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MIGUEL ANGEL CABALLERO FIGÚN


  ANTOLOGÍA POÉTICA de MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN - Selección de AUGUSTO CASOLA, WILLIAM BAECKER y LUIS MARÍA MARTÍNEZ


ANTOLOGÍA POÉTICA de MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN - Selección de AUGUSTO CASOLA, WILLIAM BAECKER y LUIS MARÍA MARTÍNEZ

 ANTOLOGÍA POÉTICA

MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN

© CONCEPCIÓN MORA VDA. DE CABALLERO

© CRITERIO EDICIONES

Selección de AUGUSTO CASOLA, WILLIAM BAECKER y LUIS MARÍA MARTÍNEZ

Nota crítica de RENÉE FERRER

Diseño de Tapa: Anibal Riveros

Ilustración de tapa: Óleo de Federico Caballero Mora

Foto de ilustración de tapa: Juan Carlos Meza

Diagramación: Gilberto Riveros Arce

Edición: Antonio V. Pecci

Asistente de edición: Isabel Caballero Mora

Digitalización de textos: Miguel Caballero Mora

Desgrabación de entrevistas: Marcelo Valenzuela

Corrección ortográfica: María del Carmen Medina

Asunción – Paraguay

2012 (280 páginas)

 

Declarado de interés educativo y cultural por Resolución del Ministerio de Educación y Cultura.

Mucho celo y técnica fueron empleados en la edición de esta obra. No obstante, pueden ocurrir errores de digitación, impresión o duda conceptual. En cualquiera de las hipótesis, solicitamos la comunicación a nuestra Casa Central para que podamos esclarecer o encaminar cualquier duda.

La Editora y los responsables de la edición no asumen responsabilidad alguna por eventuales daños o pérdidas a personas o bienes originados por el uso de esta publicación.

Hecho el depósito que marca la Ley N.º 1328/98

ISBN: 978-99967-25-53-1

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

         Cuando una tarde de marzo de 2010 Isabel Caballero Mora cruzó la puerta de mi oficina en el diario última Hora, supuse, como me había adelantado telefónicamente, que estaba interesada en la búsqueda de información sobre su padre, el destacado poeta, periodista y militante político Miguel Ángel Caballero Figún (1944-2005).

         Así fue, efectivamente. Entonces pude brindarle varios datos tomados de diversas antologías que tenía a mano en las sucesivas visitas que realizó. Pero en algún momento la conversación discurrió sobre el deseo de ella y su familia de reeditar todos los libros del escritor. Algo que me pareció, y me parece, loable. Sin embargo, le indiqué mi imposibilidad de acompañar un proyecto tan ambicioso.

         Sugerí, en cambio, la posibilidad de realizar una antología poética, como algo que podría interesar a los amantes de la poesía en general, y, al mundo educativo en especial, sobre la base de una selección de sus mejores textos.

         La idea le pareció atractiva.

         A partir de allí comenzamos a diseñar con Isabel el plan de una obra que parecía sencilla, realizable en pocos meses, pero que significó enfrentarse a un proyecto que estaba dotado de su propia dinámica y fue creciendo de manera impensada con el tiempo.

         Así trabajamos a lo largo del 2010, del 2011 y del 2012 en reuniones quincenales con ella, sus hermanos y con su madre Concepción Mora Zorrilla de San Martín, nieta del famoso poeta y periodista uruguayo Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931), reivindicador de la figura de Artigas y autor del poema elegíaco “Tabaré”, que tuvo amplia difusión en el Río de la Plata. También nos apoyamos en los poetas amigos de Miguel Ángel y en otros que, si bien no tuvieron un trato cercano, se mostraron interesados en su obra y su vida.

         Lo que nos demandó una labor investigativa sobre lo que había publicado, lo que aún permanecía inédito y la búsqueda de archivos fotográficos, así como datos biográficos.

         En el camino hemos ido encontrando que la estela de figura querible de Miguel Ángel hizo posible el milagro de que se abrieran sucesivas puertas que permitieron llevar a buen puerto esta quijotesca aventura.

         Varias veces me pregunté por qué había dado ese paso tan comprometedor que devora un tiempo tan precioso a los proyectos propios y al ocio necesario. Y es que sentí esa tarde y en las sucesivas reuniones, entre charla y té, que me resonaba interiormente una antigua deuda hacia quien admiraba por su poesía y, sobre todo, por su tremendo coraje como periodista del semanario El Pueblo, uno de los más combativos - junto a El Radical, Sendero y La República- en la época stronista.

         Caballero Figún era -es- uno de los tantos luchadores olvidados en la larga transición a la democracia, a pesar de habernos brindado un doble legado muy importante.

         Esta travesía se hizo junto a sus leales amigos y contertulios de la mesa del San Roque como Augusto Casola, William Baecker y Luis María Martínez, a quienes les pedimos que realizaran la selección poética y, además, aportaran una semblanza.

         Luego, decidimos solicitar una breve opinión a algunos de sus connotados colegas en el arte poético. Y se fueron sumando importantes voces como las de Gladys Carmagnola, Susy Delgado, Mario Rubén Álvarez, Emi Kasamatsu, Ricardo de la Vega, Delfina Acosta, la uruguaya Elisa Roubaud, William Baecker, Víctor Casartelli, el joven escritor Eulo García y la de su hijo, el también poeta y periodista Miguel Caballero Mora. A las que se agregarían valiosos testimonios sobre distintos momentos de su vida por parte de Luis María Martínez, Ausberto Rodríguez, Joel H. Filártiga, Richard Alan White y Victorio Suárez.

         A la destacada escritora Renée Ferrer le pedimos un breve análisis de las claves poéticas de los textos del autor, que ella atendió con probidad, cerrando el libro el maestro Rubén Bareiro Saguier con un penetrante enfoque sobre el contexto social y político en que le tocó desarrollar su labor a nuestra figura.

         Posteriormente nos dimos a la búsqueda de una editorial que aceptara publicar poesía. Un género que les resulta poco rentable, como es sabido. Sin embargo, nuestra propuesta fue aceptada por los responsables de Intercontinental Editora, con gran interés.

         Y así, detalle tras detalle, fue conformándose este libro como un variado mosaico, producto de diversas voluntades, donde el interés y entusiasmo de su viuda e hijos son destacables. Y cuyas resonancias se expandieron hasta los hermanos de Miguel Ángel, José Luis, Carlos Alberto y Ricardo, residentes en Montevideo.

         Finalmente, llega el libro, este objeto rectangular hecho de tinta y papel, con su contenido de poemas y vivencias, intentando ser un homenaje a quien fuera un poeta y pensador a carta cabal. Aquel que opinaba que "la poesía es la máxima expresión de la literatura" y que se entregaría por entero a ella dejándonos el registro de sus vivencias, de sus verdades y sentimientos en textos que iluminan con una voz de esperanza y denuncia una época difícil y oscura en nuestra patria.

         Alguien que, a diferencia de otros intelectuales y artistas, de posturas indiferentes o, peor aún, genuflexas, ante el dictador a cambio de prebendas, se mantuvo firme en sus convicciones libertarias soportando persecuciones, prisiones, golpizas y clausuras, como la del semanario La República que él fundara. Lo que valió golpizas en manifestaciones callejeras, una estada en Tacumbú y ser vigilado durante varios años, según documentos del Archivo del Terror, al igual que muchos artistas, intelectuales y periodistas que conformaron la resistencia cultural.

         Tras la caída de la dictadura, Miguel Ángel Caballero Figún siguió manteniéndose crítico hacia un modelo que abrió una nueva era en cuanto a libertades civiles, pero que evidenció nulo avance en materia social y de redistribución de la tierra y la riqueza, producto de deshumanizantes políticas neoliberales, postergando los justos reclamos populares.

         Como diría en los versos dedicados a Elvio Romero, tras su partida en mayo del 2004:

         Adiós, mi compañero sideral

         Estoy en las Termópilas

         Aún resisto.

 

         El poeta y sus versos aparecen así arropados por artistas y amigos en un esfuerzo que intenta vencer la pesada loza del olvido.

         Como responsable de esta edición no quiero dejar de agradecer el valioso apoyo de la Biblioteca "Pablo VI" de la Universidad Católica, cuya directora, Margarita Kallsen, nos abrió con generosidad su fondo bibliográfico. Así también, a los funcionarios de la Biblioteca "Augusto Roa Bastos" de la Manzana de la Rivera y a tantas personas que nos ayudaron de una u otra manera para concretar este emprendimiento.

         Y, de manera especial, mi tributo de admiración al gran equipo humano que hizo posible que venciéramos las limitaciones para producir un volumen que, esperemos, alcance amplia circulación y, sobre todo, llegue a manos de los jóvenes para que puedan disfrutar de la obra poética y la actitud ética de uno de los más talentosos creadores de nuestra patria.

 

         Antonio V. Pecci

         Periodista e investigador cultural

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Revolución, vino y poesía

 

         No es posible hablar de Miguel Ángel Caballero Figún, al menos con franqueza, sin referirnos a los tres acompañantes a los que siempre tuvo consigo en su morral de bohemio y sin ninguno de los cuales podría haber sido quien fue. Y es con la autoridad que me concede el hecho de haberlo conocido, de haber compartido con él, sino los sueños de la revolución, sí los del vino y la poesía, me veo obligado -ante la honrosa circunstancia que se me ofrece de abrir esta Antología- de referirme a cada uno de los aspectos que componen la figura del poeta y del hombre, a quien parece dirigida esta frase de Jaurés: "He trabajado lo mismo cuando me han ultrajado que cuando me han aclamado"(1), y la cito porque me parece que describe en cuerpo entero a quien durante toda su vida desarrolló el trabajo arduo que hoy se pretende rescatar del olvido.

         "Una exacta representación del Universo, de su desarrollo y del de la Humanidad, así como de la reproducción de este desarrollo en el cerebro de los hombres, no puede hacerse sino por medio de la dialéctica, por la constante observación de las infinitas acciones y reacciones del modo de ser y de no ser, de los progresos y las degeneraciones"(2), manifestó Engels, y es en el marco de estos pensadores donde se puede ubicar a Miguel Ángel Caballero Figún, dentro del rango de pensador, no el de político, sino el de idealista que considera a sus quimeras posibles, porque la poesía es capaz de dar forma a la estructura dentro de la cual la mediocridad humana encuentra su sostén y su reposo, cualquiera sea la inclinación política o el acomodo circunstancial al que recurra.

         Caballero Figún fue un idealista y pagó sin discutir el precio de serlo, porque vivió el movimiento socialista que va de Saint Simon y Fourier para llegar, a través de Owen, Marx y Engels, hasta nuestros días, sin llegar a verlo triunfante en la reestructurada fisonomía que se adecua a las condiciones presentes, donde se insiste en mencionarlo con floridas palabras que no significan nada y, en mi opinión, son mera retórica mercantilista y acomodaticia, con lo que se asemejan mucho a los acuerdos sellados entre Fausto y Mefistófeles.

         A nuestro poeta le caía bien el vino y a él se refiere en algunos de los poemas que aparecen en esta Antología. Es que el vino posee la dignidad de su noble cuna y el haber compartido tanto las mesas bíblicas como las de grandes conquistadores. Vino se sirvió en la última cena de Jesús y sus discípulos y vino fue lo que degustó Petronio antes de cortarse las venas. Vino es lo que se ofrece en las tertulias y con vino se brinda en los lanzamientos que festejan una nueva creación. En fin, el vino es una bebida del todo aristocrática que puede en su bouquet, nivelar las diferencias que separan a los nobles de la burguesía y a esta, del proletariado, porque al degustar vino y pese a las diferencias de calidad y precio que subsisten siempre, se difuminan las barreras y todos entran a participar de la fraternidad de esa bebida preferida de hombres y dioses: "Hoy, que el vino recorre los antiguos caminos / hollados con pisadas de ausencia /vuelves / simplemente. / La ausencia es el retorno, / el pensamiento, olvido"(3).

