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WASHINGTON ASHWELL


  LA ESTRUCTURA Y DINÁMICA DE LA ECONOMÍA NACIONAL (WASHINGTON ASHWELL)


LA ESTRUCTURA Y DINÁMICA DE LA ECONOMÍA NACIONAL (WASHINGTON ASHWELL)

LA ESTRUCTURA Y DINÁMICA DE LA ECONOMÍA NACIONAL

WASHINGTON ASHWELL

 

            La nueva estructura de la economía nacional. Con la nueva organización y el desenvolvimiento diferente de los distintos sectores productivos que hemos descripto en forma sumaria, la estructura económica del país pasó a caracterizarse por el predominio de la producción de materias primas y alimentos para consumo interno y para los mercados externos. El elevado porcentaje de ocupación dedicada a la agricultura, a la explotación forestal y a la ganadería, y la gran contribución de estos sectores a la formación del producto interno, evidencian la alta concentración de la economía en la producción de bienes primarios. En adelante, será el país un exportador de materias primas y un importador de todos los bienes manufacturados que consumirá o demandará su población.

            La insuficiencia o escasez de capitales será otra de sus características dominantes. Un índice de esa insuficiencia será la baja cuantía de capital por habitante y por bien producido, y la poca diversificación del escaso capital disponible. No sólo será baja y reducida la disponibilidad de bienes de capital, sino que, además, la tasa de acumulación o de formación de capital nuevo será también muy limitada, y resultará insuficiente para mantener tan siquiera la misma relación con una población en fuerte crecimiento. La limitada capacidad de ahorro o de formación de capitales hará que la economía dependa totalmente de la afluencia del capital extranjero para la expansión y desarrollo de las actividades productivas.

            La escasa disponibilidad de capitales será el factor que impedirá o postergará una utilización más intensiva de los recursos naturales y humanos disponibles. Será además la mayor limitante de la actividad económica del país. El nivel máximo de ocupación de la economía será aquel en que los reducidos recursos de capital queden totalmente empleados. La plena ocupación resultará por ello limitada. Dejará ociosos cuantiosos recursos naturales, y no movilizará a toda la población en edad para trabajar. El desempleo de parte importante de la población será así forzoso, estructural y permanente. La desocupación se intensificará aún más en los períodos de depresión.

            La actividad industrial será reducida. Las industrias que llegaran a establecerse en el país tendrán por objeto el acondicionamiento de materias primas para la exportación, o serán industrias textiles o ligeras, de reducida capacidad de producción, y con sólo limitados efectos secundarios sobre el resto de la economía. Las industrias artesanales integrarán la mayor parte de la ocupación registrada como manufacturera. Su producción será limitada, y estará dirigida en su mayor parte al reducido mercado interno.

            El grado de monetización de la economía será sumamente bajo. Un segmento considerable de la población operará fuera de la economía monetaria, y sobre bases de autosuficiencia. Esta circunstancia postergará y limitará la formación y la acción de las instituciones de crédito. El depósito bancario tardará en asumir una importancia efectiva en el financiamiento de las transacciones internas. Por lo reducido del área monetaria, y por la falta de instituciones reguladoras del mercado monetario y cambiario, las expansiones del medio circulante, sean de origen interno o externo, tendrán fuerte incidencia sobre el nivel de los precios y de los cambios. La propensión a la inflación será tan alta como la dependencia de las importaciones.

            Como el producto interno será reducido, los ingresos fiscales, que siempre son reflejo de la capacidad de pago de la población, serán limitados e insuficientes para cubrir los gastos y los servicios del sector público. Una proporción muy elevado de los recursos provendrán de impuestos indirectos y de los derechos aduaneros, que son regresivos. No sólo serán insuficientes, sino que sus limitaciones estarán acentuadas por la evasión fiscal y las ineficiencias de las recaudaciones. Con todos estos factores, el desequilibrio fiscal será congénito, estructural, y se acentuará en los períodos de depresiones de la economía.

