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MARTA MEYER DE LANDÓ


  SIN MAQUILLAJE, 1998 - Cuentos y relatos de MARTA MEYER DE LANDÓ


SIN MAQUILLAJE, 1998 - Cuentos y relatos de MARTA MEYER DE LANDÓ

SIN MAQUILLAJE

Cuentos y relatos de MARTA MEYER DE LANDÓ

 

Arandurã Editorial

Diseño de tapa: ENRIQUE RAÚL LANDÓ DEBAT

Asunción – Paraguay

1998 (152 páginas)

 

 

PRÓLOGO

 

            ¿Cuentos? ¿Relatos? La obra de Marta Meyer de Landó no se define como género literario uniforme. Son habitualmente narraciones de sucesos, ¿ficticios?, que llevan a veces lecciones morales aunque no siempre explícitas.

            Por las referencias, bien concretas y definidas, se presume que la autora conoce perfectamente los lugares en los duales la acción transcurre y los escenarios son varios y diferentes como El Cairo y Málaga. El Paraguay es uno de ellos; la autora no se detiene en descripciones. Su texto va directamente a la acción, al desarrollo de una trama, con sencillez y mucho personalismo, no porque ella forme parte, sea actora de lo que narra, no se implica, sino porque se la ve como "interesada" en el relato.

            Los textos que son narraciones de acontecimientos que tocan muy de cerca al Paraguay, como la "Fuga" después de tantas torturas en tiempos, gracias a Dios, ya pasados, o la vuelta, disfrazado, a Asunción, de un célebre estafador. Sí, muchos relatos se desarrollan aquí, en Paraguay. Recoge situaciones históricas y las relata vivamente, como "dos mujeres, dos amores" que nos ofrece una madame Lynch, bastante compleja, pero no llega en su historia a verdadero cuento.

            Un texto "Quijotes de hoy", con una alusión concisa al Hidalgo de la Mancha, aunque lleva a reflexión sería como un islote del resto del libro: "¿No es un Quijote el niño que hace solo sus deberes y los dibuja él mismo aunque sabe que su profesora premiará a otro que fue ayudado por sus padres?".

            Algún otro queda sin desenlace, como "Los nietos". Para "Viernes de soltero", el "papá, ¿qué haces aquí?", es un aldabonazo para quien, siendo casado, se permite alternar con juventud rockera.

            Se leen cuentos de corte netamente religioso, de santos. En este mundo que se materializa, bien está que surja lo espiritual también. La moral llega frecuentemente, sin decirlo en fin de relato.

            "El milagro", con un tema que se prevé de la chica llevada a u n burdel, es uno de los más narrativos.

            Otros rayan los términos de conversación.

            Pero Marta no duda en denunciar robos de niños, que matan, les sacan los órganos internos y son descubiertos enterrados: es el último en el libro "Mercosur criminal".

            El estilo es de párrafos largos, a veces sin mucha puntuación, pero límpidos, no alambicados como aquellos textos que nos daba Samuel Becket y fue tan imitado. Recordemos el "Otoño del Patriarca", de García Márquez y alguno del gallego Camilo José Cela.

            Quiero detenerme en "Karaí guazú", que me parece el más compuesto literariamente. Si el estilo es el hombre, preciso es reconocer que la autora sabe manejar los efectos: esa repetición insistente en lo que domina, en verdad, el relato. Aquí el viento norte que casi llega a ser el papel drámatis, de todo el relato. Si no he leído mal, siete veces el viento norte el que trastornaba a Francia: "Se acercaba el verano, el viento

norte arreciaba con sus olas de arena roja que convertían la ciudad en un volcán sin lava. ¡El dolor de cabeza! ¡De nuevo ese maldito dolor de cabeza! Y siete veces como un estribillo bien situado. Y termina la historia-cuento, después del cortejo fúnebre que lo llevó a su última morada: "Un fuerte viento norte soplaba sin parar".

            Es sorprendente el número, cada vez más numeroso, de mujeres que descubren, ya no tan jovencitas, dotes artísticas en su alma sensible. Aunque, ya antes, como Renée Ferrer de Arréllaga -sin contar a Doña Josefina, la señora y señera de encarnación de todo lo artístico- preciso es reconocer el impulso sorprendente del taller de cuentos de Hugo Rodríguez Alcalá, que tanto ha sabido hacer escribir y tan bien, con frecuencia.

            Que Marta Meyer de Landó siga escribiendo y que "veinte veces, en su taller, escriba, retoque, pula y repula", lo que su exquisita y expresiva sensibilidad le irá dictando.

           

            Pascua de 1998-04-12

            César Alonso de las Heras

 

 

 

PALABRAS DE JOSÉ LUIS APPLEYARD

EN LA PRESENTACIÓN DE "VIVENCIAS"

 

            Es evidente que cuando en el transcurso del tiempo la vida va creando situaciones de diversa índole y, cuando de pronto las circunstancias hacen que deba presentar el libro de una alumna, me sienta particularmente emocionado.

            Recuerdo, hace ya algunos años, cuando yo tuve la osadía de enseñar en el Liceo de San Carlos, tan poco recordado pero que tanto hizo en su tiempo. Recuerdo la osadía mía de enseñar siendo bastante joven, y entonces, en cierta manera digo que la osadía de escribir como dice Marta está perfectamente lograda. Hay que ser osado, yo he logrado con esa actitud mía juvenil de enseñar en los últimos cursos del bachillerato, a escasos años de haberme recibido yo de tal, de bachiller, estos frutos por ejemplo, uno de ellos es este que estamos celebrando esta noche y la osadía de Marta es estupenda porque ha logrado un libro que me pareció muy bueno y lo leí de una sola sentada, y no es una expresión figurativa ni mucho menos. Me senté en un sillón y no me levanté de ese sillón hasta que terminé el libro de una sentada, y eso significa mucho, significa mucho para mí, no porque yo sea pontífice ni nada por el estilo, pero a veces me cuesta leer ciertos libros que me llevan, me cuesta micho, hago el esfuerzo máximo y me distraigo, y en este caso no me distraje ni un segundo y lo leí con toda atención, con todo cariño y me sentí feliz cuando lo terminé. Sí, porque evidentemente hay una serie de factores en este libro. El libro en primer lugar es breve, es conciso, es profundo y es humano, muy humano, y eso ya es un punto muy a favor de esta obra.

