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MARTÍN M. CUBILLA ANDRADA


  MANEJO DE LA NUTRICIÓN PARA EL CULTIVO DE SOJA - Por MARTÍN M. CUBILLA ANDRADA


MANEJO DE LA NUTRICIÓN PARA EL CULTIVO DE SOJA - Por MARTÍN M. CUBILLA ANDRADA

MANEJO DE LA NUTRICIÓN PARA EL CULTIVO DE SOJA BAJO EL SISTEMA DE SIEMBRA DIRECTA

Por MARTÍN M. CUBILLA ANDRADA

Ingeniero Agrónomo M.Sc.


Introducción. Dentro de los granos producidos en nuestro país, la soja es el cultivo que ha logrado un mayor crecimiento en área sembrada y producción, representando actualmente 2.870.539 (dos millones ochocientas setenta mil quinientos treinta y nueve) hectáreas sembradas, con una producción estimada de 8.372.941 (ocho millones trescientos setenta y dos mil novecientos cuarenta y uno) toneladas de granos (Inbio-Capeco, 2011).





La soja se consolida como el cultivo de punta y se intensifican los cultivos de rotación en el plan de manejo que exige el sistema de producción conservacionista. La “soja maldita y la Patria sojera” hoy producen, desde sus inicios en los años 60, cuatrocientas veces más, incluidos los cultivos de la cadena de rotación, como el trigo, el maíz, el girasol, la canola, el sorgo, el arroz y el sésamo (Cubilla, 2011). El ingreso de divisas en concepto de exportaciones fue de 3.700 millones de dólares en la campaña 2010. Anualmente vemos que los agricultores gastan fuertes sumas de dinero para fertilizar el suelo, sin lograr resultados económicos esperados por varios factores que no terminamos de corregir, como las formulaciones inadecuadas ofrecidas por vendedores oportunistas e irresponsables, sumado a las aplicaciones de dosis inadecuadas por desconocimiento del muestreo de suelo a campo y, por falta de criterios analíticos de calibración de los análisis, con resultante de recomendaciones engañosas.

Los procedimientos de análisis son herramientas fundamentales para la elaboración del diagnóstico de la condición de la fertilidad de los suelos y de la validación del estado nutricional de los cultivos, no en tanto, deben ser utilizados de forma correcta y nunca de forma solitaria. Es necesario considerar las informaciones que dan sustentación a las interpretaciones y recomendaciones de encalado y fertilización.

La importancia del histórico de manejo de cada campo, de cada parcela, es indispensable y fundamental para el suceso de las recomendaciones del manejo de la fertilización.

En toda la interpretación de resultados de análisis de suelo y hojas, existe la necesidad de considerar que se está tratando de un sistema conformado por el suelo-planta-agua-clima. Dentro de este sistema, todos los procesos ocurren al mismo tiempo y están inter-relacionados. El resultado final, esto es, productividad con mejor relación costo beneficio, es el resultado de todo el proceso y no de un nutriente o relaciones de nutrientes, únicamente. Sin embargo, la complejidad de este asunto es utilizada para fines comerciales, sea para prestación de servicios como de productos. En la búsqueda del tan anhelado “equilibrio”, olvidamos de que el suelo es un sistema abierto y dinámico, e ignoramos los conocimientos fundamentales.

Estas consideraciones también demuestran la importancia de conocer los métodos de análisis y la importancia de los laboratorios homologuen y/o padronicen estos métodos, además de participar en sistemas de control de calidad.

Urge que la red nacional de laboratorios (Renalas) inicie un trabajo serio y eficaz en el control de calidad de los resultados analíticos, y así dar efectividad y confiabilidad a los productores y técnicos que demandan calidad en los análisis.



El manejo del suelo va mucho más allá del manejo de encalado y fertilización, pues envuelve todos los conocimientos relacionados a la ciencia del suelo. En propiedades cultivadas hace varios años y con niveles satisfactorios, la física del suelo y principalmente, la biología del suelo, asociadas a las condiciones climáticas favorables, han tenido mayor participación en el potencial productivo de una propiedad que la fertilización por sí sola; sin embargo, es de fundamental importancia conocer a fondo la nutrición de cada cultivo a ser implantado.

Requerimientos de nutrientes.

