ABC Color en el que hoy, además de editor de Economía, es columnista sobre temas energéticos. En sus 29 años de ejercicio ininterrumpido de la profesión se especializó en la cobertura de las actividades de las grandes empresas energéticas, Itaipú, Yacyretá, ANDE, etc.



CAPÍTULO V

STROESSNER Y EL PARTIDO COLORADO: UN MATRIMONIO DE MUTUA CONVENIENCIA

BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO (*)

 

Muy pocos podían haber imaginado que cuando se decidió traer a Stroessner para pacificar las aguas enturbiadas de la política paraguaya se estaba en realidad abriendo las compuertas a una larga dictadura que colocó al Partido Colorado como aval político de un militar cuyo objetivo de poder excedía en mucho la débil institucionalidad partidaria. La fotografía de Epifanio Méndez Fleitas saludando a Stroessner ante la mirada de Tomás Romero Pereira y Mario Abdo Benítez es acaso una postal que resume abyección, sometimiento, traición e indignidad, argumentos sobre los cuales se cimentó un régimen político de 35 años que tuvo la complicidad y el azar de factores locales e internacionales como ejes de consolidación. El partido fue un rehén, es cierto, pero no midió el costo que tenía el alcanzar y consolidar el poder por sobre cualquier institucionalidad republicana. Intentó deshacerse en 1958 de quien había sido puesto ahí cuatro años antes para apaciguar las turbulencias momentáneas mientras los políticos buscaban una salida a unas condiciones de ingobernabilidad que ellos mismos habían creado. Los colorados en su mayoría subestimaron a Stroessner y este emprendió la consolidación de su poder omnímodo sobre la base de una repartija del poder que incluyó a todos los sectores sociales de un partido inicialmente liberal en economía, y conservador en lo social, que después hizo del socialismo y el nacionalismo instrumentos de adhesión de vastos sectores marginados de la vida política paraguaya. En ese partido-catedral cupieron todos. Opresores y oprimidos, campesinos y citadinos, ricos y pobres en una coyuntura política, donde el anticomunismo era la bandera dominante en Occidente liderada por EE.UU. que brindó un amplio apoyo a varias dictaduras de América Latina.

Marginados los críticos, el Partido Colorado se adhirió a un Stroessner que encontró en dicha agrupación política el instrumento ideal para darle fachada democrática a un régimen cuya acción práctica distaba mucho de esos valores. Entre sus más conspicuos adherentes estaban aquellos que habían dejado atrás sus ideas socialistas, como Ezequiel González Alsina, convertido en un apasionado defensor de un régimen que, según uno de los fundadores de la ANR: Tomás Romero Pereira, todo se resumía en tres cosas: “seguir a Stroessner, seguir a Stroessner y seguir a Stroessner”. El Partido Colorado y el tirano sellaron un pacto de mutua conveniencia donde lo que importaba era mantenerse en el poder a cualquier costo. El precio pagado fue alto no solo para este partido sino para la sociedad paraguaya en su conjunto, que internalizó los antivalores de ese poder compartido como naturales a la matriz política nacional. Así, el clientelismo y las prebendas dominaron la gestión de consolidar adhesiones y la abyección al que detenta el poder se hizo una práctica común abandonando toda forma creativa que básicamente pasó a denominarse subversiva en un gobierno chato, corrupto y mediocre. La distribución del poder, es cierto, se hizo de tal manera que ningún sector social o económico que se adhiriera a Stroessner quedara sin su recompensa, y el dictador se solazaba concediéndolas en directa relación a las lealtades que se juraban en público o en privado. Los sectores sociales se disputaban el acceso a las recompensas del poder en directa proporción a las zalamerías que eran capaces de pronunciar y de articular en simposios, convenciones y actos políticos. Hubo desde quienes pidieron el vitaliciado hasta aquellos que quisieron convertir a Stroessner en mariscal. La tarea de ensalzar la figura de un dictador que se mantenía sobre el silencio que cubrió al Paraguay durante largos años, ante otros dictadores regionales que dominaban la escena internacional, fue parte de una liturgia partidaria que acabó con toda forma de “evangelio doctrinario”. El grito de “seguir a Stroessner”, pronunciado por un decrépito Romero Pereira forzado a subir a duras penas a un equino en cualquier desfile de lealtades fascistoides, era en su simplismo suficiente para sepultar toda forma de oposición interna o externa.

El Partido Colorado se organizó en el exilio pero de manera fraccionada y amorfa, lo que privó de fuerza suficiente para derrocar al tirano. Se dieron intentos aislados además de gestos valientes y heroicos de parte de muchos de ellos, como el caso del Dr. Goiburú, pero no alcanzaron a inmutar a un régimen político que por ese tiempo había alquilado o coaptado a la mejor inteligencia partidaria cuyos niveles de abyección y sometimiento debían ser expresados de manera pública y en competencia con los demás líderes partidarios de menor nivel cultural o alcurnia. Stroessner disfrutaba de este juego perverso rebajando a su paso honras y dignidades. Su poder era mayor en proporción directa de la capacidad de quienes se ufanaban de tradiciones, prosapias y educación. Con ellos disfrutaba de un poder donde se combinaban argumentos históricos, nacionalistas y de seguridad nacional. Tuvo a Edgar L. Ynsfrán como ministro del Interior el tiempo suficiente para que “demostrara ante el tirano y su partido” la lealtad más servil que cuanto más se humillaba, más débil se tornaba ante el dispensador del poder. Stroessner vejó a un país completo y usó al Partido Colorado como herramienta para dichos propósitos. Se mofó y expulsó a varios que lo colocaron en el poder y estableció un sistema de persecución selectiva que hizo del miedo su principal herramienta de poder. No tuvo miramiento alguno ni tampoco le importó la base doctrinaria de un partido que para ese entonces se había convertido por obra de sus dirigentes, en un rehén cómodo, soberbio y corrupto.

Stroessner no tenía otra idea que mantenerse en el poder y echó mano a lo que tuviera disponible para extender su reinado por más de tres décadas. Hizo del partido un mecanismo de adhesión obligatoria para cualquier actividad pública o privada. Desde el ingreso a una escuela, colegio o universidad públicas hasta las licitaciones convertidas en verdaderas oportunidades para hacerse rico porque, según repetían, Natalicio González había dicho que “no debía haber colorado pobre”. Se merendaron el Estado e hicieron de él una bolsa generosa desde donde se repartían prebendas y canonjías. Las seccionales coloradas se multiplicaron, la delación se hizo parte cotidiana de la vida de amigos, familiares y todo ambiente social, la tortura para quienes osaban discutir el poder, la muerte para aquellos “revoltosos incurables” que eran amenazados primero por “La Voz del Coloradismo” y luego perseguidos con saña por las fuerzas de seguridad diseñadas a la usanza nazi.

 

EL MIEDO COMO MECANISMO DE DOMINACIÓN

Un país puede ser gobernado por miedos y por esperanzas. Stroessner hizo de lo primero su argumento basal, sobre eso construyó su régimen y en su nombre doblegó a un Partido Colorado que había visto desde afuera el poder por mucho tiempo en el siglo XX y que cuando lo tuvo no lo supo administrar. Concedió la tarea a un militar, quien en nombre de la paz y el progreso lo sometió de manera vil y despiadada. Usó de la Guerra Fría para provecho personal consolidando su régimen anticomunista y jugando con aperturas seudodemocráticas que solo servían para solazarse en un juego de poder donde lo único que importaba era someter y rebajar a sus aliados y adversarios. La situación de partido-cautivo hizo del colorado una persona temerosa, servil, abyecta, conformista y cómoda con la administración del poder. Stroessner no exigía nada más que lealtad y en su nombre administraba las prebendas. Cuando un sector, el militante, se creyó con mayor derecho que el ala tradicionalista, en 1987 se produjo el inicio de la caída. La senilidad del tirano pudo haber sido la única explicación a un error de cálculo que concluyó con su derrocamiento el 2 y 3 de febrero de 1989. Para ese entonces el Partido Colorado se había constituido en una fuerza cultural del Paraguay cuyas acciones eran emuladas incluso por sus adversarios de ocasión que ambicionaban alcanzar el poder para disfrutarlo “como lo hacían los colorados”. El país se había vuelto económicamente dependiente de un Estado sectario y partidista que dominaba toda la economía nacional. Sus empresas públicas de agua, luz, teléfono, cemento, líneas aéreas, fluviales, de elaboración de cañas y la construcción de las dos grandes represas de Itaipú y Yacyretá habían generado tal cantidad de dinero que la motivación central de pertenecer a esta agrupación política pasaba por el disfrute del dinero que se generaba a cambio de sumisiones y lealtades. La sociedad en general veía emerger a los “nuevos ricos” que mostraban su fortuna ante un pueblo envilecido y sometido.

Indudablemente, la peor herencia de Stroessner al Partido Colorado es haberlo hecho una agrupación política movida únicamente por el afán de lucro, que terminó por agotarlo. Pudo aún sobrevivir a la transición, de la que dijo era también su obra. Hecha por los mismos que disputaban lealtades con el tirano. Por aquellos que viendo la senilidad del dictador y la emergencia de un sector político relacionado a los sectores originalmente más pobres pero enriquecidos por Stroessner, decidieron conspirar para derrocarlo. Lo contrario sería que otro Stroessner (Gustavo) sustentado por los militantes quien iba a terminar con ellos. Conspiraron con los militares, grandes actores políticos del Paraguay desde sus orígenes, apellidos como Chávez, Ynsfrán, Argaña, González Torres que encarnaban a los brahamanes del partido que habían sido burlados por los Jacquet, Abdo Benítez, Godoy Giménez y un confundido Montanaro que bien podía haber pertenecido al primer grupo, pero que su abyección al tirano lo terminó de colocar en “el bando equivocado”. La ANR lideró el proceso de transición con cierta tranquilidad con Rodríguez a pesar de que en la Convención Constituyente de 1992 era evidente que ya no se podía seguir manteniendo la unidad granítica como se ufanaban en tiempos de Stroessner. La destitución de Argaña de su cargo de Canciller y la ausencia de un liderazgo alternativo entre quienes apoyaron al general Andrés Rodríguez convirtieron a la constituyente en el primer escenario donde se luchó por el poder después de la caída de Stroessner. Este no supo mantener la armonía entre sectores sociales distintos y terminó siendo víctima de su propio juego. Rodríguez creyó en la gratitud de un sector del partido no evaluando de manera correcta que en realidad los tiempos no eran los mismos y que los tradicionalistas habían empezado a conformar el viejo Partido Colorado uniendo a sectores campesinos funcionales siempre a los líderes citadinos y en nombre de la reconciliación acoger a los dirigentes de la Militancia que deambulaban sin rumbo ni poder, pero con miedo y angustias a unirse al ex presidente de la Corte stronista para buscar el poder en 1993. Ese sector se opuso a la posible reelección de Rodríguez a pesar de que este había afirmado que no buscaría continuar el poder además de haber tenido el compromiso del reconocimiento internacional especialmente de EE.UU. a cambio de culminar el periodo que Stroessner debía cumplir. El Partido Colorado se fragmentó entre los oficialistas y los opositores al gobierno de turno. Las rencillas eran tan duras que dejó a los “reales opositores” en un segundo plano. La percepción ciudadana era en los noventa que el poder se debatía solo entre colorados. Lino Oviedo, figura importante del golpe de Estado contra Stroessner, entró a disputar de lleno el poder partidario contra el sector liderado por Luis María Argaña, y a pesar de que el general de Caballería se ufanaba de su acción heroica de intimar rendición a Stroessner en la madrugada del 3 de febrero, no impedía para nada que colaboradores cercanos al ex dictador se sumaran a un movimiento político en gestación que básicamente seguía las mismas pautas de Stroessner: control de las finanzas públicas, repartición de espacios de poder, porcentajes que debían ser recogidos en aduanas y luego distribuidos entre quienes habían nombrado en ese cargo... fueron parte del mismo catecismo autoritario que continuó en la transición.

Como es habitual en la vida política nacional, el azar jugó su propio partido en la transición. Oviedo quería un leal como candidato y escogió a Horacio Galeano Perrone; los sectores financieros del Partido Colorado que habían acumulado suficiente fortuna para hacerse del poder y que se habían unido en la construcción de la obra de Itaipú propusieron a un desconocido de las lides partidarias: Juan Carlos Wasmosy. Esto produjo primero el enojo de Oviedo, pero viendo este que su margen de maniobra era menor terminó por aceptar la elección do Rodríguez. Al final, era mejor que Argaña con quien disentía abiertamente, Las elecciones de 1993 marcaron un punto de inflexión para el Partido Colorado. El fraude que había sido parte del libreto de Stroessner no se aceptaba con la misma disciplina y temor que en los tiempos de la dictadura.

El triunfo de Wasmosy fue calificado de fraudulento y, a pesar de que el electo quiso renunciar, la tarea de cocción de un resultado amañado tuvo a Lino Oviedo como un protagonista central. Stroessner ganaba las elecciones por márgenes escandalosos. A veces casi llegaba al 100% que se reducía solo por dar márgenes de verosimilitud. Todo era fraudulento y corrupto como el mismo régimen que lo impulsaba. Las urnas eran llenadas incluso a la vista de los seguidores de otros partidos que asentían el robo. Los partidos de oposición eran divididos a cambio de prebendas o de promesas de apertura que nunca fueron cumplidas. La dictadura hizo añicos de las promesas y pactos; usaba el formato para darle cierto sentido de legalidad pero se mofaba en público y privado de quienes habían caído ingenuamente en su juego. La política bajo Stroessner hizo del fraude un mecanismo más de gobernar. Lo exhibía de forma orgullosa con el ánimo de desmoralizar cualquier intento ético de exigir cumplimientos mínimos de las reglas del juego una vez admitidas. Stroessner disfrutaba con alterar sus promesas, con ello ponía en ridículo a sus adversarios al tiempo que elevaba su estatura de dictador omnímodo. Usó al Partido Colorado de manera reiterada para todos los actos comiciales que fueron convocados y puso a sus mejores espadas a defender lo indefendible, a redactar una nueva constitución o a modificarla para permitir su reelección ininterrumpida. La vejación fue un instrumento de dominación y de poder que Stroessner lo usó de forma sistemática y permanente. Se solazaba viendo cómo las figuras emblemáticas de su partido, como Luis María Argaña, defendían el vitaliciado suyo o cómo argumentaban que Escolástico Ovando debía permanecer más tiempo en prisión que su injusta condena, para que luego él en su poder omnímodo lo contradijera liberándolo. Vejar es tal vez el modo como Stroessner dominó el país por tanto tiempo. Se aprovecharon de un pueblo manso y turbado que solo quería que sus hijos concluyeran sus estudios o que retornaran a salvo por las noches. A cambio de silencio, obsecuencia y servilismo. Gran parte de la ciudadanía aceptó la dictadura por estas secretas razones que viven profundamente en la matriz de un pueblo acostumbrado a las asonadas, migraciones, muertes o persecuciones. El Partido Colorado colaboró para que la vejación fuera un instrumento de dominio. Despojado el ciudadano de su libertad, primero, solo le quedó algo de dignidad contra la que acometió Stroessner y el partido colorado para convertirlo en rehén primero y sometido después.

El sistema funcionó muy bien hasta después de su caída. La mayor empresa del país: el Estado podía aún repartir prebendas en grandes cantidades. Sin embargo, los cambios económicos de la mano de la globalización impactaron el corazón del sistema. La presión por privatizarlas era cada vez mayor y su resistencia directamente proporcional a la angurria de sus administradores de alzarse con algo de un sistema que muchos de ellos habían visto que enriqueció a miles. Pero la libertad supuso un nivel de conciencia mayor. La información jugó un papel fundamental en la labor de exponer ante la opinión pública un sistema de administración que colisionaba contra el aumento de las demandas sociales que ya no podían ser acalladas con dádivas ocasionales. El Estado entró en crisis con el desplome de las entidades financieras en el 95 y ese fue el comienzo del fin del Partido Colorado en el poder. Muchos de sus dirigentes más conspicuos fueron expuestos ante la opinión como sinónimos de latrocinio y pillería. La oposición comenzó a organizarse ganando municipios y gobernaciones y controlando el Congreso desde el año 1993. A pesar de que no se dieron ejemplos rutilantes de administraciones eficaces y honestas, y de que el propio Congreso se contentara con las dádivas que el Ejecutivo repartía, la conciencia ciudadana crecía en directa proporción a la incapacidad de los gobiernos colorados de administrar sus disidencias internas, como en 1997 entre Argaña y Oviedo, y la abierta sumisión del Poder Judicial a los mandatos del Ejecutivo.

 

HARTOS DE TANTA INJUSTICIA

Este quizás sea el tema central que explique en mucho la caída del Partido Colorado en el poder. La dictadura de Stroessner representó como ninguna otra forma de gobierno: lo injusto, lo avieso, lo turbio, lo corrupto y lo ilegal. La dictadura que pretendió disfrazarse en el ritual eleccionario sometió a toda la sociedad pero en particular hizo de la justicia un instrumento de persecución y un remedo de legalidad. Si los paraguayos se congratularon con el golpe de febrero de 1989 era porque creían que una nueva justicia nacería con el cambio político. La historia de jueces que rechazaban hábeas corpus, fiscales que acusaban sin fundamentos, ministros de la Corte absolutamente abyectos al dictador, todo eso representaba más que ninguno el rostro arbitrario del poder. Y fue en ese terreno donde se libraron las grandes batallas que terminaron con el Partido Colorado. Primero el cuoteo político para la integración de la primera Corte después de la promulgación de la nueva Carta Magna supuso claramente que serían los políticos los que no solo nombrarían a los ministros, jueces o fiscales sino que los tendrían sometidos a sus designios. Alain Minc decía en su libro “La borrachera democrática” que hoy el poder estaba en la opinión pública, la prensa y los jueces. El Partido Colorado a pesar de su descenso en votos luego de la caída de Stroessner no quería perder el control de un poder del Estado que les permitía la impunidad y colocaba a resguardo a los actores políticos. A pesar de no controlar el Congreso en su totalidad, sin embargo supo repartir cargos y espacios a la oposición que, en vez de unirse y demandar un cambio del sistema, se conformó con algunos espacios de poder que no ponían contra las cuerdas al Partido Colorado.

Si el fraude y la prepotencia de los militantes hizo de aquella convención partidaria de octubre de 1997 el inicio de la caída de Stroessner, claramente la manera de actuar y el comportamiento servil de varios ministros de la Corte terminaron por erosionar al partido y conseguir el repudio ciudadano. No hubiera sido posible la emergencia de Fernando Lugo en aquel 29 de marzo de 2006 si Nicanor Duarte Frutos infatuado por el poder no quisiera llevarse todo por delante y reformar la Constitución para su reelección indefinida. El grito contra la injusticia y el servilismo de la Corte dominó aquella noche cuando los partidos políticos representados en el Congreso y críticos al coloradismo no se animaron a liderar una marcha ciudadana por temor a fracasar en su convocatoria. De nuevo el azar jugó su rol en las grandes decisiones políticas del Paraguay. El pueblo se creía con poder para repudiar el matonismo de Duarte Frutos que antes también se había burlado de la norma candidateándose primero para presidente de su partido y luego de ganar el cargo ocuparlo por algunos minutos para demostrar que él se encontraba por encima de la ley. En tiempos autoritarios eso era la norma, en la democracia eso era suficiente para producir una irritación general que se transformó en fuerza electoral en abril del 2008. La actitud autoritaria de Duarte Frutos, su discurso amenazante galvanizó el odio popular hacia su figura y a favor de un obispo que fue elegido por una Alianza circunstancial que vio en él una clara oportunidad de acabar con el largo reinado colorado en el Paraguay. La cuestión era dejar que el propio Nicanor se convirtiera -sin quererlo- en el principal propagandista del cambio. Él representaba lo que muchos paraguayos detestaban en la profundidad de sus espíritus. Lo chato, servil, ofensivo, soez que había dominado el discurso del Partido Colorado en varios momentos de la dictadura de Stroessner pero que había emergido de manera más que evidente con los militantes y que había retornado con un Duarte Frutos privado de su reforma constitucional que arremetió con todo lo que se ponía a su paso. La postulación para el cargo de senador fue la gota que colmó el vaso. La Constitución le mandaba ser senador vitalicio, con voz pero sin voto en el Congreso. El ánimo de controlar desde ese poder del Estado a su candidata Blanca Ovelar (quien también fue postulada en medio de una presunción de fraude) en el caso que llegara al poder, lo llevó a cometer otro error craso que lo expuso a niveles caricaturescos cuando renunció al cargo de Presidente de la República para intentar jurar infructuosamente el 30 de junio al inicio de sesiones del nuevo congreso. Todo eso fue posible por el sometimiento de la justicia. Si ella hubiera obrado como debiera, haciendo cumplir los mandatos constitucionales, el resultado sería distinto... pero en ese caso no sería el modus operandi del viejo Partido Colorado que terminó con su poder el 20 de abril de 2008. Víctima de la acumulación de sus errores, de su pésima lectura en torno a los cambios producidos en la sociedad paraguaya, de su impenitente vocación de administrar el poder como lo haría Stroessner... pero en democracia, no entendiendo el abierto contrasentido entre ambos argumentos se inscriben entre las causas de su caída del poder. La expresión literal es más que elocuente, el Partido Colorado cayó del poder porque se agotó en sus fórmulas prebendarías y clientelistas. Estas no alcanzaron más para todos y la repartija se redujo al punto que en un ministerio se decía que el secretario de Estado se llevaba las comisiones de la comida que antes correspondían a funcionarios de menor rango. Con Stroessner eso era cuidadosa y jerárquicamente administrado. Se repartía de acuerdo a los niveles de importancia para la administración del poder y se seguía un orden de prelación, militancia, lealtad y utilidad. Duarte Frutos y su antecesor González Macchi habían terminado con estas “normas de comportamiento en el poder”, lo que degeneró en un caos, despilfarro y aviesa corrupción. Ninguno de los dos hubiera tampoco alcanzado el poder de no mediar el azar en su camino. El mismo que llevó a Stroessner al poder y el que acabó con él. Marzo de 1999 significó el vaciamiento del poder; en esa semana se fueron los cinco referentes más importantes de los partidos y movimientos, y con ellos el presidente Raúl Cubas. Sin todo eso, jamás Duarte Frutos hubiera podido llegar al cargo que llegó y no habría confiado en demasía en su fortuna y prepotencia en el poder para intentar avasallar todo lo que se pusiera enfrente. Tuvo la oportunidad de pasar a la historia como un líder moderno pero prefirió el modelo perfeccionado por Stroessner: prebendas y canonjías. Nombró a todos los presidentes de seccionales en cargos públicos en el ánimo de que desde esa posición chorreara entre sus adherentes los recursos que eran recogidos malhabidamente. No entendió jamás que la opinión pública no aceptaba ese modelo y que sus propios seguidores no alcanzaban los beneficios que antes con menos población y demandas eran relativamente fáciles de administrar. Stroessner era mesurado a diferencia de sus seguidores que se disputaban en vehemencia y abyección. Duarte Frutos encarnó a estos últimos desde la Presidencia y perdió el respeto de miles. Cuando echó mano al fraude en las internas donde el Partido Colorado permitió que un ciudadano argentino, Osvaldo Domínguez Dibb, participara de los comicios presidenciales primero y de presidente de la Junta de Gobierno después, la sensación de repudio había llenado al Interior de su propio partido. Cuando luego de potenciar y estimular los liderazgos marginales nombró a Blanca Ovelar como signo de modernidad, el daño a su estructura de poder estaba consumado. Como el senil y debilitado Stroessner que permitió la irrupción de los militantes sobre los tradicionalistas, Duarte Frutos en su laberinto se equivocó de tiempo y de libreto y en consecuencia cayó con el retazo de su partido que lo había sostenido en el poder. Paraguay, “un país salvajemente conservador”, tolera muchas cosas pero a falta de evangelio se fija mucho en las formas. Duarte Frutos como Stroessner en 1989 perdió el sentido del ritual partidario y creyó tontamente que podía remontar con gritos, alaridos, amenazas y bravuconadas. El resultado le demostró que quien no respondió los insultos y casi no hizo algún discurso que se recordara por su elocuencia, terminó concentrando el voto opositor, de los colorados descontentos y de sectores sociales emergentes en menor grado.

