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ARTURO RAHI


  1941-1945. LA REFORMA MONETARIA Y BANCARIA - Por ARTURO RAHI


1941-1945. LA REFORMA MONETARIA Y BANCARIA - Por ARTURO RAHI

1941-1945. LA REFORMA MONETARIA Y BANCARIA

Por ARTURO RAHI

 

 

1941-1945. LA REFORMA MONETARIA Y BANCARIA

La situación económica del país, luego de varios años de guerra y de inestabilidad política, no era precisamente buena. La inflación consumía rápidamente los ingresos, y si bien es cierto que algunos pocos, especialmente quienes tenían bienes inmuebles y recursos en monedas extranjeras se beneficiaban con la situación, no pasaba lo mismo con el agricultor, el empleado, la clase media, que veían evaporarse sus recursos de manera alarmante.

La especulación monetaria, al igual que en todas las épocas en condiciones similares, hacía sus grandes negocios a costa de quienes desconocían los efectos perniciosos de la inflación. Aún recordamos aquellas ingenuas expresiones de "hay dinero como nunca" o "entra mucho dinero en el negocio", con las que los comerciantes expresaban su alegría por el volumen monetario de sus ventas, sin comprender que a medida que vendían sus mercaderías y recibían en compensación esa marea de dinero producto de la inflación descontrolada, se iban descapitalizando de a poco. No conocían el sistema de reajuste de sus precios y no lo utilizaban para precaver sus pérdidas. Y a medida que se reabastecían de las mercaderías vendidas, el valor de sus ventas les permitía comprar cada vez menos, porque los precios de reposición cada vez eran mayores. En un par de años la descapitalización fue tan grande que muchos perdieron su capital. Es que la inflación de aquellos años no fue menor al 600%.

Para agravar la situación, cabe recordar que entonces nos regía la ley monetaria argentina de 1881, adoptada con todos sus defectos en 1885, tal como se hizo con los Códigos, Constitución y otras legislaciones, copiadas de su propio ambiente, en el que tal vez tuvieran validez, e implantadas sin ningún tipo de reajustes o adaptaciones al nuestro, social y económicamente tan diferente, que antes que encontrar soluciones, se obtuvieron resultados desastrosos que no hicieron sino frenar nuestras posibilidades de progreso por larguísimos años.

Sobre esta ley escribió Robert Triffin: (La Reforma Monetaria y Bancaria del Paraguay, página 70)


"La ley del 14 de julio de 1885, una de las leyes monetarias más breves de la historia, definió el sistema monetario básico del país en estos dos artículos:

Artículo 12:    Desde la promulgación de esta ley las monedas de oro y plata de la República Argentina tendrán valor legal de pago en la República.

Artículo 22: Las monedas de oro del peso de 8.645 gramos con 900 milésimos de fino, tendrán el valor de cinco pesos fuertes; las fracciones de aquellas tendrán un valor en proporción".


Con la citada ley se declaró de curso legal en nuestro país las monedas de oro y plata de la República Argentina, siendo esta la segunda vez desde 1870 que perdimos nuestra Independencia monetaria, teniendo en cuenta que la primera lo fue con la decisión tomada por el régimen legionario el 31 de Julio de 1871, cuando desmonetizó nuestros billetes y decretó el curso forzoso de las monedas bolivianas, argentinas y otras que ingresaban al país con los invasores. De este tema nos hemos ocupado por separado.

La citada ley argentina de 1881 fue adoptada literalmente en 1885, tomando como fijo el valor oro que la ley original adjudicó al peso argentino, sin tenerse para nada en cuenta la devaluación que la moneda argentina tuvo durante los años de crisis que azotaron a dicho país luego de la promulgación de dicha ley. Tampoco se tuvieron en cuenta las desvalorizaciones de 1890 y 1899 que cambiaron radicalmente la paridad de nuestra moneda, o mejor de la moneda que adoptaron para nuestro país, con el oro que hacía de patrón de medida.

Lo cierto es que con esta ley adoptada dijimos, en 1885, nacieron dos unidades monetarias diferentes, el peso papel paraguayo que tuvo curso legal en todo el territorio nacional hasta el 5 de Noviembre de 1943, en que empezó la vigencia del GUARANI y el peso oro sellado, moneda de ficción similar al dólar de convenio que hemos conocido en los últimos años, que se utilizaba pana procesar la contabilidad y fijar los precios de las mercaderías sujetas al comercio internacional, aunque en la práctica todos los grandes negocios locales incluidos los de importación y exportación, se hicieron en pesos argentinos. El ahorro extra bancario y muchas veces también el bancario, se hizo en la moneda argentina. En realidad solo quienes no tuvieron alternativa porque sus ingresos eran el reflejo de sueldos y otros ingresos fijos reducidos a la expresión de sus necesidades diarias, se manejaban en pesos paraguayos.