El objetivo de una fertilización es satisfacer los requerimientos de nutrientes del cultivo, en las situaciones en las cuales el suelo no puede proveerlos en su totalidad, y así aumentar los rendimientos. La Tabla 1 muestra los requerimientos de nutrientes para el cultivo de soja.



Como la necesidad de nutrientes crece en la medida que aumenta el desarrollo (y rendimiento) del cultivo, es común expresar los requerimientos por unidad de rendimiento (por ejemplo: kg de nutriente por tonelada de grano producido, así el cultivo de soja, requiere 80 kg de N, y 33 kg de K para producir una tonelada de granos).

Corrección de la acidez del suelo (encalado). La mayor parte de los suelos de la región Oriental no corregidos presentan pH entre 4,5 a 5,9. Son, por lo tanto, bastante ácidos, siendo necesario el encalado para reducir la acidez y, consecuentemente, elevar los rendimientos de los cultivos. Fatecha (2004) estima una necesidad de 1,5 a 2,6 toneladas de calcáreo por hectárea, para la región Oriental del país.

En suelos ácidos, el manejo correcto del encalado permite mejor aprovechamiento de los macronutrientes presentes en el suelo, sin comprometer los micronutrientes. Uno de los efectos benéficos del encalado en suelos ácidos, es el aumento de la disponibilidad de fósforo para las plantas, debido a los siguientes factores: a) eliminación del aluminio tóxico que causa daños a la raíz de plantas sensibles y, consecuentemente, dificulta la absorción de P y su posterior translocación para la parte área; b) aumento de la actividad microbiana, que provoca mayor mineralización del P orgánico, como también la fijación simbiótica de N aumenta notablemente (la bacteria fijadora funciona mejor en un rango de pH de 6.0-6.2. y; c) aumento da concentración de íons OH-, los cuales pueden dislocar el P adsorbido en la superficie de los minerales para la solución del suelo (Anghinoni & Bissani, 2004). Trabajos de investigación de fertilización fosfatada con encalado, mostraron que el encalado mejora el aprovechamiento del P en el cultivo de soja, con aumentos considerables de producción (Eltz et al., 1975). El encalado en el sistema de siembra directa resulta en una mayor productividad de los cultivos, no solamente por la neutralización de la acidez, sino también por el aumento de la disponibilidad de fósforo, resultante en la disminución de la adsorción de P nativo, contribuyendo para una mayor eficiencia en la fertilización fosfatada.

El objetivo principal de la realización del encalado, en suelos ácidos, es reducir la acidez a un nivel deseado, neutralizando el aluminio trocable, y proveer calcio y magnesio a los cultivos.


 



NUTRICIÓN DE LA SOJA

Nitrógeno. El nitrógeno es el nutriente absorbido en mayor cantidad por el cultivo de soja; durante su desarrollo, el cultivo de soja con alto potencial productivo absorbe más de 350 kg ha-1 de nitrógeno (Boletím da pesquisa da Soja, 2005). Parte de este N es proveído a las plantas por las bacterias introducidas a través de inoculantes. El restante del nitrógeno absorbido por la soja, debe ser suplido por el suelo. La soja, como otras leguminosas, cubre sus requerimientos de N a través de la fijación simbiótica del N atmosférico y de la absorción del N inorgánico del suelo. Debido a esto, es esencial la realización de buenas prácticas de manejo de suelo, principalmente las que aumenten, a lo largo de los años, los tenores de materia orgánica y garanticen su sustentabilidad, como es el caso del sistema de siembra directa con calidad.

La mejor forma de garantizar la disponibilidad de nitrógeno a la soja es la inoculación correcta de las semillas con Bradyrhizobium japonicum, asociada al manejo del suelo. La cantidad de N fijada a partir de la atmósfera depende de varios factores, como serán citados más adelante, y las estimaciones realizadas oscilan en un amplio rango, entre 30 y 300 kg ha-1, representando un 30-80% del N requerido por la planta. Los extremos van desde 0 en casos de cultivos no inoculados en suelos libres de Bradyrhizobium, hasta cerca del 90% en suelos con muy poco N, como pueden ser suelos arenosos con muy bajos niveles de materia orgánica (Harper, 1999).

