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MIGUEL ANGEL PRATT MAYANS


  CASAS ACUÑADORAS DEL NUEVO MUNDO - Por MIGUEL ÁNGEL PRATT MAYANS


CASAS ACUÑADORAS DEL NUEVO MUNDO - Por MIGUEL ÁNGEL PRATT MAYANS

CASAS ACUÑADORAS DEL NUEVO MUNDO

Por MIGUEL ÁNGEL PRATT MAYANS


Con el descubrimiento del Nuevo Mundo, España se convirtió en el país más poderoso de Europa. Los vastos yacimientos minerales y los recursos agrícolas les pertenecían por derecho de descubrimiento y conquista. Para apreciar mejor el desarrollo del sistema monetario, es importante entender la historia de las monedas coloniales en el Nuevo Mundo; donde estuvieron las casas acuñadoras.

Los minerales preciosos eran extraídos de las minas de La Hispaniola y Puerto Rico pocos años después de su descubrimiento. En 1521, Hernán Cortés conquistó México y un considerable depósito de plata estuvo disponible para España. Las minas eran de propiedad de la persona que las descubriera y explotara, pero 1/5 de todos los metales extraídos pertenecían a la Corona. Las poblaciones se diseminaban alrededor de las minas, generando una mayor demanda de consumo entre las colonias y España.

El caudal de monedas disponibles, era insuficiente para la nueva economía. Las monedas españolas expresamente acuñadas para el Nuevo Mundo en 1511, eran rápidamente acumuladas por los ricos y retornaban a España para la compra de mercaderías o eran utilizadas en todo el imperio español. Las monedas adquiridas en España perdían el 33% de su valor en las colonias, para poder cubrir los gastos y riesgos del transporte.

Los primeros colonos establecieron sus transacciones comerciales mediante metales en bruto o sistema de créditos. La mayoría de las transacciones se efectuaban a crédito; en el día en que el oro y la plata eran fundidos, el mismo se pagaba con lingotes de plata y oro o pepitas de oro. Estos eran estampados por el tesorero, para demostrar a la Corona los pagos realizados y marcados para garantizar el contenido de oro o plata.

Este intercambio dio lugar a convenientes unidades de peso establecidas para el oro y la plata, que marcaron posteriormente una gran influencia para la creación de las monedas españolas y mundiales:

La unidad de peso español, quedó establecida en el valor de 8 reales de plata que luego se vio reflejada en las piezas de ocho.

 

 

La presión de la administración de las minas coloniales sobrepasaba las disposiciones de la Corona, por lo cual, por una Real Cédula, del 11 de mayo de 1535, el Emperador Carlos V y la reina Madre Juana, autorizaron la primera Casa de Moneda del Nuevo Mundo, la de México, siendo Virrey Don Antonio de Mendoza. Dos años más tarde fueron acuñadas las primeras monedas de plata y cobre. Existían instrucciones explícitas en cuanto al diseño, valores y tipos de las mismas. La plata debía tener una pureza de 0.903 y su contenido se mantuvo básicamente hasta 1808. En cuanto al diseño, debían llevar dos pilares y la leyenda "PLUS ULTRA" en alusión a los dominios españoles allende del estrecho de Gibraltar. En el reverso tenían el escudo de armas de Castilla y León.

 

 

Las colonias americanas eran consideradas patrimonio de ese reino desde el momento en que la Reina Isabel, soberana del mismo, apoyara el proyecto de Cristóbal Colón, de descubrir un nuevo continente.

Eventualmente, las monedas de plata de 1/4, 1/2, 1, 2, 3, y 4 Reales fueron acuñadas en México, junto con las de cobre de 2 y 4 Maravedís, como también algunos Ensayos de 8, existiendo una enorme dificultad para acuñar piezas muy grandes.

Los requisitos para la acuñación contemplaban, el cumplimiento de tres reglas básicas; primero, las monedas debían poseer el mismo título de metal de las producidas en España; segundo, las monedas tendrían el mismo valor en las Colonias y en Europa (el adicional del 33% perdió su valor) y por último, las monedas acuñadas por las Casas Acuñadoras autorizadas por el Reino, debían ser aceptadas indistintamente en Europa y en las Colonias.