            La primera parte titulada "Vivencias", que da el nombre al volumen, en cierta manera es un regreso a la infancia, al recuerdo de los primeros años de la vida. En ese campo casi inconscientemente yo me sentí un poco llevado también al terreno de mi propia infancia en un libro que hace más de treinta años publiqué: "Entonces era siempre". Era mi testimonio de ese peregrinaje obligatorio que tiene todo adulto (le regresar a la infancia, de una u otra manera regresamos a ella, ya sea como el paraíso perdido, ya sea como el inicio de nuestras primeras creencias, de nuestros primeros afectos, de nuestros primeros dolores. Y en la medida en que se va leyendo el libro nos encontramos que es una suerte de autobiografía de Marta y su familia y de los momentos cruciales, de las cimas de su existencia, dicho en una forma casi coloquial, casi al oído, casi como si nos estuviese diciendo una confidencia.

            Lei todo eso, y el último de los capítulos o de los relatos o de las reminiscencias, no sé cómo llamarlo, se llama "La segunda oportunidad" y eso me hizo pensar, me hizo meditar largamente allí una suerte de solución de continuidad de esa lectura constante, porque allí ella nos dice con toda sinceridad que está la fuente de este libro.

            De allí pasó a "Otras cosas" y qué otras cosas! En esta segunda parte del libro, que son relatos de una realidad que nos circunda a todos, ella demuestra un poder de observación extraordinario, un poder de captación de esa realidad y nos la describe en unte forma tal en que ese toque levemente irónico y hasta cruel entre la verdad y la mentira, entre la máscara y lo que está atrás de la máscara lo hace pero verdaderamente lindo, tanto que yo me atrevo a disentir con mi querida amiga Renée Ferrer y digo que ya esta señora, que está sentada a mi lado, es una cuentista nata, le surge exactamente un cuento con una sencillez y con finales a veces tremendos.

            Si hago memoria, recuerdo uno de ellos que hace un juego de anagramas. Anagrama es usar las mismas letras iníciales y de ahí formar palabras con diferente sentido, y ella dice: "DIAS - SADI - IDAS - SIDA". En este título está la síntesis del relato que nos hace, que es un relato tremendamente cruel en cierta manera porque lo extrae de una realidad cruel, de un malcriamiento del hijo varón por parte de la madre y, en fin, otra sigue que ella capta perfectamente y tiene la capacidad de decirlo con una brevedad extraordinaria. Está todo dicho en el título y ella lo que hace es desarrollar ese título con palabras que siguen usando las cuatro mismas letras.

            Hay otros, por ejemplo "La cura del cáncer" que es un alegato pero, tremendo también contra el aborto. "La cura del cáncer" es una forma de expresar las palabras más tristes del idioma, dijo alguien que son "lo que no fue", lo que no fue alguien que murió nonato.

            Y en fin, tengo fama de ser breve, quisiera extenderme mucho más sobre otros aspectos. Recuerdo "Los hombres no lloran" por ejemplo, que también es un argumento contra el machismo, que toda sensibilidad de un hombre puede quedar aplastada por la brutalidad de un padre que cree que ser macho es jugar al fútbol y romperse la cara todos los días.

            Finalmente saludamos a la nueva escritora, para mí es una nueva escritora que se incorpora al quehacer literario paraguayo, que sea tardía o no la vocación no interesa. El Evangelio dice "por los frutos los conoceréis" y qué frutos! Yo no soy quién para dar un espaldarazo de dama de las letras a Marta y creo que no se hace necesario espaldarazo alguno porque ella ya lo es por derecho propio, por derecho de talento y qué más se puede decir.

 

            Gracias.

            As/ 02/ setiembre/ 94

 

 

 

 

LA FUGA

 

            - "Mirá, Sosa; ¿por qué no nos ayudás a escapar?"

            El humilde soldadito se moría de miedo cuando los dos presos, también con miedo, le dijeron estas palabras.

            - "Aunque vos sos un soldado de la patria te tratan tan mal como a nosotros. La única diferencia es que vos podés salir al patio más o menos cuando querés; a ese patio donde te dejaron esta siesta al sol porque no escuchaste cuando te llamaron. Casi te moriste, ¿verdad?"

            - "Sabés, Coronel, yo soy tu guardia pero confío más en vos que en ellos. No creo que seas capaz de hacer nada malo. Si te puedo servir, te voy a ayudar."

            Se dieron las manos y así quedó sellado el pacto. Le prometieron al soldado protección y también trabajo, en la Argentina o el Uruguay. Uno le dijo que ya no soportaba las torturas; la pileta de agua servida, la picana eléctrica, el alambre que introducían en sus zonas más íntimas. El otro le habló de la esposa enferma, sin esperanzas de cura, con una enfermedad terminal que la estaba matando, sola en el extranjero. ¡Qué terrible es el exilio!, sin que él pudiera atenderla y darle su amor en la postrera porción de su vida.

            Le mostraron todo lo que pacientemente habían preparado para la fuga.

            Por semanas enteras habían gastado los goznes de la puerta del sórdido cuartito de escasos dos por dos metros, al que llamaban celda.

            Cuando les traían la comida, uno de los dos sostenía la puerta para que los guardias no lo notaran y, cuando por fin quedaba de nuevo cerrada, un sudor frío les recorría el cuerpo, sudor que se mezclaba a toda la gama de desagradables olores que impregnaban el lugar.

            El Coronel pensaba, ya no con odio, en el camarada que los había traicionado; si podía llamarse traicionar el contar en medio de las torturas el plan que tenían los conspiradores para derrocar al tirano que dominaba al país.

            No podía olvidar el momento en que, al cruzar el río en el pequeño bote, esa fría madrugada, con la niebla entorpeciendo la visión, una lancha de la Armada los persiguió.

            Al darse cuenta del inminente peligro, metió a la boca el papel donde figuraba el plan, el plan que tantos desvelos le había costado para que saliera perfecto; y como en las películas, se lo tragó. Siempre había pensado que eso no era posible, que era solo un truco de la cinematografía, pero él lo estaba viviendo en ese momento. A veces, seguía pensando, la realidad supera a la ficción.

            Cuando lo esposaron lo golpearon tan brutalmente con esas botas hechas como a propósito para dar puntapiés que pensó que iba a expulsar el áspero alimento.

            Hacía tiempo no rezaba; en ese instante rememoró su infancia: "Ángel de la Guarda, dulce compañía". Tenía que retener el papel en el aparato digestivo, muchas vidas dependían de ese maltrecho pedazo de papel, que no debía llegar a manos del déspota. "No me desampares ni de noche ni de día". Un puntapié en la zona viril lo desmayó.

            Despertó rodeado de varias personas que estaban enfrascadas en acalorada discusión.

