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VÍCTOR-JACINTO FLECHA


  COSMOVISIÓN Y PRÁCTICA MIGRATORIA GUARANÍ EN LA SOCIEDAD PARAGUAYA ACTUAL - Ensayo de VÍCTOR-JACINTO FLECHA - Noviembre 2013


COSMOVISIÓN Y PRÁCTICA MIGRATORIA GUARANÍ EN LA SOCIEDAD PARAGUAYA ACTUAL - Ensayo de VÍCTOR-JACINTO FLECHA - Noviembre 2013

COSMOVISIÓN Y PRÁCTICA MIGRATORIA GUARANÍ EN LA SOCIEDAD PARAGUAYA ACTUAL

 

Ensayo de VÍCTOR-JACINTO FLECHA


A principios de este siglo XXI, nuevamente se dio, una masiva emigración de paraguayos, esta vez allende al mar, a España. Se habla en informes no oficiales de una cantidad aproximada de 350.000 paraguayos, en un espacio de 4 años, teniendo como dato que el grueso de la emigración fue entre los años 2006/2007, concentrándose, especialmente, en Madrid, Málaga y Barcelona. Según informaciones de organizaciones de la colectividad paraguaya en España, un alto porcentaje de esta emigración está compuesta por profesionales y de nivel medio de educación, aun cuando, es digno de anotar que un grupo importante, sobre todo mujeres, trabajan en el servicio doméstico y los hombres en tareas de la construcción.

La forma compulsiva de esta emigración de paraguayos a España, que como una fiebre recorrió, especialmente en el sector de la clase media paraguaya, aunque sectores más populares no se obvia, con un costo cercano a 10 mil dólares americanos (pasaje ida y vuelta, reserva de hotel por lo menos diez días, solicitud de tarjeta bancaria de crédito o una cantidad equis en efectivo, etc.) llama poderosamente la atención. Por primera vez que se dio una emigración tan masiva y concentrada en el tiempo a un país tan lejano, que de por sí supone un esfuerzo económico y personal grande. ¿Qué fue lo que impulsó a las personas a convertir a España en la tierra de la satisfacción plena? ¿Era una búsqueda al infinito de la solución de todos sus problemas personales? La imagen casi real de los sueños revelados de una España como una isla de la fortuna donde todo abundaba fue corriendo de boca en boca, de pueblo a pueblo. La oficina de identificaciones, institución que otorga la cédula de identidad y el pasaporte para viajes al exterior, no daba abasto. La gente formaba fila desde la noche anterior en la posibilidad de que el día siguiente tenga la suerte de ser atendida. Hay personas que lograron ingresar su solicitud en tres días de espera, día y noche, a pesar que la dirección de identificaciones en Asunción, aumentó a 20 ventanillas la atención para la solicitud del pasaporte. El fenómeno en sí, despertó la atención de las agencias de viajes que vieron en ello una fuente segura de ganancia. Las agencias, ellas solas o en sociedad con financieras abrieron programas especiales de financiamiento de esos viajes, tomando inmuebles como garantía. La deuda era mucho menor que el valor de las propiedades, con un muy alto interés y condiciones leoninas, pero eran aceptadas por la gente, ante la total certeza de que llegando a España fluiría el dinero con el que pagarían esos préstamos. Según testimonios, publicados por la prensa, mucha gente llegó a perder sus casas construidas durante años con mucho sacrificio. Pero la idea fuerza de esta apocalíptica emigración era la traslación hacia el mundo de la felicidad.

En los últimos 50 años se han procesado hechos parecidos a la emigración arriba indicada. En la década de los años ’60 más del 80 % de la población del municipio de Caraguatay emigró en un lapso de 2 años a la ciudad de Nueva York y sus alrededores. Fue como si un azogue persiguiera los pies de los emigrantes que en masa fueron atraídos por el otro lugar desconocido pero con la certeza de que era el sitio de la felicidad. Hasta tal punto fue esta emigración que la Administración norteamericana dejó de expedir visas de entrada a los EE.UU. a los ciudadanos del pueblo paraguayo, Caraguatay.