 

 

Poco después, se autorizó la Casa de Moneda de Santo Domingo (antigua Hispaniolo) donde fueron acuñadas las primeras monedas, con el nombre de Vellón, producidas en un material de bajísima calidad, que se deterioraban fácilmente, motivo por el cual, los comerciantes no lo aceptaron, cayendo en desuso y cerrándose en poco tiempo, la citada casa acuñadora. En 1533, Francisco de Pizarro conquistó el Imperio Inca fundando el 18 de enero de 1535, la ciudad de los Reyes, en la región agrícola conocida por los indios como LIMOQ. Algunos creen que el nombre utilizado fue en devoción y memoria de los Reyes Magos (Epifanía, 6 de enero) o en homenaje a sus majestades Carlos V y de su madre, la reina Juana. Con el tiempo, a nivel folclórico fue prevaleciendo el nombre de Lima, perdurando hasta nuestros días, como capital del Perú.

En 1542 a 1555, fueron descubiertos y explotados en el Imperio Inca, extensos yacimientos de oro y plata, enviándose a España, en forma de barras y trozos de metal llamadas macuquinas. No estaba permitida aún la acuñación de monedas.

Varias peticiones fueron realizadas, primero a Carlos I y luego al sucesor Felipe II, para el establecimiento de una acuñadora. En 1565, se autorizó la Casa Nacional de Moneda de Perú, funcionando en 1566 y realizando su primera acuñación en 1568, especificándose el diseño, valores y tipos de monedas a ser producidas. Continuarían con el mismo emblema de las acuñadas en México y Santo Domingo pero con el nombre del nuevo monarca "Phillipus Secundus'', debían tener el mismo peso y fineza de las anteriores y circularían en España y las Nuevas Colonias. Fueron las únicas columnarios del Nuevo Reino que llevaban el nombre de Phillipus II.

En 1570, el rey decidió que todas las acuñadoras del Nuevo Mundo y España llevarían el mismo diseño, sin diferenciar a los distintos reinos que pertenecían a España. Las nuevas monedas portarían el escudo de armas de los antiguos reinos, representados por una cruz dividida en cuatro campos con castillos y leones.

Aproximadamente durante sesenta años, el escudo columnario cayó en desuso pero con el transcurso del tiempo, volvió a convertirse en el símbolo de las monedas hispánicas.

Al ordenarse el cambio de diseño, cesaron las actividades de la Casa Acuñadora de Lima. En 1572, llegaron los cuños con el nuevo diseño y el Virrey del Perú trasladó dicha Casa a La Plata, a 500 millas al sur de la actual Bolivia, produciendo la primera moneda acuñada en 1573, pero al poco tiempo, todas las máquinas fueron enviadas a Potosí, donde fueron explotadas extraordinarias minas de plata.

Esta nueva casa acuñadora fue una de las más productivas de la América colonial. En 1577, la Casa Acuñadora de Lima fue reabierta, operando hasta 1588, siendo clausurada hasta el año 1659 en que volvió a funcionar, hasta el reinado de Fernando II; en 1824.

A finales del siglo XVI, existían dos casas acuñadoras: la de México y Potosí. Con una producción máxima de 2 millones de Pesos en México y 1.7 millones de Pesos en Potosí.

 

 

Durante este período, solamente eran acuñadas monedas de plata en el Nuevo Mundo. El oro era enviado a España en forma de lingotes pesados y marcados.

Las monedas de cobre existieron inicialmente en México y Santo Domingo. En 1542, en México fueron acuñadas una gran cantidad de Maravedíes de 2 y 4. Los mexicanos, no aceptaron estas monedas baratas como un medio de cambio. El virrey tuvo que obligarlos a utilizarlas como circulante legal. Lo hicieron bajo protesta y sin tener en cuenta el costo de sus mercaderías, tiraron las monedas de cobre dadas en pago, a las lagunas que rodeaban la ciudad.

Santo Domingo acuñó monedas de cobre con el nombre de Carlos y Juana desde 1541 hasta 1558, que también circularon en las otras islas. La acuñadora de Santo Domingo acuñó algunas monedas a nombre de Felipe II, pero al final del siglo toda actividad cesó en esta acuñadora.

Las monedas de plata producidas en las dos acuñadoras llevaban la denominación de 1/4, 1/2, 1, 2, 4 y 8 reales. Las monedas más populares eran las de 8 Reales.

 

 

 

La moneda de plata de Peso fue esencialmente un invento del Nuevo Mundo. No obstante su pobre calidad, tenían un alto contenido de plata y eran producidas en grandes cantidades. Debido a ello, básicamente circularon por todo el mundo. Las piezas de 8 contra bandeadas, circularon por todos los países europeos y se convirtieron en una de las fuentes principales de las monedas metálicas de plata. Los barcos que conectaban América con las islas Filipinas, transportaban las mismas a Manila; desde donde eran llevadas a las principales ciudades comerciales del Asia. Las colonias americanas que no estaban bajo la jurisdicción española usaban el peso como su moneda corriente, algunas veces reselladas o perforadas.