Si Stroessner cayó porque perdió el control de los ejes de un poder entramado sobre una red de prebendas, un marco de terror, unas condiciones internacionales favorables, un gran ingreso de dólares por la construcción de las represas, especialmente Itaipú, Duarte Frutos y el Partido Colorado perdieron el poder porque no entendieron nunca el grado de repudio y de rechazo que generó en miles de paraguayos, muchos de ellos de su propio partido, su estilo autoritario y soez acompañado de una caterva mediocre con quienes disfrutaba la humillación constante y la degradación permanente de su dignidad. Stroessner también sentía el mismo placer y lo hacía frente a varios de sus colaboradores para demostrar que él era el único dispensador de elogios o de insultos. Disfrutaba ante muchos de esa vejación permanente que sin lugar a dudas es un factor heredado de las dictaduras que impide la convocatoria de los talentosos e inteligentes a la administración pública. Dicen que Stroessner abofeteaba en público y extendía su diestra con algún movimiento de cuerpo en directa proporción al mensaje que quería hacer llegar. Duarte Frutos lo hacía con sus cercanos colaboradores; el presidente interino del Partido Colorado Herminio Cáceres, otra muestra de la decadencia de la ANR, era un sujeto en el que las chanzas públicas de Duarte Frutos encontraba un personaje predilecto. Debido a su limitada capacidad e inteligencia, que lo demostraba en cada entrevista periodística, el último mandatario colorado se mofaba de él diciendo que “el pañuelo del partido no debería llevarlo en el cuello sino en la boca” despertando una hilaridad cómplice entre los presentes que se sentían satisfechos de haber sido partícipes de tamaña demostración de poder.

 

LECTURAS EQUIVOCADAS

Stroessner se fue del poder en 1989 y murió en el 2007 a la edad de 95 años. Solo concedió una entrevista en el exilio en Brasilia. Fue para el diario británico “The Independent” en sus comienzos de un extrañamiento de 18 años, tiempo suficiente no solo para ver cómo muchos de sus ex colaboradores continuaban vigentes, sino que sus métodos de gobierno lo hayan sobrevivido. Observó cómo el Congreso y la justicia otorgaban reparaciones a las víctimas de la dictadura mientras sus bienes y de quienes consolidaron su poder no eran tocados para nada. Millonarias sumas de dinero fueron pagadas por el dinero del mismo pueblo que sufrió las vejaciones de la dictadura. Otra prueba más de las injusticias que terminaron con el Partido Colorado y que acabarán con otros partidos o movimientos, porque si algo acabó el 20 de abril es el miedo a cambiar o a elegir nuevos gobernantes. Ahora quien pretenda seguir con lo mismo tendrá un final temprano. Nuestras democracias latinoamericanas se deciden hoy más en las calles que en las instituciones representativas. Cubas, De la Rúa, Sánchez de Lozada, Lucio Gutiérrez, Alberto Fujimori, Jamil Mahuad pueden dar fe de ello. Lo que se dice, en realidad traduciendo el malestar del pueblo, es que las democracias que creen que aún se puede gobernar y permanecer en el poder por un tiempo ilimitado yendo en contra de la opinión pública y de la conciencia que se forma a través de la prensa, están equivocados. Hoy esto ha cambiado. Y si el Partido Colorado está hoy en la llanura es claramente porque se agotó. No pudo recrearse en la única matriz que conocía: el modelo prebendarlo y clientelista afinado por Stroessner. No comprendió sus contradicciones y nunca las asumió, creía tontamente que la polka, el naco y el caballo eran suficientes para mantener el simbolismo de un partido “agrarista” que empobreció, hizo emigrar, fraccionó a las familias, destruyó el medio ambiente y permitió el ingreso de latifundistas brasileños que huían de los altos impuestos y costos de la tierra en su país de origen. En el Paraguay, “el partido de los campesinos” no pudo sostener más su incoherencia y cayó víctima de ella. El desprendimiento del oviedismo y el hartazgo del fraude en las internas también jugaron un rol preponderante en la caída de un partido que a pesar de su derrota aún mantiene un nivel de adhesión importante que necesita con urgencia aggiornarse y en ese proceso modificar sus pautas de conducta en el poder que generalmente son replicados en los partidos denominados de oposición que hoy están en el poder.

Si el Partido Colorado no logra evitar su fraccionamiento, hipótesis altamente probable, le ocurrirá lo del PRI en México que luego de 73 años fue desalojado del poder en el año 2000 y en la última elección resultó tercero ante la irrupción de grupos escindidos que lograron cuajar su discurso entre amplios sectores emergentes de la vida política mejicana. Renuentes a la modernidad e incapaces de entender los signos de los tiempos, organizaciones más complejas y antiguas como la religión católica dieron inicio a procesos de cambio complejos que abrieron el camino a nuevos derroteros. Si se hubiera interpretado que las cartas clavadas a la entrada del templo en Alemania por el monje católico Martín Lutero eran una invitación al debate en torno a cuestiones administrativas y no el argumento para su persecución y posterior cisma, otros serían los senderos no solo en la religión sino de la política mundial. El stronismo o estronerismo se basó en el ejercicio de una ortodoxia en el poder que se contradice con la democracia. Es para analizar cómo pudo en democracia mantenerse 18 años en el poder y cómo nunca antes se le habían contestado sus contradicciones. Solo es explicable porque la misma oposición terminó siendo funcional al sistema que hoy ha dado paso a la irrupción de un nuevo poder administrador. Lo que queda por ver es si las características de gestión autoritaria siguen tan vivas en manos de quienes han hecho historia desalojando a los colorados en el poder. Hay temores fundados de que esa matriz cultural se extienda entre los nuevos gobernantes y que ello daría pie a esa afirmación teórica poco optimista que dice que “cuanto más cambia América Latina, más permanece igual”.

Solo el tiempo y la participación ciudadana podrían darnos la respuesta a este enigma que construyó Stroessner para su tiempo y que ha terminado con el gobierno del Partido Colorado recientemente. Los pueblos a veces se adelantan a los gobernantes y envían señales que estos se rehúsan a admitir. Carecen por lo general en estos tiempos de sobrevivencia económica para poder influir más, pero han dado muestras en otros países de la región que aquellos mandatos desoídos no son reclamados institucionalmente, sino que son referenciados en las calles o rutas donde se librará la futura batalla de la democracia.

La que tuvimos nació en fórceps y con los mismos progenitores que la habían proscripto. La primera generación democrática votó en las últimas elecciones y no parece casual que hayan sido ellos los que han comenzado a emerger para indicarles a los partidos y líderes que su paciencia tendrá límites y que aquellos que quieran reeditar el modelo de gestión autoritaria tendrán sus días contados.

Stroessner supo montarse a la ola represiva de la “Guerra Fría” y no dudó en purgar del partido que lo llevó al poder a quienes ingenuamente creían que sería una figura circunstancial. Duarte Frutos creyó que el miedo y el envilecimiento del pueblo paraguayo todavía seguían vigentes. Cuando el repudio fue tan grande y su popularidad tan baja, sus insultos hundieron a su partido y catapultaron a un ex obispo al poder.

¿Será de nuevo el azar el que guiará los pasos de los gobiernos que emergen o, por el contrario, estaremos ante una verdadera revolución que entierre el prebendarismo, la persecución, la mediocridad, la corrupción, el nepotismo y el sectarismo sobre los cuales Stroessner y el Partido Colorado se mantuvieron en el poder en 35 años de dictadura y 18 años de democracia? La respuesta, de nuevo, la dará el tiempo y los ciudadanos... en especial aquellos que con su mayoría de edad han votado por primera vez el 20 de abril de 2008.


NOTAS

* Benjamín Fernández Bogado. Abogado y periodista. Profesor de Derecho a la Información y Ciencias Políticas en universidades de Paraguay, México y EE.UU. Articulista en diarios de Costa Rica, Ecuador, México y Paraguay, donde escribe semanalmente sobre democracia, gobernabilidad y desafíos emergentes para la libertad. Ha sido Académico Visitante en la Universidad de Harvard (EE.UU.) y ha escrito 13 libros en español, inglés y alemán. Es fundador de Radio Libre.





CAPÍTULO VII

EL PARTIDO COLORADO Y LOS DERECHOS HUMANOS

ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE (*)

 

Dejamos a los estudiosos la tarea de descifrar el fenómeno de una sociedad que soportó a un partido político en el Gobierno, por 61 años, sin que en todo ese tiempo se apease de unas prácticas que justificaban sobradamente su caída muchos años antes del 20 de abril de 2008.

El Partido Colorado asume plenamente el poder el 13 de enero de 1947 de las manos del dictador Higinio Morínigo. Un año después, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De acuerdo con este documento, los países miembros -el Paraguay incluido- “se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo de los derechos y libertades fundamentales del hombre”, tales como: el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad (art. 3); o “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes” (art. 5); o “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques” (art. 12); o “Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país” (art. 14); o “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión” (art. 19).

O sea, desde diciembre de 1948 -sin contar con la Declaración de Derechos de Virginia, de 1776; o la posterior Declaración de los Derechos del Hombre, de la Revolución francesa- el Paraguay contaba con sobrados instrumentos para que sus Gobiernos encaminaran el país hacia el cumplimiento pleno de los derechos humanos. Sin embargo, cerraron los ojos y los oídos para abrir las expresiones más brutales de un modelo político que iba por el camino inverso de las modernas concepciones de convivencia.

El Paraguay también suscribió la Convención Americana sobre Derechos Humanos, conocida como el Pacto de San José, el 22 de noviembre de 1969. El artículo 1, “Obligación de Respetar los Derechos”, dice: “Los Estados Partes en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social”.

Cuando el Partido Colorado accedió al poder en 1947, regía la Constitución de 1940, dictada por el gobierno del general José Félix Estigarribia, en sustitución de la de 1870. La del 40, acerca de la libertad de expresión, por ejemplo, en su artículo 19, expresa: “Todos los habitantes de la República gozan de los siguientes derechos (...) publicar sus ideas por la prensa sin censura previa, siempre que se refiera a asuntos de interés general...”. El art. 13 dicta: “La edición y publicación de libros, folletos y periódicos serán reglamentados por la ley. No se permite la prensa anónima”.

Un mes antes de promulgarse esta Constitución o Carta Política, se dio a conocer el Decreto-ley 1776, del 13 de junio de 1940 que “reglamenta la publicación de las opiniones y la expresión del pensamiento por medio de la imprenta”. En su exposición de motivos, esta ley sostiene: “El gobierno, que representa la Nación, tiene el deber de dictar normas de orientación para reprimir las exageraciones y las licencias de la prensa sin responsabilidad, categoría que no puede ya subsistir en nuestra época”. El artículo segundo expresa que el Gobierno podrá:

Establecer sobre materias específicamente declaradas la prohibición de tratarlas, salvo en la forma que indique el Ministerio de Gobierno y Trabajo.

Utilizar sin cargo alguno las columnas de la prensa para la difusión de noticias y decisiones emanadas del Gobierno Nacional.

Tomar a su cargo la dirección de la prensa, sin afectar su administración, y con indemnización de daños y perjuicios, si los hubieren.

En 1947 el Partido Colorado se encontró con estos instrumentos legales para gobernar a sus anchas. La autoritaria Constitución de 1940 fue derogada recién con la de 1967, o sea, 13 años después -a partir de 1954- de que Stroessner estuviera al frente del gobierno.

En junio de 1948 el dictador Higinio Morínigo fue obligado a renunciar después de ocho años en el gobierno, un tiempo hasta entonces nunca alcanzado por ningún mandatario en el siglo XX. Le sucedió Juan Manuel Frutos; luego vinieron: Natalicio González, Raimundo Rolón, Felipe Molas López, Federico Chaves, Tomás Romero Pereira. En total, seis presidentes en seis años hasta la llegada de Stroessner. Tantos presidentes en tan poco tiempo es la expresión de la profunda anarquía en el interior del coloradismo con grave repercusión en el resto del país que, además, padeció una guerra civil de cinco meses en 1947, de marzo a agosto.

Ninguno de los presidentes nombrados procuró mejorar las condiciones de vida de los paraguayos. Al contrario, con cada golpe de Estado -muy frecuente y muchas veces trágico- se retrocedía en la aspiración ciudadana de desenvolverse con alguna garantía judicial, social y política. Aunque lo quisiesen, no podían responder a las expectativas porque el poco tiempo en el poder lo malgastaban en la tarea inútil de desbaratar conspiraciones palaciegas.

Instalados en el poder, luego de 40 años y pico en la llanura, los colorados se olvidaron totalmente de sus propósitos para con el país. El Comité Central de la Juventud Colorada -muchos de cuyos miembros serían altas autoridades nacionales- dio a conocer el 23 de octubre de 1944, en plena dictadura del general Morínigo, un “manifiesto” con estas exigencias:

1. Derogación de la Ley de Tregua Política (que regía desde marzo de 1940).

2. Derogación de la Ley de Prensa.

3. Amnistía general amplia por causas políticas y sociales.

4. Libertad de reunión, asociación y palabra.

5. Convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente que tenga que estructurar las bases jurídicas, sociales, económicas y políticas del Nuevo Estado Paraguayo.

Bajo el gobierno del último presidente colorado antes de Stroessner, el doctor Federico Chaves, el país vivía graves convulsiones políticas y económicas. La población ya estaba harta de formar interminables “colas” para obtener, a cuentagotas, los artículos de primera necesidad. Todo estaba controlado por el Estado. Los pequeños comerciantes nada conseguían si no estaban munidos de cupos. Era una especie de vale que otorgaba el Ministerio de Industria y Comercio pura conseguir un poco de aceite, de azúcar, de harina. Para acceder a grandes cantidades no hacía falta ningún documento. Bastaba con un padrino y una buena propina. A estos padecimientos se agregaban los rumores, casi a diario, de un golpe de Estado.

En este clima social y político Stroessner da su golpe el 4 de mayo de 1954 y asciende a la Presidencia de la República el 15 de agosto de ese año. En su primer mensaje al Congreso, el 1 de abril de 1955, Stroessner dijo: “La inestabilidad política del país era crónica. Desde 1904 (año en que cae el Partido Colorado) a 1940, pasaron por el poder 22 presidentes, con un promedio de un presidente cada 19 meses (...) En el lapso de 1948 a 1954, yo fui el octavo presidente”. Se “olvidó” de mencionar que tumbó directamente a dos, y a uno dejó que lo tumbaran. Sin su directa intervención, la cifra de ocho podía haber bajado a cinco, lo que hubiera sido un poco más decoroso a la hora de contar la historia.

 

TEMPRANERO CULTO A LA PERSONA

El administrador general de la Administración Nacional de Telecomunicaciones (actual Copaco), Salvador Guanes, firmó la circular número 20, fechada el 11 de diciembre de 1954, por la que impone a las radioemisoras del país las músicas y las palabras con las que deben iniciar la transmisión diaria. Es una confiscación de los espacios radiales y una señal de los métodos que el Gobierno empleará en la tarea de consolidar su naciente poder. La arbitrariedad y el culto a la persona están contenidos en la circular:

(13)Ejecución de la polca “General Stroessner”, de Samuel Aguayo

(14)Ejecución de una música patriótica, “Primero de Marzo”, “Colorado”, “26 de Febrero”, alternando diariamente una de ellas.

(15)Seguidamente se difundirá el siguiente saludo: “El Presidente Constitucional de la República, General de División Alfredo Stroessner, saluda al pueblo paraguayo y le desea un día próspero, de felicidad y trabajo. Con Stroessner, Dios, Patria, Trabajo y Bienestar”.

La Antelco advirtió que “controlará” el estricto cumplimiento de esta disposición.

Tres meses después, con otra circular, la Antelco obligó a las radioemisoras del país a difundir nuevas frases, en sustitución de las anteriores:

“Pueblo y Ejército, con el General Stroessner, en la simpatía y en el afecto para la reconstrucción nacional”.

“Probidad, justicia, realización, con Stroessner”.

“De López a Caballero, y ahora con Stroessner, para felicidad de la nación paraguaya, por obra del coloradismo”.

Las emisoras privadas estaban obligadas a transmitir, sin costo, en cadena con Radio Nacional del Paraguay. De 13.00 a 13.30 se difundía “Tribuna de Combate” desde el Ministerio del Interior. A este programa le sustituyó “La Voz del Coloradismo”, de 20.00 a 20.30.

Las dos cadenas diarias de Radio Nacional comenzaron por confiscar los espacios centrales de las emisoras privadas, cuyos propietarios no tenían dónde quejarse. Si no entraban en cadena por algún motivo, incluso técnico, recibían fuertes multas más la amenaza de perder la licencia.

Inicialmente la cadena tenía una duración de 15 minutos diarios. Luego se extendió a 30. Los empresarios no disponían tampoco del espacio posterior para comercializarlo, porque eran más los días en que Radio Nacional excedía en mucho la media hora. Después del boletín que daba cuenta de las actividades de Stroessner, con la inclusión de los telegramas de adhesión a su persona y a su gobierno; la recordación con largos discursos propagandísticos del Día del Camino, del Árbol, del empleado público; el aniversario de las batallas de la Guerra de la Triple Alianza, de la Guerra del Chaco, de la Revolución de 1947; el fallecimiento de alguna figura más o menos de relieve de la dictadura cuyo sepelio se transmitía desde el cementerio, y cualquier otro suceso importante para el Gobierno y el Partido Colorado. Además, los actos en los que asistía Stroessner, como la inauguración de alguna obra, colación de cursos, ceremonia castrense, visita a un establecimiento ganadero, comercial, industrial, ofrenda floral en el Panteón de los Héroes, asambleas en la Junta de Gobierno del Partido Colorado, fiestas en las seccionales coloradas, etc. Los discursos que se pronunciaban en estas ocasiones se reiteraban en el horario habitual de la siesta y de la noche. Se multiplicaba este despliegue cuando Stroessner viajaba al exterior. Por muchos años lo hacía con frecuencia hasta que la comunidad internacional le cerró las puertas por su negativa a respetar los derechos humanos.

 

UNA FUENTE DE INSPIRACIÓN

Cuando Stroessner llegó al poder en agosto de 1954, en los Estados Unidos de Norteamérica estaba por concluir -ocurriría en diciembre de ese año- “el imperio del terror” del senador Joseph McCarthy. Desde hacía cuatro años estaba dedicado a la caza de “bolches”, lo que desencadenaba una histeria anticomunista desde Hollywood hasta la Casa Blanca. La caída de McCarthy no significó el término de su “doctrina”. La dictadura militar en Latinoamérica -con Stroessner a la cabeza- se instaló vigorosa con la bendición de los Estados Unidos.

A partir de aquí, los opositores serán considerados “comunistas”. Bastaba la Insidia o el rumor para que la Policía o la Justicia -a partir de la Ley 294 de 1955- actuara sin escrupulos.

La Ley 294, irónicamente denominada de “Defensa de la Democracia”, tenía disposiciones tan vagas para el castigo carcelario como las de “difundir la doctrina comunista o cualquier otra doctrina que se proponga destruir o cambiar por la violencia la organización democrática republicana de la nación” (art. 2). En 1970 se dictó otra ley para reprimir más todavía a la oposición. Fue la 209 “De Defensa de la Paz Pública y Libertad de las personas”.

