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EPIFANIO MÉNDEZ FLEITAS


  EL BANCO CENTRAL DEL PARAGUAY, LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS Y EL DESEQUILIBRIO MONETARIO (Por EPIFANIO MÉNDEZ)


EL BANCO CENTRAL DEL PARAGUAY, LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS Y EL DESEQUILIBRIO MONETARIO (Por EPIFANIO MÉNDEZ)

BANCO CENTRAL DEL PARAGUAY

 

EL BANCO CENTRAL, LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS

Y EL DESEQUILIBRIO MONETARIO

 

POR: EPIFANIO MENDEZ 

PRESIDENTE DEL BANCO CENTRAL DEL PARAGUAY

 

CON UNA EXPOSICIÓN SOBRE EL PROGRAMA

DE ESTABILIZACIÓN Y FOMENTO ECONÓMICOS A MODO DE INTRODUCCIÓN.

 

ASUNCIÓN – PARAGUAY

1953


 

 

******************************

SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DEL PROGRAMA DE

ESTABILIZACIÓN Y FOMENTO ECONÓMICOS

 

DE LA AUDICIÓN RADIAL DE CLAUSURA SOBRE DIVERSOS PUNTOS DEL PROGRAMA

 

Despues de las palabras pronunciadas en este espacio radial por el Presidente Chaves y el Dr. Enciso, Ministro de Hacienda, es difícil encontrar algo con que enriquecer el tema de este comentario. Puede decirse que el asunto está prácticamente agotado.

No obstante, diré algunas palabras para encarecer lo que ya se ha previsto y establecido. Nunca está demás la insistencia en cuestiones de esta naturaleza. Al contrario, la persistencia en el objetivo es condición principalísima para el éxito.

Más aún cuando -como en este caso- por primera vez se realiza en el país un esfuerzo coordinado tendiente a echar una vasta y promisoria siembra en el campo de nuestra economía. Pero, el hecho mismo de ser el primer intento de este género, es motivo de que suscite en los espíritus las más variadas reacciones y las más diversas conjeturas. Es menester pues aclarar los términos del problema y fijar posiciones.

Creemos que es completamente lógica la actitud un tanto escéptica, indiferente y hasta acaso pesimista de la mayoría respecto de la política gubernativa. ¿Será verdad tanta belleza? Es la pregunta que corre de boca en boca. Y a esa pregunta es que hay que responder.

Para comenzar, es difícil pensar que nadie pueda venir a romper de la noche a la mañana una tradición casi centenaria de administrar el país a la birlonga, sin plan ni concierto. Lo menos que puede esperar la mente simple de la calle, la del común de la gente, es que esta venerable tradición siga ejerciendo su señorío sobre nuestros destinos.

En segundo lugar, ¿no hemos venido soportando hasta ayer, con este mismo gobierno, con los mismos hombres, con el mismo partido, el imperio de esa vieja tradición?

En tercer lugar, ¿será ésta la ocasión más propicia para acometer tamaña empresa, la de ordenar y orientar hacia un mejoramiento progresivo la actividad pública y privada de la Nación- en perjuicio de aquellos que ya estaban cebados en la tarea de industrializar en su beneficio la crisis económica del Pueblo y en descargar sobre el Gobierno las culpas y los vituperios, pretendiendo aparecer, incluso, como los llamados a promover la regeneración política y la salvación del país?


VEAMOS LAS POSIBILIDADES:


1) De que sea difícil romper una tradición nadie duda. Pero hay que ver las condiciones en que tal cosa, pueda o no ser realizable. Es el nuestro un régimen revolucionario, un proceso de cambio del que no debe prescindirse en la estimación de sus elementos constitutivos. Confrontamos las contingencias de un nuevo estado político, lo cual significa, dentro de nuestros hábitos dominantes, una total revisión de la estructura y el esquema del poder público.Esto es, la fijación de nuevos rumbos, de orientaciones nuevas, y el relevamiento en masa del personal directivo del Gobierno.  En ambos sentidos, aquello, tradición quedaría deshecha, toda vez que se afirme el nuevo régimen. De no ser así, no se justificaría el cambio, y menos el alto costo en sangre, dinero y sacrificio que ello representa para la Nación.      De tal modo que los términos de la disyuntiva no admiten otra fórmula que la liquidación del desquicio y del desorden o la liquidación del proceso revolucionario.

2) De que sean el mismo gobierno, los mismos hombres y el mismo partido los que vienen a promover y establecer un programa de estabilización y fomento económicos, después de tanta incuria, de tanto abandono y de tanta anarquía, antes que suscitar desconfianza o indiferencia, debiera ser motivo de satisfacción y de patriótico orgullo para todos. Especialmente para los colorados.

Porque eso quiere decir que la revolución colorada ha triunfado, o, por lo menos,  que está entrando en su fase decisiva. Ninguna revolución ha escapado a este procesó. Todas han enfrentado idénticas alternativas, las que triunfaron y las que fracasaron. Las revoluciones políticas o sociales, sea cual fuere el área de su incidencia, siempre han tenido que pasar por un período de convivencia promiscua entre las fuerzas y tendencias del pasado inmediato y los factores determinantes de la nueva sociedad en trance de advenimiento. No hay radicalismo capaz de vencer esta ley profunda e implacable de la evolución social.

Pero, llega un momento en que, por la madurez misma del proceso revolucionario, esa promiscuidad no sólo resulta insostenible sí que es abiertamente nociva a la nueva configuración perseguida. Es entonces cuando es llegada la hora de pasar el Rubicón famoso y de usar las palabras de César: "Alea jacta est". Todas las revoluciones y todos los revolucionarios han desfilado siempre por ante esta formulación que es al mismo tiempo una sentencia.

He ahí hasta donde, por nuestra parte, habíamos llegado a la curva histórica.


LA LIQUIDACIÓN DE LA PROMISCUIDAD


Era necesario decidiésemos por la liquidación de la promiscuidad revolucionaria o por la entrega de la bandera del Coloradismo a la reacción. Tal el origen y tales los motivos que dieron lugar a la constitución de la Comisión de Planeamiento del Fomento Económico, que ha comenzado a dar sus primeros frutos bajo la dirección del Consejo Nacional de Coordinación Económica. Por primera vez en nuestra historia se verá pues cumplido un esfuerzo orgánico para el mejoramiento general del país. Con la ejecución del Programa de Estabilización y Fomento Económicos se acaba de dar, en efecto, un paso definitivo hacia la consolidación del Gobierno.

Esto, sin embargo, no deja de ofrecer riesgos ni de tener incidencias imprevisibles. Afortunadamente, la decisión de afrontarlo es superior a la inercia de dejar que el azar y el tiempo malogren las esperanzas del Pueblo en su revolución. Cualquier cambio reaccionario significaría una vuelta atrás para rehacer lo andado. Desde todos los puntos, aún desde el más opuesto al Gobierno, es difícil desconocer el progreso alcanzado hasta ahora. La sola idea de un plan económico, y de un plan en ejecución para más, denota que el período más difícil de la revolución está siendo superado afirmativamente por la acción dinámica, inteligente y enérgica de la política gubernativa.

En efecto, "las revoluciones -escribe Tallada Paula-, no pueden tener una política económica determinada. Porque política económica quiere decir algo en que interviene la voluntad de los dirigentes, algo querido, meditado. Y las revoluciones tienen sólo la política económica que les imponen las circunstancias y las multitudes desbordadas de los primeros tiempos. ES SOLO MAS TARDE, SI LA REVOLUCION TRIUNFA, CUANDO COMIENZAN LAS TRANSFORMACIONES Y LOS PLANES Y CUANDO POCO A POCO LA VOLUNTAD DE LOS DIRIGENTES VA IMPONIENDOSE A DOS MOVIMIENTOS DESORDENADOS DE LA MASA Y CREANDO UN PROGRAMA QUE NO EXISTIA EN FORMA DEFINIDA EN LOS PRIMEROS MOMENTOS" ( José M: Tallada Pauli: "La Política Económica en los Tiempos de Crisis".)


LA ECONOMÍA ES DE CARÁCTER NACIONAL


3) Se explica, por consiguiente, que después de una tan prolongada luna de miel, los favoritos de la aventura política para el aprovechamiento egoísta de las posiciones y los privilegios que otorga el poder, o que la misma anarquía se los prodiga a cuantos audaces e inescrupulosos rondan por ahí, no estén muy conformes con un programa normativo de bien público; para la defensa y fomento de la economía del Pueblo.

Sin embargo, no existe la menor posibilidad de que este esfuerzo gubernativo sea interferido por ningún modo. Toda la Nación se unirá, si necesario fuere, para su defensa. Si en algún aspecto,-en lo político, por ejemplo- el Gobierno sólo representa una porción, siquiera sea la mayor parte, de la voluntad del Pueblo, en lo tocante a la economía engloba, de hecho, la TOTALIDAD. Eso se debe a que la ECONOMIA es de carácter NACIONAL por naturaleza. Por cuanto, si el Gobierno realizas -como lo está haciendo-  una política sana en este campo, sin fomentar privilegios odiosos ni desatar persecuciones irritantes, nada obstará a que, en determinado momento, así sea de supremas angustias o resoluciones, represente la voluntad de la Nación entera.

Por otra parte, está demostrado que los pequeños o grandes privilegios que se acuerdan en perjuicio de la Nación, resultan a la larga en daño de los propios favorecidos. Ocurre a diario que, por cada caso en que así se procede en beneficio de alguno, corresponde multiplicar por miles los que en su perjuicio lo hacen otros para el suyo. Sin embargo, la consecuencia más funesta de semejante política no radica exclusivamente en eso pues, si bien cada uno devuelve por su lado en alguna forma, a veces con pérdida, la ventaja obtenida, hay además, una, o dos, o tres, o varias clases sociales totalmente indefensas contra tales impactos a su endémica pobreza. Esas clases son los campesinos y los trabajadores manuales de todas las ramas de la producción. Impotentes e innominados, carecen en absoluto de presencia para reclamar un sitio en el privilegio. Así que todos cuantos se los prodigan en daño del país, ninguna forma de compensación reza para con esa gente. Todo se lo cuentan en su débito para cargárselo sobre sus espaldas.        

Fue debido en parte a la imposibilidad material de poner orden en un ambiente trabajado por la anarquía desde hace muchos años, amén el estado revolucionario de suyo indomable de la primera época de este Gobierno, y en parte a causa de nuestra defectuosa estimación de los hechos, que hemos desaprovechado un tiempo precioso que pudimos haberlo empleado en la formación de una sana corriente de opinión en torno a puntos tan vitales para la salud moral de la República. Ciertamente, "las multitudes desbordadas" y "los movimientos desordenados de la masa" han sedimentado en no pocos espíritus determinados complejos difíciles de corregir, y, sobre todo, -lo que es más- difícil de averiguar el momento - en que - tales complejos- ya no juegan ningún papel en la trama revolucionaria.

A nadie escapa que el sólo hecho de la militancia en un partido de gobierno implica una serie de privilegios que no es dable contrariar ni desconocer. Pero, tampoco es legítimo transformar esos privilegios en instrumentos de coerción, y de succión al Pueblo. Cuanto mejor y más discretamente ellos sean administrados, tanto más durables serán para sus beneficiarios y menos odiosos para aquellos que no los pueden alcanzar. Así, ni la envidia disminuirá su valor ni el abuso peligrará su escudo. El mejor título es el qué provoca menos resistencia a su reconocimiento.


Resumiendo lo dicho hasta ahora:


PRIMERO: Está en la naturaleza de las cosas el que, inexorablemente, deba interrumpirse la vieja tradición que, por cierto, poca honra se tiene acreditada con el país.

Todavía más: la disyuntiva es que, o el Gobierno terminará de una vez con los resabios del desorden y el desquicio en la administración del país, o la anarquía seguirá galopando sobre nuestras espaldas hasta el día en que pueda asestarnos el golpe de gracia.

SEGUNDO: El hecho de qué sean los mismos hombres, y el mismo gobierno, y el mismo partido, los que han formulado y puesto en marcha el programa de estabilización y fomento económicos, es la mejor garantía, de su observancia y ejecución. Un gobierno de extracción revolucionaria como el nuestro, que se decida a planificar, es porque comienza a superar su origen para transformarse en instrumento de trabajo, de prosperidad y de bienestar para la Nación.

TERCERO: No faltarán, sin duda, obstáculos en la nueva senda trazada. Pero, las fuerzas morales de la Nación, se impondrán, de todos modos, y el país seguirá su marcha ascendente camino de su engrandecimiento.

Concebida así la política económica del Gobierno, todo pesimismo ésta demás. Si el plan contempla, como lo hace, los intereses fundamentales y permanentes de la República, nada habrá que temer a su respecto. Él éxito estará descontado. Única manera de lograr la consolidación política del Gobierno: por la estabilización armoniosa de sus fuerzas de producción; con la administración de los bienes y privilegios sociales por la única vía legítima de la igualdad de oportunidades. Ningún principio moral, ni siquiera ningún interés de partido se oponen a ello; en el campo de la actividad económica, no cabe distinguir la contribución amiga del aporte adverso al fortalecimiento de las finanzas y al incremento de la riqueza del país.


