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CHARLES AMES WASHBURN


  LA DIPLOMACIA ESTADOUNIDENSE DURANTE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA - Escritos de CHARLES AMES WASHBURN


LA DIPLOMACIA ESTADOUNIDENSE DURANTE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA - Escritos de CHARLES AMES WASHBURN

LA DIPLOMACIA ESTADOUNIDENSE

DURANTE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA:

ESCRITOS ESCOGIDOS DE

CHARLES AMES WASHBURN

SOBRE EL PARAGUAY, 1861-1871

Compilación y edición de

THOMAS L. WHIGHAM y JUAN MANUEL CASAL

Editorial Servilibro, Asunción – Paraguay - 2008 (405 páginas).

 

 

ÍNDICE

 

*. ESTUDIO PRELIMINAR - THOMAS L. WHIGHAM

*. AGRADECIMIENTOS - TRADUCCIONES, TRANSCRIPCIONES Y NOTAS: CRITERIOS WILSON GONZÁLEZ - CECILIA ROBILOTTI

*. CORRESPONDENCIA OFICIAL

*. CORRESPONDENCIA FAMILIAR

*. DIARIO DE CHARLES Y SALLIE WASHBURN EN SUDAMÉRICA

*. FRAGMENTOS DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY DE CHARLES AMES WASHBURN

*. ESCRITOS MISCELÁNEOS

*. CONCLUSIÓN - JUAN MANUEL CASAL

 

ESTUDIO PRELIMINAR - THOMAS L. WHIGHAM

 

En  América del Sur, Charles Ames Washburn es asociado habitualmente con la Guerra del Paraguay (1864-1870), durante la cual prestó servicio como Ministro de los Estados Unidos en Asunción. En esta calidad, Washburn desempeñó un papel controversial. Se enfrentó con el Presidente Francisco Solano López por el tratamiento dado a las prisioneros y los derechos de los residentes extranjeros. Se enfrentó con Bartolomé Mitre y los comandantes del ejército brasileño por la cuestión de la mediación durante la guerra y el tránsito del personal  diplomático. Y se enfrentó con el comandante de la flota de Estados Unidos en el Atlántico Sur respecto a quién tenía mayor autoridad entre los norteamericanos del Plata, si el comandante o él mismo. En resumidas cuentas, Charles Ames Washburn es habitualmente retratado como un hombre combativo, y lo fue. En su prolongada vida política, fustigó con su colérica pluma a figuras políticas de dos continentes.

Su beligerancia no fue sorprendente. Washburn nació en 1822, en Livermore, Maine, el estado más norteño de Nueva Inglaterra, una verde región de amplios bosques y pequeñas granjas. Las circunstancias de su nacimiento fueron enteramente normales, pero pocas cosas más lo fueron a lo largo de su vida. Para comenzar, tuvo una familia extraordinaria. Aunque de condición humilde, su padre Israel fue un hombre pío, que no tuvo temor de encallecer sus manos aunque estuvo profunda y tal vez obsesivamente interesado en la educación, la política, y las enseñanzas de la Iglesia Universal, un vigoroso movimiento liberal protestante. Israel había llegado de Massachusetts en 1806. Luego de dictar clases en escuelas y enseñar a construir cabañas a lo largo de la costa durante algunos años, regresó al trabajo en la granja. Aunque su éxito en tal empresa, y en la venta de miel y aguardiente a la gente del lugar, fue solamente modesto, Israel y su esposa Martha Benjamín legaron firmes ideales de autosuficiencia y respeto por la familia a sus hijos. Estos no los defraudaron. Abriéndose camino en el mundo desde Livermore, se convirtieron en políticos de nota (uno de ellos senador, y varios otros gobernadores estatales), diplomáticos y militares hicieron que el apellido Washburn fuera tan conocido durante el siglo XIX en los Estados Unidos, como en épocas posteriores lo serían otros como Roosevelt, Kennedy o Bush..

Charles fue el sexto de estos hijos, un soñador y ávido muchacho lector, amante de la historia y la poesía. Sus favoritos eran los románticos, algo sorprendente en una personalidad como la suya, irascible e individualista. Pero este habitante de Nueva Inglaterra fue siempre apasionado en sus gustos e inclinaciones. En efecto, el hogar paterno debe su poético nombre "Norlands" al duro día de invierno que evoca "La balada de Oriana", de Alfred Tennyson:

 

"When the long dun wolds are ribb'd with snow,

       And loud the Norland whírlwind blow" *

 

* Literalmente: "Cuando la amplia campiña agreste y pardusca está veteada de nieve / y arrecia el fuerte torbellino de Norland",

 

Charles recibió su educación inicial en una pequeña escuela cercana a la casa paterna, que los niños llamaban "la Universidad". Fue competente en todos sus estudios, aunque rara vez eclipsó a sus hermanos. Aún joven, tenía una naturaleza sensible, como si un gran fuego estuviera brotando desde su interior pero sin entrar en erupción todavía. En 1841, a la edad de 19 años, se inscribió para ingresar en la academia de West Point pero fue  rechazado por problemas de salud. En cambio, ingresó al Bowdoin College, hasta entonces la principal institución educativa privada del estado. Se graduó en 1848 siendo relativamente maduro, a los 26 años. Se mantuvo enseñando en Bowdoin por un corto tiempo, y durante un semestre pudo presumir de tener clases de setenta jóvenes estudiantes, que absorbían ansiosamente todo lo que él tenía para decirles. Fue uno de los pocos momentos en que pudo solicitar y obtener del público toda la atención que ahincadamente había buscado. Una de sus hijas dijo más tarde que su padre nunca fue tan feliz y popular como en ese lugar.

Pero la docencia no satisfacía todas sus ambiciones. Mientras estaba en Bowdoin, estudió leyes bajo la tutela de su hermano mayor, Israel, un abogado establecido en Orono, Maine, y en ocasiones gobernador del estado. El año de su graduación Charles viajó al sur, a Washington, con un compañero de estudios, esperando  hallar trabajo primero como profesor, o tal vez en algún organismo público. Fracasando en su primer intento, se dirigió a otro de sus hermanos, Elihu, por entonces un congresista whig por Illinois, quien le encontró trabajo en la Oficina Nacional de Tierras.

Esta tarea, que incluía la supervisión de los límites de las propiedades territoriales en los estados del oeste, tenían escaso interés para este hombre inquieto. Un año más tarde abandonó ese empleo en el gobierno, viajó al sur nuevamente sin encontrar trabajo, luego viajó al este, hacia Mineral Point, Wisconsin. Allí estudió leyes y se hizo abogado bajo la tutela de otro de sus hermanos mayores, Cadwallader (quien un día seria gobernador de Wisconsin). Luego, en 1849, Washburn se embarcó hacia Cap.  Horn, produciéndose su primer contacto con América del Sur antes de viajar a California para participar en la búsqueda de oro.

Se estableció temporalmente en los campos mineros de Sierra Nevada. Esta fue la zona montañosa de California que se hizo famosa por las "rudimentarias pero eficaces" ("rough-and-ready") historias breves de Mark Twain y Bret Harte: una tierra de delincuentes, jugadores y mujeres fáciles, todos buscando un golpe de suerte. Washburn parece haber hallado un pequeño trozo de oro. Pero a diferencia de algunos hombres que encontraron en esta búsqueda una adicción irresistible, él pronto se cansó de las prospecciones. En 1850 abandonó Mariposa, en el condado de Tuolome, se

dirigió hacia San José y lentamente hizo su recorrido hacia la península en la bahía de San Francisco. Por encima del hallazgo de esta bulliciosa comunidad, Washburn encontró su elemento y se encontró a sí mismo, trabajando en varios periódicos: Sonora Herald, San Francisco Evening Journal, San Francisco Herald, Alta California, Star of Empire. Finalmente, en 1858, se convirtió en editor del San Francisco Daíly Times en sociedad con Alvin Flanders.

