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EMILIANO GONZÁLEZ SAFSTRAND


  CONVERSACIONES CON MI DEMONIO, 2004 - Por EMILIANO GONZÁLEZ SAFSTRAND


CONVERSACIONES CON MI DEMONIO, 2004 - Por EMILIANO GONZÁLEZ SAFSTRAND

CONVERSACIONES CON MI DEMONIO, 2004

 

Por EMILIANO GONZÁLEZ SAFSTRAND

 

 

INTERCONTINENTAL EDITORA

Diseño de tapa: SELVA GONZÁLEZ

Asunción – Paraguay

2004 (323 páginas)

 

 

 

 

  PRÓLOGO  

 

         Nos cuenta Bernard Shaw que a él le parecía extraño que la gente de hoy no creyese en las voces que San Miguel o Santa Catalina le dictaban a Santa Juana de Arco, o en el demonio de Sócrates. Piensa él que hay personas excepcionales y de extraordinaria imaginación para las cuales estas transmisiones son totalmente normales porque existe lo que él denomina el apetito de evolución de la humanidad.

         Viene a cuento este pequeño recuerdo para referirme a la nueva obra que nos regala Emiliano y que se intitula "Conversaciones con mi demonio".

         No es nuevo ni original lo que Emiliano despliega en su libro, ya que cientos o miles de personas ya apreciaron la sabiduría que implican estas señales. La posibilidad de interpretación reside en la identidad del observador con lo observado, escribe Emerson; y Borges dice que no hay nada en el universo que no sirva de estímulo al pensamiento. Yo creo que Emiliano siempre está poniendo manos a la obra a lo que dicen estos dos genios de la escritura. Capta, interpreta, se regocija en sus sueños con su demonio y nos lo cuenta usando su gran capacidad creativa, gozándose en ellos, creyendo impávidamente en lo que dice Jung de que "el crecimiento de la personalidad se hace a través del inconsciente" o, en donde acorde con su pensamiento (el de Emiliano) el genial suizo afirma en forma fascinante: "Hay cosas que todavía no son verdaderas, que, tal vez no tengan derecho a ser verdaderas, pero que podrán serlo mañana".

         Ahora bien, yendo a lo dicho por Bernard Shaw, lo que Emiliano nos insta a entender es que no solo algunos hombres son excepcionales sino que todos lo somos, pero debido al miedo que tenemos de Dios hacemos oídos sordos a los mensajes que permanentemente nos envía. Entiéndase el miedo a Dios en el sentido de que los recados de Él son para actuar con la verdad, la justicia, el amor y todo lo que es correcto, y sin embargo preferimos ignorarlo dando rienda suelta a las pasiones.

         Ojalá leyendo detenidamente el libro de Emiliano nos demos cuenta de que el Universo es un sueño de Dios y nos decidamos a soñar con El.

 

         Cristian González Safstrand

         Pedro Juan Caballero, 18 de diciembre de 2003

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

         Para mostrar al hombre que para Dios es posible hacerse hombre, hablar como hombre, vivir como hombre, Dios se encarnó en el hombre Jesús. Desde Él nos habló, y nos enseñó, y puesto que en esta forma de hombre se había limitado a sí mismo, se denominó "hijo de Dios". Y nos hizo saber que cada uno de los demás hombres también podemos aspirar a ser "hijos de Dios", y que alcanzarlo depende solo de que recibamos sus enseñanzas y las pongamos en práctica.

         Mucho antes de que adoptara la forma humana, haciéndose como uno de nosotros, Dios ya venía hablándole a los seres humanos, a aquellos que se disponían a escucharlo. Su "voz" resonaba en los "oídos" de la mente, pues Él (o Ella, o Ello), necesariamente debía manifestarse acorde con su naturaleza: inconcebible en su esencia. ¿Cómo podía "cobrar" cuerpo de improviso si ningún cuerpo lo abarcaba y si estaba a la vez en cada cuerpo?. Nada hay que no sea Él, pero nada en particular es Él. La Naturaleza necesita para funcionar coherente y consistentemente de leyes a las que ceñirse, e inmersos como estamos nosotros en Ella, como obra de Dios, es imprescindible que nos sometamos al proyecto pergeñado por Dios para nosotros, cual es, el de trabajar por la construcción de nuestra propia individualidad para ser engendrados como "hijos de Dios", de modo a alcanzar su misma naturaleza imperecedera.

         El ser humano en construcción tuvo que ser moldeado laboriosamente para "sentirse distinto" de lo demás y se vio obligado a transitar por ásperos caminos para entender que "su ser" separado de "lo otro" tenía la potencialidad de alcanzar la perdurabilidad. El mecanismo de la vida se valió de un proceso evolutivo en el que estaba imbricada la muerte, y ello aparejó ingente sufrimiento, traducido en miedos, angustias, confusiones. En este proceso se divinizaron objetos, se crearon cultos y ceremonias, mientras continuaba la febril búsqueda de sentido en el intento de comunicarse con "lo otro" incognoscible.

         Despejábanse poco a poco los equívocos, se inventaban sistemas de creencias que respondían en cierta forma a la "comunicación" que Dios trababa con sus especímenes creados, éstos en definitiva aceptaban que eran apenas una emanación imposible de ser separados jamás de Aquel, incapaces de existir por sí mismos, o en todo caso existiendo desde la eternidad confundidos en su identidad con el creador lo que implicaba lo ilusorio de esta identidad transitoria.

         Evidentemente es duro y difícil comprender que Dios es todo lo que hay, pero a la vez se encuentra mas allá de todo eso, Si lo concibo como "separado" y con poder para "existir" prescindiendo de mí ¿cómo puedo imaginar que "se encuentra" al mismo tiempo dentro de mí?. ¿Qué pasa cuando yo muero?. Lo que "yo soy" deja de ser, por lo que Él también necesariamente ha de quedar cercenado, amputado, incompleto. La respuesta radica en el "sentido". En cierto sentido "soy Dios". En otro cierto sentido "no lo soy". Esto es en lo que a mí concierne. Porque para Dios no existe esa diferencia. Él es simultáneamente en ambos sentidos que para Él naturalmente es uno solo. La clave desde luego está en el tiempo. Para Dios no existe el tiempo (es un decir, porque en un sentido absoluto también existe, ya que Él lo abarca todo). En concreto, lo que para mí cesa no necesariamente cesa para Dios. Para decirlo con las palabras de Aquel en el que Él se encarnó: Para Dios todos están vivos, es decir, nada deja de existir. Convengamos en que para nuestro limitado entendimiento esto se presenta casi incomprensible.

         Pues bien: La manera de hacer entender Dios este problema al hombre en construcción fue la de hacerse oír en los oídos de la mente de ciertos hombres asignándose Él un nombre: Se llamó a sí mismo Yo Soy. Este nombre para el entendimiento humano es el abarcador por excelencia ya que cada uno se lo aplica invariablemente a sí mismo. Yo soy yo pero también tú eres yo y así lo dices, yo soy yo. Somos por tanto uno en ese nombre.

         En la tradición en la que fue forjado ese nombre para Dios se dice que el predecesor, el precursor, el primero que daría origen a quienes se considerarían sus descendientes, el patriarca Abraham, fue aleccionado por Dios de esta suerte: "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra por cuanto obedeciste mi voz" (Gn. 22,18).

         Si obedeció su voz se subentiende que lo escuchó. Por consiguiente Dios le habló a Abraham. Pero le habló conforme lo apuntamos, en los oídos de la mente. No se materializó delante de él para ponerse a hablarle, sino que le dio a entender que Él (o Ella, o Ello) era un Ente que existía dentro de su ser individual, pero también más allá de esos contornos. Las diversas ideas que se forjaran sus descendientes respecto a esta comunicación ya es otra cosa, pero lo cierto es que fue consolidándose una idea en ese grupo humano, y es, que a ese Ente dieron en llamarle el Dios viviente.

         Nosotros por lo general oponemos el ser de Dios a nuestro ser, como si Él estuviera completamente separado de nosotros, Él fuera y nosotros adentro. Es esta actitud la que nos impide oírle, pues solamente podemos escucharle y sentirle dentro de nosotros. Él, para permitirnos ser, se desdobla en nosotros, diríamos que se despliega y al propio tiempo se repliega para que nosotros seamos, nos hace un sitio dentro de su ser. De similar forma, cuando nosotros nos dormimos, Él se manifiesta en nuestros sueños, nos habla, es el momento en que nosotros le hacemos un sitio a Él para que nos dé sus mensajes. Para decirlo de otra manera, es el momento en que Aquello que no es como nosotros se comunica con nosotros. Evidentemente, es un tema que no resulta fácil. Estamos demasiado habituados a antropomorfizar a Dios como ya lo hacía notar Jenófanes hace dos mil quinientos años. Cuando se hablaba de los ángeles, los "mensajeros" de ese Dios viviente, automáticamente la gente los corporizaba, y así también con Dios, de modo que a pesar de sus propias recomendaciones a los seres humanos para que no se hagan imágenes de ninguna naturaleza, debía aún satisfacerse esa necesidad de ver algo tangible a tal punto que se tuvo que erigir un templo y colocar allí el Arca de la Alianza. Allí estaba Dios. ¡Cuánta estéril contienda se ha generado a causa del enfrentamiento entre los iconoclastas y los iconodulas, los rompedores de imágenes y sus contendientes, los que las veneran!.

         Entretanto, algunos lo percibían en su ser interior, lo escuchaban, y lo explicaban a sus congéneres en un lenguaje que, ora se interpretaba correctamente, ora se lo distorsionaba. Los sueños constituyen un tema recurrente en los textos considerados sagrados. En el Nuevo Testamento, para no mencionar sino los más resaltantes, están los episodios de los mensajes a José, el esposo de María, para emprender la huida a Egipto y luego para volver de allí, el sueño de Pedro narrado en los Hechos de los Apóstoles en el que se le revela lo injustificado de sus aprehensiones en contra de los alimentos considerados impuros en el judaísmo, sin olvidar el ángel que en sueños se le presentó a José para decirle que María había concebido del Espíritu Santo. Tampoco se puede soslayar el anuncio del ángel a María mientras estaba sumida en oración, que constituye un trance similar al sueño, lo mismo que la meditación que es una práctica equiparable a la oración.

         Dios, por tanto, se comunica con sus criaturas. Solo es cuestión de disponerse a escucharlo.

         En tiempos pasados, en aquellos en que se escribieron los textos considerados sagrados por nuestra tradición, y aún, hasta mucho después, no había inconvenientes en creer que estas comunicaciones eran reales, sea que se las entendiera literalmente, sea que se las configurara en su verdadero sentido, vale decir, que Dios se hacía sentir a través de una voz interior que hacía llegar sus mensajes a quienes se disponían a escucharlo. Éstos sin embargo eran los menos. Un ejemplo de alguien que ya por ese entonces declaró sin ambages que Dios le hablaba fue Sócrates. Éste le denominó a Dios su demonio. El sentido de esta palabra dentro del contexto empleado por Sócrates es sin duda el del otro yo, el adversario (daimon, en griego, de donde viene demonio, quiere decir adversario, el que se opone, es decir lo opuesto al propio yo), que hacía oír su voz independientemente de su voluntad consciente. Hay que distinguir muy bien el significado del vocablo dentro del contexto en que fue utilizado, ya que con el correr del tiempo demonio llegó a identificarse con el enemigo, equiparándolo con la palabra satán, el resistidor u oponente, de origen hebreo, que originalmente tampoco tenía una connotación necesariamente maléfica, pero de similar forma también fue cambiando de significado por influjo del zoroastrismo que divide a las fuerzas que gobiernan el mundo en los opuestos Ormuz y Ahrimán, dioses que personifican el bien y el mal, respectivamente. Ya en tiempos de Cristo, la tradición judía personificaba a las fuerzas del mal en Satán, y el mismo Jesús por lo general emplea esta palabra con esta acepción, que era la corriente. Sin embargo, el demonio es también esa fuerza interior impersonal, está constituido por esas energías síquicas que no responden necesariamente a nuestra voluntad consciente. Se trata de distintos matices o acepciones que se aplican a la palabra según le convenga. Es a esta fuerza interior impersonal que para mejor comprensión fue personificada endilgándole un nombre a la que Sócrates se refería llamándole su demonio. Éste "le hablaba", hacía escuchar "su voz" en "los oídos" de su mente o conciencia.

         Jesús, el Dios hecho hombre, el YO SOY que SALVA (esto es lo que significa su nombre: Yavé salva), lo expuso claramente en varios pasajes de los Evangelios: quien tenga oídos oiga. No todos tienen oídos para escuchar esa voz que se desliza en la conciencia. Sin embargo, si fuera a indicarse una manera para alcanzar a establecer esa comunicación se diría que la clave está en prestar atención. Dios efectivamente habla al ser humano que está dispuesto a escucharlo, y es posible entablar con Él una conversación fructífera, fecunda, creativa.