SE CUMPLIRAN LAS RECOMENDACIONES


Con este espíritu y con esta interpretación del Programa de Estabilización y Fomento Económicos, el Banco Central del Paraguay cumplirá los puntos concretos de sus recomendaciones.

Para eso, no hará sino ratificar en la práctica los fines de su creación. El Banco pondrá de su parte todo el empeño posible porque la Industria, el Comercio y todas las ramas de la producción se sientan protegidos, más que controlados, por su administración. Será de interés especial para el Banco el que sus puertas permanezcan abiertas para todos, con idéntica preferencia y con igual severidad en la observancia de sus reglamentos.

En cuanto a la dirección, administración y preservación del signo monetario nacional, que es lo que puede resumir el conjunto de las funciones que le están asignadas en la Ley de su creación, ningún esfuerzo ni ningún desvelo se considerarán excesivos, para seguir' rodeándolo de la dignidad, seriedad y prestigio de que siempre se ha hecho acreedor. Demás está señalar qué esto mismo será una labor relativamente fácil, con la colaboración del país entero con el Programa de Estabilización y Fomento Económicos. Pueblo y Gobierno, hombres y mujeres de todas las clases sociales y económicas, tienen un puesto de lucha, de abnegación y de trabajo en este Programa. De la contribución de todos y cada uno de nosotros depende el que salgamos a flote y fijemos nuevos rumbos en esta nueva aurora de la Patria.

Los problemas que afligen a nuestro país, con ser relativamente angustiosos, no son para desesperarnos. Grandes Estados, poderosos imperios, han pasado por idénticas pruebas, sin que por eso haya mermado su optimismo ni que se les hubiese cerrado el horizonte. La crisis económica, el alza de los precios y de los costos de producción, la insuficiencia de los salarios, de todos los salarios, aún de aquellos más altos, por la carrera inflacionaria, todo eso no es cosa de otro mundo. Con un poco de esfuerzo coordinado, con un poco de firmeza en la conducción, habremos restablecido el equilibrio roto por una suerte de mañas y artificios que nosotros mismos nos los hemos forjado para nuestro daño. Nada más que eso, y habremos ganado la batalla para restablecer definitivamente el orden, la confianza y la seguridad en la economía nacional.

Que nadie olvide de que casi todos los males que padece el país han sido artificialmente fraguados por unos pocos; estos, que son demasiado pocos, no podrán resistir al empuje coordinado de la Nación.

Enero de 1953.




EL BANCO CENTRAL, LOS PROBLEMAS

ECONÓMICOS Y EL DESEQUILIBRIO MONETARIO

 


Conferencia pronunciada en el Banco Central del Paraguay, el día 20 de Febrero de 1939, con motivo de la clausura de los Cursos de Capacitación Administrativa organizados, por la Superintendencia de Bancos.



Voy a tener que repetir esta vez lo que ya había expresado en la reunión conjunta de miembros del Directorio y funcionarios superiores de la Institución cuando me hice cargo de la presidencia del Banco.

Yo les dije en esa oportunidad que iba a insistir, sobre cuatro puntos fundamentales. Que, en realidad, nuestro programa de trabajo se reduciría a esos cuatro puntos.

1º) EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD: En torno a este principio se resuelven las cuestiones más importantes de una institución. La técnica más elemental del trabajo aconseja centrar la acción de los organismos para evitar que, por la dispersión, se diluya su capacidad, su fuerza.

El ejercicio de la autoridad no es un capricho de quien retiene la función directiva sino un instrumento de trabajo por medio del cual se coordina la acción de conjunto de la Institución.     Claro está que el principio de autoridad tiene para nosotros un doble sentido: uno que se refiere concretamente al Banco, y otro que se refiere a la rigidez de los reglamentos del mando; porque quien ejerce una función, está a su vez dirigido por él conjunto orgánico del sistema institucional. En ese respecto, el principio de autoridad resuelve por igual el acatamiento a las normas establecidas tanto para el funcionario superior como para el de menor Jerarquía. A cada uno en su esfera le inviste de una respetabilidad especial y le obliga al mismo tiempo a cumplir lo que corresponda. En cuanto a los reglamentos, que son impersonales, su observancia no afecta la dignidad de nadie, aún cuando en determinado momento se los hiciera cumplir coercitivamente.

Con estos principios  estaríamos a salvo en primer término, de la posibilidad de que se socavara la Institución haciéndose que por debajo de la estructura superior se realicen actos contrarios a la dirección general del trabajo y, en segundo término se individualizaría mejor, se personalizaría, la responsabilidad; pues, considerada orgánicamente la Institución, en razón de las leyes y reglamentos que le dan existencia, la función directiva es esencialmente función de responsabilidad.

Demás está decir que yo estoy acostumbrado a trabajar sólo de esa manera. Por otra parte, existe una solidaridad de hecho, inobjetable, entre la conducta de los funcionarios subalternos, y la responsabilidad de los superiores, al punto de que, cualquiera sea el agente que actúe en perjuicio de una institución, ese acto revertirá necesariamente en detrimento de la autoridad del jefe; Como también, cualquiera sea el que cumpla a satisfacción con su deber; ese acto contribuirá a fortalecer la posición de sus directores. Así que debe advertirse un principio de anarquía allí donde el superior se escude en la ignorancia de las gestiones que incumben a sus subordinados, ya sea para tener menos de qué ocuparse, o bien, simplemente, para lavarse las manos a costa de ellos. Dentro del orden normal, la infracción, la transgresión a las normas de la Institución, corre por cuenta del director o del jefe. De donde resulta que ningún director responsable puede consentir que, a costa de su investidura y del prestigio de la institución a cuyo mando se encuentra, se permita a los subordinados infringir los reglamentos en perjuicio del orden general.

Este principio, rige para todos los escalones de la responsabilidad administrativa; cada uno en su esfera es al mismo tiempo director y subordinado. Pero, para esto, es necesario que el jefe, que los directores, se mantengan en estrecha vigilancia respecto de su propio comportamiento, de su propia conducta; porque nunca se insistirá bastante de que el principio de autoridad no juega ningún papel allí donde las normas de la Institución no estén sólidamente protegidas desde la cúspide hasta la base. Con ese instrumento de trabajó sí, que pensábamos, y pensamos encarar la labor que se nos fuera confiada en el Banco Central del Paraguay.

2º) EL BANCO CENTRAL DEL PARAGUAY es un organismo administrativo, del Estado para el control técnico y financiero de las actividades económicas del país. Esta sola definición, ya indica su naturaleza: es el mecanismo del que se sirve el Gobierno para regular los desniveles y variaciones de la economía, provenientes las más veces de fluctuaciones y crisis, internas e internacionales. Es evidente que con las atribuciones y funciones que le confieren la ley de su creación, el Banco Central deja de pertenecer al tipo de institución bancaria adscripta al esquema de la economía liberal. (VILASECA MARCET: "LA BANCA CENTRAL Y EL ESTADO". II PARTE, PÁGS. 111/155.-).

En otros tiempos; cuando lascorrientes dominantes del pensamiento político aconsejaban que lo mejor que podía hacer un Estado era intervenir lo menos posible en la esfera económica, los antiguos bancos poca o ninguna relación podían mantener, en forma directa; con el proceso de la producción, del consumo, de la exportación, de la importación, de la escala de salarios, del nivel de los precios, etc. Bastaba que mantuviesen abiertas sus ventanillas en las horas de oficina y que asentaran en sus libros, dentro de la más estricta regularidad y corrección, los depósitos, las  transferencias de fondos, las extracciones y demás operaciones de rutina, sin preguntar ni aconsejar para nada a sus clientes sobre los móviles de aquellas operaciones. De acuerdo con la política económica preconizada por el liberalismo, esa abstención deliberada en el campo de la economía era la mayor contribución que el Estado podía prestar a la prosperidad y a la libertad de los pueblos. En la medida que dejaba de intervenir en los asuntos humanos, estaba justamente el desiderátum del liberalismo. Laissez faire, laissez paser; dejar hacer, dejar pasar, tal era la fórmula.

Pero, todo eso ha pasado. Inclusive en los países llamados de economía capitalista, el control se ha impuesto por necesidad. Las condiciones de la sociedad moderna imponen ese control. No existe la menor posibilidad de dejar libradas al capricho de las variaciones y fluctuaciones espontáneas de la llamada ley de oferta y demanda, las actividades económicas de los pueblos, sin riesgo de ocasionar o provocar trastornos profundos. En un mundo en que el sistema económico se rige cada vez más por los controles del Estado, siquiera sea indirectamente, no es concebible la libertad absoluta ni el desarrollo de la iniciativa privada sin direcciones ni objetivos orgánicos dentro de la economía nacional. Sería absolutamente indispensable que antes se hayan restablecido, por lo menos en la mayoría de los países, las relaciones inherentes a los estados de normalidad económica en sus operaciones de Intercambio internas e internacionales; para lo cual, sería preciso reimplantar a la vez el régimen del patrón oro como  base del sistema monetario del mundo.     Tales condiciones han desaparecido prácticamente en la mayoría de las naciones, por lo que el sistema de control, antes que constituir una rémora o un obstáculo a la expansión económica del país y a la prosperidad de las empresas públicas y privadas, bien administrado, puede ser y acaso sea por ahora el único camino -un factor preponderante para estimular el progreso y el bienestar social (W. H. Robinson: "El Dinero en la Sociedad Moderna" págs.: 265/272).

Sin embargo, ahí reside al mismo tiempo el problema de que ese control no se transforme en un abuso y en vez de que constituya factor del estímulo a la iniciativa privada, a la productividad del país, sea, por el contrario, un obstáculo, un órgano de interferencia a las iniciativas creadoras y, sobre todo, para la producción, convirtiéndose en un verdadero lastre, como ha venido sucediendo.

En lo que concierne al Banco Central, esta interferencia se produce, puede producirse, por diversos modos. Uno de ellos es el que resulta de la falta de agilidad en la dirección superior de la Institución para estudiar con tiempo, con datos suficientes, con criterio expeditivo, los diversos asuntos sometidos a su consideración.

Esta falta de agilidad ha causado en más de una ocasión graves perjuicios a la economía del país; que la gente conoce y no se necesita repetir. El comercio es una actividad especializada en que intervienen hombres formados en las complejas manipulaciones que promueven su ejercicio, y aquellos que no están interiorizados de esos manejos, siempre corren el riesgo de mirar con espíritu simplista allí donde han menester la mayor inteligencia y el mayor cuidado posibles. Por esta circunstancia, difícilmente puede tener eficacia la dirección de la economía que se ejecuta desde los gabinetes de estudios; toda vez que la economía está constituida fundamentalmente por resortes que se hallan por debajo o por encima, pero nunca en el punto matemático, del nivel general de las especulaciones teóricas.

De donde se obtiene que es indispensable empaparse de sus flujos y reflujos a través de la gente escamada con los problemas económicos en sus relaciones cotidianas y que, si el control, la dirección y la administración de la economía, tuvieran que cumplirse con prescindencia de ellos, no habría posibilidad de conectar con los hilos más importantes de la estructura social por la parte económica. Pero, también, si se los tuviera que conectar a través de los exponentes directos de tales relaciones, cuya expresión más genuina no son las gentes del alto comercio ni de la gran industria sino, ordinariamente, los pequeños intermediarios, habría que recurrir justamente a los interesados en que la dirección se oriente en favor de los grupos a que pertenecen. Así pues, lo más lógico y razonable es que el Estado reduzca al mínimo indispensable la incidencia de su política sobre el proceso económico general, por lo mismo que con la mejor intención del mundo, está incapacitado para ejercer una dirección en gran escala en dicho campo, en primer término, y, en segundo término, porque al reducir su intervención a la estrictamente indispensable para la nivelación, coordinación y estímulo del trabajo productivo, le es más fácil abarcar esos fines en conjunto, debida a que la esfera de su intervención es menor y, sobre todo, porque al dejar libertad de acción a la iniciativa privada, ésta se multiplica por tantas fuerzas potenciales como gente de empresa haya en el país y que, de este modo, concurren con su aporte de capacidad, de audacia y de experiencia, a mejorar las condiciones económicas de la Nación.

Ocurre exactamente al revés en el caso de la retención total de las iniciativas en los organismos estatales, en que cada uno y todos se sienten impotentes para contrariar y menos desafiar las determinaciones del Estado en la conducción económica. Mientras éste retenga en sus manos el monopolio de las iniciativas, nadie se atreverá a actuar sin su anuencia o consentimiento. Pero, como el Estado es un ente abstracto, y concretamente está representado por sus agentes o funcionarios éstos pocas veces sienten o comprenden en su amplitud y profundidad las necesidades del país, las angustias y los problemas de los trabajadores de la industria, del comercio y de las varias ramas de la producción. Es entonces cuando esa concentración en manos del Estado, de las iniciativas para fines económicos, se convierte en verdadera rémora, en factor de perturbación, se transforma en obstáculo antes que en estímulos para la creación de la riqueza.