Sus editoriales, que abordaron una amplia gama de asuntos, revelaban ciertos persistentes prejuicios, junto a una clara apreciación de los asuntos locales y nacionales. Empleó ríos de tinta en cuestionar la decisión del presidente James Buchanan de enviar una onerosa expedición de la Armada contra Paraguay, aunque también apoyó una mueva guerra con México para anexar aún más territorios de ese postrado país. Manifestó un completo desprecio por Brigham Young y los mormones que habían establecido una sociedad poligámica en la región de Utah. Reclamó  la abolición de la esclavitud, no solamente en los nuevos territorios del Oeste, sino además en el viejo Sur, incluso a riesgo de una guerra civil. Escribió una reseña de la novela de Thackeray, El virginiano, como un norteño opuesto a la existencia de una ruta ferroviaria sureña a California, y ridiculizó la legislación  de Sthephen A. Douglas sobre Kansas -Nebraska y el Acta de Esclavos Fugitivos (Fugitive Slave Act) que disponía la devolución de todo esclavo que hubiera logrado trasladarse a un estado libre.

Otros de sus editoriales se titularon: "Cómo tener ferrocarriles", "Nuestras relaciones diplomáticas con México y América Central", "Reflexiones en el Día del Sabbath", "Los chinos y la diplomacia americana", "Una súplica por los pobres", "Caballerosidad moderna", "Noticias desde Japón", "¿Quién construye el ferrocarril del Pacífico?", "El tráfico de esclavos africanos", "Libertad en el Sur", "Nuestras carnicerías indígenas", y "¿.Puede ser prevenida la inmigración china?". Con Alvin Flanders, contribuyó con unas 1000 páginas a la sección editorial del San Francisco Daily Tintes, También escribió una novela romántica, Philip Thaxter, y comenzó a desarrollar Evolución política, un trabajo académico que reflejaba la influencia filosófica de Henry George.

Washburn se adaptó bien a San Francisco. Fue ese un tiempo de obstrucciones y vigilancias políticas, y con frecuencia resultaba peligroso expresar ciertas opiniones en la prensa. Pero Washburn no tuvo temor. Por el contrario, el clima de tensión política aumentó sus ansias, y una y otra vez escribió injuriosos comentarios sobre sus rivales políticos. Como muchos hombres en la frontera, no rechazó alguna ocasional incursión en el terreno de la violencia. En 1854, se batió a duelo con B.F. Washington, editor de otro periódico de San Francisco: pistolas y quince pasos en una tormentosa mañana. Washburn resultó herido y el otro hombre escapó ileso. Pero este editor de Maine había puesto a prueba su temple. Ahora podría presentarse como un político elocuente e irascible que podía usar su revólver si era preciso; en resumen, era justamente el tipo de líder que podía atraer a los mineros y vaqueros de California.

Washburn desempeñó un activo rol en el proceso de nacimiento del Partido Republicano de ese estado junto a Leland Stanford (p), quien sería más tarde el principal promotor del ferrocarril y un terrateniente que dio el nombre de su difunto hijo a la prestigiosa universidad. En determinado momento, Washburn compitió inclusive por un escaño como congresista. Por California, esperando unirse a sus hermanos Israel, Elihu y Cadwallader, todos ellos integrantes de la Sala de Representantes, en Washington. Pero este esfuerzo no dio resultado.

Washburn abandonó San Francisco tras su fracaso como candidato. Nunca se había sentido tan frustrado. Con un préstamo de Cadwallader, intentó fundar un periódico en Chicago, el Saturday Evening Chronotype, pero solamente se publicó un número y desapareció rápidamente. De regreso a California, Charles se instaló en Oakland, editó nuevamente el Daily Tintes y trabajó concienzudamente para impulsar al Partido Republicano. En 1860 desarrolló una vigorosa campaña a favor de la candidatura presidencial de Abraham Lincoln, tras haber prometido primero su apoyo a William Seward, quien luego sería Secretario de Estado y directo superior suyo en el servicio exterior. En 1861 Washburn abandonó California y su Comité Electoral estadual, y dirigiéndose a la capital del país procedió a dejar el colegio electoral en manos de su hermano, Elihu. Éste, que más tarde se convirtió en Secretario de Estado del presidente Grant (y luego Ministro en Francia), fue un miembro de la delegación nacional que eligió a Lincoln como el candidato republicano.

Charles se estableció en Washington ala espera de una convocatoria política, que en cierto modo retribuyera el trabajo que había desarrollado en California para asegurar la elección de Lincoln. Pese a la influencia de la familia Washburn, Charles debió esperar durante una buena cantidad de meses junto a muchos otros militantes republicanos que aguardaban similares recompensas. Durante todo ese tiempo, Washburn se mostró impaciente. Calificó al "Honesto Abe" como un "maldito viejo bobo", llegando a sugerir que Lincoln, político consumado, había incubado un rencor personal contra él y su familia. Se preguntaba si sus épocas de duelista habían evitado o retrasado su ascenso, o sí tal vez esto se debía al hecho de que por entonces pertenecía a una iglesia no reconocida. Algunos republicanos californianos, con los que previamente había trabajado en forma amigable, tal vez ahora conspiraban contra él. Se tiene la sensación de estar ante un hombre talentoso perro irritable, clamando por la atención de los demás, cuyos esfuerzos no obtenían respuesta sin importar qué tan alto alzara la voz. Este sentimiento lo acosó durante toda su vida.

Finalmente, luego de importantes, gestiones hechas por Elihu, Charles recibió una carta del Departamento de Estado fechada el 13 de junio de 1861, que anunciaba que "por la presente se le notifica de que ha sido comisionado como representante de los Estados Unidos en Paraguay". Aquello no era París, ni Londres, ni San Petersburgo, pero era algo. Y Washburn tenía cierto interés en la república sudamericana, porque había seguido desde bastante cerca el curso de los acontecimientos allí.

Las relaciones entre el Paraguay y los Estados Unidos nunca fueron especialmente estables durante la década de 1850. La apertura del "Japón mediterráneo" tras la muerte del viejo dictador José Gaspar Rodríguez de Francia había captado la atención de muchos especuladores extranjeros, incluyendo británicos, franceses, argentinos, y algunos norteamericanos cuyo entusiasmo frecuentemente excedía a su sentido común. Un grupo de financistas de Rhode Island invirtió sumas considerables en Paraguay, recibiendo el respaldo de Edward Augustus Hopkins, primer representante del gobierno estadounidense en Asunción, hombre que se preciaba de tener influencia ante el nuevo presidente paraguayo, Carlos Antonio López, y que pintaba al Paraguay como una tierra de bonanza para los hombres de negocios que quisieran probar su suerte. López, sin embargo, abrigaba sospechas sobre las intenciones norteamericanas, y con buenas razones, pues en sus últimas actuaciones públicas Hopkins se presentó a sí mismo como un procónsul más que como un promotor amistoso.

Las relaciones se envenenaron rápidamente; el gobierno de López incautó los activos de la compañía norteamericana y expulsó a Hopkins. Un violento incidente tuvo lugar en febrero de 1855 cuando un barco de la armada estadounidense, el Water Witch, se rehusó a acatar las órdenes de la artillería paraguaya en el Río Paraná y fue consecuentemente tiroteado. Un marino norteamericano murió en la refriega. El gobierno del presidente Buchanan respondió despachando una flotilla de buques de guerra, que si bien dio un llamativo espectáculo nunca llegó a Asunción debido a la bajante del río. Finalmente, el gobierno paraguayo indemnizó a los familiares del marino muerto, pero López no estaba dispuesto a atender las exageradas demandas de la "Rhode Island  and Paraguay Navigation Company". No tuvo que hacerlo, finalmente, porque en 1860 un arbitraje encontró que las actuaciones de su país estaban completamente sujetas a derecho.

