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MIGUEL ANGEL CABALLERO FIGÚN


  LAS NIEBLAS DE LA LUZ, 1995 - Poesías de MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN


LAS NIEBLAS DE LA LUZ, 1995 - Poesías de MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN

LAS NIEBLAS DE LA LUZ

Poesías de MIGUEL ÁNGEL CABALLERO FIGÚN

Arandurã Editorial

Diseño de tapa: Julio Colombino

Asunción – Paraguay

1995 (71 páginas)

 

 

MIGUEL ANGEL CABALLERO FIGÚN

Nacido en Asunción, el 3 de febrero de 1944, emigró junto con sus padres a muy temprana edad hacia el Río de la Plata, habiendo realizado en Montevideo, Uruguay, sus estudios primarios y secundarios, más un año de preparatorio para Medicina y dos de Derecho. Realizó cursos superiores de guitarra con el maestro Abel Carlevaro, para posteriormente efectuar estudios armonía con el director de orquesta Guido Santórsola.

En esta disciplina, la música, incursionó también en instrumentos de madera, como ser la flauta dulce soprano, contralto y tenor. De regreso a su país natal, integró por breve tiempo el Conjunto Asunceno de Música Antigua, dirigido por la profesora Nelly Jiménez, habiendo dado esporádicos conciertos Asunción con dicho conjunto, o como solista de guitarra.

Antes, y en los que respecta a su actuación político-militar durante los negros años de la dictadura de Alfredo Stroessner, participó, siendo muy joven, en las guerrillas del Movimiento 14 de Mayo integrado por febreristas y liberales, desde la retaguardia, en Montevideo, Uruguay. Participa también en actividades con el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA) integrado por comunistas y febreristas de izquierda.

En 1976, y a partir del mes de abril, colabora intensamente con la Organización Político Militar (OPM), último intento guerrillero de derribar por las armas a la dictadura. En el Uruguay, tuvo activa participación en la ayuda logística que brindó al MLN (Tupamaros), durante la última época de la actuación militar del citado movimiento.

En 1977 publica su primer libro de poemas, "Del Tiempo Gris", para, en diciembre del mismo año, lanzar su segundo título, "Los Fuegos".

En 1978 por su poemario "Los Otoños", gana, en este género, el segundo o Municipal de Cultura.

Siendo director del semanario "LA REPÚBLICA", clausurado por el Alfredo Stroessner el 30 de diciembre de 1981, publica en dicho mes, y bajo el sello de la misma editorial, su cuarto volumen de poesías, "Las Márgenes del cielo".

Publica posteriormente, bajo el seudónimo de Blas de Añazco, un violento alegato político y social con el título de "Ecos del Silencio".

Jefe de redacción del Semanario Febrerista "El Pueblo", en 1978-1979 publican en este órgano político, la mayor parte de los poemas contenidos el libro anteriormente citado, bajo el mismo seudónimo, para posteriormente publicados otros, en el diario ABC Color, En abril de 1987 publica su sexto poemario; "Los Adioses"' y en diciembre de 1991 el séptimo, "De la Eternidad”

Ya en los últimos años de la dictadura organiza en radio Cháritas Asunción dos programas político culturales con frecuencia nocturna diaria Bajo presión gubernamental, radio Cháritas debe suspender primero el programa político e inmediatamente el cultural.

En "La República" se publican sus primeros fascículos sobre Historia Paraguay (época pre-colombina) y posteriormente un ensayo sobre historia política del Paraguay (período 1940 -1946).

En la Editorial "La República" ha publicado varías obras de autores paraguayos y extranjeros sobre poesía, narrativa, temas políticos, social históricos y económicos. Tiene en preparación un estudio sobre el socialismo bajo el título "Socialismo", con un análisis sobre la crisis de Europa Oriental la Guerra del Golfo Pérsico y la Cuba actual.

En febrero de 1995 participa como catedrático y como periodista en encuentro de educadores de América Latina ''Pedagogía 95” que tuvo lugar La Habana, Cuba, con la presencia de mas de cinco mil representantes de educación.