            - "El Coronel no puede morir, sabe demasiado sobre la conspiración y tiene que hablar para que los liquidemos a todos. Cuídenlo. Mañana empezaremos el interrogatorio. Son órdenes del General".

            El interrogatorio comenzó al día siguiente en una sala de torturas digna del Marqués de Sade. Otros, ahora exiliados, le habían comentado y él pensó que exageraban. Pero no, había de todo, los tradicionales y los más avanzados métodos de tortura se empleaban allí. Al ver esa escena de terror, un temblor profundo lo sacudió.

            - "Es preferible un tiro y que termine todo".

            Las sesiones de tortura duraban horas, todo lo que soportaba antes de perder el conocimiento, día tras día. Su cuerpo estaba lleno de llagas a la vista y otras más graves que no se veían, a consecuencia de los excrementos que flotaban en la pileta y que más de una vez, cuando le faltaba aire se introducían en su organismo y la infección que tenía en el pene producida por el alambre de cobre.

            Por las noches hacía un recuento de las torturas sufridas tratando de calificarlas de mayor a menor y todas eran espantosas.

            La noche del día en que el soldadito aceptó ayudarlos le habló a Giménez, su compañero de celda. ¡Pobre desgraciado!, a él sólo le habían pagado el viaje en bote, no estaba enterado de nada.

            Estaba marcado por la desgracia. Su mujer y su hija vinieron a visitarle, le dejaron entrar sólo a la esposa, mientras que a su hija Gertrudis le dijeron que debía esperar en una salita de la comisaría. Cuando la madre concluyó la visita encontró a la jovencita, indefensa, con la falda ensangrentada; había sido violada por las tres bestias humanas que ese día estaban de guardia. Llorando las dos mujeres regresaron a su casita en Puerto Elsa.

            - "Giménez, llegó el día. Mañana nos fugamos".

            Giménez sobresaltado se sentó en el viejo y roto catre de lona.

            - Coronel, estoy muy cansado, no me animo".

            - No tenés alternativa. Si me fugo solo te van a matar por no delatarme. Tenemos que arriesgarnos y salir".

            Amanecía el día escogido. Sosa había reunido unos pocos guaraníes empeñando su radio y la cadenita de oro que le había regalado su madre antes de morir, allá en Ybycuí, y los trajo consigo. Podría necesitarlos.

            Caminaba, tratando de disimular su angustia y ansiedad. Cuando Sosa llegó a la celda, el Coronel respiró hondamente al comprobar que realmente estaba decidido a acompañarlos. Ese fue el día más largo del mundo. Las horas se arrastraban lentamente. Al traerles la comida, el soldado que lo hizo regresó hasta la puerta con los ojos fijos en ella y el terror los invadió temiendo que fuera el fin.

            - "¡Eh, ustedes dos! ¡Feliz Día del Padre!"

            La cabeza le estaba por explotar. Las manos le tremían sin control.

            - Tengo que recuperar la calma. Debo imaginarme que estoy aún en el Chaco rodeado de bolivianos y así como conseguí burlar su vigilancia hace tantos años debo lograrlo de nuevo ahora".

            La calma lo envolvió. Llegó la hora de la cena, una sopa en la que nadaban unos pocos arroces. No tenía apetito y el poco que podía haber tenido le desapareció al ver una cucaracha bordeando el plato.

            A las dos de la madrugada entró de guardia Sosa y les dijo: "El sargento y los otros ya están tomando otra vez". Había llegado el momento. Esperaron treinta minutos para retirar la puerta de su sitio y la volvieron a colocar lo mejor que pudieron. Sigilosamente, tres sombras recorrieron la pequeña galería de circulación, que les pareció interminable, hasta la salita de la comisaría. En la pieza contigua, el sargento y sus subalternos estaban en un sopor alcohólico y no los vieron salir.

            No lo podían creer, alcanzaron la calle.

            Corrieron con todas sus fuerzas hasta las vías vetustas del también vetusto ferrocarril.

            Bordearon las precarias casitas aledañas al río que había vuelto a su cauce normal después de la inundación. Siguieron corriendo y alcanzaron la calle planeada, allí justo donde hace una pronunciada curva. Jadeantes pudieron subir por entre los desagües, cuando escucharon unos tiros provenientes de la cercana comisaría. Se miraron espantados.

            En eso vieron las luces de un automóvil y le hicieron señas. Era un taxi que disminuyó la marcha hasta que las ruedas quedaron sin movimiento. Con rapidez agónica saltaron dentro y el Coronel dio la orden:

            - "Siga derecho hasta la embajada que está aquí a cuatro cuadras".

            El taxista obedeció y pensó: "¡Quién será este hombre! ¡Qué poder emana de su voz y su mirada!".

            Al llegar a la embajada escucharon las sirenas, prestamente descendieron del coche al mismo tiempo que decían: "Gracias, hermano", al chofer. Un gracias que se sigue repitiendo al recordarlo.

            ¡Las altas rejas! No habían pensado en ellas. Trataron de escalarlas por unos segundos. No, no lo iban a lograr.

            En ese momento el guardia de la embajada los vio y corrió hacia las verjas.

            - "Queremos asilarnos, avisá al Embajador".

            El guardia abrió las rejas y presurosamente las volvió a cerrar en el momento en que la camioneta policial con las sirenas aún encendidas llegaba a la esquina.

            Los tres hombres, ya desfallecientes, cayeron al césped y una carcajada histérica los unió.

            Han pasado más de 20 años. El Coronel está escribiendo sus memorias, quiere que sus nietos las conozcan.

            Ese día se ha tomado un descanso. Pasea por las calles del centro con una sonrisa en los labios. La ciudad entera es una fiesta. El tirano ya no está.

            ¡Otra conspiración ha triunfado!

            La libertad, por la que tanto sufrió y que tantas vidas costó, camina a su lado.

            ¡Se siente en paz!

 

 

QUIJOTES DE HOY

 

            "En cierto lugar de la Mancha -de cuyo nombre no deseo acordarme- vivía no hace mucho tiempo un hidalgo, de esos de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor".

            Habiendo convencido a su vecino, Sancho Panza, que fuera su escudero, salió el hidalgo una noche sin despedirse, en busca de aventuras. Iban conversando cuando vieron "treinta o cuarenta molinos de viento" que había en aquel campo, a los cuales confundió con gigantes.

            En vano trató el escudero de explicarle que eran molinos y que los largos brazos eran las aspas, pues él lo mismo "se lanzó a fiera y desigual batalla". Embistió el primer molino dándole una lanzada en el aspa cuando se levantó un fuerte viento que hizo pedazos la lanza, llevándose tras sí al caballero, rodando maltrecho por el campo.

