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ESTEBAN BEDOYA


  LOS MALQUERIDOS, 2006 - Novela de ESTEBAN BEDOYA


LOS MALQUERIDOS, 2006 - Novela de ESTEBAN BEDOYA

LOS MALQUERIDOS, 2006

 

Novela de ESTEBAN BEDOYA

 

Arandurã Editorial,

Asunción - Paraguay



La técnica de escritura de un cuento es claramente diferente a una novela, sin embargo parecería que Bedoya se resistiese (de manera exitosa) a abandonar ciertas fórmulas cuentísticas, mimetizándolas con naturalidad, gracias a una prosa brillante que le permite superar sin traumas los límites entre los distintos géneros literarios.

La sorpresa que genera cada uno de los textos de Bedoya, nos deja boquiabiertos Eso ocurre con la novela “Los Malqueridos”, donde Autor y obra se incluyen en un ámbito más amplio que el nacional, junto con en el de los escritores hispanoamericanos y prosistas que mencioné al inicio.  Con Pitol, Premio Cervantes de 2005, Bedoya se halla en una relación de empatía, tanto de formas como de temas y tratamiento del discurso, sellándose con ella la originalidad y la pertenencia de Los Malqueridos al ámbito evocado. Señala el catedrático Marini Palimieri (profesor de la Sorbona y de Valencienes), quien además dice: “En ambos (Bedoya-Pitol), el trabajo del discurso busca la riqueza léxica y los registros que, por momentos, pueden chocar; y se caracteriza por la imaginación fértil, la ironía corrosiva y paradójicamente estimulante. A la vez, la originalidad de la prosa de Bedoya se funda, ya en la tradición picaresca –la de El Diablo cojuelo, de El Buscón-, mezclando en la agudeza del decir metáforas, figuras de símil, hipálajes y vocablos de corte soez que suenan a latigazos; ya en la romántica –la de El Diablo mundo-, proponiendo una visión apocalíptica de la especie humana de extremo pesimismo. Visión que se liga claramente a Jung –por el epígrafe que figura en la novela-, e indirectamente -aunque fuertemente presente en la intencionalidad narrativa, de visos esotéricos-, a Jacobo Bohme por aquello de que el universo es la encarnación material de un espíritu maligno, no de uno benigno como lo afirma la creencia cristiana.

Bedoya ve en las sagas familiares de emigrantes de dos mundos, América y Europa; en la aventura que consiste en ser de ninguna parte y de cualquiera a la vez, en la equivocidad que busca su identidad, el terreno fértil para que el Mal se transmita de una generación a otra, de un continente a otro. La historia adquiere visos policíacos inesperados en el capítulo 25, hasta el final de los 36 que comporta la novela –entre los mejores de ella-, cuando se levanta el espejo opaco del Mal, en el que se miran tanto las víctimas como los victimarios en la cadena maligna, dejando que el lector fije quiénes son los malqueridos.

 Sobre la misma novela, el profesor Gerard Gómez de la Universidad de Aix-Marseille dice lo siguiente: Los Malqueridos, es una obra ejemplar. Por medio de un lenguaje de extrema precisión, nunca carente de lirismo, los lugares, los objetos, las entidades mítico-simbólicas y las conductas habituales son descritos con minuciosidad, corroborando así el orden imperante en el mundo de la llamada normalidad. Pero surgen de pronto resentimientos largamente abrigados, la crueldad, la esperanza, la memoria, el engaño y la anormalidad se deslizan subrepticiamente en la vida de los personajes, todos convencidos de que a una cierta altura de la existencia ya no se tiene ambiciones sino recuerdos. Susceptibles de múltiples lecturas, mezcla de imaginación y de poesía, los relatos bedoyanos constituyen una innovadora incursión en el terreno de la literatura paraguaya y ponen de relieve la maestría con que nuestro escritor capta los recursos literarios idóneos para exponer un universo tan personal y universal a la vez. Los Malqueridos esconde en su último significante la incapacidad del individuo de superar el destino que se traza o que le han trazado desde siempre y para siempre.

 

 

LOS MALQUERIDOS. (NOVELA 2005)

ESTEBAN BEDOYA

 

 

1.- ANÁLISIS DE ENRIQUE MARINI PALMIERI.

 

La técnica de escritura de un cuento es claramente diferente a una novela, sin embargo parecería que Bedoya se resistiese (de manera exitosa) a abandonar ciertas fórmulas cuentísticas, mimetizándolas con naturalidad, gracias a una prosa brillante que le permite superar sin traumas los límites entre los distintos géneros literarios.