Actualmente se desempeña como profesor de Literatura y de Historia los cursos superiores de Enseñanza Secundaria en el Instituto Paraguayo Asunción, y de Periodismo y Ciencias de la Comunicación en el Colegio Luis, también de la Capital.

En el campo del periodismo, se ha desempeñado como colaborador de diarios La Tribuna, ABC Color, Hoy, El Correo Comercial y los semanarios Hoja, La Opinión y Tiempo 14. Desde su regreso de Cuba ha escrito como columnista del Diario Noticias, escribiendo actualmente en las páginas semanario "Nexo".

 

 

PRÓLOGO

Además de analizar el lenguaje, de hallar el ritmo, de encontrar las rimas y de descubrir, en definitiva, la forma ("el ornamento justo y necesario", al decir de Vicente Aleixandre), prologar un poemario conlleva un requerimiento fundamental: conocer, en lo posible, las coordenadas de la vida de su autor para obtener las claves develadoras de los símbolos que utiliza.

En el caso de Miguel Angel Caballero Figún, esas cifras de manifiestan a partir del mismo título de este conjunto de poemas, LAS NIEBLAS DE LA LUZ, del que emerge una clara antinomia que, por paradójica que parezca, señala la dicotomía en que se desenvolvieron sus vivencias en razón de su prolongada -y las más de las veces infructuosa­-luchapor un país distinto, por un país mejor, a partir de sus convicciones profundamente humanistas, aunque a esta afirmación él quiera oponer la estrictamente política, aquella de respiración socialista a la que siempre adhirió. Pero sea cual sea el aliento, es indudable que su vida transcurrió -y sigue transcurriendo- dentro de un aura de inocultable significación poética; vida crecida, madurada y templada en el largo exilio que le cupo sufrir junto a su progenitor -con su familia toda, al fin-, inmediatamente después de la lúgubre noche de 1947. De ahí deviene su voz que se yergue pletórica de signos reveladores de la obligada bifurcación de sus sueños en el curso inexorable del tiempo, palabra ésta que se convierte en el eje de muchos de los poemas, no como angustia del poeta en cuanto a la temporalidad física del hombre, sino como elemento deficitario de sus urgencias por transformar el corazón de su patria, por aprehender, al fin de cuentas, la tan ansiada cual inasible libertad que se esfuma permanentemente "en un tiempo de sombras en que se coronaban testas sin cerebro y se prendían medallas en los pechos de corazones vacíos".

Por eso sigue martillando con sus admoniciones diciendo que "hoy nos hablan de paz y libertad/ los mismos que empujaron / la patria hacia el abismo"; o para clamar, en

algunos poemas, "necesitaba el tiempo como el agua; un tiempo amanecido o el tiempo se nos va".

Y entre ese tiempo que se le mostraba veloz y moroso a la vez ve desfilar fusiles, caídos; metralla; granadas; pólvora; sangre de siglos; un tumulto de vientos encendidos; mantos de silencio; de libertad herida; sueño hecho pedazos, para culminar comprendiendo que después de todos los sueños que alentara como un diamante, que blandiera desde el acero su daga, puñal; espada, después de atravesar la luz y las brumas, el sol y la noche, se le muestra el otoño, el de su vida, como una eternidad perdida. Pero no se piense que todas estas palabras las dice en función panfletaria, porque Caballero Figún, domeñador del verbo, burilador  del lenguaje y de, sus formas, las integra con maestría a los poemas, símbolos incuestionables de su íntimo latido, donde la nostalgia tiempo pasado -y del tiempo que creyó haber perdido- recrea momentos cruciales de la experiencia del poeta, nostalgia por la que van desfilando personas y lugares que ayudaron a moldear su herida visión de la patria torturada, tanto desde afuera como desde dentro de ella.

Se puede advertir entonces que son poemas vitales los de conjunto, donde en dos versos se puede hallar al autor diciendo –como una declaración de amor eternizado-, con la misma hermosa sencillez con que trabaja la palabra: ‘’Libertad dorada /vuelvo junto a ti”.

Acaso esta fatigada expresión del poeta sea el regreso, después de azarosas bifurcaciones, a la vía única de la Esperanza, para un reencuentro feliz con la libertad para y por la Poesía.