He ahí lo que el Banco Central debe hacer en este aspecto. Primordialmente debe administrar, orientar, dirigir con criterio técnico, con espíritu científico, con firmeza y con honestidad, la política bancaria, monetaria y cambiaría que está dentro de sus funciones especificas.

Es hasta cierto punto una ventaja el que la índole de esta política, esté aceptada universalmente, dentro y fuera del país; de modo que su configuración no constituirá, en la práctica, ningún factor revolucionario en la economía de las naciones. Pero asimismo, hay que reconocer que la sola circunstancia de asumir la dirección de la política bancaria, monetaria y cambiarla del país, también le atribuye hasta cierto punto la responsabilidad de promover, encauzar y defender, a través de una sana orientación, la estabilidad monetaria, los niveles normales de precios, de los costos de producción, etc., mediante la aplicación de aforos adecuados para la exportación de sistemas de racionalización del crédito y de las tasas de los redescuentos, de la administración de los fondos de divisas para la importación y para la regulación de las actividades comerciales, industriales y agropecuarias del país, etc.; todo lo cual constituye, en síntesis, el substratum de la economía de nuestro tiempo.

Desde este punto de vista, el Banco Central es uno de los organismos más consubstanciados con la política gubernativa en el campo económico. De su peor o mejor administración depende, en gran parte, la opinión que pueden formarse en torno al Gobierno las fuerzas de la producción.

Es natural que el Banco, aislado de las demás instituciones que cumplen finalidades idénticas o similares, dentro del conjunto orgánico nacional, nada podrá realizar mayormente en bien del país. Bastaría, por ejemplo, con que el ejercicio financiero del Presupuesto General de Gastos arroje déficit en su ejecución, para que la política del Banco, por mejor orientada que esté, sea neutralizada, si no en su totalidad, por los menos en gran parte. Otro tanto puede decirse de una política equivocada o vacilante del Ministerio de Industria y Comercio: en relación a los precios controlados, en la fijación de utilidades topes para los productores y para los comerciantes, en la técnica del control que ejerce sobre las actividades dependientes de él; del mayor o menor estímulo a las industrias; de la mayor o menor fidelidad con que sus funcionarios cumplan con sus deberes y obligaciones;  de la mayor o menor confianza del público en su política; en fin, de la totalidad de los esfuerzos y su contrapartida los equívocos, para estimular el progreso económico de la Nación.

En idéntica posición se encuentran, igualmente, el Banco del Paraguay y los Bancos de plaza, en cuanto a la observancia de la política bancaria y de crédito establecida por el Banco Central, y que la Superintendencia de Bancos debe hacerla efectiva mediante un control permanente sobre sus operaciones, a fin de asegurar la liquidez de los créditos, verificar la naturaleza de los mismos, evitar la expansión indebida del circulante, canalizar las corrientes crediticias hacia los sectores de la producción y evitar en lo posible el estímulo a las actividades especulativas. El mismo procedimiento corresponde para con el Crédito Agrícola de Habilitación y el Instituto de Reforma Agraria, los cuales deben ajustar su política a lo estrictamente establecido, en su carta orgánica, el primero, y en su programa de financiación de la reforma, el segundo.

Es de advertir que dicha financiación se hará con fondos provenientes de recargos de revalorización del Guaraní, tal como se hace actualmente con los gastos de administración del Crédito Agrícola de Habilitación.

Luego hay que ver, además, la estrecha relación existente entre las referidas instituciones del fomento económico, de la que es de resaltar la importancia   capital que juega para el éxito de la política gubernativa, en la administración del control de Estado desde el Banco Central, una sana dirección y orientación de los Ministerios de Agricultura y de Obras Públicas y Comunicaciones, que tienen a su cargo la dirección básica de la economía nacional, el primero, y los medios de facilitar el tráfico interno e internacional, el segundo; y, por, último, todos los ministerios, pues, aunque no cumplan funciones específicamente económicas, juegan un papel orgánico en la economía general del país, ya sea en los campos de la salubridad, del orden, de la estabilidad política, de la cultura, de la respetabilidad interna e internacional del Gobierno; las cuales en conjunto, configuran los cimientos sobre los que en última instancia, descansa toda prosperidad económica. Si nos referimos, a la posibilidad de que el Banco Central pueda llegar a ser más o menos eficaz, más o menos interesante, no lo hacemos, en efecto, con criterio absoluto ni excluyente, sino, por el contrario, procurando ubicarlo orgánicamente dentro de los demás sectores y factores que acabamos de mencionar.

Lo que no está demás encarecer es, que el Banco, por sí solo, puede ser un gran obstáculo para el progreso económico del país, a menos que cumpla con relativa eficacia los fines de su creación. En este aspecto, el Banco no necesita de nadie para obstruir el proceso económico, ya sea interfiriendo la tendencia niveladora de los precios y costos de producción, ya sea alterando las relaciones de pagos de los mercados interno e internacional, ya sea descuidando la vigilancia de los factores determinantes de fluctuaciones bruscas en los cambios, etc., etc. Bastaría, por ejemplo, que el Banco se desentendiera de aquellos fines librados a su control y administración, para que la interferencia se produzca de hecho, automáticamente. Un desacierto eventual en la fijación de aforos, puede acarrear ingentes perjuicios a las exportaciones; una resolución tardía sobre ciertas demandas perentorias, de la industria, la agricultura o la ganadería, puede acusar perjuicios irreparables; un estimulo excesivo a determinados renglones de la producción, puede atrasar y aún arruinar a otros hasta ahora florecientes; el menor descuido en la administración de la moneda, puede destruir gran parte del sistema, de las cotizaciones y aún arrojar pérdidas para el país, provocando desajustes y desequilibrios; una administración irregular del fondo de divisas, puede provocar alteraciones anormales en los precios de artículos importados que a su vez, de rebote, arrastran los precios internos y elevan artificialmente los costos de producción, destruyendo las posibilidades competitivas de nuestros productos en el mercado exterior.

Estas referencias bastan para establecer la responsabilidad del Banco Central como órgano coordinador, de control y fiscalización de la totalidad de las actividades económicas de la Nación. También en este orden, compete a la Superintendencia de Bancos, que es el ojo, él oído y la inteligencia del Banco Central, ejercer la fiscalización necesaria sobre las demás instituciones bancarias y empresas financieras que la Ley dispone expresamente su sometimiento al control de la Superintendencia, verificar minuto por minuto, vigilar, analizar, estudiar, sus diversas actividades y operaciones, para evitar se produzcan hechos que puedan perjudicar a la Nación.  

Con el Banco Central ocurre, en efecto, lo que con las naciones latinoamericanas después de la revolución de la independencia, respecto del sistema democrático de gobierno, que al decir de Alberdi "no estaban preparadas para la vida democrática, pero no tenían otro camino". Otro tanto puede decirse del sistema económico que configura el control de Estado en países como el nuestro, de una evolución económica retrasada en casi medio siglo en relación a los dos poderosos vecinos que han podido adelantar su progreso con más celeridad que nosotros. Ni qué decir con respecto a Europa o los Estados Unidos. Y para más, sin organización suficiente, sin orientación definida, sin técnica ni estadística. Pero el mundo ha entrado en una etapa que sin ninguna duda puede calificarse de control de Estado. Así pues, cabe repetir las palabras del ilustre tucumano trasladadas al campo de la moderna economía: "No estamos preparados, pero no hay otro camino"...

 En tal sentido, el Banco está constreñido a ejercer el control que la Ley le asigna como función específica, y debe hacerlo aún a riesgo de errar o equivocarse. Lo que no puede hacer, lo que le está prohibido, es cruzarse de brazos, ni siquiera está en su arbitrio decidirse a seguir la política de la entidad bancaria tradicional creada a la imagen del liberalismo: DEJAR HACER, DEJAR PASAR. El Banco no puede dejar hacer, no puede dejar pasar; y esto, por la sencilla razón de que mientras todo el mundo está maniatado en determinadas cuestiones básicas, en determinadas direcciones económicas; la Ley establece que esas cuestiones y esas direcciones son de competencia exclusiva del Banco. Si en esas condiciones se cruzara de brazos, además de faltar a su obligación, interferiría inútilmente la posibilidad de que, como en el caso del viejo banco liberal, a tal deficiencia la supliera la iniciativa privada. En este orden, pues, el Banco debe necesariamente hacer, no dejar hacer, debe orientar, no dejar pasar. En los ámbitos de sus funciones especificas, debe hacer bien o debe hacer mal, pero DEBE HACER. Debe orientar, bien o mal, pero, debe orientar; lo que le está prohibido es, justamente, dejar pasar. Por eso, cuando no orienta ni bien ni mal se convierte en factor de perturbación del proceso económico. Equivocado o no, el Banco debe actuar, sobre todo allí donde se le confiere el monopolio de la acción y de la orientación; esto es, en aquellas cuestiones que se refieren a problemas bancarios, monetarios y cambiarios, sistemas de control del comercio exterior de importación y exportación, etc.; pues, lo peor de sus gestiones no radicará precisamente en que no logre todo el acierto deseable o que inclusive cometa un desatino, sino que, en vez de hacer no lo hace, ni tampoco deja hacer.

En cambio, equivocado o acertado, si el Banco actúa, fijando rumbos y estableciendo normas, la gente sabrá a qué atenerse; y ya puede ajustar su actividad a las posibilidades del ambiente, dentro de las normas establecidas. Por el contrario, si el Banco permanece inmóvil, reteniendo en sus manos el monopolio del control que atañe a sus funciones, se transforma en un ente por demás nocivo para los sectores del trabajo y de la producción.

Consecuentemente, si la antigua banca de estructura liberal carecía de responsabilidad en la regulación económica de la sociedad, dejándolo todo librado a la relación espontánea entre la oferta y la demanda, interna e internacionalmente, el Banco Central de nuestro tiempo, que ha tomado los resortes más importantes del control, la conducción y la administración, siquiera sea por vía indirecta, - a través de la moneda, los cambios, los aforos, los recargos, los gravámenes, los subsidios, etc— de los bienes económicos de la Nación, su responsabilidad en el éxito o fracaso de esta regulación, es enorme, extraordinaria.

Se entiende que esta misma posición es también relativa hasta cierto punto. Ya antes se ha puntualizado, que en el conjunto orgánico de las instituciones, el Banco Central abarca sólo una porción de los problemas nacionales.            Aquí interesa anotar una cita del Dr. Aisenstein donde se sostiene que "la función principal de un Banco Central, en un país de condiciones económicas como el nuestro, debe consistir precisamente en tratar de "moderar las consecuencias de la fluctuación en las exportaciones y las inversiones de capitales extranjeros, sobre la moneda, el crédito y las actividades comerciales, a fin de mantener el valor de la moneda". "Interesa citar -dice-, al respecto, una frase del trabajo publicado en 1932 por el Ministerio de Hacienda "Esperar que esos movimientos ondulatorios de la actividad económica del país puedan ser contrarrestados por la excelencia de un sistema monetario, sería caer en la misma ilusión que abrigaron muchos de los economistas de los Estados Unidos con la Reserva Federal antes, desde luego, del colapso susodicho (se refiere al de Wall Street de 1929). Pero no puede dudarse que la amplitud de dichos movimientos podrá ser amortiguada por un Banco Central eficazmente manejado" (1).

Corresponde, en efecto, al Banco Central, una labor tendida, constante, inteligente. Para resumir, puede decirse que, si las actividades            económicas del país se expresaban, pongamos         por caso, con un número índice 30 en la época leseferista, al resolverse ésta espontáneamente, por libre concurrencia de la oferta y la demanda, dicho número índice, no guardaba ninguna relación de responsabilidad con la banca tradicional cuya política -también ajustada al esquema referido- se reducía a dejar hacer y dejar pasar. Al transferirse esta relación al Banco Central, con las finalidades establecidas en su Carta Orgánica, automáticamente sus gestiones cobran, o deben cobrar, un ritmo correlativo; o sea que, la eficacia, la agilidad y el dinamismo del Banco deberían multiplicarse por el mismo número índice 30, para realizar por lo menos con igual sencillez la función de la antigua banca leseferista que dejaba las relaciones económicas se resolvieran espontáneamente. Y, si por acaso, como consecuencia del progreso técnico, científico, económico, financiero, o de cualquier otro orden, ese número índice de las actividades del país aumentase hasta un nivel más alto, requeriría, ipso facto, que la eficacia del Banco, la agilidad del Banco, la economía técnica del Banco, se multiplicase en la misma proporción del nuevo NUMERO INDICE alcanzado.


Con esto llegamos al tercer punto.