Para una buena nodulación, es importante considerar que todos los aspectos del medio físico en el cual la leguminosa crece afecta la fijación simbiótica del nitrógeno, sea directamente o a través de efectos sobre la formación y el desenvolvimiento de los nódulos. Las interacciones entre varios factores físicos son muy comunes (Vidor et al., 1983). Estos autores, relatan en detalles la influencia de factores ambientales; como temperatura, humedad del suelo, oxigeno, CO2 atmosférico y en el suelo: luz, pH del suelo, además del efecto de factores nutricionales, tales como calcio, magnesio, aluminio y manganeso; macronutrientes, micronutrientes y nitrógeno. Vidor et al., (1983) citan algunos factores ambientales sobre la fijación simbiótica de N. Por ejemplo, la fase más afectada por la temperatura es la iniciación del nódulo. La temperatura óptima para la actividad de la nitrogenase en soja ha sido reportada entre 20 ºC y 30 ºC, ocurriendo la fijación en un intervalo de 10 ºC a 35 ºC. El efecto de las temperaturas elevadas, además de resultar en una menor actividad fijadora, ocasiona una acelerada senescencia de los nódulos y un consecuente estrechamiento de fijación de nitrógeno de los nódulos.




Para la simbiosis, el tenor óptimo de humedad se sitúa entre 60% a 70% de la capacidad máxima de retención de agua del suelo. Tanto en tenores más bajos como por arriba de este óptimo, son perjudiciales para la absorción de agua, reflejándose negativamente sobre la cantidad y longevidad de los nódulos. Variaciones del tenor de humedad fuera del nivel adecuado, además de los efectos directos, se manifiestan a través de sus interacciones con la aeración del suelo y con la temperatura. Respecto del efecto del estrés hídrico, se ha observado que la fijación de N es mucho más sensible a una sequía que la fotosíntesis, lo que sugiere que el efecto del estrés hídrico no se debe a una reducción en la provisión de asimilados a los nódulos, sino a un efecto directo sobre el metabolismo de los mismos (Layzell y Moloney, 1994). Los nódulos se proveen de agua a través de la planta, con lo cual no es importante si el suelo en contacto con los nódulos está seco o no, siempre y cuando la planta pueda absorber agua de las otras partes del suelo y mantener así un buen estatus hídrico. Se sabe que hay una gran variación entre cultivares en su capacidad de fijar N cuando sufren una sequía, lo cual abre la posibilidad de seleccionar cultivares que fijen N aun bajo estrés hídrico (Sall y Sinclair, 1991).



El abastecimiento de oxígeno en el suelo es necesario para la formación y funcionamiento de nódulos. Es esencial para asegurar la respiración adecuada de las raíces y el tejido nodular, o sea, provisión de energía.

El mayor efecto de la luz en la fijación simbiótica de N2 esta relacionado a su efecto sobre la fotosíntesis, por el suministro de carbohidratos indispensables al crecimiento y funcionamiento del nódulo. La fotosíntesis es fuertemente dependiente de la nutrición nitrogenada de la planta (Sinclair y Horie, 1989). Así es que cualquier factor que limite el crecimiento va a limitar la fijación y, por otro lado, un factor que limite la fijación puede afectar el crecimiento al provocar una deficiencia en N.

El pH del suelo constituye uno de los principales factores limitantes en la fijación de nitrógeno atmosférico por leguminosas, debido al retardamiento o a la supresión de la formación de nódulos. La acidez del suelo esta asociada con la tóxidez del aluminio y del manganeso (conforme el suelo), baja disponibilidad de nutrientes como el calcio, magnesio, y molibdeno, esenciales para la simbiosis. La fase inicial de infección nodular es mas afectado por valores bajos de pH. Esto demuestra la importancia del uso adecuado de cal agrícola, principalmente en áreas nuevas de abertura y de la antecedencia de la corrección de la acidez. En suelos ácidos, el bajo pH no solo disminuye la infección y formación de nódulos, sino que también afecta a la supervivencia de los risobios en el suelo, lo que puede llevar a tener una baja población naturalizada de rizobios. Además, a menudo los suelos ácidos son también deficientes en Ca, Mg, P, y Mo, lo cual puede afectar tanto a la planta como al rizobio (Zhang y Smith, 2002).