La sorpresa que genera cada uno de los textos de Bedoya, nos deja boquiabiertos Eso ocurre con la novela “Los Malqueridos”, donde Autor y obra se incluyen en un ámbito más amplio que el nacional, junto con en el de los escritores hispanoamericanos y prosistas que mencioné al inicio.  Con Pitol, Premio Cervantes de 2005, Bedoya se halla en una relación de empatía, tanto de formas como de temas y tratamiento del discurso, sellándose con ella la originalidad y la pertenencia de Los Malqueridos al ámbito evocado. Señala el catedrático Marini Palimieri, quien además dice: “En ambos (Bedoya-Pitol), el trabajo del discurso busca la riqueza léxica y los registros que, por momentos, pueden chocar; y se caracteriza por la imaginación fértil, la ironía corrosiva y paradójicamente estimulante. A la vez, la originalidad de la prosa de Bedoya se funda, ya en la tradición picaresca –la de El Diablo cojuelo, de El Buscón-, mezclando en la agudeza del decir metáforas, figuras de símil, hipálajes y vocablos de corte soez que suenan a latigazos; ya en la romántica –la de El Diablo mundo-, proponiendo una visión apocalíptica de la especie humana de extremo pesimismo. Visión que se liga claramente a Jung –por el epígrafe que figura en la novela-, e indirectamente -aunque fuertemente presente en la intencionalidad narrativa, de visos esotéricos-, a Jacobo Bohme por aquello de que el universo es la encarnación material de un espíritu maligno, no de uno benigno como lo afirma la creencia cristiana.

Bedoya ve en las sagas familiares de emigrantes de dos mundos, América y Europa; en la aventura que consiste en ser de ninguna parte y de cualquiera a la vez, en la equivocidad que busca su identidad, el terreno fértil para que el Mal se transmita de una generación a otra, de un continente a otro. La historia adquiere visos policíacos inesperados en el capítulo 25, hasta el final de los 36 que comporta la novela –entre los mejores de ella-, cuando se levanta el espejo opaco del Mal, en el que se miran tanto las víctimas como los victimarios en la cadena maligna, dejando que el lector fije quiénes son los malqueridos.

 

 

2.- ANÁLISIS DE GERARD GÓMEZ, UNIVERSIDAD DE AIX-MARSEILLE

 

         Sobre la misma novela, el profesor Gerard Gómez de la Universidad de Aix-Marseille dice lo siguiente: Los Malqueridos, es una obra ejemplar. Por medio de un lenguaje de extrema precisión, nunca carente de lirismo, los lugares, los objetos, las entidades mítico-simbólicas y las conductas habituales son descritos con minuciosidad, corroborando así el orden imperante en el mundo de la llamada normalidad. Pero surgen de pronto resentimientos largamente abrigados, la crueldad, la esperanza, la memoria, el engaño y la anormalidad se deslizan subrepticiamente en la vida de los personajes, todos convencidos de que a una cierta altura de la existencia ya no se tiene ambiciones sino recuerdos. Susceptibles de múltiples lecturas, mezcla de imaginación y de poesía, los relatos bedoyanos constituyen una innovadora incursión en el terreno de la literatura paraguaya y ponen de relieve la maestría con que nuestro escritor capta los recursos literarios idóneos para exponer un universo tan personal y universal a la vez. Los Malqueridos esconde en su último significante la incapacidad del individuo de superar el destino que se traza o que le han trazado desde siempre y para siempre.

 

 

LES MAL-AIMÉS

ESTEBAN BEDOYA

Traduit de l´espagnol (Paraguay)

par Joël Dusuzeau et Éric Courthès

L´Hamattan 

 

 

LES MAL-AIMES

ESTEBAN BEDOYA

 

PREFACE

 

C’est sur un fond de mutisme quasi absolu que la littérature du Paraguay, l’une des moins ( re )connues d’ Amérique latine, émerge en Europe avec des voix singulières et estimables – parce que novatrices et imaginatives- jouissant d’une divulgation plus étendue chez elle et à l’étranger. Sans aucun doute, l’une de ces voix est celle d’Esteban Bedoya, créateur d’un univers littéraire insolite et suggestif, qui a su concevoir un style narratif original et cohérent et dont j’eus le plaisir de faire la connaissance lors d’une soirée littéraire durant son séjour en Suisse comme chef de mission de l’ambassade du Paraguay. A cette époque, faisait déjà partie de ma bibliothèque son livre de contes La fosse aux ours et autres récits, publication qui reçut à juste titre, un très bon accueil d’une partie du public et de la critique ; dans le texte que j’ai aujourd’hui l’honneur de présenter en quelques mots, l’auteur n’a pas manqué de faire preuve, à chaque phrase, de son talent pour créer une ambiance et captiver le lecteur par le caractère universel de ses thèmes et de ses sujets de le plonger dans une atmosphère personnelle et originale.