3º) HAY QUE TRANSFERIR LOS PRIVILEGIOS VERTICALES DE LA CIUDAD HACIA LOS SECTORES DEL TRABAJO Y DE LA PRODUCCION


Sin duda alguna, el Banco Central tiene medios y oportunidades innumerables para dispensar privilegios a quien quiera. Ese atributo habría que suprimirle cuanto antes; los privilegios administrados por las instituciones deben alcanzar al mayor número posible de hombres y mujeres de la Nación. De seguir siendo el Banco Central como hasta ahora, fuente de beneficios para unos pocos, y, -lo que es peor- en perjuicio del país, podemos estar seguros de que nuestros días son contados y que no nos será dable levantar el prestigio de la institución a la consideración pública. Los privilegios son limitados, y con más razón aquellos que se los prodigan sin medida. En cambio, las demandas son siempre ilimitadas; y en ese juego, insoluble de las demandas y la imposibilidad material de satisfacerlas todas, han sucumbido y seguirán sucumbiendo las mejores energías, los espíritus más recios, los caracteres mejor templados. Nada obstaría, desde luego, a que entre éstos se nos tenga reservado un sitio más para el fracaso, a menos que cerremos los ojos y pongamos término de una vez a la contradicción. Estoy hablando para todos los funcionarios que ocupamos alguna posición de responsabilidad en ta Institución. La honradez más acrisolada, el patriotismo más acendrado, serían insuficientes para preservarnos de los intereses creados que giran en torno a esos privilegios, si no nos decidiéramos a dar en tierra con ellos y refundirlos en uno solo: el estímulo al trabajo honesto, dentro de un nivel de relativa igualdad de oportunidades; aunque algunos lo experimenten con menos intensidad que antes, sin embargo lo puede alcanzar a otros en numera más apreciable. Sólo en esas condiciones estaremos seguros de nuestro futuro, protegidos por la opinión pública; incluso por aquellos que, perjudicados eventualmente por esta política, comprenden sin embargo que todo cuanto se hace en bien del país, revierte, en definitiva, en favor de todos.

Es completamente lógico que así sea. No hace falta mucha penetración para comprender que la dispensa arbitraria de privilegios, no compromete siquiera la gratitud del beneficiario. Con la idea que se forma de la irregularidad del procedimiento, antes que llamarle a gratitud hacia el funcionario o la institución que le colma de ventajas, se siente más bien inclinado a mirarle con menosprecio, sin perjuicio, naturalmente, de aprovecharse del negocio.

El Dr. Enciso suele ejemplificar esta macana con la reacción ordinaria, generalizada, del que, después de obtenido uno a diez contratos de divisas, -los famosos billetes premiados con que en otros tiempos "favorecía" el Banco, nuestro antepasado próximo, a unos 2.500 importadores- y en cuya operación se ganaba millones, sin costarle un ápice de sacrificios; era muy de su gusto murmurar contra el amigo de quien recibía semejante favor. "Si así puede hacer conmigo, que soy un pobre hombre, ¡lo que él se estará tragando!". Por cierto, es lo menos que puede pensarse naturalmente.

¿Qué es lo que debe hacerse entonces? Una cosa muy simple: SUPRIMIR esos privilegios arbitrarios, fraguados para unos pocos, y transfundirlos en uno solo de carácter nacional, trascendente, que ha de prodigarse, siquiera en forma indirecta, a toda la República. Esta nueva política del Banco será primordialmente una política de orden, de administración racional del crédito, de la moneda, de los fondos, de divisas, de los movimientos de las exportaciones y de las importaciones: en suma, de todos aquellos factores concurrentes a la creación de la riqueza económica y del bienestar social. En economía como en derecho no se pueden establecer normas discriminatorias de carácter social o político, especialmente en nuestro país, donde la homogeneidad racial del pueblo y la democracia económica de su organización son extraordinarias.

Cumplidos los requisitos necesarios, todos recibirán el trato preferencial y al mismo tiempo severo, que establece la Carta Orgánica del Banco, sin lo cual no podrá cumplir sus fines específicos. De otro modo, las contradicciones de los intereses creados neutralizarían permanentemente los efectos de su gestión administrativa. Para nuestra propia defensa, para nuestra propia seguridad, para la preservación de nuestra moral pública como funcionarios del Estado, por instinto de conservación, todos debemos, poner nuestro grano de arena para realizar la transformación del sistema heredado. Al suprimir los privilegios, quedará suprimida también, de reflejo, la tentación a la deshonestidad, a la inmoralidad administrativa, a la infidelidad con la sagrada misión del funcionario. Desaparecida la ocasión para el pecado, el Banco recobrará rápidamente su prestigio en el Pueblo, y este solo estímulo será suficiente para que redoblemos nuestros esfuerzos a fin de llenar nuestro cometido con el más alto decoro posible.


4º) LA FUERZA DEL TRABAJO VALE TANTO COMO LA TÉCNICA


Por último, cabe destacar la excesiva juventud de nuestra institución para que se le exija todo el rendimiento deseable. Habría que ir ajustándola día tras día, procurando al mismo tiempo mejorar los servicios. En este aspecto, no corresponde ser muy pretensioso; debemos proceder como el chacarero a la antigua, que, no disponiendo de más herramientas que unos instrumentos rudimentarios, produce más en razón de su capacidad de trabajo que de la contribución técnica que pudiera contar.

Debemos fiarnos todavía casi por entero en el esfuerzo individual, en la voluntad personal indeclinable de cada uno al servicio de la Institución.

Pero, eso sí, debemos multiplicar nuestras fuerzas, si necesario fuere hasta el infinito, para suplir la falta de medios, de la especialización técnica, del dominio de la administración de este mecanismo tan complejo y tan delicado, con nuestro trabajo personal, con nuestra asistencia personal, con la concurrencia de nuestros brazos, de nuestro cerebro, de nuestra voluntad, en la ejecución de los fines de la Institución.

Más tarde, con el tiempo, nos haremos de la técnica necesaria, y entonces, con mayores posibilidades, nos ahorraremos el despliegue de una actividad excesiva para llenar nuestras funciones con la misma eficacia que lo hiciéramos ahora, si lo hiciésemos.

Tales, poco más o menos, fueron mis primeras palabras al llegar a la Institución. E invité a todos, desde los Miembros del Honorable Directorio, pasando por el Honorable Consejo de Importación, los Directores de Departamentos, los funcionarios superiores y subalternos, hasta llegar al escalón de los ordenanzas, a reflexionar sobre estos puntos y poner en la tarea su corazón y su mente,         su capacidad de trabajo y su voluntad de poder, enteramente, totalmente, para que el Banco siquiera sea no se transforme en factor de perturbación y de atraso en nuestra economía y qué, con su negligencia o con su falta de acción, no se convierta en un obstáculo, en una fuerza regresiva de interferencias en la creación de la riqueza paraguaya.


Entremos ahora a analizar la labor cumplida en poco más de tres meses dentro de las ideas generales que acabamos de esbozar.


1º- El principio de autoridad.-  Podemos asegurar que el éxito alcanzado en este campo deja relativamente poco que desear casi es una relación de familia la que existe entre directores y subordinados, sin ningún quebranto para la disciplina interna. Creo que nada más hace falta añadir para apreciar la buena disposición preexistente y comprender que en tales condiciones el trabajo es realmente agradable.

2º -El Banco Central del Paraguay está procurando llenar su cometido. Las dilaciones interminables de los asuntos, casi han desaparecido. Se ha impuesto el criterio de que "el tiempo es oro".

Por algo este aforismo se asimila a la mente inglesa que encarna propiamente el homo económicus. Administrador de un poderoso imperio, el pueblo inglés le da una importancia extraordinaria al tiempo. Y eso no debiera ser solamente de los ingleses. En efecto, el comerciante, el obrajero, el productor industrial, que inútilmente espera conseguir los medios para activar su trabajo, al suspenderlo por falta de esos elementos, aparentemente no pierde más que "el tiempo" de la paralización del trabajo; pero en el fondo, más que tiempo es oro lo que pierde; porque a más de perder su trabajo, también pierde el trabajo de su personal.

No creo equivocarme al decir que en este orden el Banco ha mejorado bastante. El personal va adquiriendo la conciencia de que ya no es tolerable aquello de "venga mañana", "venga el lunes", y que es una verdadera estafa al pueblo el robarle así su tiempo.

Entrando un poco más en este vericueto, se puede ver desde luego que ello influye enormemente en los costos efectivos de la producción y en los desniveles de precios. Se entiende que el productor industrial, el comerciante, el trabajador, o el fabricante de equis, al paralizársele el trabajo, la fábrica, por falta de repuestos o materias primas esenciales y teniendo que afrontar ingentes erogaciones en sueldos y salarios, toda espera, toda pérdida de tiempo lo traduce en guarismos que representan pérdidas auténticas. Por último, -para qué decirlo- éstas se suman a los costos de producción que luego los paga el público.

3º -La dispensa arbitraria de privilegios. - Es también reconfortante anotar que en estos momentos la cotización en la bolsa de los llamados contratos de importación a secas, está bajando casi a cero. Han desaparecido prácticamente los negociantes en "divisas"; creo no estar muy equivocado al pensar que eso es un bien para el país. Aunque esos personajes no son nuevos en la historia, vale la pena mentarlos de tarde en cuando. "¿Qué habéis hecho para merecer tanta cosa buena?" -decía un personaje de Beaumarchais en "Las bodas de Fígaro" a uno de estos "vivos" de la época. Y él mismo se la contestaba: "¡Os tomasteis la molestia de nacer!". Más o menos por esa molestia de nacer era que estos señores de las "divisas" recibían cuantiosos emolumentos.

Actualmente no frece mayor estimulo la operación; pues, aunque se les siguiera proveyendo de la famosa "mercancía", no encontrarían compradores en la plaza.

Claro está que para llegar a eso fue necesario adecuar según su naturaleza y organizar los grupos de mercaderías de importación, fijándoles las cotizaciones más próximas al tope de los precios normales. Después se tuvo que reglar la provisión de los contratos de divisas estableciendo el criterio de la selección por la especialización, por la seriedad y solvencia financiera de las firmas y por la vía de mejora de precios, calidad, país de origen, etc., etc. En suma, la especialización consiste en que, por ejemplo, los materiales eléctricos son proveídos a las firmas vendedoras de esos materiales; los artículos de ferretería a las firmas del ramo; las drogas y los medicamentos, a las farmacias y a los laboratorios qué los expenden o los industrializan. Las otras ventajas las administran organismos también especializados para el efecto. En cualquiera de los casos, la gente sabe al menos a qué atenerse; a corto plazo nadie andará buceando por las oficinas privadas en procura de productos antibióticos o medias de nylon, ni habrá quien venga a pescar por estos pasillos unos "contratitos".

Es también una ventaja económica el que uno sepa que las ferreterías venden "fierro" y no queso rallado. Así nadie pierde el tiempo: va derecho al grano.

En cuanto a los precios, se los controlan según los países de origen, fábricas productoras y firmas importadoras locales. Indudablemente, una de las causas principales de la escasez actual de mercaderías, es la práctica de abultar los precios para radicar divisas en el exterior a costa del país, Sé calcula en un 20 % como mínimo, del Presupuesto de Divisas, el volumen de la evasión por este procedimiento; porcentaje muy elevado que hay que impedir su continuidad.

La contribución de Entidades Económicas, para el contralor de estas operaciones, viene a ser por eso un aporte invalorable. La escasez artificial de mercaderías altera los precios también artificialmente. Distorsionados los precios, se produce el desnivel general en la economía del país. Este desnivel acarrea invariablemente, en las industrias en las fábricas, en los obrajes, en la agricultura, en la ganadería, en todas partes, trastornos innumerables; y luego, como un resumen de estas repercusiones escalonadas, revierte por último sobre el Presupuesto de Castos de la Nación. Sobrevienen entonces las aumentos inevitables de los rubros presupuestados en sueldos, servicios, gastos, etc., con los consiguientes impactos deficitarios. Y éstos que, a su vez, se cubren con emisiones y más emisiones, revierten sobre la moneda, depreciándola, disminuyendo su poder adquisitivo, destruyendo la confianza pública sobre su valor cada día más debilitado.

Como se ve, el proceso inflacionario es círculo vicioso que se cierra en cada ciclo a una distancia mayor de su centro inicial, y que, por una cualidad inherente a su naturaleza, tiende sistemáticamente a destruir el signo monetario hasta convertirlo a cero. "Toda inflación –señala un autor- aún la más ligera, es menos peligrosa por sí misma que por la extraordinaria fuerza de expansión que le caracteriza".

No era, en efecto -y no lo es hasta ahora-, un problema sencillo el que se refiere a la moneda en las condiciones actuales del país. La estructura de los tipos de cambio, que favorecía este estado de cosas en el Banco y en el Comercio, en última instancia no era sino aspectos del problema de la moneda; la que, puede decirse, en términos metafóricos, es la sangre de la economía.

4º -No ha sido menos el esfuerzo realizado por suplir la deficiencia técnica, -debida a la excesiva juventud de nuestra institución-, con él trabajo y la abnegación del personal administrativo y de servicio. Si no se hizo más hasta ahora, se lo hará en el futuro.