La aplicación de N se refleja en efectos inhibitorios en la nodulación, y en la fijación de N por las leguminosas. La infección radicular es retardada y el propio desenvolvimiento de los nódulos iniciales pueden ser afectados, según Barni et al. (1977). No obstante, si las formulas de abonos que contienen nitrógeno fuesen mas económicas que las formulas sin nitrógeno, como pasa en el mercado de fertilizantes, esas pueden ser utilizadas, desde que no sea aplicadas en mayores cantidades de 20 kg N ha-1 (Embrapa, 2000).

Sin embargo, mas allá de estos factores para el suceso de la fijación simbiótica de nitrógeno, principalmente en áreas de primer cultivo, es esencial la realización de una inoculación eficiente. Para esto, es muy importante adquirir inoculantes de alta calidad, con la mayor cantidad de células viables, debidamente almacenadas y con estirpes recomendadas para Paraguay.

En el momento de la siembra hacer la inoculación de las semillas a la sombra, y preferentemente, en el mismo día, debido a que cuanto más próximo de la siembra, mejor, especialmente si las semillas fueren tratadas con fungicidas y micronutrientes, manteniendo las semillas inoculadas protegidas del sol y del calor excesivo. La aplicación de fungicidas y micronutrientes pueden ser realizadas antes de la inoculación. Nunca se debe mezclar el inoculante con la mezcla de fungicidas y micronutrientes.

Según datos de la Embrapa (2000), las ganancias en productividad en función de la re-inoculación en áreas ya cultivadas con soja varían de 4% a 15%, o sea, se recomienda la re-inoculación todos los años. Además de estos números, es importante estar consciente que el nitrógeno es el nutriente que la planta de soja absorbe en mayor cantidad. En áreas nuevas el uso de inoculantes es obligatorio, es la forma que el productor hace la fertilización nitrogenada en la soja.

El suceso de la inoculación depende de todos los factores presentados y discutidos anteriormente. Este es un trabajo extremamente técnico y, muchas veces, es realizado por colaboradores sin noción de la importancia de esta práctica.

Una deficiencia en N produce una disminución en el crecimiento del cultivo y un amarillamiento de la planta. Como el N es un nutriente móvil, cuando comienza una deficiencia nitrogenada, el N es trasportado desde las hojas mas viejas hacia las mas nuevas para poder sostener su crecimiento. Esto hace que los primeros síntomas de deficiencia se manifiesten en las hojas más viejas.
Altos niveles de nitratos en el suelo pueden inhibir tanto la formación de nuevos nódulos como la actividad de los nódulos ya formados.

En estudios en USA, solo en 3 de 133 ensayos realizados en el medio oeste norteamericano se observaron respuestas a la fertilización nitrogenada, en los 3 casos con dosis muy altas de N (450-1400 kg N ha-1). Esta falta de respuesta fue observada por otros investigadores tanto en soja de secano como bajo riego, y con un amplio rango de rendimientos (Beard y Hoover, 1971; Bharati y col, 1986; Touchon y Rickerl, 1986; Bly y col.; Whitney y Gordon, 1998; 1999). En ensayos realizados en Argentina (región pampeana) en lugares con dos o más cultivos previos de soja, la fertilización nitrogenada no tuvo ningún efecto (Bodrero y col., 1984; 1985). Esta falta de respuesta frente al agregado de 80 kg de N ha-1 también fue observada en Entre Ríos (Barbagelata y col., 2001). Sobre la base de esta información es que en la región pampeana de Argentina no se recomienda la fertilización nitrogenada del cultivo de soja.