 

            Dinámica de la nueva estructura. Con la nueva organización de la economía, concentrada en la producción de bienes primarios destinados a la exportación, y la dependencia total de la importación para el abastecimiento de bienes manufacturados al consumo interno, la economía nacional asumirá un comportamiento diferente, una dinámica nueva. Entra en un callejón sin salida, que sólo conduce al estancamiento y al subdesarrollo. Las limitaciones estructurales determinarán la baja productividad de la economía en su conjunto e impedirán en los sectores productivos la acumulación de ahorros o excedentes que pudieran ser reinvertidos para aumentar o transformar su capacidad productiva. Con una población en continuo crecimiento, la ausencia de inversiones reproductivas será la causa del estancamiento o el deterioro progresivo del producto interno que por habitante generarán las actividades económicas del país. El nivel de ingresos de la población será bajo e inestable. La capacidad productiva del país no sólo será insuficiente para dar ocupación rentada a toda la población en edad y capacidad de trabajar sino que, además, el nivel de ocupación será inestable, y quedará condicionado a las fluctuaciones continuas de la demanda externa. El país quedará inexorablemente condenado a ser uno de los países menos desarrollados en un continente subdesarrollado.

            En general, los bienes primarios, sean agrícolas, ganaderos o forestales, llevan incorporados un escaso valor agregado, por su reducido nivel de elaboración. El costo de producción tiene que ser bajo para competir en los mercados externos, y, consecuentemente, el ingreso que internamente generen por unidad producida, es reducido. El transporte de las materias primas es siempre gravoso, porque en un gran volumen sólo encierran un escaso valor. En cambio, los bienes manufacturados incorporan un alto componente de inversiones de capital y de mano de obra calificada, generan altos ingresos por beneficios y salarios, y determinan un mayor valor y un precio más alto por unidad de bienes producidos o vendidos.

            Adicionalmente, como más tarde lo demostraron Prebish y Singer,1 en ese intercambio de bienes primarios por bienes manufacturados, en el largo plazo, los precios de los productos manufacturados subirán a un ritmo mayor que el de las materias primas, produciendo un deterioro acumulativo en los términos de intercambio y en los ingresos de los países productores de materias primas, que progresivamente necesitarán vender mayores cantidades de productos primarios para obtener una cantidad menor de bienes manufacturados.

           

            La dependencia del mercado argentino y sus efectos. A causa de que la casi totalidad de los capitales que se radicaron en el país, después de la guerra, para el ejercicio del comercio y la explotación de sus recursos, procedía de la Argentina, la economía paraguaya pasó a tener una dependencia directa del comercio de Buenos Aires. El Paraguay quedó convertido en un centro de producción y acopio de productos primarios, que al igual que los procedentes del interior del territorio argentino, se centralizaban y comercializaban en la plaza de Buenos Aires. Ese resultado confirma la lección de la historia que enseña que los principios económicos, aplicados en circunstancias diferentes, producen resultados distintos. Cuando Buenos Aires se liberó de España con la bandera del libre comercio, fue para escapar de la opresión de los monopolios y privilegios coloniales españoles, y vincularse directamente a toda Europa, que era el centro del comercio mundial. En cambio, cuando el Paraguay es obligado a abrir sus puertas al libre comercio, será para perder su contacto directo con el viejo mundo, y quedar atado a la plaza de Buenos Aires, cuyo único interés era el de consolidar y extender su posición privilegiada de puerto obligado y de intermediario forzoso de todo el comercio de la región del Plata con el resto del mundo. La libertad instaurada fue más un mecanismo de penetración, de sojuzgamiento y de dependencia, antes que un instrumento de liberación.

            En adelante, la intermediación bonaerense se le hará inevitable al Paraguay. Los productos nacionales de exportación no serán más despachados directamente a los mercados europeos, en barcos de bandera nacional, como en el período de anteguerra. Serán consignados a Buenos Aires, y de allí reexportados como parte de los despachos argentinos por comerciantes de esa plaza, o por representantes de casas europeas. El algodón paraguayo será remitido a Resistencia, y allí reembalado para su despacho a los mercados mundiales, con el consiguiente aumento de los gastos y la reducción del ingreso efectivo que generaba al país.

            Igualmente, como consumidor de artículos manufacturados, el país quedó obligado a proveerse en la capital argentina, hasta de los productos originarios de otros mercados, y a abonar al comercio de esa plaza los costos y las ganancias de esa intermediación.