            En 1605 apareció el Quijote, de la genial pluma de Cervantes. Y hoy, ¿cuántos Quijotes hay?

            ¿No es un Quijote el niño que hace solo sus deberes y los dibuja él mismo, aunque sabe que la profesora premiará a otro que fue ayudado por sus padres?

            ¿No es un Quijote el joven que cuando le preguntan algo responde con la verdad aunque ésta le cueste el enojo de la directora y la suspensión del colegio?

            ¿No es un Quijote la joven que trata de conservar los valores que aprendió en su niñez y que la convierten en el hazmerreír de los demás?

            ¿No es un Quijote el padre que por honesto sigue y sigue trabajando y a quien a veces ni los mismos hijos valoran?

            ¿No es un Quijote la mujer que además de dedicarse a su familia trata de lograr su realización personal con leyes igualitarias que la protejan?

            ¿No es un Quijote el religioso que en este mundo devorado por el consumismo predica las bienaventuranzas?

            ¿No es un Quijote el empleado público que ante la burla de sus compañeros cumple su tarea con eficiencia y rapidez?

            ¿No es un Quijote el político que sabe que está al servicio de los demás y no los demás a su servicio?

            ¿No es un Quijote el que piensa que la cultura debe ser alimento cotidiano?

            ¿No es un Quijote el que defiende la ecología enfrentándose a tantos intereses creados?

            ¿No es un Quijote el médico que primero cura al herido y después pregunta quién es?

            ¿No es un Quijote el ministro que busca eliminar la corrupción en su ministerio aunque le cueste el cargo?

            ¿No es un Quijote el obrero que espera que oportunidades iguales para todos le permitan mantener a su familia dignamente?

            ¿No es un Quijote el juez que cree que la Justicia aún tiene los ojos vendados?

            ¡Cuántos Quijotes de nuestro tiempo!

            ¡Cuántos gigantes y molinos por derribar!

 

 

 

DOLORES DE AYER Y DE HOY

 

            Entró a la habitación, transpirada y con los cabellos obscuros pegajosos, a pesar de tenerlos retenidos en una cola de caballo. Al ver el antiguo ropero, con un espejo enorme, estuvo tentada de mirarse y arreglarse; pero no lo hizo, algo en su interior la retuvo como defendiéndola de alguna cosa inesperada. Unos noventa minutos antes, un bochornoso y sofocante calor de principios de diciembre los acompañaba a ella y al tío, camino a San Lorenzo, donde él tenía que visitar una casa muy antigua que había heredado de sus padres. El anciano tío, un tanto conservador y chapado a la antigua, podía sin embargo, mantener por horas una conversación sobre cualquier tema. Además, Dolores experimentaba un placer enorme al conocer los secretos familiares, tanto tiempo vedados a sus jóvenes oídos; y el tío era el único que se los contaba. Así se enteró que la tía Isidora había huido de la casa con un empleado del negocio de su padre y regresó recién cuando el primer niño tenía seis meses. Por fin comprendió por qué, siempre, el marido de la tía, tan sencillo y bonachón era despreciado por los demás miembros de la familia y lo más irónico, por la misma Isidora. Al llegar a la casa, mientras el tío descendía del auto y ella decía: - "Vuelvo enseguida, tío, como te expliqué voy a sacar el permiso para poder ir a Caacupé"; admiraba las rejas tan macizas, tan antiguas, tan hermosas.

            - "No te demores, después te muestro la casa y te cuento otra historia".

            Regresó veinticinco minutos más tarde, entró a la casa y fue en ese preciso instante cuando experimentó esa sensación tan extraña que le produjo el espejo que estaba en la habitación. Vaciló un momento y al sentirse repuesta entró presurosa mientras clamaba en voz nerviosa y alta: - "¡Tío... tío!" Llegó al patio interior y el tío estaba regando los helechos y culantrillos que rodeaban el pozo.

            - "Termino de regar y ya regresamos. No quisiera que se te haga tarde. ¡Ah!, otra cosa, ¿me invitás a almorzar?"

            Sonriendo ante la auto invitación del anciano, vio el cántaro y se sirvió un vaso de la refrescante agua cuyo sabor le traía recuerdos imborrables de su niñez. Serena y reconfortada por haber calmado su sed, entró de nuevo a la habitación del ropero y se sentó en una silla de esterilla que estaba en perfecto estado, como si no hubiese pasado el tiempo. Miró a su alrededor girando lentamente la vista e inspeccionó los muebles uno por uno: había once sillas más, una mesa con las patas trabajadas, un aparador con tapa de mármol y un bargueño del mismo juego. Le tocó el turno al ropero. Qué extraño, ¡el único mueble diferente!

            Se levantó y pensó: -"Debo estar toda despeinada, mejor me arreglo".

            Se dirigió al espejo, pero al mirarse no estaba ella del otro lado, sino una jovencita de triste sonrisa y larguísimos cabellos rubios. En ese momento, el tío la llamaba - "Vamos, Dolores, ya terminé. Debemos volver a Asunción". Ella estaba rígida y con una mueca de espanto en el rostro.

            Despertó en la cama de un sanatorio. No entendía dónde se encontraba. En medio de una pesada somnolencia, oyó voces conocidas, era su madre hablando con el tío, quien le decía: - "Te aseguro que estaba perfectamente bien. Como a ella le fascinan las historias de la familia, a la ida fuimos hablando de Isidora y su casamiento y al regreso pensaba contarle de nuestra tía por quien vos le pusiste el nombre, la pobre Dolores, tan bonita con su larga cabellera rubia y que tan sólo con diecinueve años se suicidó en esa casa, arrojándose al pozo".

 

 

 

 

VIERNES DE SOLTERO

 

            ¡Cuántos años hacía que no tenía un viernes de soltero!

            Se casó muy joven, demasiado joven, tal vez. Cuando le nacieron uno tras otro los dos niños, Javier y Joaquín, aunque no se daba cuenta, no estaba preparado para esa gran responsabilidad. Mariana realmente era un encanto de chica que le adoraba.

            Los problemas se agudizaron cuando ella también tuvo que salir a trabajar; el presupuesto iba en aumento y no alcanzaba su sueldo del Ministerio. Además, a los dos les parecía fundamental que él terminara su carrera de Administración, que ese año la había reiniciado.

            Él estaba mal acostumbrado a tenerla siempre y a cualquier hora en la casa, como cuando no trabajaba fuera; le preparaba el "tereré", le preparaba la ropa y hasta le preparaba ese pan casero que a él tanto le gustaba.