Otra posibilidad en el manejo de la nutrición nitrogenada en soja es el agregado de N en etapas más avanzadas del ciclo del cultivo. El objetivo de una fertilización tardía sería demorar esta translocación, satisfaciendo la demanda de N por parte de los granos con una fuente externa de N en un periodo del cultivo en el que la fijación simbiótica está disminuyendo por competencia de asimilados con los granos. Sin embargo, resultados en una serie de experimentos realizados Kansas (USA), en cuatro sitios durante dos años, en soja cultivada bajo riego. Se aplicaron entre 22 y 45 kg de N ha-1 como urea cuando el cultivo estaba formando vainas (R3). Se observaron respuestas positivas a la fertilización. Estas respuestas se observaron en los sitios donde se obtuvieron rendimientos de más de 3.700 kg ha-1. Estos resultados llevaron a los autores a concluir que en sitios donde el rendimiento potencial es superior a 3.700 kg ha-1 la alta demanda de N durante el llenado de granos no puede ser cubierta por la fijación simbiótica y, por lo tanto, es recomendable realizar aplicaciones de N durante el período reproductivo (Wesley y col. 1998). Sin embargo, estudios posteriores no coincidieron con estos resultados.
En la misma región (Kansas), en otro estudio realizado tres años, se observó que la aplicación de N (33 y 67 kg N ha-1) en floración (R1), formación de vainas (R3) o comienzo de llenado de granos (R5) no tuvo ningún efecto sobre los rendimientos. El cultivo fue regado y los rendimientos alcanzados fueron de alrededor de 4.100-4.500 kg ha-1 (Maddux, 1998). En 12 experimentos realizados en el medio oeste de USA (Minnesota), el agregado de 84 kg N ha-1 en floración (R2) o durante la formación de vainas (R4) no produjo ningún incremento en los rendimientos. En otro ensayo en USA (Virginia) la misma metodología (aplicación en R3 o R5) no tuvo ningún efecto sobre los rendimientos.
Esta falta de respuesta fue observada incluso en un sitio donde se alcanzaron altos rendimientos (alrededor de 5.000 kg ha-1). En resumen, la evidencia indica que el criterio de recomendar una fertilización nitrogenada en estadios avanzados del cultivo para sitios con alto rendimiento potencial no es válido, ya que en varios casos se observó que no hubo ninguna respuesta aun con rendimientos muy altos bajo riego. En cultivos de secano no se pudo encontrar un solo ensayo donde esta práctica produjera un aumento en los rendimientos.

Conclusión importante para los lectores: Finalmente, el agregado de N en etapas avanzadas del ciclo del cultivo, si bien no interfiere con la fijación de N, no produce ningún incremento en los rendimientos. Aplicaciones de altas dosis en la siembra solo consiguen inhibir la fijación de N sin ningún beneficio adicional sobre el cultivo. La práctica más recomendada para lograr que la fijación de N sea una fuente importante de N para el cultivo, es la inoculación de la semilla con cepas de Bradyrhizobium.

Fósforo. A pesar que entre los tres macronutrientes primarios el fósforo (P) sea el menos extraído por la soja, normalmente este es el que presenta mayor limitación para la obtención de elevados rendimientos, sea por el bajo tenor en el suelo, sea por su compleja dinámica.

Fatecha (1999) afirma que en los suelos de la región Oriental, el nutriente más deficiente, es el fósforo, siguiendo en orden decreciente de importancia, el nitrógeno, calcio, magnesio y el potasio, entre los micronutrientes el cobre y el zinc. Según un trabajo de levantamiento de la fertilidad de los suelos de la región Oriental, en 214 distritos, se constató que más del 80% de los análisis de suelos hechos desde el año 1980 hasta el 2002, se encuadraron en niveles bajos o de insuficiencia de P para las plantas (Fatecha, 2004).