            El transporte de todas sus mercancías, tanto de importación como de exportación, será efectuado por empresas navieras argentinas, que explotarán discrecionalmente la dependencia que por su enclaustrada geografía tiene el comercio exterior del Paraguay del transporte fluvial. Para favorecer las ventas argentinas al país, el flete de subida, que es más lento y más costoso, será más barato que el de bajada, con lo que se subsidiaba directamente la importación a expensas de la exportación. El flete de bajada era un flete cautivo, sin opciones, al que se le podía imponer toda clase de exacciones. En general, el flete fluvial será extremadamente oneroso. Destacando su costo exagerado, hacia 1911 Alexander Mac Donald escribió lo siguiente:

            "Uno puede enviar un paquete de mercancías desde Londres a Sidney (Australia), retransportarlo a Hong Kong, transbordarlo en este puerto y, finalmente, pasar la aduana de Londres, a la mitad del costo en que uno incurre al enviar una carga similar desde la Asunción a Buenos Aires. Los fletes para un viaje de 3 días, aguas abajo, con una corriente de 2 1/2 nudos a favor, representa el doble de las tarifas por 30 días en cualquier lugar a través del océano".2

            Analizando la experiencia verificada con el transporte fluvial, dirá más adelante el Dr. César Vasconsellos:

            "Los fletes fluviales son caros, y escapan al contralor del Gobierno Paraguayo porque el usufructo del río pertenece prácticamente al país que domina la desembocadura, cuyos buques pueden comerciar a lo largo de ambas márgenes, más allá de sus fronteras, zarpar puntualmente de la Asunción, según itinerario, con cualquier volumen de carga, y luego efectuar removidos en todo el curso del río, hasta llegar al mar. En cambio, un buque de bandera paraguaya sólo puede mercar en una quinta parte del mismo recorrido, sobre una sola margen, con el consiguiente recargo de fletes y la imposibilidad de cumplir los itinerarios fijos, debiendo soportar demoras que implican gastos, para no zarpar sin plena carga, de tal manera que el usufructo de esta vía fluvial corresponde, prácticamente, a la República Argentina. Y en estas condiciones, resulta una cándida utopía alentar en el Paraguay la creación de una marina mercante nacional, para la regulación del flete nacional. El transporte fluvial de veinte mil kilogramos de cuero salado, desde la Asunción a Buenos Aires cuesta a razón de treinta y tres pesos moneda argentina por tonelada, por cada mil kilómetros de recorrido, mientras que de Buenos Aires a Hamburgo cuesta normalmente quince veces menos por idéntica distancia.3

            La economía paraguaya resultará así doblemente castigada. Por una parte, el elevado costo del transporte le reducirá los ingresos que generan sus exportaciones, y por otro, le encarecerá los costos de todas sus importaciones. El Paraguay se convertirá en el país que más barato tenía que vender lo que exportaba y en el que más caro pagaba todo lo que compraba.

            Además, como todo el producto de las exportaciones retornaba al país en forma de créditos en pesos argentinos, la única divisa que en adelante dispondrá para el pago de sus obligaciones externas serán los saldos acumulados en esa moneda. Y como el peso argentino no era una moneda de pago aceptada fuera del Río de la Plata, cuando el país debía efectuar abonos a otros países, se veía obligado a efectuar una doble conversión, primero a pesos argentinos y luego un arbitraje en el mercado cambiario de Buenos Aires para adquirir las monedas necesarias para tales pagos y a abonar la comisión consiguiente por esa operación.

            Por la gravitación dominante que tendrá en su comercio exterior, el peso argentino se convertirá en el patrón de valores de las transacciones externas y mismo de las internas del país. La moneda nacional se cotizará en términos de una moneda de cuenta, el peso oro sellado, que no será sino un múltiplo aritmético del peso argentino a una equivalencia de 2.2727 pesos argentino por peso oro sellado. El uso de este arbitrio se generalizó en la plaza como un medio de evitar las distorsiones que en los contratos y en las operaciones a plazo producía la inestabilidad de la moneda nacional. El peso argentino quedó así instituido como el verdadero patrón de valores y virtual patrón monetario del Paraguay.