Fue en medio de este deshilachado ambiente diplomático que Washburn irrumpió. Como de costumbre, comenzó mal. Su primer traspié fue solicitar al Departamento de Estado el dinero necesario para viajar a Rhode Island, en busca de información de los inversores a los que supuestamente Paraguay les debía dinero. Se le respondió que pagara esos gastos de su propio bolsillo, pero ante tales pequeñeces Washburn en todo momento se mantuvo firme, y de la manera más categórica posible. Se había sentido nuevamente traicionado por Washington, como siempre.

Washburn se embarcó a Paraguay vía Inglaterra. Llegó a Londres un día después de qué el buque correo zarpara hacia América del Sur. Debió entonces hacer nuevos arreglos, y finalmente una unidad de la armada estadounidense lo transportó a Asunción en noviembre de 1861. Estando a bordo se enemistó con el capitán y la tripulación, a quienes pretendió tratar prácticamente como a sirvientes, menosprecio que los hombres de la armada nunca olvidaron.

A Washburn no le fue mejor en sus primeros tiempos en Paraguay. Habiéndose familiarizado con Asunción, a comienzos de 1862, anunció su deseo de visitar el resto del país y solicitó permiso oficial para recorrer el interior del territorio. Tradicionalmente, el gobierno paraguayo había mantenido una política de aislamiento no carente de algunos toques de xenofobia, y en consecuencia mostró poco interés en conceder privilegios especiales. Washburn prefirió ver esta negativa como un insulto personal y amenazó con retirar su pasaporte a menos que se le permitiera viajar al interior. López acabó accediendo, pero eso no mitigó el sentimiento paraguayo de que Washburn había actuado por la fuerza para lograr algo que no correspondía.

El Paraguay puede ser un país sofocante para el extranjero solitario, y Charles Ames Washburn demostró no ser la excepción. No le agradaba la comida, y como apenas entendía el guaraní, sus contactos con las personas en las calles no podían ser más que fugaces. Algunas veces comía con los miembros de la pequeña colonia de extranjeros. Más frecuentemente, se perdía en largas lecturas y escrituras de cartas llenas de lamentaciones, dirigidas a sus familiares y a los funcionarios de Washington. También comenzó a redactar un diario, que más tarde serviría como base de los dos tomos de su History of Paraguay, un trabajo en el que invariablemente describió a Carlos Antonio López como "déspota", y a sus asistentes como "cabezas huecas" (blockheads).

Washburn no podía deshacerse de la sombra de sus hermanos mientras mantuviera su modesto cargo de "comisionado". Por ello hizo gestiones en Washington para acelerar su promoción a "Ministro Residente". Elihu aceptó tramitar toda la papelería necesaria. Charles coqueteaba con la idea de obtener un traslado a Buenos Aires, pero como era de prever, ese cargo fue destinado a otro funcionario, Hinton Rowan Helper, autor de The Impending Crisis in the South, un bien conocido trabajo de 1859 que incluye un amplio ataque a la institución de la esclavitud Helper era ya famoso, mientras que Washburn era simplemente el joven hermano de unos útiles políticos republicanos. Debió darse por satisfecho con ser Ministro Residente en Asunción.

Semejante satisfacción no se logró fácilmente. Cuando intentó aproximarse a Carlos Antonio López con el objetivo de reabrir la discusión sobre los asuntos de la compañía Rhode Island, el presidente rápidamente le señaló la puerta. Furioso, Washburn escribió al Departamento de Estado recomendando que el gobierno enviara buques de guerra al Río Paraguay, para forzar al régimen de López a pagar las indemnizaciones. No obstante, esta sugerencia no llegó a buen puerto, puesto que mientras la Guerra Civil mantuvo su intensidad, el gobierno de Washington se limitó mucho en sus enredos de política exterior. Por otra parte, Washburn estaba siendo al mismo tiempo rústico y contradictorio: en una nota editorial que escribiera en el Daily Times en 1859, se había quejado amargamente del malgaste de dinero hecho por el presidente Buchanan al enviar una flotilla contra el Paraguay en apoyo de la "Rhode Island and Paraguay Navigation Company". Ahora el propio Washburn exigía exactamente la misma medida, en circunstancias menos propicias. Todo esto tenía escaso sentido, y solamente demostraba que el Ministro Residente podía, de muy buen grado, sugerir el uso de la fuerza siempre que considerase que él mismo tenía el derecho de hacerlo.

El fracaso de Washburn con López exacerbó su tendencia a sentir compasión de sí mismo. En 1863 le escribió a Elihu desde Asunción en los términos más acres, autodenominándose "un vagabundo". Cerca de la desesperación, reconoció que había disfrutado más de la vida mientras estuvo en Bowdoin; ahora -decía- si solamente lograra regresar a Maine, podría retirarse, comprar una granja, establecerse, y escapar de las tribulaciones de la vida política y de las actividades de gobierno. Pero este papel de ermitaño no tenía atractivos para Charles Ames Washburn. Lentamente comenzó a buscar el modo de salir de su depresión. Escribió con más asiduidad en su diario, envió más cartas, regresó al trabajo como una especie de terapia. Redactó una nueva obra, Gomery of Montgomery, una novela romántica de cierta relevancia. Y tuvo amoríos con una mujer paraguaya, con la que seguramente tuvo una hija  a la que nunca reconoció (lo cual es diferente a decir que él la considerara "bonita").

Hacia 1,864, la familia Washburn llegó a la conclusión de que la prolongada soltería de Charles había corrompido su moral. Elihu y los demás lo instaron a que buscara una esposa respetable, a lo que él respondió cortejando a Sallie Cleaveland, de Nueva York, una acaudalada, presumida, más bien mezquina muchacha de sociedad, 20 años menor. Al siguiente año, Washburn dedicó los prodigios de su talento a escribirle cartas con el propósito de enamorarla por correo. Le escribió casi cada día, hasta que filialmente ella aceptó convertirse en su esposa y compartir sus aventuras en el Paraguay, aunque es indudable que lo hizo sin conocer qué le esperaba.

Carlos Antonio López había muerto en 1862 y fue sucedido por su hijo mayor, Francisco Solano. El nuevo presidente paraguayo no fue el xenófobo que fuera su padre. Su viaje a Europa entre 1.853 y 1854 le había dado una mayor visión del mundo, y también una dosis de tolerancia, y hasta de inclinación, hacia las costumbres y modas extranjeras. Pero focalizó sus ambiciones políticas en una dirección peligrosa. Quiso ser como un Napoleón III; ser, ya que no formalmente tan rey, un rey sin corona en el Río de la Plata. La búsqueda de la gloria fue la pasión que dominó su alma, pero para alcanzar tan grandioso objetivo necesitaba un ejército poderoso. Convenció a su padre para que a tal efecto dispusiera grandes cantidades de dinero, y dedicó buena parte de la década de 1850 a la creación de una enjundiosa milicia nacional. Además construyó el fuerte de Humaitá en la confluencia de los ríos Paraguay y Paraná, un sitio que observadores extranjeros calificaron con justicia como "la Sebastopol de Sud América".

Con Washburn, Solano López tuvo inicialmente una correcta, y hasta amigable relación. Entendió --o creyó entender- que se trataba de un hombre con conexiones en Washington. Supo que con la caída de Atlanta, el ejército de los Estados Unidos pronto forzaría a los confederados a negociar la paz, tras lo cual nuevas manifestaciones de apoyo político a su gobierno podrían estar llegando. Evidenciando cierto optimismo, López adelantó dinero a Washburn para obtener suministros de guerra en Estados Unidos. El Ministro envió el dinero junto con un mensaje para George Woodman, quien estaba asociado en asuntos de negocios con Cadwallader y podía hacer efectiva la compra de las armas. El Secretario de Estado, William Seward, autorizó la venta pero sorpresivamente el asunto no prosperó (aunque los paraguayos ya habían gestionado la obtención de ferrocarriles de fabricación norteamericana).