La plata se constituyó en el principal activo de exportación de las colonias. No obstante, para disminuir la evasión fiscal, la plata utilizada para el comercio particular, solo podía salir de América en forma de moneda, garantizando los deberes con la Corona. Debido a ello, se tenía una gran escasez de las mismas.

Las casas acuñadoras trabajaban en forma acelerada para satisfacer la demanda de las monedas y la rápida extracción de los metales de las minas, las obligaban a acelerar el proceso. Esto explica la mala calidad de las mismas. Los cuños eran confeccionados en forma precipitada y sin cuidado, el estampado no era cuidadoso y el diseño muy pobre. Esto se daba especialmente en el caso de la acuñadora de Potosí. Las monedas eran acuñadas utilizando la técnica del yunque y punzón. Las largas barras de plata eran cinceladas en piezas irregulares y luego selladas. Si su peso excedía las especificaciones, eran cortadas y luego puestas en circulación. Debido a ello, su tamaño, forma y grosor variaban considerablemente entre pieza y pieza. En lo concerniente a las personas encargadas de la producción, debían asegurarse de la pureza del metal y que un número fijo de monedas de cierta denominación pudiesen ser acuñadas exactamente de esas barras. El valor actual de esas monedas conocidas como macuquinos oscila entre cada valor nominal.

Durante el reinado de Felipe IV un fraude de proporciones gigantescas fue descubierto en Potosí. Existían fuertes sospechas acerca de la calidad de las monedas allí producidas. En 1549, el Presidente de la Real Audiencia del Perú, tuvo a su cargo conducir una masiva investigación, ordenó que todas las monedas de plata que estuviesen en manos de particulares y en los tesoros gubernamentales fuesen inspeccionadas y evaluadas, severas penas tendría el desacato de esa resolución. El presidente contrató a un ensayador español para realizar el test. En 5 días, 36 millones de pesos fueron traídos, las monedas fueron divididas de acuerdo a las tres marcas de los ensayadores. Como el peso para cada una de las monedas era fijo de acuerdo a la denominación, sería muy sencillo determinar si el ensayador había sido honesto. Las monedas del ensayador O, perdía de medio a un real por cada Peso, las del ensayador E, perdían dos Reales y algunas del ensayador R, perdían 4 Reales, es decir, existía una diferencia de un 50% en el valor real que debía contener.

Con la mayor celeridad, el rey exigió un ajuste del problema. Todas las de 8 y 4 Reales acuñadas en Perú fueron devaluadas a 6 y 3 reales, sin tener en cuenta quien fue el ensayador: En dos meses todas las monedas de Potosí deberían ser cambiadas por piezas españolas o mexicanas y la producción de este antiguo tipo de monedas cesó. Las nuevas monedas a ser acuñadas tendrían un diseño diferente.

De los tres ensayadores investigados solo el R. fue condenado a muerte junto con el comerciante quien aparentemente vendió las monedas acuñadas como R. Los otros dos hombres continuaron como ensayadores de Potosí. Esta es una interesante historia acerca de la pobre calidad y la pérdida de peso, de estas primeras monedas.

Las repercusiones de este fraude se extendieron desde Potosí hasta Lisboa, (Portugal), en ese entonces posesión española. Las monedas peruanas vieron restringida su circulación y en Zaragoza, España, un concilio aprobó la fundición y la reacuñación de las mismas con el peso correcto.

Las pocas monedas recolectadas en Perú fueron reacuñados con un nuevo diseño, de tal manera que se pudieran distinguir de las antiguas ya depreciadas. En 1651, un edicto real reincorporó la columna en el diseño de las monedas coloniales. Las columnarios empezaron a ser producidas en 1652, y el Rey ordenó que las mismas fuesen aceptadas en todo el Imperio español. No obstante, México continuó con la producción del antiguo modelo.

Cuando la acuñadora de Lima fue reabierta en 1684, adoptó el diseño de los monedas de Potosí, a fin de evitar cualquier cuestionamiento, sobre la calidad de las mismos.