El oro sellado, en los hechos era el equivalente al peso argentino y se utilizó durante muchos años para mantener el valor de los objetos comerciales y protegerse de la inflación que aquejaba a nuestro sistema monetario. (El autor recuerda que allá por 1943 todavía se encontraban contabilidades en oro sellado. El Decreto Ley Nº 655 terminó con ellas.) Por otro lado ató nuestro comercio internacional de importación a la Argentina; ya que solo podíamos comprar en ese país, tanto artículos argentinos como extranjeros, estos ultimos recargados con los gastos, impuestos y ganancias de ese país. Esto es fácil de comprender, desde el momento que nuestra exportación era pagada en pesos argentinos u oro sellado, que eran la misma cosas y no eran monedas convertibles.

En virtud de la citada ley de 1885 solo se emitieron billetes, nunca se acuñaron monedas ni de oro ni de plata; si monedas divisionarias (centavos) de niquel, de aluminio y otras mezclas de metales, según los años de acuñación. De ahí que se pueda afirmar que nuestra economía se desenvolvió siempre bajo el régimen de papel moneda inconvertible, contrariamente a lo que ocurria en el resto del mundo y particularmente en países vecinos como Uruguay y Argentina, en donde el billete de banco durante varios años pudo ser convertido en oro de acuerdo a las paridades existentes, salvo naturalmente en momentos de crisis en que la convertibilidad fuera suspendida.

Fácilmente se puede afirmar que el "peso oro sellado paraguayo no es un “peso" ni argentino ni paraguayo, sino un simple múltiplo de la moneda argentina”. No es "oro" ya que su relación con el oro está fluctuando con el peso papel argentino. Y por fin nunca ha sido "sellado" (acuñado) en el Paraguay, y no se acuñaba ya en la Argentina misma en la fecha de su establecimiento como unidad monetaria paraguaya por la ley de 1885. El actual peso oro sellado se usaba generalmente como una cláusula de moneda extranjera, para proteger al acreedor contra la depreciación del peso papel paraguayo frente al peso papel argentino (El Sistema Monetario Actual del Paraguay Robert Triffin. Editorial Guarania, año 1943).

Relacionando el valor real en 1943 del peso papel paraguayo con el valor de su creación, "vaya este comentario: "Para formar idea de las proporciones de la desvalorización, me bastará señalar que ella representa el 99.8% si tomamos como punto de referencia el año 1885; en otros términos, el peso fuerte se ha reducido en la actualidad al dos por mil de su valor inicial" (La Reforma Monetaria Carlos A. Pedretti. Editorial Guarania.año1943.).

Pero volviendo un poco para atrás. Cuando hablamos del Banco de la República del Paraguay, fundado en 1936, hablamos de las condiciones que prevalecieron hasta el 22 de Febrero de dicho año en lo que al manejo del valor de nuestras exportaciones se refiere. Repetiremos aquí que pese a las necesidades de la Nación Paraguaya en guerra, el gobierno prefirió favorecer a un grupo pequeño de exportadores, que se alzó con más del 50% de nuestras divisas, pese a que el país desesperadamente las necesitaba para realizar compras más que necesarias, imprescindibles, para la defensa del territorio nacional en plena Guerra del Chaco. El gobierno dependiente del capitalismo liberal imperante como sistema, no se atrevió a ir más lejos, bajo la afirmación del peligro de desalentar la producción, pero la realidad no pudo ser otra que su incapacidad de enfrentar o modificar al sistema que imponía la teoría liberal a cualquier precio, inclusive como es fácil deducir por lo actuado, al precio de reducir la capacidad nacional para la defensa.

Está bien demostrado que en años posteriores, con la expropiación del 100 % del valor de nuestras exportaciones, la producción no fue desalentada, ni se redujo, ni creó fricciones mas allá de las normales pretensiones por parte de quienes siempre fueron mantenidos con privilegios a costa de la Nación Paraguaya, de continuar con ellos.