            Pero como el peso argentino tampoco era una moneda muy estable, queriendo escapar de la inestabilidad de la moneda nacional, el comercio paraguayo se ató a las fluctuaciones, también frecuentes, del peso argentino. Las transacciones del comercio paraguayo debían en adelante acomodarse al doble condicionamiento de dos patrones de valores inestables: el peso nacional, que sería usado en las transacciones corrientes y el peso argentino o el oro sellado, que serían usados en las transacciones relacionadas con el comercio exterior. En esta dualidad iba a radicar el mayor problema que tenía que confrontar la política monetaria del país, el de poder ligar dos patrones inestables mediante un tipo de cambio que pudiera ser representativo del valor real del peso nacional en relación con las monedas del resto del mundo.

 

            El comercio exterior y la ocupación interna. Como la producción agropecuaria para consumo local sería relativamente estable, las fluctuaciones en los niveles de ocupación de la economía en su conjunto quedarían determinadas por las variaciones de la producción de bienes destinados a los mercados externos, y, consiguientemente, subordinadas a la demanda de los mercados internacionales. Por ser el Paraguay un productor muy pequeño con relación a la oferta mundial, los precios en oro de sus exportaciones serían determinados por las condiciones de los mercados externos. El país tendría poco o ningún control sobre el rendimiento de sus exportaciones, salvo mediante la variación de su volumen físico o la reducción en sus costos de producción. Por lo tanto, a corto plazo los precios externos debían tomarse como dados, mientras que a mediano y largo plazo resultarían variables y a veces inciertos, dependiendo de la coyuntura de la oferta y la demanda mundial. Y como la determinación de estos precios estaba fuera de todo control por parte de los productores nacionales, era imposible que se pudiese actuar sobre los mismos con medidas internas. De igual manera, los precios en oro de las importaciones estarían determinados por los proveedores extranjeros, ya que el país era un consumidor tan pequeño de bienes manufacturados, que sus compras y sus consumos no gravitaban sobre la demanda total del mercado mundial. Como los precios internos en pesos oro o su equivalente en moneda nacional, de la producción exportable estaban también determinados por los precios externos, el nivel de los precios internos, tanto de los bienes de consumo local como de los de exportación, eran determinados por fuerzas externas, en tanto que la substitución de importaciones era baja, si no nula, a causa de la falta de industrias que compitieran con las importaciones.

            Con esta estructura, la demanda externa de productos primarios será el factor condicionante de los niveles de producción y de los ingresos internos, como también del crecimiento de la economía a largo plazo. Las variaciones en los ingresos externos serán la causa principal de las fluctuaciones de los ingresos internos y de los cambios en la posición de la balanza de pagos. Un aumento de los precios externos de los bienes primarios incrementará el valor de un volumen dado de bienes exportables, elevando los ingresos y la capacidad del país para adquirir bienes importados. Por el contrario, una baja de los precios significará una disminución automática del producto de las exportaciones, y una contracción multiplicada del ingreso interno y de la capacidad de pagos del país.

 

            Las fluctuaciones cíclicas. Las variaciones de las entradas de divisas resultantes de las fluctuaciones de los precios y de la demanda de productos primarios en los mercados internacionales, tendrán en lo futuro un efecto dominante sobre los niveles de ocupación y de ingresos del país. Por esta causa, la economía paraguaya experimentará en los años venideros períodos sucesivos de expansión y de aguda contracción, que estarán determinados exclusivamente por las condiciones imperantes en los mercados externos. El mecanismo de transmisión de las influencias expansivas o recesivas de los centros industriales opera del modo siguiente:

            En las fases de prosperidad o de expansión de los grandes centros manufactureros, la demanda de materias primas aumenta considerablemente. Los precios de los productos primarios suben a un ritmo que puede ser mayor que el de los productos manufacturados. Las órdenes de compra de materias primas se multiplican. Aumenta el financiamiento externo para el acopio y la exportación de materias primas, expandiendo la liquidez y las operaciones de crédito de la banca de los países productores de bienes primarios. Las exportaciones de materias primas aumenta, y los ingresos que generan se elevan, tanto por el mayor volumen exportado, como por los mejores, precios. Capitales externos afluyen a los países de la periferia para financiar el acopio de materias primas y la venta en el mercado local de productos manufacturados. Los mayores ingresos aumentan la capacidad de pago de los mercados locales, y estimulan el mayor consumo de bienes importados. El comercio interior se intensifica. La expansión del comercio exterior aumenta los ingresos aduaneros y permite el aumento del gasto público. Con las mayores exportaciones y los aumentos del ingreso y el gasto internos, las economías de los países de la periferia progresivamente entran en una fase de prosperidad y de abundancia.