         Cuando a Miguel Ángel Caballero Figún se lo circunscribe dentro del ámbito de la poesía, todas las disposiciones preliminares no pasan de ser meros ejercicios literarios donde el firmante, de una u otra forma, quiso exponer el entorno dentro del cual se movió nuestro autor. Nos estamos refiriendo a un poeta lleno de vida que buscó, como ser auténtico que era, expresar con palabras las soledades más íntimas de su ser.

         Elaborar la Antología de un poeta ausente implica una interpretación subjetiva y crítica del total de la obra desarrollada donde, en mi opinión, se torna inequívoca la argamasa mezcla de amor y martirio, alientos de mujer e insensata locura, cuyos ingredientes se perciben en estos versos que dicen: Dame, mujer, desde la noche oscura /de tus ojos de estrellas olvidadas, / el misterio que irradia en su penumbra / tu mirada de luna traspasada (4).

         A Caballero Figún le gusta jugar con el rico vocabulario que hace restallar, con la métrica y la posesión de un dominio absoluto sobre la preceptiva literaria, al elaborar sus versos, ya sean los muy cuidados hemistiquios de un alejandrino: Te siento en la penumbra serena de los lechos /donde una vez soñamos con nieblas y con brumas, /en tanto el frenesí de enloquecidos pechos /secaba nuestras lágrimas volviéndolas espuma (5) o los ricos sonetos que parecen hechos al, fluir de la idea.

         No faltará algún poetastro renovador e insípido que argumente y diga ¡bah!, clasicismo decadente y barato; y sin embargo, la fuerza del increscendo desarrollado en cada estrofa desmiente el juicio y exhibe sin recatos la simpleza del liviano crítico que, tal vez, ni tan solo es capaz de hilvanar pensamientos ordenados y en su afán de novedad escribe cualquier cosa, menos poesía.

         No es intención de esta breve introducción el ahondar en el rico arte poético de Caballero Figún, sino adelantar algunos de los trabajos que pueden leerse en el cuerpo de la Antología, propiamente dicha; es por eso que como corolario, paso a referirme a Ecos del silencio, donde el autor con el seudónimo de Blas de Añazco, se protege de las iras de la dictadura tambaleante, que para entonces tenía metidos sus hocicos de babosa amedrentada en todos los rincones del país. Y me refiero a esta obra porque, pese a las ricas figuras alegóricas y la metáfora que la acompañan, cuando leo poesía comprometida con la política, me cuesta aceptarla, me cuesta sentir el encantador hechizo del cual considero necesario revestir a la poesía. No es que les falte fuerza ni escapen al rigor de la música que le adjudica la hábil mano del poeta cuando exclama: Mirad en el dibujo de los surcos / esa sed de rocíos germinales / y derramad cual nieve sobre el mundo / nuestra lágrima azul de soledades. / Hoy nos duele esta tumba de silencios / y esta paz de sepulcros congelados. / Ya nos llaman las voces de los muertos / como un grito de guerra despiadado(6).

         Lo que ocurre es que, a veces, por dar ímpetu a las ideas, se olvida el logaritmo esencial contenido en la generalidad de la poesía de Miguel Ángel Caballero Figún, sea ella revolucionaria o romántica, como lo hace muy bien en el poema Los silencios, al cantar, con desgarrador fervor, la angustia que le acosa debido a la opresión a que ve sometido a nuestro pueblo. Es un hermoso soneto donde hace explotar, en el segundo cuarteto, la emoción lírica que lo conmueve a través de la herida abierta en el pecho: Los silencios son tierra fecundada, / el primer aleteo desde el nido, / los silencios son grito estremecido, / sombras ayer, mañana llamarada.

         Creo, con estas palabras preliminares, que cumplo en rendir homenaje al poeta y me permito la alegría que ofrece en el vino consagrado de su amistad.

 

         Augusto Casola

         Escritor. Past Presidente del PEN Club

         Agosto, 2010

 

 

 

1       JAURÉS, J. El socialismo. Publicaciones de la escuela moderna. Barcelona. Vol. XVII. Segunda Serie. Sd.

2       ENGELS, Federico. Socialismo Utópico y Socialismo Científico. Estudio tipográfico de Ricardo Pé. Madrid, 1886.

3       CABALLERO FIGÚN, Miguel Ángel. Los adioses (p. 36) La República. Volumen XII. Asunción, 1987.

4       CABALLERO FIGÚN, Miguel Ángel. Del tiempo gris (p. 2) Editorial Mayo. Asunción, 1977.

5       Ib. (p. 23).

6       DE AÑAZCO, Blas. Ecos del silencio. Edit. La República. Vol. IV (p. 41) Asunción, 1983.

 

 

 

 

 

LA PALABRA POÉTICA DE

MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN

 

         Hijo del exilio, poseedor de un lirismo intenso y una postura de protesta ante la injusticia y la opresión, Miguel Ángel Caballero Figún transitó la vida con el idealismo como escudo y la humildad como virtud.

         Nutrido por variadas lecturas y poseedor del manejo de varios idiomas, al punto de escribir poesía en guaraní, inglés y francés, además de español, Caballero Figún elabora su poesía encuadrándola principalmente en las formas tradicionales, como el soneto, el verso medido, la combinación métrica, el uso de la rima y las referencias culturales. Sus temas preferidos son el amor, la solidaridad, los momentos históricos del Paraguay y la protesta contra las injusticias de los poderosos en menoscabo de los débiles.

         Su temperamento profundamente romántico se manifiesta en versos cuyo lirismo se somete al canon tradicional sin perder la fuerza. Solo algunas citas bastarán para ejemplificar tal aseveración. En el poema que abre esta Antología leemos:

 

         "Transitar la ebriedad de tu belleza

         es derretir mis alas sobre el sol.

         Imposible misión de quien no reza.

         Intento inútil de tocar a Dios" (1).

 

         en el cual el poeta aúna el sentimiento amoroso con la invocación al absoluto. En otros, el amor se relaciona con el paso del tiempo, de cuyo transcurso se hace eco el autor.

 

         "En tu piel se apaga la agonía,

         el escudo es más fuerte que la espada.

         Tiembla la sombra de mi luz tardía

         pues tus ojos son sombra derramada"(2).

 

         o este otro en el que la alusión al tiempo es más clara:

 

         "El porqué tu divina primavera

         no entiende los otoños que se van

         y por qué llega el invierno y su quimera

         cuando el verano moja tu heredad".

 

         "... Y por fin buscarás en mis otoños

         el huracán violento del ayer... "(3).

 

         No busquemos en la poesía de Caballero Figún juegos experimentales o transgresiones originales, sino una palabra medida aunque si apasionada, la fuerza del sentimiento contenida por el significante sin sacrificar la intensidad del significado; versos en los que mantiene, no solamente en la composición, sino en la expresión, un hálito anterior a las innovaciones del verso libre, aunque este no esté absolutamente ausente de su obra.

         Romántico, bohemio, caballero andante, lo encontramos en la vida, y, como reflejo de su persona, nos llega su poesía, marcada por los temas que lo identificaban como testigo de su mundo. Siendo así, no es extraño que haya tomado corno tema el impulso creador, intentando una definición del talento.

 

         "El talento no es orden ni secreto,

         es la infinita dimensión del hombre.

         El talento es la luz, el verbo, el reto

         La locura final sin Dios ni nombre" (4).

 

         En su poesía social, espejo de sus ideas, se palpan la sensibilidad ante la carencia del semejante y la indignación de una sensibilidad lastimada por los abusos del poder o la discriminación. Acorde con sus ideas socialistas y su atención a la situación de los perseguidos y desheredados se hilvanan sus versos, dando cuenta de una realidad que rechaza por injusta. No están ausentes los poemas de circunstancias particulares que ejemplifican una situación más general en el contexto de la dictadura pasada, o el horror ante el asesinato de los inocentes.

 

         "Era la edad de la Muerte.

         Las furias transitaban las tinieblas,

         Telúricos espacios de maldad"... (5).

 

         Así como no fue insensible a los horrores de la época dictatorial, Caballero Figún tampoco ignora las raíces culturales de las cuales procede nuestra civilización Occidental, y mecha sus versos con alusiones pertinentes, lo que da a la poesía una dimensión que trasciende el ámbito local o el enclaustramiento dentro de un mundo preocupado solamente por las vivencias individuales. Si bien toda poesía es personal, también existe en la de Caballero Figún esa preocupación por el "otro", por el tiempo presente, las circunstancias actuales y las reminiscencias del pasado legendario.

 

         "Helena, diosa roja.

         Troya perdida que espantó al aqueo.

         Fantasma que despoja

         El veneno que arroja

         la flecha que se pierde en el Leteo" (6).

 

         Otros temas que rondaron su creación son el amor a la patria y el paso del tiempo, relacionando las estaciones de la naturaleza con las etapas de la vida, así como el paisaje, o la referencia a Dios, presente en varios de sus poemas. Recorriendo la poesía de Caballero Figún es habitual toparse con el sentimiento doloroso antela trágica situación del país y su decisión de permanecer en él a pesar de todo.

 

         "No puedo dejar mi suelo,

         no puedo,

         estoy clavado a mi tierra,

         jirón de sangre roja,

         blanco de lirios,

         terror... (7).

 

         "Me duele mi país, sé que me duele,

         Me duele como llagas horadantes,

         pesadilla monstruosa, alucinante..." (8).

 

         Asimismo el sentido religioso se presenta con relación al absoluto así como a las festividades más importantes de la religión cristiana:

 

         "Navidad es un hálito sagrado,

         es recordar aquello que se ha ido,

         la blanquísima nieve del pasado,

         la síntesis de todo lo querido" (9).

 

         Quiero cerrar este recorrido por la poesía de Caballero Figún citando un poema que se contrapone a los ardientes poemas de amor o los trágicos versos que se compadecen del oprimido y los desheredados, en el cual se manifiesta la fresca mirada del poeta, participante impenitente de esta aventura de la humanidad que es la vida.

 

         "La luna sobre la rana,

         sobre la rana la luna

         y debajo la laguna

         bajo la rana, lejana.

         Te quedarás sobre el agua,

         pintura sobre la vida,

         pobre rana que derrama

         sobre la tierra aterida

         su mirada sin mirada,

         sombra de sombra perdida" (10).

 

         Concluyendo, me atrevo a decir que, no obstante, encontrar ciertos poemas de composición libre, Miguel Ángel Caballero Figún, por lo general, fue fiel a la tradición del soneto, el verso medido, las rimas asonantes o consonantes, la combinación métrica, la utilización de imágenes y metáforas, características que constituyen, en definitiva, un reflejó de su persona. Golpeado por las vicisitudes de la existencia, mantuvo, sin embargo, esa humilde dignidad tan difícil de lograr a través del paso del tiempo, teniendo siempre, a pesar de las urgencias subsistenciales, algo para dar a los demás, como lo fue durante años el Premio "La República", instituido por él para sus pares, con esa bonhomía propia de un tiempo que se fue. Lejos de la pose, humano en el estricto sentido de la palabra, con las luces y las sombras propias de nuestra especie, nos ha dejado sus versos como testimonio de esa coincidencia de vida y obra, que enaltece a la persona y al poeta.