            La casa no era la misma y las chicas de la facultad eran tan bonitas y se arreglaban tanto, nunca tenían un cabello fuera de lugar, estaban tostadas todo el año gracias a la cama solar, le habían dicho, las uñas perfectas, además de vez en cuando alguna faltaba por tres o cuatro días y él escuchaba que se habían implantado silicona y otras se habían hecho la "lipo"; siempre parecían salidas de una revista de modas. En cambio Mariana... ¿qué le había pasado? Cuando volvía de la oficina, que por suerte quedaba cerca de la casa, se ponía unos shorts gastados, unos zuecos y una remera, a veces de él, y se ponía a cocinar a lavar, a ordenar, como si él ya no le importara. Le reclamó una o dos veces y ella le respondió que no tenía otro horario para hacer esas cosas y "después de todo, vos, en vez de mirar televisión tendrías que ayudarme un poco".

            Eso le pareció ofensivo, decirle eso a él; "nunca mamá me dejó hacer ninguna tarea de mujer".

            Comentó todo esto con sus compañeras de facultad Verónica y Paula. Paula le dijo que Mariana tenía razón, que los tiempos habían cambiado, que la mujer tenía los mismos derechos que el hombre, que si los dos trabajaban fuera, "para más vos sólo hasta la una en el Ministerio y ella hasta las seis", él tenía que ayudar en la casa.

            ¡Le pareció una herejía! En cambio Verónica le dijo que Paula era una exagerada, que por lo visto se dejaba llevar por todos esos movimientos femeninos y feministas tan en boga.

            Por fin alguien que le comprendía, "esta chica Verónica sí que sabe cómo son las cosas".

            Se encontraban un rato antes de las clases a tomar un jugo en la cantina de la facultad y hablaban mucho, cada día se entendían más.

            Una noche le comentó que el jueves se inauguraba un nuevo pub, este era diferente, habían traído el sistema lumínico del exterior, además "vos que sos tranquilo, podés jugar a los dardos o al backgammon". Había un solo problema, las invitaciones eran individuales y ella tenía sólo dos; no tenía para Mariana. Lo pensó y le dijo que de todas maneras Mariana no podía ir porque el nene menor estaba con varicela. El jueves

le dijo a su mujer que no lo esperara levantada, que iba a hacer un trabajo práctico a lo de Julián.

            La ida al pub le resultó impactante, la iluminación y la música eran alucinantes. Volvió a su casa feliz, cuántas cosas habían cambiado en estos años en que había vivido casi recluido sin conocer la movida asuncena.

            Qué buena amiga era Verónica, ¡se preocupaba tanto de él!; "sos tan joven, vamos a salir por lo menos una vez a la semana así no te llenás de telarañas". Y así comenzaron sus salidas de los viernes; "sabés, Mariana, me conviene hacer los trabajos de facultad los viernes que puedo acostarme más tarde ya que los sábados no tengo oficina. Estos profesores nos llenan de trabajos, cada uno cree que su materia es la única".

            Realmente Vero le cambió la vida; los domingos, en vez de ir al fútbol, como era su costumbre, iba a su casa; ya no podían estar separados, pero él estaba tranquilo porque ella se cuidaba.

            - "¿Quién es Vero? Hoy me llamaron a la oficina a decirme que te vieron varias veces con ella".

            - "¡Pero qué mala es la gente! Es una chica del grupo de facultad y, sí, es cierto, una noche nos fuimos todos juntos al Da Vinci a tomar un café. No hagas caso de chismes".

            Se acercaban los exámenes finales y un día Vero, muy seria, le dijo que esperaba un bebé. No podía ser, él le había preguntado repetidas veces si se cuidaba y ella le aseguró que sí.

            Una tormenta interior le sacudió, tenía que tomar una resolución responsable, "cómo la voy a dejar sola a esta chica que me hizo tanto bien y que trajo juventud y alegría a mi vida en un momento en que las cosas ya no andaban bien con Mariana. Realmente, pobre Yero, ella no tenía la culpa de nada, era Mariana la que había cambiado y le empujó a ese final".

            Dejó pasar unos días y habló con Mariana, le contó todo y le dijo que un abogado, tío de Vero, podía encargarse de la separación. - "No puedo negar que me impresionó la valentía de Mariana, ni una sola lágrima; lo más difícil fue hablar con mis hijos".

            Nació el bebé, Vero quedó muy nerviosa porque estaba acostumbrada a salir y ahora debían quedarse en la casa.

            Aumentó mucho de peso y estaba de un humor de mil demonios. En el transcurso de estos ocho años que llevaban juntos, muchas veces su pensamiento se trasladaba hasta Mariana. En este momento le estaban haciendo por televisión una entrevista sobre la empresa de mensajería que había formado y le preguntaban si se consideraba una mujer de éxito y cómo sola manejaba su empresa y su hogar. Ella respondió que sí, que la empresa era un verdadero éxito, pero que tenía problemas como todo el mundo y que a veces se sentía sola para lidiar con serios problemas de comportamiento de sus hijos en el colegio.

            Apagó el televisor y quedó pensando acerca de su vida. A Mariana le había ido bien, "pero yo, qué gané con la separación, sólo más preocupaciones y disgustos". Para colmo de males, Vero no lo dejaba salir nunca solo. Le decía: -"Ah, no señor, porque Mariana te dejaba salir vos te metiste conmigo y yo no voy a permitir que me pase eso".

            La mamá de Vero le pidió que la acompañara a Buenos Aires de jueves a lunes, no le gustaba viajar sola y quería estar en los cincuenta años de su hermano. - "Julito puede quedarse en casa con tu papá y la empleada. Ellos le van a cuidar muy bien a mi nieto".

            Viajaron el jueves, llegó el viernes y él se dijo: - "Es mi oportunidad". Sacó dinero de la caja de ahorros, llamó a dos ex compañeros de facultad, desde luego más jóvenes que él, y allí fueron a divertirse. ¡Cuántos años sin un viernes de soltero!

            Los dos amigos le hicieron una rápida recorrida de los sitios nuevos, hasta que al final permanecieron en uno hasta casi el amanecer. Con la mezcla de bebidas no podía tenerse en pie, no podía ni pensar ni razonar. Cuando pasaron por la calle Mcal. Estigarribia y Paí Pérez se le salieron los ojos de las órbitas, no podía creer lo que veía; ¡parecían mujeres de verdad!

            Al verlo tan entusiasmado, le dijeron que lo iban a llevar a otro lugar muy divertido. - "Hay que probar de todo, chera'á. Lo bueno es que ellas o ellos, como quieras llamarlos, no se embarazan. Además, seguro que nunca experimentaste el sexo grupal".