También en los años 1974/75 se dio otra emigración masiva, interna, de jóvenes campesinos a Ciudad del Este (Paraguay), cercana a la construcción de la Represa Hidroeléctrica de Itaipú (la más grande del mundo en esa época). Aun cuando la demanda de mano de obra no sobrepasaba los 10.000 trabajadores y cuyo cupo ya estaba lleno, los jóvenes de todos los pueblos abandonaban familias, amigos, seguridad para emigrar a una ciudad desconocida en la perspectiva que allí encontrarían bienestar y facilidad en la vida.

Nuestra hipótesis para esta comunicación es que estas emigraciones masivas, coincidentes en el tiempo y espacio, no tiene una causalidad notoria de catástrofe social o económica sino que se manifiesta como una cuestión mística, una atmosfera de contagio colectivo que obliga a la gente a abandonar la seguridad de sus hogares, dejar sus hijos, sus familiares, sus amigos e inclusive dejar empleos de acorde a su formación y capacidad y empeñar sus propias casas para dirigirse hacia lo desconocido pero seguros de hallar en ese sitio la felicidad y la solución de todos sus problemas, sean de la laya que fuere, no tiene nada que ver con la tradicional emigración paraguaya al exterior sino una causal mucho más profunda, originada en el sustrato de la conformación de la sociedad paraguaya, la cultura guaraní, en su manifestación de la búsqueda del yvymarãey (la tierra sin males).

 

LA CULTURA GUARANÍ

El mundo guaraní se extendía en un territorio que hoy abarca el Paraguay, parte del Brasil, Bolivia, Argentina, y Uruguay. Unos 350.000 kilómetros cuadrados, y una población, calculada por Clastres de 1.500.000 habitantes.

La cultura guaraní es neolítica, su sustento estaba basado en la caza, la pesca, la recolección de frutos, y en menor medida cultivadores, generalmente ocupación de mujeres, con pequeña producción de subsistencia.

Los “cultivadores neolíticos practican también una cultura depredadora pues emplean el método de la roza, un método que no permite el cultivo eficiente por más de dos años. Luego de dos años la roza ya no dará resultados y habrá que cambiar el rozadera” .

Lo que hace que permanente migren en búsqueda de nueva tierra de cultivo. Es decir los guaraníes fueron semi nómadas, muy pocos afectos a la vida sedentaria.

Pero además de estas migraciones constantes en búsqueda de la buena tierra existió otra forma de migración, la mítica, en la busca de Yvymãraey (la tierra sin mal).

De tanto en tanto, sin una razón aparente, comenzaba una urgencia de la búsqueda de la tierra sin mal, impulsada por Karaí, el superior o más respetado o temido Chaman, único que era bien recibido en todas las tribus de la región guaraní, mismas en aquellas que se consideraban enemigas, a pesar de pertenecer a la misma nación, con el mismo idioma y cultura.

El Karaí, como el único chaman que interpretaba los signos del futuro y seguro guía para llegar a la tierra sin mal, recorría los pueblos guaraníes y anunciaba, con el don de la palabra del que era propietario, la hora de la búsqueda de la tierra sin mal, sitio donde la abundancia de alimentos, de la buena tierra, donde no se muere, donde son satisfechos todos los deseos, las aspiraciones, sitio sin problemas, con aura de felicidad.

Existen diferencias en cuanto a la definición de la tierra sin mal, de acuerdo a las tribus; en algunas culturas ni siquiera se trabajaría, sino las propias flechas cazarían a los animales, y se tendría una reposición automática de los frutos de la naturaleza, y en otros casos, la tierra sería tan buena que el trabajo daría gran resultado. También existe diferencia en cuanto al sitio donde se encuentra la tierra sin mal. Para algunas tribus la tierra sin mal está ubicada detrás del océano Atlántico para otras en una isla dentro del mar, lo cierto es que para la mayoría se llega al paraíso a través de una transportación mágica, gracias a las danzas y los cantos que van entonando mientras bailan dirigiéndose en búsqueda del mar.