 

         Renée Ferrer

         Setiembre, 2010

         Escritora, Premio Nacional de Literatura 2011

 

 

1       CABALLERO FIGÚN, Miguel Ángel. A mujer blanca. De la eternidad. Ediciones La República. Asunción, 1992.

2       Ibídem. María Gabriela.

3       Ibídem. Princesa Isabela

4       Ibídem. Creación.

5       Ibídem. A Joelito.

6       Ibídem. Lira del sueño.

7       Ibídem. No puedo dejar mi suelo.

8       Me duele mi país. Ecos del silencio. Ediciones La República. Asunción, 1983.

9       Navidad. Los adioses. Ediciones La República. Asunción, 1987.

10     Ibídem. La rana.

 

 

 

 

ANTOLOGÍA POÉTICA

 

 

MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN, POETA AMIGO

 

         ¿Qué méritos reunía a mis ojos Miguel Ángel Caballero Figún para resultar merecedor de mi instantánea simpatía al conocerlo, mucho después de que mi esposo lo viese cotidianamente por la zona que ambos frecuentaban? Además de esa simpatía a primera vista, tengo motivos para saberlo digno de un afecto invariable que permanece.

         Pasado el tiempo y ya instalada en el territorio de los recuerdos, admito que el sentimiento positivo inicial, amén de haberse cimentado en el conocimiento previo mediante ese privilegiado puente que nos encamina al interior de un ser totalmente extraño antes de haberlo leído, fue creciendo merced a mi amigo poeta. Lo incubado por sus bellos poemas, sus sonetos, se fortaleció con facilidad gracias a la autenticidad de Miguel Ángel Caballero Figún, persona, cuando pude felicitarlo por un merecido premio de Amigos del Arte en el CCPA en 1981: afable, respetuoso, ameno, de mirada directa, se encarnaban en él las virtudes más eficaces para una relación sincera y generosa. Creo que fue recíproco el afecto. Él tuvo pruebas de cuánto me decían sus textos y de mi admiración por su poema "Génesis", no el único, pero sí el más sólido para mí en aquellos años.

         Mucho después supe de su gran familia, en la cual lleva idéntico nombre otro gran poeta. Era febrerista. Seguro hubiera aportado mucho aún, no solo con sus textos, en un país carente de oportunidades y casi indiferente hacia una poesía que merecía ser más difundida y valorada.

         ¡Cuánto aprecio, por múltiples motivos, acompañar la edición de sus poemas!

 

         Gladys Carmagnola

         Poetisa

         Asunción, 31 de enero de 2011

 

 

DEL TIEMPO GRIS

Editorial Mayo, 1977

 

         CUANDO ME PIDEN UN VERSO

 

Cuando me piden un verso

Me piden truenos del alma,

Relámpagos de mis sueños,

Rayos de luna gitana.

Sangre roja de mis venas

Que escapa de mis entrañas,

Nota inmensa de mis cuerdas,

Canto azul de mi guitarra.

 

Y tú le pediste un verso

A mi mano enamorada.

Le diste vino a mi boca

Con otro vino embriagada,

Y al trono negro que flota

Sobre los rayos del alba

Al morir la primavera

Traspasaste con tu espada.

 

Hoy es noche de verano,

Noche clara de esperanzas,

Ha muerto la primavera

Y toda la selva canta,

Y sobre un vino de sueños

El corazón se me escapa.

Clara noche de ancha luna

Traspasada de agua clara,

Noche oscura bajo el cielo,

Agua oscura sobre el alma.

 

Si me voy

Es que buscan mis alas la fuerza del viento,

Del éter las sombras,

Del cielo el azul.

Si no estoy

Es que todo se ha muerto...

Y aunque oirás que un eco

Sin cesar te nombra

Con mi voz de fuego

Porque no estás tú.

 

Dejaré tus noches,

Llevaré tus sueños

Como el agua clara

Que al herirla el día vuela hacia la luz.

Buscarás la ruta del amor perdido

Que ebrio de tus ojos,

Ebrio de los tragos que bebió en tu boca

Duerme en las estrellas

Esperando el alba de tu cuerpo cálido,

Y estará ya lejos

Como lo estás tú.

 

Seguirás un surco profundo en la tierra,

Grieta de mi reja que horadó tu piel.

La flor ya está seca,

Déjala que muera,

Deja que se apague mi llameante hoguera

Que no volveré.

 

 

 

         MUJER

 

Mujer,

Te di la vida.

 

Mi arado abrió en silencio tu tierra,

Tu tierra enamorada.

En el silencio azul de tus entrañas

Volcó todos sus rayos de soledad la luna.

 

Rayo loco,

Luna loca,

Loca el alma enloquecida.

 

Rojo amor...

 

Mi carne

Busca tu carne,

Mi sangre

Busca tu sangre,

Mis labios

Besan tu vientre ofrecido.

 

Soledad...

Soledad enamorada

Y un profundo mar de amor

Bajo mi piel traspasada.

Mujer,

Me diste todo.

La carne de tus labios,

El alba de tus ojos,

Tus manos transparentes

Como un claro cielo azul,

Tu piel iluminada.

 

Te dejo

Todo el mundo de sonidos

De mi ancho río de estrellas,

Un océano de brumas

Y un hondo aroma de selvas.

 

Mujer,

Me llevo todos los fuegos

Del ígneo sol de tu vientre,

La claridad de tus ojos

Oscurecidos.

 

Y desde el tiempo

Regresaré, en cada nota

De las guitarras,

En cada tarde que llore,

En cada trago de vino.

 

 

 

         UNA VEZ

 

Una vez

El amor fue silencio...

 

Fue tiempo

De largo amor callado

Como un recuerdo perenne.

 

Fue así,

Como una boda

De invierno y primavera,

Las manos de un crepúsculo

Tendidas a la aurora.

 

Una vez

El amor fue misterio

Con embrujos de niebla

Fue latido de luna,

Tiempo gris de otro tiempo,

Fue suspiros,

Fue grito,

Fue relámpago y trueno,

Ígnea muerte de estrellas

En un frío infinito.

 

Una vez

El amor, como un rayo

Calcinó nuestros días,

El amor fue letargo

De dos cuerpos perdidos,

Fue un abismo, una cumbre,

Claridad de cien lunas,

Estallido del alba,

Tempestad de sonidos,

Clave gris de unos ojos

En el tiempo perdidos.

 

 

 

         TODO EL VIENTO TE LLAMA

 

Todo el viento te llama, todo el aire te nombra,

Largo tiempo de nubes, clara gota del día,

Tu cintura distante, tu corona de sombras,

El volcán de tus manos cuando tocan las mías.

 

Eres fruta madura que se cae en pedazos

Sobre el cráter hambriento de mi boca abrasada,

Eres fuerza que mueve la quietud de mis brazos,

Corazón de la nieve que me hiela y me mata.

 

Ya tus ojos, centellas de ancho sueño que muere

Abandonan su lecho de sangrientas miradas

Como espada que sale de la carne que hiere,

Cual puñales verdugos de mi piel traspasada.

 

Quiero hacer de mi carne y de tu carne una sola

Y formar nueva sangre con tu sangre y la mía,

Convertir nuestras sombras en un cetro de auroras,

De tu canto y mi canto inmortal sinfonía.

 

Si no estás, no me alcanza ni la luz de los astros

Ni el calor de la tierra, ni su llama fecunda.

No me alcanza la vida, no me alcanza el espacio,

No me alcanza la muerte ni su sombra profunda.

 

Moriré como noche que se abraza en el alba

Embriagado en los rayos de tu piel transparente.

Toda luz será sombra de tu luz cuando pasa,

Para siempre la noche será cetro en tu frente.

 

Y en el claro de luna de tu vientre infinito

Quedará la semilla de otra luna que nace,

Será el trueno nacido de tu voz, de mi grito,

De mi amor que ya muere, de tu amor que renace.

 

 

 

         ERES

 

Eres el alba joven, el alba transparente,

La savia en el camino del trigo florecido.

Eres como la aurora, luz tenue, incandescente,

Lágrima azul y sueños de tiempo estremecido.

 

Me he puesto en tu sendero de arenas intocables

Y vienes a mi encuentro, paloma ya rendida.

Te espera mi castigo de besos implacables,

Las llamas de una hoguera quemándonos la vida.

 

Te siento en la penumbra serena de los lechos

Donde una vez soñamos con nieblas y con brumas,

En tanto el frenesí de enloquecidos pechos

Secaba nuestras lágrimas volviéndolas espuma.

 

Eres el trigo joven, el tiempo donde nacen

Los ígneos resplandores del alba de la vida,

Allí donde dos cuerpos se funden, se deshacen

En éxtasis supremo de latitud perdida.

 

Llamándonos estaba la luz en las tinieblas,

Llamándonos la luna, llamándonos el vino.

Perdido está el silencio remoto de las nieblas,

Hay voces en la vera de todos los caminos.

 

Nos hemos encontrado los dos en el desierto

Y juntos recorrimos la tierra amanecida.

Por eso nos unimos, juntando nuestros muertos,

Juntando nuestras bocas por fin enloquecidas

 

 

 

 

"FUE EL ÚLTIMO COMBATIENTE ROMÁNTICO EN

UNA SOCIEDAD IMPÍA"

 

         Así como su lírica es impar en el Parnaso paraguayo, su vida fue poesía pura. Fue el último combatiente romántico en una sociedad impía. Miguel Ángel Caballero Figún hizo de la palabra escrita un apostolado, virtud que atestigua su pluma que, a la par de sensual, fue punzante alegato a favor de la libertad. Y tal Quijote sin lanza ni alabarda, solo armado de la palabra, editó cuanto y hasta tanto pudo el periódico La República, refugio este del pensamiento que atizaba el moribundo fuego -ya entonces- de la subversión contra la tiranía y también la indolencia de quienes, como intelectuales o políticos, se refugiaban en la poltrona del silencio abyecto. Al oro de su congénita bonhomía le engarzó el rutilante diamante de su impar humanismo, joya que hizo que su vida transcurriera en un estado casi de gracia, reflejada ella en la sempiterna sonrisa con que recibía tanto las nimiedades que le daban alegría como los empellones del estado de pobreza material al que lo sometía la existencia. Pero todo lo sobrellevó, porque sus convicciones políticas y sociales fueron baluartes inexpugnables. Había vuelto de su largo exilio con el silencio de los grandes y fuertes de espíritu. Y se fue en silencio como tal. La sociedad paraguaya aún tiene una deuda con este su inmenso héroe civil.

 

         Víctor Casartelli

         Poeta

         4 de agosto de 2011

 

 

LOS FUEGOS

Editorial Mayo, 1977

 

 

         SI POR AMOR...

 

Si por buscar amor hemos pecado,

Si al hallarlo nos hemos malherido,

Si por besar tu boca me he perdido

Y al abrazar tu piel me he condenado,

 

Si por amarnos más hemos dejado

Que el mundo hablara, en nuestro orgullo herido

Y en la copa del tiempo hemos bebido

Las gotas rojas de un amor sagrado

 

Piensa que en nuestra larga primavera

Arden las llamas de una vieja hoguera

Como sol abrazando en los desiertos,

 

Y que el unir tus manos con mis manos

Como lenguas de fuego, como hermanos,

Nos amamos amando nuestros muertos.

 

 

 

         NOCHE DE ENERO

 

La madre de ciudades contemplaba

Los estertores cálidos de enero,

Su tiempo agonizaba entre las calles

Empapadas de luna y de recuerdos.

 

Dos amores prohibidos derretían

Un metal extenuado por sus fuegos,

Las dos ramas de un árbol se tocaban

Transformando en auroras su misterio.

 

En un silencio herido de guitarras

Volamos a la luna, compañeros,

Los ojos de dos ángeles ardían

En tanto el corazón tocaba el cielo.