            Raudamente el coche recorrió veinte minutos más hasta llegar a "Homo Sapiens", "qué decoración más rococó". Se sentía ya más despejado, por suerte no le hicieron el alcotest en la "curva de la muerte". Ahora ya estaba bien.

            Entraron, quedó asombrado desde la misma puerta. Ni se imaginaba que hubiera un lugar con tanto lujo, "aunque en realidad es muy recargado". Empezaron los juegos sexuales, que no explicamos para no alargar este relato.

            Tenían razón sus amigos, "hay que probar de todo". En ese momento no se acordaba de nada, estaba como en éxtasis total. Pasaron como dos horas, ya debía estar clareando.

            Buscó a sus amigos y no los vio; se dirigió hacia la puerta para buscarlos en el momento en que entraba un ruidoso grupo de jóvenes; uno de ellos se separó de la patota, se sacó la peluca, se le acercó y le dijo: - "Papá, ¿qué hacés aquí?"

 

 

 

LA MAFIA DE LOS AÑOS 90

 

            La primera advertencia fue así: -"Mire, ingeniero, debe suspender la investigación, nuestra casa matriz no quiere que continúe y ya no tenemos rubro para la misma".

            - "¡Señor director, no es posible! Estamos a un paso de lograrlo, pienso que en tres meses más; después la humanidad entera estará agradecida y todos los laureles serán para la Compañía".

            - "Ya está dicha la última palabra. Si usted cuida su puesto, deje esa quijotada de lado. Hágame caso".

            - "Es que mi hallazgo será un boom para la economía mundial. Los autos consumirán menos, el precio bajará y hasta es posible que amengüen los problemas del Oriente Medio".

            - "Su temperamento latino lo traiciona, siempre está pensando en los demás; usted debe preocuparse de lograr un sillón en el directorio, y es justamente eso lo que el presidente le hace ofrecer. Tómese su tiempo, tiene el fin de semana para pensarlo".

            El alto ejecutivo de la empresa petrolera se pasó la noche en vela cavilando sobre el tema. ¿No era eso lo que estaba esperando? ¿No era ese el sueño de su vida? ¡El hijo de un inmigrante en el directorio de la gran empresa petrolera!

            Recordó a su padre, que trabajó en un comercio toda su vida, hombre de principios férreos que siempre le aconsejó sobre la importancia del valor honestidad: -"Por dinero, nunca vendas tu alma al diablo".

            ¿Sería el director que le habló el diablo vestido de traje y corbata?

            "¡Un sillón en el directorio!"

            Tanto se movió en la cama que su esposa le preguntó: - "Te ocurre algo?"

            Primero dijo que no, pero ante su insistencia le contó lo sucedido..

            - "¿Y qué pensás hacer?"

            - "Bien sabés que quiero seguir con la investigación, pero... ser miembro del directorio asegura el futuro de nuestro hijo. Yo pude ir a la universidad solamente porque obtuve una beca".

            - "¿Pero, si dejás la investigación será que podremos mirarnos directamente a los ojos después?"

            Ya estaba todo dicho; se dieron un beso cariñoso que valía más que una montaña de palabras y se durmieron profundamente.

            Fue un fin de semana tranquilo, no salieron del suburbio; hacía mucho frío y empezaba a nevar. Él aprovechó para escribir cartas.

            El lunes encaró al director contándole que el fin de semana remitió varias cartas a distintos organismos que podían estar interesados en proveer los fondos para la importante investigación.

            El director se puso lívido, llamó al presidente y se convocó a una reunión de emergencia. Resultado: lo sacaron de la Compañía; segunda advertencia.

            Totalmente abatido regresó a su casa. La semana anterior había leído "El horror económico" de Vivian Forrester y realmente concordaba con la autora en que mientras las empresas no sean humanitarias y mientras las personas no sean más importantes que los balances, el mundo corre hacia el desastre. A esa empresa tan grande no se podía pedir humanidad.

            A la mañana fue hasta una concesionaria de venta de autos, en la que había comprado el suyo y el de Lynda; habló con el gerente y ese mismo día se puso a trabajar allí.

            Continuó enviando correspondencia a distintos organismos hasta que uno respondió afirmativamente y le dieron una cita. Feliz, agendó la hora y el día y pensó: "Voy a continuar con la investigación".

            Acudió a la entrevista y narró lo sucedido en la compañía petrolera. Le dijeron: "No se preocupe, contactaremos con la competencia. Venga pasado mañana, tendremos una reunión definitiva".

            Al día siguiente, martes, cuando fue a la concesionaria no pudo llegar, un tumulto se lo impidió. Los carros bomberos intentaban inútilmente sofocar el incendio que misteriosamente se originó. Fue la tercera advertencia.

            Esa tarde, los presidentes de las dos grandes compañías petroleras se reunieron precipitadamente.

            El miércoles se preparaba para ir a la reunión en las oficinas del organismo internacional cuando irrumpieron en la casa tres hombres armados y encapuchados.

            El jueves, la noticia en los diarios decía: "Ingeniero hispano, tras violenta discusión mata a su esposa y a su hijo en el dormitorio y se autoelimina al pie de la escalera".

           

 

 

EL JUGADOS Nº 12

 

            En el principal lugar de su dormitorio, en un pequeño altar, está la antigua imagen de María Auxiliadora.

            Cruzó el océano en 1913; entonces ya era una reliquia familiar; la joven venía sola desde España a encontrarse con su esposo que estaba trabajando en el Chaco argentino. Su padre le acompañó al altar y todas las comadres de la iglesia de la Almudena, que no sabían de la boda por poder, decían:

            - "¡Qué joven más guapa y casarse con un viejo! ¡Las cosas que hay que ver en este siglo!"

            La imagen le acompañó los quince días de travesía del buque inglés que la depositó en Buenos Aires. Allí fue el encuentro. El esposo la esperaba en el puerto con flores en la mano y una sonrisa que trataba de disimular su ansiedad y su pasión contenidas. Su vida en común comenzó en un hermoso hotel de la calle San Martín. Hacía mucho frío, lo que se constituyó en una buena excusa para no salir.

            Dos días después dejaron la pujante ciudad que apenas habían conocido y partieron para el Chaco, donde él tenía ya instalado su consultorio en la casa que había elegido para esperarla. ¡Cuánta ilusión le hacía todo! Y pensar que su padre le había dicho al darle el beso de despedida, que los dos sabían sería el último; - "María, no sé cómo te animas a dejar nuestra casa y partir hacia América. No sabes cómo son las cosas allá; ten mucho cuidado con los indios y con los animales salvajes que me han contado andan por las calles. Cuídate, hija mía".