Washburn retornó a Estados Unidos en enero de 1865 para contraer matrimonio con Sallie. Había pensado en ausentarse de Paraguay solamente unos meses, y en sus reportes oficiales a Seward, inicialmente daba por descontado que las nubes de guerra se asomarían en el Plata. Pero la situación se volvió mucho más seria de lo que había creído posible. Los brasileños habían mostrado una acentuada indiferencia ante la inquietud manifestada por el gobierno de Asunción por la política del Imperio hacia el territorio de la costa oriental del río Uruguay. Luego, cuando los ejércitos brasileños intervinieron allí abiertamente, Solano López capturó un buque de la armada imperial, el Marques de Olinda, y justo antes de la partida de Washburn hacia Paraguay invadió el sur del Mato Grosso. La guerra más sangrienta jamás peleada en América había comenzado.

Charles y Sallie se casaron a comienzos de 1865, muy lejos del teatro de la violencia. Su hermano Israel y la esposa de éste fueron los testigos de la boda. La nueva pareja pasó algunos días en Norlands antes de trasladar se hacia Sud América a cumplir con las obligaciones diplomáticas de Washburn. Pero el ministro norteamericano no pudo trasladarse entonces directamente a Asunción, como tenía originalmente planificado. Solano López, ahora Mariscal, había expandido los frentes de lucha para incluir como enemigos a los argentinos, que se habían rehusado a permitir que las tropas paraguayas utilizaran su territorio como vía de pasaje hacia Brasil. Ahora Paraguay enfrentaba tres enemigos en el sur, incluyendo Uruguay, que en febrero había sido ocupado por los brasileños. Para cuando Washburn y su esposa llegaron a Buenos Aires, el régimen de López había emprendido en su país la larga marcha al Armagedón.

Los aliados habían impuesto un total bloqueo fluvial al Paraguay antes de finalizar al año 1865. Esperaban prevenir el flujo de material bélico hacia el gobierno paraguayo, pero evidentemente pretendían impedir también el tránsito de personal diplomático. Esto podría, según su razonamiento, deslegitimar todavía más al régimen de Francisco Solano López. Pero este era el tipo de desafío que sacaba a la luz lo peor de Washburn. Retenido por meses en Corrientes, se enfrascó en un ríspido intercambio epistolar con los comandantes aliados, demandando saber con qué derecho se le impedía, en tanto representante de un gobierno neutral, ocupar su legítima posición en Asunción. Los aliados lo ignoraron. Pero, en cambio, Washburn hizo su planteo a Seward, quien luego de un considerable retraso encomendó al Almirante Sylvanus W. Godon, comandante de la flota del Atlántico Sur, la tarea de transportar a Washburn a través del bloqueo. Hasta ese momento, los norteamericanos habían dado lo mejor de sí para mantener una postura de discreción ante la guerra, y no era del agrado de los oficiales la posición en la que Washburn los colocaba ahora. Solano López, por otro lado, interpretó la reaparición de Washburn a mediados de 1866 como un buen presagio, una señal de que Washington estaba dando su apoyo a la lucha del Mariscal.

En realidad, este hecho no indicaba nada de eso. Washburn había recurrido a todas las influencias de sus hermanos para lograr retornar a Asunción, pero más allá de eso, su llegada a la capital paraguaya no significaba nada, ni podía significarlo, para los paraguayos que estaban desfalleciendo lentamente. Los propios Estados Unidos estaban recuperándose de una terrible guerra civil, y el gobierno consideraba no tener en juego intereses vitales en los países del Plata. Pero esta indiferencia no tuvo efecto en Washburn. Poniéndose en contacto con todas las partes interesadas, se ofreció como mediador entre Paraguay y los Aliados. Más tarde Seward elogiaría estos esfuerzos por llevar a la mesa de negociación a las partes en conflicto, pero estaba claro desde el comienzo que Charles poseía pocas de las cualidades necesarias para la labor diplomática. Pero aun un diplomático experimentado hubiera fallado en una mediación en la que ninguna de las partes estaba dispuesta a hacer la más mínima concesión. En tal caso, Washburn expresó su opinión de que el exilio voluntario que había pedido al presidente paraguayo debía ser correspondido con una actitud similar por parte del emperador del Brasil una inadmisible, y hasta tonta intimación, en una situación de paridad inexistente. Luego de estas temerarias sugerencias, ni el Ministro Octaviano de Almeida, del Brasil, ni el Presidente Mitre, mantuvieron nueva correspondencia con el Ministro norteamericano.

A lo largo de este período, los Washburn se mantuvieron aislados en Asunción. Charles contrató un tutor para que enseñara idioma español a su esposa. A fin de practicar la escritura de esta lengua, Sallie y Charles llevaron juntos un diario, nunca publicado, que contiene muchos detalles interesantes sobre la vida de la clase alta en Paraguay durante la guerra. El mismo diario, sin embargo, certifica hasta qué punto encontraron limitantes las circunstancias sociales. El papel de Charles como potencial mediador interfirió con la buena recepción entre algunas de las más importantes familias de la capital, por lo que sus ruidosas afirmaciones de neutralidad fueron crecientemente interpretadas como un disfraz de sus sentimientos proaliados. Haya o no sido esto verdad, pocos paraguayos se arriesgaron a mostrarse amistosos con él, y los que lo hicieron consecuentemente atrajeron sobre sí mismos la indeseada atención de la policía. Pero los Washburn aún podían confiar en la benevolencia y sociabilidad de la comunidad extranjera. En el diario asoman numerosos apuntes sobre fiestas, partidas de cartas, y otros eventos sociales en compañía de importantes representantes de la comunidad extranjera como Laurent Cochelet, el cónsul francés; el experto en minerales inglés, Charles Twite; Leite Pereira, el representante portugués; Lorenzo Chapperon, el cónsul italiano, y todos los demás extranjeros que fueron lo suficientemente desafortunados como para ser atrapados por la guerra en Paraguay.

Washburn continuó escribiéndose con su familia y con el gobierno de Washington con tanto entusiasmo como las circunstancias permitían. Habiéndole sido negado su papel favorito, el de mediador, mostró ser el más quisquilloso de los individuos, y ni sus propios hermanos escaparon a su veneno. Escribió a Sídney para decirle que no deseaba nueva correspondencia suya, que era "artero" y sus cartas invariablemente una "molestia". Hubo un reconocimiento para la paciencia de Elihu (que se mantuvo en contacto permanente con Charles) dada la severidad de sus últimas misivas. El Secretario de Estado, Seward, por su parte, algunas veces rehusó responder al enojo del representante norteamericano en Asunción, y aparentemente disimuló los insultos de Washburn considerándolos un efecto de alguna fiebre tropical. Solamente el General James Watson Webb, el Ministro norteamericano en Brasil, mantuvo una correspondencia cortés con Washburn (aunque también escribió a Elihu quejándose de las acusaciones y el mal carácter de su hermano).

Cuando esto repercutió en las relaciones de Washburn con Solano López, la situación fue infinitamente peor. Ninguna muestra del apoyo norteamericano fue dada al regreso del Ministro al Paraguay. Humaitá había caído a mediados de 1868. Ahora, conforme los aliados se acercaban a Asunción, el Mariscal ordenó tanto a los civiles como a varias legaciones extranjeras evacuar la capital y reinstalarse en Luque, en el interior del país. Washburn se negó. Había solicitado ser relevado varios meses antes, pero ahora, ante la falta de instrucciones desde Washington, se mantuvo en su puesto. Era el único representante extranjero que se mantenía en Asunción (al igual que lo haría Elihu algunos años más tarde, citando en su carácter de Ministro de los Estados Unidos en Francia, rehusó abandonar su residencia en París durante el asedio alemán). En éste, y aun en asuntos menores, Charles siempre asumió posturas contrarias a las del gobierno ante el cual estaba acreditado. Llegó inclusive a anunciar que nunca podría dejar Asunción. "como un prisionero".