Para definir su sistema de gobierno, la dictadura creó la frase “democracia sin comunismo”, tendiente a ganarse los favores de los Estados Unidos, los que llegaron a su término con la presidencia de Jimmy Cárter (1976-1980) y luego la de Ronald Reagan (1980-1988). Las relaciones se oscurecen por el tema de los derechos humanos. Stroessner, entonces con tres décadas en el poder, siguió amarrado al pasado. Impuso el inmovilismo en un tiempo de cambios espectaculares. Convirtió al Paraguay en un país viejo, arrugado, gris. “Nadie confunda estabilidad con quietud. El país avanza hacia su gran destino...”, dijo en su mensaje al Congreso el 1 de abril de 1983. La represión siguió siendo su única respuesta a las necesidades nuevas; y la corrupción, su único instrumento para asegurarse la lealtad de las Fuerzas Armadas y de la dirigencia del Partido Colorado.

En abril de 1979 se realizó en Asunción el XII Congreso de la Liga Mundial Anticomunista. Entre las “recomendaciones” presentada por la delegación paraguaya -compuesta por altas autoridades del Partido Colorado- se encontraba “la necesidad de alertar sobre la consigna subversiva de desestabilización por medio de la infiltración comunista en la prensa”, la que se manifiesta “en campañas orientadas a desacreditar a las autoridades, restar valor a las realizaciones de los gobiernos, magnificar las dificultades, soslayar los éxitos y minimizar sus proyecciones, con el propósito de animizar la confianza colectiva, promover el descontento popular y confundir a la opinión pública, para preparar el camino de la subversión espiritual en la población”.

La otra contribución colorada y stronista al Congreso estuvo referida a la necesidad de “denunciar a los grupos seudoculturales, artísticos, científicos, así como a los que a través de las artes, como el teatro, buscan nuevas formas de expresión renovadora y revolucionaria, que no son sino otras tantas formalidades del pensamiento marxista, que por ese medio realizan una tarea de destrucción de los valores espirituales”.

Una torrencial histeria anticomunista cayó sobre el país. En un acto público, el ministro de Justicia, Eugenio Jacquet, dijo el 30 de agosto de 1983: “Hay personas que manipulan el movimiento que se generó en torno a la Ley 209 y llegamos, inclusive, a detectar que entre los supuestos familiares de los presos hay personas que nada tienen que ver con los detenidos. Son especulaciones que copian tácticas comunistas que se emplean en otros países”.

En efecto, amplios sectores del estudiantado, de los políticos opositores, de intelectuales y artistas, se pronunciaban con frecuencia contra la Ley 209 por represiva, anacrónica e injusta. Frente a estas manifestaciones, los colorados oficialistas alzaban su voz indignada. La Federación Universitaria del Paraguay, al apoyar la vigencia de dicha ley, expresó en setiembre de 1983: “Contra la Ley 209 los únicos que se levantan son los comunistas y estas expresiones degradantes de cipayos e idiotas útiles...”.

La Junta de Gobierno del Partido Colorado en pleno, también en setiembre de 1983, en una sesión especial se pronunció a favor de la Ley 209.

El 30 de agosto de 1986, en su mensaje a los policías, en su día, el general Francisco A. Brítez, jefe de la institución policial, dice: “Es nítidamente notorio que muchos medios de información radial y de prensa, así como entidades que dicen responder a objetivos puramente culturales, responden a un mando y a directivas, identificadas con la subversión. La forma de elaboración de las noticias y comentarios, y la programación de espectáculos folklóricos que se convierten en mítines de revoltosos, dan una idea de que la conspiración se ramifica e intenta copar todas las instancias de la vida nacional...”.

 

LA DEMOCRACIA DEL COLORADISMO CON STROESSNER

Los atropellos sin pausa a los derechos humanos tienen su raíz en la misma concepción de Stroessner acerca de la democracia. El 3 de junio de 1986 recibió en su despacho a los representantes colorados de los departamentos de Paraguarí, Misiones, Central y Cordillera, para reiterarles que “en una democracia la mayoría manda. Y la minoría tiene que ayudar a hacer un buen gobierno. Porque democracia es poner votos en las urnas. Quien gana es mayoría, y la minoría debe acatar”. Esta idea elemental, simple, torpe a la vez, encierra, sin embargo, el esquema de su política ejercida durante 35 años. La idea de que “la mayoría manda” se hace carne en el stronismo; le llena de arrogancia y de prepotencia; le ubica por encima de la Constitución y de las leyes. El hábito de expulsar de su tierra a un ciudadano, o no permitir su regreso, es una de las expresiones cotidianas de esta arbitrariedad que se materializa de una manera mecánica: La Policía secuestra a un ciudadano de su hogar, de su trabajo, de la vía pública. Le despoja de sus documentos de identidad y de su dinero, le encierra en un vehículo y le deja después tirado en Clorinda o en Foz de Yguazú. La variante suele ser que la víctima previamente ha estado por meses o por días sufriendo torturas, la mayor de las veces en Investigaciones.

El 27 de agosto de 1958 la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT) inicia una huelga general en demanda del 10 por ciento de aumento salarial. Fue la última huelga en los tiempos del coloradismo con Stroessner. Los dirigentes de la entidad obrera son apresados, torturados, confinados y expulsados del país. Con los líderes sindicales en el exilio, la dictadura acomoda la CPT entre los organismos gubernamentales.

La dictadura se vale del exilio para castigar a los “rebeldes” y para vigorizar su propia estructura. Sin opositores incómodos a la vista diseña a su manera las entidades políticas, sociales, culturales, en fin, las que tengan alguna representatividad. Con los líderes sindicales expulsados del país, el stronismo dicta el “Código Laboral” -presentado como la gran conquista de la “democracia sin comunismo”- que obstaculiza lo más que puede, por caso, la realización de una huelga.

A fines de mayo de 1959, casi un año después de los sucesos de la CPT, otro numeroso grupo de ciudadanos es expulsado del país. Esta vez la intención -largamente conseguida- es hacer de la Asociación Nacional Republicana un partido netamente stronista. De nuevo una huelga es el pretexto para afianzar la dictadura. Los estudiantes de la capital protestan por la suba del pasaje y son salvajemente reprimidos. Desde la Cámara de Representantes se pide el procesamiento del Jefe de Policía, Ramón Duarte Vera, como responsable de la generalizada golpiza a los jóvenes. La respuesta de Stroessner es inmediata. Disuelve el Parlamento, apresa a los diputados, descabeza al Partido Colorado y envía al exilio a quienes deseaban un trato humano a los estudiantes. En marzo de 1960 son expulsados del Partido Colorado. A muchos de ellos -integrantes del Movimiento Popular Colorado (Mopoco)- se les permitiría volver recién después de 25 años.

Un comunicado del Mopoco firmado en el exilio, publicado por ABC Color el 18 de octubre de 1983, expresa:

“El exilio ininterrumpido de más de 24 años al que han sido condenados los miembros del Mopoco, constituye una pena bárbara, sin precedentes en la historia política del país. En varias ocasiones, las dos últimas el 11 de setiembre de 1982 y el 6 de febrero de 1983, dirigentes del Mopoco intentaron regresar en forma pública y pacífica, negándoseles, sin expresión de causa, el derecho constitucional de entrar libremente al territorio patrio”.

En los primeros meses de 1984 los colorados “mopoquistas” fueron autorizados a entrar al país después de 25 años de negativa por parte del gobierno colorado de Stroessner.

Este nuevo hecho “inspiró” al poderoso Jefe de Investigaciones de la Policía, Pastor Coronel, a decir lo siguiente: “Les permitimos que regresen. Y así como vinieron, vivieron la realidad, comprobaron la indiferencia popular, se tragaron el olvido en que yacen para siempre. Volverán a irse, a sus trabajos o empresas en la Argentina o en el Brasil, a sus cargos públicos, al amor de sus hijos extranjeros y a la comodidad de su dorado exilio”.

 

EL ASALTO A LAS ORGANIZACIONES CIVILES

Luego de los sucesos de agosto de 1958 con el copamiento colorado de la Confederación Paraguaya de Trabajadores, se implementó una fuerte presión para extender el monopolio partidario sobre las organizaciones civiles. Los centros estudiantiles fueron asaltados por el stronismo. Una de las más activas secretarías de la Junta de Gobierno del Partido Colorado fue la de los asuntos estudiantiles. Fueron organismos auxiliares del partido el Centro Universitario “Ignacio A. Pane”. Los estudiantes secundarios tuvieron el “Blas Garay”. La misión principal de estos estudiantes era la de obstaculizar la actividad de sus compañeros democráticos, incluso en las universidades privadas y mediante la intervención policial.

El Movimiento Colorado de la Facultad de Ciencias Contables y Administrativas, de la Universidad Católica, solicitó al director de Asuntos Políticos de Investigaciones, el 21 de noviembre de 1975, el apresamiento de tres dirigentes estudiantiles “por considerar que con la privación de libertad de estas tres personas se estaría dando un rudo golpe para la organización del mencionado movimiento de opositores”. (Del Archivo del Terror)

El 27 de abril de 1977, el director de Políticas y Afines de Investigaciones, Alberto Cantero, informó a su jefe, Pastor Coronel, que el Centro de Estudiantes de Agronomía estaba en vísperas de asamblea para renovar autoridades. Competían dos listas: una de “amigos” y otra de la “oposición”. Los “amigos universitarios tendrán una reunión esta noche con dirigentes de la Seccional Colorada de San Lorenzo (...) a los efectos de tomar una decisión conjunta para repeler las provocaciones y utilizar la fuerza...”.

La otra forma de perversión estuvo dada en los continuos actos de “adhesión” al “progresista gobierno colorado del general Stroessner”. El 30 de abril de 1984 -semana después de que la dictadura clausurara el diario ABC Color- la Federación Universitaria del Paraguay (FUP) se reunió en la plaza contigua al Palacio de Gobierno en un acto multitudinario “en reconocimiento de la paz, el Estado de derecho, la democracia y el progreso que vive el país”. De los tres oradores, sólo uno era estudiante. Los demás, dirigentes colorados. Le regalaron al dictador un poncho blanco “como símbolo de pureza de la juventud estudiosa paraguaya”.

En 1946 los dirigentes del Centro Colorado “Blas Garay” tuvieron otra idea. En un comunicado fechado el 14 de diciembre se lee: “Que los centros universitarios y estudiantiles no son patrimonio de ningún sector político, y que por consiguiente, deben guardar la más estricta imparcialidad y equidistancia en las luchas políticas nacionales”. Igualmente deciden “repudiar categóricamente todo acto de violencia perpetrado como medio de lucha política, por constituir una amenaza para la convivencia pacífica y para el imperio del derecho, en retroceso hacia anacrónicos métodos políticos que deben ser superados, un obstáculo para el progreso el país y un reto a la ciudadanía paraguaya”,

El magisterio fue otro de los sectores martirizados por la presión de las afiliaciones. Nadie que no tuviera el documento partidario ingresaba en los centros públicos educativos. Así los maestros pasaban igualmente a depender de las seccionales coloradas que imponían nombramientos o despidos de los educadores.

De todos modos, la mayoría de las maestras no estaban incómodas en el rol de iniciar a los niños y a los jóvenes en los “principios” de la dictadura. Cualquier acto escolar era útil para meter en la cabeza de los educandos los beneficios “de la paz, del progreso, de la democracia sin comunismo”. El calendario escolar estaba repleto de “fechas nacionales” que eran utilizadas para la propaganda partidaria. Los discursos estaban concebidos de tal forma que la recordación de un prócer terminaba en elogios al dictador.

Junto con las palabras laudatorias a su persona, la otra obsesión de Stroessner era el pelo largo. Los militares y los policías tenían que lucir un perfecto “recorte cadete”. Este “look” impuso también a los civiles que estaban en su cercanía. Una de las formas de congraciarse con el dictador era andar con el pelo muy corto. Lo contrario, lo tomaba como un insulto. Tanto que hubo ocasiones en que ordenaba a la policía salir a la calle a apresar a los jóvenes y rasurarlos, de cualquier manera, en la peluquería policial. No había protestas que sirviesen ante tamaña prepotencia, semejante al ejecutado por los militares que salían a la caza de los jóvenes en busca de “desertores” del servicio militar. Aparecían en cualquier parte y a cualquier hora; subían en los ómnibus, atropellaban una pista de baile, cortaban una calle, bloqueaban la salida del cine, del colegio, de un festival estudiantil.

 

LA “LIBERTAD DE EXPRESIÓN” COLORADA

La Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) en su mensaje “a los fieles de la República”, del 27 de noviembre de 1986, expresó: “La Voz del Coloradismo atenta permanentemente contra los más importantes valores de la convivencia ciudadana (...) Cotidianamente hace una labor no sólo lamentable sino reprochable (...) No respeta la verdad ni guarda la justicia. Bajo el pretexto de un periodismo combativo, incurre en el manoseo de personas e instituciones con lenguaje muchas veces grosero y siempre injurioso. La prédica cotidiana es una siembra de agravios y un permanente llamado al rencor, a la venganza, al odio. El mismo presidente de la CEP, en reiteradas ocasiones, ha sido víctima de inauditos ataques. Sin respeto alguno a las elementales normas del decoro y de la convivencia, honras y famas son destrozadas. Nunca en nuestro país los obispos han recibido públicamente tales agravios (...) Duele decir que ese dudoso privilegio corresponde a esta audición, auspiciada por la más alta dirigencia de un partido que se proclama católico y se manifiesta respetuoso del cristianismo”.

En su editorial del 17 de diciembre de 1983, “La Voz del Coloradismo”, como otras veces, se ocupó del diario ABC Color. Esta vez dijo: “Si el pasquín opositor sigue en esta prédica, también nosotros tenemos el derecho de agitar al pueblo colorado contra ABC. El diario podrá ser reducido a escombros por nuestros batallones de asalto”.

El 31 de diciembre, “La Voz...” reiteró sus amenazas de reducir a escombros el diario. Y agregó: “Allá el diariote con sus barbudos estafadores, homosexuales, desertores del servicio militar, subversivos. Un millón de colorados pesan mucho más que los famélicos, cobardes y pigmeos mercenarios a sueldo, emboscados en los sótanos de la ratonera de la calle Yegros”.

Reprimir con dureza cualquier intento de prensa libre fue un hecho cotidiano del stronismo. Existe una larga lista que denuncia la naturaleza dictatorial del régimen, con desprecio a la Constitución, las leyes, la inteligencia, la convivencia.

Por más de 30 años Stroessner gobernó con el estado de sitio en la mano. Desde 1954, hasta 1987, cada tres meses en punto aparecía en la prensa esta información: “El Poder Ejecutivo prorrogó el estado de sitio por 90 días más. Aclara que su vigencia no interrumpe el normal y pleno funcionamiento de los otros Poderes del Estado ni afecta el ejercicio de sus prerrogativas...”. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia renunciaba a sus deberes las veces que un ciudadano, víctima del estado de sitio, acudía a ella en busca de socorro.

Ante una presentación de hábeas corpus, el juez se dirigía al jefe de Policía en busca de información del detenido. La respuesta, firmada por el ministro del Interior, era esta: “En contestación a su nota número...de fecha...me dirijo a V.S. para Informar a ese Juzgado que el ciudadano...se halla guardando reclusión en… en virtud de la facultad otorgada al Poder Ejecutivo por el Artículo 79 (estado de sitio) de la constitución Nacional”.

Con esta respuesta, la justicia abandonaba a la víctima del estado de sitio para dejarla indefensa en manos del Ejecutivo.

La caída de la dictadura el 3 de febrero de 1989 no marcó el final de muchas de sus prácticas. La primera de ellas: el partido en el que se apoyó Stroessner para sus atropellos inmisericordes a los derechos humanos siguió en el poder con la antigua costumbre -más apaciguada- de la prebenda, la corrupción, la idea de que las instituciones y los bienes del Estado le pertenecen enteramente.

El Partido Colorado nunca dio muestras de arrepentimiento por haber sido el sostén de una dictadura feroz. Al contrario, hasta hoy algunos de sus connotados líderes ensayan encendidos elogios a un régimen que arruinó moral y materialmente al país. No perciben estos dirigentes que los muchos y graves casos de violaciones a los derechos humanos decidieron, finalmente, enviar al coloradismo a la llanura.



* Alcibiades González Delvalle, periodista, escritor y dramaturgo. Se inició profesionalmente en el periodismo en El Independiente, en 1958. Es autor de El drama del 47 - documentos secretos de la revolución, Mi voto por el pueblo, dos volúmenes que recogen sus artículos periodísticos publicados en ABC Color en los años de la dictadura; Contra el olvido - la vida cotidiana en los tiempos de Stroessner, Estudiar Periodismo para qué. Igualmente tiene publicada una novela Función patronal, más algunas de sus obras teatrales como San Fernando, Elisa y Procesados del 70, obras inspiradas en la Guerra del 70. Actualmente es editor del Suplemento Cultural y columnista de ABC Color.





CAPITULO IX

LA CORRUPCIÓN TUVO COLOR: ¡COLORADO!

MÁBEL REHNFELDT (*)

 

El gobierno colorado de Alfredo Stroessner enseñó que si su hijo militar podía ser recaudador de empresas vialeras y juegos de azar -y su amante quedarse con un paseo central en Ciudad del Este-, él también podía usar de caja chica los peajes que se recogían en todo el país. El gobierno colorado del Gral. SR Andrés Rodríguez demostró que había más pistas clandestinas que legales y que el “mamón con palito” podía distraer para no encarcelar a militares corruptos mientras los fantasmas se convertían en policías o veteranos e igual podían cobrar. El gobierno colorado del ingeniero Juan Carlos Wasmosy probó que si en cinco años no se podía avanzar 50, sí podían quebrar 4 bancos, 17 financieras y dos casas de cambio mientras de paso vaciaban el Banco Nacional de los Trabajadores (BNT) y se sobrefacturaba a gran escala en obras públicas. El gobierno colorado de Luis Ángel González Macchi reveló que si él podía andar con autos robados, permitir que se fuguen 16 millones de dólares del país, y que se robe el saco de un senador y a San Ignacio de Loyola del Congreso, eso era nada comparado con que la Iglesia católica pidiera que “por Jesucristo” se parara de robar. El gobierno colorado de Nicanor Duarte Frutos nos confirmó que los ladrones también podían robar lo que no se habían chupado antes: Leche para desnutridos, galleta y leche para escolares, kits para embarazadas pobres y comida para los desposeídos. Pero lo más importante, aprendimos las nuevas definiciones de “gastos sociales” de una hidroeléctrica: Dinero, bienes y servicios para los familiares, amigos y correligionarios. Al Partido Colorado no lo tumbaron los opositores; lo tumbaron los colorados corruptos... y la impunidad que el resto de los que no robaban toleraron. Después de leer este breve resumen, ¿le queda alguna duda de qué tumbó a la Asociación Nacional Republicana (ANR)?

“La corrupción no es un virus del sistema democrático, más aún, tiene raíces muy profundas en los gobiernos autoritarios. Pero, puede contribuir a debilitar el sistema democrático y a potenciar soluciones desesperadas y radicales”. (Foro Iberoamericano contra la Corrupción, 15 y 16 de junio de 1998, Santa Cruz de la Sierra. Palabras de Daniel Fretes Ventre, ex contralor paraguayo preso posteriormente por denuncias de corrupción).

Imposible contradecir a quien parece haber hablado con tanta propiedad; era quien tenía por trabajo monitorear y denunciar la corrupción, sólo que terminó atrapado y fagocitado por ella. Con algo de atrevimiento se puede agregar algo más: La corrupción NO es un virus creado por el sistema democrático pero puede asestarle un golpe mortal al más pluralista de los gobiernos si este no tiene el coraje de combatirlo.

La Asociación Nacional Republicana del Paraguay (ANR) puede dar fe de ello.

El mejor amigo de un colorado no fue otro colorado.

Nadie muere de sida.

Se muere por algún efecto del sida.

No hubo “un” solo hecho aislado de corrupción; ni siquiera hubo “un” simbólico episodio que haya colmado la paciencia de la gente. Aunque todas las sospechas miren sin disimulo al escandaloso derroche y desfalcos de Itaipú de estos últimos años, sería una visión muy plana que reduciría la causa a un solo hecho.

Hasta al más ingenuo de los ciudadanos le prendió el concepto de “corrupción”, “robo”, “vaciamiento”, “malversación”, “desfalco” y “coima”; aprendió a entender que todos esos vocablos le robaban su empleo, su pan, su salud, su seguridad, su educación y forzaba a los suyos a irse del país.

Si a la escandalosa corrupción y su correspondiente impunidad se le agrega la aparición de Fernando Lugo, un ex obispo que suplió el liderazgo político con una versión más ‘espiritualizada’ del bien común, los colorados llegaron al 20 de abril del 2008 con el combo completo.

La guinda que coronó la torta provino de parte de ellos mismos; la disidencia colorada que no pactó hasta el final con el oficialismo por la violencia desatada desde el mismísimo sillón presidencial. Por primera vez un colorado no fue el mejor amigo de otro colorado. Al contrario. Por primera vez un colorado perseguía a otros colorados.

Y se jactaba y bravuconeaba con ello.

 

SEIS GOBIERNOS CORRUPTOS PARA 54 AÑOS

La corrupción que logró tumbar al Partido Colorado incluye 61 años de gobierno de la ANR pero sobro todo desciende como un rayo acusador sobre 54 años de los gobiernos de Alfredo Stroessner (1954-1989), Andrés Rodríguez (1989-1993), Juan Carlos Wasmosy (1993-1998), Raúl Cubas (1998-marzo 1999), Luis Ángel González Macchi (1999-2003) y Oscar Nicanor Duarte Frutos (2003-2008).