            Después de un penoso y accidentado viaje llegaron a la casa:

            - "Pues, mira, de verdad que es bonita. No lo puedo creer. Además aquí, casi no hace frío".

            Esa tarde sacó las sábanas de hilo bordadas y se las entregó a las dos criadas. También sacó los manteles adamascados y los bordados: - "Para la cena, siempre vais a poner manteles blancos".

            Recordó las tardes pasadas con su madre, "que Dios la tenga en Su gloria", y con una tía al calor de una mesa camilla, bordando su ajuar.

            ¡Qué distantes le parecían ahora esos días en que iba a las fiestas de la corte y qué lejana estaba ahora la casa paterna! La melancolía le invadió el alma, pero en eso llegó el esposo que había terminado de atender el consultorio y la melancolía se transformó en pasión. La distancia de su patria y la separación de su padre y sus hermanos se diluía ante un amor tan grande. Había decidido bien y aquí estaban su presente y su futuro.

            A la hora de la cena y a la luz de las velas, ella se vestía de noche y él de "smoking"; tal vez las dos criadas no comprendían este ritual, acostumbradas como estaban a ver a los gauchos usar bombachas y a las mujeres con sus trenzas y sus faldas largas.

            Algunas veces invitaban a cenar al cura y al alcalde y su esposa. La anfitriona los deleitaba después de la cena con un miniconcierto de piano.

            - ¡"Qué alegría, vamos a tener un niño!" Esta alegría se repitió por tres veces más. Una de ellas fue una niña. Entonces decidieron cambiar de rumbo; había una ciudad al norte, en el Paraguay, donde no había médico. Los baúles que transportaron eran tantos que parecía un equipaje principesco.

            - "¡Qué casa más maja! Nos quedamos con esta". Se instalaron con los tres niños y otro en camino. Hacía mucho calor, pero la calidez humana hacía olvidar lo tórrido del trópico. Las veladas en la casa del doctor se volvieron célebres en la pequeña ciudad.

            La familia crecía y crecía, ya eran ocho los niños; el menor vivió muy poco, pero un tiempo después nació el último y le pusieron el mismo nombre en su recuerdo.

            Los hijos crecieron y fueron a estudiar a la capital; las dos hijas se casaron. El y ella quedaron solos, como al principio. ¡Qué fatalidad!, el esposo se enfermó. - "Te he dicho muchas veces que fumas en exceso". Eran muy jóvenes aún cuando la ciencia no pudo con la enfermedad y ella se quedó sola, sola de verdad.

            Tiempos tumultuosos se vivían en el país. Ella no quiso dejar la casa y venirse a Asunción. Le buscaron compañía y encontraron una mujer muy noble y muy buena que tiempo después fue su amiga desinteresada y leal. La acompañaba siempre, también cuando viajaba en El Pingo a Asunción.

            Eran tan diferentes y sin embargo tenían tanto en común, Entre esas cosas en común se encontraba la devoción a María Auxiliadora.

            - "Escucha, es muy milagrosa. En España mi madre contaba de un hombre que había llevado una vida por demás disipada pero que todas las noches al acostarse le rezaba tres Avemaría a María Auxiliadora. Cuando murió y llegó a las puertas del cielo, pusieron en un plato de la balanza sus obras buenas y en el otro sus obras malas. Estas pesaban más y no lo iban a dejar entrar. La Virgen le pedía a Su Hijo que lo dejara entrar, que desde los siete años le había rezado tres Avemaría todas las noches. Volvieron a pesar y era lo mismo, siempre pesaban más las obras malas. Al darse cuenta María Auxiliadora derramó lágrimas de amor y de tristeza que cayeron en el plato de la balanza de las obras buenas, que así pesaron más; y el hombre se salvó".

            - "Cualquier cosa que desees, pídesela a la imagen de María Auxiliadora que tenemos en la casa y ten por seguro que te la concederá. No lo olvides".

            - "Doña María, cómo quiero esa tu Virgen".

            - "No te la puedo dar pues es una reliquia familiar".

            Unos años después, el día de su cumpleaños, María le entregó la Virgen.

            - "¡Qué hermosa es! ¡Mirá su cabello rubio! ¡Y su corona!" Cuando María dejó este mundo y ella se mudó a una casa, la imagen de María Auxiliadora ocupaba un lugar preferencial.

            - "¿Por qué tenés esa Virgen en la sala?", le decían los parientes.    - "Tu casa ya parece una iglesia, así no podemos contar ni chistes, siquiera".

            - "Perdóname, Virgencita, te voy a llevar a mi dormitorio, así no se van a plaguear más. Además allí vamos a estar tranquilas. Vos y yo".

            Sus hijas le decían: - "Pedíle, pues, a tu Virgen que nos vaya bien en los exámenes". - "Mamá, pedíle a tu Virgen que me consiga trabajo"; y siempre les concedía todo lo que pedían. El poder de María Auxiliadora trascendió las murallas de la casa y los amigos también le pedían ayuda: - "Necesito trabajo". - "Que se cure mi hijo".

            - "Ya tengo vergüenza, María Auxiliadora, cuántos favores me hiciste desde que te tengo conmigo. Ahora que mis hijas están crecidas y que todo está bien, te prometo que no te voy a molestar más con mis pedidos. Sólo te voy a rezar para agradecerte".

            A ella le pareció que la imagen le sonreía. - "Debe ser una sombra nomás".

            La vida continuó apacible; cada vez más tranquila, sin ningún tipo de sobresaltos. - "Gracias, Virgencita, por todo lo que me diste". Al levantarse, a la hora del Angelus y al acostarse le agradecía siempre y le decía: - "Hace rato que ya descansás de mí".

            Sus nietos estaban pasando el fin de semana con ella. De repente un alboroto: -"Abuela, si Paraguay no mete un gol perdernos la Copa. Pedíle pues a tu Virgen esa de María Auxiliadora, pero rápido, un milagro. Ya se está acabando el partido".

            Subió las escaleras que la llevaban a su dormitorio lo más rápido que pudo; "los años no pasan en balde", pensó.

            - "Mi Virgencita querida, yo te prometí hace años que no te iba a pedir nada más, pero quiero que le des una alegría a mis nietos. Por favor, que gane la albirroja".

            Cuando descendía las escaleras oyó el estruendo de mil bombas y al llegar a la sala vio que sus nietos se abrazaban y saltaban de alegría.