Washburn  jamás comprendió ni pudo admitir que había ido demasiado lejos. En el autoritario clima de los días de la guerra en Paraguay, cualquier comportamiento inusual sobresalía y significaba para el Mariscal un golpe conspirativo. Con Humaitá perdida, Solano López se volvió sobre sus subordinados y parientes más cercanos buscando delimitar las responsabilidades por la derrota. En San Fernando, temporario cuartel general de lo que quedaba de sus ejércitos, estableció tribunales que acusaron a varios de sus más antiguos colaboradores de la grosera derrota y de estar confabulados con el enemigo.

Mientras mucha gente de buena posición estaba ciertamente cansada de la guerra, algunas evidencias apoyaban la teoría de la conspiración. Y más aún, para López realmente existía un complot en el que veía cada vez más implicado al Ministro norteamericano, Charles Ames Washburn. Todavía hoy muchos escritores nacionalistas y revisionistas repiten esta versión como si fuera cierta, proclamando que Washburn actuó en nombre del imperialismo norteamericano o europeo en un esfuerzo concertado para derrocar al gobierno paraguayo. Pero es una exageración. Nada en la papelera personal del Ministro en la Biblioteca Norlands, revela la existencia de vínculos con algún complot. Además, su comportamiento general durante su gestión lo muestra como alguien no inclinado a la conspiración. Enfado, orgullo herido, una sensación de superioridad, estas cosas asoman naturalmente en Washburn. Pero no trabajar con un pequeño grupo de conjurados para desterrar a un líder extranjero, por la simple razón de que Washburn nunca pudo mantener sus opiniones más agudas en secreto.

Ciertamente, su absoluta candidez lo impulsó a intentar probar su integridad en un extenso y detallado recuento de sus acciones y de sus relaciones con los supuestos traidores. En lugar de ignorar el asunto en su conjunto, o descartarlo como una gran estupidez, Washburn despertó todavía más suspicacias al dedicarse a contestar en detalle a las mentiras.

Nadie estuvo a salvo de la paranoia de López. Importantes oficiales desaparecieron  de las calles, y hasta el hermano del Mariscal fue puesto ante un pelotón de fusilamiento. Muchos individuos fueron torturados. E incluso, a lo largo de ese tiempo, Charles Ames Washburn se mantuvo inclaudicablemente ajeno y seguro de su probidad. El, como un rocoso peñasco de la costa de Nueva Inglaterra, contrarrestaba el incesante trabajo del océano.

Haya sido esto coraje o simple obstinación, lo cierto es que el costo para Washburn fue alto. Asiló a muchas personas que habían sido declaradas fuera de la ley por López, y como se habían establecido en la legación norteamericana con sus bienes y dinero, las fuerzas armadas incrementaron su vigilancia visiblemente. Sallie se mantuvo en un semi-cautiverio, siendo víctima de una muy evidente depresión.

Varios hombres protegidos por Washburn finalmente se rindieron, ante la presión policial para que abandonaran la legación. Fueron rápidamente capturados y ejecutados. Varios otros, entre los cuales los más notables eran el secretario norteamericano Porter Bliss y el farmacéutico inglés George Frederick Masterman, permanecieron con Washburn. No quedan dudas de que les salvó la vicia, aunque no cosechó amigos ni para él ni para su país en todo este proceso.

Desde julio a setiembre de 1868, Washburn y sus invitados enfrentaron diariamente la presión que López ejerció directamente sobre ellos desde el exterior de la legación. Una larga serie de cartas incriminatorias fueron y vinieron; en una de ellas, Washburn advirtió que un buque de guerra norteamericano era esperado de un momento a otro en Asunción. No se trataba de un engaño. Durante algún tiempo, el General Webb había tratado de sumar al Almirante Godon a su intento de atravesar el bloqueo aliado y asegurar el rescate de Washburn y su familia.

En su fuero íntimo, Godon y los demás oficiales navales creían que el Ministro norteamericano era el responsable de la mayoría de sus propios problemas, pero de todos modos sentían escaso cariño por él. Sin embargo, estaban muy poco dispuestos a conceder al Brasil autoridad alguna para denegar el pasaje de sus embarcaciones río arriba. Después de todo, estos hombres habían peleado en Mobile Bay y a lo largo de la Guerra Civil, habían logrado gran cantidad de victorias sobre los confederados, y estaban ahora henchidos de orgullo militar. Persiguiendo el objetivo de pasar, tal como el derecho internacional garantizaba, no tenían intenciones de tolerar interferencias de un país como Brasil. El acorazado Wasp, consecuentemente, cargó sus cañones, navegó hacia el norte e hizo saber a lo largo de su ruta que los hombres de la flota norteamericana pelearían si era preciso. A último momento, los buques brasileños franquearon el paso y el Wasp atravesó el bloqueo sin ser molestado.

Uno o dos días más tarde, el buque arribó a Asunción. A la mañana siguiente Washburn envió a su familia a bordo mientras él hacía los últimos arreglos para mantener su legación al cuidado de Chapperon y Cochelet. Algunos días después, se dirigía al Wasp con Bliss y Masterman, pero no habían dado una docena de pasos fuera de la legación cuando aparecieron cincuenta soldados con sus sables desenvainados. Los desafortunados acompañantes de Washburn fueron arrastrados, a pesar de las protestas.

El Ministro había dado autorización a ambos hombres para que inventaran cualquier mentira que fuera necesaria para mantenerse con vida. Y eso fue exactamente lo que hicieron, elaborando en prisión un injurioso ataque de 272 páginas, caracterizado por contener historias fantásticas y deliberados errores ortográficos del “jefe" de la conspiración, titulado Historia secreta de la misión del ciudadano Charles Amos [sic] Washburn cerca del Gobierno de la República del Paraguay (Piribebui, 1869). Bliss y Masterman fueron finalmente rescatados por la flota norteamericana, no sin antes padecer algumos meses de brutal tratamiento.

A bordo del Wasp, Washburn podría haberse sentido aliviado, pero en lugar de eso lamentó a viva voz las desatenciones y demoras de la armada. El comandante del navío devolvió sus insultos, palabra por palabra (y acto seguido, el Presidente Grant rechazó la idea de reprender al comandante, aun cuando Washburn había demandado su remoción, con recriminaciones hacia el oficial que incluían el calificativo de "calzones sucios").

Por su parte, Sallie era entonces una mujer quebrada, apenas capaz de hablar. El propio Charles estaba en ruinas y nervioso. Sir Richard Burton conoció a ambos en Buenos Aires y describió al ahora ex Ministro como alguien que "vivía en un estado de excitación nerviosa, en una atmósfera de terror y sospechas". Dudaba de que Washburn fuera enteramente responsable de sus actos.

Algunas figuras políticas de Washington pensaban del mismo modo, y cuando llegó el tiempo de reemplazar a Washburn en su cargo una personalidad notablemente diferente fue la elegida: Martin MacMahon, un general de la Unión, jurista y ganador de la Medalla de Honor del Congreso. Una vez arribado a Paraguay, MacMahon se convirtió en un acérrimo defensor de Solano López durante los últimos meses del conflicto. La paranoia del Mariscal aparentemente había sido abatida para entonces, y resultó sencillo que el nuevo Ministro viera en su predecesor a un manipulador precipitado, incapaz y reacio a jugar el papel de neutral. Los informes de MacMahon al Departamento de Estado dijeron tanto al respecto como lo hicieron los informes de los oficiales navales.

De regreso en Norlands en marzo de 1869, Washburn-siempre combativo- dio alas a estas acusaciones. Compiló sus reportes, su diario y su correspondencia (lo cual puede, en su mayor parte, encontrarse todavía en la biblioteca familiar de Livermore) y airadamente inició acciones para limpiar su nombre. Después de todo, López lo había acusado de interferir en los asuntos internos paraguayos, y de conspirar contra el Estado. Sus adversarios políticos en los Estados Unidos, a la vez que se resistían a apoyar el cargo de conspiración, atribuían a Washburn sin embargo toda suerte de inconductas (lo que manchaba el nombre de Elihu y de otros miembros de la familia).

