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LUIS MARÍA MARTÍNEZ


  MOISÉS S. BERTONI, CIENTÍFICO Y POETA DE LA NATURALEZA Y SOÑADOR SOCIAL (Ensayo de LUIS MARÍA MARTINEZ)


MOISÉS S. BERTONI, CIENTÍFICO Y POETA DE LA NATURALEZA Y SOÑADOR SOCIAL (Ensayo de LUIS MARÍA MARTINEZ)

MOISÉS S. BERTONI, CIENTÍFICO Y POETA DE

LA NATURALEZA Y SOÑADOR SOCIAL

Ensayo de LUIS MARÍA MARTINEZ

 

 

"Romper con el pacto infame de hablar a media voz ".

Manuel González Prada

 

SUS ETAPAS DE VIDA

 

El singular apologista de la civilización guaraní, investigador de la naturaleza del Paraguay y organizador de la Primera Escuela de Agronomía, Moisés Santiago Bertoni, nació el 15 de junio de 1857 en el pequeño pueblo de Lottigna del corazón de Suiza. País caracterizado por sus tradiciones de lucha por la libertad y por los derechos humanos, lo fue también refugio de incontables combatientes y perseguidos por sus ideales de mejoramiento social de toda Europa. Cuna además de Guillermo Tell, héroe legendario que ayudó a Suiza a liberarse del yugo de Austria a principios del siglo XV. Acotemos por lo demás que es conocido el histórico caso de Tell. Por su desobediencia a saludar al sombrero ducal puesto en una pértiga, se lo condenó a la difícil prueba de atravesar una manzana puesta sobre la cabeza de su hijo, de la que salió victorioso (Ya en Paraguay, en honor a este héroe Bertoni bautizará a uno de sus hijos con el mismo nombre).

Hay que mencionar que el padre de Moisés fue el milanés Ambrosio Bertoni, quien fuera perseguido tanto por sus ideas liberales como por haber asumido la defensa de Giácomo Ciani, dirigente del Partido Liberal. Hombre de noble firmeza y modelo viviente de la emigración italiana y de la Suiza libre, se vio obligado a emigrar a París, Francia, donde recibió el título de abogado. A su muerte fue objeto, según se consigna en el periódico Patria y Progreso de 1887, órgano del emigrante ticinense, del justo apelativo de benemérito abogado del pueblo y Consejo de Estado. Pero, penosamente, antes de morir a los 73 años, debe sufrir el doloroso desmembramiento de su familia. Así, en marzo de 1884, ve partir para América tanto a Moisés, su hijo mayor, como a su propia esposa y a todos sus pequeños hijos. Aclaremos que la esposa de Ambrosio se llamaba Giuseppina Torreani, de 65 años, a la que jamás la volverá a ver, así como a los otros ocho miembros de su familia, tras partir de Génova.

Para completar el cuadro biográfico de Moisés, señalemos que en 1874, todavía en Europa, funda en compañía de su madre un observatorio meteorológico e inicia sus estudios sobre diversos aspectos de las ciencias físicas. En 1876, Moisés se casa con Eugenia Rosseti, a pesar de no haber concluido sus estudios. Al año siguiente nace su hijo Reto. En ese mismo año estudia en la Universidad de Zurich paralelamente Derecho y Ciencias Naturales. Más al afirmarse su vocación de naturalista abandona los estudios de Derecho. Posteriormente y a ese efecto, se inscribe en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Ginebra, en cuyo transcurso nace su segundo hijo Arnolde de Winkelried.

En 1880 nace su hija Vera y culmina sus estudios y parte para su Lottigna a preparar su tesis, obteniendo a poco el título de Doctor en Ciencias Físicas y Naturales. En 1881 nace su hija Sofía e inicia la publicación de sus primeros trabajos científicos. En 1883 ve la luz su hija Inés. Y el 3 de marzo de 1884, se embarca en Génova en el vapor "Nord América", para América, y fue en el mismo vapor en el que viajó Edmundo D'Amicis, autor de la obra infanto-juvenil: Corazón, hacia la Argentina.