Durante este tiempo, otra acuñadora sudamericana fue autorizada, esta vez en el norte de Colombia. Después de un fallido intento en Cartagena, la producción fue realizada en Santa Fe de Bogotá, conocida en aquel momento como Nuevo Reino de Granada. La marca de acuñación utilizada fue NR (Nuevo Reino). Antes del escándalo de Potosí, estas monedas llevaban el diseño del antiguo escudo de armas. Después de 1651, el diseño se cambió a las columnarios para evitar confusión con respecto a las famosamente pobres monedas potosinas. No obstante, la producción de plata de esta mina era limitada, no así la producción de oro. Las monedas de plata eran acuñadas del metal recuperado del refinamiento del oro.

La única acuñadora que continuó usando el antiguo escudo de armas fue la de México. Sus monedas tenían probada su alta calidad y su marca garantizaba el alto contenido de la plata,

por lo tanto, no fue necesario realizar el cambio de diseño en las mismas.

Alrededor de 1625, la casa acuñadora de Santa Fe dio inicio a lo primera producción de monedas de oro para España. Finalmente, en 1675, Carlos II, el último monarca de la dinastía austriaca, autorizó la producción general de monedas de oro en las acuñadores del Nuevo Mundo. Fueron acuñadas piezas de 8, 4, 2, 1 y 1/2 Escudos.

En 1679, el virrey y los miembros de la Audiencia Real de México asistieron a la ceremonia de acuñación de la primera moneda de oro de la Ciudad de México. Inicialmente, la acuñación de las mismas estaba limitada a las acuñadoras de México, Lima y Santa Fe.

El escudo fue la denominación base de las monedas de oro españolas en 1535, acuñadas para financiar la campaña naval de Carlos I contra la base pirata ubicada en Túnez, al norte de África. Un escudo, tenía el valor de 16 reales, o el de dos monedas de 8 reales de plata.

Las monedas de Escudos de oro (abreviadas S) y sus múltiplos también tuvieron una gran influencia sobre otros sistemas monetarios. Los 1/2 escudos eran equivalentes a las de un peso de plata.

La doble escudo o doblón era la moneda de oro más utilizada con las piezas de ocho, para el comercio internacional.

Las monedas de oro acuñadas en el Nuevo Mundo utilizaban el diseño de 1535. El escudo de armas imperial español estaba de un lado y del otro, la cruz de Jerusalén conectando con medio círculos. La acuñadora de Lima estampó monedas de oro y plata con las columnarios.

En 1700, Felipe V, hijo de Luis XV, el delfín francés, inauguró la dinastía de los Borbones. En 1728, él instituyó cambios básicos en el diseño de las monedas de plata. En el anverso, el escudo de armas y en el centro tenía un pequeño escudo de armas con tres flores de lis adicionadas, reemplazando al antiguo escudo de la dinastía austriaca. El diseño de la flor de lis es el emblema de los Borbones. En el reverso, las dos columnas estaban colocadas sobre un mar con olas y la inscripción PLUS ULTRA. Agregando, los dos hemisferios mundiales unidos por una cruz a las que rodea la inscripción "Ultroque Unum" ("Ambos lados uno solo").

Las primeras monedas del mar y los mundos, fueron producidas en México en 1732. Estas bellas, bien balanceadas y de un diseño superior son realmente, el más adecuado emblema del Imperio español. Estas piezas fueron realizadas utilizando una estampadora molino, una poderosa prensa que operaba con dos pesadas bolas de hierro en sus puntas. Las monedas con el diseño de columnas fueron acuñadas en las denominaciones de 8, 4, 2, 1, 1/2 y 1/4 de reales.

Las monedas del mar y los mundos no fueron producidas en Lima hasta el año 1752. En Potosí, las mismas fueron acuñadas en 1767, aunque fueron producidas en forma simultánea con las peores macuquinas, probablemente para mantener un alto volumen de producción. En Santa Fe, se conoce solamente un año para estas columnarios (1759).

Felipe V autorizó la apertura de tres nuevas casas acuñadoras. En 1733, la Acuñadora de Guatemala comenzó su producción, Popayán en Colombia acuñaba exclusivamente monedas de oro, empezando alrededor de 1755 y Santiago de Chile en 1743. La Acuñadora de Guatemala compró los viejos equipos de México, que fueron reemplazados por una prensa de tornillo. Las monedas de Guatemala, por lo tanto, tenían el diseño de las columnas, eran macuquinas y de forma irregular. Las monedas redondas no fueron acuñadas en esta acuñadora hasta el año 1754. La acuñadora de Santiago no era tan productiva como las otras.