         Estos apuntes que los he titulado Conversaciones con mi demonio pretenden mostrar cómo es posible esa comunicación. Emulando a Sócrates, paradigma incomparable, he denominado a Dios mi demonio. La intención es, entre otras cosas, despejar los equívocos a que inducen las palabras, liberarse de sus trampas en las que tan frecuentemente estamos atrapados, exorcizar si fuere posible a ese hechizo maléfico causante de disensiones que impiden el entendimiento, tratar por medio de la paradoja de restituir al lenguaje su función genuina para la comunicación y la comunión entre los seres humanos.

         Nos cuentan que Mahoma decía que los sueños son una conversación del hombre con su Dios. Carl Justav Jung afirmó por su parte que los sueños son las manifestaciones no falsificadas de la actividad creativa del inconsciente. Cuando comencé estas anotaciones no tenía noticias de estas sentencias atribuidas a estos notables personajes, y sin embargo, toda la estructura de la obra descansa sobre estas premisas, como puede apreciarse de su contenido. De hecho, Jung dice claramente que nada obsta para que al inconsciente se le asigne el nombre de Dios, al fin de cuentas se trata solo de nombres que intentan expresar algo que en esencia es inexpresable.

         Conversar con Dios es pues conversar con uno mismo, en cierto sentido, pero en otro sentido muy real es también conversar con algo que está mucho más allá de nuestro limitado ser, limitación que es menester aceptar pues como "hijos" que somos de Él debemos saber que somos "distintos" y que El es mayor que nosotros. Lo dijo así el propio Jesús: El Padre es mayor que yo. Por otro lado, la "creatividad" es inherente a la naturaleza del "Padre", puesto que nos ha creado a nosotros y al universo, y por cierto, nosotros somos "co-creadores" con Él de toda realidad, en cuanto que ésta existe "gracias" a nuestra mente que la configura ínterin somos conscientes de ella. De ahí que en nuestros sueños esa actividad creativa se manifieste con particular énfasis y sinceridad, pues se diría que allí estamos "a solas con Dios". Dios impera en la región del inconsciente (que es Él mismo) donde nosotros no penetramos, y cuando se pone a "trabajar" estando nosotros dormidos, se "junta" con nosotros y afloran en nuestra conciencia mundos maravillosos, frutos de nuestra aptitud creativa. De esa forma se manifiesta ese eterno principio de todo ser que proyecta y disipa mundos, que está en cada uno de nosotros, pleno e indivisible, para decirlo con las hermosas palabras de Borges. Quien, como siempre magnánimo, nos cuenta en otra de sus páginas esta hermosa frase escrita por Novalis, que quizás venga a cuento decirlo: la vida no es un sueño, pero puede llegar a ser un sueño.

         Sirvan estos conceptos como introducción a esta obra que como todas las que he dado a luz persigue afanosamente escudriñar la verdad de nuestra naturaleza esencial, con la convicción de que los pensamientos en ella vertidos podrán contribuir a enriquecer el sentido de la vida y del universo de cada cual que, por acaso, con ellos se vincule.

 

         Asunción. 15 de noviembre de 2003.

 

 

 

I. EL INCONSCIENTE ATANDO CABOS

 

         «Los sueños son mensajes no falsificados del subconsciente.

Por eso usted puede ser el maestro de sí mismo»

(Martín Claret).

 

18/05/2000

 

         «Te la entrego limpia de la cabeza a los pies», es el pensamiento que en mi mente se fue formando sola, un día de estos al transitar suavemente desde el estado de sueño al de la vigilia.

         He visto en sueños un banquete, donde era de rigor tomar previamente un caldo. El caldo que indefectiblemente debo tomar antes de ser admitido como comensal en ese banquete.

         De manera similar recibí el mensaje onírico de que debo arrancar las malas hierbas del sembradío que me atañe. «Ñana cheko kue gui», para sobrellevar las penurias del camino que aún debo recorrer hacia mi purificación.

 

         Curioso sueño el que tuve anoche, en donde le requería de una recomendación a una persona que ostentaba una jerarquía en algún ente estatal relacionado con la distribución del agua. La escena de ubicación del episodio onírico era el «PC» (Puesto de Comando) de Lino Oviedo en Villa Elisa y el personaje en cuestión, una especie de militar retirado. Al principio parecía predispuesto a otorgarme la recomendación o especie de venia que me permitiría ir a ayudar a los pobladores de un lugar no lejano de allí para proveerse del agua, pero luego se mostró reacio y malhumorado por lo que exigí con modales más bien rudos a que me lo diera y cuando no lo conseguí le pregunté si a quien debía pedirle para que le ordenase hacerlo, lo cual le hizo reaccionar con ademanes de venir a las manos en contra mía, a lo que respondí de igual manera sin exteriorizar temor difuminándose entonces la violencia. Al salir del lugar con un grupo de gente comentamos el hecho de que los pobladores recibirían el agua a través de conexiones que hacían con sus vecinos, específicamente tres de ellos que se hallaban conectados a la fuente de provisión de agua y que de sus cuentas en la cooperativa serían debitadas las deudas de los otros consumidores con lo que sus problemas serían resueltos.

         La clave del asunto está en que el sueño en cuestión constituyó la clara respuesta a una situación conflictiva que se debatía en mi mente desde días antes. La duda de requerir o no a los jueces sus pronunciamientos en término conforme a la ley y en caso de no obtenerlos acudir en queja al superior. Obviamente yo debo limitarme a cumplir con mi deber legal sin parar mientes en el enojo o no de los jueces ni en el resultado del litigio, que de todas maneras las aguas llegarán a sus destinatarios, tal como corresponde, que ello en última instancia no depende de mí.

 

         Ejemplos de mi inconsciente atando cabos. Cinco imágenes semioníricas que advienen en el estado de meditación:

         a) Alguien, una persona con forma masculina, quizás yo mismo, y de hecho tal es la idea, a pesar de que lo veo separado de mí, que se sienta mientras yo «siento» que carece de peso. La sensación es de solo una fracción de segundo, pero es nítida.

         Deducción: Voy aprendiendo a volar.

         b) Un vehículo grande de forma cuadrangular, parecido a un tren, se desplaza a enorme velocidad. Pareciera incontrolable; sin embargo frena de golpe con una suavidad inesperada y sorprendente, por cuanto usualmente la inercia requeriría de una gran violencia para tornarlo a su estado de reposo.

         Deducción: Mi ser está aprendiendo a soportar las leyes naturales. Con el control de mis poderosos impulsos básicos y primitivos, consigo no hacerme añicos constantemente,

         c) Aparece un agente de policía sentado encima de un muro con su uniforme observando.

         Deducción: Se incrementa mi capacidad de vigilancia sobre mí mismo.

         d) Un nutrido grupo de personas dentro de una plantación de frutales estrechamente unidos y abrazados; plantación ubicada en un sector de «Paraíso», aunque no en el mismo lugar donde estos se encuentran realmente. Me viene a la mente la idea de la invasión de los ingleses. Me desconcierto pero más tarde recuerdo un episodio narrado por Isaac Asimov cuando un Papa se había referido a un personaje, creo que un predicador llegado a Roma de tierras británicas, cuando le dijeron que era «anglo», manifestando a propósito de ello que realmente era un «ángel», al ver los largos cabellos rubios de que estaba dotado.

         Deducción: Los ángeles están regresando masivamente a la tierra.

         e) Unas cartulinas para dibujar con la idea de que son para que pueda yo hacer mis ejercicios y la visión de que una, con la que debo comenzar en ese momento, está rota.

         Deducción: Que es momento de hacer mi práctica diaria de meditación, aunque una vez consultada la hora se vea que ello ya no será posible, pues apenas faltan 20 minutos para la partida (5.40 am), lo que explica la rotura de una de las cartulinas.

 

 

II. MENSAJES DE LA NATURALEZA IMPERSONAL

 

         «Los sueños son inspirados al hombre para su provecho e instrucción»

(Artemidoro de Éfeso).

 

 

27/05/2000

 

         Dos frases que se presentan en mi mente al despertarme, como tantas otras en otras veces, que no son fruto de la elaboración consciente sino mensajes de la naturaleza impersonal que están ahí, parafraseando a Borges, como los planetas y los vegetales, obrando simplemente en ausencia del yo:

         1.- «Esto es el estatuto»; lo cual me sugiere que ciertamente mi actual interpretación de la realidad o, como dirían los budistas, «del Dharma» o «de la Ley», es la que corresponde. Es, para decirlo con las palabras del Evangelio, el verdadero significado que Jesús vino a dar a la ley de Moisés, que para mí se hizo patente con mis nuevas creencias en las premisas fundamentales contenidas en las enseñanzas de este maestro.

         2.- «Esto es legalmente la luz». Es el remache de lo anterior, referido naturalmente a Jesús, la luz del mundo. Ciertamente también a todos los que consigan ser llamados hijos de Dios, no por voluntad de varón, ni por la carne ni sangre, sino por voluntad de Dios.

 

 

III. LA ESENCIA IMPERSONAL DEL SER, Y EL CUERPO, SU INSTRUMENTO PARA LA REALIZACIÓN DE LA CONCIENCIA

 

         «Estamos hechos de la misma madera que los sueños»

(Shakespeare).

 

16/06/2000

 

         Mi ser habla y dice cosas coherentes cuando está sumergido en lo más profundo del sueño. Ayer habló sobre «la fórmula» en una frase completa cuyos términos precisos ya me olvidé, pero hacía referencia a que la fórmula es como los principios o la clave que uno debe descubrir dentro de sí mismo para saber actuar espontánea o automáticamente, operando aquella cual cimiento que sustente dichas acciones.

         Hoy aludió a la muerte que hace que las ideas o construcciones intelectuales queden desfasadas tras sobrevenir aquella, por la celeridad con que acontecen los cambios. Evidentemente, y se trata solo de una confirmación más, el ser de uno es en su esencia impersonal, empleando al cuerpo solo como un instrumento de realización de la conciencia. La cual consiste en la aptitud para llegar a saber ser sin el cuerpo, sin este cuerpo contingente, personalizado, burdo y pequeño, ya que en esa instancia es lícito entender que todo el universo es susceptible de ser considerado como mi cuerpo, que se experimenta fundamentalmente con la práctica de la meditación, aún cuando esa misma experiencia cuesta mantenerla por largo tiempo porque los pensamientos no nos dan descanso. Constituye el nirvana del budismo; en ese estado sobreviene la ausencia de deseos. Nuestro ser deja de ser empujado por este impulso o estirado por aquel otro. Permanece inalterado en medio de todos los cambios que se van sucediendo incesantemente en el universo, sea en el interior o en el exterior de nuestro organismo. Para ese estado, en el entretanto, no transcurre el tiempo, ni tampoco hay espacio. También el yo se ha esfumado.

 

 

18/06/2000

 

         La frase que hoy «profirió» dentro de mi mente la Inteligencia Impersonal, pasando por mi conciencia veloz como una ráfaga: «Jesús es el vigor» o, caso de error, «En Jesús está el vigor».

 

 

IV. LE GANASTE AL BUDA

 

         «Los sueños son las manifestaciones no falsificadas

de la actividad creativa del inconsciente»

(Jung).

 

24/06/2000

 

         La frase hecha que «aparece» en mi mente que la capto «al vuelo» en esta mañana: «Los dos son etapas». Precedida de una breve elaboración, o ensoñación, o mejor dicho, su advenimiento en mi conciencia tuvo como antecedente unos pensamientos que estuvieron rondando por mi cabeza en lo que era como una rememoración de una conversación que tuve en el día de ayer con Pablo Emilio, tras terciar en una discusión que estaba manteniendo con Leonardo, en cuya circunstancia les cité el siguiente dicho del Dhammapada: «Los ganadores cosechan odio, porque los vencidos sufren. Solo quien ha renunciado a la victoria y a la derrota encuentra la felicidad». A lo que Pablo Emilio replicó: «Yo digo lo mismo, pero mejor, en algún lado, pero ahora no recuerdo los términos exactos», o algo así. A lo que yo le contesté: «No basta con decir, hay que practicarlo». Siguió luego un breve intercambio de frases, pero lo que rescato es que en mi mente quedó flotando el episodio y ya antes de la ensoñación que desembocaría en la admonición de mi demonio varias veces se me ocurrió que la acotación que pude haberle hecho a Pablo Emilio ante su réplica a la cita susomentada era: «Le ganaste al Buda».