D'Amicis, en su libro de 1898: "En el océano", relataría lo que experimentaban los emigrantes italianos, que de cada diez, ocho eran provenientes del campo, al decir lo siguiente:

"Muchos Valsusines, Friulanos, agricultores de la baja Lombardía y de la Alta Valtellina: campesinos de Alba y de la Alejandría italiana, que iban a la República Argentina...".

"Iban -prosigue- artistas, o mejor... tocadores de arpa y de violín... y famosos caldereros que van a hacer sonar su yunque y sus martillos... Pastores de ovejas y de cabras del litoral Adriático..., de Barletta, de Catanzaro y de Cosenza... Vagabundos napolitanos; especuladores; zapateros y sastres de Garfagna...; el mayor número de las mujeres llevaba consigo a la familia...

"Familias y familias, muchachos y más muchachos, caras de la ciudad y del campo... Gente honrada, ascetas, viejos soldados, mendigos, rebeldes, corriendo... ¡Oh, qué desfile de miseria tan interminable!", menciona Edmundo. Y por fin el conjunto llega a América, y es cuando comienza la algazara de los jóvenes que gritan: "¡Viva la República! ¡Viva América! ¡Viva el Plata!".

"Al fin vieja el llanto!, concluye D'Amicis. Y tras dejar su carga humana, el barco se aleja como si fuese un pedazo flotante de mi país...", y mientras "la bandera ondeaba como si fuera un último saludo de la Italia que recomendase a la nueva madre sus hijos desterrados".

 

BERTONI YA EN AMÉRICA

 

Puntualmente el futuro sabio llega tras 27 días, es decir, el 30 de marzo a Buenos Aires. La Argentina se muestra interesada en que Bertoni ayude a la colonización del territorio de las Misiones. A dicho efecto lo ubican en el lugar llamado Santa Ana, donde realiza trabajos experimentales de agricultura, botánica, zoología, meteorología, etc. Mas su vida se tiñe de tristeza en abril de 1886, al morir en accidente su hija Inés.

Poco después se traslada a Yagyarasapé, colonia sobre el río Pirapó, ya en el Paraguay. Vienen otros nuevos hijos: Moisés Santiago, Aurora y Guillermo Tell. Pronto se dedicará a explorar vastas regiones del Alto Paraná.

Al trasladarse de la Argentina dos hechos dramáticos habrán de afectarle. El primero, la embarcación que lleva a la familia Bertoni zozobra y se pierden todas sus pertenencias a la altura de la isla Pindoí. Su hijo recién nacido Moisés Santiago, es salvado de las aguas por un peón indígena. En 1891, fundará en forma definitiva la colonia "Guillermo Tell" de 12.500 hectáreas. En dicho lugar nacerán tres hijos más: Walter, Werner y Aristóteles.

Hay que señalar que en Yagyarasapá iniciará sus valiosos estudios, ya que era una zona de antiguas poblaciones guaraníes, vale decir, era un verdadero yacimiento arqueológico. Allí dará forma escrita a sus libros Descripción física, económica y social del Paraguay y los tres tomos de La civilización guaraní. Sin embargo, se perderán sus escritos contenidos en otros ochos baúles, cosa lamentable para el conocimiento universal de las Ciencias Naturales.

Así, en el Paraguay se quedará definitivamente y desarrollará su importante actividad científica, que le dará extraordinario renombre en el mundo de las ciencias, desde su poco conocido país de adopción. Sus estudios e investigaciones serán innumerables.

 

POETA DE LA NATURALEZA

 

La verdad es que Moisés Bertoni quedó cautivado por la naturaleza del Paraguay. Lo atrapó su prodigioso mundo físico, sus montes y serranías. Le causó asombro y admiración. Lo hipnotizó como hipnotiza a todos los hijos del país. Por eso, jamás el paraguayo podrá olvidar la poderosa belleza de su país, tras haberla conocido y disfrutado de sus hermosuras naturales y de la sinceridad universal de sus hijos. Lo llevará en el alma como una sensación inapagable o como un llamado inevitable. Como algo sutil, quemante y permanente. O cual un trueno tonante y formidable.

Tal es lo que sucedió con Moisés S. Bertoni. Fue un prisionero de la naturaleza vital y elemental del Paraguay, por lo que el país y su geografía lo adoptó como un amado hijo de sus entrañas, por lo que se tornó en poeta de su naturaleza.

