WILLIAM BAECKER (+)

Foto de WILLIAM BAECKER (+)
Nacimiento:
4 de Junio de 1943

Fallecimiento:
22 de Noviembre de 2022

ERA SIMPLE CARIÑO: POEMAS, 1995 - Poemario de WILLIAM BAECKER

situación
ERA SIMPLE CARIÑO: POEMAS, 1995 - Poemario de WILLIAM BAECKER

ERA SIMPLE CARIÑO: POEMAS

Poemario de WILLIAM BAECKER

 

Edición digital: Alicante

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002

N. sobre edición original:

Edición digital basada en la de [Asunción (Paraguay],

[Ediciones y Arte, editora], [1995].

 

ÍNDICE del poemario ERA UN SIMPLE CARIÑO en la BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES


Era un simple cariño

De pronto puede arder

Quiero hacerte

Esas cosas tan ciertas

Cuando quiero decirte

Eso es todo

Todo puede acabar

Algo perdura

Callémonos

Cómo quiero llamarme

Quiero nacer de ti

Es probable

En un ajado cuaderno

Perseguidor de besos

Fue un juego sin final

Y al final de las cosas

Cuando regrese

Cuando pasen las horas

 

 

ERA UN SIMPLE CARIÑO

Era un simple cariño,

un aroma lejano de otros nombres

que a veces repetía sin quererlo;

la clara certidumbre de un afecto

que acaso me endulzaba la tristeza;

un dormido volcán que se acostaba

diariamente conmigo.

 

Y sucedió que un día

giraron los relojes a la inversa:

eclosionó el volcán y aquel cariño

murió de tanto arder como rescoldo

para nacer de fuego

enteramente tuyo.

 


 

 

DE PRONTO PUEDE ARDER

Tengo miedo de verme en las calladas

estrellas de tus ojos;

me asustas cuando juegas

con palabras sutiles;

tengo miedo

de sentarme a tu lado,

de hablarte por teléfono,

de hacerte un comentario

sobre cualquier tontera.

Tengo miedo de todo:

de pronto puede arder el corazón

y puede el corazón

morir de amor.

 


 

 

QUIERO HACERTE

Quiero hacerte de agua,

de pan recién cocido,

de luciérnaga,

 

para saciar mi sed,

besar tu piel,

vivir, ¡al fin! con luces en los ojos.

 


 

 

ESAS COSAS TAN CIERTAS

Despreocúpate:

Así somos

los que a veces decimos con palabras

esas cosas tan ciertas

que no tienen palabras.

 

Por ejemplo:

sé que a veces quisieras adorarme

como a un dios,

como te adoro a ti, pero te callas

porque es tan elocuente tu silencio

que prefieres callarte y yo decirte

esas cosas tan ciertas

que no tienen palabras.

 


 

 

CUANDO QUIERO DECIRTE

Yo sé que lo presientes:

por algo,

cuando tiembla mi voz,

se te incendian los ojos.

 

¡Qué dicha tan amarga

no poder explicarte lo que siento

cuando quiero decirte

que te quiero!

 


 

 

ESO ES TODO

Eso es todo:

sólo tus pies descalzos,

las alas de tus manos en mi espalda,

tu diástole latiendo

sobre mi pecho ardiente,

y entre bosques umbríos

la dulce soledad

donde sacio mi sed de fantasías.

 


 

 

TODO PUEDE ACABAR

Todo puede acabar en un instante:

mi soledad, la tuya,

la luz del sol meciéndose en tus ojos,

meciéndose en mis ojos

tu soledad, la mía,

para nacer relámpagos con rosas.

Todo puede acabar,

nunca el amor, mi amor.

 


 

 

ALGO PERDURA

Algo perdura

de lo que fue y no fuimos:

 

de lo que fue quedaron,

como brasas ardientes, las palabras:

fantasmas de cariños

que no se eternizaron,

memorias

que golpearán las puertas del recuerdo.

 

¡Quedaron tantas cosas

que no pueden caber

en una lágrima!

De lo que fue, ya sabes.

 

Y de lo que no fuimos

no es preciso soñar para saberlo:

 

la plenitud

de un tiempo tuyo y mío.