Ellos lograron incluir no sólo TODOS los entes públicos sino también TODOS los rubros, incluyendo leche para niños desnutridos, galletas de oro para escolares, kits de partos y comidas para los pobres. Se careció de código de honor hasta para robar, y eso se sintió más durante la época de Nicanor Duarte Frutos.

El listado de empresas públicas que fueron devoradas por la corrupción sería impresionante porque incluyen a dependencias de los tres poderes del Estado, secretarías descentralizadas, entes autónomos y autárquicos, entidades bancarias oficiales, universidades, gobernaciones, municipalidades y empresas mixtas.

Entre las entidades que brillaron por los grandes negociados y por ser antros de corrupción están las dos hidroeléctricas Itaipú y Yacyretá, la petrolera estatal Petropar, el Instituto de Previsión Social (IPS), la Industria Nacional del Cemento (INC), la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP), el Instituto de Bienestar Rural (IBR) o su sucesor Indert y el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH).

Cabeza a cabeza compiten Antelco o Copaco, Corposana o Essap y la ANDE. Engrosan la lista el Banco Central del Paraguay (BCP), el Banco Nacional de Fomento (BNF), el Banco Nacional de los Trabajadores (BNT), y los Ministerios de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), de Educación (MEC), de Salud Pública y Bienestar Social (MSP y BS), de Defensa Nacional, de Agricultura (MAG), de Industria y Comercio (MIC), de Hacienda, del Interior, de Justicia y Trabajo (MJT), las penitenciarías y los registros públicos. Cómo olvidar al inefable Impuestos Internos -más tarde Tributación (SET)- y a la Dirección General de Aduanas.

No escaparon la DIBEN, ni el INDI, ni la bien ponderada y mal recordada Secretaría de la Reforma, menos la Secretaría de Acción Social (SAS) como tampoco el Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP), ni siquiera las universidades y hasta los despachos de las primeras damas. Inolvidables Senacsa, Senepa, Senasa y con pena aprendimos que hasta había un Senave que traficaba con semillas. Las Fuerzas Armadas compitieron en los grandes robos inclusive entro ellos mismos: Llegamos al colmo de que se robaron proyectiles y fusiles, y dejaban de reemplazo fusiles de madera bien pintados.

La lista es más grande y sigue, pero todos ellos tienen en común un mismo nombre: CORRUPCIÓN. Y el mismo apellido: IMPUNIDAD. Paraguay tiene apenas un par de personas presas por haber robado al Estado paraguayo, lo que hace pensar una de dos:

- O no tenemos corrupción.

- O no tenemos justicia que la castigue.

Esta última posibilidad es para mí una certeza a la que sumo otra: Al Partido Colorado lo tumbó la corrupción que enriqueció desmedidamente a unos pocos y empobreció a muchos al punto de hacer casi desaparecer la clase media.

Veamos algunos de los picos de esos robos durante seis de esos gobiernos.

 

ALFREDO STROESSNER, EL DESCONTROL DE LA CORRUPCIÓN CONTROLADA (1954-1989)

El gobierno de Stroessner no solo violó los más elementales derechos humanos; además de todo eso, fue un gobierno corrupto. Bien corrupto. Una corrupción “controlada” por el dictador que abría y cerraba canillas sin control de acuerdo a sus afectos y a los efectos que pretendía conseguir.

En época de Stroessner no había corrupción, dicen los nostálgicos.

FALSO. Había y mucha, sólo que éramos felices porque no lo sabíamos ya que estaba prohibido hablar de ella. La cleptomanía fue bendecida desde el gobierno y los privilegiados fueron familiares, amantes, amigos, y amigos de sus amigos que se sirvieron a voluntad de los bienes públicos.

Un estudio realizado por ABC Color y publicado el 31 de diciembre de 1997 cuantificó en 5.995.921.500 dólares la suma defraudada al Estado desde la dictadura hasta ese año. Solamente una cuenta del entonces coronel Gustavo Stroessner en el exterior trepaba a unos US$ 200 millones. El ex Coronel fue hábil para los negocios; se lo apunta como recaudador anual de unos 1.200.000 dólares de los bingos además de negocios dedicados al rubro vial. No perdonó negocios inmobiliarios ni de seguros; fue incriminado hasta en la sobrefacturación de la planta de vinaza de la APAL en Mauricio J. Troche. Un ex cajero de una empresa de juegos de azar llegó a declarar que en tres años se entregaron unos 900 millones de guaraníes a Gustavo Stroessner (unos 7,5 millones de dólares al cambio fijo de G. 126 en la época).

Gustavo Gramont Berres también gozó de los afectos de Stroessner y se benefició de los efectos provocando una estafa que ronda los US$ 200 millones cuyas consecuencias aún seguimos arrastrando casi 20 años después de la caída de la dictadura. El ministro stronista Delfín Ugarte Centurión y Ramón Centurión Núñez (INC) fueron sorprendidos con cuentas en cinco bancos suizos; Roberto Knopfelmacher (ex Acepar) y su hermana Liliana tuvieron que devolver cerca de G. 5.000 millones a la justicia mientras que Alcibiades Brítez Borges también tuvo que reintegrar 1.000 millones de guaraníes más 10.000 hectáreas.

Acepar sobrefacturó con Alfredo Stroessner unos 250 millones de dólares mientras que se calcula que una cifra similar fue la defraudación en la INC bajo el mismo gobierno.

De lo poco que no pudieron tapar sobresale el caso de la evasión de divisas del Banco Central en época de César Romeo Acosta; la inevitable responsabilidad histórica por entregar Itaipú a los brasileños y Yacyretá a los argentinos con tratados donde Paraguay remató su soberanía. Hasta su ministro stronista del MOPC Juan Antonio Cáceres terminó denunciando que unos 4.000 millones de guaraníes -fruto de la recaudación de peajes- eran manejados exclusivamente por Alfredo Stroessner y su ministro César Barrientos. No se encontró un centavo en la cuenta.

Durante la dictadura se construyeron varios elefantes blancos como el gran Hospital Nacional y el Banco Central del Paraguay. Los negociados florecieron alrededor de Líneas Aéreas Paraguayas (LAP), el Instituto de Previsión Social (IPS) con Hugo de Jesús Araújo y el Instituto Paraguayo de la Vivienda y Urbanismo (IPVU). Corposana y Antelco fueron un nido de podredumbre y la ANDE parecía un modelo de empresa, aunque ahora sabemos que la principal accionista de Itaipú había sido que renunciaba a pelear sus derechos.

 

GRAL. (SR) ANDRÉS RODRÍGUEZ, UN ‘LIBERADOR’ CON TALÓN DE AQUILES (1989-1993)

Bajo su gobierno se denunciaron graves hechos de corrupción en la Policía Nacional donde incorpóreos poli-fantasmas hicieron desaparecer 6.000 millones de guaraníes. En su gobierno también se destapó el tráfico de vehículos del Paraguay a Bolivia con protagonistas dentro de las Fuerzas Armadas; el ‘mamón con palito’ revoloteó su bandera en cuanto corrillo hubo en aquellos tiempos pero, lo más importante, reveló la impunidad de militares corruptos que nunca fueron presos.

Las pistas clandestinas para el contrabando de todo tipo de mercaderías -incluidos drogas, productos electrónicos y cigarrillos- florecieron. En el Parlamento se vendían las primeras liberaciones de impuestos de vehículos lujosos para senadores y diputados.

La corrupción se alimentó de negociados con pasaportes ilegales, sobrefacturación de 1.044 millones de guaraníes por servicios de transporte a Itaipú, del Ministerio de Salud desaparecieron 185.000 dosis de vacunas antitetánicas y sobrefacturaron US$ 600.000 en insecticidas. En IPS se destaparon negociados por 2.000 millones de guaraníes en medicinas anticancerígenas.

Durante el gobierno del Gral. Andrés Rodríguez, Antelco hizo un festival de negociados que incluyó sobrefacturaciones y adquisiciones fraudulentas además de revelar que todavía seguían usando el equipo de los fonopinchazos. Se apuntó al Ministerio del Interior como una industria de radicaciones de orientales y se desvió dinero hasta de la Dirección General de Turismo (Digetur).

Petropar florecía en negociados a tal punto que apenas lograron abortar un robo de 6 millones de dólares que puso al boliviano Edgar Gorena de pantalla de los verdaderos responsables. La Flota Mercante del Estado siguió con el despilfarro y se destapó una malversación de 800 millones de guaraníes en astilleros de la Marina. Seguían las denuncias de víveres millonarios pagados a los militares y se concretaba una adjudicación directa de G. 2.000 millones para construir el Hospital Militar.

 

JUAN CARLOS WASMOSY, CORRUPCIÓN AL ROJO VIVO (1993-1998)

Lo que el ingeniero Wasmosy califica en su libro como “saneamiento del sistema financiero”, sus enemigos lo acusan de responsable de la caída del mismo; fue juzgado inclusive por auxilios irregulares al Banco de Desarrollo por unos 42.000 millones de guaraníes. En primera instancia fue condenado, le redujeron la condena en segunda instancia y a nivel de la Corte fue absuelto.

En 1995 también se descubrió que habían desaparecido 7.400 millones de guaraníes de la bóveda del Banco Central; hasta 1997 se calculaba que la crisis financiera estaba costando más de 600 millones de dólares al país. Cerraron cuatro bancos, 17 financieras y dos casas de cambio.

Petropar sumó puntos con sus más graves denuncias en negociados con provisiones de combustibles y fletes; se benefició una casta de empresarios que facturaron a toda máquina con la petrolera estatal, incluida la fletera del empresario Luis Manzoni Wasmosy, primo del entonces presidente.

Durante su gobierno se terminó de vaciar el Banco Nacional de Trabajadores (BNT) con unos 125 millones de dólares (gran parte de los cuales se desembolsó a favor de la empresa ECOMIPA de propiedad del primer magistrado), siguieron saqueando IPS, sobrefacturaron en Antelco y asaltaban la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP) al pagar más de 16.000 millones por 27 hectáreas de una propiedad en el Alto Paraná.

Durante su gobierno se compraron los inservibles avión presidencial y helicópteros de baja calidad; se detectó una monumental estafa en Aduana a través de cheques sin fondos, e IPS hizo inversiones financieras sin garantías por unos 60 millones de dólares. Se sobrefacturó el aeropuerto Guaraní en 34 millones de dólares, Conavi malversó 8 millones de dólares y el Estado expropiaba sus propias tierras o intentaba comprarse a sí mismo sus propiedades. Saltaban irregularidades en Corposana por valor de G. 5.000 millones y se hacían negociados con transportistas a los que se les ‘regalaba’ reducción de impuestos por valor de G. 23.000 millones anuales.

Durante su gobierno los vivos se hicieron fantasmas y colectaban dinero de cuanta oficina podían recaudar: Una auditoría cuantificó que veteranos “mau” llevaban unos G. 8.000 millones según el Ministerio de Hacienda.

 

RAÚL CUBAS GRAU, LA CORRUPCIÓN NO TUVO TIEMPO (1998- MARZO DE 1999)

En agosto de 1998 asumió Raúl Cubas, el presidente que menos tiempo duró en el poder en la transición democrática (siete meses). Sin embargo ese año la Contraloría General de la República cuantificó que habían ocurrido delitos entre la administración de Wasmosy y la de Cubas Grau por valor de unos 6.000 millones de dólares (incluida la deuda externa).

Una de las denuncias que salpicó a su administración fue la historia de supuestos malos manejos de gastos reservados por el que terminaron procesados gente de su entorno.

 

LUIS ÁNGEL GONZÁLEZ MACCHI, LA FAMA DE ÍNDICES DE CORRUPCIÓN (1999-2003)

Asumió el gobierno por obra y gracia del Marzo Paraguayo, pero Luis Ángel González Macchi logró opacar a Juan Carlos Wasmosy. Cuando el 15 de agosto del 2003 entregó el gobierno, el país había sufrido un terrible vaciamiento económico y moral; estaba prácticamente en bancarrota.

Durante su gobierno se fugaron del país unos 16 millones de dólares que fueron a parar a EE.UU. a la timba financiera. Dispuso además de unos G. 20.000 millones en gastos reservados durante los 4 años, dilapidó unos 470 millones de dólares de créditos chinos que todavía estamos pagando. González Macchi logró un milagro: Que colorados y opositores fueran denunciados por igual por tragadas de dinero y contubernios varios. Dejaron un tendal de afectados y unos cuantos prófugos como Silvio Ferreira (su ministro de Justicia y Trabajo que hasta se alzó con multimillonarios rubros de alimentos para los reclusos de las cárceles que administraba). Ferreira fue involucrado hasta en una "mejicaneada" cuando secuestraron a la señora María Edith Bordón de Debernardi

Durante su gobierno encabezaron las denuncias de corrupción el Instituto de Previsión Social (IPS), las Fuerzas Armadas, Petropar y el Banco Nacional de Fomento (BNF). En consonancia con los vaciamientos se llegó al punto de robar una imagen de San Ignacio de Loyola de la propia Cámara de Diputados y la Iglesia católica por primera vez salió a pedir que, en nombre de Jesucristo, se robara menos: Era la consolidación de la cleptocracia institucionalizada.

En su gobierno, Walter Bower compró cloro sobrefacturado, Conatel le compró un terreno inservible al socio comercial del entonces ministro José Alberto “Icho” Planas y le pagaron G. 2.600 millones al escribano de González Macchi por hacer una escritura de aumento de capital de Copaco.

Se denunció al INDI, a la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac), a la Secretaría de Turismo y hasta un supuesto vaciamiento en la Embajada paraguaya en Uruguay.

Durante su gobierno, Transparencia Internacional puso al Paraguay en el segundo lugar de corrupción mundial y en el primero a nivel latinoamericano. En su administración aparecieron soldados y jubilados fantasmas, funcionarios, caminos y puentes fantasmas. A tal punto se institucionalizaron los fantasmas que aparecieron también 5.850 hectáreas inexistentes de algodón detectados por la Dirección de Extensión Agraria. Mientras nos enterábamos de que ocupábamos lugares penosos en la corrupción mundial, también se daba a conocer que ocupábamos el tercer lugar entre los países más pobres de América Latina.

Como si todo fuera poco, como si ya el San Ignacio de Loyola robado no fuera suficiente, terminaron robando hasta el saco al parlamentario Julio César Fanego en plena Cámara de Diputados. Yacyretá fue denunciada por la compra de un edificio supuestamente sobrefacturado y aparecían los primeros indicios de los famosos “empedrados chinos” que se hicieron a medias, o directamente no se hicieron pero se pagaron a precio de oro. Con el ex ministro Planás se vivió el asombro de que los costos de los “empedrados chinos” eran más altos inclusive que carreteras bioceánicas pavimentadas.

Durante su gobierno algunos funcionarios de la ANDE fueron a parar a Tacumbú por compra sobrefacturada de dólar a tasas más elevadas que las cambiarías locales pero rápidamente fueron excarcelados por la gavilla amiga. Fue durante su gobierno también que se construyó la avenida Madame Lynch, una de las más grandes del Paraguay... pero con una cloaca a cielo abierto.

Nada de todo esto pinta tan bien la situación como el día que se descubrió que tanto el Presidente como su Primera Dama utilizaban autos de origen ilegal (mau). Los autos tuvieron que ser devueltos al Brasil porque eran robados... en medio de un bochornoso escándalo internacional donde Paraguay ocupó los titulares.

 

NICANOR DUARTE FRUTOS...Y SE TOCÓ FONDO (2003-2008)

Durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos ocurrieron los robos más despreciables que violaron códigos de honor hasta de los ladrones: Leche para niños desnutridos, comida para los más pobres, kits para parturientas, galletas de oro y vasos de leche para los escolares.

A la hora de decidir por qué hecho de corrupción podría ser recordado, nada identificará mejor el gobierno de Oscar Nicanor Duarte Frutos que los gastos “sociales” de Itaipú. Su gobierno habilitó un nuevo diccionario donde definieron qué significaba para los colorados “gastos sociales”: Regalos de bienes, servicios y dinero para familiares, amigos y correligionarios.

Pollitos, gallinas, escuelas, tractores, vehículos, tejas obligadas de la cerámica del senador Juan Carlos Galaverna, campos que supuestamente se reforestaron pero están desérticos, puentes que nunca se construyeron, institutos tecnológicos que nunca acabaron, becas que se extinguieron y millonaria publicidad de por medio. ¿Podrían considerarse 19 millones de dólares anuales en publicidad como una cifra media de mercado? Ni la transnacional mejor plantada en Paraguay invierte esa suma en publicitar sus productos.

El poderío económico se centró en el ex titular de la hidroeléctrica, Víctor Bernal, quien llegó hasta a repartir dinero a los líderes sin techos en medio de epopéyicas jornadas insufladas de patrioterismo. Se llegó al colmo de utilizar de pantalla una Fundación de nombre Tesái que fue utilizada por Itaipú para sacar dinero y medicinas para los correligionarios. Hoy día Tesái está quebrada y ya invirtieron unos 33.000 millones de guaraníes para salvarla sin mucho éxito.

Con Yacyretá no fue mucho mejor; serias denuncias tumbaron a varios de sus titulares y la entidad llegó al punto de “abrir” falsamente sus puertas a la Contraloría General de la República, que recibió una humillación pública internacional cuando se dieron cuenta de que era simplemente otra triquiñuela. Las denuncias de negociados en las adjudicaciones a empresas constructoras continuaron sin freno al igual que las denuncias de sobrefacturaciones.

La Iglesia menonita “Raíces” desembarcó como un nuevo estilo de hacer política con un toque celestial pero varios de sus exponentes en puestos claves del gabinete (Ministerio de Industria y Comercio, Ministerio de Hacienda, Subsecretaría de Tributación y Asesor Económico) terminaron naufragando en el intento. A uno de ellos se le pescó usurpando un inexistente título profesional que le permitía cobrar un plus salarial, otro utilizaba la influencia de su cargo de asesor para que sus empresas siguieran comerciando con el Estado, mientras un tercero decidió irse antes que le ventilaran también varios indicios de corrupción.

Petropar no logró frenar los negociados, la negligencia y la imprevisión; el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) fue sorprendido en negociado con semillas, desembolsos a falsos agricultores y transas con los matapicudos. Nunca entregaron unas 20.000 bolsas de semilla de algodón por valor de G. 1.800 millones ni se supo qué pasó con unos 920 millones de guaraníes por 16.500 tubos matapicudos que tampoco llegaron a destino.

Aduanas siguió con las evasiones fiscales y con despachos aduaneros manipulados. En Tributación siguieron bendiciendo a los evasores y se comprobó que su base de datos era poco menos que fiable sin olvidar que algunos de sus funcionarios fueron sorprendidos “in fraganti” coimeando a los ciudadanos.

BNT siguió con nuevos negociados en la misma quiebra que se tramita y hasta está en proceso de comprobación un nuevo “re-vaciamiento” de Multibanco con serias denuncias sobre la sindicatura de quiebras.

La Contraloría cuantificó en G. 3.000 millones un negociado con útiles escolares al MEC, mientras se comprobaban fraudes en el vaso de leche y en la provisión de galletas de oro. En el Ministerio de Salud se enseñoreó la corrupción: Desde provisiones que nunca se entregaron a los hospitales, pasando por escaleras de emergencias que fueron pagadas pero no construidas hasta llegar al desfalco de leche en polvo para desnutridos, alimentos para los pobres, kits para parturientas, sobrefacturaciones de medicamentos sin olvidar negociados con donaciones para el dengue. Y esta lista no incluye las malversaciones que Contrataciones empezó a confirmar, fruto de las compras realizadas al amparo de la declaración de emergencia por el dengue y la fiebre amarilla. Naranjas y mosquiteros por montos millonarios.

Los militares no se quedaron atrás; desde negocios con olerías instaladas en plenos cuarteles pasando por tráfico de rollos, provisiones de pecetos, adquisiciones sobrefacturadas y negociado frustrado en la construcción de un cementerio. La Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) vivió uno de sus peores momentos desde su creación, pero Duarte Frutos sostuvo a su “zar” antidrogas mientras toda su plana mayor terminaba procesada por la Fiscalía por graves hechos de corrupción administrativa. Increíblemente, el Cnel. Hugo Castor Ibarra llega hasta el final junto con su Presidente. Senad llegó al colmo de hacer procedimientos para recuperar 117 gramos de marihuana en Ciudad del Este mientras en Argentina y Brasil caían toneladas de la mejor yerba procedente de nuestro país.

Las donaciones de los taiwaneses terminaron convertidas en parte de la “diplomacia de la chequera” y financiaron los proyectos que Duarte Frutos escogía a dedo. La Secretaría de Acción Social (SAS) terminó convertida en una entidad “apatukada” empezando por la titular que sobrevivió a los antojos de las dictaduras de los sintechos. Fue la secretaría que más recursos monetarios manejó en estos años convirtiendo en un negocio floreciente las invasiones y la compra de tierras junto con deplorables construcciones. En negociados con tierras tampoco se salvó el Indert.

La Industria Nacional del Cemento (INC) siguió con los negocios y las especulaciones en la repartija a los correligionarios, e IPS siguió con las denuncias de corrupción sobre todo en sus adquisiones y últimamente por presentaciones ante la justicia donde se sospecha que se regularán multimillonarios honorarios.

