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JOSÉ-LUIS APPLEYARD


  ANTOLOGÍA, 2012 - POESÍAS DE JOSÉ LUIS APPLEYARD


ANTOLOGÍA, 2012 - POESÍAS DE JOSÉ LUIS APPLEYARD

POEMAS

POESÍAS DE JOSÉ LUIS APPLEYARD

BIBLIOTECA DE OBRAS SELECTAS DE

AUTORES PARAGUAYOS Nº 17

 

EDITORIAL SERVILIBRO

25 de Mayo Esq. México

Telefax: (595-21) 444 770

E-mail: servilibro@gmail.com

www.servilibro.com.py

Plaza Uruguaya -Asunción -Paraguay

Dirección editorial: Vidalia Sánchez

Presentación: Carlos Villagra Marsal

Selección y prólogo: Osvaldo González Real

Tapa: Carolina Falcone

© SERVILIBRO

Esta edición consta de 14.000 Ejemplares

Asunción, Enero 2012

Hecho el depósito que marca la ley N° 1328/98

 

PRESENTACIÓN

Mi amiga Vidalia Sánchez me ha pedido que escriba una presentación de carácter general de los dieciséis títulos, ya definidos, de la BIBLIOTECA DE OBRAS SELECTAS DE AUTORES PARAGUAYOS que, en volúmenes sucesivos, aparecerá en algunas semanas bajo el sello editorial de SERVILIBRO, difundiéndose al público lector junto con un periódico nacional de vasta circulación. Con grande voluntad acepto la solicitud porque, entre otras virtudes, esta colección literaria ha sido integrada con criterio selectivo -su propio nombre así lo señala- y no meramente antológico; en efecto, las antologías suelen programarse subjetivamente, vale decir en atención al gusto e incluso al capricho de quienes las preparan, mientras que la selección objetiva de textos en ese ámbito maneja criterios diferentes y diferenciados, tomando en cuenta en primer lugar la excelencia lingüística uniforme, por así decirlo, de todos los autores, dentro naturalmente de la estilística de cada quien (e1 estilo es el hombre); en segundo término, una selección ha de considerar la representatividad palmaria de tales obras en relación con la época y la generación cultural a las cuales pertenecen y, en fin, toda colección seleccionada de libros de naturaleza similar a la que hoy tengo a honra presentar, tiene que incluir la pluralidad de los géneros y subgéneros literarios; en igual condición, la BIBLIOTECA ... ofrece el arcoiris cumplido: lírica, cuento, novela corta, teatro, recopilación de narrativa oral anónima, ensayos con intención estética y hasta poesía bilingüe en versión original o traducida, ello como justiciero tributo a nuestra lengua materna, el guaraní paraguayo.

Las mencionadas demostraciones están marcando un propósito central: el de ampliar y diversificar el placer (que en rigor es uno solo) de la lectura: afición, hábito, adicción que, a semejanza del buen comer y de los actos del amor, producen en sus practicantes la extraña sincronía de la felicidad espiritual con el gozo físico.

Carlos Villagra Marsal

última Altura, a principios de agosto de 2011

 

 

PRÓLOGO

 

         Los críticos han discernido distintos motivos dentro de su poética: Pérez-Maricevich menciona tres temas principales: el de la tierra, el moral y el intimista. Otros, desde el punto de vista formal, lo tildaron de esteticista, aunque como muy bien lo aclara Roque Vallejos, esta categoría en el caso presente no es peyorativa y más bien se refiere a un refinamiento formal que no ignoraba -como es sabido- los valores humanos. Él se había clasificado a sí mismo modestamente como "Juglar de lo pequeño". Un ser que se limitaba a cantar a los grillos, las hormigas, la siesta, o la muerte de una lagartija, pero agregando que también se preocupaba por el tiempo como dimensión dolorosa del hombre.

         Por un lado, Teócrito, Horacio y Virgilio, por el otro San Juan de la Cruz y Fray Luis de León. De esta doble cosmovisión: la cristiana y la pagana surgirá la angustia existencial en la poesía de José-Luis. Enfrentarse a esas dos opciones: la belleza -por un lado-, el exilio de alma encarcelada en el cuerpo, por el otro, reminiscencias platónicas ya casi cristianas que se irán manifestando a lo largo de su itinerario de escritor.

         Su preocupación por ese tiempo inasible se manifiesta ya desde el momento que como reloj de carne se remonta a una búsqueda proustiana de la infancia de ese niño que fue cuando: entonces era siempre. Esa edad sin calendarios ni equinoccios donde la felicidad reinaba como un esplendoroso sol en la siesta, bajo los pesebres de un eterno verano.

         Para nombrar este dilema, para proferir el grito lacerado del poeta en el exilio, éste debe aguardar caviloso, entre monstruos de bronce, el arribo del Verbo. He aquí la tarea del que ha de desempolvar las palabras, las ha de recuperar de entre los escombros del habla profanada, para resucitarla y devolverle su poder significativo, su resplandor primigenio. Como los antiguos cabalistas españoles de la Edad Media, José-Luis se enfrenta al desafío esencial del hombre que debe ser fiel a la palabra sagrada para comunicarse con sus semejantes y con sus dioses. Del que debe restaurar la palabra perdida en la confusión babélica de la banalidad cotidiana.