 

El aire estremecido de guaranias

Llegaba a los pulmones como un fuego

Y ardiendo en las entrañas palpitaba

El alcohol con sus átomos de sueño.

 

Traspasada la noche en una ráfaga

Como hiere el espacio una centella,

Las nubes desgarradas que lanzaban

Tibios rayos de luz entre la niebla.

 

Esa noche de amor, bajo la luna

De la ciudad de estrellas

Otra vez vi a la muerte cara a cara

Espada contra espada en las tinieblas.

 

Prueba, muerte, en tu entraña silenciosa

El filo diamantino de mi acero

Y rebosa en tu copa de agonías

El vino de mi sangre si me muero.

 

Se grabó en mi mirada desmayada

La sangre que escapaba por mis dedos

Y mis manos buscando en ese instante

Tu cabellera torrencial de sueños.

 

Y escapó fulminado en soledades

Un latido cortando los silencios

Buscando como un rayo desgarrado

El eco de tu voz que estaba lejos.

 

 

ASUNCIÓN

 

Hoy vivo en ti, ciudad, vivo a tu sombra

Vadeado ya el confín de otras edades,

Vuelvo a la era de tu edad madura,

Estoy en ti otra vez, siénteme, madre.

 

Ya me inunda el perfume de tus hojas,

Las flores de naranjo en cada calle,

La soledad que nace en las aceras

Cuando quema el silencio de la tarde.

 

Guarda tu imagen su color de siglos

Y un encanto de techos coloniales,

La cintura tallada por las aguas

Del viejo río que tu tierra lame.

 

Quiero tu olor de selva enamorada,

Tu delirio de sol cruzando el aire

Y al compás de nocturnas serenatas

Hundirme en tu misterio y despojarme

De la imagen lejana de las brumas

Y a tu imagen de luces aferrarme.

 

Tengo, por fin, el beso de tus lunas,

Tu silbo de guarania y soledades

Y las lenguas de sol, que tras las nubes

Desfloran tu verdor de naranjales.

 

Siento, otra vez, tu llanto de jazmines,

Tu nostalgia de selva y libertades

Y en las noches abiertas bajo el cielo

Tempestades de amor sobre los valles.

 

Si he de morir, que sea aquí a tu sombra

Ciudad que de ciudades fuiste madre,

Que descanse en tu lecho florecido

Y mi sangre en tu tierra se derrame

Como las aguas pálidas de un río

Vuelcan su calidez sobre los mares.

 

 

 

         CUANDO VENGAN DERRAMADAS

 

Cuando vengan derramadas las luciérnagas del alba

Los sepulcros de la noche cantarán su melodía,

Te amaré con el silencio de una estrella,

Tierno parto de una aurora.

 

Cuando vengan derramadas las luciérnagas del alba

Serás viento, serás nube,

Llorarás gotas de luz.

 

En el surco de tus labios infinitos

Hundiré el arado duro

De mis labios,

El torrente de mis aguas

Hará fecunda tu tierra.

 

Cuando vengan derramadas las luciérnagas del alba

Amarás mis hojas muertas,

Beberé tu savia joven,

Llenaré tus primaveras

Con mi otoño desgarrado.

 

Llamaradas, llamaradas derramadas

En tus manos,

En tus ojos,

Las luciérnagas del alba te dejaron sus destellos,

Yo te dejo solo un manto,

Una rama deshojada,

Una sombra que en tus rayos

Va muriendo,

Solo amor.

 

 

 

         POR QUÉ LAS COPAS

 

Porque me falta el néctar de tu boca

Bebo del corazón de la madera,

Viejo tonel de sueño y de quimera

Que embriaga con su embrujo el alma loca.

 

Lejos ya, tu mirada me provoca

Toda un ansia de roja primavera

Y en esa sed que mata, desespera,

Mi corazón muriendo, el tuyo toca.

 

¿Y por qué, si borracho en tu presencia,

Si embriagado en el vino de tu ausencia

Tus palabras son música y sonido

 

Me hieres con tu fase de amargura

Por buscar en las copas tu ternura

Y en el alma del vino tu latido?

 

 

 

DE LOS AÑOS DE LA BOHEMIA ASUNCENA

 

         Una noche de esos años en que todavía existía la bohemia asuncena -de esto hará fácilmente unos 30 años- estábamos reunidos en torno a una mesa generosamente provista del infaltable vino de esas circunstancias, varios escritores. En un momento en que la inspiración ya entibiaba las venas, alguien propuso el conocido pero siempre estimulante juego de la poesía colectiva. Ya no recuerdo quién rompió el fuego, solo que el poema ya llevaba varios versos cuando me tocó a mí y que se inició la ronda con alguna que otra exclamación y algún que otro exabrupto, normales en estos casos. Pero la rueda paró de pronto más del tiempo habitual o del que toleraba la impaciencia de los poetas reunidos. Miguel Ángel Caballero Figún escribía como enfebrecido, sin darse un respiro, mientras los demás intercambiaban gestos claros de "Mba'e pio kóva...". Al cabo de un rato que al fin y al cabo no habrá durado más de 5 o 10 minutos, Miguel Ángel pasó el poema al que estaba a su derecha mientras aspiraba su cigarrillo como quien se guarda profundos misterios. El juego terminó, porque el único que siguió haciendo la rueda, despertando el vivo asombro de los contertulios, fue el poema. Era un soneto perfecto, en el más riguroso sentido de la expresión.

 

         Susy Delgado

         Poetisa

         Noviembre, 2010

 

 

LOS OTOÑOS

Edición de la Municipalidad de Asunción.

Segundo Premio Concurso Municipal de Cultura. Asunción, 1978

 

 

         EL ALBA Y EL RÍO

 

Me hiere en silencio tu luz de centellas,

Otra vez, muy cerca, tus labios de bruma.

Porque eres la noche sepultando estrellas

Crecerá en la nieve tu clavel de luna.

 

Buscaré tus hojas, jardinero errante,

Tu rosal de sombras mientras muere el día...

Fundiré en tus labios mi coba llameante

Toda llamarada por sentirte mía.

 

El tiempo es un soplo... Sobre los retoños

De las flores nuevas crecerá un latido...

Y se van muriendo de sed mis otoños,

Se alejan las aguas del tiempo perdido.

 

Llevarás mi invierno, mis sombras, mis ojos,

Y en tus universos mi celeste frío.

Mientras, fluye sangre de mis versos rojos

El alba está quieta... Se detiene el río...

 

 

         DEL SOL HERIDO

 

Dadme el metal de un sable enmohecido

Y el filo de un arado reluciente...

Quiero el baño de luz del sol herido

En nuestro otoño de mirada ardiente.

 

Dadme un fusil de herrumbre carcomido,

La sonrisa que nace de la gente,

El dolor ya muriendo, estremecido

Y la palabra nueva que no miente.

 

Dadme el tibio calor que vuelca en mayo

Su manto bajo el cielo paraguayo

Cuando sube la esencia del rocío...

 

Y llevad este tiempo de tormenta,

Dadme la espiga joven que alimenta

Y un corazón latiendo con el mío.

 

 

 

         TODO EL AMOR

 

Y morirá algún pétalo en silencio

Quemado por la hoguera de tu altar.

En la tierra que abriga nuestros muertos

Buscará nuestro amor la eternidad.

 

En la baldosa de algún patio viejo

Quizás junto a los cerros de Areguá

Encontrará mi grito tu silencio

Y mi silencio un grito ya sin mar.

 

Yo quiero el viento de tu edad perdida,

Quiero tu primavera florecida

Mientras muere mi otoño al renacer.

 

Mira mi luz sobre tu luz cayendo,

Mis manos en tus pechos aún latiendo,

Todo el amor sobre tu amor caer.

 

 

 

PERFUME DE LA MADRUGADA

 

         A Miguel Ángel lo conocí como no podía ser de otro modo: en torno a la poesía y al vino. De noche por supuesto. El implacable edicto número 3 no era un obstáculo para que la palabra sobreviviera aun después de la tajante hora de cierre de los bares. Siempre se encontraba la complicidad de algún comerciante dispuesto a correr riesgos... con tal de seguir vendiendo sus bebidas.

         Caballero Figún era un animador de las improvisadas tertulias que, sobre todo, los viernes se escenificaban en algún lugar de Asunción. Un itinerario -no el único por cierto- era el que tenía como punto de partida el San Roque y de llegada el Nick, sobre Azara. La gran ventaja de este último era que se reía de la orden dictatorial. Bastaba que cerrara su cortina metálica para que su mundo interior siguiera girando como si nada turbase el encuentro. Moría por fuera, vivía por dentro. Sabia estrategia.

         Fuera de la poesía, la política era uno de los temas preferidos por el poeta militante. Y dentro de ella, la revolución. Mantenía despierta esa llama que se emparenta con un cambio radical tipo Cuba y no con su degradación al utilizar el mismo vocablo para nombrar cualquier revuelta o asonada cuartelera.

         Sus versos, a ratos, eran llamaradas que pretendían hacer del mundo una colosal hoguera. A ratos, agua mansa que copia el guiño de las estrellas. O se colma de ternura en la memoria todavía fresca de un beso.

         El Paraguay siempre estaba al acecho de sus sentimientos. En "No puedo dejar mi suelo" expresa su férreo romance con la patria. Con toda la fuerza de su verbo dice que está clavado a su tierra, "un jirón de sangre roja". La veía con "olor a fusil y selva" y "cadáveres y muerte".

         No en vano dirá que le duele su país. O pedirá que se abran las sepulturas de "los mártires sin nombre" sintiendo al Paraguay "como un grito".

         El lirismo de su creación poética alcanza en esta antología sus picos más altos en los poemas XLIX y L. Algunos de sus finales son pequeñas joyas de su oficio de orfebre de la palabra. Para muestra valga lo que se lee en "Hoy, que el vino...": "Mi camino es la luz/ El infinito/ Comienza a perfumar la madrugada".

         Alguien me dijo que Miguel Ángel murió. No me consta. Seguro que está a punto de regresar con algún poemario encendido de ira y ataviado de jazmines de setiembre.

 

         Mario Rubén Álvarez

         Poeta y periodista

         Desde el octavo pétalo de la primavera, 2010

 

 

 

LAS MÁRGENES DEL CIELO

Editorial La República, 1981

 

 

         Y ESTÁS OTRA VEZ

 

Y estás otra vez

Junto a mis instantes de selva rendida,

Junto a las imágenes

De tejas muriendo

Sobre un callejón.

Eres como el aire

Que respiro en tragos ávidos de luna,

Eres una estrella, agua de mis ríos,

Ola de mi mar.

Tierra ensangrentada con olor a pampa,

Momento sin tiempo,

Nieve desprendida

De copos de luz.

Te quiero,

Princesa,

Mi cruz de soldado

Cae ante tus ojos,

Mi espada de sombras

Dobla sus aceros

Al beber tu llama.

Un día cercano

Quizás beba un vino de niebla y relámpagos...

Buscaré tu mano

Que tal vez se aleje

Diciéndome adiós.

 

 

 

         CANTO A MI PATRIA

 

Paraguay, si te siento como un grito

Como grita al amor su enamorado,

Si yo siento de lejos tu latido

Que golpea mi pecho atormentado,

 

Si tu sonido llega como un eco

Ebrio de luz y amor desesperado

Es que siento tu esencia desde lejos

Y tus fuegos que el alma me han quemado.

 

Acosta Ñu, cuna de dioses niños

Por el ciego invasor despedazados,

Ytororó, la llama de tus hijos,

Las cruces del Chaco ensangrentado,

 

Tus águilas cubriendo todo el cielo,

Tu metal por el fuego acrisolado

Y tus flecos de gloria hacia los vientos

Cubriendo el sueño eterno del soldado.