Así, pondrá de manifiesto su admiración y hechizo en sus numerosas obras elaboradas, al mencionar estas expresiones que consignamos:

"No creo que pueda haber país cuya atmósfera sea más pura y diáfana. Las noches sobre todo son espléndidas, y la luna suele brillar con tal intensidad que puede a menudo entregarse uno a la lectura con la luz de aquélla únicamente".

"Al salir el sol, torrentes de vivísima luz invaden los valles y los montes y penetran hasta el fondo de los bosques". "La selva tropical es imponente en su conjunto, admirable en sus partes, curiosísima en sus detalles. Reina en ella a veces un silencio majestuoso, que avasalla, atrae y agrada al mismo tiempo. El canto de las aves, el zumbido de los insectos voladores y el gemido de las ramas mecidas por la brisa, vienen a romper agradablemente que ese silencio tendría de monótono; pero en el fondo es la calma".

"Esos arroyos -dice en otro lugar- y arroyitos que corren constantemente por debajo de espesa verdura, protegidos por la gran bóveda de la foresta contra los rayos del sol, saltando de piedra en piedra sobre las porfiritas del Este, o sobre los basaltos, las traquitas o los asperones antiguos del Centro, no parecen de agua, sino de fluido cristal".

Confiesa que la "foresta virgen" ejerce "una atracción invencible sobre las personas que se han acostumbrado a ella y que causa una verdadera nostalgia en muchos que como yo -dice- después de andar largos años debajo de su majestuosa bóveda después de haberse acostumbrado a sus pocas exigencias"; y en cuyo seno subraya si se lleva "una vida modesta y sana, moral y materialmente" es difícil "cargar de nuevo con el fardo de una vida más refinada, recibir con sentida gracia el yugo de numerosas y no siempre justas exigencias sociales, y acostumbrarse de nuevo a todas las pequeñas y grandes mentiras convencionales".

Se emociona igualmente ante la maravillosa belleza de los Saltos del Guairá y de Iguazú: "estas maravillas de la naturaleza", dice el sabio.

Bertoni admira a la vez la hermosura de los árboles, de las orquídeas, de los animales y de las piedras. El Chaco es para él un territorio bellísimo igual que la región del Apa y el Amambay, lleno de cerros y morros, donde en sus "alturas ofrecen selvas admirables. Y lo más admirable que tiene el país -dice Bertoni-- son sus forestas vírgenes". (Hoy tales regiones sufren deforestación increíble y criminal. El Parlamento, constituido de mediocres fantásticos y singulares, nada hace para detener ese arboricidio, que causa un daño irreparable a la naturaleza del país. Por eso, sorprende en la actualidad la inestable secuencia de lluvias interminables seguida de inacabables sequías y de vientos tempestuosos. Se une a la anarquía de la naturaleza el envenenamiento incesante de todo el territorio con insecticidas y agrotóxicos de todo tipo. Monsanto, Novartis, Zeneca, etc., son en la actualidad el desastre, los Jinetes del Apocalipsis...)

De la comarca guaireña y caazapeña expresa que su mayor riqueza radica en su "vegetación arbórea, en el efecto de sus lluvias abundantes y en sus tierras de especial fertilidad".

Bertoni llama la atención sobre "la salubridad del clima, en el cual juegan un papel importante tanto la intensidad de la luz como la composición del suelo".

También ve con deleite las comarcas de Ñeembucú con sus "esteros y lagunas" y las de Misiones con sus cerros grandes y pequeños.

Hace igualmente un inventario de las palmeras: el pindó, el karandá-i y el yatay común. Misiones -dice Bertoni- "tiene una verde alfombra todo el año" y praderas salpicadas de flores. De igual manera pasa revista a los minerales, a las diversas variedades de mármoles y basaltos, y a la tierra producida por los asperones: tanto la areno-ferro-humífera como de la simple areno-ferruginosa de los campos.

El geógrafo, botánico y científico como también el visionario no olvidaría especular sobre el inmenso potencial de las cataratas del Guairá, que podría producir práctica mente --dice- "desde algunos miles hasta algunas decenas de miles de caballos de fuerza", anticipando además que la represa podría ser "hecha en condiciones bastante económicas y seguras".