VÍCTOR CASARTELLI –

Agosto de 1993


 

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Señoras y señores:

Hacia mediados de los años 70 -cerca de 15 o 18 años- nos reuníamos un  grupo de animadores culturales y poetas en torno a la mesa de algún boliche para conversar sobre las cosas que nos gustaban: artes plásticas, música, teatro, y sobe todo, poesía.

Recuerdo las imágnes de María Iglesias, Laterza Parodi, Ricardo Mazó.. ente los que ya partieron; y entre los de entonces y de ahora estábamos J.L.Appleyard, Nené Rauskin, Victor Casartelli, Nilsa Casariego... y a vecesFrancisco Pérez Maricevich, Manuel Arguello. En fin, una gama de notables del arte en sus diversas manifestaciones.

Por esos años de pronto se nos acercó un -todavía- joven poeta paraguayo recién llegado del exilio que, debo confesarlo, nos entusiasmó. Su fácil manera de expresarse, sus ideas, sus inquietudes, tal vez sus iniciales versos, no tardaron en convencemos que estábamos ante la presencia de un poeta que podría llegar lejos. No era frecuente, por entonces, -ni és, desgraciadamente ­hallar una voación poética cargada con tanta cultura literaria y profundidad de pensamiento. El dominio que nuestro joven vale poseía de las formas clásicas y la simple claridad y calidad de sus versos, nos hacían pensar que estábamos ante la presencia de un poeta de verdad.

Afortunadamente, luego de transcurridos algunos largos años, podemos afirmar que no nos hemos equivocado. Siete y ocho volúmenes publicados avalan mis palabras. Eran - o son- libros donde el autor al decir de León Greif, se "jugaba la vida". Porque si algo -a mi juicio- es la poesía, es eso mismo: un contínuo "jugarse la vida", un buscar los ocultos paralelos conductores de energías que nunca alcanzan la plenitud.

Algunos de los títulos fueron: Del Tiempo Gris, Los Fuegos, Los Otoños, Las Márgenes del Ciclo, Los Adioses, De la Eternidad... todos nombres sugerentes que no ocultan la fuerza avasalladora del amor ni las inquietantes ideas sociales de un talento que maduraba vertiginosamente.

El libro de ahora, bien analizado por el prologuista Victor Casartelli. LAS NIEBLAS DE LA LUZ tiene, a mi juicio, un título contradictorio. Pienso que debiera llamarse LUZ DE LAS NIEBLAS, porque mas que el testimonio de una vida signada por la desesperación que significa el destierro o impotencia ante las injusticias, es el testimonio de un guerrero que no muere porque:

 

YO MATARÉ A LA MUERTE.  NO OLVIDES. SOY UN SUEÑO

CRECIENDO DESDE EL HADES. NO MORIRÉ JAMÁS.

MI ESPADA ENSANGRENTADA LA LLEVARÁN LOS

VIENTOS,

SE ESTRELLARÁ EN LAS ROCAS. RESURGIRÁ EN EL MAR.

 

Y es, al fin de cuentas, un largo canto de esperanza que no se acaba la muerte, sino que emerge desde los abismos del corazón y se eleva hasta las altas cúpulas de las catedrales del amor.

DESPUÉS DE TI

ME BESARÁ LA MUERTE

CON SUS NIEVES PERFECTAS.

DESPUÉS DE TI

MORIRÁN LOS VERGELES AGOTADOS

SIN SAVIA, SIN FUTURO.

…………..

ESTÁS DESPUÉS DEL MÁRMOL,

DE LO ETERNO,

DE UN PEDAZO ARRANCADO DEL PASADO,

DEL SECRETO PERDIDO DE LA ESFINGE

Y DEL VERBO DE DIOS...

Obvia decir que estamos ante la presencia de un poeta hecho y derecho MIGUEL ANGEL CABALLERO FIGÚN

WILLIAM BAECKER


 

POEMA XLIX

¿Recuerdas los fusiles,

el tiempo del honor?

 

Las cigarras cantando,

la luna sobre el río

y la edad de la sangre...

 

¿Recuerdas los caídos?

 

Delirios en las sombras

salvajes como el rayo,

tu perfume de lis.

 

Y mi sangre escondida,

mi Verbo incandescente,

tu mano con la mía.