 

CALLÉMONOS

Callémonos,

antes que una palabra

prefiero

el dolor del silencio.

 

Dejemos que los días

purifiquen el fuego que iniciamos:

aquellas dulces brasas,

crepitar de ternuras,

ardor,

fogata,

un instante de luz,

¡de amor, al fin,

en llamarada!

 


 

 

CÓMO QUIERO LLAMARME

Si alguien alguna vez, me preguntase

qué otro nombre

pondría a la alborada, a la rosa,

a una dulce caricia,

a una almohada empapada

de enamoradas lágrimas,

a un incendio,

le pondría tu nombre.

 

Si tuviese

que llamarle al silencio

con otro nombre

mi nombre llevaría.

¡Cómo quiero llamarme

como te llamas!

 


 

 

QUIERO NACER DE TI

Estoy buscando imágenes distintas,

otros tipos de signos, de palabras,

para volver a ser en ellos

aquel que fui:

un tiempo de memorias,

el inocente niño que te ama.

 

Y así, con la pureza

del que quiere ser tuyo sin quererlo,

quiero nacer de ti todos los días,

besarte desde adentro,

beber el zumo fresco de tu aroma

y dejado a tu suerte

ser un papel con signos sólo tuyos.

 


 

 

ES PROBABLE

Es probable

que, transcurrido el tiempo,

regreses, como el agua,

peinándome las canas del olvido.

 

No seremos, entonces, los relámpagos

ni las brasas que fuimos

sino una triste lágrima sin cauce;

un cauce, sin olvidos, de tristezas.

 


 

 

EN UN AJADO CUADERNO

Lo poco que me queda

-si es que me queda algo todavía-

es todo tuyo:

 

los libros, dos retratos,

una lámpara antigua,

un vaso de licor junto a una pipa,

sandalias para el viento,

algunas sombras

de los que se decían mis amigos

y un joyero

al que quiero lo cuides:

no hay tesoros en él;

sólo un monte de sueños.

 

Y nada más.

¡Ah, casi me olvido!

 

Hay,

en un ajado cuaderno,

un incendio de versos

con tu nombre.

 


 

 

PERSEGUIDOR DE BESOS

Tus sandalias al viento;

al viento

tu pelo largo y rubio,

tus senos,

tus pequeñas, dulces, manos...

 

Al viento

tus ojos míos siempre,

tus secretos -los míos-

que los dejas al viento.

 

Al viento,

ardiendo en llamaradas,

tu corazón y el mío,

mi desnudez, la tuya,

y en tus labios

-los míos-

perseguidor de besos y esperanzas

sin cesar

¡el viento!

 


 

 

FUE UN JUEGO SIN FINAL

No fueron los violines

ni los ópalos tristes de tus ojos:

fueron sólo sus manos

asidas a las mías

y el jazmín de su cuerpo

que se quedó en la alcoba.

 

Después,

un rictus de cansancio

que amaneció en mi espejo.

 

(Un otro desencuentro

-pensé-

en este loco ajedrez

de estar viviendo)

No fueron los violines

ni sus manos.

 

Fue un juego sin final.

 


 

 

Y AL FINAL DE LAS COSAS

Y al final de las cosas,

yo soy un hombre triste, lo confieso:

no me conmueve nada:

ni el beso de llegada que me diste

ni el beso de partida que olvidaste.

 

Y así, con los olvidos,

de pronto se te fueron los abrazos

y a mí se me escaparon,

como palomas blancas,

las palabras.

 


 

 

CUANDO REGRESE

Cuando regrese el sol

-si es que se fue-

me acordaré de ti.

 


 

 

CUANDO PASEN LAS HORAS

A Martín Palacios

Cuando pasen las horas,

cuando pasen

los días, y los meses, y los años,

y varias primaveras,

y algún otoño nos encuentre hablando

de cosas tan triviales

como el tiempo,

 

tal vez nos asustemos de repente

 

pues todo aquél futuro ya no existe

 

y el seremos es sólo una esperanza

que se durmió en la paz de la nostalgia.

 

William Baecker, visto por Juan Guerra Gaja

Óleo, 1994


 

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