Concluye Bertoni luego de la extensa y pormenorizada descripción de las riquezas del suelo paraguayo que "la escuela de la naturaleza es la mejor". Es más, en su importante trabajo Descripción física y económica del Paraguay del 8 de julio de 1918, lanza una severa advertencia: "Que no lo olviden los paraguayos, que si una naturaleza pródiga es el más precioso de los bienes materiales, es también el más peligroso". (1)

Hay que acotar paralelamente que tras su viaje de exploración de los Saltos del Guairá, en compañía de Arnoldo Schoch y Carlos S. Barnes, remontando el río Paraná, descubre la planta que usaban los indios pulverizando las hojas secadas, como potente edulcorante, el kaa-he'e. La aclimata en la Colonia Guillermo Tell y le aplica el nombre científico de "Stevia Rebaudiana", el del químico Rebaudi que lo examinó, agregándose posteriormente el nombre de su descubridor Bertoni. Las propiedades de la hierba reemplazan al azúcar y "además -dice Bertoni- sirve para múltiples males" y "para la reducción del peso del cuerpo humano".

(1) Paradójicamente miles de paraguayos huyen del país por razones económicas, sin poder disfrutar de la naturaleza de su tierra natal. Es que el estado de pobreza y el ejército inmenso de desocupados, han provocado el éxodo de los latinoamericanos hacia países europeos, y en especial hacia España, a donde han partido los paraguayos en forma masiva. Increíblemente, antes América acogía a los europeos; hoy, los europeos recogen a los desvalidos hijos del continente americano.

 

 

DINÁMICO INVESTIGADOR

 

En plena selva Bertoni crea un Museo de Historia Natural con 40.000 piezas diferentes, con su sección ornitológica, colección de insectos, peces, batracios, reptiles y mamíferos, materiales mineralógicos y además con una "sección arqueológica y paleontológica constituida por muestras de cosas usadas por los guaraníes (pipas de piedras, hachas, puntas de flechas de piedra y cristal de cuarzo, grandes aros de cuarzo, algunos ídolos de piedra y madera, urnas funerarias, a las que se agregaban muchos tejidos y trenzados, de vistosos colores). Contaba complementariamente el Museo con un observatorio meteorológico y con una imprenta a la que le puso el nombre de "Ex-Sylvis", que quiere decir: desde el interior de la selva.

 

Una disposición absurda y retrógrada impide que el sabio que había organizado su trabajo productivo agrícola-ganadero para solventar su actividad y su investigación, que provenía del gobierno de turno y que disponía que solamente las embarcaciones paraguayas debían transportar en adelante los productos, cosa que hasta ese momento lo hacían los buques argentinos. La medida arbitraria produjo el práctico aislamiento de la zona, que representó la ruina económica para Puerto Bertoni.

Hay que decir que la presencia de Bertoni en congresos científicos fue constante, es decir, asistió a casi todos los celebrados en Sudamérica en el primer cuarto del siglo XX. Por lo demás, Bertoni, hombre desinteresado y de honestidad indudable, desechó constantemente varias ofertas tentadoras por no apartarse de su tarea científica, referente a la civilización guaraní, pese a las necesidades económicas que tenía su familia. La hecha para asumir una cátedra de Zoología en la Universidad de Córdoba, como la que le hiciera el gobernador de Misiones, Argentina, ofreciéndole un cargo bien rentado para organizar un Museo de Ciencias Naturales.

El deceso del sabio se produciría de manera inesperada en octubre de 1929 en Foz de Iguazú. Su féretro fue trasladado a Puerto Bertoni, donde descansa desde entonces bajo unos frondosos árboles. Fue cuando Rodolfo Ritter, investigador y pensador social, calificaría su muerte, como de "vida caracterizada y parecida a una de las antorchas más luminosas que hayan iluminado nuestro Continente", y además de ser "una de las más altas conciencias" que tuvo el Paraguay.