Las denuncias de corrupción salpicaron también al propio Presidente: Miles de hectáreas en el Chaco que le son atribuidas y que registraron a nombre de un familiar político, la compra de una casa quinta en Altos y el estilo de vida de su familia ponen hoy bajo un cono de sombra los verdaderos ingresos que ha tenido en estos años. La aparición de una publicitaria que él mismo había reconocido como suya lo puso en jaque al revelarse que era -casualmente- la misma empresa que manejaba las multimillonarias cuentas sin control de Itaipú y de Yacyretá. Cuando Duarte Frutos hubo de explicar, dijo que ya había abandonado ese negocio. Entonces, los 30.000 dólares de acciones que están en su declaración jurada de bienes, ¿de qué eran?

La segunda explicación resultó ser menos feliz que la primera ya que ABC Color terminó hallando que era uno de los dueños de un puerto privado ubicado en Alto Paraná por donde habían ingresado al país millonarias cargas de contrabando. Entre sus socios estaba el procesado por la justicia Carlos Barreto Sarubbi, un nombre asociado a contrabando, tráficos y varios otros ilícitos. El puerto resultó ser la puerta de entrada por la cual la empresa Latina Import evadió multimillonarias sumas de dinero al fisco, con el aditamento de una aduanera muerta de regreso a Asunción.

¿ALGUNA DUDA?Luego de leer las cifras, los montos, los negociados, ¿quedaría alguna duda de que fueron los escándalos vinculados a la corrupción los que terminaron minando a los colorados? Todo indica que olvidaron una premisa básica: El dinero fruto de las malversaciones debía llegar a todos los correligionarios para mantener la claque funcionando, algo que había ocurrido con éxito con Stroessner, Rodríguez y Wasmosy. Algo que se perdió ya de vista con González Macchi y se esfumó del todo con Duarte Frutos.

El Presidente colorado con el cual cayó la ANR fue Oscar Nicanor Duarte Frutos por una sencilla razón: Mantuvo contentos a todos en su partido con la corrupción que él toleraba, controlaba y alentaba. Y cuando quiso perpetuar su poder, volver a ser presidente y no le salió, cuando quiso imponer su propia candidata y tampoco le salió, cerró la canilla del dinero fácil a sus correligionarios enemigos ...y abrió desmesuradamente a sus correligionarios amigos. Aquellos colorados a quienes dejó sin su pedazo de corrupción no le perdonaron y se sumaron finalmente al resto del país que nunca había ni perdonado ni permitido la corrupción pero no tenía los votos suficientes.

Claro como el agua...

 

Notas:

1. Transparencia Internacional. índices anuales de corrupción.

2. Probidad. Galería de los corruptos latinoamericanos 1992-2002.

3. Contraloría General de la República del Paraguay, Memorias Anuales e informes de página web.

4. Contrataciones Públicas del Paraguay, página web. Años 2004-2008.

5. Suplemento Corrupción e Impunidad, «Desde el stronismo hasta nuestros días», año 1997. Diario ABC Color, Editorial Azeta.

6. Compendio del país que dejó Wasmosy, año 1998.

7. Compendio del país que dejó Luis Ángel González Macchi, año 2003.

8. Archivo Diario ABC Color, 1989 a julio 2008.

9. Publicaciones diario Última Hora, 1989 a julio 2008.


SUB NOTAS

* Mabel Rehnfeldt es periodista desde hace 25 años. Egresada de la Universidad Católica, inició su carrera en 1983 en el periódico Sendero, de la Conferencia Episcopal Paraguay (CEP). Ingresó al diario ABC Color en marzo de 1989. Fundadora y primera presidenta del Foro de Periodistas Paraguayos (FOPEP), Joven Sobresaliente por la Cámara Juniors, premio Coraje Internacional por la Fundación Internacional de Mujeres Periodistas (IWMF) 2004, premio María Moors Cabot 2005 y primer premio Transparencia Internacional e Instituto Prensa y Sociedad a un trabajo de investigación de corrupción año 2008.




CAPÍTULO X

“VIVA LA MUERTE. MUERA LA INTELIGENCIA”

JESÚS RUIS NESTOSA (*)

 

Los golpes de Estado comienzan, frecuentemente con una ejecución. En este caso el ejecutado fue Beethoven. Era el 4 de mayo de 1954 cuando se inició el golpe que llevó a Alfredo Stroessner (Encarnación, 1912 - Brasilia, 2006) a la Presidencia que pronto se convirtió en una larga, cruel e irracional tiranía de 35 años (1954-1989). El Cuartel Central de Policía fue tomado por asalto por los rebeldes mientras en el Teatro Municipal de Asunción, que queda nada más que cruzar la calle, la Orquesta Sinfónica de la Asociación de Músicos del Paraguay interpretaba la Tercera Sinfonía, “Heroica”, de Beethoven bajo la batuta del maestro Carlos Lara Bareiro (Capiatá, 1914 - Buenos Aires, 1987). Las balas entraban a la sala a través de las ventanas que dan sobre la calle Chile y los espectadores, aterrorizados, se habían tirado al suelo para protegerse en el espacio que existe entre fila y fila de butacas. El maestro Lara Bareiro, tan concentrado se hallaba en la obra, que no cayó en la cuenta de lo que sucedía a su alrededor, hasta que una persona subió al escenario para advertirle que la situación no era la más apropiada para escuchar a Beethoven. (1)

Una de las características del gobierno de Stroessner, entre muchas otras, fue la superstición. Incluso corrían rumores de que el dictador acostumbraba a consultar con una vidente. Lo cierto es que la Tercera Sinfonía fue puesta en la lista negra y su interpretación prohibida, sin que mediara ninguna orden escrita, o decreto, o ley, como sucedía con muchas otras cosas. Por ejemplo, en los espectáculos de música folklórica, que eran los únicos a los cuales asistía, no se incluía jamás el llamado “baile de la botella” porque era sabido que “le ponía nervioso”. Por este motivo, la Tercera Sinfonía no se pudo escuchar en su versión completa hasta después de derrocada la dictadura en 1989, interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA), conducida por el maestro Luis Szarán (Encarnación, 1953).

Este tipo de prohibiciones tácitas, a veces ambiguas, están expresadas claramente en la ley 209, hoy derogada, por la cual un ciudadano podía ser apresado, llevado al tribunal ordinario y condenado a penas de cárcel si se encontraban en su poder libros o cualquier otro tipo de material que pudieran ser considerados como subversivos o peligrosos para el gobierno. En cierto modo coincidían con el contenido del artículo 79 de la Constitución Nacional de 1968 por el cual el presidente de la República podía ordenar el apresamiento de cualquier ciudadano y para el cual no existía el milenario recurso protector del “hábeas corpus”. Tanto en la ley como en el artículo de la Constitución no se especificaban cuáles eran esas causas ni qué criterios se observarían en el juzgamiento de esos libros o materiales subversivos. En caso de tratarse de una publicación, se podía incautar toda la edición, el cierre de la editorial o del periódico y el apresamiento o expulsión del país del autor. Tal como estaba redactada la ley, tanto el criterio como las decisiones a tomar, permanecían en una nebulosa que permitía que, fuese cual fuera la decisión, podía considerarse ajustada a la legalidad.

Estos datos son muy ilustrativos de la discrecionalidad con que se manejaba la ley, la arbitrariedad con que cualquier persona podía ser privada de su libertad sin que tuviera ningún tipo de protección legal. Es redundante decir que en un ambiente tan opresivo una de las primeras grandes víctimas fue la actividad cultural y sus protagonistas pasaron a convertirse en seres marginales. En realidad, y en un tono mucho peor, tal manera de proceder ya se había iniciado con la guerra civil de 1947. El asalto al Cuartel Central de Policía marcó también en aquella ocasión el inicio del golpe. Fue el 7 de marzo de 1947. El tema de fondo era que el Partido Colorado deseaba hacerse con el poder y lograr contar con su propio ejército admitiendo en las Fuerzas Armadas sólo a gente que perteneciera al partido. Los militares que no estaban de acuerdo con este planteamiento y que luego se llamaron a sí mismos “Institucionalistas”, se sublevaron al día siguiente en la ciudad de Concepción bajo el mando de Bartolomé Araújo. (2)

En esa ocasión, se formó un ejército compuesto por civiles armados que recibieron el nombre de “pynandi” (persona descalza) que encarnaron la parte más irracional y cruel dé la contienda que duró hasta el mes de agosto. Además de combatir a los enemigos del Partido Colorado, se dedicaron también al saqueo y al pillaje de las ciudades y pueblos que iban cayendo bajo su dominio, sin excluir tiendas y joyerías de Asunción.

Los “Institucionalistas” sitiaron la capital donde resistían, como último reducto, las fuerzas del Partido Colorado. Ya sin municiones ni víveres, la rendición era nada más que cuestión de tiempo. Pero gracias al apoyo que les brindó el general Juan Domingo Perón desde la población argentina fronteriza de Clorinda, haciéndoles llegar armas, municiones y alimentos, las fuerzas se rehicieron y los “Institucionalistas” fueron rechazados y derrotados. Los “pynandi”, ya sin ninguna presión ni amenaza cercana, se dedicaron al pillaje, además de ubicar y apresar a todos aquellos a quienes consideraban sus enemigos. El periódico “El Orden” figuraba en la lista negra, motivo por el cual asaltaron sus talleres y destrozaron, a golpes, todas las maquinarias. Sus periodistas fueron buscados. Entre ellos Augusto Roa Bastos (Asunción, 1917 - 2005), Premio Cervantes de Literatura 1989, quien debió esconderse, en una noche muy fría de invierno, en un depósito de agua, mientras su casa era allanada por los “pynandi”. Al no encontrarlo, abandonaron la búsqueda, mientras Roa Bastos optó por el camino del destierro, huyendo a Argentina, lo mismo que el propietario del periódico, Policarpo Artaza, y millares de paraguayos. (3) Fue esta, quizá, la más grande diáspora que conoció el país a lo largo de su historia. No fue la primera ni tampoco la última. Sólo la peor.

En los últimos años de la dictadura se estableció de nuevo la admiración y los homenajes al “pynandi”, como figura heroica y ejemplar dentro del partido. Era necesario hacerlo para estar a tono con el lenguaje violento y las amenazas de agresiones a través de los “batallones de asalto” de la Chacarita al mando de Ramón Aquino y los famosos “macheteros de Santaní” que decía comandar el entonces jefe del Departamento de Investigaciones, Pastor Coronel (Santaní, 1929 - Asunción, 2000).

Estas son las circunstancias que conformaron el ambiente para que el Paraguay conociera de nuevo el aislamiento y la ruptura de comunicación con el resto del mundo, tal como fue durante el gobierno (1812-1840), del Supremo Dictador Perpetuo doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, sino además se reeditó el desprecio y la marginación de todo aquello que pudiera significar creatividad, pensamiento, intelectualidad.

En esos primeros años de una larga dictadura de corte netamente fascista, artistas, escritores, músicos, compositores, intelectuales buscaron refugio en Buenos Aires Algunos de ellos miembros o simpatizantes del Partido Comunista, contaron con el apoyo de la Unión Soviética. La obra de José Asunción Flores (Asunción, 1908 - Buenos Aires, 1972) fue estrenada y grabada en discos en Moscú con una orquesta sinfónica puesta a disposición del maestro por las autoridades soviéticas. Incluso su composición “Gallito cantor” era utilizada como cortina de apertura y de cierre para los programas que se trasmitían desde Moscú para América Latina. Flores fue satanizado por los diferentes gobiernos que se sucedieron desde 1947 hasta 1989.

El apelativo de “fascista” a los varios gobiernos colorados que se sucedieron en esos sesenta años no es una mera calificación puesta de moda por grupos izquierdistas, sino el término preciso que lo describe ideológicamente. Abundan las publicaciones y discursos oficiales en los que se afirmaba con orgullo y como gran conquista del Partido Colorado, el haber logrado “la unidad granítica de Gobierno, Partido y Gloriosas Fuerzas Armadas” (sic). Y como todo sistema fascista, se practicaba, a ultranza, la antimodernidad. Todo lo que pudiera resultar moderno, era automáticamente catalogado como subversivo. Por lo tanto recibía el tratamiento adecuado con la terminología y la estética correspondientes.

Es adecuado, entonces, sintetizar toda esta época con la célebre expresión que el general español, franquista, José Millán Astray (La Coruña, 1879 - Madrid, 1954) gritó aquel lunes 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca: “Viva la muerte. Muera la inteligencia”, respondiéndole a Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 - Salamanca, 1936), a sólo tres meses del inicio de la Guerra Civil española (1936-1939). En nuestro caso, lastimosamente, no tuvimos a nadie que, al igual que Unamuno, ante aquella ola de violencia e irracionalidad, pudiera decirles: “Se habló de guerra en defensa de la civilización cristiana, siendo yo el primero que hablé de ello. Pero lo que estamos viviendo es una guerra incivil que no va a salvar nada de lo que dice querer salvar. Al final, acabarán venciendo los militares porque tienen la fuerza bruta necesaria para ello; pero no convencerán a nadie porque el odio no deja lugar a la compasión y ellos odian la inteligencia. Por eso me parece inútil pedirles que piensen algo en España”. (4)

Se instauró la estética oficial sin que mediara ningún decreto, manifiesto, declaración o exposición de principios. Esto funcionó así como los ejemplos puestos ya anteriormente con la obra de Beethoven, la ley 209 o el artículo 79 de la Constitución de 1967. Cada uno actuaba de acuerdo a su conciencia pensando si esto podía agradarle o disgustarle “al general”. En caso de duda, se dejaba de hacer. O se prohibía que se hiciera. Lo cierto es que la estética oficial se decantó por el academicismo más ramplón, superficial, frívolo y provinciano que era de esperar de un gobierno tan desfasado de la época. Esto se dio en todos los órdenes. Las obras que surgieron ni siquiera llegaban a mediocres y permeó todas las instituciones que de una o de otra manera estaban relacionadas con el Estado, como por ejemplo la Escuela Nacional de Bellas Artes en donde sólo se aprendía a pintar paisajes rurales y escenas del folklore también rural. Se reinventaron las antiguas danzas tradicionales, se reinventaron los trajes típicos, hasta se reinventó la música. En literatura, sólo se consideraba “literatura paraguaya” aquella que tenía que ver con el mundo rural o, en caso extremo, la Guerra del Chaco con Bolivia (1932 - 1935). El mundo urbano resultaba extraño a esta estética pues no respondía a la cosmovisión que se tenía del país y su gente. Hasta la arquitectura fue manipulada cuando las familias de clase alta-alta, comenzaron a construirse lujosísimas mansiones inspiradas en las austeras casas de la época colonial, de las pocas que quedan.

Un poeta dejó en unos versos dedicados a la ciudad de Asunción la síntesis de esta estética: “Ella es la que hoy se encuentra, cual Señora Engalanada/ festejando su gran día en rosado amanecer/ con Stroessner que le brinda entre banderas desplegadas/ esta gloria merecida de un intenso renacer”.

Lo que va de la guerra civil del 47 a la revolución de 1954, fue, como era de esperar, una etapa de oscurantismo por momentos motivado por un miedo irreprimible, en otros, porque las condiciones no estaban dadas o porque quienes hubieran podido hacerlo se encontraban ya fuera del país. Don José Baddouh contó que viajaba pocos meses después de terminada la guerra civil desde Montevideo (su ciudad natal) a Bolivia con un cierto número de películas (era distribuidor de cine en Uruguay) pensando que allí podría hacer negocio. El avión sufrió un desperfecto y debió quedarse algunos días en Asunción. El general Emilio Díaz de Vivar, enterado de su presencia, le pidió que se quedara algún tiempo y que exhibiera sus películas en salas de Asunción “porque el país acababa de salir de una guerra civil muy sangrienta y la gente necesitaba de estímulos para entretenerse”. Aceptó la invitación para beneficio de todos ya que con el tiempo no sólo se quedaría a vivir en Paraguay con toda su familia, sino gracias a él tendríamos la oportunidad de poder ver lo mejor del cine universal y darle varios dolores de cabeza a la censura oficial que era aplicada con toda rigurosidad desde la Junta Municipal de Asunción en la que existía una comisión especialmente formada para tal efecto. (5)

La guerra civil del 47 no hizo otra cosa que poner en marcha una etapa de extrema violencia política en la que se sucedieron presidentes con una celeridad que no resultaba anacrónica en nuestra historia política. El libro de condolencias que se puso cuando la muerte del arzobispo de Asunción, monseñor Juan Sinforiano Bogarin (Mbuyapey, 1863 Asunción, 1949), fue firmado por dos presidentes de la República. Uno lo hizo a la noche; a la mañana siguiente lo hizo el sucesor que había sido puesto por un inesperado pero no extraño golpe de Estado.

Dentro de esa dictadura de más de sesenta años del Partido Colorado, el sistema en realidad se consolidó con la llegada de Stroessner al poder. Desde 1947 hasta 1954 el poder era tan efímero como fuerte podía ser la ambición de cualquiera que deseara ocupar el mismo sillón presidencial. Muchos se negaban a ver que esta iba a ser una tiranía muy larga y que a través de sucesivas reformas de la Constitución Nacional, se iba abriendo paso para eternizarse en el poder. Quizá por esto tardó en organizarse un tipo de resistencia. En 1954 se produjo el golpe de Estado que derrocó al presidente Federico Chaves y la cúpula del Partido Colorado se reunió para decidir a quién poner en la presidencia. El país estuvo acéfalo cuatro días hasta que se llegó a un acuerdo. Se propuso el nombre del entonces coronel Alfredo Stroessner porque “era un hombre trabajador, con espíritu organizativo y que sabría pacificar el país”. Lo que más les entusiasmó a los miembros de esa reunión es que era sabido por todos que este militar “no tenía ambiciones políticas”. Le tocó a Numa Alcides Mallorquín ir a buscarlo en un “jeep”. No se habrá imaginado mientras conducía que pronto le iba a tocar también el destierro. (6) Al cabo de esos cuatro días ocupó la presidencia de manera temporal el arquitecto Tomás Romero Pereira y después de unas elecciones fraudulentas, que se realizaron el 11 de julio de ese mismo año y en las que Stroessner fue el único candidato, asumió la presidencia de la República el 15 de agosto. (7) Desde el primer momento se le dio el carácter de “hombre providencial” que tenía como misión “salvar la patria”. Y él se lo creyó. Por eso buscó permanecer en el poder hasta el final de sus días.

Si hay una característica sobresaliente de aquella primera etapa, fue el silencio. Los momentos de grandes convulsiones internas invitan al silencio. O, por el contrario, avivan la creatividad. Piénsese en Goya (Fuentedetodos, Zaragoza, 1746 - Burdeos, 1828) y sus pinturas, dibujos y grabados que registran los horrores de la Guerra de la Independencia (1808-1812) de España. O a Miguel Hernández (Orihuela, 1910 - Alicante, 1942) que escribía en el frente durante la Guerra Civil española y luego les leía esos poemas a sus compañeros milicianos como una forma de mantener vivo el espíritu de combate, como este dedicado a Mussolini: “Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente/ de tu pueblo y de miles./ Ya tus mismos cañones van contra tus soldados,/ y alargan hacia ti su hierro los fusiles/ que contra España tienes vomitados.” (8)

De todos modos, de esa época no existe ninguna obra que registró la resistencia épica de la población contra la barbarie extendida de la mano de combatientes civiles indisciplinados, incontrolables y violentos que buscaban hacerse con el poder apoyando al Partido Colorado.

También ante el horror cabe la posibilidad de elegir el silencio como arma de resistencia. Muchos escritores e intelectuales, durante la Primera Guerra Mundial, optaron por el silencio al ver que el lenguaje se corrompía cuando se lo puso al servicio de sus intereses bélicos. En 1914, el filósofo Karl Kraus pronunció una conferencia en Viena justificando su silencio como reacción “al tiempo ruidoso que retumba por la horrenda sinfonía de los actos que generan informaciones y de las informaciones que provocan actos”. Y denunció la alianza entre escritura y guerra donde “las plumas se sumergen en sangre y las espadas en tinta”. (9)

No estoy seguro de si esta es la causa por la cual, hasta el momento, no se ha escrito la gran obra sobre el drama de la guerra civil del 47 ni sobre los años tenebrosos que gobernó Stroessner. Conozco nada más que una breve novela, Juegos cruzados (Arandurá, Asunción, 2002) de Esteban Cabañas (seudónimo de Carlos Colombino) en la que el autor recuerda su niñez en Concepción con la guerra del 47 como telón de fondo. Hay sí otros testimonios, como los grabados de Olga Blinder pertenecientes a la serie de “Los años del miedo” y una serie de cuadros (xilopinturas) de Carlos Colombino (Concepción, 1937) cuyos nombres recuerdan personajes a veces heroicos (“Juana”, enfermera que acompañó a un movimiento guerrillero y que fue muerta a golpes de machete por las tropas al servicio del gobierno), a veces revulsivos (“El General a Cuerda”), delincuentes comunes al servicio de los políticos (“Los Capangas”) o simplemente detestables (“El Obispo”).

La novela de Augusto Roa Bastos Hijo de Hombre (1960), primer premio del Concurso de Narrativa Internacional convocado por la Editorial Losada de Buenos Aires, tiene referencias a la guerra civil y Yo, El Supremo (Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 1974), si bien es un análisis de un dictador, la figura está muy lejos de poder ser interpretada como la imagen especular de Alfredo Stroessner. Es cierto que el tirano, dentro de esa enorme megalomanía que caracteriza a los dictadores, se creía la reencarnación del doctor Francia (Asunción, 1766 - 1840) y del mariscal Francisco Solano López (Asunción, 1826 - Cerro Corá, 1870). Lejos, muy lejos de tales personajes, aunque quizá podría competir con ellos en sus más acusados rasgos de crueldad, intolerancia e irracionalidad.