Le plaisir de la lecture, la jouissance esthétique et le défi intellectuel que propose le dispositif herméneutique, ainsi que quelques uns des bénéfices ultimes que le lecteur attend de l’œuvre littéraire forment ensemble la voie d’accès au dialogue, à l’expression des opinions les plus diverses – à travers la comparaison des intérêts et préoccupations qui émanent de deux mondes parallèles – et la séduction qu’exerce le verbe ; doué d’une grande sensibilité culturelle, notre conteur et romancier ( 10 ) paraguayen truffe tous ses ouvrages de ses vastes connaissances historiques et de son sens de l’ironie aussi aigu qu’intelligent et de l’humour qui adoucissent, tout en respectant la forme générale, le pessimisme ou le nihilisme dominants.

Confronté à l’écriture, l’auteur trace quelques axes spatio-temporels sur lesquels il place les personnages de son imagination, sobrement décrits mais aussi complexes et contradictoires que l’image spéculaire de la réalité. La lecture, tout comme l’écriture, se transforme en une aventure teintée de secret et de réflexion qui s’accentue d’autant plus que le lecteur suisse découvre, dans les pages écrites par un Paraguayen, des paysages, des personnages et des ambiances appartenant à son propre environnement, jusqu’à son quartier même, son histoire et sa culture personnelles, comme, par exemple, les rues et les places de Berne, la cuisine traditionnelle ou tel autre trait qui nous définit en tant que nation. La lecture se poursuit jusqu’au bout, mue par l’intérêt, la curiosité ou le plaisir, et lorsqu’il ferme le livre, le lecteur ne s’est pas seulement reconnu dans l’un ou l’autre des personnages : à travers le point de vue de l’auteur, il a appris à voir avec d’autres yeux ce qu’il avait tenu, de manière si trompeuse, pour familier et connu.

Je n’ai pas l’intention, et ce n’est pas ici le lieu, de tenter d’élaborer une exégèse de chacun des éléments remarquables (discursifs, structuraux ou extratextuels ) que nous offre le roman : l’œuvre parle par elle-même et l’auteur invite le public à participer à l’interprétation des péripéties qu’il narre. Aussi, toujours du point de vue d’un lecteur suisse, je me limite à souligner ici quelques uns des traits qui ont éveillé mon intérêt :

( 11 ) Au moyen de quelques touches de pinceau précises et justes, Esteban Bedoya campe ses personnages, leur conférant une personnalité, non par des descriptions longues et minutieuses, mais à travers des pensées et des actions. Grâce à la mise en place d’un réseau d’allusions suggestives, il laisse le lecteur dans un état de liberté absolue pour conclure et interpréter ainsi que pour déchiffrer en le recréant eux-mêmes le labyrinthe textuel. Au sujet du monde apparemment idyllique dans lequel évoluent les personnages du roman, ce sont des êtres menacés intérieurement par l’inclémence de la vie et par les rêves brisés ; voyageurs, exilés et « picaros »* à la recherche d’une paix qu’ils ne parviennent pas à trouver. L’un d’eux est Bartolomeo Marietti, personnage qui me fait penser à Jean-Baptiste Grenouille dans Le Parfum de Süsskind, homme sans conscience, insensible, dénué

prédestiné, fort et solidaire ; à l’égal de Nietzsche lui-même, c’est un voyageur infatigable, toujours insatisfait, tel un révolutionnaire en avance sur son temps. Déraciné dès sa jeunesse, Bartolomeo lutte contre la servitude, quelles que soient la classe sociale, la famille, la pauvreté ou la morale. Détraqué et égaré, il incorpora à son bagage personnel la thématique universelle du mal ( présente dans de nombreuses œuvres littéraires comme le Faust de Goethe, The Sea Wolf de Jack London ainsi que chez Camus, Sartre, etc.) qui répugne et fascine tant à la fois.

Le thème des identités en est un autre, étroitement lié aux personnages. Le lecteur, incapable au début d’apprécier ce jeu occulte et ( 12 ) inextricable à la fois, de réflexions spéculaires, ne peut absolument pas savoir avec certitude qui est qui et jusqu’à quel point il peut croire aux personnages ou même à la propre voix du narrateur, identifiable ou non à l’auteur. Et,tout comme le lecteur, converti en nouveau Thésée, il ne trouve pas en l’auteur l’Ariane susceptible de lui procurer le fil conducteur pour s’orienter dans le labyrinthe ; se rejoignent en un point de fuite unique un premier niveau de fiction et l’irréel des autres niveaux narratifs intercalés qui ne sont pas nécessairement métaphysiques, sinon à des moments réitérés de nature simplement anachronique ( je pense, par exemple, aux étables dans le centre ancien de Berne, réalité impensable aujourd’hui, mais tout à fait vraisemblable il y a seulement quelques décennies ).