 

Cuna del sol que nace eternamente

Y eternamente muere en tu costado,

Llaga de luz inmensa de tu frente,

Corazón de selva enamorado.

 

 

         CUANDO CAE EL RECUERDO DE TU NOMBRE

 

Cuando cae el recuerdo de tu nombre

Sobre mi espacio gris

Estallan mis cenizas.

Mi cincel de letras

Esculpe tu cintura,

Tu sonrisa, tus senos olvidados.

Cuando cae el recuerdo de tu nombre

Estalla en mi guitarra

La edad sin tus pupilas.

Y crece en la agonía del verano

El viento, siempre el viento,

Tu larga cabellera

La imagen de otro tiempo,

Tus piernas encendidas.

Cuando cae el recuerdo de tu nombre

Te beso en mediodía,

Mis noches silenciosas te persiguen

Para después morir.

Cuando cae el recuerdo de tu nombre

La luna ya no es luna,

Es tan solo una lágrima

Suspendida en la noche,

La llama permanente

De la ilusión perdida.

 

 

 

         Y SI AYER

 

Y si ayer, con el canto de tus ojos

Cantaba con los míos

Hoy se apaga un sonido en el silencio

Ya ciego en los rincones de tu olvido.

 

 

 

         MI GUITARRA ENAMORADA

 

Guitarra de eterna luna,

De eterna luna de plata,

Guitarra que en el silencio

Gritas de amor y esperanza.

Guitarra, la de mis hijos,

Mi princesa enamorada,

Pálida luz de mis selvas,

Voz de estrellas bajo el alba.

 

 

¿Qué si te quiero, princesa?

Si eres un canto en el alma.

Sigue cantando allá lejos

Aunque estés sola, olvidada.

Mientras nacen vidalitas

Desprendidas de tus ramas

No olvides que allá en el norte

Mueren de amor tus guaranias.

 

La soledad de mis dedos

Busca el eco de tu caja,

Me hiere un llanto de lunas

Bajo la noche estrellada.

Sed de sonidos perdidos

Seca mi lengua y me mata

Y se desmayan mis manos

Pues no te encuentran, guitarra.

 

No están los ojos azules

Que ayer calmaron tus ansias,

Piensa en mis ojos oscuros

Que sueñan con tu mirada.

Piensa en un cielo encendido

De eternidad, sangre y balas,

Piensa en un río de estrellas

Nido de amor sobre el agua.

 

Y si te toca otra mano

Te perdonaré, guitarra,

Una lágrima en mis ojos

Se ha de secar mientras cantas.

Porque te quiero, princesa,

Clave azul de mi nostalgia,

En las márgenes del cielo

Serás mía, mi guitarra.

 

Mientras me matan los fuegos

De dura tierra escarlata

Siento seis cuerdas que vibran

Junto a un cerro, solitarias.

Siento un tiempo que fue mío

Y lentamente se escapa

Y una guitarra muriendo...

¡No te mueras, mi guitarra!

 

 

 

RECORDACIÓN SUPREMA

 

         La poesía lo acompañaba siempre. Y dicen que gustaba de escribir en un papel, en una servilleta, aquellos poemas que salen a la luz de la versificación, con una velocidad no acostumbrada.

         Yo tuve la ocasión de saludarlo personalmente cuando ocurrió el derrocamiento de Stroessner. Había ido, como muchos otros febreristas, y gente del pueblo que celebraba la caída del dictador, a la "Casa del Pueblo". Los recién llegados, los que venían después de un largo exilio y subían a la tarima para hacer llegar su voz al público, hablaban con un tono vehemente, trágico, y él, Miguel Ángel Caballero Figún, tenía el rostro marcado por la sorpresa y la emoción, mientras los observaba y los escuchaba entre el gentío.

         Después, en otra oportunidad, me lo encontré cerca de casa, durante una siesta calurosa de diciembre, y le dije, le hablé de su poesía, haciendo hincapié en la fuerza y en la coherencia de su palabra. "Espérame, Delfina; voy y vuelvo", me dijo. Al rato llegó hasta mí con dos papeles y sendas poesías que revelaban ese lado culto y profundo de su decir poético.

         Cultivó el lirismo.

         Y también la poesía social o de compromiso.

         Miguel Ángel Caballero Figún honró a las letras paraguayas.

         El polvo no podrá con él.

 

 

         Delfina Acosta

         Poetisa y periodista

         Agosto, 2010

 

 

 

ECOS DEL SILENCIO

(Blas de Añazco)

Editorial La República, 1983)

 

 

         ABRID LAS SEPULTURAS

 

Abrid las sepulturas, verdugos de la tierra

Que ya llegan las nubes

De huracanados vientos.

Ya nuestra tierra roja se puebla de centellas,

Estallan los silencios,

Renacen los latidos

De verde primavera.

 

Abrid las sepulturas que el tiempo huele a vida,

¡Que griten nuestros muertos!

Se acercan silenciosas

Las luces de los hombres,

El rayo de los pueblos.

 

Se va la noche triste,

La de las sombras negras

Y llega el tiempo joven

Desparramando estrellas.

 

Abrid las sepulturas que tiemblan ya los huesos

De mártires sin nombre,

Los mártires callados

De nuestra Patria eterna!

 

 

 

         LAS SOMBRAS

 

Somos las sombras,

Las sombras vengadoras

De tu oscuridad secular, Patria de sueños,

Las sombras comuneras irredentas

De tus entrañas hondas.

 

Venimos de la noche

De las espadas largas,

De rostros desamparados y miradas suplicantes,

De ojos perdidos en la ancha oscuridad que no termina.

 

Somos tu voz, tu verbo

Tu canto y tu esperanza.

Los muertos

Nos legaron sus huesos germinados

Y hoy recogemos los frutos

Aún húmedos de sangre.

 

Patria de los azahares,

Cuándo podrás por fin

Clavar tu centelleante dentadura

Sobre el chacal y el lobo

Y triturar sus garras aceradas

Con la ciclópea fuerza acumulada

En lustros de maldición para el olvido!

 

La sangre derramada

Se verterá en el anchuroso río

Poblada de reflejos siderales

Fecundando la tierra

Con sed de libertades infinitas. 

 

 

 

 

 

          ME DUELE MI PAÍS

 

Me duele mi país, sé que me duele,

Me duele como llagas horadantes,

Pesadilla monstruosa, alucinante

Que en cada noche aparecerse suele.

 

Me duele su dolor, duele, me duele,

Me duele su mirada suplicante,

Me duele en todo tiempo, en cada instante

Me duele mi país, sé que me duele.

 

Me duele cada canto de cigarra,

Me duele cada nota de guitarra

Y el silencio sin luz de los desiertos.

 

Yo quiero el viento que la flor deshoja,

¡Dadme un fusil con llamaradas rojas

Que haga sombras de paz sobre sus muertos!

 

 

 

         VIENTO DE LA PATRIA.

 

Viento de la Patria

Suspiro largo de dolor y sueños,

Llamarada y dolor.

 

Infierno verde,

Se apaga el alba...

 

Tristes esqueletos,

Derramad en nuestra noche

El antiguo resplandor de las estrellas

Y la mirada de furia

De los ojos de ayer.

Vientos,

Llevad la paz,

La paz de los sepulcros

Y empapad los rincones de la tierra

Con nuestro olor a muerte.

 

Triste

Mi tierra,

Águila herida,

Tus alas inmensas

Buscan el aire

Tu boca abierta

Bebe la luz.

 

Morada de los sueños fulminados,

Nido del trueno...

Viento de la Patria,

Agua del río,

Torrente de silencios,

Trago de sol

Y el aluvión del cielo.

 

Sinfonía de estrellas sepultadas

En los ríos de sangre,

En las oscuras noches de exterminio...

 

Mirad en el dibujo de los surcos

Esa sed de rocíos germinales

Y derramad cual nieve sobre el mundo

Nuestra lágrima azul de soledades.

 

Hoy nos duele esta tumba de silencios

Y esta paz de sepulcros congelados.

Ya nos llaman las voces de los muertos

Como un grito de guerra despiadado.

 

Hijos de nuestros hijos enterrados,

Viento de la Patria,

Acre olor a sangre y pólvora,

Llévate nuestro aliento enamorado

De un dolor ancestral

 

Amor y fuego,

Latitud matinal del tiempo joven,

Ceniza y flor.

Vuelve a la Patria,

Besa a sus muertos,

Así podrás amar la tierra roja,

Templar la cordillera de sus senos

Con el beso del hombre

Y fecundar su vientre con tu soplo.

 

Y después

El fruto:

Sangrando en su dolor

La Libertad.

 

 

 

UN DECIR LLENO DE IMÁGENES

 

         Al leer su obra, de las palabras se desprende fácil y espontáneo todo el sentimiento. Si bien Caballero Figún asegura que la poesía no debe ser solamente subjetiva y debe cumplir una función social y orientadora, aun en aquellos poemas en que esta preocupación se advierte, su decir está lleno de imágenes. Acerca la naturaleza hasta hacerla parte o esencia del hombre. Pone en palabras la expresión del alma y en una poesía que es sentimiento total, ser completo, humanidad universalizada, exprime la Patria, la historia, el amor, la mujer, los hijos, entre lunas y mares, soles y otoños que marcan los hitos de su camino. Describe el paisaje, la ciudad o la naturaleza, teñidos del color de los recuerdos, brillantes de vida interior, de gozo y sufrimiento. Asunción es una Madre a la que vuelve para encontrar la propia orientación. A esta realidad se aferra el poeta, mientras su guitarra canta otras lunas y hace vibrar las cuerdas más íntimas de su propio ser y de quien lo lea. En todos los poemas de Caballero Figún hay una mistificación de la realidad, hay un decir en la belleza, una confesión del alma que se derrama en palabras para hacerse comprender. En sus versos se da toda la soledad del ser y toda la ternura del amor vivido. Vida y muerte se tocan en ese punto en que el Yo y el Infinito se confunden.

 

         Elisa Roubaud

         Periodista

         Diario El País. Montevideo - Uruguay, 1987

 

 

LOS ADIOSES

Editorial La República, 1987

 

 

         POR BUSCAR AMOR

 

Por buscar amor

Se mueren mis lirios.

Por buscar amor

Tus labios de sueño

Se alejan

Tal vez.

 

Por buscar amor

He muerto de abril...

 

Al caer la noche

Mojada de luna

Vivo en tu sonrisa.

 

Mis flores de otoño

Mueren en silencio

De tanto partir...

 

 

 

         SUEÑO Y OLVIDO

 

Guardar algo,

Recordarte...

Admitiría el olvido.

Olvidar todo.

Dejarte...

Amar tu tiempo y el mío.

 

 

 

         MIENTRAS BUSCO TUS VERSOS

 

Mientras busco tus versos

Solo encuentro palabras,

Una copa de vino

Derramada en el alma.

Dos manos que se tocan

Lejos, en la distancia,

Donde se pierde el tiempo

Mientras se acerca el alba.

 

 

 

         ABRIL DE SANGRE

 

Hoy, tibia noche de infecunda luna,

Fecundos muertos de cenizas yertas

Bajo la roja tierra, quizás muerta

Bajo un otoño que nació entre brumas.

 

Está llorando el surco de amargura,

Mas la semilla joven ya despierta

Y su germen cual nubes descubiertas

Traspasó nuestro polen de ternura.

 

Quizás todos los cuerpos ateridos

Quizás sus ojos siempre amanecidos

Son tiempo de dolor desesperado,

 

Pero el dolor es llama transparente,

Es fuego, es un infierno ya muriente

Y un grito de presente ensangrentado.