         Empero, «mi demonio», como el de Sócrates, o «el Padre», como le llamaba Jesús, o «La Inteligencia Impersonal de la Naturaleza» como me referí a Ella varias veces anteriormente, terció en la disputa, ya que como dije los pensamientos aludidos se encontraban merodeando nuevamente por mi cabeza, cuando, tras caer en una ligera ensoñación me habló depositando en mi conciencia la frase susodicha: «Los dos son etapas». Referida obviamente a Pablo Emilio y a mí, ambos embarcados en nuestro proceso de «autoconstrucción» que aun no ha culminado.

         Y que ciertamente me indica también que mi respuesta a la réplica de Pablo Emilio fue la adecuada, pues la otra que después mi mente elaboró no era sino fruto de la «competencia» que ella estaba haciendo con la de él, queriendo salir gananciosa en la contienda, al retrucarle que «él le ganó al Buda». Sin descartar el toque humorístico de la acotación, que constituye también «la sal de la vida», el hecho de que el episodio me viniera a la mente revela inequívocamente mi propia imperfección dentro de las «etapas» que aun debo transitar hacia la meta final, tal como me lo hace saber esa Inteligencia a la que se le ha dado tantos nombres, entre ellos, uno no menos apropiado, el de Carl Gustav Jung, «El Inconsciente Colectivo».

 

 

 

V. LA «REGIÓN DEL SUEÑO», ESPACIO UBICADO «DEBAJO» DE «LA REGIÓN DEL ESTADO DE VIGILIA»

 

         «La realidad no es menos real que el sueño»

(Jorge Luis Borges).

 

27/06/2000

 

         La frase que hilvana en mi mente «mi demonio» en el preciso momento de sumergirme en la «región del sueño», nítidamente diferenciada por la conciencia, al ser visualizada como un «espacio» físicamente «palpable» ubicado «debajo» del existente en la «región de la vigilia»: «Llámale a Warani para preguntarle cuándo y cuánto cuesta el curso que va a venir a impartir Chamalú».

         Otra frase, o mejor, un aborto de ella: «Mató al in-tacto», sintiéndose durante el lapso de su construcción que el «in» iba a ser «instante» pero se «frustró» y se fusionó con «-tacto», que a su vez era previamente «contacto» perdiéndose su comienzo, convirtiéndose ambos en «in-tacto».

 

28/06/2000

 

         La Inteligencia Impersonal que impregna a la Naturaleza, y por ende, también a mi ser, se manifiesta en mis sueños, o para decirlo de otra manera, en mis estados mentales situados en la «región onírica», obviamente «inconsciente», y vierte en ellos frases u oraciones enteras, plenos de significado. En esta noche al menos dos veces así ocurrió, y si no atiné a anotar esas expresiones, que contenían notables ideas, frutos de elaboración completamente inconsciente, porque opté por no interrumpir mi sueño (cabe apuntar que al momento de aflorar en mi mente las ideas me sentí «consciente» y con «libertad» para despertarme o no, pero preferí lo primero), no obstante haberme olvidado de ellas, la sensación de pasmo y de sorpresa que me provocaron al «aparecer» en mi mente sin que «mi voluntad personal» intervenga para nada, perdura sin embargo en mí gratamente.

         En verdad, la lección que entrañan queda en mí pues claramente entiendo que esa es la manera de ir consolidando mi percepción de que yo no soy en última instancia otra cosa que esa Inteligencia Impersonal, consolidación que requiere de un proceso gradual en el que se encuentra embarcado mi ser individual que debe aprender a «insertarse» con aquella para vivir definitivamente «integrado» en ella.

         Una fugaz imagen onírica de esta misma noche refuerza la lección: Escucho (en sueños) que me preguntan si de qué Club soy, y respondo en «idioma» infantil: «De Cedo Poteño». Al punto me viene a la mente, asociando a todo lo anterior esta imagen, que en el «proceso» de que hablaba, estoy en la etapa en la que se encuentra un bebé cuando empieza a hablar, un poco como mi nieto Joa, en el camino emprendido de mi «nacimiento espiritual».

 

 

VI. EL ESTADO ESENCIAL DEL SER, LA ARMONÍA

 

         «No hay nada como soñar para crear el futuro»

(Víctor Hugo).

 

 

 

 

29/06/2000

 

         La imagen onírica digna de registrar, dentro de la intensa actividad que en esta materia estoy teniendo desde hace mucho tiempo:

         Me veo tratando de arrancar un fruto de un frondoso árbol y escucho esta voz: «Nde reju ape re aprende haguãnte» (Tú viniste acá solo para aprender). Al punto me viene a la mente el mito bíblico del fruto prohibido, y recuerdo mi propia interpretación del mismo ya expuesta en mi «Nuevo Itinerario». La admonición de mi demonio confirma inequívocamente aquella interpretación, como puede verse.

 

03/07/2000

 

         La Voz que esta vez «suena» cantando en mi mente, en estado de somnolencia: «Soy una música papá, traigo una fotografía...». Alude a mi ser que va alcanzando su estado esencial, la armonía, y que, finito como es en su calidad de «ser creado», es una imagen, una representación, una palabra, una fotografía....

 

 

 

VII. «ESTA HISTORIA NO TIENE SENTIDO; USTEDES DEBEN DARLE EL SENTIDO»

 

         «Platón sustentaba la opinión moderna de que los sueños

revelan la verdadera naturaleza de una persona»

(Departamento de Investigación de la Editora Martín Claret).

 

04/07/2000

 

         «Dios es no cómodo...», y algo más que no me acuerdo musita la voz de mi «subconsciente» entremedio de mis sueños. No es fácil interpretar cabalmente esta «idea» elaborada por la Mente Impersonal.

         Con el método indicado por Freud, que no deja de ser atinado hasta cierto punto, de asociar las rememoraciones conscientes que provoque, pedazo a pedazo, se presentarían sin embargo demasiados episodios que dificultarían la aplicación del caso a algo específico, porque a la postre «Dios» es nomás luego «no cómodo», como ya lo vengo comprobando desde antiguo. El que se «acomoda» se estanca y Dios es Espíritu que fluye como el agua y como el viento dentro de nosotros los seres creados. Hay que vigilarse y no hacer concesiones en ese cometido, para fluir con la corriente de ese espíritu, para vibrar con la misma frecuencia en la que él vibra, para sintonizarse en la misma onda en que se propaga. Solo estando alerta se puede conseguirlo. Y por cierto, en esa instancia uno se siente transportado raudamente, sale al encuentro de los sucesos que acontecen medidamente, sincronizadamente, se constata que la vida misma es una danza cósmica a cuyo ritmo uno debe adaptarse para realizarla como es debido.

         Pero volviendo a la «idea», ella en verdad integra unos episodios oníricos concretos que no es el caso narrarlos en detalle, pero a los que corresponde tener en cuenta para la justa interpretación del «mensaje» que envía esta vez mi «geniecillo» impertinente.

         Las escenas que desfilan vívidamente en el escenario de mi dormida conciencia están constituidas con la participación de mi esposa, una jovencita no identificada, Natalia la sobrina de Vivi, y otros que no recuerdo.

         Inicialmente tengo como un deseo de que la jovencita me preste su atención, aunque con cierto recelo por la presencia de mi esposa, y transcurrido un momento, cuando ésta decididamente se dirige a mí exteriorizando con ademanes y palabras un vivo interés hacia mí, yo reacciono y le propino una dura tunda con unas correas que tenía en mi poder.

         La chica siente un intenso dolor, no solo físico sino también psicológico ante lo que considera una injustificada reacción, llora, recrimina, indicando que la iniciativa para su coquetería había partido de mí, insinuando mi incoherencia. Tercia Natalia apoyándola y solidarizándose con su congoja.

         Hasta aquí el episodio del que extraigo el siguiente significado:

         Mi ser íntimo y profundo experimenta un sentimiento de culpabilidad por mi incapacidad para conseguir el dominio pleno de mis impulsos primarios; se trata de una especie de «remordimiento» por no poder ser plenamente coherente, fundamentalmente en lo referente al sexo, que a estar por la imagen onírica más bien lo reprimo antes que controlarlo y dominarlo.

         Obviamente, cuesta un perú ser siempre coherente, en todos los órdenes, a pesar del empeño, por lo que la sensación de impotencia es propicia para generar algún remordimiento inconsciente.

         Tal es pues una de las interpretaciones posibles, y ciertamente, plausible.

         De hecho, yo me suscribo a Jung más que a Freud en este tema de la interpretación de los sueños, aunque tengo mi peculiar óptica que no coincide tampoco en un todo con lo que postula el primero.

         Así, para la interpretación junguiana, todos los personajes de mi sueño serían en realidad yo mismo, o mi proyección, y ello tiene un sustentamiento enteramente racional, ya que todo se desarrolla en «mi interior».

         Pero yo voy más lejos, pues mi teoría es que incluso los sucesos y personajes de nuestro estado de vigilia también somos nosotros o, en otras palabras, es creación nuestra, de nuestra conciencia, se trata de una proyección de nuestro yo. Similarmente a como en sueños no depende de «nosotros» enteramente la reacción de «los demás personajes» que en ellos participan, tampoco en el estado de vigilia está en nuestras manos controlar plenamente eso, aunque en cierto grado sí podemos conseguirlo. Ello es evidente, toda vez que cualquiera puede constatar que mi buen humor genera armonía en reacciones previsibles de los otros y viceversa. En suma, «somos los otros» y «los otros son nosotros», estado de conciencia que es imprescindible adquirir para funcionar debidamente en este universo. La conciencia es una sola y ella es la creadora de toda realidad.

         Y cuando se manifiesta en sueños, creando realidades «de la nada» en «nuestro interior» es cuando nos damos cuenta más claramente que ella opera en un plano donde nuestro pequeño «yo» no es sino un adminículo que debe actuar insertado en su movimiento armonioso del que todos formamos parte integrante.

         Volviendo pues a la «idea» que aflorara en mi mente, ella fue fruto de la elaboración de esa Conciencia Impersonal que como colofón de esos sentimientos un tanto contradictorios que palpitaban en lo profundo de mi ser, me recuerda que desde luego «Dios es no cómodo», y debo persistir en el esfuerzo denodado por purificarme con todas las incomodidades que ello entraña.

         Cabe agregar que otras imágenes oníricas también precedieron a la frase acuñada por mi «subconsciente», entre las que recuerdo aquella en la que me veía en el interior de mi automóvil que estaba siendo empujado y alzado hacia una especie de plataforma de cemento a través de unas escaleras que conducían a ella, por medio de un tractor o un montacargas que lo veía yo venírseme encima chocando y empujando impertérrito ajeno al pavor que me provocaba, aunque en cierta forma yo sentía la necesidad de ser llevado de esa manera a lo alto de la plataforma.

         También es bueno acotar que con Leonardo estuvimos abordando varias veces en nuestras conversaciones el tema del «acomodo» y de la «pereza» como contraproducente para quien se decida a emprender el camino hacia la salvación. Asimismo, que en el día de ayer se llevó a cabo una audiencia judicial en un caso que atiendo de unos obreros que trabajaban con montacargas.

         Todo lo cual indica la diversidad de elementos que entran a tallar para la configuración de los episodios oníricos. De hecho, la variedad y riqueza de la realidad torna difícil atribuir un significado asertivo completamente lógico o racional a los sueños.

         No obstante el significado real debe extraerlo uno mismo en base a lo verdaderamente sentido y experimentado. Pues, como decía un contador de historias: «Esta historia no tiene sentido; ustedes deben darle el sentido».

         Así también son los sueños. Y la vida misma. A nosotros nos toca darles sentido. Porque si no se los damos, pues carecerán de sentido.

 

 

VIII. LOS SUCESOS QUE NOS DEPARA CADA DÍA: LA OPORTUNIDAD DE VIVIR UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA

 

         ¿Cómo puedo saber si soy un hombre que ha soñado

ser una mariposa o sí soy una mariposa que ahora sueña ser un hombre?

(Chuang Tse)

 

12/07/2000

 

         La imagen onírica que surca rauda mi campo mental durante una breve irrupción en la región del ensueño: Los rasgos borrosos de una mujer embarazada cavilando en medio de un embrollo del que no puede salir, quien dice: «Quisiera un hijo que me traiga claridad».

         La interpretación que le doy: Me evoca a mi amiga Lourdes Ortellado tras la búsqueda de la iluminación, y la idea de que ella (la iluminación) le ha de llegar a través del Hijo Unigénito de Dios que debe germinar en el interior de su ser en donde se encuentra en «estado de fecundación».

 

26/07/2000

 

         Días atrás me dijo mi demonio: «Aquí tienes tu margarita de la suerte: deshójala».

         Lo decía él en referencia a la idea que revoloteaba en mi mente o mejor, al destello que asomó a mi conciencia para hacerme ver que los sucesos que nos depara cada día no son sino la oportunidad de vivir una aventura extraordinaria, en medio del asombro que provoca la dosis de incertidumbre implícita en todo hecho futuro, lo que entraña en sí una inmensa satisfacción al comprobar que ello apareja la verdad indiscutible de que somos nosotros los catalizadores de esos sucesos a través de ese margen de libertad de la que estamos dotados, puesto que somos nosotros, a la postre, quienes deshojamos la margarita de la suerte.