Mais tout n’est pas encore dit : on trouve encore, dans le récit, les éléments issus de la réalité historique (comme le personnage de Luigi Lucheni), les caractéristiques spatio-temporelles ou l’atmosphère socioculturelle de la capitale de la Suisse. Dans cette convergence de niveaux thématiques, les frontières sont abolies et un monde d’apparences contradictoires s’oppose à la réalité en la neutralisant ; dans un tel contexte, le plus modeste hôtelier ou le « vendeur de panneaux solaires » tout aussi bien, comportent beaucoup de non-dits. Le doute persiste en permanence pour le lecteur, l’égarant dans un désert d’interrogations hors du temps : l’ours est-il un ours véritable ou la face obscure de l’homme, son alter ego non domestiqué ? L’irruption répétée de métaphores qui font apparaître l’homme comme un sujet animalisé, ou difficile à dissiper. Et si, pour Nietzsche, l’aigle, le lion et le serpent sont les symboles ( 13 ) de la force, de la liberté et de l’indépendance, ici, c’est l’ours ( figurant de plus dans les armes de Berne ) qui est proposé comme alternative valable et fonctionnelle au paradigme nietzschéen, autre animal doté d’une charge symbolique puissante au moyen de laquelle, en outre, se dessine un parallélisme qui n’est pas seulement fortuit.

 

Tout en conservant une autonomie stylistique qui lui est propre, Esteban Bedoya rejoint les rangs d’une tendance artistique qui rassemble un certain nombre d’auteurs hispano-américains et qui résulte essentiellement de deux isotropies parallèles et antithétiques : la réalité et la fantaisie, la simple existence et l’hyperbole. A partir du concept de réalisme magique des années soixante et soixante-dix, s’est développée en Amérique latine une variante inédite de la rencontre de l’exactitude géographique et historique avec un niveau narratif pouvant être mis en relation avec la réalité extratextuelle, en même temps qu’avec des éléments fantastiques qui plongent le lecteur dans un univers non systématique et hermétique dont les règles ne peuvent être décodées. Les traits qui suscitent l’étonnement au niveau d’une lecture strictement réaliste n’altèrent pas nécessairement la vraisemblance en ce qui concerne les personnages : loin d’être perçus comme anormaux ou étrangers, ils demeurent parfaitement intégrés au monde recréé, bien que Miguel commence à douter de lui-même lorsque l’ours, peur archaïque et manifestation soudain réelle, commence à recouper ses tribulations dans Berne. L’extraordinaire et l’inexplicable surgissent subitement dans l’univers qui nous est ordinairement familier.

La voix narrative ne reste pas enfermée dans les moules classiques du récit réaliste ; loin de se simplifier, ( 14 ) la structure argumentaire s’embrouille : parvenu à un peu moins de la moitié du texte, le lecteur comprend que ce qu’il finissait de lire est le récit fait par l’un des Podesta, c’est-à-dire l’un des protagonistes. La lecture n’est pas empirique, pas plus que les personnages ; rien n’est dans ce qui apparaît- et surtout, l’aventure n’est pas terminée. Le leitmotiv du début réapparait : l’ours, et à présent, l’arrière-petit-fils du dresseur d’ours devra affronter à son tour- au cours d’une aventure inédite-les esprits malins du passé. La lecture et l’option polysémiques restent assurées dans un récit dont les clefs d’investigation coïncident en dernier ressort avec la recherche de l’identité propre de l’être humain. Mais elles sont en fait déjà dans les mains du lecteur qui entreprend l’exploration dès la première ligne du texte.

 

Daniel Leuenberger

 

 

Daniel Leuenberger (1967 ) est originaire d’Emmental, en Suisse. Après avoir suivt l’enseignement de Linguistique et de Littératures espagnoles, hispano-américaines et allemandes à l’Université de Berne il a soutenu une thèse de doctorat sur Joaquin Arderius, auteur andalou oublié appartenant à l’ « autre génération de 27 » . Depuis 2002, Daniel Lauenberger enseigne à l’Institut de Linguistique et Littératures Hispaniques de l’Université de Berne. Il a publiéplusieurs articles et compte rendus dans des revues espagnoles et internationales.

* Picaro : personnalité et personnage-types de la littérature espagnole, apparu dans le Lazarillo de Tormes (1554 ). Aventurier roublard et futé. (n.d.tr.).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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