 

 

         PREMONICIÓN

 

         A Joel Filártiga y José-Luis Appleyard

 

Joel y José-Luis, ancho pasado,

Presente de silencio estremecido,

Futuro de recuerdos fulminados

Por sombras de un ayer enloquecido.

 

De un ayer que ya es hoy, largo latido

De corazón inmenso traspasado

Por un puñal sin filo, poseído

De, sed de corazones desgarrados.

 

Cabelleras, dos rubias cabelleras,

Sol dorado de cortas primaveras

Donde surge la vida y su mirada.

 

Llamaradas quemando en el invierno,

Vientres tristes, inmensos, del infierno,

Vientos de primavera sepultada.

 

         Asunción, 21 de mayo de 1976

 

 

 

 

 

 

POETA DE LA CATEDRAL DEL LLANTO

 

         Lo conocí personalmente a principios de los años ochenta. Pero tiempo antes había llegado a mis manos un libro de poemas de su autoría sobre el Paraguay de aquella época. Escribiré sobre ese recuerdo. El Paraguay como una gran cárcel es el escenario de su fervorosa lírica, los personajes: el pueblo, el tiempo circular que repite la asfixia, el sinsentido y la lucha contra esa corriente pasatista, esa visión del arte fuera de todo compromiso: el arte por el solo arte. Y él, hombre sensible como pocos, que hasta de música sabía en profundidad, ya que ejecutaba dos instrumentos con gracia angelical -y recuerdo su paso por el Ensamble de Música Antigua, un grupo que dirigía doña Nelly Giménez- abrazaba la causa del arte para el pueblo. Nos hicimos amigos enseguida. Le dediqué, por ese entonces, un poema que yo no guardé bien y que él extravió. Se titulaba "Miguel Ángel Caballero Figún, poeta de la catedral del llanto". ¡Cómo quisiera recuperar ese poema! Pero vienen a mi mente sus manos delicadas de artista golpeando la mesa de un bar que abría sus puertas sobre la calle Independencia Nacional, diciéndome: "Esto se tiene que acabar, compañero". Tenía en su corazón demasiados sueños para que se le hicieran realidad en un tiempo indigente como el que le tocó vivir. Soñaba con un país en el que fuera posible la libertad de expresión, y le habían clausurado La República, el periódico que él dirigía. Pero siguió luchando. Y buscó amparo. Y se refugió en la poesía. La poesía es un refugio excelente para trascender, pero quema como un hierro candente, como una cruz de fuego y que el artista debe soportar hasta el fin. Consecuente, Miguel Ángel se abrazó a su destino hasta alcanzar la luz.

 

         Ricardo de la Vega

         Poeta

         Diciembre, 2010

 

 

DE LA ETERNIDAD

Editorial La República, 1992

 

 

         A MUJER BLANCA

 

         Para Cochonita

 

Transitar la ebriedad de tu belleza

Es derretir mis alas sobre el sol.

Imposible misión de quien no reza.

Intento inútil de tocar a Dios.

 

Ícaro antiguo que recién empieza

En el tramo final a hendir tu amor.

Caigo en el mar azul de tu grandeza,

El tiempo mío del divino adiós.

 

Mientras surco la esencia de tu bruma

Y camino mojado por tu espuma

Despacio, hacia el delirio de la luz.

 

Bebo a mares la sangre de mi herida,

Intento al fin, de fecundar la vida,

Matar la muerte con mi espada en cruz.

 

 

 

         A MARÍA GABRIELA

 

En tu perfil se apaga la agonía,

El escudo es más fuerte que la espada.

Tiembla la sombra de mi luz tardía

Pues tus ojos son sombra derramada.

 

Sobre un ayer, divina carne mía,

Selva profunda, en nieve fecundada

Parto infinito, desgarrado día,

Soledad en tu vientre perfumada.

 

 

 

Polvo escondido, llamas de tormento,

Yo soy la eternidad en movimiento,

Soy como tú, tus alas, tus antojos.

 

Y seré tu presencia de diamante,

Tu verbo iluminado en cada instante

Y un cielo ya rendido ante tus ojos.

 

 

 

         CREACIÓN

 

         A mi amigo Juan Guerra Gaja

 

El talento no es orden ni secreto,

Es la finita dimensión del hombre.

El talento es la luz, el Verbo, el reto,

La locura final sin Dios ni nombre.

 

¿Y la Creación? El tiempo nunca quieto

De la palabra vaga por el orbe.

Todo pincel se estrellará en el veto

De la poesía que hasta el alma absorbe.

 

Beso fugaz, soplo del infinito,

Trazos de niebla de un cristal maldito,

Ceibo y jazmín, manzana, canto, palma.

 

Me queda al fin en mi cristal de sueños

Todo el fuego que nace de tus leños,

Tu torrente de luz que enciende el alma.

 

 

 

         A JOELITO

 

Era la edad de la Muerte...

Las Furias transitaban las tinieblas,

Telúricos espacios de maldad.

 

Clamaba el firmamento por la Vida.

Y las Parcas terribles

Derrumbaron un sueño.

 

Un diamante muy joven

Devoró su ternura en el amor.

 

Dos rubias cabelleras

Transportaron tu amor hacia el silencio,

Escoltaron tu féretro hasta el sol.

Las selvas centenarias

Y un río con sus lunas

Te buscaban todavía.

 

Los fusiles del alba

Buscan el viento asesino,

Claveles de la Patria

Guardan tu soledad.

 

Joel, siempre es divina la belleza,

Inmenso el tiempo de la azul realeza,

Espéranos allí, en la Eternidad.

 

 

 

         LIRA DEL SUEÑO

 

         A María Elena

 

Otra vez el vacío,

El escondido espacio de la nada.

La soledad y el río,

Eterno tiempo mío,

Arcángel gris hendido por mi espada.

 

Los átomos del sueño

Florecen en dolor cada mañana.

He partido en un leño

La rama de un ensueño,

La luz, la luz de mi nieve temprana.

 

Ayer solo tus ojos,

Tempestades de furia en primavera.

Eléctricos despojos

De antiguos labios rojos...

Polvo estelar naciendo de mi hoguera.

 

Helena, diosa roja,

Troya perdida que espantó al aqueo.

Fantasma que despoja

El veneno que arroja

La flecha que se pierde en el Leteo.

 

Divina moribunda

Que el Olimpo empapaste de ternura.

Zeus y Hera fecunda

Dejaron, vagabunda,

El celeste cristal de tu hermosura.

 

 

UN JOVEN POETA

 

         Hacia mediados de los años 70 nos reuníamos un grupo de animadores culturales y poetas en torno a la mesa de algún boliche para conversar sobre las cosas que nos gustaban: artes plásticas, música, teatro y, sobre todo, poesía.

         Recuerdo las imágenes de (Enrique) Marín Iglesias, (José) Laterza Parodi, Ricardo Mazó... entre los que ya partieron; y entre los de entonces y de ahora estábamos José-Luis Appleyard, Nené Rauskin, Víctor Casartelli, Nilsa Casariego y, a veces, Francisco Pérez Maricevich, Manuel Argüello. En fin, una gama de notables del arte en sus diversas manifestaciones.

         Por esos año de pronto se nos acercó un -todavía- joven poeta paraguayo recién llegado del exilio que, debo confesarlo, nos entusiasmó. Su fácil manera de expresarse, sus ideas, sus inquietudes, tal vez sus inicia les versos, no tardaron en convencernos de que estábamos ante la presencia de un poeta que podría llegar lejos. No era frecuente, por entonces -ni es, desgraciadamente-, hallar una vocación poética cargada con tanta cultura literaria y profundidad de pensamiento. El dominio que nuestro joven vate poseía de las formas clásicas y la simple claridad y calidad de sus versos nos hacían pensar que estábamos ante la presencia de un poeta de verdad.

         Afortunadamente, luego de transcurridos algunos largos años, podemos afirmar que no nos hemos equivocado. Siete u ocho volúmenes publicados avalan mis palabras. Eran -o son- libros donde el autor, al decir de León Greif, se "jugaba la vida". Porque si algo -a mi juicio- es la poesía, es eso mismo: un continuo "jugarse la vida", un buscar los ocultos paralelos conductores de energías que nunca alcanzan la plenitud.

         Algunos de los títulos fueron: Del Tiempo Gris, Los Fuegos, Los Otoños, Las Márgenes del Cielo, Los Adioses, De la Eternidad... todos nombres sugerentes que no ocultan la fuerza avasalladora del amor ni las inquietantes ideas sociales de un talento que maduraba vertiginosamente.

         El libro de ahora, bien analizado por el prologuista Víctor Casartelli, Las Nieblas de la Luz, tiene, a mi juicio, un título contradictorio. Pienso que debiera llamarse Luz de las Nieblas, porque, más que el testimonio de una vida signada por la desesperación que significa el destierro o la impotencia ante las injusticias, es el testimonio de un guerrero que no muere porque:

 

         Yo mataré a la muerte, no olvides soy un sueño

         Creciendo desde el Hades. No moriré jamás.

         Mi espada ensangrentada la llevarán los vientos,

         Se estrellará en las rocas, resurgirá en el mar.

 

         Y es, al fin de cuentas, un largo canto de esperanza que no se acaba con la muerte, sino que emerge desde los abismos del corazón y se clava hasta las altas cúpulas de las catedrales del amor.

 

         Después de ti

         Me besará la muerte

         Con sus nieves perfectas.

         Después de ti

         Morirán los vergeles agotados

         Sin savia, sin futuro.

 

         Estás después del mármol,

         De lo eterno, de un pedazo arrancado del pasado,

         Del secreto perdido de la esfinge

         Y del verdadero Dios...

 

         Obvia decir que estamos ante la presencia de un poeta hecho y derecho:

         Miguel Ángel Caballero Figún

 

 

         William Baecker

         Poeta

         1995

 

 

LA NIEBLA DE LA LUZ

Editorial Arandurã, 1995

 

 

         POEMA XLIX

 

¿Recuerdas los fusiles,

El tiempo del honor?

 

Las cigarras cantando,

La luna sobre el río

Y la edad de la sangre.

 

¿Recuerdas los caídos?

 

Delirios en las sombras

Salvajes como el rayo,

Tu perfume de lis.

 

Y mi sangre escondida,

Mi Verbo incandescente,

Tu mano con la mía.

 

Mi daga florentina,

La del metal antiguo,

Tus ojos y el delirio.

 

Tu voz

Cálida, ausente,

Mi corazón perdido.

 

 

 

         POEMA L

 

¿Hablarme del alba?

Las voces del sueño

Resuenan lejanas.

 

¿Hablarme del sol?

 

¿De la noche augusta

Sobre el firmamento?

¿De tu piel de brumas?

 

Te espero en silencio

Desde los fusiles de un tiempo sin Dios.

 

Allí, desde el soplo de sollozos ígneos,

Desde la metralla,

Desde las granadas.

 

Te espero en la noche

Divina princesa mojada en terror

Fulminada nube del honor ausente,

Aún tengo una daga

Y un verso de sombras.

 

Te veré algún día,

Hasta nunca,

Amor.

 

 

 

         POEMA LI

 

Era la edad del sueño,

La de sangrientas lunas.

 

La pólvora encerraba

Los mantos del silencio.

 

La luz, la luz distante...

 

Transitaban las sombras

Cadáveres sin nombre.

 

La libertad herida.

 

El sueño hecho pedazos,

Una sangre de siglos

Jugando su destino.

 

Y se asustó la Muerte...

Triunfó desde el delirio

Mi acero damasquino.

 

 

 

         POEMA LII

 

Hubo un tiempo de sombras,

De silencios,

De vientos encendidos.