El mismo año que Stroessner asumió la Presidencia (15 de agosto de 1954), después de unas elecciones fraudulentas en la que él fue el único candidato, el arte paraguayo comienza a entrar en la modernidad. Josefina Plá escribe un comentario sobre una exposición de pinturas de Olga Blinder realizada en el Centro Cultural Paraguayo-Americano. El mismo se publica en el diario “La Tribuna” en julio de 1952 y dicho artículo se convierte en el Manifiesto del Arte Moderno Paraguayo. Pero sólo dos años después, entre el 17 y el 24 de julio de 1954, un grupo de artistas expone en los escaparates de las casas comerciales de la calle Palma bajo el rótulo de “Semana del Arte Moderno Paraguayo”. El grupo lo conformaban Josefina Plá (Isla de Lobos, Canarias, 1903 - Asunción, 1999), Olga Blinder (Asunción, 1921 - 2008), Lili Del Mónico (Suiza 1910 - Asunción, 2002) y José Laterza Parodi (Asunción, 1915 - 1981). Una vez más se repetía la vieja historia de los artistas renovadores que no son aceptados por las galerías de arte y se ven obligados a buscar espacios alternativos. Lo mismo iba a suceder diez años más tarde con el llamado Grupo de Los Novísimos: William Riquelme (Asunción, 1944), Ángel Yegros (Asunción, 1943), José Antonio Pratt Mayans (Asunción, 1943) y Enrique Careaga (Asunción, 1944) que debieron exponer en los escaparates de la tienda “Martel” y luego en la cafetería “Capri”.

Al grupo Arte Nuevo luego se le sumarían Edith Jiménez (Asunción 1918 - 2004) y Carlos Colombino. Este grupo era el eco de las Semanas de Arte Moderno que se realizaron en Sáo Paulo en 1922 y en Buenos Aires en 1924. Es decir, el eco tardó treinta años en llegar. Es el símbolo del atraso en que siempre hemos vivido respecto a los grandes movimientos culturales que se producían en Occidente.

Inmediatamente los integrantes de Arte Nuevo fueron tachados de comunistas, una acusación de extrema gravedad en aquellos años; con seguridad la más grave de todas. Un parricida podía eludir la cárcel alegando un momento de locura. El comunista no podía alegar nada para escapar de la sala de tortura, de la cárcel, en el mejor de los casos el exilio y, en el peor, la desaparición forzada. Incluso hubo algunos artistas que por celos, envidia o competencia, realizaron denuncias ante la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica y algunos artistas fueron sancionados con la negación de visa para entrar a los Estados Unidos; la sanción duró varios años hasta que por fin fue levantada.

Dos años más tarde, en 1956, llegó a Asunción el artista brasileño Livio Abramo (Araraquara, Brasil, 1903 - Asunción, 1993) quien introdujo las técnicas y la estética del grabado contemporáneo. Desde aquellos grabados populares, hechos en tacos de madera para ser publicados en “Kabichui” durante la Guerra de la Triple Alianza (1864 - 1870), no se había registrado nunca un movimiento tan grande e importante en torno a este lenguaje. Livio Abramo fue nombrado luego jefe del Sector de Artes Visuales del Centro de Estudios Brasileños, lugar en el que se formaron numerosos artistas, algunos de ellos tan relevantes como Jacinto Rivero.

El reordenamiento del país comenzó bajo la inclemente mano de Stroessner y que no se suavizaría ni siquiera con el tiempo y los achaques propios de la vejez. Hombre sin ninguna formación cultural, sin ningún tipo de sensibilidad, el único lenguaje que conocía era o el silencio o la dureza del lenguaje militar. Algunos artistas que habían estado en el exilio comenzaron a regresar después de negociaciones con el gobierno. Sí, pudieron regresar pero a un precio muy alto: se vieron obligados a demostrar su simpatía hacia el régimen, asegurar que habían abandonado su posición crítica anterior. ¿Cómo? La más común fue escribir composiciones dedicadas al “único líder” sobre el que derramaban adjetivos. La que más se popularizó fue la que lo describe como un “general de acero”. Incluso llegó a convertirse en una suerte de himno de ejecución obligatoria.

Para entonces, la Orquesta Sinfónica, convertida ya en municipal y no de la Sociedad de Músicos, acompañaba a Stroessner a todos los actos organizados para inaugurar desde un puente sobre un pequeño arroyo a las turbinas de la hidroeléctrica de Itaipú. La sinfónica justificaba su presencia con el Himno Nacional en primer lugar, la polka “Colorado” en segundo y finalizaba con “General Stroessner”. Vale decir, se sintetizaba, simbólicamente en la figura de Stroessner la existencia de la patria y del propio partido de gobierno. Todo era una sola cosa. Más claro, imposible.

Los músicos que recibieron el visto bueno para su regreso debían participar además, obligatoriamente, en el festival anual que Autores Paraguayos Asociados (APA) ofrecía en su homenaje como “Festival de la Paz”. Este era el único acto artístico al cual asistía el presidente a lo largo de todo el año, además de una función de gala en el Teatro Municipal en la noche del 15 de agosto, aniversario de la fundación de la ciudad. Breve, porque si era larga, le aburría y le cansaba. De estas listas de gente perdonada y repatriada siempre quedó excluido Epifanio Méndez Fleitas (San Pedro del Paraná, 1917 - Buenos Aires, 1985), uno de los más talentosos compositores y quizá el único enemigo al cual el tirano temió. La transmisión de su música por radio o televisión no estaba permitida. También fueron excluidos José Asunción Flores al que se tentó un par de veces con una condecoración, y Herminio Jiménez (Caballero, 1905 - Asunción, 1991) que fue uno de los primeros en cruzar la frontera cuando se conoció el derrocamiento del tirano.

El que nunca tuvo ningún problema ni adhesión que manifestar, fue Luis Alberto del Paraná quien, cada vez que llegaba a Asunción después de sus largas giras, ni bien descendía del avión se dirigía ya al Palacio presidencial para entregarle a Stroessner los trofeos que había ganado alrededor del mundo.

Fotografías en todos los periódicos: Stroessner con los artistas de su pueblo.

Los artistas, intelectuales, escritores que no compartían las ideas del gobierno ni le rendían pleitesía al “único líder”, fueron marginados, controlados, vigilados, muchas veces apresados, enviados al exilio (Roa Bastos y Rubén Bareiro Saguier, para mencionar nada más que dos ejemplos significativos) y constantemente perseguidos. Llamativamente, estos eran los que adecuaban su lenguaje a una estética moderna, contemporánea.

El partido no formó su propio grupo de artistas e intelectuales. Al contrario, como si fuera un gigantesco Moloc, comenzó a devorar a los que ya tenía. Ya mencioné el caso de Méndez Fleitas que marchó al exilio. Un excelente poeta, Ezequiel González Alsina (Asunción, 1919 - 1989), que publicó algunos libros con el seudónimo de Gastón Chevalier París, decidió llamarse a silencio. Cuando Josefina Plá le recriminó por la decisión que había tomado, le dijo que lo hacía porque iba a dedicarse a la política y que “la política y la poesía no se llevan bien”. (10)

Los pocos que permanecieron fíeles al partido, a su ideología pero no a su estética, fueron ignorados. Es el caso del compositor de música clásica Juan Carlos Moreno González (Asunción, 1916 - 1983), hijo de uno de los políticos e intelectuales más representativos que tuvo el Partido Colorado, Fulgencio R. Moreno, vivió aislado, recluido en su casa ya que, a causa de un accidente, había perdido las dos piernas y se encontraba en silla de ruedas. Cuando su obra “Movimiento de concierto para piano”, compuesta en 1946, fue estrenada unos treinta y cinco años más tarde por la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción dirigida por Luis Szarán, no había en la sala ningún representante del partido, ninguna autoridad del Municipio ni de la Dirección de Cultura. Moreno González escuchó el concierto desde su silla de ruedas y al final de la interpretación el público que llenaba la sala, se dirigió hacia él ovacionándolo. El compositor no pudo contener las lágrimas. Fue una noche memorable. Cuando murió años después, el partido tampoco estuvo presente. No había una sola autoridad que pronunciara un discurso de despedida a quien, con su obra y su conducta, no sólo honró a su partido, sino al país todo. El partido no quería a sus artistas. Prefería la mediocridad, la adulación, la adhesión pública y sin limitaciones.

Mario Halley Mora (Coronel Oviedo, 1920 - Asunción, 2003) pudo sobrevivir en ese ambiente, quizá porque se desempeñaba como jefe de Redacción del diario “Patria”, que era el órgano periodístico oficial del Partido Colorado. Cosechó por esto muchos enemigos, no fue aceptado por los escritores disidentes y después de derrocado el tirano y cerrado el periódico por causas económicas, Halley Mora se recluyó en su casa donde se aisló del resto del mundo. A raíz de un drama familiar (la muerte de uno de sus hijos) cayó en un estado de profunda tristeza de la que era consciente y de la que buscaba salir escribiendo todos los días. Tendrán que pasar los años para que se le reconozcan sus valores como uno de los mejores dramaturgos de la literatura paraguaya.

Alcibiades González Delvalle (Ñemby, 1936) si bien siempre afirmó pertenecer al Partido Colorado, observó hacia el régimen una actitud inclaudicable y manifiestamente crítica, tuvo que pagar su independencia. En el momento preciso el gobierno de Stroessner le pasó la factura prohibiéndole la representación de sus obras teatrales o bien pasando temporadas en la cárcel de Tacumbú en virtud del artículo 79 de la Constitución Nacional.

También el partido devoró a Tomás Romero Pereira (Encarnación, 1886 - Asunción, 1982) quien abandonó la arquitectura después de graduarse en la Universidad de La Plata (Argentina) y realizar una serie de obras principalmente en Asunción con una calidad tal que tardaría en repetirse en las generaciones subsiguientes. Ocupó provisionalmente la presidencia de la República el 4 de mayo de 1954 para entregarle luego el poder a Stroessner el 15 de agosto del mismo año. De allí que Stroessner siempre se mostró agradecido a su figura, mientras los aduladores de profesión, autores de ditirambos, lisonjas y zalamerías, lo convirtieron en “el viejo roble del coloradismo”. En realidad la política no ganó mucho y la arquitectura sí perdió a una figura importante.

La estética oficial ganó adeptos como la del pintor Roberto Holden Jara. Autor de hermosos dibujos realizados con lápices de colores durante la Guerra del Chaco (1932 - 1935) con Bolivia, con mucho sentido de síntesis y ciñéndose a los elementos esenciales del paisaje, terminó dedicándose a la pintura al óleo y realizaba retratos de indígenas en lo que él pretendía que fuera una obra de valor estético y antropológico. Ni una cosa ni otra. El sentido del indigenismo fue muy contradictorio durante la dictadura. Si bien el discurso oficial estaba lleno de panegíricos glorificando el “valor de la raza” y relacionando lo más llamativo de esa estética oficial con las más antiguas tradiciones indígenas, la realidad es que nunca se respetó al indígena en sus valores más auténticos, ni en su cultura, ni en sus creencias religiosas, ni en su labor creativa que no era vista como tal.

Fue la antropóloga Branca Susnik la primera en organizar y catalogar científicamente el primer museo antropológico que mantiene la fundación “Andrés Barbero”. Le tocó al Centro de Artes Visuales, que tuvo su origen como Museo del Barro creado en 1980 por tres artistas (Carlos Colombino, Ysumio Gayette y Osvaldo Salerno), dedicarle toda una sección al arte indígena con la dirección de Ticio Escobar (Asunción, 1947), del mismo modo que han sido rescatadas valiosas muestras de arte popular en cerámica, talla en madera, cestería, tejidos, como nunca se había hecho hasta entonces. La construcción de un edificio adecuado a estos fines, en Isla de Francia: Museo de Arte Contemporáneo, Museo de Arte Indígena y Museo del Barro se realizó en buena parte financiado por Carlos Colombino y la ayuda de unos pocos amigos. El Centro de Artes Visuales nunca recibió ningún tipo de ayuda por parte del gobierno, ni siquiera fue visitado por autoridad alguna durante los años de la dictadura. Por el contrario, era visto como reducto del pensamiento de la subversión.

¿Por qué en todo este tiempo hubo tan poca literatura? De haber hubo mucha gente que escribió. Lo que es necesario considerar cuáles fueron los resultados. A fines de los años sesenta una generación de jóvenes comenzó a publicar sus primeros poemas pero fue como si estuviera maldecida. René Dávalos (“Buscar la realidad”) falleció en un accidente de tráfico cuando tenía sólo 22 años (Asunción, 1945 - 1968). Nelson Roura (“Poemas”) murió víctima de una enfermedad desconocida a los 23 años (Asunción, 1945 - 1969) y Roque Vallejos (“Los arcángeles ebrios” y “Poemas del Apocalipsis”) víctima de un estado mental alterado terminó suicidándose (Asunción 1943 - 2006).

Durante los sesenta años de dictadura del Partido Colorado hubo un proceso de destrucción del lenguaje. Ese proceso se puede sintetizar en un programa radial que comenzó con el nombre de “Tribuna de Combate” y luego se convirtió en “La Voz del Coloradismo” que se trasmitía de lunes a viernes a las ocho de la noche a través de todas las emisoras de radio que existían en el país. Entrar tarde en la “cadena” o no entrar, no importa cuál fuese el motivo, acarreaba graves castigos al propietario: desde la suspensión por un tiempo determinado hasta la clausura definitiva. El programa duraba no más de quince minutos y la parte principal consistía en un editorial escrito por el director del programa, Alejandro Cáceres Almada (Asunción, 1928 - 2005) quien también se desempeñaba como director de Radio Nacional del Paraguay. En realidad el programa tenía como único objetivo atacar a todos aquellos que eran considerados enemigos del gobierno. Su herramienta principal era el insulto a través de sumas inverosímiles de adjetivos; y cuando los adjetivos no eran suficientes, se inventaban palabras o se recurría a fórmulas fijas para referirse a alguien. Por ejemplo: “la rata de la cloaca de la calle Yegros” para referirse al director del periódico ABC Color; de este modo evitaban decir su nombre. Escuchar el programa dejaba en uno la sensación de entrar en contacto con lo más vil y abyecto del ser humano, como si una oleada de inmundicia cayera sobre el oyente. La lectura a dos voces de tales editoriales estaba a cargo del propio Alejandro Cáceres Almada y del actor teatral Alberto Lares. Para poder elaborar un juicio que abarque con precisión el verdadero sentido de este programa, no es suficiente con leer sus transcripciones, sino es necesario escucharlo. Debe ser la única vez en la historia de la radiofonía paraguaya que se ha logrado una síntesis tan perfecta entre nivel de lenguaje y su correspondiente sonoridad. ¿Cómo es posible que haya afectado este programa de manera tan profunda la utilización del lenguaje? La obligatoriedad de su trasmisión por todas las emisoras y el hecho que la radio es en Paraguay el principal sistema de comunicación por una serie de razones que no viene al caso analizar, “La Voz del Coloradismo” era un programa escuchado en todos los estratos de la población, y de manera especial por la clase política ya que el ataque continuado a una persona era señal de que sería apresada por la policía política en los días siguientes.

Sobre las funestas consecuencias de la corrupción del lenguaje se ha escrito: “La campaña militar [es en relación con la Primera Guerra Mundial] necesita exaltadores, divulgadores y portavoces, necesita la propaganda, necesita a los escritores. La literatura debe convertirse en medio. El fin: la difusión positiva del esfuerzo bélico propio (y de sus razones) y la negativa del ajeno. O, si se quiere, mi victoria y la derrota del otro. Todos los instrumentos deben ponerse a su servicio. Previa a la palabra existe una voluntad, que declara qué es lo bueno y qué es lo malo, quién es el amigo y quién es el enemigo, e impone cuanto se quiere decir. El bien y el mal están fijados de antemano, son exteriores al lenguaje, el cual se usa para expresar esa distinción y pierde así su dignidad.” (11)

Este tono era el que en cierta medida dominaba todo el discurso oficial donde las antiguas reglas clásicas de la retórica se transformaron en dos: una mitad del discurso se utilizaba para endiosar al dictador y la otra para agraviar y envilecer a los enemigos políticos. De tanto envilecer al otro, terminó envileciéndose el discurso mismo. De tal manera la corrupción ideológica de este sistema dictatorial permeó todas las actividades del país que acabó por corromper el lenguaje mismo. “Se trataba de callar ante una gentuza a la que la visión del horror innombrable no le ha paralizado la lengua, sino que se la ha soltado”. (12)

Si el lenguaje está corrompido quiere decir que el pensamiento también lo está y la persona no es capaz de poder formular ideas que sean trascendentes ni elaborar conceptos.

La pregunta que debía hacerme según el pedido de los editores de este libro era: ¿Por qué cayó el Partido Colorado? El tema debía ser enfocado desde el punto de vista cultural. No creo que esta caída se deba a una sola causa, sino a muchas y a una suma de errores y desaciertos que no permitieron que la acción política acompañara a las exigencias del tiempo. La respuesta más concreta que se puede dar es que el golpe de Estado del 2 y 3 de febrero de 1989 no derrocó a la dictadura, sino simplemente al tirano. La dictadura siguió utilizando el mismo discurso en los años siguientes. Las elecciones generales del 20 de abril de 2008 desplazaron del poder al partido, pero siguen vigentes los mismos contenidos del discurso, las mismas reglas de relacionamiento de colorados entre sí, con la gente del pueblo y con quienes ellos consideran de la oposición. Son estos vicios que se han incorporado a nuestra cultura, a nuestras formas de comportamiento cotidiano, los que debemos erradicar para poder superar esta atávica postergación de la modernidad.


Notas

1. Conversación de Luis Szarán mantenida con el autor.

2. Conversación de Luis Verón con el autor.

3. Conversación de Augusto Roa Bastos con el autor.

4. Unamuno, Miguel, Diario final, Ediciones Anthema, Salamanca, 2006, p. 660.

5. Conversación de José Baddouh con el autor.

6. Conversación de Numa Alcides Mallorquín con el autor.

7. Conversación de Luis Verón con el autor.

8. Hernández, Miguel, Viento del pueblo, Ediciones Cátedra, Madrid 1989, p. 103.

9. Karl Kraus citado por Adán Kovacsics en Guerra y Lenguaje. Ediciones Acantilado, Barcelona, 2007, p. 71.

10. Conversación de doña Josefina Plá con el autor.

11. Kovacsics, Adán, Guerra y Lenguaje, Ediciones Acantilado, Barcelona 2007, pp. 80-81

12. Karl Kraus citado por Adán Kovacsics en Guerra y Lenguaje. Ediciones Acantilado, Barcelona, 2007, p 71


NOTAS

* Jesús Ruiz Nestosa (Asunción, 1941). Fotógrafo, escritor y periodista, forma parte del diario ABC Color desde sus inicios (1967). Actualmente vive en Salamanca (España), pero sigue manteniendo sus colaboraciones con el periódico. Publicó libros de narrativa como Las musarañas, El contador de cuentos, Los ensayos, Diálogos prohibidos y circulares, y La generación de la paz; un volumen de poemas, Textos del reencuentro. (Conmigo mismo). Estudió fotografía en el Rochester Institute of Technology (RIT), en Rochester, N.Y. y periódicamente realiza exposiciones de fotografías.



 

CAPÍTULO XI

UNA CULTURA POLÍTICA QUE DEBE SER SUPERADA

ALEJANDRO VIAL (*)

 

RESUMEN

La cultura política colorada y podríamos decir todavía, la propia cultura política paraguaya ha sido la política como identidad, herencia del orekuete, donde los que no están conmigo son mis enemigos. Consiste en una pragmática cerrada en sí misma que percibe la política como naturaleza o divinidad, en lugar de una construcción humana y ciudadana como en otras culturas políticas. Esa pragmática que concibe la política como naturaleza se apoyó en el aparato represivo atroz del estronismo y después, en el poder blando de mecanismos asistenciales, clientelares y prebendarlos durante la transición (1), logrando mantener el poder y beneficios económicos escandalosos para sus próceres.

El modelo pudo sostener su hegemonía por décadas, marcó la transición democrática y colapso finalmente, porque su propia eficacia de sistema cerrado conlleva en sus entrañas la rigidez, lo que le impidió enfrentar los cambios que el nuevo mundo global le impone al país y a su gente y para el cual dicha cultura política carece de respuesta.

La caída fue resultado de pulsiones externas e internas de tal magnitud, que las contradicciones creadas entre la nueva realidad material y el supuesto de una sociedad cerrada ya inexistente, no pudieron ser funcionalizadas por la vieja hegemonía pese a controlar todos los resortes del sistema, lo que precipitó la ruptura entre la cultura política como identidad y las prácticas políticas, precipitando la caída del Partido Colorado.

La segunda transición, iniciada en abril de 2008, busca desarrollar la democracia desde una praxis fundada en la política como diferencia, modelo que se basa en la participación, la inclusión la diversidad y autonomía de la sociedad civil, algo inédito en la historia paraguaya, que impide hablar de simple alternancia colorada hacia el azul y que tiene por tanto serios obstáculos para implantarse en prácticas políticas concretas. Hay entonces un desafío inmenso para el gobierno entrante: un intento nuevo en la vieja cultura política.

 

I. ANTECEDENTES

Estaba claro que la cultura política dominante no permitía otra cosa que una democracia restringidísima y una República a medias. No podía hacerlo si uno de sus supuestos básicos es que la realidad política no es producto de la acción ciudadana, sino más bien una suerte de orden supra- temporal impuesto por un sistema de dominación más que centenario, al que sólo se podía llegar afiliándose para obtener ventajas.

