WILLIAM BAECKER (+)

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Nacimiento:
4 de Junio de 1943

Fallecimiento:
22 de Noviembre de 2022

EN ESTE MEMORIAL: POEMAS, 1997 - Poemas de WILLIAM BAECKER

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EN ESTE MEMORIAL: POEMAS, 1997 - Poemas de WILLIAM BAECKER

EN ESTE MEMORIAL: POEMAS, 1997

Poemas de WILLIAM BAECKER

Edición digital: Alicante:

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002

N. sobre edición original:

Edición digital basada en la 2ª ed. de

[Asunción (Paraguay)], [s.n.], 1997.

 

ÍNDICE del poemario EN ESTE MEMORIAL en la BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES

Poemas

En este memorial

Tu ausencia

Y estallo como un sol

Un collar de diamantes

Para morir clavel

Piensa, entonces, muchacha...

Tú, de julio

En el último examen

Así nos conocimos

No lo hubiera creído.

 

EN ESTE MEMORIAL

    En este memorial de los minutos,

cuando soy el resumen

de todo lo que fuimos:

buscadores de estrellas que no existen,

relámpagos de amor en las tinieblas;

 

en este memorial,

mirandome en espejos

donde tu luz no llega porque ahora

eres pura distancia;

 

en este memorial de los minutos

que fueron ahogados alaridos

de esperanzas que nunca aparecieron:

arrebatados golpes de campanas

que ardieron en alturas

donde el dolor es uno y es eterno

como el rayo de luz en el espacio;

 

en este memorial

en este libro abierto,

en esta soledad que es una larga

pradera donde el eco no responde,

 

donde el silencio es toda tu presencia

y tu presencia es toda una agonía;

 

en este memorial

en este crucigrama de cruzadas angustias,

en esta antología de cosas que se fueron,

 

te convoco al olvido,

 

al luto que se abisma en las entrañas

y estalla de dolor en el recuerdo.

 


 

 

 

TU AUSENCIA

   Desterrado del mundo

con las manos inútiles y heladas,

con los ojos poblados de vacío,

en una soledad ilimitada

como un ruego sin ecos entre altas cordilleras,

caminando en dolidas avenidas

cuyo fin no adivina la esperanza;

 

desterrado del mundo,

como una catedral donde los años

cuajaron de dolor sus antiguos vitrales,

saturado de angustias milenarias,

degustando ansiedades infinitas

con tu ausencia constante en la memoria;

 

desterrado del mundo,

desnudo,

despojado habitante enmudecido

- como un canto rodado de impasibles laderas

arrojado a desérticas callejas -

aprendí la inmutable

lección del universo:

 

para amar también es necesario

un rumor de planeta en los oídos,

 

es preciso morder

un alto en el camino

y un decirle a la muerte que se viene

que me aguarde un instante,

que me espere en la acera, que mañana

apenas amanezca,

- al primer resplandor de la alborada -

hablaremos de nuevo.

 


 

 

 

Y ESTALLO COMO UN SOL

    Porque ahora no puedo contenerme

 

y estallo como un sol

sobre inmensas praderas de silencios,

 

quiero ser el de antes:

 

el cantor primitivo,

la sílaba entusiasta,

la plenitud violenta,

la moneda arrojada al infinito

para encender crepúsculos con rosas,

el beso y el abrazo inevitables

en la urgencia de amar continuamente,

la esperanza creciendo en el olvido,

el futuro constante;

 

quiero ser, otra vez,

de repente el dolor y en todas partes

un poco de alegría porque es justo

nacer de vez en cuando diariamente.

 


 

 

UN COLLAR DE DIAMANTES

    Más que el agua y el pan

y el sol de mediodía en el otoño

te busqué, te buscaba

como a un rojo clavel para mis ojos

vacíos con tu ausencia:

como anillos sedientos de esperanzas,

hambrientos de ilusiones digitales,

tiritantes de angustias como altas nebulosas

perdidas en espacios,

en silencios que el beso no adivina.

 

Más que el agua y el pan

te busqué, te buscaba

levantando

catedrales de sueños

que entonces fueron una

multiplicada y sola soledad

suplicante de voces con presagios

de alegrías ocultas y secretas

porque sé y lo comprendo:

 

porque en toda alegría

hay siempre una tristeza ilimitada,

un llegar a destiempo a toda hora,

un callar cuando el grito es inminente

y el dolor

y el dolor

un collar de diamantes

ceñido a lo que fuimos sin quererlo.

 

Más que el agua y el pan

te busqué, te buscaba

moneda sideral para mis manos

encendidas de amargas trayectorias,

 

te busqué, te buscaba

antorcha en el terror de los nocturnos

minutos de ansiedad que taladraban

mi ruego de habitante planetario,

mi canto de soldado derrotado,

mi derrota ante el sol de tu presencia.