 

Mi daga florentina,

la del metal antiguo,

tus ojos y el delirio.

 

Tu voz

cálida, ausente,

mi corazón perdido.

 

Y mi fusil de sombras,

el acero en mis manos

y el fuego del olvido.

 

 

 

POEMA L

¿Hablarme del alba?
Las voces del sueño
resuenan lejanas...

 

¿Hablarme del sol?

 

¿De la noche augusta
sobre el firmamento?
¿De tu piel de brumas?

 

Te espero en silencio
desde los fusiles de un tiempo sin Dios.

 

Allí, desde el soplo de sollozos ígneos,
desde la metralla,
desde las granadas...

 

Te espero en la noche
divina princesa mojada en terror.
Fulminada nube del honor
ausente,
aún tengo una daga
y un verso de sombras…

 

Te veré algún la,
hasta nunca,
amor.

 

 

POEMA LI

Era la edad del sueño,
la de sangrientas lunas.

 

La pólvora encerraba
los mantos del silencio.

 

La luz, la luz distante...

 

Transitaban las sombras
cadáveres sin nombre.

 

La libertad herida.

El sueño hecho pedazos,
una sangre de siglos
jugando su destino.

 

Y se asustó la Muerte,..
Triunfó desde el delirio
mi acero damasquino.

 

 

POEMA LII

Hubo un tiempo de sombras,

de silencios,

de vientos encendidos.

 

La Muerte, caminaba

con calzados de lujo

y los pies del martirio

caminaban descalzos sobre el fango.

 

Se coronaban testas sin cerebro,

se prendían medallas en los pechos

de corazones vacíos.

 

La vida era tan sólo una ilusión,

la esclavitud o la tumba

el destino ineluctable.

 

Hoy nos hablan de paz y libertad

los mismos que empujaron

la Patria hacia el abismo,

 

¿Es posible escuchar su sinfonía,

su música diabólica

nacida en las tinieblas?

 

Pentagrama de claves invisibles...

El Paraguay apunta al infinito,

Volvamos a la luz,

rescatemos el sueño

y el destino.

 

 

POEMA LIII

¿Y me permites fecundar la historia,

encender el valor?

 

Los amores hipócritas

constructores de mundos que no existen,

las religiones marchitas

según la fantasía alucinante

han cambiado a los hombres

y a los pueblos.

 

Pues la fecundaré con mis palabras

que arrancan desde el fondo de la vida.

 

La historia es el amor desesperado

que no corona reyes,

no conquista.

 

La historia es el dolor,

fuego en los pueblos,

la espada de Espartaco,

su martirio.

 

Juana de Lara y su vestido blanco

enfrentando a la Muerte,

el Mariscal de acero,

sus soldados de brumas.

 

Y ya no puedo derrotar al viento,

me lleva hasta el pasado,

al Laberinto

y me empuja hacia el sol,

hacia el futuro.

 

Ya mis alas de acero

no podrán derretirse en el Orión

ni caer en los mares del olvido.

 

Te surco en el ayer como en los sueños

y te encuentro flotando en el vacío,

te busco en el silencio inextinguible,

en el otoño rojo de la historia,

al fin del tiempo mío.

 

 

 

POEMA LIV

Necesitaba el tiempo

como el agua.

No sabía cuánto tiempo.

Pero no podía,

no debía morir.

 

¿Entregar

claudicante

mi pasado?

¿Hipotecar el futuro?

 

¿Aceptar a Luzbel

guiándome los pasos

y arcángeles quemándome

con oro derretido

sangriento de cadáveres?

 

No podía entregar a mi conciencia,

mi Patria fecundante,

mi sangre y su destino.

 

 

POEMA LV

He conquistado el silencio,

la profundidad,

sus sombras.

 

Hades, mi hermano de brumas,

Poseidón ha muerto...

 

El mar

es sólo un vago recuerdo

de sirenas implacables.

 

He tocado el infinito,

vuelvo hacia el tiempo del sol.

 

 

POEMA LVI

He buscado
los relámpagos del alba,
tus otoños divinos.

 

Pensando en tu piel
rechacé diademas,
elegí el martirio.