Centenares de personas danzaban cantando para llegar al estado de purificación, a la liviandad necesaria que les permitiera la traslación de sus cuerpos al yvymãeraey. Así andaban por los caminos de la selva, quedando atrás los villajes, los parientes, solo la certeza de que llegarían a la tierra sin mal los mantenía con fuerza para seguir danzando y cantando día y noche hasta que encontraran el camino que los conduciría a la magnificencia de la tierra anhelada.

 

LA CULTURA PARAGUAYA Y LA CULTURA GUARANÍ, UNA CONDENSACIÓN.

Prestigiosos estudiosos de la antropología guaraní (Bartomeu Meliá, Branislava Süsnik, Héléne Clastres, entre otros) concluyen que la sociedad paraguaya tiene su origen y continuidad en la nación guaraní, antiguos habitantes del Paraguay.

En 1537, los conquistadores españoles vencen a los Kario (tribu perteneciente a la nación guaraní) y fundan el fuerte de Asunción, que será la avanzada para la conquista territorial hacían el centro del continente. Los guaraníes, ante la derrota, de acuerdo a su cultura, ofrecen como alianza de paz, a sus jóvenes mujeres, quienes vinculan al vencedor con el vencido en una parentela en que se ofrecen mutuo socorro. Los españoles, carentes de mujeres, aceptan, primero como regalo a estas mujeres y aceptan el pacto en que los hombres guaraníes, como “cuñados” ayudarían a los españoles, no solo a construir el fuerte y las casas de los mismos y los españoles ayudaran a los guaraníes contra las tribus enemigas. El pacto funcionó, en los primeros años, cuando los guaraníes, grandes guerreros, acompañaban a los españoles en la conquista territorial e inclusive en atravesar el gran territorio Chaco, semiárido y poblado por tribus belicosas, hasta llegar hasta los contrafuertes andinos, donde se enteraron que otros españoles ya habían conquistado el “territorio del oro”.

La no existencia de minas de oro en el territorio paraguayo, obliga a los españoles a organizar el sistema colonial sobre la base de la explotación de la tierra y de los indígenas. Organizan la repartición de tierras en grandes fundos, y las pueblan con mujeres-concubinas, ya que de acuerdo a la cultura guaraní, son las cultivadoras de la tierra. Entonces no solo necesitaban de ellas para satisfacer sus necesidades sexuales sino como fuerza de trabajo, entonces comenzaron las razias para secuestrar mujeres de las tribus guaraníes. La enorme cantidad de mujeres raptadas en estas razias minó la estructura de la sociedad guaraní y los fue debilitando. En contrario convirtió la sociedad de hombres españoles en el “Paraíso de Mahoma”, como lo calificó un cura benedictino, ante el escándalo de la posesión de doscientas o trescientas mujeres por cada conquistador español.

El mestizaje entre las indias y los españoles no se hizo esperar. Surgió así una primera generación de criollos que debido a su generalización no manifiesta el problema racial como conflictivo y traumatizante como sucedió en otros lugares. Así surge un hecho capital dentro de la conformación de la sociedad colonial: el mestizaje. En 1595 el Virrey del Perú reconoció que los hijos y sus descendientes, habidos entre indias y españoles sean considerados españoles y herederos de las potestades de sus padres.

Por otro lado se constituye en forma compulsiva, por parte del poder, la conformación de los pueblos de indios. Los mismos solucionarían los problemas con que enfrentaban, ya por entonces, los españoles debido a la enorme extensión del territorio conquistado que les inhibía un control más estricto del contingente humano y un uso más racional de esa fuerza de trabajo. Es decir que por un lado, con esta medida se dificultaban las sublevaciones indígenas y por el otro, la concentración de la mano de obra cerca de las tierras de los encomenderos.

A los pocos años esta política, sumada al aislamiento de la metrópolis, dio como resultado que la población de la misma estuviera estructurada sobre la base del mestizaje en el plano social. Los españoles adoptaron el comportamiento y el estilo de vida indígena, inclusive en sus hábitos de poligamia. La costumbre del amancebamiento masivo del español con las indígenas les daba el servicio personal de los parientes de las mujeres (sobre la base del “pacto”) constituyéndose en la base de la unidad económica y social de los conquistadores y actuando al mismo tiempo como un elemento de desintegración de las primitivas comunidades guaraníes.