 

MOISÉS BERTONI, EL SOÑADOR UTÓPICO DE LA RENOVACIÓN SOCIAL 

 

Su decisión de establecerse en América se debió al consejo de Eliseo Reclus (1830-1905), geógrafo de valor e impenitente trotamundos, que había colaborado con los revolucionarios de la Comuna de París de 1871. Hay que destacar que los Reclus eran cuatro: todos revolucionarios y científicos. Elías (1827-1904), antropólogo y bibliotecario de la Comuna de París; Eliseo, el geógrafo; Onésimo, geógrafo y naturalista (1837-1916) y Pablo, médico, miembro de la Academia de Medicina de París.

Bertoni lo había conocido a Reclus tras su expulsión por su actividad revolucionaria en Clarens del Cantón de Vaud (Suiza). Éste le había sugerido que podría dar forma a sus ideas sociales con la fundación de una Colonia o falansterio en América. Le indica específicamente algún lugar de Venezuela o el territorio de Misiones de la Argentina, países que había logrado conocer el geógrafo.

Hay que mencionar que la Comuna de París producida el 18 de marzo de 1871, posibilitó que los proletarios tomaran el poder. La misma suprime de inmediato el ejército y la policía (dos grandes fuentes de gastos) y se hace cargo de todos los talleres y las fábricas. Las medidas financieras fueron notables por su moderación. Tras 72 días de duración, precisamente el 28 de mayo del citado año, cae el último bastión revolucionario, por no contar con la alianza de los campesinos.

La Comuna hace cosas increíbles y necesarias: los pobres recuperan sus enseres empeñados en el Monte Piedad; aplaza el pago de los alquileres; impone la enseñanza gratuita y obligatoria; crea guarderías infantiles y jardines de infantes.

Adolfo Thiers (1797-1877), político, historiador y Presidente del destituido gobierno de la República, tras su derrota en guerra con Alemania, calificado ya en 1830 por su colega parlamentario M. Beslay de "maestro de pequeñas granujadas, lleno de prejuicios de clase en lugar de ideas, con una vida privada infame", logra con Bismarck que liberara a 100.000 soldados prisioneros franceses y aniquila la revolución. El día 27 de mayo, día de la derrota revolucionaria que había recibido la ayuda de 100.000 mujeres obreras, ante el Muro de los Federados son masacrados 30.000 comuneros y 40.000 son arrojados a las prisiones. La crueldad de los represores es inaudita. Posteriormente Eca de Queiroz -representante por entonces de Portugal en Francia- lo recreará de manera magistral e inolvidable, con la misma pluma que fecundó la historia de El primo Basilio.

Todo ese recuerdo aún no lejano de lucha traía tras de sí Moisés Santiago Bertoni y que lo acompañó, al parecer, toda la vida. Recuerdo doloroso que indudablemente motivó su emigración a América, donde esperaba materializar sus ensueños científicos y revolucionarios, de manera distinta.

La mayoría de los que se ocuparon de comentar la vida de Moisés pasaron por alto estas circunstancias, destacando su actividad meramente científica, con proyecciones exóticas y sonámbulas, como de quien hace de sus estudios una obsesión. De esa manera, Bertoni fue presentado por casi toda una legión de ensayistas de premeditada ceguera o de aberrado sectarismo, como un científico específicamente abstraído por sus trabajos de investigación.

Revelador indudable de sus convicciones revolucionarias es el contenido de la carta cursada por Moisés a su mujer Eugenia Rosseti, el 14 de febrero de 1882, dos años antes de trasladarse a América, al manifestarle en lo sustantivo lo siguiente: "Partiremos a una supuesta patria. Desdeñaremos una sociedad a la cual sólo las bombas sabrán curar. Una sociedad que se burla de nuestras ideas humanitarias y que nos ofrece su inmundo pan, al precio de la humillación y del embrutecimiento...". "Prende a tu corazón la suerte de tus conciudadanos y de la humanidad...". "Mis ideas sobre las cuales seré siempre de la más absoluta intransigencia". A poco se declara decidido socialista, al manifestar su clara posición; "De nuestro sentimiento por tener que alejarnos, debemos quedar indiferentes, porque para una socialista: ¿qué verdadera patria puede existir, fuera de la tierra? ¿Qué otro patriotismo fuera de aquel que abraza a la humanidad entera?".