UNA ESCARAMUZA CON LAS CIFRAS


Para ilustrar mejor sobre algunos aspectos concretos de la labor cumplida en los últimos seis meses y en particular desde la implantación del Programa de Estabilización y Fomento Económicos, cabe mencionar algunas cifras significativas.

Desde el 2 de Enero ppdo., se han levantado los subsidios acordados a la harina, ciertos medicamentos y combustibles. El año pasado esos subsidios ascendieron a G. 50.000.000.

¿Qué son los subsidios? En el caso concreto señalado, son aportes en dinero que la Nación los paga para subvencionar la mano de obra extranjera, la producción extranjera, los fletes extranjeros, a través de esas mercaderías. Es verdad que la harina, digamos, es un artículo de primera necesidad y, como tal, merece un trato diferencial; pero, es también cierto que estos subsidios promueven una demanda excesiva de dichos artículos, debido a su bajo precio, -que, por otra parte, lo sabemos más alto indirectamente que si lo fuera de verdad-, en perjuicio de otros substitutos nacionales como ser, la mandioca y sus derivados: almidón, afrecho, fariña; el arroz, el poroto el maíz, etc.; que emplean en su producción mano de obra nacional, gastos de transportes nacionales, comercialización por empresas nacionales, sin olvidar su poder nutritivo que es tanto o más que la misma harina.

Otro renglón importante de los subsidios estaba representado por los productos antibióticos: penicilina, estreptomicina, aureomicina, terramicina, cloromicetina, etc., etc.; productos estos enteramente nobles que nadie entrará a discutir. Pero, qué ocurría, De un total de 500.000 mil dólares que alcanzó la importación del año pasado, apenas una mínima parte llegó hasta los hogares del país. Casi todo el año hubo escasez de antibióticos. El costo excesivamente bajo del producto lo expulsó fuera de las fronteras donde se ofrecían pingües beneficios en su comercialización. Así se vio el caso -absurdo y hasta delictuoso- de que la especulación no respetó siquiera el derecho de la Nación a protegerse de las enfermedades con el fruto de su trabajo, y que - absurdo todavía mayor-  un pequeño país, cual es el nuestro, proveyese de costosas drogas que él las adquiere a precio de oro, ¡y con subsidios!, a sus vecinos poderosos.

En cuanto a los combustibles, los susodichos subsidios han creado un desnivel tan grande y una injusticia tan evidente que un litro de nafta llegó a valer menos que un kilo de carbón y un litro de kerosén valía menos que una botella de Agua Salus; también en perjuicio del carbonero paraguayo, de la mano de obra paraguaya, de la producción y del esfuerzo paraguayos, del estimulo al trabajo paraguayo, y además con una carga sobre las espaldas del pueblo de 50.000.000 de guaraníes!



EL DINERO EN LA ECONOMÍA MODERNA


Una característica esencial de la economía de nuestro tiempo, es la singular importancia que adquiere el dinero en su desarrollo.

El dinero, en la forma que ha llegado hasta nosotros, es relativamente una novedad; casi se confunde con la economía capitalista (1).        Para llegar a eso hubo de recorrer previamente un largo itinerario en que no siempre tuvo la importancia que hoy día se le atribuye. En la forma actual es otra cosa; es el instrumento de cambio por excelencia, del que no es posible prescindir en análisis alguno de carácter económico.

La estabilidad monetaria. - La estabilidad monetaria es la concreción de un estado económico en el cual el valor de una unidad monetaria determinada permanece inalterable dentro de ciertos límites. Esta estabilidad es imprescindible para fundar una economía progresista. No hay seguridad posible en las relaciones económicas caracterizadas por fluctuaciones bruscas en los cambios. No interesa propiamente la mayor o menor fuerza adquisitiva de la moneda para asegurar un estado de equilibrio económico. Lo que interesa propiamente es que ese estado de equilibrio sé mantenga en cierto nivel, de modo a que las actividades productivas y las transacciones comerciales puedan realizarse sin riesgos de sucumbir en las oscilaciones de la moneda.



(1) "E1 desarrollo de la industria privada a impulsos de los descubrimientos científicos Y de los procedimientos económicos y financieros modernos, las nuevas corrientes, sociales y políticas que actúan sobre el régimen del trabajo, han creado un estado de cosas desconocido en anteriores tiempos. Esto en lo referente a la producción. Del lado de la moneda, métodos perfeccionados han dado origen a un sistema intrincado de circulación en que el crédito, y las acciones y reacciones del comercio internacional juegan principalísimo papel. Dadas estas circunstancias, no es de extrañar Que existen radicales disentimientos en el modo de explicar el movimiento de precios en sus recientes manifestaciones". -(Eusebio Ayala: "Temas Monetarios y Afines" - 1917 - pág. 155).



INFLACIÓN, DEFLACIÓN, DEVALUACIÓN


Inflación, - Dáse esta denominación a la tendencia caracterizada de determinado signo por su constante devaluación con respecto a otras monedas o a las relaciones de su propio poder adquisitivo en etapas sucesivas en las que progresivamente sufre depreciaciones hasta convertirse en ciertos casos -tal el marco alemán en el decenio 1913/23 y de los asignados franceses de la gran revolución, 1790/96- en que la unidad monetaria va siendo atomizada hasta llegar a cero (2).

Un caso semejante es lo ocurrido con el peso fuerte nacional que, en una carrera de depreciación progresiva, desde 1885 a 1943, llegó a una devaluación casi completa al extremo de reducirse al 2 o/oo de su valor inicial, esto es, a 1/500 (3).

Para subsanar la atomización del peso fuerte vino la reforma de 1943 que instituyó el Guaraní como nueva unidad monetaria del Paraguay.

De entonces para acá ya se produjeron otra vez numerosas devaluaciones. Es precisamente esta desvalorización constante del Guaraní que, con ligeros intervalos, sigue la misma pendiente de su antecesor, el peso fuerte, el objeto del actual esfuerzo gubernativo tendiente a contener su expansión hasta donde sea posible. El carácter inflacionario de esta devaluación se observa en diversos órdenes de relaciones económicas: sueldos y salarios, precios y costos de vida, déficits y emisiones, abundancia del circulante y sobrevalorización de divisas extranjeras, desniveles de precios y huida de la moneda.

Esta huida de la moneda a veces se mimetiza con una forma de progreso que fácilmente puede engañar a los desprevenidos. Las grandes construcciones, por ej., no siempre son el reflejo del espíritu progresista de sus promotores; escarbad en los cimientos y hallaréis en su mayor parte menos amor al asunto que defensa contra la inflación: es, nada más, la huida del dinero que se evapora en las manos, hacia cosas menos perecederas. Todos estos síntomas, agravados por una herencia de desquicio administrativo y financiero, ya de larga duración, presentan la situación del país como en un estado de aguda crisis económica. Concretamente, la inflación se manifiesta en los cambios siguientes: un dólar es igual a G. 3, 1210; un dólar es igual a seis guaraníes; es igual a nueve guaraníes; es igual a quince guaraníes; es igual a veintiún guaraníes; es igual a treinta guaraníes; es Igual a cuarenta y nueve guaraníes; es igual a cincuenta y cinco guaraníes; es igual a cincuenta y ocho guaraníes.

En relación al peso argentino: un peso argentino es igual a G. 0.77; es igual a un guaraní; es igual a G. 1.20; es igual, a G.       1.40;    es igual a G.    1.96;    es igual a G. 2.60;       es igual a G.    2.75; es igual a G. 2.80; es igual a 3 guaraníes, para luego retroceder al tipo de cambio del mercado oficial de G. 2.50 por cada peso argentino para las importaciones del primer grupo de mercaderías procedentes de aquel país. Las otras corresponden al tipo del mercado libre de cambios que en este momento se halla estacionado en G. 2.80 por cada pesa argentino.

Deflación, - Este fenómeno asume una dirección enteramente diferente con respecto a la inflación. En el caso de la deflación, la moneda tiende a cobrar un poder adquisitivo mayor que antes. Sin embargo, en sus resultados no puede decirse que sea matemáticamente un proceso de inversión del estado inflacionario. Inclusive no es aventurado sostener que la deflación se presenta, salvo excepciones de sabia conducción, con caracteres tan peligrosos como la inflación misma. De ordinario sus efectos son los mismos que los de la inflación: desastres económicos, quiebras, descapitalización, por segundos. Así pues, para la dirección y administración de la moneda -abstracción hecha del sentido diminutivo o aumentativo del poder de la misma- el problema deflacionario es de idéntica naturaleza que el inflatorio, con la única variante de que la deflación ofrece mayores oportunidades para su canalización hacia soluciones relativamente ventajosas a la economía. Si ambos procesos fuesen de relaciones reciprocas matemáticas, la deflación debería cubrir los efectos del inflacionismo sin crear nuevos problemas. Está visto que no ocurre así. Ejemplos de intentos deflacionarios son los de Inglaterra después de 1915 hasta 1931, en que la libra esterlina recuperó el 100% de su valor de pre-guerra y el del franco francés que en 1926, en momento en que la libra esterlina se cotizaba a 243,50 comienza la revalorización que rápidamente repunta a 162 con respecto a la libra esterlina, alcanzando en Diciembre del mismo año el tipo de 120 que, con ligeras oscilaciones, se mantuvo hasta 1936.

Devaluación. - Cuando una moneda pierde parte o total de su valor y se produce su depreciación, es cuando se dice de esa moneda que se ha devaluado.

Este fenómeno puede entenderse de dos maneras: la devaluación provocada deliberadamente por los gobiernos y la que deviene como consecuencia de la inflación. Ejemplos de la primera son: la desvalorización de la libra esterlina en 1931 y la devaluación del dólar decretada por el Presidente Roosevelt en 1933; y ejemplos de la segunda: los casos del marco alemán, del asignado francés y del peso paraguayo de que hablamos más adelante.


(2) Fuentes: Louis Boudin: "La Moneda"; y, Tallada Pauli "La Política Económica en Tiempos de Crisis".

(3) Toda inflación presupone exceso de circulante. Igual a lo ocurrido con el peso fuerte, sucedió también con la moneda parel emitida por los López, Dice al respecto el Dr. Zubizarreta: "11asta el 31 de Diciembre de 1860, cada peso "papel valía ochenta centavos oro; desde  el 19 de Enero de 1861, valía 75 centavos; y así lo iba rebajando de precio cada año, hasta reducirlo a 10 centavos desde el 16 de Agosto, de 1869 hasta el 19 de Marzo de 1870, en cuya fecha quedaba ya sin ningún valor". (R. Zubizarreta "La Cuestión de la Moneda").




ANTECEDENTES HISTÓRICOS


A primera vista pareciera que los movimientos inflatorios fuesen inherentes al papel moneda exclusivamente, dada la naturaleza de la moneda papel. Pero no lo es así. Se han registrado casos de verdadera inflación en arcas de monedas metálicas.

"El interés de una relación equitativa --escribe Kemmerer-- entre deudores y acreedores, como en el de una economía estable el valor de la unidad monetaria no debería variar mucho de un año para otro o de una década para otra. Sin embargo, como hemos visto, el valor del oro varía efectivamente. El cambio en el poder de compra del dólar en un determinado año, como en los Estados Unidos en 1921 que subió un 10 por ciento, o en 1937 que bajó el 7 por ciento, es una cosa seria; y más grave aún es su depreciación o su valoración progresiva durante una serie de años; como ocurrió en los períodos de 1896 y 1910 y de 1882 a 1886 respectivamente" (1).

Como se ve, en el área de la moneda metálica misma, tanto la inflación como la deflación no son cosas extrañas. El oro y la plata a un tiempo configuran ambas situaciones. También puede mencionarse la enorme fluctuación de la plata, registrada en los Estados Unidos, de 1933 a 1939, periodo en que oscila entre un intento legal de cotizarla a 129 cts. la onza de metal; pudiendo mantenerse durante algún tiempo en 77 cts. 57, para luego descender a 64 cts. y más tarde a niveles aún más inferiores.

Tampoco es una cosa original de nuestro      tiempola devaluación promovida deliberadamente por los gobiernos con fines financieros.        "Hacia los comienzosdel siglo IV - anota el mismo Kemmerer - antes de nuestra era, tropezamos con un caso de devaluación semejante al que ocurrió en los Estados Unidos en 1933 y 1934. Dionisio, el tirano de Siracusa, que había obtenido importantes préstamos de sus conciudadanos y se sentía presionado para que los liquidara, ordenó que todas las monedas existentes en la ciudad le fuesen entregadas bajo pena de muerte a los infractores. Una vez en su poder, reacuñó las monedas dando a cada dragma el valor de dos dragmos. Mediante esa devaluación pudo cancelar las deudas y, al mismo tiempo, reintegrar a sus poseedores toda la moneda recogida". (2)

Y más adelante, en Roma.     Según Mattingly, la acuñación de bronce predominó desde un principio hasta el año 245..." Mientras que desde el año 245 hasta el 217 antes de nuestra era, compartía el campo con la plata, a partir del 217, la plata comenzó a dominar, y en el curso del siglo II, el bronce -que era la moneda primitiva- pasó a desempeñar un rol cada vez más subsidiario.