 

 

IX. CÓMO TRASCENDER ALLENDE LAS FRONTERAS DE LAS EXTREMIDADES CORPORALES PARA REALIZAR SIMPLEMENTE LA DICHA

 

         «El dios creó el sueño para indicar el camino del durmiente

cuyos ojos están en la oscuridad»

(Libro de Sabiduría, texto demótico del antiguo Egipto).

 

19/07/2000

 

         Variadas ideas afloran en mi mente recreando incesantemente la realidad que me concierne, en consonancia con mi concepción del mundo, tal que me cuesta registrarlas en cada caso.

         Digo así que sé ahora cómo trascender allende las fronteras de mis extremidades corporales para realizar simplemente la dicha. Supe también por ese medio que todos los adminículos que nos facilitan nuestro desenvolvimiento en este mundo, tal como este mismo bolígrafo con el que escribo y el cuaderno en que lo hago, así como los innumerables objetos de que me sirvo, la cama, el velador, mis ropas, el edredón, todo contiene el espíritu de nuestros ancestros que literalmente se han brindado para legarnos tales utensilios.

         Aunque nos cueste aceptar, cada instante presente contiene «en bloque» toda la «carga» de la energía síquica que se despliega por el universo a partir de la creación, y es esta suma la que comprende a los espíritus benéficos (sin descartar a los maléficos que van menguando paulatina pero inexorablemente) que se hallan incorporados en las cosas que nos sirven para continuar realizando el mundo.

         Otra de las ideas que se me ocurrieron es que la pizca de «materia» que siento diluirse en el campo de mi conciencia infundiéndome dicha y regocijo es tan ínfima que sorprende que se propague tan integralmente, como corriente eléctrica que inunda todo mi ser.

         Estando en estado de meditación avizoré el fluir de una sutilísima energía dentro de mí, tal que la identifiqué como la surgente que desde el Ser Eterno se abría paso en el terreno de mi mente para fortalecerme.

         Cuando me puse a dormitar esta siesta, experimenté ser una suave llovizna sobre una tierra plana, y también esta tierra que se sacudía el polvo con cada gota de lluvia que le caía encima.

         Se me hizo que Dios me permitió sentirme en la «forma» que Él siente, sabiéndose la lluvia, y la tierra, y el polvo, cual una vaga y oscura intuición de lo que Él siente, que no obstante me hizo pensar que estoy en el camino para alcanzar a ser llamado hijo de Dios.

 

20/07/2000

 

         Esta siesta, en estado de relajación y quietud, sumido un sí y un no en sopor, estuve jugando con las imágenes y las palabras. Era un lindo juego. Cabe describirlo diciendo que me sentía como si estuviera consciente de mis sueños. ¿Puede alguien imaginar ese estado?. De hecho es lo mismo que me pasó cuando me sentí ser la llovizna y la tierra que mojaba esa llovizna, y el polvo que levantaba esas gotas de lluvia. Más en este caso las imágenes y las palabras se sucedieron con tanta rapidez que la memoria era incapaz de registrarlas. Solo estaba el «sentir» aunque «algo» queda sin duda, merced a esa tendencia a retener en la mente lo agradable.

         Ciertamente, la sensación de ser impersonal es la que alienta en mi ánimo mientras suceden estas experiencias.

         La «voluntad» que se ha retraído, para usar la figura schopenahueriana, da paso a otra Voluntad que está por encima de los «quereres» egoístas y se asombra y regocija con esa increíble sucesión de «pensamientos» en forma de palabras e imágenes que brotan como por generación espontánea en el «campo interior» de mi conciencia dándome la sensación de ser testigo y partícipe de la creación misma de ellas apreciada en toda su pureza.

         El hecho de estar en el «campo interior» de mi conciencia, que es una forma de indicar que guardo clara noción de que los «sucesos» se generan en mi «ser interior» (lo que me permite «saber» que en definitiva todo lo que allí aparece son a la postre «yo mismo») le da el toque de distinción a dichas palabras e imágenes.

         En efecto, en el estado normal de vigilia todas las «cosas» son más rígidas, no pueden ser divorciadas de ese subyacente sentimiento del «yo» separado de ellas, sentimiento que lleva implícito la «carga» del tiempo y el espacio propios, la sensación del hombre «situado» cronológica y espacialmente, todo lo cual confiere a esa «realidad» una especie de automatismo inevitable, algo así como una restricción impuesta a la libertad personal.

         En el otro estado en cambio, en el que también están presentes los «seres» que atañen a mi mundo, mi esposa, mis hijos, mis amigos, mis ideas, sobre los que tampoco, como en el anterior, poseo poder alguno para «controlarlos», todos ellos están dotados de una rauda flexibilidad, parecieran gozar de una libertad que en cierto modo «me perteneciera», aunque ella fuere «impersonal» pues se trata de algo inherente a la misma naturaleza de las cosas, se diría que surge espontáneamente en medio de ellas. Otra de las características de estas «visiones» es que ellas, con ser tan vívidas, producen la impresión de ser más «reales» que las contempladas en el estado ordinario de vigilia. Se diría que la conciencia cobra mayor lucidez al mirarlas, se «fija» más en ellas, lo que permite «sentirlas» con mayor intensidad, en contraposición a lo que acontece en el estado ordinario donde los objetos y sucesos pasan desapercibidos ante nuestros ojos por la indiferencia que nace del ciego hábito.

         En resumidas cuentas, se trata de una experiencia integradora en la que adviene una sensación de pertenencia al cosmos, un acercamiento al estado mencionado en el primer capítulo del evangelio de San Juan como el de la potestad de ser llamado hijo de Dios, al sentirse partícipe de su naturaleza esencial.

 

21/07/2000

 

         Al trasponer la frontera del sueño a la vigilia mi conciencia enlazó el pensamiento que se estaba gestando en aquel continuándolo en ésta, y así, sin pretensión de transcribirlo literalmente mi mente produjo la siguiente alocución: «La vida se desenvuelve con entera coherencia y está a la espera de que nos adscribamos a ella para obtener por nuestro lado perdurabilidad y dicha, que son inherentes a su esencia».

         La sentencia no solo fue expresada sino también sentida por todo mi ser, abarcando los instantes de la transición de un estado de conciencia (el del sueño) al otro (el de la vigilia).

 

 

 

X. LAS ENSEÑANZAS VERTIDAS POR LA INTELIGENCIA IMPERSONAL EN LA MENTE «PERSONALIZADA»

 

         «Con el sueño penetramos en el ser humano más profundo,

más general, más verdadero y más duradero,

que sigue sumergido en el claroscuro de la noche original,

donde era un todo y donde el todo estaba en él,

en el seno de una Naturaleza indiferenciada e impersonalizada»

(C.G. Jung)

 

23/07/2000

 

         No es tarea fácil asimilar y procesar todas las «enseñanzas» que la Inteligencia Impersonal vierte en mi mente personalizada, fundamentalmente mientras estoy sumido en sueños. Es usual de nominar a esta Inteligencia Impersonal «el inconsciente», denominación acuñada por Freud y desarrollada luego por Jung, el cual designa a un aspecto del mismo como «el Inconsciente Colectivo».

         El Inconsciente trabaja, o funciona incesantemente, aunque no nos percatemos de ello. Llegado a cierto nivel espiritual es dable reputar que el que allí «actúa» es la Inteligencia Impersonal, o si queremos llamarle Dios, ello es también perfectamente lícito, puesto que a través de él se manifiesta claramente aquella «Sabiduría Suprema» o «Superior» que rige el funcionamiento de la Naturaleza, incluido uno mismo, siempre que hayamos aprendido a establecer la distinción entre «Ella» y «nosotros», entre «su sabiduría» y «la nuestra».

         Ya los griegos hablaban de la inspiración que les era dada por las Musas, lo cual no es sino otra forma de configurar a esa realidad.

         En ese contexto, la prisa que impone la vida cotidiana, me dificulta frecuentemente abocarme a «procesar» o «asimilar» las enseñanzas de aquella «Inteligencia», tal como lo dije al inicio de estas reflexiones.

         Algo sin embargo voy a anotar sobre las diversas admoniciones que me viene haciendo «mi demonio».

 

         Días atrás fue ésta la «idea» que advino a mi «memoria» en pleno sueño: «Hay que trabajar por la verdad sin tomar en cuenta el resultado».

 

         Dos son las tramas tejidas por mi Inconsciente en el curso de la noche pasada ínterin estaba durmiendo.

         En una de ellas, al sobrevenir mi conciencia del despertar, advino en ella, con una certidumbre propia de las iluminaciones instantáneas, la convicción de que las enseñanzas del Cristo son en un todo consistentes con el «descubrimiento» científico de que la velocidad de la luz puede superar el límite de 300.000 kilómetros por segundo hasta 310 veces más, según la noticia publicada en uno de los diarios del fin de semana, que da cuenta de que en un laboratorio de los EE.UU. se habría «realizado» dicha medición, cuya implicancia principal es que el haz de la onda de luz «aparece» al otro lado del tubo utilizado para el experimento «antes» de que el impulso lanzado «entre» en el mismo desde el lugar en donde se origina. Ello desde luego está en consonancia con lo postulado en mi «Nuevo Itinerario Filosófico» y surge de la misma teoría de la relatividad de Einstein, en el sentido de que el tiempo es eminentemente subjetivo y que su objetivación es el fruto del concierto de las inteligencias individuales imbricadas. Ello es lo que permite entender «la paradoja de los gemelos» que postula la posibilidad de que uno de ellos viajando a una velocidad cercana a la de la luz, a su regreso a la tierra, en donde se quedó el otro que se supone «desplazarse» a la velocidad normal de los objetos de su entorno, encuentra a este último con muchos años más encima que el primero, pues la velocidad mayor de desplazamiento en el espacio enlentece el transcurso del tiempo.

         Las especulaciones que se hacen en el artículo periodístico en cuestión de hecho son conjeturas y teorías lanzadas al tanteo, pues ni el cronista ni los propios científicos parecen entender todas las implicancias del experimento, aunque se habla de la posibilidad de «viajar en el tiempo» a «través» de lo que explícitamente se nombra como «el túnel del tiempo», aunque se refuta esto mismo a continuación cuando se dice que solo la luz puede desplazarse a la velocidad mencionada, pues se trata de una onda «sin masa», contrariamente a los seres humanos u otros objetos «con masa» que no pueden hacerlo por esa misma y sencilla razón.

         Se alude también en el artículo a la «paradoja del abuelo» tan comentada en los últimos tiempos, sobre la posibilidad de que una persona que viaja al pasado pueda en ese tiempo matar a su abuelo con lo que impide que el mismo engendre a su padre y en consecuencia que él mismo sea engendrado, violándose la ley de la causa y el efecto en la Naturaleza.

         Estas paradojas son producto de la incapacidad de la mente racional para abarcar la totalidad de los sucesos o fenómenos de la naturaleza y evidencian la confusión en la que se encuentran sumidos tanto el cronista como los científicos que no pueden lograr desentrañar todas las implicancias del experimento aludido.

         De hecho, la ley de causa y efecto en la naturaleza es inviolable, mirado esto desde el plano netamente humano y no existe la más mínima posibilidad de que el nieto mate al abuelo viajando al pasado y con ello suprima la causa que permitió su propio nacimiento. No obstante lo cual no hay porqué descartar el «viaje al pasado» y también «al futuro», pues el tiempo constituye un mero «instrumento» para el funcionamiento de «la conciencia», de nuestras conciencias individuales que sintonizadas o integradas con la «Conciencia Cósmica» para quien no existe el tiempo, tienen la potencialidad de «manipular» ese instrumento para utilizarlo conforme a las necesidades y conveniencias de la «comunidad», que no es otra la finalidad de nuestra existencia.

         A propósito de esto, personalmente yo he tenido recientemente experiencias de «desfasajes del tiempo» en un episodio en el que «antes» de entablar una «real» comunicación telefónica con mi esposa, «se anticipó» el hecho, sonando simultáneamente los timbres de los aparatos telefónicos que estaban cerca de nosotros, yo en la casa de Lambaré y ella en Paraíso, sin que ninguno de los dos hayamos llamado, y cuando yo alcé el tubo y dije «hola» escuché su voz que me hablaba (mientras que ella al habilitar el aparato habló sin escuchar nada), cortándose la comunicación, tras lo cual procedí a llamarla y ella me atendió diciéndome lo mismo que «me dijo» momentos antes.

         Lo que prueba (o muestra) que «ambos viajamos en el tiempo» momentáneamente en esa ocasión. O, como me lo hiciera notar Leonardo, la misma experiencia del «deja vu» es otra de las «maneras» en que individualmente solemos «viajar en el tiempo».