El poder español fue en cierta manera el artífice de la nueva estructura social y su éxito dependió de la capacidad para redefinir antiguas formas de producción (utilización de la mano de obra femenina en la agricultura y en el desmonte, la caza, la pesca y la guerra a los hombres), organizar y legitimar, mediante la fuerza, las nuevas modalidades de explotación nacidas de la conquista. Si bien el “pacto” funcionaba como elemento de mediación en las relaciones entre el indígena y el español no siempre fue suficiente como para no ser utilizada la fuerza. Pero por otro lado, al parecer tampoco los españoles necesitaron redefinir otras costumbres culturales indígenas como elemento consensual de adoctrinamiento, como lo harían posteriormente los jesuitas. Presumiblemente porque toda reformulación de ancestrales manifestaciones culturales, si bien a la larga pudiera cumplir su cometido de reemplazar la vieja visión de mundo por una nueva que favoreciera a la dominación, en el corto tiempo también pudiera fortalecer la unidad grupal que los españoles quisieran destruir.

Como existían muchas tribus guaraníes fuera del sistema colonial, el Rey de España, a pedido del primer Gobernador español criollo (hijo de indígena y español) Hernando Arias de Saavedra, acordó a la compañía de Jesús, emprender la conquista espiritual de los indios guaraníes. A los jesuitas se le fue otorgado un territorio bastante extenso, que hoy forma parte del Paraguay, Brasil y Uruguay, donde crearon las misiones jesuíticas, compuesta de 33 pueblos, donde solo el Papa y el Rey tenían autoridad para ingresar. Apartaron a los indígenas, una población cercana a las 200 mil personas, de todo contacto con el español y la única lengua corriente era el guaraní. Los mismos sacerdotes jesuitas aprendieron el guaraní, estudiaron su gramática y la volvieron una lengua escrita. Durante un siglo y medio duró el “reinado jesuita”. En 1768, fueron expulsados, quedando el territorio de las misiones a cargo de autoridad civil española. El sistema creado por los jesuitas prontamente fue minado por asentamientos de españoles en sus ciudades y territorios y los indios fueron emigrando hacia poblados españoles e inclusive hacia Buenos Aires, a ejercer sus profesiones artesanales.

En 1848, el presidente paraguayo Carlos Antonio López, decreta la extinción de los pueblos de indios, incluidos los pueblos jesuíticos. Les concedió la ciudadanía, pero les expropió de todas las tierras comunales. Una especie de acumulación originaria capitalista. Esta medida no hizo más que reconocer la paridad racial y cultural del paraguayo.

La guerra de la Triple Alianza, Brasil, Argentina y Uruguay, contra el Paraguay terminó, en la defensa total, a la conjunción de la sociedad paraguaya.

Aún hoy, además de la lengua guaraní que es universal en el Paraguay, que hasta 1950 había más paraguayos guaraní parlante que español, la cultura popular paraguaya es una cultura basada en la tradición guaraní invadida de alguna forma, alguna veces como ropaje, de una esencialidad guaraní, misma la religión cristiana.

 

EL PARAGUAY Y LA EMIGRACIÓN.

El Paraguay ha sido en toda su historia un pueblo que ha migrado en forma casi permanente. Ya el gobernador español Lázaro de Ribera, un poco antes de la Independencia, en 1808, en un memorial al Virrey del Río de la Plata, Santiago Linier, decía “Vuestra excelencia en sus dilatados viajes habrá observado en todas partes paraguayos fugitivos de su provincia...”. En el siglo XX se escribieron numerosas obras o estudios cuyo centro de preocupación era la migración paraguaya al exterior. Andrés Flores Colombino, a fines de la década del 60, decía en un estudio sobre la Reseña Histórica de la Migración paraguaya que el “El Fenómeno de la dispersión del pueblo paraguayo por los países del continente es considerado actualmente como una de las anomalías más notables y uno de los problemas capitales del Paraguay”.