Una democracia así no puede sobrevivir mucho tiempo. Si miramos lo sucedido entre febrero de 1989 y marzo de 2006, observamos que luego de los primeros años de transición donde sí hubo impulsos transformadores que buscaron incrementar la democracia y consolidar instituciones republicanas, a partir de 1994 y con mayor fuerza durante los años siguientes, se comienza a producir un retroceso creciente de la transición debido a que las fuerzas del ancien régimen van teniendo éxito en su copamiento o acorralamiento, proceso que llega a un punto que casi derrota del todo a la democracia misma. No pudiendo usar el recurso brutal del poder duro del stronismo, el uso con maestría del clientelismo y el prebendarismo fue decisivo para debilitar la democracia, que llegó a tambalear hacia el final de la primera transición por obra y gracia de la política que se practicaba (2).

Muchos hitos en el camino pero sobre todo una constante: eliminar poco a poco y de manera sistemática, todo vestigio de República entendida como Estado de derecho con separación de poderes, lo que debilitó aún más las precarias instituciones estatales, convirtió la administración pública en una mera agencia corporativa (3) y sobre todo, la compra de votos, las listas sábana y la falta de cumplimiento de las promesas electorales hicieron de la voluntad popular, una parodia. Esto último significó un creciente desprestigio de la política con el paulatino desinterés de la ciudadanía por la “cosa pública”, lo que disminuye el control del poder y aumenta el saqueo de las arcas públicas.

El escamoteo a los votos de Luis María Argaña en las internas coloradas y la imposición de Wasmosy por los “grandes electores” en 1993, el intento de golpe militar de 1996 y el Marzo Paraguayo de 1999 entre otros, contribuyeron también a sitiar y jaquear la incipiente democracia (4), el último de cuyos intentos fue el esfuerzo reelectoral del presidente Duarte Frutos. Es a partir de la reacción ciudadana que dicho intento inconstitucional genera en marzo de 2006, que se inicia una recuperación de la transición cuando nuevos actores sociales y políticos que no tenían cabida en el viejo sistema hegemónico de la cultura política vigente, comienzan a ejecutar acciones políticas directas, apoyados en el liderazgo emergente de Fernando Lugo.

Los recurrentes esfuerzos por aniquilar la democracia muestran que la recuperación de la transición de abril de 2008 no está asegurada, que el camino está minado a la vuelta de cada esquina y que eventos desestabilizadores podrían estar ya en marcha desde antes de la asunción del nuevo gobierno. Más aún si el nuevo gobierno no logra mostrar una política claramente distinta, al servicio del país, tarea nada fácil especialmente para gente que, con poca experiencia de poder político, intenta nada menos que re-construir la República y la democracia, a lo que ayuda muy poco el apetito desmedido por cargos de algunos.

Y es que, luego de más de 60 años, los únicos con experiencia son colorados y algunos otros que formaron parte de la rosca; así que seamos intransigentes desde el primer día con la corrupción y el nepotismo, pero benévolos con los primeros pasos técnico-profesionales de la nueva y pequeña criatura. Es un capital enorme para el país que promisorios ministros surgidos de la sociedad civil empiecen a foguear sus armas en los oscuros laberintos de la porosa administración pública del Estado paraguayo (5).

La diferencia entre ambas transiciones es que la primera estuvo hegemonizada por la política como pura identidad, arraigada en la historia paraguaya y la segunda, busca afirmar la política como diferencia, intentando respuestas nuevas para el país de hoy, donde el rol social y ciudadano en la construcción de la polis resulta crucial e inédito. Pero con la composición actual del Congreso verdadero cerrojo para el cambio y la pervivencia en el poder del viejo orden en importantes núcleos fácticos como mostró la CEP con el rectorado de la U. Católica, el cambio tiene enemigos casi en todos lados, lo que podría obligar a Lugo a usar la movilización popular, carta compleja y de consecuencias poco previsibles.

Ahora bien, ¿qué significa la cultura política como identidad y diferencia? (6)

 

II. LA TRIBALIZACIÓN DE LA POLÍTICA

Los principales atributos de la cultura política como pura identidad’, -que permitió a la ANR pasar del poder duro del stronismo al blando de la transición manteniendo su misma cultura política y su fuerza- son estos tres mencionados a continuación, los que finalmente se desgastaron y vaciaron de contenido, aunque perviven con enorme fuerza en la cultura:

I) La construcción de un imaginario (ideología falsa y además conservadora (8)) donde los grupos que operan en el espacio público son convencidos de que penden y dependen de un único polo de dominación, el grupo que controla el Estado donde estamos nosotros, el orekuete;

II) La creencia de que la construcción política no es resultado de la acción ciudadana, sino una reproducción que viene desde una suerte de naturaleza superior de las cosas, algo así como un orden inmanente;

III)      La implementación operativa de todo aquello mediante modelos de cooptación, clientelismo y prebenda, controlados por una cadena de caudillos que parte en el operador de terreno y termina en el presidente de la República.

Pese a que el comunismo se usó como excusa para construir el modelo político de la pura identidad especialmente durante el stronismo, construir ciudadanía de cara a lo público supone polos distintos al eje izquierda -derecha. En efecto y a diferencia de ese eje, acá mientras un polo afirma el espacio público como negación/ integración de la sociedad civil, (la cultura política colorada llevada hasta su extremo), el otro polo construye el espacio público desde el tejido de la diversidad existente en la sociedad civil, práctica más cercana al Partido Liberal, si bien nunca pudo éste transformarla en un modo concreto de hacer política hasta ahora, que a través de la Alianza Patriótica para el Cambio tiene la posibilidad de hacerlo.

Lo que esto quiere decir no es menor, pues significa que no sería tan sólo una coyuntura casual la opción elegida por el PLRA como socio de la APC sino más bien, estaría retomando una de las corrientes fundamentales de su filosofía liberal; la otra opción lamentablemente, es muy parecida al Partido Colorado y está también muy arraigada, como queda de manifiesto con el pedido exacerbado por cargos en el Estado.

Esta forma de hacer política en lugar de constituir el eje público en términos de los intereses económicos y sociales que los grupos y asociaciones encarnan, pone el foco de disputa política en el grado en que la praxis política enfatiza o diluye la diversidad civil en el Estado. En la política como diferencia, lo público se construye fortaleciendo la diversidad civil a través de su autonomía respecto del Estado (el desafío de la APC), mientras que en el otro la política como identidad, el Estado termina difuminando la autonomía y diversidad de la sociedad civil mediante la cooptación, la prebenda o la represión directa. Pese a su polaridad, en ambos casos, lo político se mueve en el espacio civil de las asociaciones.

Por las características peculiares de la historia paraguaya, adquirió fuerza inusitada la política como pura identidad, lo que significó que el Partido Colorado articuló su quehacer político desde una concepción que veía en los particularismos y diversidad de la sociedad civil un peligro extremo para el Estado, noción que venía desde el Dr. Francia y los López. Si la política no es una construcción libre y colectiva de los ciudadanos, la sociedad civil en lugar de serle útil se convierte en amenaza, tanto para su visión filosófica de lo público como para la exacerbada corrupción que caracterizó su ejercicio público, especialmente a partir del stronismo".

Su concepción históricamente populista-estatista necesita que lo privado sea subsumido por el Estado, quien es el único gran actor, pero no a partir de la acción ciudadana o personal, sino de una suerte de entelequia que terminaba siendo independiente de la gente (10). La lucha política queda entonces definida por la polaridad Estado /sociedad en lugar de darse al interior del conflicto de intereses que la sociedad reproduce en la lucha socioeconómica por la sobrevivencia de sus grupos y clases sociales, como en el eje izquierda/ derecha. Ahora bien, tanto la política que se articula de cara al espacio público como la que lo hace en torno al eje izquierda derecha son igualmente válidas y ambas tienen vertientes democráticas y antidemocráticas, por lo que ninguna es a priori mejor que la otra (11).

Lo común de la región es que en el área del Plata se construyó lo político de cara al espacio público (a diferencia de los países Andinos que articulaban lo público desde el eje izquierda derecha, lo que dio pie desde muy temprano a un abanico de partidos que abarcaba todo el espectro ideológico) y por eso tanto en Argentina, Paraguay como Uruguay, existieron hasta hace relativamente poco tiempo solo dos partidos políticos importantes, uno por la identidad y el otro por la diferencia, y en ninguno de los países -salvo en las últimas décadas con el Frente Amplio Uruguayo que levantó una plataforma política distinta y de cierta relevancia, posteriormente en Argentina y finalmente en el propio Paraguay- pervivieron terceros partidos largo tiempo.

Si en nuestro país, lo distintivo de la APC es intentar la política como diferencia, no es casual entonces que la segunda transición iniciada el 20 de abril de 2008 tenga en su primer gabinete a varios ministros que vienen de las ONG en lugar del modelo anterior, que buscaba subsumir la sociedad civil en el partido-Estado, donde toda entidad autónoma asomada al espacio público se convertía en amenaza a ser aniquilada, cuestión que durante el largo reinado stronista llegó a su máxima expresión.

Pero de tanto arraigo que llegó a tener esa forma de hacer política en Paraguay, lo político-programático perdió casi toda su fuerza frente a una forma que tribaliza la política, la que termina siendo una repartija de cargos en premio a un trabajo anterior o a una correlación de fuerzas, con lo cual el cargo no se usa para realizar un programa y afirmar una línea política, sino sólo como retribución personal o de facción partidaria. En gran medida, es esa la pugna que ha estallado en la APC entre el PLRA y los nuevos movimientos sociales del luguismo. El desafío no es menor para una coalición que busca el cambio en la forma de hacer política y cuyo presidente fue votado para ello, pero que carece de un Parlamento que acompañe esas nuevas políticas.

Y es que lo otro caló demasiado hondo. Así pues y aunque la dictadura tuvo ingredientes específicos aportados por el stronismo, no puede obviarse el apoyo sostenido y permanente del Partido Colorado tanto en la dictadura misma como después durante la transición, cuando el partido no expulsó a ninguno de sus jerarcas pese a las evidencias de genocidio y corrupción de muchos, sin olvidar la fuerte represión sufrida por corrientes democráticas del propio Partido Colorado, varios de cuyos dirigentes sufrieron el exilio y la represión.

Los mecanismos usados para subsumir o destruir las agrupaciones sociales independientes, -política como pura identidad- llegaron a niveles de antología, como lo fue por ejemplo “el rebautismo católico”, con la insólita presencia de un sacerdote del 13 de septiembre de 1965 en la plazoleta de la iglesia de Piribebuy, dirigido por el entonces ministro del Interior Edgar Insfrán y el presidente del IBR, Juan Manuel Frutos, donde 103 campesinos tuvieron que pasar por la humillación colectiva de jurar que no eran comunistas sino cristianos” (12).

“E. Entrevistador. ¿Pero te hizo sentir mal el rebautismo?

V (Víctima): Sí, ya no podías llegar a la casa de las personas que te conocían porque decían que nosotros éramos demonios.

E. ¿La gente del vecindario qué es lo que les decía? ¿Eran señalados por culpa del re-bautismo?

V. Nos señalaban, ellos son comunistas, a ellos se les rebautizó porque son comunistas, así decían la mayoría porque era gente ignorante.

E: ¿Cuánto tiempo fue así?

V: Mucho tiempo, por lo menos dos años más o menos, ¡totalmente manchados quedamos!

E: ¿Después de esos dos años vos empezaste a tener novia?

V: No podía luego, eso es lo que te digo ¡vos ya perdiste todo ahí!”

CVJ: Testimonio 2472, Francisco Mauro Benítez, Potrero Angelito de Itacurubí, 19.06.06)

El amedrentamiento contra lo distinto y en la práctica durante las épocas duras contra todo aquel que no fuera colorado y oficialista, queda de manifiesto con el caso de Juan Pedro Benítez, -uno de tantos casos-, domiciliado en la orilla del poblado de Mbocayaty, quien sería muerto a las 72 horas de su detención por la crueldad del trato recibido.

E. (Entrevistador): ¿De qué partido era su esposo?

“V (víctima): Era liberal, luego empezaron a pasar enfrente de mi casa entre el que venía el comisario de compañía del pueblo, quien era de apellido Palacios (RP536), pero era su amigo él, era muy confianzudo y yo también, y un día el sargento le pregunta de qué partido era, él le dice que era del Partido liberal. Y sale, y le dice “entonces sos comunista, porque ahora todos los liberales son comunistas”, y mi marido le responde “¡yo no soy comunista! y tampoco sé lo que significa comunista” Después de eso empezaron a juntarles a los señores más pobres de ese lugar, nosotros éramos pobres pero no teníamos mucho hijos.” (CVJ: Testimonio, 14.03.07)

Lo profundo que llegaron a calar dichas prácticas aberrantes en la cultura política de la identidad, (orekuete), ayuda a entender que recién, casi 20 años después de la dictadura sea derrotado el Partido Colorado, pero que aún ahora subsista inconsciencia y falta de responsabilidad por los horrores cometidos. Ahora bien, ¿podrá la nueva política contra el viejo y arraigado modelo? Analicemos primero el concepto de cultura política.

 

III.      EL CONCEPTO DE CULTURA POLÍTICA

Mirar el fenómeno sociopolítico desde la cultura política, en lugar de hacerlo desde otra matriz analítica, implica poner el foco en las formas de hacer política, en sus pragmáticas y estructuras de interacción y en definitiva, en los modelos de intercambio que utilizan los actores para relacionarse con el espacio público, cuestión clave en la política paraguaya.

Al igual que cualquier concepto, el de cultura política no es estático y ha evolucionado en los últimos años, por lo que su uso actual difiere sustancialmente de los modelos aplicados a la modernización de América Latina durante los años sesenta y setenta del siglo XX, marcados por la tradición de Almond y Verba. Luego de dos décadas de cierto ostracismo, el concepto de cultura política volvió al tapete distinto a como se había usado en América Latina al calor del estructural-funcionalismo norteamericano y de su eminente discípulo ítalo- latinoamericano, Gino Germani (13).

“La última década ha sido testigo de un renacimiento del interés en la cultura política como categoría de análisis. En un principio, el término y su uso en las ciencias sociales y políticas, estuvo estrechamente asociado a la empresa intelectual del estructuralismo sociológico y la teoría de la modernización, con sus supuestos weberianos respecto al rol de los valores en la configuración de las transformaciones que dieron origen al mundo contemporáneo y a la Revolución Industrial. De esta forma, la categoría no podía menos que quedar atrapada en la polémica entre los partidarios de las explicaciones estructurales y los herederos de las tradiciones positivistas y accionalistas que insistían en el valor causal de las ideas por lo que usar dicha categoría significaba tomar partido a favor de las cuestionadas teorías de la modernización. Es claro que dicha polarización llegó a su fin” (14).

La modificación del concepto de cultura política le hizo perder relevancia a la vieja antinomia (acción-estructura, o idea-modo de producción) en el sentido de que el cambio lo producían o bien las modificaciones económicas o bien las ideas y valores. Mientras el concepto de cultura política estuvo atrapado en una causalidad de las ideas y los valores, la resistencia al cambio prevalecía siempre frente a otras perspectivas porque de forma casi natural se convierte en una máquina cerrada en sí misma.

Por el modus operandi del Partido Colorado con su sistema cerrado controlando las variables principales, fue que muchos analistas paraguayos pensaron hasta el final que el cambio sería virtualmente imposible. Ahora se piensa que el cambio actual es para pegar el viejo molde con pegamento nuevo, para que el cambio asegure que no cambie nada.

Pero precisamente porque la cultura política se cristaliza en una pragmática en lugar de ideas y valores únicamente y porque un modelo cerrado carece de capacidad autopoyética para lo exógeno, cuando llegó la globalización al país cambió el estado de cosas en muchos sentidos. Si pensamos solamente en el impacto de la soja, tenemos efectos multiplicadores con externalidades que transformaron absolutamente el statu quo. Por una parte, se generó una inmensa riqueza sobre la cual el viejo Estado prebendarlo no tenía control para cooptar lo que trizó lazos históricos que aseguraban estrechas relaciones entre dirigencia política y poder empresarial, base de la inmensa corrupción pública y de su impacto sobre la praxis.

A su vez, el modelo extensivo de la soja transgénica y sus agrotóxicos contribuyeron a una masiva expulsión campo-ciudad, donde campesinos agricultores acorralados por los inmensos plantíos de soja, tuvieron que malvender sus tierras, pasando a integrar los cinturones marginales urbanos del departamento Central, entre otros.

Muchos emigraron del país y comenzaron a enviar remesas a sus parientes (alrededor de un 15% de familias paraguayas tienen parientes en esas condiciones), lo que significó un ingreso importante para la canasta familiar que permitió liberarse de tener que vender el voto, dándole así un golpe de gracia al clientelismo (15).

La globalización del campo creó una burguesía autónoma del Estado que debía negociar poco con él porque no le debía gran cosa y a la cual le conviene, al igual que a cualquier inversor, reglas del juego claras y definidas que la política como pura identidad dificulta. El embate globalizador contribuyó a romper la máquina cerrada de la cultura política colorada al mostrar que ya no había una dependencia del Estado y al hacer ver que la vieja política no tenía respuestas al desamparo del pequeño agricultor, debilitando considerablemente con ello el poder operativo del caudillo clientelar y prebendarlo.

Si el gran capital necesita también otra forma de política hay que tenerlo muy en cuenta para fortalecer las prácticas incluyentes y redistributivas de la nueva política y contrarrestar así las externalidades negativas que genera su modelo productivo y financiero altamente concentrado, de lo contrario el cambio no será funcional a la gente y el país necesita un Estado regulador que vele por su población. No es posible que frente a la crisis alimentaria por ejemplo, se venda toda la producción sin pensar en el abasto local lo que ya está produciendo escasez en ciertos rubros; países como Brasil regulan o prohíben la exportación de arroz, alimento básico para su pueblo y se ocupa de mantener abastecido de alimentos su mercado local mediante acciones directas del Estado.

Por su parte, dejar de concebir la realidad social económica y política como naturaleza, es decir como algo que no depende de la construcción colectiva de los ciudadanos de la polis -creencia facilitada por el imaginario rural paraguayo- , decapita la ciudadanía, afecta el impulso necesario para emprender y salir de la pobreza y sobre todo, facilita el ambiente para las prácticas de manipulación social y política ejercidas durante la hegemonía política colorada, sea en su etapa de dictadura cuando el poder duro alineó voluntades a sangre y fuego como después, durante la primera transición, donde continuó la hegemonía de su política mediante el poder blando de la cooptación, el clientelismo y la prebenda.

Cuando la ciudadanía dejó de ver la política como algo dado o natural y ejerció ciudadanía, la realidad política cambió en el país y en ese concienciar, las acciones de construcción ciudadana de las ONG y agencias de cooperación fueron importantes. El cambio desnudó la tríada sobre la que se apoya la política como pura identidad del poder blando -descrita más arriba- y ayuda a explicar el 20 de abril de 2008. Pero para comprender su largo reinado después de la dictadura necesitamos analizar la maestría con que el modelo operativo de la política como identidad se insertó en el imaginario de la cultura paraguayo- guaraní, vaciando de contenido sus símbolos, facilitando así la hegemonía política del Partido Colorado y de su satélite durante la primera transición, el PLRA.

 

IV.      LA POLÍTICA TRADICIONAL O LA PERVERSIÓN DEL IMAGINARIO PARAGUAYO

El brazo operativo de la política como identidad en su versión blanda, es decir sin el soporte del aparato represivo stronista, fue ejercido por el clientelismo caudillista, asistencialista y prebendarlo, que como el kupi’ i, entró en los símbolos de la cultura paraguaya (16) usando sus metáforas y desvirtuando su naturaleza, a cambio de lo cual logró construir una red de clientela para captar votos y mantener el poder durante la transición, aprovechando la riqueza de la cosmovisión guaraní. ¿Cómo pudo hacerlo?

En primer lugar, porque el clientelismo prebendario y la corrupción estaban profundamente arraigados en el país a través del régimen stronista, por lo que se trataba sólo de adaptar esa política de la identidad apoyada fundamentalmente en el aparato represor, a un contexto sin dicho aparato. Y ahí jugó la cosmovisión cultural, donde la idea del “nosotros excluyente” que implica el orekuete, aporta mucho peso.

Ahora bien, desde el punto de vista de la cosmovisión, Meliá sostiene que la base de la comunidad social paraguaya se funda en tres árboles de símbolos; el primero de ellos sería el ore poriahu (somos pobres), el segundo el ñane ñe’é es decir la lengua guaraní y el tercero el koygua, o campesino (17).

El aspecto clientelar -prebendario utilizó de forma perversa para la dominación los 3 árboles, pero sólo en aquello que sirve para reproducir su dominio en cada caso, como la relación cara a cara que realiza el operador político dejando de lado otras formas (virtuosas), como la identidad de la comunidad, la solidaridad y la reciprocidad, que forman parte también de esa misma cultura. La habilidad del procedimiento fue usar la matriz cultural (que en la comunidad originaria de los guaraníes traducía reciprocidad y por ende simetría) desde el clientelismo manejado por el operador, con lo que se le convierte en sujeción y asimetría.

Al desarrollar la dominación desde dentro de la matriz cultural originaria, emerge la confianza cual hermosa fruta de la cultura, con lo que los operadores encontraban aceptación y rápida asimilación social, a diferencia por ejemplo de los intentos modernizantes intentados desde fuera y muchas veces en contra de las prácticas usuales de la comunidad, como es la racionalidad basada en lógicas individuales de medio a fin.