"En sus primeros días, el as acuñado (con sus múltiplos y divisiones) era una unidad de moneda-mercancía y circulaba conforme a su valor metálico de una libra de bronce, conocida con el nombre de as libralis. Era entonces la unidad patrón de valor. Como patrón moneda, sufrió varias devaluaciones. Durante la primera guerra púnica, según nos dice Plinio, el peso del as fue reducido, "cuando la República, no pudiendo sufragar sus gastos, resolvió, por cada libra, acuñar seis asses; por cuya manera vino a ganar cinco porciones y pagar sus deudas". Antes del término de la segunda guerra púnica, el as había sido otra vez devaluado en un 50 por ciento, habiéndose reducido al peso de una onza, o sea el as uncial”. (3)

Nada hay pues nuevo en la experiencia de las naciones respecto de los movimientos ondulatorios de la moneda. Lo que pasa en otras partes, en 'otros tiempos, en otros países, es normal que ocurra también en el nuestro, producidas las condiciones que dieron lugar a ello. Nihil novus sub solem.


(1) Edwin Walter Kemmerer: "Oro y Patrón Oro" - pág. 231.

(2) ob. cit. - págs. 25/6.

(3) Ob. cit. – págs.. 29/80



EL PROCESO INFLACIONARIO ACTUAL


El Sr. Ministro de Hacienda, Dr. Guillermo Enciso, en su última alocución radial sobre el Programa de Estabilización y Fomento Económicos para 1953, aprobado por el Gobierno Nacional hacia fines del año pasado, ha establecido con precisión matemática las causas remotas e inmediatas, internas, y externas, del proceso inflacionario actual. En este punto nada tengo que añadir y dificulto que se pueda abarcar mejor el problema de conjunto que él lo hiciera en su exposición.

Me ocuparé solamente, a grandes líneas, de los efectos mediatos e inmediatos de la inflación. Como todas las cosas, también esta tiene su luna de miel en que todo el mundo se siente como poseído de un optimismo ilimitado, por las extraordinarias posibilidades que parece prometer.

En un principio la expansión del dinero se manifiesta en forma gratísima: por de pronto, hállase al alcance de todos, y cuando todavía conserva su poder de adquisición en un porcentaje más o menos elevado, nadie se cuida de averiguar de la solidez que le pueda resguardar de futuras depreciaciones; ni siquiera interesan las emisiones que se repiten continuamente, ni la velocidad que se va imprimiendo a la circulación a medida que la inflación avanza, ni siquiera la desconfianza que poco a poco va tomando cuerpo en los ámbitos económicos. Pero entretanto, la inflación, que, una vez puesta en marcha, cobra un poder de expansión extraordinario, multiplica su fuerza en progresión geométrica hasta que, en un momento dado, ni el poder de los hombres, ni los recursos del Gobierno, ni la técnica, ni la ciencia, son suficientes para contenerla.

Sólo llegada a cierta altura, al fin la gente comienza a comprender la gravedad de las perspectivas, los riesgos que configura su posible culminación en una crisis sin remedio. Recién entonces se tocan a rebatos y comienzan a inquietarse las fuerzas del trabajo, de la industria, del comercio, de los productores rurales, de todo el mundo, con el justificable pero generalmente tardío intento de evitar que prosiga su obra de destrucción. Es nuestro momento. Es lo que pasa con el país entero, ciego ha de ser aquél que no ve el peligro de desastres aún mayores si no lográramos frenarla con tiempo.

Todavía no están lejanos los días en que a todos nos parecía muy promisorio embarcarnos en grandes aventuras financieras sin contar para ello más que el crédito con que el Banco del Paraguay podría favorecernos. Los aumentos continuos de los sueldos y salarios, hacían creer a las gentes que ganaban mejor; sólo más tarde comprendieron que en realidad ganaban menos. (1) Los patrones por su parte, más inteligentes, sabían que la mano de obra les costaba menos y que sus productos los vendían más caros; pero olvidaban que los precios de reposición, cada vez más elevados, podían conducirles alguna vez a la catástrofe.      


(1) Los datos siguientes son altamente ilustrativos de cómo el simple aumento de salarios no corrige el desnivel del poder adquisitivo de los trabajadores sino que, antes bien lo empeora considerablemente:


SALARIOS REALES, 1946 - 51


Año        (en Guaraníes)               Índice                 Índice del              Salarios al              Baja en

                                                                                        costo de               costo de                SALARIOS

           la vida                   la vida                   REALES


1946                      3,60                       100                        100                        100                        -

1947                      4,40                        122                         131                         93                           4

1948                      5,40                       150                         175                        86                           31

1949                      7,00                       194                         236                         82                           18

1950                      9,80                      272                         403                        67                            100

1951                      14,70                     408                         580                        70                           144


Fuente: Estimaciones basadas en datos oficiales. (Del Informe Preliminar de la Misión del Fondo Monetario Internacional presentado al Banco del Paraguay el 6 de Junio de 1952).

Como se ve, la paradoja es evidente: a medida que los salarios aumentan, el costo de la vida repunta cada vez a mayor altura y los SALARIOS REALES bajan en progresión casi geométrica. Se gana más, pero se gana menos. En términos más amplios, - lo,- impactos no excluyen a nadie.


Empresarios industriales de relevancia económica hubo, en efecto, que creían sinceramente en las ventajas inagotables de los créditos que obtenían del Banco del Paraguay y que al poco tiempo se los devolvía disminuidos en la mitad de su valor, aprovechándose la diferencia para el aumento de sus riquezas. Este cuadro puede repetirse por miles y aún hoy no faltan quienes consideran correcta una operación semejante.

Sin embargo, son numerosos los que han comenzado a despertarse: ni los beneficios eran tales, propiamente, ni tampoco era real el aumento de las riquezas. Hay un consenso casi unánime que llama a rever estas falsas posiciones, las que no son, en definitiva, más que frágiles espejismos. Antes bien, existe la impresión generalizada de una descapitalización proporcional a la devaluación registrada en el campo de nuestra moneda.

Una vez más cabe insistir que la moneda hace la función de la sangre en el organismo económico de un país, y que de su mayor o menor potencialidad; de su mayor o menor fuerza adquisitiva, depende la fuerza creadora del trabajo de sus habitantes. Hay una influencia recíproca tan profunda y evidente entre el signo monetario y la estructura económica, al punto de que la solidez de esa estructura depende en gran parte de la firmeza del signo monetario, y a la inversa: no es posible fundar una moneda sana, por la vía de su sola administración, sin antes asegurar el vigor y la consistencia de su base económica. Lógicamente, pues, el proceso inflacionario, que tiende a la distorsión de los precios y a la destrucción de la moneda, por influencia refleja, va destruyendo a su paso las fuentes de nuestra economía. Nada extraño es, en efecto, el que, en tales condiciones, los capitalistas se sientan descapitalizados y los pobres se sientan más empobrecidos ante la persistencia inflacionaria de la moneda.



LOS CAMBIOS MULTIPLES Y LOS RECARGOS DE

REVALORIZACIÓN DEL GUARANI


La multiplicidad de los cambios que hoy caracteriza a nuestro régimen monetario es consecuencia natural de los desniveles a que ha llegado nuestra economía; por tanto, no será fácil suprimirla sin antes haberse restablecido siquiera sea en parte el equilibrio perdido.

A nadie escapa la inconveniencia de los cambios múltiples; primero, porque se prestan a manipulaciones de diversa índole; segundo, por fomentar injusticias sobre la economía privada, provocando la distorsión de precios en una escala de difícil limitación. Sin embargó, en las condiciones actuales no cabe otro procedimiento que la adecuación del propio sistema de cambio múltiple a un proceso de reconversión hacia él tipo único de cambio, para intentar salir del mismo.

Conviene, aclarar más todavía sobre el punto concreto mencionado. El tipo de cambio básico vigente, es el de G. 15 por cada dólar americano. Este tipo de cambio es válido oficialmente para la importación de mercaderías esenciales de uso imprescindible, entre las que figuran un número reducido de seis artículos: trigo y harina de trigo; insecticidas, incluso DDT y hormiguicidas; petróleo, gas-oíl, kerosén; gasolina, nafta; suero y vacuna para uso humano; e instrumentos y útiles para la agricultura.

Para el segundo grupo de mercaderías se establece un recargo de 40 % sobre el tipo básico de G. 15 por dólar, resultando un cambio de G. 21 por dólar.     A este grupo corresponden mercaderías relativamente menos esenciales pero imprescindibles, entre las que figuran: maquinarias, repuestos y materias primas para las industrias transformadoras, o productoras de mercaderías incluidas en el tercer grupo, aquellas que, por su incidencia sobre la economía popular, por la mayor demanda y por el mayor consumo de las gentes menos pudientes, interesa mantener sus bajos costos a fin de proteger el standard de vida de la mayoría de la población.

El tercer grupo de mercaderías está constituido por aquellas que siendo sin embargo relativamente Indispensables y de uso impostergable, constituyen más de  consumo entre las clases acomodadas, o que, por su naturaleza, son de control casi imposible. Con este criterio se le ha fijado un recargo del 100 % sobre el tipo básico de G. 15 por dólar, lo cual da el cambio siguiente: un dólar es igual a G. 30.

Por último, el mercado de licitación forma el cuarto grupo de mercaderías. Se trata de aquellos artículos prescindibles o de uso postergable y cuyos precios no admiten control por la naturaleza de los mismos, tales como tejidos, ya sea de algodón, de lana o de seda, y aquellos otros que sólo entran en la demanda de la gente adinerada o de las altas clases sociales y políticas del país.

Para el funcionamiento del mercado de licitación se hará un llamado especial por modo a que los interesados presenten con tiempo sus propuestas de cambios en las que se incluirá una tasa adicional tomando como tipa básico la cotización del dólar para el tercer grupo, o sea G. 30 por dólar. Se entiende que para la importación de cada especie de mercaderías habrán varias propuestas que diferirán entre sí según el móvil que les induzca a los postulantes a ofrecer un adicional mayor o menor en cada caso. Pero dado que habrán tantas propuestas como mercaderías estén agrupadas en el mercado de licitación es inevitable que por esta vía se multipliquen aun más las cotizaciones monetarias para la importación por el mercado oficial.

Este sistema responde a objetivos preconcebidos.

Primero: para restablecer el libre juego de la competencia aunque sea de índole puramente profesional, en las diversas ramas especializadas del comercio, promoviendo al mismo tiempo una especie de encuesta permanente sobre los precios del mercado exterior. A tal efecto se preferirán las propuestas que ofrezcan mayores ventajas al país, en razón de los precios, la calidad, la seriedad de las fábricas productoras del extranjero, e inclusive la solvencia moral y financiera de los comerciantes importadores locales.

Segundo: mediante esta concurrencia en el mercado de licitación de los comerciantes de plaza, sin otros requisitos que la idoneidad para el ejercicio de la profesión se establecerá sin gran esfuerzo la igualdad de oportunidades -piedra de toque para la estabilización y para el retorno a la honestidad en las actividades comerciales- en que cada cual hará un estudio previo, discriminado, sobre las mercaderías a importarse y su posible demanda en el mercado interno, con vistas al promedio del poder adquisitivo de los consumidores.

Estudios de esta naturaleza no los pueden realizar, naturalmente, los que se improvisan importadores de la noche a la mañana y que no tienen la menor idea del comercio exterior, de las cotizaciones internacionales, de las fluctuaciones cambiarias, de los problemas y peculiaridades de los grandes centros de producción, de las propias relaciones cambiarias internas, que a su vez dependen de la mayor ó menor expansión del circulante, de la mayor o menor velocidad de las transacciones, de la mayor o menor fuerza de absorción con qué él instituto emisor recupera los numerarios, del mayor o menor incremento de la producción, del mayor o menor volumen de las exportaciones e importaciones, de la mayor o menor confianza que haya respecto de la política gubernativa en el campo económico, y por un sinnúmero de consideraciones más que sólo los especializados en el trabajó pueden estimarlas en conjunto y presentarse con sus iguales a disputar las adjudicaciones en una justa competitiva de demandas razonables. Los improvisados estarán siempre expuestos a riesgos mucho mayores de lo que comúnmente puedan preverse. De esta competencia profesional y hasta, si se quiere, de fondo intelectual, el país saldrá favorecido; por la mejor calidad, por el mejor precio de las mercaderías, y -lo que no es menos importante- también por la ventaja de una mejora apreciable en la cotización de los dólares del mercado oficial.

Tercero: esta es la única vía por la que puede arribarse a una nivelación de los precios aproximándose a los topes naturales sin un estímulo excesivo para la especulación. En efecto, al producir la aproximación de los costos a los precios topes naturales, no quedará sino el margen legítimo de utilidad a que aspiran los comerciantes honestos.

Como un complemento de las ventajas ya apuntadas, no se descarta además, el aumento de los ingresos en Guaraníes que reportará el funcionamiento del mercado de licitación para acrecentar los fondos de revalorización de nuestra moneda.