 

Pensando en los hombres
busqué la Verdad­.

 

Recibí el silencio
y una puñalada.

 

Libertad dorada,
vuelvo junto a ti.

 

 

POEMA LVII

Sentir a Dios,

la fulminada Esfinge,
idea derrumbada.

 

Sentirte a ti,

los átomos del viento
creciendo hasta morir.

 

¿Volver?
Jamás.

 

Pasé ya el Rubicón
y he quemado mis naves.

 

Te siento en el adiós
y en el sueño perdido.

 

Mis manos aún te tocan
pero estás lejos de Dios...

 

 

POEMA LVIII

Lívido el Verbo

un mundo derrumbado

se erizó en el sueño.

 

Tembló en los surcos…

 

En los tiempos ígneos

sellóla angustia su nivel calcáreo,

su hendidura profunda.

 

Un clavel en las rocas extinguía

su ternura de eléctrica verdad.

 

En la angustia eterna

florecían los mármoles.

 

Antiguas erupciones

enterraban un manto de ilusión.

Vagó la bruma por tus ojos negros,

se estrelló en la pasión del viento nuevo...

 

Después

llegó la Eternidad, su nube roja,

sus átomos malditos.

 

La perla de tus ojos

se tiñó en los zafiros del amor.

 

Un funeral

esperaba con su rito

la soledad creciente.

 

El futuro devoraba

cadáveres y rosas,

tus manos y mi tiempo

de otoños derrumbados.

 

La primavera traía

un silbo de fantasmas.

 

Las letras en la arena

adornaban mi antigua sepultura,

la muerte dura, oculta.

 

Y tu nombre que llega

desde el espacio cósmico.

Mi sombra en el delirio,

mi espada con la luz.

 

 

 

SOFIA...

Sofía,
la del sueño,
Periquita del alba,
fantasmita prendida de un jazmín.

 

Muñeca,
otra vez mi princesita,
espérame en la nieve,
en tu jardín.

 

 

SONETO

Aún me queda mi luna idolatrada,
el tiempo del ayer, el tiempo yerto
y mi nube, mi nube derrumbada,
aquel fruto temprano, pero muerto.

 

Y me queda la nube perfumada.

y mi carmín de amor, siempre desierto.
El instinto de amar junto a la nada,
al alma que se pone en descubierto.

 

Te atraparé por siempre, en el tejido
de la solemne voz de mi latido
mi princesa abismal, ebria de gloria.

 

En tu loca pasión de labios rojos
queda sólo la arena, mis despojos
y la eterna presencia de mi historia.

 

 

SONETO XXVIII

De golpe tu presencia recobrada,
tu imantada figura sin destino,
tu esencia fecundada por la nada,
tus pasos otra vez en mi camino.

 

Y tu mano y su filo corno espada
prendida de mi puño florentino,
mis ojos divagando en tu mirada,
mi puñal y su acero damasquino.

 

Y después un adiós de golondrina
y tu imagen profana, mas divina

y una sombra cruzando entre los dos.

 

Si fecundé la nieve con mi arado
tal vez puedas volver a lo sagrado,

a aquello que no fue jamás de Dios.

 

 

 

CRISTAL DEL INFINITO

El acero templó mi fantasía

y tu imagen mi mente despiadada.

Ebrio de luz busqué la flor del día

para encontrar la noche desmayada.

 

Piedra otra vez. Celeste mediodía,

nube del sur que vuela hasta la nada.

Cristal del infinito, la poesía

loca de luz por sombras fecundada.

 

Pura ilusión prendida con un cirio,

parto maldito, llamas del delirio,

la violenta ternura de las balas.

 

Te busco en la penumbra de la Idea,

en las olas del mar, aunque no vea

al Laberinto, a Dédalo y sus alas.

 

 

POEMA DESDE MIS SOMBRAS

Para Julita

Volver al pasado,
a tus claves locas,
a un sabor antiguo.

A tus llamaradas,
a un mundo extinguido,
a aquello que fue
A tu piel,
al vuelo
de las mariposas
de plazas bohemias,
mañanas perdidas­…

A tu cabellera frenando los lentos,
a tu sinfonía, tu imposible luz.