Al analizar esta emigración paraguaya encontramos diferentes oleadas, épocas, destinos, y posibles causales, también diferentes. A principios de la independencia con la instalación de la dictadura perpetua de Gaspar de Francia (1816-1840) se cerraron las fronteras y nadie podía ingresar ni salir sin un permiso especial del dictador. Entre 1840 hasta 1870 la emigración estuvo compuesta por familiares “pudientes”, normalmente no adeptos al gobierno de esa época, y jóvenes estudiantes, que viajaban para estudiar en el extranjero, algunos inclusive becados por el Gobierno.

Entre 1864 y 1870 Paraguay se batió en una guerra, llamada de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay), en la que se perdió las dos terceras partes de la población, constituyéndose en la primera guerra de exterminio en la historia contemporánea. La pobreza y el hambre impulsaron a una emigración hacia tierras fronterizas argentinas. Hacia fines del siglo XIX, además de la emigración transitoria de carácter político existía también una emigración conocida como golondrina. Trabadores rurales emigrando a países de la región, sobretodo argentina y el Brasil, en las zonas fronterizas. Migrantes estacionales para cultivo o recolección de algodón y otros productos. Este tipo de emigración fue la forma dominante de emigración sin que ello no suponga también la existencia de una emigración más permanente, sobretodo clases medias altas.

La guerra del Chaco (1932-1935) que dio origen a la emergencia de los militares en el poder político de la República (1936), inaugurando la época de las dictaduras militares (1936 -1989) cambiará el sentido de las emigraciones colectivas. El exilio político, sin retorno, algunos hasta el final de la dictadura militar (1989) será una constante. Cada crisis política tendrá como contrapartida una oleada de emigración. Así, después de la guerra civil de 1947 más de 400.000 personas emigraron, en su mayoría hombres, de una población cercana al millón de habitantes, ganaron territorio extranjero para huir de la violencia estatal y paraestatal. Flores Colombino (…) calcula que desde 1957 a 1969 se ha trasladado al exterior más de la mitad de los que en décadas anteriores han emigrado de forma permanente. Con la maquinización de los cultivos se agotó el sistema de la migración golondrina. Desde la década del 1970 hasta en la actualidad la emigración paraguaya sigue vigente.

 

EL PROBLEMA DE EMIGRACIÓN

A pesar de los diferentes estudios que abarcaron diversos aspectos, épocas, hasta el presente no existe una lectura comprensiva general de la problemática. La mayoría de los análisis desembocan como causales de la emigración a la cuestión económica o política, o ambas a la vez, sin cuestionarse si pudiera existir una cuestión cultural subyacente que estuviera en la base del apego del paraguayo, en términos generales, a emigrar. Aun cuando algunos estudiosos como Eligió Ayala (Migraciones, Berna 1915) hablaba de una “sugestión colectiva inconsciente, patológica”, o Genero Romero, quien decía en 1927, que “la emigración es un fenómeno en que los unos arrastran a los otros” que si bien apuntaban, de alguna forma, a explicar la evidente internalización del proceso de migración como “una forma viable de respuesta para superar las circunstancias desfavorables a que se sienten expuestos continuadamente”.(Rivarola, 1967), pero sigue siendo parcial al no incluir un elemento fundamental para nosotros, el aspecto de herencia o tradición cultural conformante de la sociedad paraguaya.

La hipótesis para esta comunicación está basada en que la cosmovisión de la sociedad paraguaya es la continuidad, en muchos de sus aspectos esenciales, de la cultura guaraní. Que el fenómeno de la emigración, además de los elementos económicos, sociales y políticos, está consubstanciado en la misma cosmovisión y práctica de la sociedad paraguaya proveniente de sus antepasados guaraníes, de eternos migrantes, la búsqueda de nuevos sitios. Ováováhojekavopo’á (mudarse, mudarse buscando la suerte).