            A la inversa, al producirse la declinación económica de los grandes centros manufactureros, automáticamente disminuye la demanda de materias primas. Los créditos externos de corto plazo para el acopio y embarque de materias primas son reducidos o no renovados. El acopio local de frutos del país disminuye o cesa, según sea la intensidad de la caída de la demanda exterior. Al no poder vender sus cosechas, los productores locales no pueden cumplir sus compromisos con el comercio y el sistema bancario en general. A su vez los bancos, al no poder hacer efectivos los créditos vencidos, se enfrentan con el congelamiento progresivo de sus carteras y con la falta de liquidez para atender sus compromisos regulares. El problema se intensifica con la salida de capitales, que afecta tanto la liquidez del sistema bancario como la demanda de cambios. Si esas dificultades se acentúan, pueden producirse el pánico y la corrida de los depositantes.

            La caída de las exportaciones disminuye la oferta de divisas, y eleva la cotización cambiaria. Como consecuencia, el costo de las importaciones aumenta, en momentos en que los importadores tropiezan con dificultades crecientes para obtener financiamiento bancario para el pago de sus vencimientos. La demanda interna de productos importados disminuye por falta de capacidad de pago de los sectores que producen para la exportación. La comercialización interna de los productos importados se hace difícil, y disminuye sensiblemente. Como los pedidos de las importaciones se hacen con varios meses de antelación, los importadores continuarán recibiendo nuevas partidas de mercaderías, cuyos costos habrán aumentado en proporción del aumento del cambio, y para las cuales no tendrán a su llegada ni financiamiento bancario ni demanda interna.

            La caída del comercio exterior producirá una disminución drástica de las rentas públicas. Al disminuir las importaciones y exportaciones, los derechos aduaneros, que generalmente son la fuente más importante de recursos del fisco, se reducirán fuertemente, y originarán atrasos forzosos de los pagos del tesoro. Este proceso tiene efectos acumulativos sobre la actividad económica. Los niveles de ingresos y de ocupación internos, la actividad del comercio y de la industria disminuyen considerablemente. Por eso, el Profesor Robert Triffin, con una gráfica simple pero elocuente, decía que "cuando los países industriales estornudan, los de la periferia enferman de pulmonía".

            Adicionalmente, por el desconocimiento de las causas que producían las recesiones, sus repercusiones locales se multiplicaban aumentadas. Agitaban a la opinión pública en contra de las autoridades, y convulsionaban el orden interno. Generalmente se consideraba que las crisis eran consecuencias exclusivas de factores locales. La atribuían a la ineptitud del Gobierno, al manejo doloso de la cosa pública, a la emisión desmesurada de billetes inconvertibles o al déficit fiscal. Para la opinión local, el Gobierno era el único responsable de todos los males y desastres que se manifestaban durante los períodos de crisis. Bajo la influencia de esa reacción; que estimulaba y fortalecía a la oposición, después de cada crisis casi siempre se producía en el Paraguay un cambio de Gobierno o una revolución armada. Al destacar este último fenómeno, debemos advertir contra las generalizaciones simplistas. Que no se quiera pensar que todos los cambios políticos registrados en el país fueron debidos a causas económicas. El económico será sólo uno de los factores que gravitaban en la esfera política, aun cuando por momentos su gravitación se intensificaba.

            El cuadro siguiente muestra los años de crisis en Europa, Estados Unidos de Norteamérica, Argentina y el Paraguay. Se toma como fecha inicial de cada crisis, el año en que se produce en el centro respectivo la flexión de la tendencia expansiva o ascendente de la actividad económica local.

  

 

 

CRISIS ECONÓMICAS.