         El tema involucrado en el presente caso es obviamente el de la «simultaneidad» que, conforme entiende todo el que tenga unas nociones básicas de la teoría de la relatividad de Einstein, no es lo que nuestro sentido común reputa como tal. De esa forma es como en mi «Nuevo Itinerario Filosófico» ya indicaba yo que, por ejemplo, el fin del mundo «ya se produjo» para muchos, mientras que para otros está aun a la espera de producirse. El «antes», el «después» y el «ahora» difieren según quien sea el protagonista y el observador respectiva y recíprocamente, siendo algo totalmente factible que quienes hayan alcanzado la plenitud se encuentren «viviendo» en otra u otras dimensiones o planos temporales y espaciales - instrumentos creados por la mente humana- más allá del tiempo cronológico anterior a la definitiva consumación de los tiempos que ha de significar el «fin de la historia» tal como la concebimos por esta época.

         También es importante dejar sentado que nosotros no somos, en última instancia, sino «cuantos de luz», energía condensada en un campo determinado, y que el desplazamiento de «nuestro ser» es algo fundamentalmente «interior», vale decir que, quienes están más cerca de la perfección, en el sentido ético, se van «desplazando» realmente a mayor velocidad, aproximándose cada vez más a «la velocidad de la luz», constituyendo el universo «exterior» que observamos nuestro propio reflejo, lo que implica que alcanzada aquella velocidad, nuestro cuerpo se hallará revestido de tanta versatilidad como la que poseen las ondas de luz, y estaremos pertrechados para «viajar en el tiempo» cuanto nos pluguiese.

         Puesto que «nada hay escondido que no llegue a saberse» como enseña Jesús, es evidente que desde la óptica divina «todas las cosas» permanecen sin perderse un ápice, lo que implica que, tal como Dios, al adquirir la potestad de ser llamados sus hijos, nosotros también podremos «ver» las cosas que «fueron» en el pasado o las que «serán» en el futuro, que es lo mismo que vivenciarlas tal cual lo hace el Padre, mas obviamente ceñidos siempre a sus ineluctables leyes.

 

         La segunda trama tejida por mi Inconsciente culminó con esta frase que «amaneció» en mi cabeza, juntamente con la imagen de un ser humano juvenil, casi niño, con sus largos cabellos hasta los hombros, de sexo medio indefinido tirando a varón: «Ndo je ahuvila mo'ai voi ko mitã» (No tiene trazas de jubilarse este chico).

         Era mi demonio que divertido me hablaba aludiendo al chico de mi imagen onírica con el que me identificaba.

         Explico la precedente interpretación: En corros de amigos y parientes solemos hablar jocosamente de la «jubilación» como del estado al que llegamos cuando el impulso sexual ha cesado. Días pasados ante la broma de un primo mío sobre la desgracia que implicaría la «pérdida» de tan «preciado» impulso, yo le repliqué, también humorísticamente, que no había razón para lamentarse tanto, ya que según el maestro, en el tiempo de la resurrección, los hombres y las mujeres no se casan.

         La dura porfía de este mismo impulso que pervive en mi cuerpo, evidenciada, entre otras cosas, por los mismos sueños que tuve en la noche, hizo que «mi demonio» me señalara con gracejo esta circunstancia, aunque al proceder a mostrarme la imagen de marras -en figura de niño- tuvo a bien indicarme que ya he nacido de nuevo, volviéndome apto para entrar en el Reino de los Cielos, conforme al requisito mencionado por Jesús a Nicodemo.

 

 

XI. DEJAR OPERAR A LA VERDAD DESNUDA QUE NO NECESITA DE ADEREZOS PARA PREVALECER EN TODO TIEMPO Y EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS

 

         «El soñar es un privilegio de los animales superiores y del hombre;

es decir, de aquellos que son capaces de aprender,

de sacar consecuencias de los hechos y guardar las conclusiones»

(Emilio Salas).

 

 

 

26/07/2000

 

         Lo que me susurra mi demonio al oído hace instantes: «De repente te vas a encontrar con algunos regalitos muy distintos».

         Enhorabuena. Vale para mantenerme alerta, para que las sorpresas no me sorprendan en demasía. Para que aprenda a no crearme expectativas, para que recuerde que los hechos no tienen porqué ocurrir conforme a mis deseos egoístas, que hay una voluntad mas allá de la mía que todo lo dispone como tiene que ser aunque sus designios a mí no me sean asequibles.

 

30/07/2000

 

         « Encierra tu tema» es lo que me dice mi demonio esta mañana temprano, mostrándome una computadora, una PC como suele decirse, pronta a ser «operada».

         Era, según lo interpreté, la exhortación para que procediera a ejecutar mi ejercicio habitual de la meditación o «concentración», pues tendido en la cama estaba indeciso debatiéndome entre seguir allí acostado con la posibilidad de volver a dormir, o disponerme a hacer el ejercicio del «zazen» o meditación sentada, lo que fue dirimido por mi demonio con la admonición susodicha que «se hizo presente» en mi conciencia, como de costumbre, actuando como «la Inteligencia Impersonal distinta a mí», es decir, como lo que es.

 

31/07/2000

 

         Mensaje de mi demonio, hoy en la siesta: «Nda hayhuiete ko che la mainumbýicha hasẽva nde» (Me desagrada tanto a mí el que como el picaflor lloriquea, hombre).

         Por descontado, socio, te entiendo totalmente. He de poner cuidado para evitar buscar conmover o convencer a mi auditorio dejándome llevar por mis deseos de lucimiento personal, a menudo inconscientes, sino dejar operar solamente a la verdad desnuda que no necesita de aderezos para prevalecer en todo tiempo y en todas las circunstancias.

 

 

XII. LA NECESIDAD DE QUE LA MENTE GUARDE EL DEBIDO SILENCIO PARA PERMITIR OÍR LA VOZ DE LA «SABIDURÍA SUPREMA IMPERSONAL»

 

         «Los sueños son una conversación entre el hombre y su Dios»

(Mahoma).

 

06/08/2000

 

         Mi demonio me habló un tanto confusamente, o mejor sería decir que yo fui quien solo confusamente capté su exhortación, lo que atribuyo a que mi mente no está guardando el debido silencio para permitir que él deje oír su voz.

         Me dijo algo así como que debo utilizar como materia prima el «iglú», la casa de los esquimales construida con hielo, lo cual se me ocurre entender como una admonición para controlar mis desbordes de acaloramiento en los temas que me toca abordar o en las situaciones que se me presentan para resolver.

         Hace instantes -en la siesta- me habla nuevamente mi demonio y me desliza estas dos frases al oído: «Heta ro vy'a heta ore rory, heta rojapysaka», adoptando la forma corporal de mi hermano Marcial dirigiéndose a la tía Yenny; y luego: «Jaipe'ona ndeve petei kurusu ne mba'erã ite», con la voz y la apariencia de Juan Bautista que en su alusión oral señalaba hacia una imagen que era claramente «un pedazo de la tierra desmembrado de la ídem», una especie de isla que se desprendía de la corteza terrestre y era llevada para ser trasplantada «en otra parte».

         En la primera admonición que traducido al español significa: «Mucho nos divertimos, mucho nos alegramos, con muchísima atención hemos escuchado», me sugiere que, en la reunión de cumpleaños de María Antonia, hace un rato, en la casa de tía Yenny, todo el mundo se divirtió, pero ignoró en gran medida los dramas íntimos de la vieja tía, a pesar de las protestas de amor que se le exteriorizan, ya que, según la tía, la tienen estrictamente controlada en los gastos, que se ve obligada a hacer con dinero de su propio peculio.

         De hecho, pese a la efusión y al derroche de alegría y afecto en medio de la reunión, no podía dejar de advertirse alguna pizca de hipocresía y egoísmo, enmarcados, claro está, dentro de la imperfección natural de cada uno de los presentes.

         En cuanto a la otra sentencia, la tomo como una exhortación a no mirar con ojos tan estrictos las deficiencias de los demás; si fuere posible, prescindir de toda crítica, y por el contrario, ver a todos solo con oleadas de amor.

         La traducción de la frase al castellano es la siguiente: «Desmembremos pues una cruz solo para ti». Asociada a la imagen, tanto de quien lo dijo -Juan Bautista, que está siendo aquejado de una penosa dolencia- como del «pedazo» de la corteza terrestre separado de su matriz, me sugiere la interpretación antedicha, que la veo plausible, principalmente porque fue vertida inmediatamente después de proferida la anterior. Cabría acotar que mi demonio me hace ver que soy muy estricto con los otros censurando su conducta y me plantea la posibilidad de llevar yo la cruz por ellos, si tan valiente soy. En suma, debo seguir en el esfuerzo del cambio interior, principalmente, que es lo que cuenta en definitiva. No obstante cabe acotar que en cierto sentido la admonición de mi demonio, con su habitual toque humorístico, estaba otorgando su aprobación y aquiescencia a mi participación en el evento susodicho, en el que jugó un papel importante para el sentimiento de integración la música y las canciones que interpreté acompañado con mi guitarra.

 

14/08/2000

 

         «Yo ko quiero comer la torta» exclama mi «niño» interno «nacido de nuevo», hilando esta frase en mi subconsciente mientras mi «consciente» está dormitando. Atrapo la frase al vuelo, y la «analizo» en el laboratorio de mi conciencia, que se «despierta» momentáneamente, para descubrir el sentido de la misma, que es a todas luces que «el deseo» sigue alentando en mí en alguna medida, no he llegado al grado de «no tener ya sed» y «no tener ya hambre», debo seguir purificándome, seguir en la tarea de separar la cizaña del trigo, me viene la imagen del mismo Cristo que tuvo que vencer hasta llegar a la muerte a sus tendencias primarias que le inducían a aferrarse al cuerpo. Caigo de nuevo en el sopor y he ahí que se me presenta una imagen onírica en la que estoy de un lado de una muralla donde el terreno es más elevado que del otro, mientras arrojo una hoja seca hacia ese lado; y al punto se forma en mi mente la frase siguiente, que me reafirma en la interpretación precedente que hice de la primera: «Ahora podrás ser otro ganador, de acuerdo con la misma esencia del corazón». Es Dios que me habla, o lo que es lo mismo, «mi ángel de la guarda», o «mi demonio», o «la Sabiduría Suprema Impersonal» que conduce el universo, puesto que obviamente no soy «yo», o el que corrientemente doy por tal, el que forja esa idea en mi cabeza.

 

 

XIII. LA INCERTIDUMBRE SOBRE LOS ACONTECIMIENTOS POR VENIR CONSTITUYE PARTE ESENCIAL DEL JUEGO DE LA VIDA

 

         «Hay muchas cosas que permanecen oscuras y confusas para nosotros aquí abajo:

es imposible que sea éste el verdadero estado de vigilia»

(Andreas Hartknopf)

 

18/08/2000

 

         Da gusto conversar con «mi demonio» que me habla con tanto aplomo y fluidez cuando, en ocasiones, mi mente cae pesadamente, incontrolablemente, como gobernada por la ley de la gravedad, en la región del «inconsciente», esa especie de sopor que se apodera de uno cuando de pronto se pone a dormitar «a ratos interruptus», el cual es al parecer el momento en el que mi genio juguetón tiene como el más propicio para comunicarse conmigo.

         Tres cosas me dijo hace instantes.

         «No te voy a dar luego»; fue la respuesta a unas elucubraciones mentales previas que yo estaba haciendo sobre la no poca dificultad que se nos presentaría si nos fuera dado conocer lo que pasaría con nosotros en el futuro, dando a entender claramente que esa incertidumbre sobre los acontecimientos por venir constituye parte esencial del juego de la vida para este nivel de inteligencia en el que nos movemos los seres humanos, ya que hace a la aventura y a la sorpresa como ingredientes de la dicha genuina que debe depararnos la naturaleza para mantenernos continuamente alertas en medio de la alegría y el entusiasmo.

         Tras captar al vuelo la frase antedicha, en un intervalo apenas suficiente para atraparla y procesarla someramente para darle sentido, mi demonio me espeta esta otra: «Por eso hay mas naranjas»; que como se ve, ratifica a la anterior y propiamente integra el proceso interpretativo de la misma, ya que en ella está contenida explícitamente la idea de riqueza, que para mayor énfasis estuvo como tácitamente acompañada de una «imagen mental» en la que las naranjas se presentaban en gran «variedad» de ejemplares.

         Y finalmente, como remache y conclusión de la «enseñanza» me lanza mi duende benéfico esta admonición que de por sí es lo suficientemente ilustrativa por su evidente referencia a todo lo anterior: «Na nembo vy'ai piko guyra'i kueraita operere joarõ hina nde ari» (No te produce acaso alegría que multitud de pajarillos estén aleteando sobre ti).