El diseño de las columnas era exclusivo de las acuñadoras del Nuevo Mundo. Por ejemplo, el escudo de armas de México solo tenía los emblemas de Castilla y León, mientras que las acuñadas en España incluían los emblemas de todos los reinos. El nuevo mundo era todavía una simple extensión de esos dos tradicionales reinos. También en las españolas se incluía en el título del Rey la inscripción "Rey de España y de las Indias", mientras que en las de México solo llevaba la inscripción de "Rey de España".

En 1771, Carlos III ordenó que el busto real apareciese en todas las monedas españolas con excepción de las de 1/2Real. El reverso tenía un escudo de armas más simple, con castillos y leones en los cuartos, la flor de lis borbónica en el centro y en el extremo inferior la granada. El escudo de armas estaba rodeado y flanqueado por dos columnas con la cinta de "Plus Ultra". El busto tenía un traje militar antiguo y coronado con una banda de laurel. Monedas similares producidas en España tenían el busto solo cubierto por el manto real. El reverso no incluía los pilares; y la leyenda hacía referencia a Carlos, el Rey de España.

Para 1772, las monedas con el nuevo busto fueron acuñadas en el Nuevo Mundo. Éstas al igual que las monedas del mar y los mundos, eran completamente redondas y muy bien acuñados. Empezando en 1772, fueron realizados grandes esfuerzos para parar la producción de macuquinos y sacar las piezas de circulación. Estas medidas se vieron retrasadas hasta 1775. Potosí, fue la única que las continuó acuñando hasta el año 1774. A partir de ese momento, todos los diseños eran similares y la calidad de las monedas uniformes, entre cada una de las acuñadoras.

A partir de 1732, las monedas de oro de México tenían el diseño y calidad uniforme, en los años 1750 todas las acuñadoras producían el mismo busto en las monedas de oro.

Las monedas con el nuevo busto ganaron aceptación internacional. De hecho, las monedas españolas tenían una tirada legal dentro de los EEUU hasta febrero de 1857. Eran tan populares que en 1796 el embajador español en Philadelphia informó al gobierno español que piezas falsas de 8 eran producidas en Birmingham. Muchos de los bustos de 8 Reales son encontrados cortados y con caracteres chinos. El peso era aceptado también en el Oriente, probablemente a través del contacto con las Islas de Filipinas, que eran posesiones españolas.

En 1788, Carlos IV sucedió a su padre como rey. Las acuñadoras del Nuevo Mundo, no recibieron los cuños con el retrato del nuevo monarca hasta dos años después. No obstante, las mismas, fueron autorizadas a acuñar monedas del nuevo rey Carlos IV con él retrato de su padre. En 1790, Carlos IV ordenó que las monedas acunadas sin su retrato fuesen estampadas con los años 1788 y 1789 de tal forma que representasen a todos los años de su reinado.

Para 1810, la insurrección de México se esparció por todas las colonias. Acuñadoras provisorias fueron abiertas por ambos, los revolucionarios y los realistas, especialmente en México. Entre éstas, Sombrerete, Guanajuato, Zacatecas y Durango.

Las últimas monedas españolas en el Nuevo Mundo fueron acuñadas en 1816 (Popayán), 1817 (Santiago de Chile), 1821 (México y Guatemala), 1824 (Lima) y 1835 (Potosí). El nombre de los monarcas españolas desapareció de las monedas americanas. No obstante, aun hoy persiste esta larga y tradicional historia numismática, que marcó el sistema monetario y económico de las nuevas naciones.

 

CECAS DE CASA DE MONEDAS DEL NUEVO MUNDO

 

 

 

 

 

El curso de estas monedas, en Londres, fue una de las razones por las que las mismas proliferaron en Gran Bretaña, en los años 1800. Esto fue fomentado porque en el año 1696, la Acuñadora Inglesa, concedió al oro un valor levemente superior al de la plata. A raíz de ello, las personas consideraron una mejor inversión entregar su oro a la Acuñadora, para que las amonedara en Guineas, mientras vendían su plata en el mercado de exportación a India, donde los altos precios pagados a dicho metal eran superiores.

 

 

 

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ORO

MIGUEL ÁNGEL PRATT MAYANS, Editor

MARÍA LUISA MEDINA DE PRATT, Investigación

PILAR SAGALÉS DE BLASCO, Coordinación

MARÍA ARAMÍ PRATT MEDINA, Compaginación

Asunción . Paraguay

2013

 

PARA COMPRA DEL MATERIAL:

NUMISMÁTICA INDEPENDENCIA S.A.

14 de Mayo N° 221 entre Palma y Presidente Franco

Teléfono: 595 21 491.553

Correo: nisa@pla.net.py

 

 

 

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