 

Europa 4     -     EE.UU. 5     -   Argentina 6 -   Año     -  Paraguay

                                                                                             Acontecimientos sobresalientes

1873                       1873                18737               1873                      

 

Interrupción del ingreso de capitales. Contracción del comercio exterior. Disminución de los ingresos fiscales. Reducción del gasto público. Recorte de sueldos de empleados públicos. Retracción aguda del comercio interno. Ley de Estanco del tabaco, la sal y el jabón. Ley de Emisión. Derogación de la ley de estanco. Ley de ventas de tierras públicas. Asesinato del Presidente Gill.

 

 

1882                1882                1883                1883

 

Contracción del comercio exterior. Abarrotamiento de productos paraguayos en el mercado argentino. Caída del comercio interior. Fuga de capitales. Cierre del Banco del Paraguay. Pedido de moratoria general. Fundación del Banco Nacional. Disminución de ingresos fiscales. Ley de ventas de tierras públicas. Reanudación del flujo de capitales. Reactivación del comercio exterior e interior. Intensificación de la demanda y venta de tierras públicas.

 

1890                1890                1890                1890   

 

Fuga de capitales. Corrida bancaria. Colapso de los bancos privados de emisión. Suspensión de la conversión. Fundación del Banco Nacional del Estado. Emisiones extraordinarias. Suba sostenida del cambio. Déficit fiscal. Demoras en los pagos de la tesorería. Levantamiento del 18 de octubre de 1891.

 

1900                1899                1899                1899   

 

Recesión de las exportaciones. Fluctuaciones cambiarias. Contracción del mercado interno. Déficit fiscal. Retracción económica. Proyectos de Reformas Monetaria y Fiscal. Control de las exportaciones de cueros. Emisión extraordinaria. Reactivación económica. Revolución de 1904. Cambio de Gobierno. Derogación del control de exportaciones de cueros.

 

1906                1907                1906                1907   

 

Disminución de las exportaciones. Caída de la producción interna. Suba del cambio. Retracción del comercio interior. Insuficiencia de recursos fiscales. Gestión de empréstito externo. Creación del Banco de la República. Rebelión militar del 2 de julio de 1908. Cambio de Gobierno.

 

1913                1913                1913                1913   

 

Suba del tipo de cambio. Quebrantos comerciales. Moratoria de deudas del sistema bancario. Feriado bancario. Emisión especial para auxilio de los bancos. Rescate del Fondo de Conversión por el Gobierno. Cambios de Ministros de Hacienda. Creación de la Oficina de Cambios. Expropiación de giros. Moratoria para las obligaciones en monedas extranjeras. 1ª. Guerra mundial. Aumento de las exportaciones. Caída progresiva del tipo de cambio. Suba de los     precios internos.

 

1920                1920                1920                1920   

 

Paralización de las exportaciones de carne. Crisis y moratoria bancaria. Corrida bancaria. Contracción del comercio interior y exterior. Cesación de pagos de dos bancos. Caída de los ingresos fiscales. Emisiones extraordinarias. Revolución de 1922/23.

 

 

NOTAS

 

1R. Prebish. El Desarrollo Económico de América Latina y sus Principales Problemas. N.U. 1950. H. W. Singer. The distribution of Gains between investing and Borrowing Countries. AER. 1950.

2A. Mac Donald. PARAGUAY. Its People, Customs and Commerce. Reproducido en Herken K, J.C. El Paraguay Rural. 1984, p. 140.

3C.A. Vasconsellos. Soluciones Económicas Reclamadas por Nuestra Posición Geográfica MRE, 1940, ps. 4 y 5.

4J. Akerman. Estructura y Ciclos Económicos. Aguilar, 1962.

5Burns y Mitchell. Measuring Business Cycles. N. Y. 1946, p. 78 Reproducido en J. Estey. Ciclos Económicos. FCE, p. 82.

6 Di Tella y Zymelman. Ciclos Económicos Argentinos, 1973.

7F.L. Balbín. La Crisis 1873-1875. B. A., 1877.

 

 

FUENTE (ENLACE INTERNO) :

 

 

 HISTORIA ECONÓMICA DEL PARAGUAY

ESTRUCTURA Y DINAMICA DE LA ECONOMÍA NACIONAL

1870 a 1925

WASHINGTON ASHWELL

Tapa: LUIS VERÓN

CARLOS SCHAUMAN, Editor

Asunción – Paraguay. 1989 (388 páginas)

 

 

 

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