Sus nietos Jesús Elías Bertoni y María Alida Peche concluirían convincentemente -y me acojo a una larga cita- tras el examen de la carta mencionada: "Luego de leer esta carta no podemos ya preguntarnos qué lo movió a dejar su patria, su familia, su posición social, centros culturales de fama. En ella encontramos hacia dónde se dirige su vocación científica, cuáles fueron sus ideas políticas, cuál su desinterés material y sobre todo la comunión absoluta de la pareja para la concreción de sus aspiraciones".

Y continúan diciendo sus nietos: "La decisión de establecerse en América se debió a su deseo de fundar en tierra virgen de toda idea política e influencia cultural europea, una colonia en la cual este visionario pudiera ejercitar sus dos grandes vocaciones: las ciencias naturales y las ideas de igualdad y justicia social para todos los hombres".

Bertoni no era un mero teórico, pues era hombre de convicciones prácticas, al efectivizar su pensamiento en lo práctico. Por eso era solidario y afectuoso con el semejante. Admiraba -por ejemplo- la ayuda de los nativos en su colonia en la lucha contra la naturaleza tan recia y tan hostil, con 48 grados al sol. El trato que prodigaba a su peón Polí lo pinta de cuerpo entero. Un día don Moisés le expresa a éste, con absoluta sinceridad: "Más que sirviente, yo he encontrado en ti a un compañero, un amigo... La gratitud que te debo es mucha, esta cabaña y cuanto poseo es tuyo y mío".

La crítica mezquina y conservadora -que predomina en gran medida en nuestro medio y que oculta posiciones de avanzada- calló aviesamente todo lo referente a este aspecto de la personalidad de Bertoni. Es la misma postura que asumiera en su momento con el maestro Delfín Chamorro y con el pensador y periodista Blas Garay e historiador además, por sus convicciones de tinte no paralíticos y conservadores. Es que todos ellos habían asumido posiciones de vanguardia en un país de escasa evolución cívica e ideológica. País de ideas viejas y perimidas, de yerta apertura hacia las ideas innovadoras. Es por ese motivo que seguimos soportando la asfixia medieval, que expelería un calabozo de pocos metros.

Todo hace pensar que la transmisión del pensamiento solidario y revolucionario de Reclus, habría calado hondamente en la clara humanidad de Moisés Bertoni. Más aún los patéticos recuerdos recreados por Reclus de los acontecimientos de la Comuna de París, clausurada por una represión de características increíbles.

Así, muchos destacaron la actividad científica e investigadora de Bertoni, mas hicieron mutis sobre su ponderable esfuerzo desinteresado, fruto de sus convicciones solidarias y humanitarias, al sustraerse de todo interés mezquino y egoísta. Su desinterés lo acorazó de un sentido de sincera humanidad, del estoicismo del sabio y de admirable patriotismo. Y sin haber nacido aquí, Moisés Santiago Bertoni fue uno de los más grandes americanos de todos los tiempos y un paraguayo de verdad. En pocas palabras: ¡un portalero de la aurora y un quijote de la ciencia!

Por eso apostillé tras el título del artículo con la expresión cabal y sincera de Manuel González Prada: "Romper con el pacto infame de hablar a media voz". O arrebozarme con el claro decir de Cervantes, que en algún lugar del Quijote dejó dicho: "Hacer lo que no se excusa".

 

FUENTES:

*. EL VIGÍA DE LA SELVA DE MARÍA ELIDA PECHE DE BERTONI Y JESÚS ELÍAS BERTONI. Sin consignación de Editorial ni fecha de impresión. Posiblemente en 1984. Posadas (Argentina).

* PÁGINAS LIBRES DE MANUEL GONZÁLEZ PRADA, Ediciones Peisa, Lima, Perú, sin fecha de impresión.

*. HISTORIA CONTEMPORÁNEA, F.M. Jvostov y L.I. Zubok, Edit. Futuro, 1959, B. Aires.

*. EDMUNDO DE AMICÍS: EN EL OCÉANO, CLERICI Y OTROS. Edit. 1898. B. Aires. Lambaré, 3 de marzo de 2003.

 

Fuente del documento: REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY

IV ÉPOCA – Nº 19 – NOVIEMBRE 2010

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