Preciso es recordar el carácter holístico, democrático y circular de la reciprocidad guaranítica como una cadena de intercambio, donde todos aportan y donde ese aporte permite la equidad; “primero, lo que domina es la noción del Todo, o de un sentimiento común. No hay ningún privilegiado ni tampoco algo que se perpetúa en una continuidad para siempre... La reciprocidad es la matriz por la cual los hombres se reconocen como seres humanos y también, el espacio social dentro del cual las acciones y las cosas encuentran su sentido, incluidas las prestaciones económicas. Por ejemplo, dar mandioca a otro le otorga a la mandioca un valor... La tierra, que permite que la mandioca sea dada, está integrada al proceso de la reciprocidad y a la dialéctica del don, pero también los medios de producción del don. Es lo que viene expresado con el término guaraní tekoa... La reciprocidad es una cadena (reciprocidad generalizada) según la cual uno da a un segundo, quien da a un tercero, quien da a su vez a un siguiente..., etc ” (18).

El modelo de clientelismo asistencialista practicado por la política como identidad encontró en esa matriz cultural uno de sus soportes y fundamentos más relevantes para ganar la confianza de personas y grupos, utilizando aspectos (como el cara a cara, la relación oral, el manejo del guaraní (19), la aparente preocupación por la comunidad en especial de las más rurales), aunque para hacerla efectiva a su dominación, modifica su mecanismo sustancial cortando la reciprocidad generalizada de la siguiente forma:

a) El asistencialismo, como relación fija y definida a partir de un único centro tiene en el actor que da al privilegiado, único que dispone de bienes y servicios (alimentos, medicamentos, ataúdes, textos escolares) que maneja a su antojo sobre el otro, que es el que recibe y sólo dispone de una misma cosa para dar, su voto;

b) No hay un sistema integrado que permita acceder a los medios de producción y por ende que pueda cambiar esa asimetría privilegiada, como en la reciprocidad generalizada;

c) El intercambio se sitúa en el ámbito de servicios unidireccional y carece de un sistema que re-troalimente y genere la circularidad, base de la reciprocidad (20).

Pero si buscamos crear y desarrollar ciudadanía, reciprocidad, nada puede ser más ajeno que el clientelismo político a lo menos, en dos aspectos cruciales:

El primero de ellos tiene que ver con la pasividad en la actitud de espera de quien está “puesto” para recibir ayuda, uno de los efectos más graves que entraña cortar el flujo de la reciprocidad. El estar a disposición de la ayuda que viene de afuera, elimina o al menos pone en suspenso la necesaria disposición activa que las acciones ciudadanas suponen; con ello se deja de edificar mundo y de protagonizar la construcción de realidad cotidiana de la nación, que pasa a depender de otros, (21) desalojando además la antigua reciprocidad que se basaba en un toma y daca de iguales; después de todo, el pobre ¿qué tiene como reciprocidad para el sistema clientelar?

Al disponer solamente del voto (las remesas vinieron a cambiar momentáneamente esto) se halla a merced de los operadores políticos que montan una estructura definida por el asistencialismo que niega la reciprocidad porque es una relación basada en la sujeción (22).

El mensaje clientelar encontró acogida en la gente porque al utilizar iconos y símbolos de su cultura ancestral crea confianza en el portador del mensaje, aunque termine vaciando de contenido la cultura misma que le acogió. Por eso, un gobierno que busque nuevas formas de hacer política tiene que desalojar la manipulación clientelar, rescatar la matriz virtuosa de la cultura y restablecer la reciprocidad mediante fórmulas sustentables, inclusivas y económicamente productivas. Si eso no puede hacerlo la APC, fracasará su proyecto político.

El segundo aspecto nefasto del clientelismo y su componente asistencial es la fragmentación que conlleva respecto de la comunidad nacional de la que se forma parte, lo que impide una visión general, alimenta la opacidad y con ello fomenta la corrupción. No solamente destruye el mundo como totalidad al utilizar su matriz cultural fragmentada o rota, sino además el mundo nuevo y alternativo que ofrece (el mundo mestizo) no se recrea desde un proceso de construcción colectiva o propiamente ciudadano.

De manera que si mi esfuerzo no contribuye a crear mundo, entonces yo no formo parte de él y por ende el interés general de la comunidad nacional que integro no me incumbe; el orekuete exacerbado por la praxis política de la pura identidad no deja espacio para un ñande nacional incluyente. Del mismo modo el Estado tampoco me pertenece a mí sino a otros, los que puedan llegar a él y aprovecharse para su beneficio privado de algo que en rigor termina siendo de todos y de nadie, lo cual tiene efectos directos sobre la ciudadanía que es cercenada y vendida por un plato de lentejas. El 20 de abril, quizás por vez primera, una mayoría ciudadana participó libre y masivamente por un Ñande pero el orekuete sigue vigente y exige cargos con el viejo criterio clientelar, especialmente en el sostén principal de la APC. ¿Y qué hacemos con la política programática y los desafíos del país?

De los 3 árboles de símbolos que constituyeron el imaginario de la cultura, el ore poriahu, el ñane ñe’é y el koygua, la pata más floja es la metáfora del koygua debido a la acelerada expulsión campo- ciudad. Y dado que los tres conforman el sistema del imaginario, al sacarle una de sus partes comienza a desintegrarse el todo. Así, fuera del campo se debilita mucho el ñane ñe’é ya que es sabida la discriminación que sufre el mono-hablante guaraní; de ahí la fuerte lucha que se da ahora por legitimarla como lengua oficial de la nación.

Por su parte, el ore poriahu, integrado a la comunidad rural que provee identidad y contención social de tradiciones y valores además de alimentos básicos, es un referente de sentido que empalidece al instalarse en la transitoriedad precaria de la marginalidad urbana desolada, abandonado a la suerte individual de su precariedad, la intemperie y el olvido, lumpen peajero, consumidor de baratijas, cola de zapatero...

El individuo arrojado del campo al laberinto de calles contrahechas y tugurios malolientes carece de referentes de identidad y tal vez el eco fatalista que entraña la metáfora del ore poriahu ya sin la contención cultural rural, le persiga y límite para asumir emprendimientos de desarrollo, por lo que habría que implementar políticas públicas efectivas de inclusión.

Se erosionó la forma tradicional de hacer política de la primera transición y su hegemonía quedó seriamente deteriorada pero sus formas perviven, lo que seguirá hasta crear una nueva hegemonía para esta segunda e incierta transición, la que tendría que basarse en la política como diferencia y los nuevos imaginarios de la cultura paraguaya.

A partir de allí comenzará otra historia, una historia quizás muy distinta, pero lo difícil será encontrar mecanismos políticos cognitivamente superiores al clientelismo prebendario, capaces de conectar prácticas públicas democráticas e incluyentes con los nuevos imaginarios que se creen, en este proceso de tránsito entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo, que no termina de nacer.

Evolución de población rural -urbana en las últimas décadas para entender el cambio

 

 

* La dinámica de expulsión campo-ciudad muestra su dinámica acelerada durante la transición, cuando el koygua deviene minoría.

 

V. CONCLUSIÓN

La globalización se coló en ese modelo cerrado de la cultura paraguaya en que se basaba la política como pura identidad y contribuyó a romperla. Paradojal es que para la sobrevivencia de la propia sociedad erosionada por la globalización se requiere Estado, se demandan políticas de bien común, se necesitan estadistas capaces de ponerle marcos regulatorios a la depredación transnacional mediante alianzas jurídico-políticas multilaterales efectivas, y eso es imposible tanto con el arcaísmo patrimonial de la política como pura identidad como con el mercado abandonado a su total libre arbitrio.

La tarea ahora es construir una nueva hegemonía desde la participación ciudadana, la diversidad, la inclusión y la afirmación de una República con auténtico Estado social de derecho. De ahí surgirá una nueva cultura y un imaginario distinto, porque la realidad paraguaya ha cambiado demasiado para continuar siendo explicada por los tres árboles de símbolos que rigieron su cultura durante siglos, cuando era rural indígena-campesina, selva y luz cegadora, “una isla rodeada de tierra”.

La caída de la política como pura identidad es también entonces el derrumbe del imaginario de los 3 árboles de símbolos, lo que supera con mucho el ámbito puramente político. Por eso no se puede dar la mera alternancia colorada al azul; hay nuevos actores y símbolos en escena. El nuevo imaginario debe afirmar prácticas orientadas a la diferencia más cercana a la democracia de hoy, que necesita modelos abiertos, recursividad y sociedad del conocimiento para la sobrevivencia de sus pueblos, amenazados por desafíos planetarios que jaquean la propia civilización. Y vemos demasiado poder concentrado todavía en impedir este avance del país en casi todos los segmentos de la sociedad paraguaya, lo que es un verdadero lastre.

Aunque no me gusta como política, quiero reiterar que el problema no es la cultura política de la identidad como tal si ella se atiene a prácticas democráticas y a un Estado de derecho real; desde la democracia es legítimo luchar por las ideas en que se cree. El problema fue usar medios ilegítimos como la violación de los derechos humanos en dictadura y el clientelismo prebendario en democracia, para mantenerla y perpetuarla. Por eso, es imprescindible realizar una reforma profunda tanto a los partidos como al sistema político- electoral, que contribuyan al cambio de las prácticas políticas.

Finalmente y con respecto al Partido Colorado, es fundamental que la nueva generación colorada asuma una revisión profunda de su cultura política abriéndola a la democracia. Asimismo, de gran importancia sería que la dirigencia realice un mea culpa oficial por los horrores cometidos con los derechos humanos durante el stronismo, así como también, por la enorme corrupción que permitió, alentó y contribuyó a institucionalizar.

No lo decimos tan sólo por cuestiones académicas ni mucho menos por un revanchismo que sería nefasto para el país. Lo decimos por el futuro de las nuevas generaciones, por el rol brillante que el país puede jugar todavía en la región y por el propio Partido Colorado, que en momentos cruciales de la historia patria fue clave para la pervivencia de la Nación Paraguaya, como podría volver a serlo en el futuro (23).


Bibliografía:

1. Allub, Leopoldo “La ética católica y el espíritu del caudillismo”, Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas Nº 4, vol. III, marzo-abril de 2002, Santiago del Estero, Argentina.

2. Ayala, Eligió; “Migraciones", El Lector, 1996, Paraguay

3. Barrett, Rafael; Obras Completas tomo I, “El dolor paraguayo”, RP ediciones, abril 1988, Asunción.

4. Bustamante, Fernando; “La cultura política, ¿más allá de la modernización”? Revista Nueva Sociedad N° 194, Nov- Dic 2004.

5. Cardozo, Efraím; Breve historia del Paraguay, Ed Salesiana, Diciembre 1987, Asunción.

6. Cardús Huerta, Arado, pluma y espada pág. 320, Ediciones y Arte S. R. L. Asunción, sin fecha.

7. Díaz Pérez, Viriato, La revolución de los Comuneros; ABC, Servilibro, Colección Imaginación y memorias del Paraguay, 2007.

8. Documentación Comisión Verdad y Justicia Paraguaya.

9. Frutos, Julio César; Testimonios de la Guerra Grande-, ABC, Servilibro, Asunción, Paraguay, 2007.

10. Gaona, Francisco; Historia social y gremial del Paraguay, Arandú editorial, 2007.

11. González, Natalicio; Proceso y formación de la cultura paraguaya, 1948, Asunción.

12. Meliá, Bartomeu. Una Nación dos culturas CEPAG, 4a edición, 1997.

13 .      ______; “El crepúsculo del Paraguay” en "El Paraguay inventado”, pág. 107, CEPAG, 1997, Paraguay

14 .      ______; “El don, la venganza y las otras formas de economía guaraní”, pág. 80, Centro Antonio Guasch, 2004, Asunción, Paraguay.

15. Pangrazio, Miguel Ángel; Corrupción e impunidad en el Paraguay, 2001, Asunción.

16. Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, 10º impresión, 1982, F. C. E. México

17. Rivarola, Mildaen Obreros, utopías y revoluciones Centro de Documentación y Estudios (CDE), QR Producciones, Asunción, octubre de 1993.

18. Seiferheld, Alfredo; La Guerra del Chaco; Colección Imaginación y Memorias del Paraguay, ABC, Servilibro, julio 2007, Paraguay.

19. Susnik, Branislava “Una visión socio-antropológica del Paraguay del siglo XIX" pág. 53, Museo Andrés Barluno. Asunción, 1992

20. Vial, Alejandro Cultura política, sociedad civil y participación ciudadana-, Ed. Grafitec, nov 2003, CIRD/USAID ). Asunción, Paraguay.

21 .      _____;  “Nosotros, ciudadanos a la intemperie”; Revista Nueva Sociedad Nº 195, Enero-Febrero 2005, Caracas Venezuela.

22 .      ;           “Enlatados o modelos propios; una interpretación sobre el estancamiento latinoamericano”; Revista Nueva Sociedad N° 200, Nov-Dic 2005, Buenos Aires, Argentina.

23 .      _____; “El PLRA; entre la agonía y el éxtasis de siete paradojas" Revista Accion Nº 283, mayo 2008

24        _____; "El Príncipe de Maquiavelo,  Lugo y la tarea de hoy" DEDICAMOS, 30/05/08

25. Weber, Max. “Economía y Sociedad”, F.C.E México, 1984


NOTAS

* Alejandro Vial. Sociólogo con posgrado e investigación en FLACSO. Diplomado de Ciencia Política, realizó una Maestría, especializándose en movimientos sociales. Trabajó en FLACSO como investigador del área Cultura Política. En Paraguay realiza consultorías para agencias bilaterales de cooperación internacional como USAID, JICA, Cooperación alemana y multilaterales como el BID, BM, OEA, NNUU. Entre 2000-2007, coordinó el Programa Cultura Política y Gobernabilidad de la Fundación CIRD.

1. Dada la estrecha limitación de espacio que disponemos aquí, no podemos describir las características conceptuales de estos términos, abordados magistralmente por Max Weber en «Economía y Sociedad». A efectos nada más de adelantar una idea de su matriz, queremos referir que «el cargo patrimonial carece ante todo de la separación burocrática entre «esfera oficial» y «esfera privada», pues la misma administración es considerada una cuestión personal del soberano». Max Weber, Economía y Sociedad, pág., 774. Ello plantea un concepto de racionalidad muy distinto al anglosajón; «así como el protestante acumula riquezas, en la cultura ibero-católica el caudillo acumula amigos porque es el instrumento racional para la conquista o conservación del poder político. Los amigos se logran haciendo favores y uno es tanto más poderoso cuanto más amigos posee. Así como en lo económico el capitalismo expresa la necesidad de dar libre impulso a las fuerzas del mercado, en la cultura caudilleril lo racional es el amiguismo porque no existe base más segura para la conquista y consolidación del poder que los lazos de la amistad, de sangre y de familia. Y por ello, allí donde el capitalista acumula capital, el caudillo acumula amigos para hacerse de poder o capital político el cual, curiosamente, no puede ser delegado ni heredado». Allub, Leopoldo «La ética católica y el espíritu del caudillismo», Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas Nº 4, vol. III, marzo- abril de 2002, Santiago del Estero, Argentina, ISSN 1514-6871.

2. En esto hay una responsabilidad especial del Partido Colorado, pero también del PLRA, que se dejó atrapar en ese tipo de política.

3. Indicadores objetivos muestran que la administración pública paraguaya es una de las más ineficientes del continente desde un punto de vista técnico-profesional, en gran medida porque el cliente no es el ciudadano sino el padrino político que lo puso en el cargo.

4. Cada evento atentatorio contra la democracia encontró respuestas débiles por parte de la sociedad civil o si las respuestas eran contundentes, como ocurrió en 1999 con el Marzo Paraguayo, fueron cooptados por el sistema.

5. Nos abisma la miopía de algunas críticas que se escuchan en ciertos medios de prensa, en el sentido de que si en los primeros cien días no hay un país notoriamente mejor, entonces «los que se fueron habrán sido mejores que los que llegaron, porque aunque los nuevos no roben, los otros sabían hacer bien las cosas». Cita textual de radialista. Si esta idea prende y se hace mayoritaria, entonces renunciemos a la República, a la democracia, a la alternancia y sobre todo, a la posibilidad de que sea el propio ciudadano quien construya su polis.

6. Hemos abordado este complejo tema de la cultura política como identidad en diversos escritos. Para uno de los más recientes ver del autor, «Nuevos vientos sobre la vieja política», Revista NOVAPOLIS, agosto 2007.

7. La hegemonía de esta cultura política ha sido tal, que el propio PLRA la adoptó en la práctica, pese a tener un anclaje histórico en la cultura política como diferencia; ver del autor «El PLRA: entre la agonía y el éxtasis de siete paradojas» R. Acción, N° 283, entre otros.

8 ¿Por qué falsa? Porque pese a las imbricaciones entre economía y política, el poder político depende en verdad del poder económico. ¿Por qué conservadora? Porque con ese imaginario se desalienta cualquier esfuerzo ciudadano por construir un nuevo proyecto de país y las personas se hacen pasivas respecto de la «cosa pública»

9. La brutal persecución de todo aquello que oliera a refinamiento intelectual, social o político, realizada en la década del 40 y la devastación de la masa crítica que precariamente había logrado conformarse es una prueba de la imposición de la política como identidad, apenas comenzaba a emerger cierta diversidad de asociaciones, grupos e intelectuales independientes en la sociedad paraguaya.

10. La conocida metáfora de Luis María Argaña en el sentido, que si se presentaba «el Pato Donald» como candidato del Partido Colorado igualmente ganaba, ilustra lo que queremos decir, pues minimiza la calidad del propio liderazgo colorado frente a la fuerza impersonal y anónima de su maquinaria partidaria, rebajando así el esfuerzo intelectual de su propia gente, que se quedó casi sin otro estímulo para progresar y capacitarse en el liderazgo político que la polka «Colorado», lo que muestra la profunda crisis en que había caído el partido. Al dejar el campo intelectual a otros, perdió el importante espacio cultural y su batalla (Gramsci), lo que fue decisivo para su derrota. Es fundamental que los nuevos líderes del Partido Colorado retomen de forma sistemática, el estudio y la reflexión política.

11. Son formas distintas de construir lo público, sólo que la práctica colorada exacerbó a tal punto el polo de la Identidad, que lo hizo excluyente para una república democrática.

12 Testimonio de Emiliano Spaini, Piribebuy, 13/07/06, Comisión Verdad y Justicia, (CVJ). Existe una fotografía de la Revista Ñandé, con los campesinos jurando sobre una Biblia arriba de una tarima, versión corroborada para la CVJ por Monseñor Cantalicio Gauto, Eusebio Ayala, 12/02/06. A la consulta acerca de por qué había tanta gente en el acto otro testigo declara; «Era para hacernos pasar vergüenza, la gente quería vernos como si fuéramos animales extraños, por eso es que había mucha gente». Y agrega, «Claro, no podías reunirte entre cuatro personas para hacer Minga (cooperativa) » testimonio de Arsenio López, Piribebuy, 2/08/06, CVJ.

13. El renacimiento del nuevo concepto fue muy relevante para mí, habida cuenta de que la categoría de cultura política resulta crucial para entender la larga hegemonía del Partido Colorado sobre la sociedad paraguaya, centrada fundamentalmente en usos y costumbres.

14. Fernando Bustamante; «La cultura política, ¿más allá de la modernización»? Revista Nueva Sociedad Nº 194, Nov Dic de 2004. En análisis de nuestro libro «Cultura política, sociedad civil y participación ciudadana»; A. Vial, Coordinador

15. La reciente ley aprobada por el Parlamento Europeo que permite la expulsión de los inmigrantes podría ser un golpe demoledor de incalculables consecuencias sociales, políticas y económicas.

16. Coincido en esto con diversos autores como la antropóloga suiza Irene Zingg, que convivió con los Paí Tavyterá y sobre todo, con Bartomeu Melló, en las similitudes entre la cultura del paraguayo de hoy y la cultura de los pueblos guaraníes originarios.

17. Bartomeu, Meliá, «El crepúsculo del Paraguay» en «El Paraguay inventado», pág. 107, CEPAG, 1997.

18. Bartomeu Meliá, «Mborayhu: amor y reciprocidad» en «El don de la venganza y otras formas de la economía guaraní» páginas 69 y siguientes. Centro Antonio Guasch 2004, Asunción. Paraguay

19 Sería interesante integrar al copioso debate sobre el guaraní su uso de manipulación clientelar en la política como pura identidad, que lo convierte en herramienta conservadora mediante el «todos somos iguales porque hablamos guaraní» de Natalicio González.

20. Transformar la reciprocidad de las propias comunidades guaraníes en asistencialismo se logró mediante el despojo de sus bienes (bosques y tierras), lo que les excluyó de la ciudadanía y declinó la vitalidad de sus antiguas comunidades, que se hicieron dependientes de recursos exógenos (sobre-vivientes).

21. Así las cosas, ¿cómo podemos esperar que los pobres identifiquen la política nacional como una construcción colectiva donde ellos son protagonistas de algún futuro posible? ¿Cómo extrañarnos que lo político se vea como algo ajeno, construido por «los dioses», o simplemente «los otros», en lo que es además una constante de las cultural originarlas de América Latina que con adaptaciones y sincretismos, gozan de buena salud todavía en amplias capas populares?

22. De aquí la importancia de que el sistema redistributivo que surja de las externalidades negativas producidas por los agronegocios dinamice la agricultura campesina integrándola al ciclo productivo y competitivo, ojalá por la vía de redes cooperativas.

23. Si el Partido Colorado hace ese reconocimiento público, abrirá el camino a otras entidades sociales y políticas que quizás colaboraron de forma indirecta (Iglesia, partidos, gremios y sindicatos) para que asuman su propia responsabilidad histórica, lo que ayudaría a la sociedad a dar un importante paso adelante que le permita abordar los inmensos desafíos que el mundo global nos impone. Porque no podremos avanzar hacia el futuro si no somos capaces de reconocer nuestro pasado.

 

 

 

 

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