No es ninguna impertinencia recalcar que esos ingresos, denominados "recargos de revalorización del Guaraní", se calculan para 1953 en la suma de G. 355.814.000, de la cualcorresponde deducir: recursos destinados a subsidiar diversos servicios del Gobierno y de los Bancos Oficiales; comisiones, fletes, y otros gastos de transporte sobre importaciones y exportaciones, etc.; subsidios a las exportaciones y otros; todos los cuales insumen G. 174.314.000    restando una   suma neta de   G. 181.000.000 paa los fondos de revalorización monetaria propiamente.

A primera vista parecería extraordinario aquel monto --de los G. 355.00.000-, pero no debe olvidarse que solamente en el año 1951, según datos estadísticos técnicamente elaborados por funcionarios del Fondo Monetario Internacional, los importadores locales obtuvieron una utilidad de G. 260.000.000, en concepto de diferencia de cambios, mientras el Presupuesto General de Gastos de la Nación calculado para ese mismo ejercicio, no ascendía sino G. 170.713.000, soportando además un déficit anticipado de G. 30.500.000.!

Lo que se persigue con él régimen actual, y que en gran parte se lo va consiguiendo, es que estas utilidades ilícitas con que se beneficiaba a un escaso número de particulares, sean transferidas a la Nación por el mecanismo de cambio establecido para promover el proceso inverso de que hablábamos en otra parte; o sea el proceso de revalorización del Guaraní, por la reabsorción sistemática del circulante y la canalización de éste hacia los sectores del trabajo y de la producción.


LAS DISPONIBILIDADES DEL BANCO CENTRAL EN DIVISAS FUERTES


Las fuentes que aseguran al Banco Central el ingreso anual de un determinado volumen de moneda sana, son casi exclusivamente las exportaciones. Estas exportaciones se realizan a diversos mercados del exterior, de donde el país recibe, en concepto de pago, las referidas monedas o divisas extranjeras. La suma, total de esos ingresos representa la reserva monetaria internacional que asegura al país el mantenimiento en relativo equilibrio de su balanza de pagos (1). Las distintas monedas extranjeras son traducidas habitualmente en dólares americanos, por razones técnicas y bancarias, y, más que nada, para facilitar el aspecto contable de las operaciones.

Estos dólares provenientes de nuestras exportaciones son los que se adjudican luego a los importadores, al tipo de cambio establecido para cada grupo de mercaderías. Interesa apreciar en lo que vale la contribución de los productores nacionales al mantenimiento de un estado de relativa holgura en las finanzas bancarias en divisas fuertes; pues, los dólares de nuestras exportaciones se reconocen a los exportadores a un tipo de cambio oscilante entre el básico de G. 15 por dólar, incluido gravamen en ciertos casos, pasando por una serie de cotizaciones graduales hasta llegar a veces, por excepción, al tipo máximo reconocido por el Banco en los cambios del mercado libre.


(1) "M. A. Heilperin; "Economía Monetaria Internacional" págs, 106/9.



INVERSIÓN DE LOS FONDOS DE REVALORIZACIÓN


Las transferencias concretas de los privilegios verticales de la ciudad a los sectores del trabajo y de la producción se realizan de los modos siguientes:

1º) Cuota contributiva de los servicios cooperativos internacionales: G. 15.000.000.

Comentario: Esta suma de G. 15.000.000 que en otras circunstancias hubieran ingresado en las arcas privadas, de los importadores, se extrae de los G. 181.000.000 provenientes del sistema de cambios vigente, y se los emplea para el pago de servicios técnicos contratados por el Gobierno para el fomento de la producción, de la educación y del mejoramiento de la salud de la Nación. "Esto es una ínfima parto de lo que unos contados personajes se beneficiaban con contratos de divisas que los obtenían a cambios privilegiados, y que ahora se la transfiere, sencillamente, mediante estos servicios, a la nación entera. Llamamos privilegios verticales a esta congregación “Sui generis" de unos pocos que, mientras ellos se atribuían privilegios que ascienden por las nubes, el resto, que son millares se debatía en la indigencia horizontal de las cifras representativas del mayor número.

2º) G. 15.000.000 serán destinados para cubrir los servicios de los títulos denominados "Bonos de Producción Agrícola - Empréstito U$A 5.000.000 Ley 115".

Comentario: Demás está decir que la transferencia en este caso, es de la misma naturaleza que la anterior. Son 15.000.000 que se sacan de las garras de los aprovechadores, para financiar con ellos parte del empréstito de U$A 5.000.000 destinados a incrementar la producción y mejorar las condiciones de trabajo en el país, incluidos otros gastos complementarios.

3º)  9.000.000 son destinados para los gastos de administración del Crédito Agrícola de Habilitación y G. 15.000.000 para la financiación del Programa de Reforma Agraria.

Comentario: En total 2,4 millones de guaraníes que se substraen a la voracidad de los famosos privilegios verticales, para favorecer a miles de pequeños prestatarios rurales y para financiar las expropiaciones y mensuras de tierras colonizadas, o a colonizarse, con fines a la producción, primero, y, segundo, para que se cumpla la ambición patriótica de nuestro ilustre Presidente, para quien no es un mandato, sino un ideal hondamente sentido, lo dispuesto en el art. 22 de la Constitución Nacional que dice "TODO HOGAR PARAGUAYO DEBE ASENTARSE SOBRE UN PEDAZO DE TIERRA PROPIA".

4º) G. 25.000.000 se constituyen en reservas para defender la estabilidad del cambio de nuestra moneda, a fin de ir liberando poco a poco a las fuerzas del trabajo y de la producción, de los riesgos y zozobras provenientes de las constantes fluctuaciones cambiarias.

Por último, tres rubros no menos importantes: G. 32.000.000 para enjugar las emisiones fiduciarias consolidadas; G. 37.000.000 destinados al saneamiento de la moneda, al estímulo de la producción y a los fines primordiales de nuestra administración monetaria;   y G. 33.000.000 para cubrir los saldos deficitarios del Presupuesto de Divisas de 1952.       En total: G. 102.000.000 para estos tres últimos rubros solamente!

Comentario: Así, como estamos enfrentándonos a la inflación que amenazaba con atomizar nuestro signo monetario, tampoco era prudente descuidáramos sus huellas en el pasado.

Estas aportaciones no son más que la transferencia de los privilegios verticales, tantas veces mencionados, a las áreas de mayor licitud, sin impacto alguno sobre la economía general del país ni sobre ninguna economía particular, sino antes bien, robusteciéndola en sus resortes claves, como ser: las industrias, la agricultura, la ganadería, los obrajes, etc., etc.; y, por otra parte, promoviendo el reajuste paulatino de esos privilegios sobre un esquema de estructura horizontal que en su incidencia pueda abrazar al mayor número de hombres, niños y mujeres de la República.


LA CRISIS MUNDIAL Y EL DESEQUILIBRIO MONETARIO


Decididamente el mundo no ha podido liberarse hasta ahora de la crisis iniciada en 1914/18. La segunda guerra mundial de 1939/44, no es sino la continuación de la primera. La tercera, que se avecina, acaso llegará a cerrar el ciclo de esta crisis que, por cierto, ya va durando casi medio siglo.

Sabido es que desde 1914/18 el mundo atraviesa por un periodo revolucionario en que, se derrumbaron tronos seculares, se constituyeron efímeras Repúblicas que luego cedieron sus puestos a los nuevos Bonapartes de este siglo, y éstos mimos, por último, al igual que sus antepasados, abdicaron el mando sin pena y sin gloria, dejando a sus pueblos sumidos en el desquicio, en la anarquía política, en profundas crisis sociales y económicas.

Indudablemente, nosotros estamos comprendidos dentro de estos pueblos apremiados por las crisis internas e internacionales y por los desequilibrios propios de tales crisis.

Pero lo más grave no reside solo allí. Entre los muchos males que dichas crisis acarrean no podía faltar, lógicamente el que se refiere al sistema monetario. Es lo que ha pasado y es lo que hasta el presente mantiene insoluble el desequilibrio monetario en la mayoría de las naciones. Nuestro país ocupa, naturalmente, un sitio en ese esquema.



CONDICIONES PARA UNA RELATIVA

ESTABILIZACIÓN MONETARIA


"Estabilizar un cambio -dice Baudin (1) - es descartar los factores de perturbación que actúan sobre los cursos". Y a continuación señala cuatro puntos básicos para intentar, con posibilidad de éxito, dicha estabilización:

Primero: "Los elementos psicológicos merecen el primer puesto en un mundo en que la hipersensibilidad de los individuos se traduce en bruscos movimientos de terror y de esperanza. Hemos aludido ya a la imperiosa necesidad de inspirar confianza: el ahorro forma el soporte material de la estabilización. Guardémonos bien de espantarlo". Los elementos psicológicos a que se refiere no son otros que la confianza en la moneda y la firmeza en su administración.          

Segundo: "Los elementos monetarios no se prestan a discusión. Es evidente que la suspensión de la inflación es una condición sine qua non de la estabilización. Es por lo que, cuando los adelantos al Estado constituyen la causa principal de la exageración de las emisiones, es bueno por un lado, que el establecimiento emisor sea colocado fuera del alcance de los poderes públicos; y por otra parte, que se prevea una amortización en forma de reducir la deuda del Estado. La comisión Kemmerer, que ha sido encargada de reformar un gran número de sistemas monetarios sudamericanos después de la guerra, ha recomendado a los legisladores la creación de bancas centrales independientes de los poderes públicos".

Tercero: "Se dice, a veces, que la balanza de cuentas no debe ser deficitaria; pero el déficit no persiste más que si los elementos de estabilidad que acabamos de indicar, fallan. Cuando la confianza reina y la moneda está sana el restablecimiento del equilibrio se hace por sí mismo, a condición de que el Gobierno no trate de entorpecerlo".

Y por último, haciendo como aquel resumen de los Diez Mandamientos que se encierran en dos -amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo-, el cuarto punto lo sintetiza con la siguiente frase: "Los diferentes factores que hemos examinado dependen a su vez de dos otros elementos: el equilibrio de la tesorería y el equilibrio del presupuesto".

Evidentemente estas ideas se ciñen en líneas generales a la economía y las finanzas clásicas; pero en tiempos revolucionarios, convulsivos y anárquicos como los que atravesamos, no son las fórmulas subversivas demagógicas, las que mejor puedan conducirnos al puerto deseado. Para proseguir la revolución, que por cierto en nuestro país es una cosa ya vieja, no hace falta ni mucha voluntad ni siquiera mucha inteligencia; bastara con embarcarse en la corriente dominante y seguir echando leña en la hornalla, aunque no se tuviese la menor idea del problema revolucionario. Pero, he ahí justamente la mayor de las dificultades para enfrentarle: en un mundo afiebrado por ideas a cuales más contradictorias, avanzadas unas, retrógradas otras sin que falten algunas retrógradas y avanzadas al mismo tiempo, no es nada fácil conseguir, la colaboración de la gente para operar con los esquemas clásicos de las finanzas y la economía. La revolución actúa como la inflación: una vez desatada es difícil detenerla.

Sin embargo, con el perdón de los hombres más experimentados y más entendidos en estas materias, permítaseme proclamar que, por ahora al menos, no podríamos contrabalancear los efectos de la revolución del mundo si no tuviésemos siquiera algunos de estos basamentos en qué apoyar nuestros esfuerzos.


(1) Louis Baudin: "La Moneda" - págs. 144/9


LO QUE EL BANCO CENTRAL LLEVA REALIZADO

EN LA ADMINISTRACIÓN DE LA MONEDA


…"Quienquiera que ofrezca --reza una resolución del Congreso Continental del año 1.776-, reclame o reciba más en billetes por las piezas de oro, de plata o del metal entregado de lo establecido en las anteriores tarifas, o más en billetes por cualquiera tierra, casas, mercancías y utensilios que las sumas nominales a que puedan ser adquiridos en oro o plata, deberá ser considerado un enemigo de las libertades de estas colonias…”

Más tarde, cuando se fundó la Casa de la Moneda, se estableció la pena de muerte para los delitos de depreciación de las piezas o el hurto de los metales por los jefes o empleados encargados de acuñar el numerario.

En el Paraguay no tenemos oro ni plata que acuñar, pero sí el Guaraní representativo del trabajo y la riqueza nacionales, que no porque tenga menos valor que otros signos monetarios debe interesar menos a los paraguayos. Nuestra moneda es para nosotros de la misma naturaleza que el dólar para los americanos o la libra esterlina para los ingleses. Por lo demás, todas las monedas, cualquiera sea su valor, son instrumentos de cambios internacionales, además de su función interna. Es deber de los ciudadanos, por consiguiente, trabajar por el prestigio monetario del país con la misma exaltación patriótica que lo haría por las glorias nacionales. En tal sentido, los directores de este Banco tienen clara conciencia de su responsabilidad.