 


 

 

PARA MORIR CLAVEL

    En cada letra de tu nombre

- en ese abecedario alucinante

de padecidos cantos que ciñeron

un tiempo mi memoria -

tal vez ya estaba escrita la derrota

que había que seguir

para alcanzar tus órbitas errantes.

 

Allí estaban mis voces cotidianas:

las palabras sencillas,

la gramática simple

que mi vocabulario de profeta

- con el dolor inmenso de coronar mentiras -

no supo traducir cuando era el tiempo

porque tenía, entonces, en mis manos,

 

ese pedazo limpio de universo

que eras tú: desierto florecido

que ignoró mi ansiedad de iluminado

para morir clavel en el olvido.

 


 

 

 

PIENSA, ENTONCES, MUCHACHA...

    Después de lo pasado,

después de lo que fue, de lo que fuimos,

después

de todos los momentos que incendiamos

mintiéndonos verdades,

de los días azules que anduvimos

recorriendo poblados:

pescadores de imágenes más claras,

buscándonos ocultos paralelos,

robándole al presente aquel instante

que quisimos que fuera ya el futuro...

 

Después de todas

esas voces banales que dijimos

y esos largos cariños que poblaron

mi universo con luces

de intensos lapachales,

 

después

de ese beso

que fue eterno sin serlo

y esa lágrima amarga diluida

sobre el astral desierto de las cosas triviales,

 

después de todo

- otra vez ciudadano perdido en multitudes,

radioastrónomo loco de sonidos más puros -

después de la nostalgia,

del recuerdo,

si no te reconozco

 

piensa, entonces, muchacha, que mis brazos

están, como estuvieron siempre:

en posición de cruz para abrazarte.

 


 

 

 

TÚ, DE JULIO

    Tú, de julio,

y estamos en agosto

con aromas sutiles

de septiembre;

 

tú, de julio

viniéndome de lejos

- como esas cosas amargas

que a veces se recuerdan -

con presagios de largas

soledades.

 

Tú, de julio

y estamos en agosto,

y te envío el clavel

- el de los sábados -

con un dejo profundo de tristeza

porque se han cubierto ya de lila

los lapachos

y una idea serena me acongoja:

 

la de estar, como siempre,

sin ti,

sin el clavel,

 

con los lapachos.

 


 

 

EN EL ÚLTIMO EXAMEN

    ¿A quién podré nombrar cuando no estés

como una herida abierta en mi memoria,

como un templo sin luz de campanarios

en esta quemazón de letanías;

 

a quién podré nombrar

cuando pasen las horas del insomnio,

del amargo minuto

con sesenta segundos de silencio;

 

a quién podré nombrar

cuando tenga en mis manos la certeza

que ha sido inevitable

la austera soledad del desamparo

para saber que somos pasajeros

de un barco sin derrota?

 

¿A quién podré nombrar?

 

Entonces

cuando eres y yo soy

fotografías viejas y distancia,

cuando llueve rescoldos de tristezas

sobre el remanso estéril de mis cosas

 

en el último examen de la tarde,

 

preguntaré por ti a la nostalgia

y oscuros resplandores del recuerdo

contestarán los tiempos del olvido.

 


 

 

 

ASÍ NOS CONOCIMOS

    Así nos conocimos.

 

Me hablabas de tus cosas

con esa dolorida suavidad del recuerdo,

con esa larga tristeza que se hundía

callada en la nostalgia.

 

Me hablabas ¿lo recuerdas?

te abrías

como un gris pergamino

y eras toda una inmensa astronomía

poblada de ansiedades sin memoria;

eras toda pasión;

eras toda una historia de milenios

fraguada en el incendio de las voces

que alguna vez, rodando en tus praderas,

te habitaron mintiéndote esperanzas.

 

Así nos conocimos.

Caminamos.

 

Y tu voz y mi voz,

y tu cuerpo y mi cuerpo,

y tu sed y mi sed de más alturas

de pronto fueron una,

 

una sola derrota y agonía

cayéndose en torrente

como un trozo de sándalo,

 

como trozo de sándalo herido

coronando el tumulto del ritmo ciudadano.

 

Así nos conocimos:

caminando,

recorriendo hospedales y avenidas,

como dos extranjeros

murmurando secretas oraciones,

como hambrientos de luz en el insomnio,

como astrónomos ebrios de galaxias más limpias,

de más claros y puros resplandores.

 

Así nos conocimos, ¿lo recuerdas?

 

¡Y ahora que regresas,

cuán dulce,

cuán amarga resultas,

soledad!

 


 

 

 

NO LO HUBIERA CREÍDO

    No lo hubiera creído, pero es cierto.

 

Llegó como un chubasco,

como una suave, imperceptible brisa

 

Abrió la puerta,

entró.

Se instaló en mi escritorio,

revisó mis papeles y mis libros,

se acomodó a mi lado

y encendió un cigarrillo.

 

Hablamos con nostalgia,

compartimos momentos...

 

Se bañó,

cenó conmigo,

bebió el coñac de siempre,

cerró la puerta;

se quedó.


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