Como resultado, el Congreso llevó adelante una investigación en Washington, en 1869. Tras largos interrogatorios hechos a Washburn por sus oponentes, y muchos testimonios de testigos oculares y partes interesadas, el ex Ministro obtuvo la exoneración que buscaba. Godon y los demás altos oficiales de la Armada que habían fallado al no ir en su ayuda en Sud América, fueron directamente criticados pero no removidos de la fuerza, como Washburn había pedido.

Insatisfecho con este resultado, que le era favorable en general, Washburn se puso a trabajar nuevamente. Publicó los dos volúmenes de History of Paraguay en Nueva York, en 1871. El primer tomo, que examina la historia del país hasta el momento de la independencia, fue preparado en base a un manuscrito que le proporcionó Porter Bliss. El segundo volumen fue escrito por Washburn como una reivindicación específica de sus propias acciones en Paraguay. Pese a la gran utilidad e interés que como fuente tiene para los historiadores, rara vez obtiene el crédito que en este sentido merece, dado que allí Washburn despliega su habitual mezquindad e impaciencia.

En cualquier caso, desde allí en más, a pesar de las conclusiones a que arribó la investigación del Congreso y sus subsecuentes contribuciones a la sociedad, en la mentalidad colectiva Washburn fue asociado para siempre con "el problema paraguayo". Fue un nexo del que nunca pudo desprenderse, y a pesar de que había hecho mucho por edificar esa asociación, todavía se lamentaba de ello.

En los últimos años, el ex Ministro retornó a California a tratar de reflotar su carrera política en el Oeste. El territorio, sin embargo, había cambiado positivamente en su ausencia y ya no era la nada frontera que él recordaba. Leland Stanford ya no era su amigo, y el Partido Republicano era una institución transformada. Washburn se estableció en Oakland, en Jackson Street, escribió artículos para el Overland Morrthly, el Penn Monthly, y para su antiguo diario, el Alta California, y trabajó como empleado de registros en la casa de moneda del gobierno. Dio conferencias con frecuencia y se discutió sobre su carrera a la gobernación. Finalmente, empero, recibió nada más que apoyo momentáneo. No pudo repetir el éxito de sus hermanos en la arena política.

Frustradas sus ambiciones, Washburn dirigió sus energías en otra dirección. Se convirtió en un reputado inventor, y patentó una temprana versión de máquina de escribir y un nuevo modelo de torniquete. Estos inventos le reportaron considerables beneficios. Al mismo tiempo, regresó a la escritura, con profusos ensayos y folletos políticos, y en 1.885 finalmente completó su Evolución Política. También ocupó un lugar en la mesa directiva de la Florida Ship Canal Conrpan y, una empresa dedicada a la construcción de una vía fluvial a través de la península de Florida por la ruta de Everglades. Irónicamente, otro de los inversores mayores en este proyecto era Martín MacMahon, su sucesor en Paraguay, y ahora un respetado juez en Nueva York. A pesar de estos vínculos comerciales, ninguno de ellos había olvidado la antigua animosidad, ni se habían perdonado.

El 12 de enero de 1889, Washburn sufrió un masivo derrame cerebral mientras caminaba solo, perdido en sus pensamientos, por las calles de Morristovm, Nueva Jersey. El mismo problema habían tenido su madre y cuatro de sus hermanos. Algunos extraños que acudieron en su ayuda encontraron  en su bolsillo una dirección escrita en urna tarjeta, y trasmitieron la noticia a su esposa. Fue llevado a hospitales locales, pero no se encontró ninguno que lo acogiera, aunque su corazón seguía latiendo con fuerza. Finalmente, una habitación fue acondicionada para él en el hospital Saint Vincent, pero cuando Sallie llegó, no la reconoció. Rápidamente cayó en un estado de inconsciencia del que nunca se recuperó. Los diarios que informaron de su muerte lo hicieron especificando que "fue uno de siete hijos" junto a sus hermanos, mencionando a todos sin excepción por sus nombres. Fue la bofetada final aun en su muerte, los demás fueron noticia, y él no

NOTA SOBRE LAS FUENTES     

Reunir los diferentes escritos de Charles Ames Washburn y su esposa Sallie conllevó varios desafíos. Cuando inicié mis estudios sobre la historia del Paraguay, tomé conocimiento de dos materiales publicados por Washburn o con documentos producidos por él: los dos volúmenes de su History of Paraguay, witht Notes of Personal Observations and Reminiscences of Diplomacy Under Difficulties [Historia del Paraguay, con notas de observaciones personales y reminiscencias de una diplomacia bajo dificultades], publicada en Boston en 1871, y los documentos vinculados con la investigación del Congreso de los Estados Unidos sobre sus actividades en Asunción, usualmente denominada Paraguayan Investigation (Washington, 1.870). Estas dos fuentes resultaron excepcionalmente valiosas, especialmente el segundo volumen de la Historia, que contiene testimonios de su experiencia personal durante la Guerra de la Triple Alianza, así como su cáustica visión del mariscal Francisco Solano López y su crítica a la indiferencia del gobierno de los Estados Unidos frente a su situación. Sin duda, Washburn fue un hombre irascible, y en general mostraba poco cuidado hacia las personas que le rodeaban. Paraguayos, argentinos, brasileños y norteamericanos fueron objeto por igual de sus invectivas. No me sorprendí cuando supe luego que este personaje controversial no tradujo la totalidad de su Historia al español. Él simplemente irritó a demasiada gente.

Tuve razón al suponer entonces que podría encontrar material adicional de Washburn. A principios de la década de 1990, revisé la serie en microfilme de la correspondencia intercambiada entre el Departamento de Estado de los Estados Unidos y las representaciones norteamericanas en los países de Sudamérica. En esa colección de documentos oficiales se encuentran usualmente extensos informes al Secretario de Estado. Fueron útiles; e incluso la personalidad de Washburn, con sus afectos y desafectos, se revelaba claramente a través del lenguaje burocrático de esos documentos.

Pero lo más interesante de todo el material de Washburn llegó a mí de manera completamente accidental a mediados de la década de 1990. Como consecuencia de la guía que habíamos escrito con Jerry W. Cooney sobre las colecciones de documentos paraguayos en los Estados Unidos, descubrí que la familia Washburn mantenía una biblioteca en Livermore Falls, en el Estado de Maine. Fue un descubrimiento emocionante, pues estaba casi convencido de que allí podría haber cosas interesantes para un historiador. Esto quedó confirmado cuando tomé contacto por teléfono con la Directora de la Biblioteca Washburn-Norlands, señora Billie Gammon, quien me informó que no solamente había documentos, sino que la biblioteca había recibido unas pocas semanas antes, de un nieto de Charles Washburn, un cajón lleno de papeles en español. Ni él ni Gammon tenían idea sobre el contenido de esos papeles.

Tomé un vuelo a Boston en la semana siguiente, y alquilé un automóvil para ir hacia el norte, a Livermore Falls. Encontré una comunidad aislada, lejos de cualquier ciudad importante, sitio de una antigua fábrica de papel, bastante pobre. En lo alto de una colina, en las afueras del poblado, estaba la vieja residencia de la familia Washburn. Miembros de esa familia habían donado la casa de campo a principios de la década al Estado de Maine para un "Museo Viviente". En él, la agradable señora Gammon hacía el papel de vecina del siglo diecinueve, con muchas historias que contar acerca de una familia que incluía dos gobernadores, dos embajadores, un senador y un almirante, quienes dejaron diferentes clases de documentos, almacenados en un edificio contiguo.