En medio de las dificultades que el país venía afrontando, como hasta ahora, una de las crisis monetarias más agudas de su historia, el Banco Central del Paraguay advino teniendo por anticipado enormes problemas a resolver. Una economía desequilibrada, una moneda en constante devaluación, un prestigio y una tradición poco envidiable sobre la administración de sus fondos de divisas, y una política de créditos decididamente inflacionaria, eran los factores con que contó en la iniciación de sus gestiones. Poco a poco logró mejorar y desligarse de esos lastres.

Acción y Progreso. - Cuando el Superior Gobierno me confió la presidencia de la Institución, ya quedaba relativamente poco que hacer para afirmar la nueva política que había promovido a su advenimiento. Sin embargo, de entonces para acá los progresos no cesaron. No sería seguramente mucha audacia decir en este momento que por lo menos la primera condición para una sana política monetaria está a punto de producirse. Los "elementos psicológicos" de la confianza pública alcanzaron en estos últimos tiempos un nivel desconocido hasta hace poco; dificulto que nadie, dentro ni fuera de la Institución, ose entorpecer el afianzamiento de tan bella conquista. Estimulados por  ello, los directores del Banco no escatimarán esfuerzos por llenar las otras que faltan.

En cuanto a los "elementos monetarios'' mejor sería apelar a las cifras para su interpretación,

La emisión monetaria del país alcanzaba al 31 de Octubre del año pasado a G. 485.407.600; al 30 de Noviembre siguiente descendió a G. 484.478.400, para luego a131 de Diciembre volver a subir hasta G. 508.565.000, o sea que hubo un repunte emisionario de G. 24.086.600. Este aumento responde a un descuento concedido al Banco del Paraguay de G. 20.000.000 más otras operaciones registradas independientemente.

El año 1953 debió iniciarse con la emisión registrada al 31 de Diciembre de 1952, o sea G. 508.565.000. Sin embargo no fue así, por una causa sencilla que voy a precisar.

Debido a un error en el criterio con que se establecían las cifras emisionarias en la sección contable del Banco, se venía omitiendo en los partes y balances correspondientes el monto de los depósitos fiscales y judiciales que al 31 de Diciembre representaba una suma de G. 64.598.100. De acuerdo a la Ley Orgánica del Banco y conforme a la técnica de la política monetaria, dichas depósitos debían ser incluidos en las cifras emisionarias; razón por la cual, el 2 de Enero, al iniciar sus operaciones el Banco, se encontró con una emisión que ascendía de golpe a G. 573.163.100, después del puente bancario de 24 horas que se estableció por Año Nuevo. El hecho se produjo literalmente en dichos términos por doble motivo:

1º. - Desde el 2 de Enero ppdo., el Banco Central había dispuesto se contabilizaran las cifras emisionarias con inclusión de los depósitos fiscales y judiciales,

2º. - Asimismo, en cumplimiento de la Ley Orgánica del Banco,    éste se hizo cargo, directamente,  también desde el 2 de Enero de los referidos depósitos.

Esta medida pudo no haber causado ningún impacto sobre la emisión monetaria, si el Banco del Paraguay hubiese transferido los créditos, a más de las cifras, en moneda contante; al contrario, de haber ocurrido así, hubiéramos provocado una contracción apreciable proporcionada al volumen de los depósitos en cuestión. Pero, por no haberse producido en esa forma la transferencia, sino por simples documentos, el hecho repercutió exactamente al revés, de modo que la emisión tuvo que ascender en ese lapso a la cifra de 573.163.100 guaraníes; o sea G. 508.565.000 de la emisión que se venía arrastrando, más G. 64.598.700, que corresponden a los depósitos referidos. (1)

Este impacto numérico a la situación emisionaria no tuvo naturalmente incidencia real sobre los cambios ni sobre la estabilidad de la moneda. Y ello      se explica, puesto que el aumento numérico de la emisión no añadía nada a la situación de hecho hacía rato existente. Las cifras que se sumaban eran menos cifras que auténticos guaraníes incorporados hace tiempo a la circulación, a través de los créditos que el Banco del Paraguay venía concediendo normalmente.

Con estos, pequeños bailoteos de guarismos sin mayor importancia, comenzó el nuevo año para rendirnos; al 31 de Enero ppdo.; una diferencia contractiva de  G. 24.748.100, que deja reducida la emisión a la fecha indicada en sólo G. 548.415.000.

De acuerdo a los últimos datos del Departamento respectivo, y que los tengo a la vista, en la primera quincena de este mes que se cerró al 14 cte.,    se han registrado nuevas contracciones emisionarias que montan a G. 10.429.100, quedando reducida la cifra global hasta esa fecha, en G. 537.985.900.

Resumen: Tomando como base la emisión monetaria al 31 de Octubre de 1952, que suma a G 485.407.600, y la cifra tomada al 14 de Febrero cte., que es de G. 537.985.900, tememos, un diferencia neta de  G. 52.578.300 de más, incluyendo, como queda dicho, las transferencias de Cuentas Corrientes Oficiales y de Tesorería Nacional.

Ahora bien, tomada por otro lado, ambas cifras, G. 64.598.109 que suman dichas cuentas, y G. 52.578.500, que es la diferencia neta, de más, entre las emisiones al 31 de Octubre del año ppdo., y 14 de de Febrero cte., tenemos una diferencia neta de menos de G. 12.019.800; suma ésta que representa la absorción neta en el periodo comprendido entre el 14 de Noviembre de 1952 y el 14 de Febrero de 1953; G. 12.019.800 de menos.

Es sabido que de antiguo los tratadistas dan una marcada importancia al volumen del circulante en la estructura de los precios, estableciendo una relación directa entre el circulante y el volumen de los bienes económicos susceptibles de compra-venta. Esta opinión, concretada en la llamada teoría cuantitativa del dinero; con ser un tanto simplista, entraña sin embargo una porción de verdad. En efecto, está definitivamente demostrado que la expansión exagerada del circulante, provoca la alteración de los precios con el debilitamiento del poder adquisitivo de la moneda.

De que ese debilitamiento, se produzca en relación directa, o sea en proporción matemática al volumen con que se aumenta la circulación, es cosa que puede discutirse o no; pero de que toda emisión desproporcionada   al volumen de bienes en que se había afirmado el equilibrio anterior, altera las relaciones de precios, es absolutamente indiscutible. Si el aumento de bienes correspondiere en dimensión aproximada, a la del circulante, acaso la emisión no constituyera mayor problema, aunque siempre quedaría un margen discutible, en cualquiera de los casos. A la inversa, la sola escasez de bienes comerciables, aunque el numerario se mantenga a nivel, automáticamente provoca la distorsión de precios como si hubieran impactos emisionarios.

Tales son, a grandes líneas, las incidencias    lógicas de la teoría cuantitativa del dinero, por donde se llega a la ecuación un tanto simplista por cierto, de que para el fortalecimiento de la moneda podría bastar el aumento de la producción, manteniendo invariables las cifras emisionaras. Es ciertamente una de las condiciones, pero nada más.

Esta teoría ha sido complementada con el agregado de la velocidad de la circulación que hay que compulsar para establecer la verdadera cantidad-múltiplo sobre los factores, también conjugados en uno, de precios y transacciones; es decir, que además del volumen del circulante propiamente, habría que considerar la velocidad del mismo a través de las operaciones     de cambios, de créditos y de compras. En tiempos de desconfianza generalizada hacia la moneda, la velocidad adquiere un ritmo extraordinario. En tales casos, la velocidad del movimiento circulatorio puede multiplicar de hecho, por dos y hasta por tres las cifras de la emisión.

Supuesto que estos principios sean verdaderos, no hay duda de que nuestra moneda está llamada a recuperar rápidamente su nivel, siempre que no sobrevengan causas que la interfieran. En primer término, la manifiesta confianza que el país vuelve a conferirle, es ya un factor importante para la revalorización perseguida. Esa sola confianza basta para       disminuir la velocidad de las transacciones, entrando de nuevo el ahorro a ser parte del sistema de ensamblamiento para la estabilización monetaria.

Ese estado espiritual del país se refleja en las siguientes cifras, contabilizadas sin coma de más ni de menos:

Billetes y monedas en circulación      al 31 de Diciembre de 1952: G. 378.975.600; al 31 de Enero de 1953: G. 366.295.900. Diferencia de menos: 12.679.700.

Billetes y monedas en circulación a131 de Enero de 1953: G. 366.295.900; al 14 de Febrero cte.: 359.107.000. Diferencia de menos: G. 7.188.900.

Total de billetes y monedas en circulación, de menos entre el 31 de Diciembre de 1952 y el 14 de Febrero de 1953: G. 19.868.600.

Estás referencias son suficientes para apreciar el grado de progreso a que se ha llegado en poco tiempo en la administración de la moneda,

Para ampliar aún más las informaciones relativas a este punto, sólo falta agregar que en el rubro "Recargos de Revalorización del Guaraní" se ha obtenido en el mismo Período, del 31 de Diciembre de 1952 al 14 de Febrero de 1953, -cuarenta y cinco días-, una reabsorción global de G. 74.703.090, de cuyo monto habría que deducir G. 4.210.500, correspondiente a subsidios de importaciones quedando subsistentes G. 70.492.500 como diferencia neta de guaraníes reabsorbidos. Repito: G. 70.492.500 reabsorbidos.

En cuanto al estímulo a la producción, basta las cifras que a continuación se detallan, para apreciar las perspectivas en puertas:

Desde la primera, semana de Noviembre al 31 de Diciembre de 1952, se han proveído, por el mercado oficial, permisos para la importación de:

materias primas peor valor de:                                                 U$A. 1.282.460,75

para repuestos y maquin. industriales, por valor de             “      1.609.049,99

para materiales y rep. de automotores                                   "              63.479,54

para implementos agrícolas en general                                  "           820.016,676

                                                                                                          U$        3.775.046.94


He ahí el estimulo a la expansión, industrial y al aumento de la producción en los dos últimos meses de 1952.  A la fecha las cifras alcanzan a montos mucho mayores.

Tampoco es inútil hacer notar que en este lapso de dos meses se han autorizado igualmente la importación de mercaderías prescindibles o de uso postergable, por un valor aproximado de U$A 2.500.000, consistentes en heladeras, licuadoras, ventiladores, tejidos de nylon, seda y lana, equipos de radio-receptores, whisky. cigarrillos rubios, artículos de juguetería y cientos de cosas más, por el sistema del mercado libre, sin uso de divisas; lo cual representa un aumento considerable de bienes comerciables que hasta hace poco arrastraban los precios de los artículos imprescindibles, debido a su escasez circunstancial.

Dificulto que haya quien ignore el cambio operado en esos renglones, de un tiempo a esta parte. Las heladeras, por ejemplo, que hasta no hace mucho se vendían a precios fabulosos, de 50 y 60.000 guaraníes, han comenzado a venderse a 25, 30 y 35.000 guaraníes, con la sola amenaza de una próxima saturación de la plaza con dichas mercaderías. Esta circunstancia permite corroborar, una vez más, una de las implicancias teóricas de la relación directa del circulante con los bienes comerciables. En efecto, la contracción emisionaria más el aumento de mercaderías, han dado por resultado la baja de precios consiguiente.

Faltaría estudiar, por último, el capítulo que se refiere a la fórmula que, sin ambages, puede llamarse sacramental, para la estabilización monetaria; la cual, según se ha dicho, se resume en dos elementos: El equilibrio de la tesorería y el equilibrio del presupuesto. Como este problema rebasa las funciones del Banco Central, el señor Ministro de Hacienda dirá en su hora la palabra que aquí se omite sobre el punto.

En orden a la política de créditos dictada por el Banco Central, está siendo observada asimismo con uniforme regularidad. Mediante esta política, cuya ejecución se halla a cargo de los Bancos de plaza, se ha podido canalizar con notorio éxito la función crediticia hacia las fuentes de la producción.

Resumiendo: Constreñida la expansión del circulante a sus límites indispensables, - con los depósitos fiscales y judiciales a ingresar y con los fondos de negociación de frutos a cargo del Banco del Paraguay: cerca de 100.000.000 de guaraníes a ser reabsorbidos;-  aplacada en gran parte la velocidad de las transacciones por la acción invisible pero eficaz de la confianza pública, que ha comenzado a practicar de nuevo el ahorro en Guaraníes; canalizado, y mejorado el comercio exterior de importación y exportación mediante un sistema de trabajo racionalizado, con lo cual es de esperar se consiga un aumento proporcionado en las ofertas de mercaderías; y con una firmeza sin resquicios, que es lo que cabe hacer, en la conducción y administración del Banco y de la moneda; nada obsta a que en poco tiempo el Guaraní alcance al fin un nivel de estabilidad -más alto, o más bajo; eso no importa-, que permita al país reponerse de esta ya larga incertidumbre que le ha incrustado en sus relaciones económicas el proceso inflacionario.

 

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IMÁGENES DE NUESTRO HERMOSO PARAGUAY

 

(Hacer click para visitar el espacio del fotógrafo Fernando Allen)

 

Fotografía de FERNANDO ALLEN

 




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