 

CUARTETO XVIII

Yo mataré a la muerte. No olvides. Soy un sueño
creciendo desde el Hades. No moriré jamás
Mi espada ensangrentada la llevarán los vientos,
se estrellará en las rocas. Resurgirá en el mar.

 

POEMA LIX

Tu voz,
tus ojos antiguos.
Dos cigarrillos,
tus labios que sonríen
y una oculta ternura entre los dos.
Sonidos de una noche,
camino que se bifurca
en el final.

Y beso en silencio
oculto en mis sueños
tu sexo dormido.
Eres toda nieve,
clamarás por selvas.
Prometeo antiguo
robaré tu luz.

 

POEMA LX

He vuelto hasta el desierto,
al huracán de arenas,
al síndrome estrellado.

 

Busco
bañado en nubes
la esencia de la luz
y sus claves perdidas.

 

Polifemo me acecha
desde el pasado...

 

Galatea, en los sueños
me moja con el mar.
 

Regreso hacia el futuro...

 

El presente, indomable
ma baña con el viento.

 

En un pasado errante
movido por las Furias
me acaricia el silencio.

 

Luego un grito salvaje,
un tiempo mineral
creciendo hasta el delirio.

 

Y un diapasón de ébano,
seis pétalos heridos...
 

Más cerca,
la Verdad.

 

 

 

POEMA LXI

A Nené

En la balada eterna de la vida
he perdido los hilos del amor.
Los átomos antiguos
estallaron,
las fuentes del delirio
secaron sus cauces,
apagaron sus llamas­.

 

El enigma persiste...
Lentamente
maduran otros frutos,
ramas que brotan de una nueva edad.

 

La miel se escapa
desgarrando la esencia de tus labios,
los míos te persiguen en silencio,
se vuelven implacables,
te besan con ternura despiadada
a ti,
a tu soledad.

 

 

 

POEMA LXIV

Hoy
recuerdo
tus manos,
tu mirada
la esclavitud terrible del manzano,
la atómica explosión de tus destellos,
el ébano que brilla
e inmensos naranjales
creciendo junto al mar.

 

 

POEMA LXV

¿Oyes?

Canta un grillo.

Ciega está la luna.

Olores de selva

perfuman el aire.

 

Un carbón encendido

plantea a las estrellas

un duelo por alumbrar la noche.

 

Tupá lanza sus truenos siderales,

su lluvia fecundante,

sus pájaros diabólicos.

 

Muy cerca del dolor

veo tus ojos,

su infinitud, su ilógica ternura.

 

Y te dejo un diamante con mis sueños,

mi inútil mordedura

y una estrella apagada bajo el alba.

 

 

CUARTETO XIX

He vuelto a transitar tus soledades,
a mirarme en tus ojos desgarrados.
Y tu has vuelto a surcar mis tempestades
a desafiar mis vientos despiadados.

 

 

POEMA LXVII

Soy vendaval del silencio,
canto, silbo, aire y llama,
fecundidad del sonido,
parto y grito del mañana

Tumba de luces oscuras.

Te dejaré todavía
aquella rama de sueños...
¿Recuerdas?... El alma mía.


INDICE

Poema XLIX

Poema L

Poema LI

Poema LII

Poema LIII

Poema LIV

Poema LV

Poema LVI

Poema LVII

Poema LVIII

Soria .......

Soneto

Soneto XXVIII

Cristal del infinito

Poema desde mis sombras

Cuarteto XVIII

Poema LIX

Poema LX

Poema LXI

Poema LXIV

Poema LXV

Cuarteto XIX

Poema LXVII

Poema LXVIII

Tango

Vidala del amor perdido

Gonzalo

Soneto del diamante

Supongamos

Cuarteto XV

Cuarteto XVI-

Poema del infinito

Ira de Dios

Acosta-Ñú

Del espíritu

Poema de Dios

Poema de los fantasmas

Soneto

Poema LXIX

Poema sin número

Si tus ojos son

Cuarteto

Poema LXX

Poema LXXI

Poema LXXII

Poema

Cuarteto XVII

Preludio

Poema LXIV

Poema LXVI

My dream

Je réve

Je ne regrette

 

 




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