 

 

XIV. LAS VARIADAS FORMAS EN QUE LA NATURALEZA NOS HABLA PARA HACERNOS ENTENDER LA REALIDAD CADA DÍA MÁS

 

         «El arte de la interpretación de los sueños no se aprende en los libros;

los métodos y las reglas no son buenos más que para quien es capaz de pasarse sin ellos».

(Jung)

 

27/08/2000

 

         Muchas cosas que me hubiera gustado anotar no fue posible por la prisa en la que normalmente tenemos que caminar. Las experiencias vitales que permiten entender la realidad cada día más, tienen que ver con las variadas formas en que la naturaleza nos habla, sea a través de los sucesos cotidianos del estado de vigilia que si los entendemos mucho tienen que decirnos, sea por medio de las imágenes oníricas o los ensueños en los que nos sumimos transitando por la región del inconsciente ubicada en ese umbral que existe entre el sueño y la vigilia donde suele manifestarse explícitamente la «Inteligencia Impersonal» con admoniciones plenas de sentido. Traigo a colación algunos de los «mensajes» recibidos en los últimos días.

         En un sueño donde me veo en compañía de mi hermana Leonor, ya fallecida, en el patio de nuestra casa de la infancia, ambos mirando hacia el cielo observamos un avión que se parte en dos desde un lado de sus alas y se precipita hacia abajo, pareciera al principio a una distancia un tanto lejana, aunque a medida que se cae va acercándose cada vez más, como apuntando a la casa de una vecina que se llama doña Severiana, y luego de tocar el suelo con violencia, sus restos se dirigen hacia nuestra casa quedando finalmente en un valle que se ubica hacia el lado trasero de nuestra casa. La impresión vívida que provoca el episodio onírico está dada principalmente por la aflicción que experimento por la certidumbre de la muerte de los ocupantes del avión.

         Mas tarde, cuando me despierto, aparecen estas palabras en mi cabeza: «Animales sin especie».

         Recuerdo también que en varios sucesos cotidianos estuve en contacto mental con los «ángeles», en uno de ellos jugando a unas cartas que tienen escritos ciertos «mensajes» de los mismos; en otro mirando un programa de televisión llamado «Infinito» en el que se trataba de los susodichos; y por fin, en otro, cuando Emilianito que estuvo viendo conmigo ese programa me dijo lo siguiente: «cuando vos te conviertas en ángel me podes regalar tu oreja», a lo que yo le contesté que sí, diciéndome él que no la quería «sangrada», y finalmente que solo me lo decía jugando pues no quería que Jesús me saque las orejas.

         Conclusión: «Los animales sin especie» son los ángeles que se vienen y no son otra cosa que «los espíritus» de las personas fallecidas, entre ellas, el de mi hermana Leonor, y cuantos otros vayan muriendo, conforme surge de la alegoría de la caída del avión en mi sueño, pues evidentemente estamos «en el tiempo de la transformación» o, como dice Jesús, puede observarse que «ahí donde están los cadáveres se juntan los buitres» y también que, puesto que «la higuera se llena de brotes, la primavera está cerca», es decir, todos los espíritus están convergiendo para que pueda producirse la «definitiva purificación» para quienes se disponen a recibir a Jesús como el emisario del Padre, lo que les dará la potestad de ser llamados «hijos de Dios» revistiendo su ser de indestructibilidad para llegar a convertirse en seres dotados de la misma naturaleza que el Padre. (Post scriptum: A no olvidar que el «tiempo» es relativo y en cierta forma puede decirse que «cada uno» tiene su «propio tiempo» individual único, por lo que lo antedicho puede entenderse como que rige o se aplica exclusivamente para mí. Tal es desde luego lo que se desprende de las enseñanzas de Jesús en referencia a este tema).

 

         El sábado 26 de agosto al despertarme mi demonio deslizó en mis oídos parcamente esta palabra: «Ebanista». Se relaciona con un encuentro que tendría (y que tuve) con un grupo de gente, cinco personas, a invitación de un señor de nombre Umeyama, de origen japonés, dueño de una empresa, para hablarles sobre mi visión filosófica del mundo y de la vida, a raíz de la lectura que el mismo había hecho de mi libro «Nuevo Itinerario Filosófico».

         La palabra «ebanista» estuvo acompañada de una escena onírica en la que veía a un grupo de personas trabajando en una especie de taller con unos listados de madera fina.

         Conclusión: Todos quienes estuvimos en ese encuentro, actuamos como ebanistas, trabajando la madera fina, el ébano, de que está compuesto nuestro ser, tocándome a mí el rol de ayudar para que la luz infunda vida a esa madera, objetivo plenamente cumplido con el desarrollo fecundo y lleno de inspiración que caracterizó a la jornada, con lo que el pronóstico de mi duendecillo travieso se realizó cabalmente.

 

29/08/2000

 

         «Me pegaron, me pegaron, y me sacaron de tu persona» es lo que escucho en mi cabeza esta madrugada en medio de la modorra del entresueño.

         Me impresiona tanto, claro que gratamente, que me puse a escribir primeramente lo que faltaba para completar lo escrito en la fecha anterior (que era casi todo), antes aún de procesar el mensaje.

         La interpretación que de buenas a primeras flota en mi mente es que se trata de mi pequeño «yo», el «ego», el que me habla, y que desprendido de mi ser auténtico tras muchos golpes, está en cierto modo aun «reclamando» por ello. Claro que también entraña en cierto sentido que «él» aun está «presente», puesto que de no ser así «no me hablaría». Y al quejarse porque «lo sacaron», como un niño malcriado, está en verdad pidiendo conmiseración y clamando para «seguir» en su lugar, lo cual no es cosa a la que mi condescendiente «ser interior» se muestre precisamente reacio, pues sin duda debo seguir caminando en pos de la purificación.

 

 

XV. LA INTELIGENCIA QUE TODO LO IMPREGNA NOS HABLA A TRAVÉS DE LOS SUEÑOS PARA ENSEÑARNOS SOBRE LAS COSAS QUE NOS CONCIERNEN, Y ESTÁ EN NOSOTROS EXTRAER O NO EL SENTIDO DE ESAS ENSEÑANZAS

 

         «En el sueño, más que en el consciente,

se revela la naturaleza de la psique, conjunto de estratificaciones depositadas

a lo largo de la historia de la evolución humana»

(Jung).

 

06/09/2000

 

         Me habla mi demonio en referencia a sí mismo, pero en la « forma» en que lo conciben la mayoría en la creencia cristiana, es decir, como «ser» separado de uno y de yapa «el malo». Y me dice: «Déjale que le ladre a los otros».

         Me explico: Acompaña a la admonición precedente, que «aparece» en mi mente, la imagen onírica de un perro con soga al cuello a cierta distancia de mí, mientras suena «la voz» en mi cerebro.

         Al procesar el mensaje se me ocurre, inicialmente, que quien anda «ladrando» en demasía, soy «yo mismo», pero afino la puntería y advierto que mejor cabe configurarlo como «el demonio» o «el diablo» que con «sus ladridos» me suele «tentar» buscando hacerme perder el control de mis reacciones o sentimientos.

         Lo que me permiten deducir estas reflexiones es el proceso mental que llevó a crear el Diablo tal como se lo concibe en la creencia corriente del Cristianismo, ya que quienes desarrollan su conciencia a este nivel en que se presentan estas visiones las explicarían, si atendemos a este caso concreto, diciendo que quien profirió: «déjale que le ladre a los otros» era Dios; era Dios mismo, y lo hizo en referencia al Diablo (representado por la imagen del perro en la visión onírica), como algo separado de uno que se pasa tentando a la gente, para tratar de hacerlo comprensible a la generalidad.

         Estos por su lado, en su inocencia, tomaron al pie de la letra las explicaciones, y he ahí que nace el Mito del Demonio como ser Maléfico, que tiene como objetivo llevar al Ser Humano a la Perdición. Está claro sin embargo que todos los personajes de la historia son solo «Yo Mismo», están en mi sueño; si bien la manera precedente de configurarlos resulta también enteramente plausible. De ahí que yo dijera que «me habló mi demonio», en referencia a esa inteligencia impersonal que forja en mi cabeza a esas ideas, con prescindencia de mi voluntad consciente, que más apropiadamente puede ser llamado Dios, que hacía referencia con esta idea a sí mismo en su papel de «malo», que se pasa «ladrando», tentando a la gente.

         El consejo es por tanto que yo debo hacer caso omiso a los ladridos del «demonio», en el sentido de mantenerme imperturbable ante las vicisitudes de la vida que de continuo me ponen a prueba. De hecho, la vehemencia un tanto exagerada con que respondo a veces a los estímulos, es lo que inicialmente me hizo pensar que lo que me quería indicar la Voz es que el que ladra mucho soy «yo»; pero pensándolo mejor, el sentido de la frase dirigiéndose a mí para que le deje al animal (identificado con «el demonio») ladrar a los otros, es sin duda el antecedentemente explicado, pues de la otra forma el significado del mensaje se presenta menos convincente.

         El fenómeno de los Sueños como vivencia de la Psiquis en el Ser Humano se encuentra conectado con todo lo demás, de modo que integra a esa Inteligencia Impersonal que impregna y rige el Cosmos.

         Debe quedar claro que solo por conveniencia denominamos a ésta la Inteligencia Impersonal ya que nada obsta para que se la configure igualmente como «persona», teniendo en cuenta que ella es en verdad la Conciencia en sí, anterior a la «conciencia de ser» que el humano espécimen forja como una estructura radicada en su mente para considerarse a sí mismo como persona.

         Como ya lo dijera en el «Nuevo Itinerario Filosófico», «la Conciencia en Sí», energía primordial antecesora y creadora del Universo, que es ella misma en infinidad de formas, sabe que existe y también, sabe cómo funcionar. No solo ella tiene inteligencia para eso sino que ella es la inteligencia misma. De ahí que también sea posible configurarla como «persona» y es eso lo que hacen los que le asignan el nombre de Dios.

         Volviendo a lo dicho al comienzo, el fenómeno de los sueños integra como todo lo demás en el Universo la esencial Inteligencia que todo lo impregna y que da sentido a todo lo existente. Cabe por tanto decir que esa Inteligencia, que por razones de mejor comprensión la ponemos fuera de nosotros, ya que también está dentro de nosotros, y en cierto modo es nosotros mismos, nos habla a través de los sueños para enseñarnos sobre las cosas que nos conciernen, y está en nosotros extraer o no el sentido de esas enseñanzas. Es decir, los sueños no son algo casual y carente de significado como la mayoría cree sino que contienen preciosa y riquísima información, siempre que sepamos buscarla, encontrarla y aplicarla, y hecho esto, ellos incluso se toman en una experiencia fascinante y hasta gloriosa por la satisfacción que deparan a quienes logran entenderlo.

         De hecho, este intento de penetrar en el significado de los sueños viene de antiguo, aunque es Freud el que da inicio a un método en cierto modo racional y científico para sistematizar el trabajo de interpretación de los sueños; con lo cual también él está en la idea de que los sueños nos hablan para decirnos cosas que están en nuestro subconsciente y que nuestra conciencia ordinaria no las capta.

         Jung está en esa misma línea con diferencia de matices. El error de Freud está en que con su método de interpretación creó una simbología pretendiendo generalizar el significado de ciertas imágenes oníricas adecuándolas convenientemente a sus prejuicios científicos que de verdaderos tienen principalmente la profunda convicción subjetiva de su mentor. En esta materia no se puede generalizar a la ligera, pues los sueños se encuentran ligados tan estrechamente a los sucesos cotidianos del soñador, que no solo son personalísimos y exclusivos sino que tienen una gama incalculablemente compleja que escapa a toda clasificación posible por parte de la inteligencia humana.

         De ahí que el intento de encasillar en ciertos significados las imágenes oníricas equivalga a crear un sistema de interpretación que no difiere en lo esencial de aquel otro sistema de interpretación, el cabalístico, que viene de antiguo y que es fuente de superstición y no de aciertos con alcance de verdades científicas.

         La interpretación de los sueños por ende debe hacerla el mismo que ha soñado, pues es él quien tiene en su presencia la incontable multiplicidad de ideas y sentimientos que surgen de su experiencia personal. El sueño necesariamente debe ser vinculado con estas ideas y sentimientos, tal como desde luego lo hacía Freud con su método psicoanalítico, pero sin pretensión de atribuir significados genéricos establecidos para ciertas imágenes, pues estos significados no tienen por qué ser y de hecho, no son iguales para todos los soñadores.

         Valga esta introducción para referirme al que tuve en la misma noche de la fecha que encabeza estas reflexiones.