Cuando entré en esta biblioteca de ciento cincuenta años de antigüedad, quedé impresionado por toda la historia que parecía abarcar. Desde luego, estaba particularmente ansioso por acceder al cajón con papeles en español, y me sentí muy feliz cuando el personal de la biblioteca me acercó ese material. Era casi como descubrir un tesoro. Dentro del cajón había viejas fotografías, una evidentemente de madame Lynch, varias copias de correspondencia oficial (duplicados del material contenido en los microfilmes del Departamento de Estado), algunas cartas, copias de pruebas de la Historia del Paraguay, muchas exposiciones sobre Sudamérica que tal vez fueron leídas en la década de 1.870 en reuniones del Club Republicano local, y lo más sorprendente, un diario personal sobre las experiencias de Washburn en el Paraguay. Este último es un documento curioso, pues evidentemente fue escrito primero por Sallie Washburn y después por Charles, como un medio para practicar su todavía imperfecto español (no existe versión en inglés). De cualquier manera, cuando tuve la oportunidad de revisar esos documentos, me di cuenta de que prácticamente no habían sido examinados aún por otros estudiosos, y que, con excepción de las notas para la Historia, no fueron publicados con anterioridad. Decidí entonces que pondría en breve plazo este material a disposición de los lectores sudamericanos.

Fue una gran tarea convertir ese proyecto en realidad. Me puse en contacto con mi colega Juan Manuel Casal, Profesor de Historia en la Universidad de la República Oriental del Uruguay, quien preparó urna conclusión analítica para la presente compilación y me presentó a dos extraordinarios profesionales de Montevideo, Wilson González y Cecilia Robilotti, que emprendieron el trabajo de traducir los más difíciles textos de Washburn. Casal y yo coincidimos en que era conveniente incluir selecciones de la Historia del Paraguay, ya que sólo fue parcialmente traducida y resultaba poco conocida en Sudamérica.

Ante la cantidad de documentos, mis colegas y yo nos esforzamos en elegir los más significativos. Washburn fue un hombre de opiniones y sentimientos fuertes, y pensamos que esto será percibido fácilmente por los lectores de hoy. Debo destacar al mismo tiempo que aún quedan muchos documentos de Washburn por publicar. Los investigadores que deseen analizarlos deben visitar el Archivo Nacional de Estados Unidos en Washington, para leer la correspondencia oficial, y también la biblioteca de Washburn-Norlands en Livermore Falls, Maine, para consultar documentos de carácter más personal. En ambos casos, los esfuerzos de investigación se verán recompensados.

 

 

 

CONCLUSIÓN

Obra de JUAN MANUEL CASAL

Universidad de Montevideo

 

El corto registro que ha quedado de Charles Ames Washburn en los anales de la historia no es uno favorable. De las distintas empresas entre las que repartió su vida, las que acometió con certeza arrogante en triunfos que se mostraron esquivos -siempre esforzándose por emular a sus hermanos de prominente nombradía en los Estados Unidos- sólo una gestión diplomática en Asunción le ameritó relativa atención pública. Pero esta atención surgió meramente a causa de que en Paraguay se acusó a Washburn de conspirar contra la vida del Presidente Francisco Solano López y en los Estados Unidos de involucrar al país en los llamados "problemas paraguayos", es decir, de crear un innecesario conflicto diplomático en un país remoto, ajeno entonces a la esfera de influencia norteamericana.

 

Fuera del incidente de la Wáter Witch en 1855, brevemente reseñado en el estudio preliminar que sirve de introducción a este libro, las relaciones diplomáticas entre Paraguay y los Estados Unidos habían discurrido en términos normales y aun cordiales hasta que en 1868, durante la Guerra de la Triple Alianza, el Ministro Washburn decidió dar asilo en su residencia asuncena a un grupo de personas acusadas de preparar un atentado contra el Presidente López. Eran éstos el ex-cónsul portugués en Paraguay, José María Leyte Pereyra, los orientales Antonio de las Carreras y Francisco Rodríguez Larreta, el norteamericano Porter Cornelius Bliss, y el súbdito británico George F. Masterman. Según las autoridades judiciales paraguayas, encabezadas por el Padre Fidel Maíz, los asilados formaban parte de un más amplio grupo de conjurados, el cual incluía entre otros a Benigno y Venancio López, hermanos del presidente, y al ex-canciller paraguayo José Berges.

 

La justicia argumentaba que el año anterior los conjurados habían entregado al Brasil un plan de operaciones que permitiría a un contingente de este país llegar hasta Asunción por territorios que los aliados creían intransitables, evitando así las fortificaciones de Humaitá. De acuerdo al plan, los conspiradores planeaban asesinar al Mariscal López en momentos en que aquella columna entrase en la capital. También aducía la justicia que, una vez descubiertos y capturados que fueran los jefes de la conspiración (Berges y los hermanos de López), los demás involucrados habían solicitado asilo al Ministro Washburn. Más aún; los magistrados afirmaban que, desconociendo la orden del Presidente López a los representantes extranjeros de trasladar sus residencias a Luque cuando los aliados forzaron el paso de Humaitá, el ministro norteamericano había permanecido en Asunción con el único propósito de facilitar la huida de los conspiradores. Ésta acontecería cuando la flota aliada consiguiese remontar los ríos hasta alcanzar la ciudad.

 

A fines de junio de 1868, Gumersindo Benítez, el nuevo canciller paraguayo, reemplazante del fusilado Berges, inició una copiosa correspondencia con Washburn, demandando la entrega de los asilados a la policía. Washburn repetida y consistentemente se negó a hacerlo, fundándose en el derecho de asilo, al cual el Canciller Benítez negaba aplicación en aquellas circunstancias de guerra. (1)

 

 

Finalmente. Leyte Pereyra, De las Carreras, y Rodríguez Larreta optaron por entregarse a las autoridades, permaneciendo en la legación únicamente Bliss y Masterman. Un mes después, Benítez volvió a dirigirse a Washburn afirmando que Berges había confesado haber entregado al ministro norteamericano un paquete conteniendo documentos probatorios de la conspiración. Benítez exigía la inmediata entrega de los mismos. Cuando Washburn negó tener en su poder tales documentos, Benítez acudió personalmente a la legación para informar al ministro que también pesaban graves acusaciones contra él. Según Benítez, los interrogatorios de Berges, Leyte Pereyra, De las Carreras y otros habían permitido establecer que Washburn había actuado como intermediario entre los conspiradores y los generales brasileños. Según los testimonios de los detenidos, Washburn había entregado cartas de Carreras, Leyte, y Berges a los brasileños, así como recibido en propia mano respuestas a las mismas. Y también afirmaban los detenidos que Washburn se había prestado a esa intermediación debido a que Benigno López y los generales brasileños le habían remunerado con importantes sumas de dinero. Enturbiaba todavía más la posición del ministro norteamericano, según el punto de vista del gobierno paraguayo, el hecho de que ciudadanos paraguayos y extranjeros habían depositado bienes en la legación a su cargo, privando así al país en guerra de posibles recursos para su defensa.

 

Aquel mismo mes de junio, Washburn había solicitado al gobierno norteamericano su relevo como ministro en Paraguay. A principios de septiembre, aguardándose de un momento a otro la llegada a Asunción de la nave que habría de regresar a Washburn a los Estados Unidos, el gobierno paraguayo entregó sus pasaportes al ministro. No pudo éste, en cambio, obtener salvoconducto para Bliss y Masterman, a quienes aducía haber dado empleo en la legación -el uno como traductor, el otro como médico- a efectos de que se les considerase personal diplomático y pudiesen evadir la orden de captura que pendía sobre ellos. Bliss y Masterman fueron aprehendidos por la policía en momentos en que abandonaban la legación en compañía de Washburn y su familia para alcanzar la cañonera norteamericana Wasp, recién arribada a la capital paraguaya.