            Desde el televisor, el comentarista decía: - "Es un milagro, ya lo van a ver en el replay. Es como si hubiera un jugador invisible, el jugador N° 12; esa pelota que ya iba hacia las graderías no sabemos cómo, en el último segundo se desvió e increíblemente entró en el arco. ¡Gol! ¡Gooooool! ¡Paraguay, campeón!

            En el dormitorio, escaleras arriba, la imagen de María Auxiliadora sonreía dulcemente.

           

 

 

MERCOSUR CRIMINAL

 

            La conferencia sobre el Mercosur a la que había asistido le pareció sumamente interesante, era como sí el mercado de nuestro país se extendiera a 200 millones de almas y a un área de 12 millones de kilómetros cuadrados. Es cierto que aún había mucho camino por recorrer hasta lograr la integración buscada entre los cuatro países en lo político y económico primero, para después tender a una integración en lo social, tecnológico, educativo y cultural. Las barreras a superar eran múltiples, ya que cada uno debía ceder parte de su autonomía para actuar en forma conjunta, pasando así a depender unos de otros por propia voluntad; era necesario vencer los fantasmas del egoísmo y del nacionalismo para que realmente los dos países más pequeños fueran en realidad, y no sólo en los papeles, socios igualitarios.

            Se quedó pensando en la frase "tender después a una integración en lo social, tecnológico, educativo y cultural".

            Siempre le preocupó lo cultural, se resistía a aceptar que lo cultural fuera siempre lo menos importante en la vida de su comunidad. Es cierto que reconocía otras prioridades también primordiales, pero así y todo pensaba que, de la misma forma que era necesario el pan cotidiano, las expresiones culturales constituían el alimento del espíritu. Recordó una frase de Hillary Clinton que de verdad le había impresionado: "cuando los Estados Unidos fueran conocidos en el mundo por su cultura como por sus hamburguesas, entonces estarían en el primer lugar". Le daba vueltas en la cabeza eso del Mercosur cultural; ¿cuál sería el mecanismo a seguir por el pequeño grupo de apoyo a la cultura al que pertenecía para conseguir un  intercambio fluido con los demás países que redundara en beneficio de nuestros artistas para así lograr un nivel internacional?

            Tan absorta estaba en sus cavilaciones que por poco no se dio cuenta de que interrumpían el programa de televisión en ese momento y aparecía el rostro preocupado del conocido hombre de los noticieros, prestó atención y escuchó:

            - "Un llamado a la solidaridad, se solicita el apoyo de la población. ¡Otro niño desaparecido! La imagen que aparece en su pantalla es una foto tomada sólo hace unos días, el primer día de clases; en el momento de su desaparición vestía bermudas azules, remera amarilla y championes también azules. Cualquier información favor comunicarse a la comisaría más cercana o a los siguientes teléfonos dé nuestra planta de emisión".

            Era el sexto caso en poco tiempo, el pánico empezaba a sentirse en el aire, ningún padre ya dejaba ir al colegio a sus hijos sin acompañarlos, era como si se hubiera impuesto un toque de queda pues al ponerse el sol todas las ventanas y puertas de las casas se cerraban con doble vuelta de llave, todavía hacía calor en el demorado verano, pero eso no importaba; la seguridad y protección eran más importantes.

            Las desapariciones, que ocurrieron en distintos barrios de la ciudad, aparentemente no tenían ninguna relación entre sí.

            La Policía Nacional estaba totalmente desorientada y era blanco de las críticas de la población que la calificaba de inoperante e ineficiente. Un grupo de padres se manifestó frente al Parlamento exigiendo la solución del caso.

            Pasaron semanas de retal angustia y ansiedad hasta encontrar un punto en común; todos, los seis niños antes de desaparecer dijeron que iban a tomar un helado y después ya nadie los vio.

            El oficial que logró hallar esta relación era un hombre joven que tenía dos hijos, un niño y una niña, y aunque no era el encargado del caso, lo había tomado como algo personal; hablando con las personas que habían estado en la plaza cuando desaparecieron dos de los niños, de pronto una recordó que el camión que regalaba los helados tenía una inscripción que más o menos decía así: "Los mejores helados del Mercosur - Un mismo sabor desde Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay para todo el mundo".

            Con ese dato y muchas horas de dedicación robadas al sueño y al descanso verificando patentes, empresas y personas que se instalaron en nuestro país después del acuerdo del Arancel Externo Común, encontró una gran fábrica de helados fuera de Asunción, un tanto metida de la ruta 2.

            Allanaron la fábrica; los propietarios eran inversores extranjeros que ¡oh, casualidad! no se encontraban en el país en ese momento. La revisión fue en extremo meticulosa, no quedó un solo centímetro cuadrado por mirar y no había vestigio alguno de los niños. El oficial estaba decepcionado y era objeto de la burla de sus camaradas y la reprensión de sus superiores cuando salió a tomar un poco de aire puro al área verde de atrás de la fábrica, caminó entre los mangos y cocoteros y así vio un sector de tierra removida y vuelta a apisonar. Llamó a su ayudante y con una pala excavaron hasta encontrar los seis cuerpecitos. Usando el celular informó a su jefe del macabro hallazgo e inmediatamente se llenó el lugar de ambulancias, coches de policía y una cantidad impresionante de periodistas de todos los medios. Se realizaron las autopsias de rigor y el espanto sacudió al país entero dejándolo anonadado: Les habían extraído los órganos internos.

            El camión frigorífico amarillo con la inscripción: "Los mejores helados del Mercosur - Un mismo sabor desde Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay para todo el mundo" cruzaba la Frontera sin necesidad de hacer ningún trámite aduanero.

 

 

ÍNDICE

 

 

PRÓLOGO

PALABRAS DE JOSÉ LUIS APPLEYARD

EN LA PRESENTACIÓN DE "VIVENCIAS"

SONETO

TODO

LA FUGA

QUIJOTES DE HOY

EL PASO DE LOS AÑOS

LA REINA DE LA CASA

KARAÍ GUAZÚ

SAUDADES

EL MILAGRO

DOLORES DE AYER Y DE HOY

¿VICTOR - VICTORIA?

HABÍA UNA VEZ

EN SU SITIO

LA HERENCIA DE MAMÁ

VIERNES DE SOLTERO

LA MAFIA DE LOS AÑOS 90

LOS NIETOS

EL HOMBRE MISTERIOSO

AMOR ETERNO

DOS MUJERES - DOS AMORES

DOS MUJERES - UN ÚNICO AMOR

EL JUGADOR No. 12

MERCOSUR CRIMINAL

 

 

 

 

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