Con la aplicación de fertilizantes fosfatados y por lo tanto la absorción a los coloides, la gestión del suelo comienza a jugar un papel en la prolongación de su disponibilidad, ya que algunas prácticas pueden tomar medidas para reducir su absorción específica. Entre ellas se encuentran la siembra directa del suelo, control de la erosión y el mantenimiento de la cubierta vegetal. En los suelos donde reside principalmente la fracción de arcilla compuesta de hierro y oxihidróxidos caolinita, como los Oxisoles de la región Oriental del Paraguay, la capacidad de absorción de fósforo es alto. Por lo tanto el SPD, la eficiencia de los fertilizantes de fosfato se mejora, donde la tierra no se ara, la reducción de la exposición de los sitios de adsorción (Gatiboni, 2003). También por no labrar el suelo, el fertilizante fosfato aplicado fósforo se acumula en las capas superficiales y profundas capas de la planta se realiza un ciclo a la superficie (Selles et al., 1997). En la fase inicial de adopción de la SPD, los niveles de construcción de P requiere una mayor cantidad de fertilizantes fosfatados (Cubilla, 2005). Sin embargo, con el paso de los años de la fertilización y la adopción del sistema, la saturación verificase de sitios ubicados en la superficie que permite la construcción de los niveles se produce con mayor intensidad y rapidez. Por lo tanto, no es la saturación de los primeros lugares se conservan restos más ávidos y los distribuya en las fracciones con menor energía y por lo tanto mayor capacidad para la desorción, aumentando su disponibilidad para las plantas (Barrow et al., 1998). Este proceso se intensifica a medida que se reduce a la labranza. La actividad microbiana en las capas superficiales de la labranza de conservación, puede ofrecer trajes de baño de la disponibilidad potencial de las plantas de fósforo, como los incluidos en la forma de microorganismos acciones biomasa de fósforo microbiana en el suelo y no es absorbido a los coloides (Conte, 2001). Así, el SPD, sin pérdida de fósforo por la erosión, y porque la ubicación de abono fosfato, la acumulación de materia orgánica y biomasa microbiana aumentaron, la acumulación de fósforo orgánico se produce. ¿Por qué, que el mantenimiento de la cobertura del suelo por las plantas también viven en la labranza favorece la mineralización de fósforo orgánico se absorbe y se evita que el interruptor de P a las formas menos lábiles. Los experimentos de calibración bajo NT han indicado que los niveles críticos de P fueron superiores a las del sistema propuesto anteriormente bajo labranza convencional (Schlindwein, 2003; Boletín de soja Research, 2005; Cubilla, 2005).

Cuando son incorporadas áreas a la agricultura cuya vegetación son de los suelos del departamento de San Pedro, por ejemplo, el fósforo es el nutriente que más limita la productividad de la soja, sin embargo existen áreas que son cultivadas a varios años, y que actualmente presentan tenores medios del nutriente. Estas diferencias en cuanto al histórico del cultivo, histórico de inversiones, y niveles de fósforo en el suelo determinan estrategias de fertilización diferenciadas. El fósforo es, de modo general, el nutriente de mayor costo dentro de la fertilización en la soja, además de interferir significativamente, en la parte operacional y, consecuentemente en el rendimiento.

En el suelo, el fósforo está presente en las fases sólida y liquida. Siendo el suelo una mezcla de materiales orgánicos e inorgánicos, el fósforo se presenta también en formas orgánicas e inorgánicas tanto en la fase sólida como en la fase liquida (solución del suelo). El fósforo de la solución (P-solución) del suelo se mantiene en equilibrio con el fósforo de la fase sólida (P-sólido). Debido a la muy baja movilidad de los compuestos fosfatados presentes en el suelo y la baja cantidad de agua que el suelo retiene (en general menor de 30%), la cantidad de P de la solución es muy pequeña comparada con la de P-sólido. A pesar de la pequeña concentración de P-solución, las plantas absorben el P de la solución del suelo. Entre tanto, propiedades del suelo como pH, tenor de óxidos, y otros factores que afectan el equilibrio P-sólido:P-solución, son de fundamental importancia para la nutrición de la soja (Anghinoni & Bissani, 2004).