 

La muerte caminaba

Con calzados de lujo

Y los pies del martirio

Caminaban descalzos sobre el fango.

 

Se coronaban testas sin cerebro,

Se prendían medallas en los pechos

De corazones vacíos.

 

La vida era tan solo una ilusión,

La esclavitud o la tumba,

El destino ineluctable.

 

Hoy nos hablan de paz y libertad

Los mismos que empujaron

La Patria hacia el abismo.

 

¿Es posible escuchar su sinfonía,

Su música diabólica

Nacida en las tinieblas?

 

Pentagrama de claves invisibles...

 

El Paraguay apunta al infinito.

Volvamos a la luz,

rescatemos ensueño

y el destino.

 

 

 

         POEMA LV

 

He conquistado el silencio,

La profundidad,

Sus sombras.

 

Hades, mi hermano de brumas,

Poseidón ha muerto...

El mar

Es solo un vago recuerdo

De sirenas implacables.

 

He tocado el infinito,

Vuelvo hacia el tiempo del sol. 

 

 

 

 

 

 UN CABALLERO TRAS LA BRUMA

 

         Pero a pesar de todo -de la nubosidad de los años y de la terquedad del olvido- tengo su imagen viva arribando a tientas la calle O'Leary, en una mañana forzada de mediados de 2005.

         - ¿Se puede compartir con esta juventud? -dijo de pronto, con voz ronca, amanecida, y un respeto casi reverencial hacia nuestro grupo recién instalado en una de las mesas de la plaza Italia, cuando las rejas (esas odiosas rejas) aún no habían cercado su festividad abierta. Había sido una noche más de bohemia, risas e historias recorridas en dos o tres rincones de aquella Asunción nocturna. No recuerdo con exactitud cuáles fueron esos lugares, aunque en verdad eso no importa. Es caprichoso el olvido cuando selecciona recuerdos, y el tiempo es la más certera trampa de que somos efímeros, tanto más o casi, como el sonido de los pasos que se filtran en la niebla, o de la ilusión fatal de que somos eternos entre las sombras.

         Lo cierto es que, repentinamente y sin darnos cuenta, estábamos todos sentados, hablando -a tientas, también, algunos- sobre la mañana que teníamos encima y sobre las posibilidades que se nos habían escapado una vez más en la noche previa. Creo que hasta, incluso, nos sentíamos un poco libres.

         Miguel Ángel participaba, preguntaba, de repente se reía. Le fue tan fácil integrarse a nuestro grupo que enseguida fue como si nos hubiese acompañado toda la noche, cosa que -sin dudas- le habría encantado.

         De los cuatro amigos que llegamos aquella mañana a la mesa de la plaza Italia, yo era el único que conocía al hombre que se nos había acercado. Supe que era el poeta aquel que había sido profesor de literatura en el colegio Instituto Paraguayo, en el cual yo entraba junto con mis hermanos, en los primeros años de la década de los noventa. Por aquel tiempo ya lo veía subir las escaleras con dificultad y casi sentía el doloroso esfuerzo que le obligaba el cuerpo para asumir cada paso. "Es un poeta", me había dicho mi hermana Tina cuando le pregunté por aquel señor de pelo blanco, flaco y alto que caminaba a tientas atravesando el colegio.

         Esos cuadros pasaban por mi cabeza en aquella mañana de mediados de 2005 mientras lo veía gesticular y oía cómo su voz sonaba a mañana grisácea y tabaco seco antes del humo gris. No me aguanté más, y ante el primer silencio advertido, mientras veía que su mirada se dirigía hacia el pasto fresco de la plaza, le tiré la pregunta:

         - ¿Y cómo anda la poesía, don Miguel?

         Súbitamente, levantó la cabeza y me dirigió una mirada como de alarma, de sorpresa grata que encandila con su iluminación.

         - Y la poesía siempre está -me dijo secamente-. Está la poesía. Siempre está...

         No hizo falta decir más. Su mirada se tornó lejana, pensativa, evocadora quizás. No sería justo decir que tenía la mirada extraviada por la mañana y el tabaco y el alcohol que nos acompañaban a esas horas. Era como que su mirada viajó lejos por un instante, a esa herida interna, abierta, que definitivamente era su patria que le dolía.

         Y nos subimos todos a esa nube que lo trajo. Absorbimos la mañana y el saliente sol nos invitó a alejarnos para reconciliarnos, un rato, con el sueño.

         Hoy, a mediados de 2010, y ante la posibilidad irremediable de que esta anécdota pueda a alguien resultar intranscendente -posibilidad que comparto y, es más, con la que podría estar de acuerdo-, al evocar su nombre me siento un privilegiado por haber compartido con Miguel Ángel aquella mañana lejana, de risas ebrias y cigarrillos compartidos. Porque, a pesar de la nubosidad de los años y de la terquedad del olvido -muy a pesar de todo eso- vi una vez a un verdadero poeta atravesar la bruma agarrándose del viento.

 

         Eulo García

         Poeta

         Julio, 2010

 

 

 

MORIR AL ATARDECER

La República, 2002

 

 

 

         CUARTETO CXXXVII

 

Tu luz de luna vaga se apaga en el silencio,

Las mortajas antiguas encienden mis despojos.

En las brumas eternas se van mi amor y el sueño

Y queda en tu mirada la llama de mis ojos.

 

 

 

         POEMA CII

 

En un tiempo sin Dios queda el reto

De mi acero clavado en tu piedra

En el verbo infinito y sin ecos

Tu mirada infestada en la hiedra,

 

Y te escribo sin luz y sin ojos

A través de palabras sedientas.

Ya no veo las letras del alba

Ni mi Patria y su entraña sangrienta.

 

Se aproxima la voz de la muerte

Y su música antigua en silencio.

En el silbo final de la tarde

Una lágrima azul lleva el viento.

 

 

Y te dejo por fin de mis días

La ilusión y la chispa del trueno.

En el tiempo de un Dios sin destino

Todo el mármol fecundo del sueño.

 

 

 

         ALEJANDRINO

 

Imantada la tea se prendió el fuego oscuro,

Se encendieron los leños de algún árbol maduro,

Bajo el alba una nube que tenaz se alejó.

 

Y volvió el viento norte, el del soplo divino

Con sus átomos rojos, con su sol argentino

Y la rubia princesa con su sed de león.

 

Estalló entre mis piedras tu mirada imposible

En tus ojos de sueños, mi fantasma terrible,

La fantástica idea de no amarte jamás.

 

Y la atroz fantasía del delirio de verte,

Mi satánico intento por amar en la muerte...

La princesa está sola... se cansó de soñar.

 

 

 

         CUARTETO LX

 

Está quieta la bruma de tus silencios muertos,

Un rayo sin sonido

Espantó de mis labios tus labios sin amor.

Desde la nieve roja, tu Eternidad sin prisa

Extenderá sus alas en mi tiempo sin Dios.

 

 

 

         POEMA CCIII

 

Otra vez regresaste

Ternura de sombras

Desde el abismo,

Desde su fondo oscuro

A bañarte en las aguas transparentes

De nueva latitud.

 

Reloj, arena y nieve,

Estás presente,

No marcaron tus piedras los segundos,

Los tiempos infinitos

De nuestra sed de luz.

 

Hoy

Tu tic-tac

Impulsa derroteros

De antiguas llamaradas,

Nuevo fuego encendido en el vacío.

 

En un sueño de sol y de violeta

Estallan los lapachos.

 

Y vuelve la palabra sobre un cisne

Flotando en nuevo lago

Sin brazos

Sin salida.

 

 

 

         POEMA CCV

 

El firmamento herido

Clamaba por los lirios de la tierra.

Fuimos como la bruma desatada

Buscando la ternura omnipotente.

En un navío oscuro

Los rayos de la luna

Y otra edad.

 

Presencia sideral de tempestades,

Sangrienta latitud,

Las ramas perfumadas.

 

Mi blasón,

Su presencia ante la historia,

La pólvora encendida.

 

Y aquello que brotó desde el vacío,

Las raíces del alba, el tiempo mío,

Aquello que no fue.

 

 

 

 

 

UN GRAN POETA PARAGUAYO

 

         En el mes de enero del 2009 el PEN Club del Paraguay y amigos personales del poeta rindieron un merecido y sincero homenaje de recordación con una placa de bronce colocada en el Bar San Roque, recinto tradicional de los escritores paraguayos. En este emotivo acto se contó con la presencia de numerosos familiares del poeta. Fue un encuentro de homenaje y de un entrañable vínculo que une al mundo poético con este gran poeta paraguayo.

         Por muchos años, Miguel Ángel Caballero Figún fue miembro del PEN Club del Paraguay, en ocasiones, solía compartir las tertulias y encuentros de cultores de las letras, cuya presencia discreta emanaba calidez y distinción.

         De su trayectoria fructífera como poeta, músico y periodista nos ha legado varias obras, una de ellas: Morir al atardecer, tal vez, la última inspiración del poeta, en la que nos revela la finitud de la vida, efímera como el tiempo que se apaga, un sueño fecundo que surge de la nada, del vacío a la claridad del verbo.

        

         Después del silencio

         Y con los fantasmas

         del sueño perdido

         morir como un soplo

         al atardecer

 

 

         Emi Kasamatsu

         Poetisa, presidenta del PEN Club del Paraguay

         Octubre, 2010

 

 

ME DUELE MI PAÍS

(Poesía combativa y escritos políticos)

Editorial F 17, 2007. Edición póstuma

 

 

         MARISCAL

 

         A la memoria del mariscal Francisco Solano López

 

Está roto el olvido

Y tu presencia intacta

El silencio y los sueños

Mariscal.

 

Tiñó la flor la muerte,

Sangrientas llamaradas

El viento, el viento norte,

Sus átomos celestes

Mariscal

 

Las piedras imantadas,

Los lirios del destino,

Tu augusta majestad.

 

Y el viento de la gloria,

Las nubes fulminadas,

Tus sueños,

Mariscal.

 

Encontró tal vez un día

Tu relámpago inclemente,

El perfume de la luz

 

Y tu absurda fantasía

Tu violenta melodía,

Una guerra sin destino.

 

Y llegó el tiempo del trueno

arasunú,

ñandeyvága,

curuzu

 

Pentagrama del delirio

El rigor de la materia

Majestad

 

El fragor de la metralla

El cristal de las heridas

Y las lágrimas de histeria

Mariscal

 

El Catón de las estrellas

Silencio antiguo del Hades,

El Aníbal de los Alpes,

Mariscal

 

Paso de Patria y la bruma

Curupayty, la victoria,

Cerro Corá con su gloria

Y Por fin

Tu eternidad

 

 

 

         CUANDO UN HIJO SE VA

 

         En memoria de Joel Filártiga Speratti,

         asesinado por la policía de la dictadura.

         A sus padres.

 

Cuando un hijo se va, se va la vida,

Se va la muerte porque no hay más muerte,

Se van sus ojos para siempre inertes,

Pero queda su voz amanecida.

 

Se va la piel de nuestra piel nacida

Y aunque debajo de la piel despierte

Todo el odio fatal contra la muerte

Queda la llaga eterna de una herida.

 

Cuando un hijo se va, las primaveras

Son solo antojos de un ayer, quimeras,

Queda el invierno que hasta el tiempo aleja...

 

Quedan solo cenizas ateridas

Porque un hijo se fue y se fue la vida

Y las sombras eternas solo deja.

 

 

 

 

         Creo que vale el rescate de su legado, porque no casualmente es probable que sea ignorado, como ha sido en los casos del argentino José Hernández, o del cubano José Martí, entre tantos otros, hasta que se hicieron famosos.