         Me veo en una ciudad del Brasil, en compañía de familiares, al principio una de las que me acompaña es, conforme se me presenta borrosa en mi memoria, mi hermana Rosa, la cual sin embargo más tarde es sustituida por mi esposa Viviana. Emilianito, mi último hijo es también el infaltable en el grupo; quizás también Selva, mi hija, y sus hijos; y probablemente otros, pero a estas alturas (estoy escribiendo esto el viernes 08-09-00), ya no hay precisiones en mi mente sobre estas imágenes.

         Cabe destacar sin embargo que el sueño tiene un nudo, el punto clave del que surgen las enseñanzas y hacia el cual apuntan todos los episodios que lo integran, independientemente de que, ínterin ellos transcurren, infunden ciertamente una sensación de extraordinario realismo. El olvido de los detalles que sobreviene luego, diría por la fragilidad natural de la memoria en referencia a los hechos que sabe que son ficticios, no empecé para que se extraiga del sueño en su totalidad el mensaje de sabiduría que la Inteligencia Impersonal quiere transmitir a través del mismo.

         Retomo el hilo de la historia y recuerdo que antes de entrar a la estación del tren que debíamos abordar para regresar a nuestra casa en Asunción, veo en un anuncio luminoso en lo alto una información que da cuenta de que algo así como el 82% de la población de Brasil o de esa ciudad del Brasil es víctima de ladrones; la impresión que me causa esta noticia es muy fuerte, sin embargo me convenzo de alguna manera que nosotros estamos a salvo de ellos.

         Luego me veo ingresando en la estación a través de una escalera de caracol que sube desde un nivel inferior al que estamos nosotros, me bajo hasta donde están los escalones de la escalera y subo por ella, también lo hace Emilianito, sin no poca dificultad sale al otro lado hacia arriba y en ese lugar surge un contratiempo con ciertos papeles, quizás tarjeta de crédito o documentos personales; en medio de todos nosotros aparece alguien, un hombre, que procede a romper uno de esos papeles, ante mi disgusto y perplejidad.

         Las secuencias de las escenas son algo imprecisas, pero recuerdo que en medio de las narradas antecedentemente acontece que me percato de que no tengo el dinero suficiente para adquirir los boletos para el viaje en el tren y me acomete un sentimiento de impotencia y desesperación, pero luego se aclara que con el poco dinero que me resta podemos adquirir los pasajes para un viaje en tercera clase. Luego de comprar los boletos, en plena reunión del grupo aparece de nuevo la persona que había roto los papeles anteriormente, a quien yo entrego los boletos que acabo de comprar y nuevamente procede a romperlos en varios pedazos, en actitud fría y metódica.

         Obviamente este hecho me provoca pavor, pero solo por un instante, pues en mi mente se aclara que en mi poder se hallan aun unos papeles que nos habilitan para emprender el viaje. A continuación se deshace otro equívoco, pues en contra de lo que estaba previsto, el destino de nuestro viaje no era realmente Asunción, sino que arribaríamos a Punta Porá, la ciudad fronteriza del Brasil que linda con Pedro Juan Caballero, donde vive mi hermano Cristian, y una vez allí ya no tendríamos dificultades para llegar a nuestra casa. Se me ocurre que el tren proseguiría su marcha hacia otro lugar después de Punta Porá, pero eso ya carece de importancia para mí, pues al llegar nosotros a esta ciudad en nuestro viaje a través del territorio brasileño, podremos desembarcar tranquilamente en ese lugar con lo que terminarían nuestros problemas.

         Hasta aquí la historia del episodio de este sueño concreto que de por sí es lo suficientemente ilustrativo ya que el arribo a Punta Porá me indicó inequívocamente que todos los enredos y complicaciones que se presentaban en los diversos emprendimientos que tenemos entre manos culminarían con bien.

         Punta Porá significa «confín precioso», es decir, que nuestro camino culminaría en un final feliz.

         No hace falta decir que estábamos, y aun lo estamos, embarcados en varios proyectos, entre ellos la organización de la venida de Chamalú, un poeta y filosofo boliviano descendiente de quechuas, para dictar una conferencia y dirigir un taller vivencial sobre sus enseñanzas que estaba teniendo algunos tropiezos; de hecho, la trama del sueño se tejió conjugando varias situaciones de mi experiencia personal concreta en las escenas oníricas, entre las que cabe mencionar ciertas discusiones y desacuerdos que tuve con mi hermana Rosa y con mi esposa Viviana cuyos detalles no vienen al caso, pero que se tradujeron evidentemente en episodios con secuencias muy bien hilvanadas que desembocaron en la idea del final del sueño que indicaba explícitamente nuestro arribo a Punta Porá, de donde surgía la enseñanza inequívoca del final feliz de las peripecias por las que estábamos pasando. De hecho, la enseñanza de la Sabiduría Suprema, que cuesta tanto que la entendamos de una buena vez y para siempre, es que todo tiene que salir como tiene que ser, es decir, bien; o sea, todo tiene que culminar con bien siempre que uno haga las cosas como tiene que hacerlas.

         Por nuestro olvido frecuente de este principio, la divinidad que opera en nosotros, siempre que le dejemos actuar y la escuchemos, nos lo recuerda, y con ello nos ayuda; y puesto que viene a cuento, es importante acotar que la hipótesis científica que postula que el sueño constituye un mecanismo para que nuestro subconsciente procese los innumerables datos que llegan a nuestro cerebro de nuestro estado de vigilia y con ello impedir que nos volvamos literalmente locos, es algo que se compagina enteramente con la interpretación que hago yo de los sueños, pues ese organizar los datos para no caer apabullados en total confusión se produce independientemente de que uno extraiga las enseñanzas que yo menciono; siendo esto de la enseñanza algo de mi cosecha, en consonancia con lo postulado también por otros pensadores e investigadores, que yo adiciono a la referida hipótesis científica.

         Mi propia experiencia es la que me enseña que los pensamientos que fluyen en nuestra cabeza en nuestro estado de vigilia pueden llegar a desequilibrarnos en ciertas circunstancias, a tal punto que si no dispusiéramos del descanso que nos depara el sueño nos sería imposible aguantar los trajines que nos impone la existencia, a menos que logremos una transformación sustancial en nuestro organismo. Se han hecho experimentos en los que personas que dejan de dormir varios días pierden la coordinación de la conciencia y se vuelven literalmente paranoicos o esquizofrénicos.

         Mi experiencia personal me ha enseñado que cuando la mente funciona en forma acelerada, llegado a cierto punto se pierde el control de los pensamientos, pese a la sensación de mayor lucidez que sobreviene inicialmente hasta llegar al extremo de no poder conciliar el sueño, lo que se traduce en una sicosis que finalmente desemboca en un surmenage total. Al parecer, Nietzche cayó en ese despeñadero, en una ida sin retorno, (él, el del eterno retorno) en la que le sumieron sus pensamientos que se agolparon en su mente en cantidad tan abrumadora hasta llegar a un punto en que lo desquiciaron por completo.

         Parafraseando a Aldoux Huxley diríamos que la válvula reductora en que consistía el cerebro de Nietzche fue incapaz de eliminar la información superflua de entre toda la que inundaba su mente, lo cual le provocó el shock que hizo estallar literalmente su psiquis y le tuvo sumido en la espantosa obscuridad de la locura prácticamente durante los últimos once años antes de su fallecimiento.

 

 

EPÍLOGO

 

         ¿A qué viene este epilogo?. Más de lo mismo, dirán algunos. Y es que éste es un tema inagotable. Es algo que cada uno tiene al alcance de la mano. Es un método para conocerse a sí mismo, punto de partida (el conocerse a sí mismo) que todas las enseñanzas de sabiduría se encargan de enfatizar como requisito indispensable para llegar a ella. Se puede decir cualquier cosa de los sueños, menos que sean una mentira, escribe Ernesto Sabato. Cristian, en su prólogo a esta obra, afinó su puntería y acertó al declarar que en referencia a este asunto "todos somos excepcionales". Cada uno, dependiendo de un mínimo esfuerzo, puede ponerse a escribir sobre sus sueños, sobre los mensajes del inconsciente, tratar de entenderlos, y verá que es un procedimiento tremendamente eficaz para explorar las profundidades de su ser. Y he ahí que tendrá "su propio libro", que a la postre resulta lo más fácil y grato de leer.

         Ahora bien, en lo que concierne a este volumen: ¿Por qué terminan abruptamente estas conversaciones con mi demonio?. Es la pregunta obligada al mirar el final del libro que, aún con sus desprolijidades, fue consignando unas fechas que, tras la última, siguió no obstante transcurriendo. Bueno es decir que las conversaciones prosiguen, y cada vez con mayor fluidez. Esto en lo que a mí respecta. Porque vale la pena repetir que desde mucho tiempo antes, ya otros han entablado esta comunicación, y por este mismo tiempo, muchísimos lo siguen haciendo.

         Una de las más antiguas piezas literarias de la que quedan registros gráficos, "La Epopeya de Gilgamesh", se ocupa ya de este tema, como nos lo cuenta Raymond de Becker en su obra "Las maquinaciones de la noche": "Por su admirable interpretación del tema del sueño y por su estructura onírica, La Epopeya de Gilgamesh es una de las grandes obras de la literatura universal".

         Y a riesgo de abusar de las citas, cabe transcribir un fragmento de Paracelso, reproducido en la obra del mismo autor, que viene tan a propósito de lo que trata este volumen, que permite apreciar que este asunto viene siendo objeto de atención desde larga data. Helo aquí:

         "Supongamos que estás despierto, que te propones muchas actividades y que te asalta un sueño. Este sueño se producirá solo si tú le das ocasión: es decir, si te lanzas a una empresa para la cual es preciso que recibas un aviso. Y he aquí que el ser avisador está allí, pero solamente si cuentas con él y te prestas a su venida. Entonces te envía el sueño, a fin de que repares en él a cada momento.

         "Y si, durante el día, las ocupaciones del cuerpo, la edad u otros obstáculos análogos te impiden comprender las cosas por debilidad natural, quiero decir, a causa de la tosquedad de tu naturaleza, es en el sueño que te prestarás a la venida del Avisador. Cuando la naturaleza deja de gobernar, cuando duerme y reposa, el Guardián te lanza a la cara una advertencia, según la estima en que le tengas, según el mayor o menor ardor con que desees recibir su mensaje, según que seas puro o no lo seas. Y una parte ofrece a la otra la ocasión esperada; quiero decir que si tú caminas, obligas con ello a tu ángel a guardarte. Y así es, hagamos lo que hagamos; todo depende del estado en que nos hallemos...Igual ocurre en el sueño. Las cosas se nos aparecen, tal como nuestro corazón las considera".

         Obsérvese cómo este pensador configuraba la realidad de este asunto. El Avisador, el Guardián, lo llama él a su demonio, haciendo hincapié en que depende de la mayor o menor atención que le prestemos, y sobre todo de la pureza o no del corazón que tengamos.

         Es verdad que existen algunos que son más excepcionales que otros, ya que la naturaleza tiene sus derroteros que no siempre a todos les es accesible. Así, algunos santos o místicos pueden desarrollar el poder para estar en permanente contacto con la Divinidad. Pongamos por caso la vida de Santa Catalina de Siena, cuya biografía fue exquisitamente recreada por la premio Nóbel noruega Sigrid Undset. Nos enteramos así que aquella ha escrito un libro, De la doctrina divina, una especie de coloquios con Dios. Obviamente, la completa entrega de ella a Dios (que la hace única en su misión, y única también por la materia prima de la que estaba formada, a tal punto de haber reproducido en su cuerpo los estigmas de Cristo), le coloca en cierta forma fuera del alcance de nuestras muy ordinarias posibilidades. Empero, todo es posible para el que cree, y de nosotros depende desarrollar el mismo poder que está latente en nuestro ser interior.

         Para no ir tan lejos, recientemente se cruzó en mi camino un minilibro, un breviario de Paramahansa Yogananda titulado "Cómo conversar con Dios". Se me ocurrió que este título podía haber sido apropiado para mi libro. Dice él en el comienzo de este opúsculo: "Es posible conversar con Dios; éste es un hecho incontrovertible. En la India, por ejemplo, presencié personalmente cómo algunos santos conversaban con el Padre Celestial. También nosotros - todos nosotros - podemos comunicarnos con Él. Y no me refiero a un mero monólogo sino a una verdadera conversación, en la cual le hablamos a Dios y Él nos responde". Y en otra parte dice: "Pensamos, sentimos, ejercemos nuestra voluntad, y Dios nos ha capacitado no solo para apreciar los pensamientos y sentimientos de los demás, sino también para responder a ellos. El señor no puede ciertamente carecer de ese espíritu de reciprocidad que anima a sus propias criaturas. Y cuando se lo permitimos, el Padre celestial puede establecer - y de hecho así lo hace- una relación personal con cada uno de nosotros".