 

Sometidos a interrogatorio mientras Washburn navegaba hacia Buenos Aires, Bliss y Masterman coincidieron en declarar que, desde su retorno a Paraguay en 1867, Washburn había colaborado activamente en la conspiración contra López. Bliss, en particular, afirmó que Washburn había sido partidario de negociar un arreglo pacífico con los aliados pues estaba convencido de que Paraguay no podía ganar aquella guerra. Por ello, y porque esperaba obtener pingües ganancias de su intermediación, dio su apoyo a los conspiradores. Describía el declarante a Washburn como un hombre de espíritu mercenario y aficionado al dinero. Decía que Washburn había conseguido su misión en Paraguay gracias a la influencia de la compañía estadounidense Hopkins, con el cometido específico de obtener del gobierno asunceno una indemnización por concesiones que el gobierno de Carlos Antonio López había otorgado y luego revocado a dicha compañía. También decía Bliss que Washburn, luego de haber viajado a los Estados Unidos en 1864, demoró deliberadamente su retorno a Asunción, permaneciendo en Río de Janeiro y Corrientes de 1866 a 1867, porque el gobierno del Brasil le estaba pagando para que se demorase. De este modo se privaba al Paraguay del apoyo simbólico y la legitimación que la presencia de un ministro norteamericano podría dar a la causa de López. Estas declaraciones coincidían con los testimonios de Benigno López y Antonio de las Carreras. Benigno López había confesado haber pagado 2.000 onzas de oro a Washburn por su cooperación y la promesa de reconocer al nuevo gobierno que surgiera de la caída del Mariscal. Suma de dinero que, según Benigno López, Washburn habría aceptado de buena gana, diciendo que ella era mucho más de lo que él podría soñar atesorar con su sueldo de diplomático. Masterman, a su turno, sindicó a Washburn como el cerebro y el alma misma de la conspiración. (2)

 

Llegado a Buenos Aires y eximido de las exigencias que ponderan el lenguaje de la diplomacia, Washburn dirigió una irritada carta al Mariscal López, la cual también dio a publicidad en la prensa porteña, negando todas las acusaciones en su contra. Afirmaba en ella que ninguna conspiración había existido, y hacía notar que, como era de conocimiento público, los tribunales paraguayos arrancaban confesiones a todos los reos por medio de la tortura, lo cual las tornaba inválidas. Bien se sabía, decía Washburn, que a los presos en Paraguay se les cargaba con pesados grillos de hasta dos, tres, y cuatro barras, y que se les azotaba hasta que declaraban lo que los tribunales querían escuchar -o hasta que expiraban. (3)

 

De regreso en su patria, Washburn reclamó se investigara su gestión diplomática en Paraguay a efectos de limpiar su nombre de las acusaciones que contra él levantara el gobierno de López. Esta investigación fue llevada a cabo por el Congreso de los Estados Unidos, más específicamente por el Comité de Asuntos Extranjeros de la Cámara de Representantes, de marzo a diciembre de 1869. Ella se centró en un memorial redactado por Bliss y Masterman, una vez que fueron entregados a la marina norteamericana por el gobierno asunceno. En ese documento desmentían las declaraciones hechas en su prisión paraguaya y afirmaban su inocencia, así como la del ex-ministro Washburn. Pero la investigación también debió considerar el hecho de que Bliss y Masterman fueron llevados en calidad de prisioneros a los Estados Unidos, pues los oficiales de marina estadounidenses consideraron que las actuaciones de aquéllos en Paraguay no habían sido debidamente aclaradas. En consecuencia, una nota de duda venía a pesar sobre las protestas de inocencia del propio Washburn. Finalmente el Comité, compuesto por tres representantes republicanos (el partido de Washburn) y uno demócrata, exoneró implícitamente al ex-ministro de las acusaciones que pesaban sobre él. (4) Pero también es cierto que ese Comité desempeñó su tarea bajo la atenta vigilancia y posible influencia de Elihu y Cadwallader Washburn, hermanos de Charles Ames; el uno figura dominante en la bancada republicana de la Cámara de Representantes hasta ese mismo año (cuando, se le nombró ministro ante el gobierno francés), y el otro aún miembro activo de la cámara.

 

Posiblemente ya no podrá establecerse si las acusaciones contra Washburn tuvieron o no fundamento. La utilización sistemática de la tortura ciertamente invalidaba, como Washburn mismo lo dijo, los testimonios vertidos ante los tribunales de López. La propia conspiración para asesinar al Mariscal pudo haber sido una fantasía de los jueces, urdida por el miedo y la desesperación de aquella hora angustiante. En un régimen acorralado y a punto de derrumbarse, donde el gobierno sospechaba una traición en cada gesto imprevisto y mantenía una opresiva centinela sobre todos los ciudadanos, aun fomentando la delación como mérito patriótico, no es de dudar que jueces y funcionarios invocaran el fantasma de la conspiración. Ésta podía servir para justificar el aparentemente incomprensible giro de los acontecimientos en contra de un gobierno que se decía invencible y tal vez para resguardar sus propias vidas, ofrendando al sacrificio las de otros.

 

Por otra parte, no es imposible que ciudadanos con cierto grado de influencia política, que todavía mantenían alerta sus sentidos y vislumbraban como inevitable la destrucción del Paraguay si éste proseguía el curso de acción impuesto por el Mariscal-ciudadanos tales como José Berges y Benigno López- hubiesen efectivamente buscado un arreglo con los aliados, tal vez incluso ofreciendo en holocausto la vida del empecinado mandatario. Benigno López, miembro de la familia gobernante, y un hombre adinerado e influyente en un mundo donde pocos más lo eran, bien pudo haberse postulado como una figura de transición, tal vez el sucesor del Mariscal en un Paraguay que se rindiese a tiempo para salvar las esquirlas del antiguo régimen patriarcal.

 

Es posible que hombres como éstos hubiesen buscado la ayuda de Washburn para comunicar sus propósitos a los aliados, puesto que como ministro extranjero éste gozaba de la inmunidad necesaria para transmitir correspondencia y concertar negociaciones secretas entre los bandos. Es posible asimismo que un hombre como Washburn, con algún que otro antecedente turbulento en su pasado, de tornadizo carácter, y dominado por sueños de grandeza, se hubiese prestado a colaborar. Después de todo, alcanzar un acuerdo que pusiese fin a la guerra hubiera prendado un galardón imperecedero no sólo a su persona, sino también al gobierno de los Estados Unidos. Y aun es posible que el dinero que los declarantes dijeran que Washburn aceptó hubiese jugado un papel no menor en esa intrincada trama, de haber tenido ella visos de realidad. Si la conspiración hubiese triunfado, ese soborno habría quedado guardado en el silencio sin menguar los méritos que el éxito pudiera dar al nuevo gobierno y al diplomático que para todos ganara la paz.

 

Pero, como se ha dicho, nada de esto podrá confirmarse ya. Sin pruebas válidas que corroboren la participación de Washburn en aquella portentosa conjura, y además ante la sospechosa uniformidad que presentan los testimonios tanto en detalles como en redacción, uniformidad que hace pensar que fue la mano de los jueces y no la de los declarantes la que dio coherencia al complot, el historiador imparcial no tiene otra alternativa que aceptar el indignado desmentido de Washburn. Y tal vez condolerse de aquel hombre que, cautivo de su propia arrogancia, falto de las dotes necesarias para su misión, hubo de cumplir este papel tan controvertido como desfavorable -para los intereses del Paraguay, los de Estados Unidos, y hasta pata los suyos propios- durante la Guerra de la Triple Alianza.

 

(1). El conjunto de esta correspondencia, publicado por primera vez en Buenos Aires en 1868, puede leerse en Correspondencia diplomática entre el Gobierno del Paraguay y lo Legación de los Estados Unidos de América y el Cónsid de los Franceses (Asunción: La Unión, 1930)).

(2). Ibid., 54-64, 113-44. Véase también las copias de las declaraciones de Benigno López, Francisco Rodríguez Larreta, y Antonio de las Carreras en Une question de Dréit de Gens: M. Washburn, ex-Ministre des Etats-Unis a la Assomption et la conspiration paraguayenne (Paris: Imprimerie de Dubuisson et Cie,1.868), 74-89.

(3). Correspondencia diplomática, 145-54.

(4). Report of the Committee on Foreign Affairs, on the Memorial of Porter C. Bliss and George F. Masterman, in Relation to Their Imprisonment in Paraguay. House of Representatives, May 5,1870 (Washington: Government Printing Office, 1870), ixxx.

 

 

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