         Como ellos, Caballero Figún fue primero un revolucionario, luego un poeta. En qué sentido llegó más lejos cada uno de ellos, lo ignoro. Sé que puesto a elegir prefiero intensidad revolucionaria a intensidad poética, y sé que en el caso del poeta que nos ocupa, hubo ambas cosas. Lo sé porque se trata de mi padre.

         El que fue mi padre no merece simplemente su nombre en una calle. Creo que vale la pena conocerlo.

 

         Miguel Caballero Mora

         Poeta y periodista

         Escrito en 2007. Fragmento

 

 

 

 

POEMAS INÉDITOS

(2004-2005)

 

 

         LA LIRA PERDIDA*

 

         A la memoria de mi gran amigo

         y compañero Raimundo Careaga

 

Te has ido como un río

a hendir el viento de algún mar profundo.

Nos dejaste el vacío,

tu pensamiento impío

partió para buscar un nuevo mundo.

 

Mi lira está perdida,

quedó sin la presencia del ensueño.

La música sin vida

con su clave escondida

se desmayó en la claridad del sueño.

 

Estás tomando un vino

con Marx, con Engels, con el Che Guevara.

Qué raro es el destino

terrible desatino

que tu lumbre en la noche nos restara.

 

Sonó la guerra un día,

fulminados los soles de febrero.

Después un

mediodía

tu mano con la mía

encontraron su esencia en el acero.

 

Tus cenizas, hermano,

han vuelto ya sin odio al alter ego.

El Yvága profano,

un lirio en cada mano

y un verde eterno que nació en el fuego.

 

Encontraste en la nada

los confines geométricos del cielo.

Después tu llamarada,

tu centella imantada

atraparon mis sombras en su vuelo.

 

Me cuesta, compañero

encontrar las palabras del delirio.

Tu verbo está primero

eterno prisionero,

clavel rojo teñido en el martirio.

 

Por fin tu voz y el viento

rasgando el éter y el amor divino.

Oculto está el momento,

lejos el pensamiento

y muy cerca de ti mi antiguo vino.

 

Morir

Se rinde el sueño detrás de una quimera.

Después de tu mirada la oscuridad azul

El verde de tus ojos,

Otoño y primavera

El invierno en mi pecho

Y en cada tarde, tú.

 

* Poema inédito entre las ediciones del autor, pero presentado y

publicado por vez primera en el Nº 4 de la Revista del PEN Club del Paraguay,

en octubre de 2002.

 

 

 

         PARA ELVIO ROMERO

 

Nos queda tu presencia

Y tu espada imantada

En mármoles del sueño.

 

Herib fue tu simiente

El viento de la patria

Te derramó sus fuegos.

 

¿La eternidad existe?

Sí, las palabras ígneas

Despojadas de miedo.

 

Nos quedamos en sombras

Un fantasma está lejos

La finitud del alba

Las princesas celestes.

 

Has llevado contigo

Las fulminadas nubes del desierto

Los cañones de ayer.

 

Queda tu voz perdida

La eterna vagabunda.

 

El Partenón y el Hades

Te esperan en las sombras

Con su celeste luz.

 

¿Y qué habrá dicho el barquero?

¿Tuviste su moneda?

 

En los idus terribles de un recuerdo

Cayeron los cañones libertarios

Los verdes, los azules

Y una bandera roja,

Nacida con la luz,

Stalingrado.

 

Y fuiste tú el aeda

Que resonó en los tiempos funerarios

El inclemente Atila

Que desafió a la muerte,

Por armas tus palabras

Invadiendo el futuro y el espacio.

 

Adiós, mi compañero sideral

Estoy en las Termópilas

Aún resisto.

 

Nuestra Esparta, la antigua

Con su puñal de sueños te recuerda

Tus labriegos antiguos de Yuty

Y el Paraguay eterno.

 

         Asunción, 21 de mayo de 2004

 

 

 

         VOLVER

 

Volver desde el abismo

Hasta tu gruta antigua

En mis piedras la luz del infinito

Y en tus ojos mis sombras.

 

El parto del delirio

Transformó el antifaz del pensamiento

Después la melodía,

Los fantasmas,

El laberinto gris

La centella.

 

 

 

         POEMA CCCX

 

Queda la coraza

De mi amor blindado,

Invencible Esfinge,

Te hundiré en el mar.

 

En las amapolas anfibias del viento,

Perdida en las olas

Me podrás soñar.

 

         Asunción, 10 de junio de 2004

 

Con las pitagóricas nieves de la luz

Desde el ángulo oculto de la idea

Desde mi tiempo azul.

 

 

 

         ANGUSTIA

 

Y tengo la angustia,

Las hojas del sueño

Tu amor imposible

Que vuelve otra vez.

 

Mi esclava divina,

Imán intangible,

Y tu imagen honda

Que se fue después.

 

         31 de julio de 2004

 

Los fantasmas se agitan en silencio

Porque soy un fantasma enamorado

Junto a la vida por embriagarte a ti

Y soñarte por fin desde la muerte

 

         Asunción, 30 de mayo de 2004

 

 

En los anaqueles del amor perdido

Buscando tus sombras

Te dejé la luz.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

         Poesía

 

1. Del tiempo gris. Editorial Mayo. Asunción, 1977.

2. Los fuegos. Editorial Mayo. Asunción, 1977.

3. Los otoños, Edición de la Municipalidad de Asunción. Ganador del Segundo Premio Municipal de Cultura. Asunción, 1978.

4. Las márgenes del cielo. Ediciones La República, vol. 1. Asunción, 1981.

5. Ecos del silencio. (Seudónimo Blas de Añazco). Editorial La República, vol. 4. Asunción, 1983.

6. Los adioses. Ediciones La República, vol. 12. Prólogo de Elisa Roubaud. Asunción, 1987.

7. De la eternidad. Comentario de Ramón Rueda, español. Ediciones La República, vol. 16. Asunción, 1992.

8. Las nieblas de la luz. Prólogo de Víctor Casartelli, 1º edición. Prólogo 2º edición, William Baecker. Editorial Arandurá, Asunción, 1995.

9. Morir al atardecer. Ediciones La República. Asunción, 2002.

10. Me duele mi país. (Poesía combativa y escritos políticos). Prólogo de Miguel Ángel Caballero Mora. Ediciones F17. Asunción, 2007. Edición póstuma.

 

         Prosa

 

1. Los Guaraníes, vol. I. En coautoría. Ediciones La República, 2002.

2. Los Guaraníes, vol. II. En coautoría. Ediciones La República, 2003.

3. El Tiempismo, Antes... Y ahora... ? Ediciones La República, 2004.

 

         Artículos y columnas de opinión en:

 

1. Semanario El Pueblo.

2. Semanario La República.

3. Diario Hoy.

4. Diario Noticias.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

 

- AMARAL; Raúl: (Coordinador de la obra). Poesías del Paraguay. Antología desde sus orígenes. Con estudios críticos de William Baecker, Augusto Casola y Víctor Casartelli sobre la obra de MACF. Distribuidora Aramí, Asunción, 2001, pp. 653-654-655-656.

- MARTÍNEZ, Luis María: El trino soterrado. Paraguay: aproximación al itinerario de su poesía social. Tomo II. Ediciones Intento. Asunción, 1986, pp. 44-49.

- MÉNDEZ-FAITH, Teresa: Poesía paraguaya de ayer y de hoy. Tomo I. Intercontinental Editora. Asunción. Sin fecha de edición, pp. 89-90-91.

- MÉNDEZ-FAITH, Teresa: Diccionario de la Literatura Paraguaya. 3º edición. Editorial El Lector. Asunción, 2008, pp. 59.

- SUÁREZ, Victorio: Proceso de la Literatura Paraguaya. Edición del autor. Asunción, 2011, pp. 167-168 y 401-402-403-404.

- VERÓN, Luis. Enciclopedia biográfica. Protagonistas y personajes del Bicentenario. Álvaro Ayala Producciones. Asunción, 2010. Pág. 119

 

 

 

ÍNDICE

 

Dedicatoria. José-Luis Appleyard

Presentación. Antonio V Pecci

Introducción. Augusto Casola

Nota crítica. Renée Ferrer

ANTOLOGÍA POÉTICA

 

Gladys Carmagnola - Del tiempo gris (1977)

Cuando me piden un verso

Mujer

Una vez

Todo el viento te llama

Eres

Llegaron las sombras

Soy un sueño

Princesa de las estrellas

Tus sombras

Tendrás mucho de mí

Un amor celestial

 

Víctor Casartelli - Los fuegos (1977)

Si por amor

Noche de enero

Asunción   

Cuando vengan derramadas

Por qué las copas

Si yo he sido       

Agonía de otoño

 

Susy Delgado - Los otoños (1979

El alba y el río

Del sol herido

Todo el amor

 

Mario Rubén Álvarez - Las márgenes del cielo (1981)

Y estás otra vez

Canto a mi patria

Cuando cae el recuerdo de tu nombre

Y si ayer

Mi guitarra enamorada

Romance de cuando muera

Ancora avanti, ¡molto piu!

Te amaré en el olvido

Soneto

Muerte de abril

Del amor cayendo

Hermana Soledad

Misterio

Desde el fondo

Eternidad  

Lira

Yo, el supremo

 

Delfina Acosta - Ecos del silencio (1983)

Abrid las sepulturas

Las sombras

Me duele mi país

Viento de la patria

 

Elisa Roubaud - Los adioses (1987)

Por buscar amor

Sueño y olvido

Mientras busco tus versos

Abril de sangre

Premonición

La catedral del llanto

Guerrillera, Soledad

Canto a la muerte

Adiós

Hoy, que el vino

Abrazo

La rana

Sueños

Mientras llega el sol

Sueño y olvido

Herida está la noche

Navidad

Todo el sueño

Noche roja

Rayos

Después

No todo está perdido

Ilusión

Raquel

Tiempo

Tu corazón de luna

Delirio

Pi-erre-dos

Génesis

 

Imágenes familiares

 

Ricardo de la Vega - De la eternidad (1992)

A mujer blanca

A María Gabriela

Creación

A Joelito

Lira del sueño

La eternidad perdida

Princesa, Isabel

Mañana

Lira del sol

No puedo dejar mi suelo

Et tu penses a moi

Do you know

Jhovy-üasy

 

William Baecker - Las nieblas de la luz (1995)

Poema XLIX

Poema L

Poema LI

Poema LII

Poema LV

Poema LVI

Cuarteto XVIII

Poema LIX

Poema LXVII

Poema LXVIII

Vidala del amor perdido

Gonzalo

Soneto del diamante

Supongamos

Cuarteto XV

Acosta Ñu

Poema de Dios

Poema de los fantasmas

Soneto

Poema LXIX

Preludio

Poema LXIII

Poema LXVI

 

Eulo García - Morir al atardecer (2003)

Cuarteto CXXXVII

Poema CII

Alejandrino

Cuarteto IX

Poema CCIII

Divina estás presente

Poema CCII

Poema LIII

Primavera

Poema CCV

 

Emi Kasamatsu - Me duele mi país (2007)

Mariscal

Cuando un hijo se va

 

Miguel Caballero Mora - Poemas inéditos (2004-2005)

La lira perdida

Para Elvio Romero

Volver

Poema CCCX

Angustia

 

TESTIMONIOS

Luis María Martínez. Viva encarnación de la poesía

Ausberto Rodríguez. Semblanza de un hermano de ruta y sueños

Victorio V. Suárez. Entrevista a MACF

Joel Filártiga. Un hombre solidario y valiente

Richard Alan White. "Mi refugio fue Miguel Ángel"

 

Cronología básica

Miguel Ángel Blas Caballero Figún

Bibliografía

Bibliografía general 

 

 

 

 

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