La liquidación del obsoleto sistema liberal, que desde 1870 hasta 1936 se enseñoreó del país, tampoco fue motivo de desaliento para la producción. Habían pasado más de 65 años en que el liberalismo, impuesto a ultranza por los liquidadores de nuestra República, había mantenido su prevalencia total sobre la economía paraguaya, y entonces era factible analizar los resultados de su largo mandato: un país empobrecido, uno de los más pobres seguramente de Indo-América , sin un solo metro de rutas, con hospitales solamente en Asunción, con dos Colegios para toda la República, con un número de escuelas reducido a un mínimo de localidades, sin una sola ley de carácter social en vigencia, con gobiernos surgidos de golpes cuarteleros o de elecciones con candidato único y cuyo último intento por mantenerse en el poder fue la instauración de un régimen fascista en 1940.


Pero todo fue en vano. El peor enemigo que enfrentaba el liberalismo era la miseria que el sistema había incubado. Más de medio siglo de gobernar solo para una clase hizo que el cambio fuera más que necesario. Era imperioso crear una legislación que reconociera al pueblo sus derechos al trabajo, al descanso, a la salud, a la educación, a una participación más justa en la distribución de bienes producidos, en las que era el único que ponía su esfuerzo total y permanente, y era también el único que no recibía beneficio alguno por su trabajo, ni por su perseverancia, al repetir año tras año el ciclo de siembra y cosecha, que al final se transformaba todo en ganancia de los acopiadores y exportadores, que tampoco nada o casi nada apeligraban de capital propio, porque sus negocios eran sostenidos por el sistema financiero, del que muchas veces eran integrantes.

Ya está explicado el proceso de expropiaciones de divisas durante la Guerra del Chaco y luego de la Revolución del 17 de febrero. Vale la pena recordar ahora que pese a este último intento, nuevamente durante los años 1938/40, la expropiación volvió a reducirse al juego de los intereses políticos. Reaparecieron los privilegios que tan odiosos hicieron a sus beneficiarios y que llevaron a muchos pensadores a estimar soluciones extremas, como única salida. Se dieron tantos excesos, que se explicaba sobradamente esto último, si se tienen en cuenta los resultados que el sistema dejó al país.

El 18 de febrero de 1940, el General Estigarribia, con el apoyo del Partido Liberal, el sector joven y algunos no precisamente jóvenes, instauró la dictadura fascista en el Paraguay. El 22 de febrero se prohibió en forma "absoluta a todas las editoriales e imprentas" el libre ejercicio de la edición de libros, revistas, diarios, etc. El 18 de marzo se reafirmó una decisión anterior de establecer la tregua política, y culminó con el Decreto N° 2242 que implantó la llamada Constitución de 1940, de corte netamente fascista, aunque algunos pretendan que es mas de corte populista al estilo de Zalazar, dictador por largos años de Portugal.

La muerte del dictador el 7 de Septiembre de 1940, y merced a una simpática elección en la que se asegura se utilizó una caja de fósforos, originó la entronización de su continuador y heredero, el dictador Higinio Morínigo, al que acompañó primeramente el mismo gabinete liberal que fue elegido por su antecesor. Anticipándose a una conspiración palaciega de su gabinete, Morínigo expulsó a todos sus colaboradores liberales y los reemplazó por otros adictos a su régimen de fuerza el 1° de octubre de 1940.

Apartándonos del aspecto político del régimen moriniguista, y de la repugnancia que produce un estilo de gobierno que tanto daño ha causado al país y a tantos paraguayos, sin embargo está el hecho histórico innegable, de que, aconsejado por algunos buenos colaboradores, llevó adelante un programa de modernización de la legislación nacional en materia monetaria y bancaria.

Merced a estos emprendimientos y a los contactos habidos con el Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos, viajaron al Paraguay los Doctores Robert Triffin (al que ya lo hemos venido citando) y Raúl Prebisch, para analizar y plantear un cambio total de la situación imperante, con la creación de una legislación nacional en la materia. El trabajo sería arduo, ya que todo debía ser creado de la nada, porque en realidad nada teníamos.


Como lo dice Triffin, "en febrero de 1941, las reservas de divisas del Banco de la República del Paraguay se habían desvanecido prácticamente, y el tipo de cambio del peso argentino en el mercado clandestino había alcanzado a 92,50". Inclusive recordamos que el balance del banco en algún momento llegó a mostrar saldo acreedor en su cuenta con el corresponsal en el exterior.