         En consecuencia, la función de este epílogo consiste en exhortar a cada uno a conversar con su demonio personal, su ángel de la guarda, el mensajero de Dios, sea a través de los sueños que trame su inconsciente, sea a través de las señales que de la más diversa manera nos hace llegar Dios a través de la exuberancia de su obra, en el entendido de que todos los rostros no son otra cosa que los infinitos rostros de Dios. Cumple también este epílogo con el cometido de informar a aquellos a quienes les llegue a placer, que hay más de esto. Nos despedimos entonces hasta las "Nuevas Conversaciones con mi Demonio".

 

 

INDICE

Prólogo

Introducción

I. El inconsciente atando cabos

II. Mensajes de la Naturaleza Impersonal

III. La esencia impersonal del ser, y el cuerpo, su instrumento para la realización de la conciencia

IV. Le ganaste al Buda

V. La «región del sueño», espacio ubicado «debajo» de «la región del estado de vigilia»

VI. El estado esencial del ser, la armonía

VII. «Esta historia no tiene sentido; ustedes deben darle el sentido»

VIII. Los sucesos que nos depara cada día: la oportunidad de vivir una aventura extraordinaria

IX. Cómo trascender allende las fronteras de las extremidades corporales para realizar simplemente la dicha

X. Las enseñanzas vertidas por la Inteligencia Impersonal en la mente «personalizada»

XI. Dejar operar a la verdad desnuda que no necesita de aderezos para prevalecer en todo tiempo y en todas las circunstancias

XII. La necesidad de que la mente guarde el debido silencio para permitir oír la voz de la «Sabiduría Suprema Impersonal»

XIII. La incertidumbre sobre los acontecimientos por venir constituye parte esencial del juego de la vida

XIV. Las variadas formas en que la Naturaleza nos habla para hacernos entender la realidad cada día más

XV. La Inteligencia que todo lo impregna nos habla a través de los sueños para enseñarnos sobre las cosas que nos conciernen y está en nosotros extraer o no el sentido de esas enseñanzas

XVI. Somos la mera materialización de «la inteligencia una» que todo lo impregna, y respondemos a ella con mayor o menor fidelidad dependiendo de la actitud de entrega que tengamos sometiéndonos a su voluntad, que persigue sólo la consumación de lo justo incondicional

XVII. La aptitud para recordar los sueños tiene que ver con un estado de expansión de la conciencia

XVIII. La tendencia a la autoafirmación forma parte del mecanismo de individuación del ser humano

XIX. La necesidad de tornar en cuenta el aspecto femenino de la divinidad

XX. La interpretación de los sueños comporta en sí misma una tarea de creación

XXI. Nuestra mente en muchísimo más poderosa de lo que creemos y es la responsable de la creación de este mundo en que vivimos, esta realidad que nosotros debemos entenderla debidamente para poder funcionar adecuadamente en ella y no equivocarnos

XXII. ¿Qué puedo yo decirles, o enseñar a los otros, cuando tanto me falta a mí mismo para perfeccionarme?

XXIII. La transformación que permita conjurar a la muerte física es posible para quienes se empeñen en conseguirlo        

XXIV. Aprender a hablar el lenguaje del «nuevo nacimiento» permitirá «crear» un mundo nuevo, en él se podrá vivir «para siempre»

XXV. Muchas veces creemos «amar» y en realidad son sólo nuestros «deseos» los que nos empujan, hasta «materializarse» en objeto de culto

XXVI. Lo que en sueños uno es capaz de hacer con naturalidad y convicción, puede hacerlo también estando despierto. Se trata sólo de consolidar la fe, la fe en sí mismo, la fe en Dios

XXVII. La realidad onírica es más versátil y asombrosa que la previsible y rígida rutina del estado de vigilia

XXVIII. La vida, ésta que hoy nos toca vivir es un camino de ascensión hacia una superior realidad

XXIX. Lo «imprevisible» aún siendo maravilloso, nos provoca desconcierto, y también temores y miedos, que los «reflotamos» desde lo profundo de nuestro «ser atávico»

XXX. El propósito de las comunicaciones de mi demonio, en íntima relación con mis experiencias vitales, es el de enseñarme a vivir la verdadera vida

XXXI. El poder creativo de la mente, a medida que avanzo en mi evolución, me revela que precisamente en eso radica la potencialidad para desplegar a «mi ser eterno» XXXII. A pesar de todo, estamos tratando de cantar y armonizar nuestras voces

XXXIII. La palabra insuflada al ser humano por el «ser increado» constituye «la energía creadora» para «crear» este universo, como también para darle «sentido» y aún, «entender» hasta cierto punto al «ser increado»

XXXIV. Los episodios inventados por la dormida conciencia son mensajes didácticos que llegan desde el «más allá» del «poder de raciocinio»

XXXV. Mi mente dormida tiene tal poder para elucubrar vivencias tan insólitas pero tan reales que es un mecanismo apto para preservar aquello que reputo como «mi identidad»

XXXVI. Si todo tiene sentido, y a la inversa, si nada tiene sentido, lo apropiado, siempre en ambos casos, es que uno tenga que asignarle el sentido a las cosas

XXXVII. Mis sueños tienen que ver como siempre con mis apegos y contradicciones

XXXVIII. El sueño acaece en una dimensión espacio-temporal «inaccesible» al estado de vigilia, donde acontecen sucesos en paralelo, utilizando las mismas coordenadas en las que se encuentra el sujeto soñante

XXXIX. El reconocimiento de mis deficiencias me permite tomar cuenta de ellas, mientras los mensajes de mi demonio me muestran que el camino del perfeccionamiento también está lleno de creatividad y sorpresa

XL. El sueño es un fenómeno prodigioso; quien tenga la dicha de soñar y recordar lo soñado, ha de concordar que es lícito anhelar que la vida sea verdaderamente un sueño XLI. El mensaje de mi demonio siempre es oportuno para recordarme «la presencia» de la Divinidad que tan propensos somos a olvidar

XLII. Afloran en mis sueños mis vivencias cotidianas, mis conflictos, mi lucha para discernir en todo momento lo correcto; todo lo cual es altamente gratificante y me sirve muchísimo

XLIII. Las imágenes de mi padre y de mi madre en el sueño son los aspectos masculino y femenino de mi ser, a los cuales estoy tratando de integrar plenamente en mi interior, de modo a subsanar mis carencias

XLIV. Comer solo lo suficiente para mantener a raya a la enfermedad del hambre, como enseña Sai Baba

XLV. En la transición que se da en el proceso de transformación de un estado a otro hay que andar despacio, pues no existen atajos para llegar a la meta final de la espiritualidad

XLVI. Las palabras son y serán siempre insuficientes para describir la realidad en plenitud

XLVII. Las experiencias oníricas deben servir para profundizar en el conocimiento de uno mismo, pues las fuerzas intrínsecas de nuestra naturaleza deben ser canalizadas para cumplir cabalmente con nuestro rol

XLVIII. Ambas «realidades» -la del sueño y la de la vigilia- son igual de «reales», y si se juzgase por la intensidad o la fuerza con que se producen las vivencias en cada una de ellas, se puede afirmar que la del «mundo de los sueños» casi siempre es «más real» que la del estado de vigilia

XLIX. La plenitud de la existencia no descarta el disfrutar de los sabores de la naturaleza. Después de todo la travesía hacia la liberación tiene que hacerse gradualmente

L. La necesidad de no tomar con demasiado acaloramiento lo que nos pase en el cotidiano acaecer, que frecuentemente nos deja tremendamente conmocionados cuando algo inesperado ocurre

LI. La Conciencia Cósmica opera en nosotros y también fuera de nosotros, es decir, somos ella misma y a la vez distintos que ella

LII. Él sueño, con toda su carga de duras y pesadas emociones, deja al despertarse una sensación que puede calificarse de grata, pues queda esclarecido que se trata siempre de

una enseñanza

LIII. La disciplina es fundamental para seguir avanzando

LIV. La carga energética absorbida debe ser canalizada adecuadamente, teniendo en cuenta los límites y fronteras que a cada uno corresponden

LV. La aptitud de la mente para crear «de la nada» episodios tan sorprendentes, permite entender que en uno radica la fuente de toda realidad, y que depende de uno mismo alcanzar el estadio en el que el «yo» ha de perdurar

LVI. La tarea fundamental radica en la perseverancia para ir separando la paja del trigo que se presentan demasiado mezclados no sólo en los sucesos y cosas externas sino en el propio ser interior

LVII. Las encontradas energías que circulan de aquí para allá tienen sumido en confusión a todo el mundo

LVIII. La vida nos depara momentos duros y difíciles con la finalidad de despertarnos del estado de adormecimiento en que nuestra conciencia habitualmente se halla

XLIX. Mi demonio me muestra que sólo a mí me pueden afectar los errores que cometa en el curso de mi viaje hacia el Paraíso

LX. El tiempo no es otra cosa que los infinitos instantes de Dios a los que nosotros nos vamos asomando sucesivamente de manera lineal

LXI. Es nuestra necedad la que nos sigue impidiendo revertir el fenómeno físico de la muerte, tarea en la que todos debemos ponernos a trabajar

LXII. Mi demonio habla en un lenguaje surrealista

LXIII. Mi demonio me dice que la meditación es como un carburante, como una energía limpia que me dará fortaleza y me purificará

LXIV. El desconocimiento del futuro asociado con el miedo y nuestras limitaciones, constituyen un condicionamiento que nos hace actuar temerosos de que pase lo peor

LXV. Con su presencia en mi sueño mi demonio me recuerda lo mucho que tengo que seguir trabajando en pos de mi perfeccionamiento

LXVI. Mis afectos, mis apegos, mis idolatrías, son los que me impiden discernir correctamente en todo tiempo que todos, independientemente de que también cada uno de los seres creados son únicos en su singularidad

LXVII. Las expectativas que aún albergo sobre los frutos o resultados de mis acciones, denotan mi imperfección, que la debo trabajar

LXVIII. «La naturaleza» es un nombre apropiado para dárselo a Dios por ese tiempo

LXIX. Sólo la ayuda de Dios puede hacer que la fe se consolide y afirme de modo que se logre derrotar al postrer enemigo, la muerte

LXX. Hay que estar atentos para comer el pan apropiado, y beber el agua apropiada, pues de lo contrario el Samsara (o Infierno), la rueda de continuos renacimientos y muertes, estará al acecho y no podremos escapar de él

LXXI. De manera increíblemente sutil Dios se hace presente en nosotros a través de los sueños para recordarnos que a pesar de nuestros olvidos tan frecuentes él existe por siempre y para siempre, es la existencia misma que jamás acaba

LXXII. Si bien no se deben esperar los frutos de las acciones, ellos de todos modos llegan

LXXIII. Los sucesos oníricos se diferencian de los otros únicamente por la circunstancia de su fugacidad en los registros de la memoria

LXXIV. En las experiencias oníricas está siempre presente el sabor de la aventura, que en nuestra vida del estado de vigilia somos incapaces de sentir a causa de nuestros duros hábitos mentales

LXXV. Contar la propia vida, o los sueños, es hablar de nuestros pensamientos, porque es sabido, tal como ya lo señalaba el Buda, que somos lo que pensamos

LXXVI. Todos queremos enseñar a los demás, pero si no hemos aprendido nosotros mismos lo que queremos enseñar, es mejor que nos llamemos a silencio

LXXVII. Es en el campo sexual donde el ser humano se encuentra con esa su aptitud tan exclusivamente suya de poder elegir entre ser llevado por sus impulsos ciegos o ejercer él sobre ellos la supremacía, que lo distingue de los demás seres de la escala biológica previa

LXXVIII. El mundo todo es un vivero pletórico que palpita presto para responder a esa energía vital que es el amor, la discriminación que hacemos entre lo viviente y lo no viviente es solo producto de nuestras limitaciones y de nuestros condicionamientos

LXXIX. Fascinante es la manera como la mente inventa los episodios durante el sueño y la fuerza con que son vivenciados por la conciencia, revelando facetas de nuestro ser que en ocasiones son tan tétricas que uno se resiste a exponerlas a la consideración pública

LXXX. Los distintos pasajes del sueño me fueron mostrando los aspectos de mi personalidad arrastrados desde tiempo inmemorial, legado de nuestros ancestros, que deben ser depurados en el proceso evolutivo, en pos del perfeccionamiento definitivo que nos espera al final del camino

LXXXI. El sueño se vale de imágenes simbólicas que extrae de la vivencia cotidiana para ponerlas en forma tal que se aprecie claramente el mensaje didáctico que entrañan

LXXXII. Todos los personajes de mis sueños son solo proyecciones de mi ser

LXXXIII. Los dichos de mi demonio se presentan, me deslumbran, imprimen su efímero rastro, me maravillan por un momento, y luego continúo con el trajín enloquecedor de la rutina que me deja postrado sin posibilidades de hacer nada al respecto

Epílogo.

 

 

 

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