Pero, como hemos anotado, existe diferencia entre la emigración “normal” sostenida en el tiempo, cuyos destinos privilegiados son la Argentina, especialmente Buenos Aires o el Brasil, especialmente San Pablo, con el fenómeno de emigración de traslado masivo, alentado por una urgencia de desapego, de desesperación por llegar a un sitio en donde solo existe la abundancia, la felicidad, el bienestar. Como empujados unos a otros, como una sicosis colectiva, los emigrados llenan aviones y parten con la certeza de llegar al paraíso prometido. Esta situación tiene demasiada semejanza con las emigraciones guaraníes en la búsqueda del yvymarãey de los guaraníes.

Aun cuando no existen estudios a profundidad del tema, que nos garanticen cierta certeza de lo aquí afirmado, un análisis de observación, puede acercarnos a la posible semejanza entre las antiguas costumbres ancestrales guaraníes de la búsqueda de la tierra sin mal con las actuales migraciones de paraguayos a España.

La noticia de la existencia del paraíso a las personas, imarandu (recibe la información, accede al conocimiento), es través de la radio so’o (comunicación interpersonal) que se esparce por todo el país. Todas ellas, como la voz del chaman, se refieren al mundo de la abundancia, de la riqueza fácil, del bienestar seguro. La distancia para el acceso es inconmensurable, solo el sacrificio puede posibilitar llegar a ella. Ya no se danza, como los guaraníes, pero se ofrece el fruto de su trabajo de vida, se entrega la casa, se renuncia a un trabajo seguro de más diez años, por lo que recibe alguna indemnización por los años trabajados, se renuncia a los hijos, abandona todo a cambio de ser transportado.

Lo más llamativo es que el porcentaje mayor de los emigrados sean mujeres, que abandonan maridos, hijos, casas. Existe tal seguridad en el sueño, que están seguras de que pronto nadarán en la abundancia y que podrán resarcir esa ausencia con el envío de transferencias monetarias, no solo para honrar las deudas asumidas, antes de viajar, sino de ayuda muy importante al gasto familiar.

Aun cuando han comprobado, que la situación en España, no es como lo habían anoticiado, aun cuando la derrota les obliga a un regreso, siempre y cuando puedan lograr el monto del valor de su viaje de retorno, aun así siguen pensando que en una próxima vez les irá mejor y la idea del paraíso no se diluye. A igual que sus ancestros guaraníes, que en el proceso de danza, caen vencidos por el cansancio, antes de llegar a la liviandad necesaria para ser transportados a la tierra sin males, yvymarã, siguen con la seguridad de que muy poco les faltó para llegar al tránsito hacia la tierra sin mal y piensan que en una próxima vez tendrán mayor suerte. El mito de la tierra sin mal, pareciera sigue vigente en el substrato de la cultura paraguaya actual, como muchos de otros elementos culturales con el que el paraguayo mira el mundo.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Clastres, Pierre. La societécontre el l’etat, Colection critique, Les Editions de Minuit, París 1982.

2. Sũsnik, Branislava. El Rol de los Indígenas en la Formación y en la Vivencia del Paraguay, Internacional Editora, Asunción 2011, pág.21.

3. Rivarola, Domingo. Aspectos de la Migración Paraguaya, Centro de Estudios Antropológicos, Asunción, 1967.

4. Ruy Díaz de Guzmán, (1554-1629) primer historiador criollo, en su libro “La Argentina” (1612), Editorial Emecé, Buenos Aires, 1998

5. Flores Colombino, Andrés. “Reseña histórica de la

Migración Paraguaya”, Revista Paraguaya de Sociología 4 N° 8-9, Asunción 1967.

6. Schmidl, Ulrico, Viaje al Río de la Plata, (primera edición 1567), Edit. Emecé, Buenos Aires 1942.

 

 

 

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IV ÉPOCA – N° 25 JUNIO 2013

Editorial SERVILIBRO

Dirección Editorial: VIDALIA SÁNCHEZ

Diseño de tapa: CAROLINA FALCONE ROA

Asunción – Paraguay

Noviembre 2013 (165 páginas)


 

 

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