El Decreto Ley 5017 por el cual se creó y organizó el Control de Cambios fue dictado en el momento oportuno, febrero 10 de 1941. Su Artículo 12 estableció que "solo el Banco de la República del Paraguay podrá comprar y vender monedas y divisas extranjeras, estando por lo mismo exclusivamente autorizado para efectuar toda clase de operaciones con billetes, monedas acuñadas, letras de cambio, cheques, giros, cartas de crédito, transferencias de fondos y órdenes de pago en monedas extranjeras. En consecuencia, queda absolutamente prohibido a toda persona o entidad residente en el país, que no sea el Banco de la República, negociar en tales monedas o divisas extranjeras".

El Artículo 2° no creemos haya tenido mayores consecuencias, cuando da un "plazo de quince días" a "toda persona o entidad que posea monedas o divisas extranjeras o depósitos en dichas monedas, inclusive los giros extendidos por el Banco de la República del Paraguay" para "declarar por escrito ante el Departamento de Control de Cambios el monto de tales monedas, divisas o depósitos".

Sí el Artículo 3° que obligó a los Bancos a "hacer la misma declaración dentro de las 24 horas siguientes a la vigencia de este Decreto Ley, comunicando al Departamento de Control de Cambios el monto de las monedas y divisas extranjeras que hayan tenido en su poder al cierre de sus operaciones al día 8 de Febrero de 1941".

Se volvía así a crear el monopolio de divisas que fuera ya creado por el Decreto Ley del 3 de Marzo de 1936, pero abandonado luego a causa de las circunstancias políticas que vivía el país, y se estableció un control estricto sobre las mercaderías importadas, requiriéndose al efecto un previo permiso del Banco de la República del Paraguay para la realización de estas transacciones.

"En efecto el problema del cambio viró radicalmente, de un problema de escasez de divisas a un problema de afluencia inflacionaria de las mismas. La absorción de la circulación de moneda argentina, las prósperas exportaciones de guerra, importantes empréstitos externos y la inversión de otros fondos de los Estados Unidos en el país, combinadas todas estas circunstancias con los efectos de la legislación de Control de Cambios, elevaron las reservas de cambio, de poco más de cero en febrero de 1941, a aproximadamente nueve millones de dólares a fines de 1943 no obstante los fuertes gastos externos vinculados con una activa construcción de caminos y otras mejoras materiales".

En realidad, el cambio en las reservas se debió más que nada a un resultado muy bueno de nuestras exportaciones, tanto en cantidad como en precio en razón de que especialmente Estados Unidos, participante en la Segunda Guerra Mundial, adquiría grandes cantidades de productos alimenticios y también materias primas destinadas a la producción bélica. El valor de nuestras exportaciones tuvo un incremento del 91% de 1941 a 1942 y del 134% de 1941 a 1943. Lo mismo ocurrió en 1944 y 1945 en que el crecimiento fue del 64%. Este crecimiento con un porcentaje significativo se prolongó hasta 1946. Luego como consecuencia de la guerra civil de 1947 ocurrió una baja muy pronunciada. Pero no debernos olvidar desde luego que algunos préstamos del exterior también ayudaron a la bonanza en divisas qué se vivió en aquel momento, tal como lo dice Triffin.


Al conseguirse la estabilidad del cambio que fue desde luego la primera meta de los trabajos, ya se empezó a analizar el paso siguiente, la reforma del sistema monetario obsoleto que regía desde el siglo pasado, que bien era considerado como caótico al permitir la coexistencia de más de una moneda en la corriente circulatoria del país, el peso papel paraguayo, que cargaba una devaluación tan grande, sobre su valor original que su valor comparativo actual era ya casi nada: el peso oro sellado, como se dijo antes no era oro ni estaba sellado, o emitido, era apenas una creación contable de la necesidad y el peso argentino que circulaba y tenía el mismo valor cancelatorio que el peso paraguayo, al extremo de que las contabilidades de las grandes empresas, muchas cuentas bancarias, el producto de nuestras exportaciones y otros más, se manejaban en esta moneda.

"El escasísimo valor del peso papel (alrededor de 0.3 céntimos del dólar) lo hacía inadecuado como medio de cambio, y lesivo para el prestigio de la moneda tanto en lo interno como en lo externo. A pesar de ser el patrón monetario era también la menor unidad monetaria en uso" (Triffin, libro citado pág. 86.). Lo que ya es mucho decir sobre el tema.

 

 
 
 
 
 

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LA MONEDA Y LOS BANCOS EN EL PARAGUAY

Obra de ARTURO RAHI

 Ediciones Comuneros. Asunción – Paraguay,

1997 (253 páginas)

 

 

 

 

 

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