El P es el macronutriente con menor movilidad en el perfil del suelo. En el sistema de siembra directa el P puede ser movilizado en el perfil a través del transporte por insectos, lombrices y por la erosión vertical en las ranuras del suelo y las galerías de origen biológico. Por lo tanto, normalmente el P permanece muy próximo del lugar donde es depositado el fertilizante, una vez que es poco transportado en el perfil por el flujo de agua. Entre los nutrientes, el P presenta la mayor variabilidad en la concentración tanto vertical cuanto horizontal en el perfil del suelo. La variabilidad horizontal es resultado de fertilizaciones en línea en el surco de la siembra. Una variabilidad de aproximadamente 85%, en el tenor de P, fue encontrada cuando se comparó el muestreo de suelo en la línea y en la entrelínea de siembra. Esta elevada variabilidad demanda un mayor número de muestras de suelo para que la disponibilidad del nutriente sea correctamente evaluada. En siembra directa con rotación, la siembra de sucesivos cultivos con diferentes espaciamientos, que muchas veces poseen línea de siembra no coincidente, induce a la variabilidad horizontal, que es mayor en la fase inicial y disminuye con el tiempo de adopción del sistema. Cuando los tenores de P en el suelo se encuentran de medios-a-altos, la fertilización al boleo ha presentado eficiencia semejante a la fertilización en línea. La variabilidad vertical del P, en siembra directa, puede ser todavía mayor que la horizontal. Así, la variabilidad vertical del P está relacionada a la fertilización superficial o sub-superficial, la deposición superficial de los residuos de los cultivos y la baja movilidad de este nutriente en el perfil. La variabilidad vertical es agravada con el tiempo de adopción de SD. Varios autores constataron que la mayor concentración de P en siembra directa ocurre principalmente en los primeros 5 cm, o como máximo hasta 10 cm, cuando fueron utilizadas sembradoras con abre-surco (cuchilla). La concentración superficial de P, en caso de déficit hídrico frecuente, puede resultar en menor aprovechamiento por las plantas. Este hecho enfatiza la importancia del mantenimiento de una adecuada cantidad de residuos sobre la superficie del suelo, buscando conservar la humedad del mismo y, consecuentemente, favorecer la absorción de P. El stock de P orgánico aumenta con el tenor de materia orgánica del suelo y con el tiempo de adopción del sistema de siembra directa (Sá, 1993).

Una deficiencia de fósforo provoca una disminución del crecimiento, hojas más pequeñas, de un verde más oscuro y de mayor espesor. La caída en los rendimientos producto de una deficiencia de P se debe en general a una disminución en el número de granos del cultivo.




En los últimos años se han podido establecer, mediante trabajos de investigación, categorías de disponibilidad de fósforo en el suelo por debajo de los cuales la soja responde a la fertilización. Se han observado aumentos en los rendimientos en suelos de baja disponibilidad inicial en forma consistente en la Región Oriental del país (Cubilla, 2005). El análisis de suelo antes de la siembra se reveló como una herramienta confiable para predecir una deficiencia fosfatada, y la fertilización a la siembra, una forma practica de corregirla.

Potasio. El potasio (K) es un macronutriente demandado en cantidades elevadas por la soja. El K presenta movilidad en el suelo, pudiendo ser redistribuido en el perfil, por el flujo de agua (movilidad vertical) y por absorción y reciclaje por las plantas (movilidad horizontal). Así, la variabilidad vertical y horizontal de los tenores de K, normalmente, es menor que la de P. La continua deposición de residuos en la superficie del suelo en siembra directa, aliado a las reducciones de pérdidas por erosión y lixiviación, inducen a una mayor concentración de K próximo a la superficie del suelo. La exportación de K en los granos cuantificada en la forma de K2O es mucho mayor en la soja (20 kg t-1) que en otros cultivos, como el trigo y el maíz (6 kg t-1). Así, para obtener altos rendimientos y mantener la fertilidad del suelo, en sistemas de cultivo con predominio de soja, se debe realizar una adecuada fertilización de K, ya que este nutriente es requerido y exportado en grandes cantidades por este cultivo.

Las plantas con deficiencia de potasio producen granos pequeños, arrugados y deformados. Puede todavía haber tallos verdes, retención foliar y vainas marchitadas.

La aplicación del K al boleo es tan eficiente cuanto a la aplicación en la línea de siembra, no en tanto, cuidados deben ser tomados para que haya uniformidad en la aplicación. En suelos con textura media, a arcillosa, la aplicación de cloruro de potasio puede ser aplicados sin problemas antes de la siembra. La utilización de fertilización al boleo debe ser obligatoria en suelos con textura arenosa, para disminuir los riesgos de pérdidas por lixiviación. Otras ventajas de la aplicación al boleo, (pré o pos siembra) son: disminuye el riesgo del efecto salino del fertilizante sobre la semilla y la raicilla de la soja, y aumentar la flexibilidad a la hora de elegir formulaciones de fertilizantes (principalmente cuanto al manejo del azufre y/o fósforo en la línea de siembra). En suelos arenosos la tendencia es mayor a la respuesta al azufre, comparado con suelos de textura más arcillosa, en función de la materia orgánica del suelo.

La diferencia de productividad, muchas veces, no está en lo que fue utilizado o en lo que cuánto se utilizó. La diferencia puede estar en la calidad en realizar la práctica con calidad.


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