         Es preciso darle a las palabras, nos enseña el vate, una vivencia, el sello del sufrimiento propio, la impronta del que vive muriendo como expresa El labio y la palabra. Consciente de la importancia del lenguaje de la palabra-alma, como dicen los mitos, José-Luis destiló en las profundidades de su alma -como alquimista del verbo- un estilo apropiado a sus necesidades expresivas, transmutando en sus versos ese vocabulario infectado de alimañas (son sus propias palabras) esas voces que conforman nuestro decir mundano. Su canto es un canto de sonar antiguo, un canto ronco y tosco, que según él es sólo un eco de la verdadera poesía. Creo que el conjunto de su obra prueba lo contrario. De su voz fluye una poesía afín a la del Siglo de Oro, tan caro a sus afanes.

         Si el gran lirico que fue José-Luis nos dejó poemas inolvidables sobre aquel diciembre mítico del trompo de guayabo, de la flor de coco y de los pesebres, en los últimos poemas se enfrenta a la vejez, al deterioro físico y a la muerte. Si él dejó morir sin rosas una infancia ahora nos advierte que los perros muerden el osario cárdeno/ de la desesperación de los crepúsculos.

         En su poema Muerte, después de describir con fría lucidez los sinsabores de la condición humana, afirma en una sentida estrofa que se irá de esta vida cantando. Por ello dice: "Vida dura,/ espasmo de dolor y de quebranto/ terrible ligadura/ que lleva hasta el espanto/ ciñe el cordón y mátame en tu canto". El "beatus ille" que menciona en otras composiciones, como en Hay un sitio, donde habla de la vida retirada, sencilla y rutinaria, se transforma en una premonición y una preparación para el viaje final.

 

JOSÉ LUIS APPLEYARD : Nació en Asunción el 5 de mayo de 1927. Periodista, poeta y abogado. Premio Nacional de Literatura 1997.

Fue uno de los discípulos predilectos del culto sacerdote español César Alonso de las Heras, en el Colegio de San José. El Padre Alonso es una figura fundamental en la difusión de la gran poesía española de las llamadas generaciones del `98 y del `27, y forjador de numerosos talentos para las letras paraguayas, desde la Academia Literaria del Colegio de San José, primero, y luego desde la Academia Universitaria. De esta última institución, Appleyard fue presidente y activo referente.

Pertenece a la llamada Generación del `50 en la poesía paraguaya, junto con José María Gómez Sanjurjo, Ricardo Mazó y Ramiro Domínguez, entre los representantes más notables de ese período. Durante casi dos décadas formó parte del cuerpo de periodistas del diario La Tribuna, de Asunción, medio de comunicación en el cual cumplió además las funciones de Jefe del Área Cultural y director del suplemento cultural de los días domingos. Fue editorialista en el influyente matutino asunceno y con el nombre de MONÓLOGOS publicó una columna que logró gran popularidad al encarar temas de actualidad candente escribiendo como habla la gente en el Paraguay. Trabajó asimismo en el vespertino Ultima Hora, donde su columna DESDE EL TIEMPO QUE VIVO era uno de los más esperados por los miles de lectores del rotativo.

Invitado por varios gobiernos extranjeros, entre ellos los de Estados Unidos de Norteamérica y Alemania, visitó numerosos países, brindando charlas, conferencias y recitales con sus poemas. Desempeñó funciones de Presidente del PEN Club del Paraguay y, siendo Miembro de Número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española, fue secretario de la importante institución cultural.

OBRAS: POESÍA, junto con otros miembros de la Academia Universitaria (1953), el poemario ENTONCES ERA SIEMPRE, (1963), EL SAUCE PERMANECE (1965), ASÍ ES MI NOCHEBUENA (1978), EL LABIO Y LA PALABRA (1982) y SOLAMENTE LOS AÑOS (1983). LAS PALABRAS SECRETAS, 1988

En 1961 ganó el Premio Municipal de Teatro con el drama poético sobre la independencia del Paraguay AQUEL 1811. NOVELAS: IMÁGENES SIN TIERRA (1965), LOS MONÓLOGOS (1971) y LA VOZ QUE NOS HABLAMOS (1983).

DESDE EL TIEMPO QUE VIVO (1993), serie de sesenta breves relatos poéticos (Premio Municipal de Literatura en 1994)

CENIZAS DE LA VIDA, 1997, obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Falleció en Asunción en 1998.

 

 

 

ENTONCES ERA SIEMPRE

1963

 

 

         EL TIEMPO

 

Ya es ayer pero entonces era siempre

un trasegar de horarios inmutables

desde la noche al sol.

 

Cada semana

era distinta e igual a la siguiente.

El niño desdeñaba el calendario

y su patrón reloj era el cansancio.

Edad sin equinoccios, solo el tiempo

de ser feliz y entonces ignorarlo.

 

 

         INFANCIA

 

Está la casa en sombra adormidera

abierta y singular, sin un latido,

como si todo el mundo roto de su sangre

en savia blanca el ocio convirtiera.

 

No hay voces, si las hubo, han definido

un vegetal asomo de tristeza

con su mudez pretérita y presente

muerta de luz al ansia del sonido.

 

En el zaguán oscuro que bosteza

el mármol de sus gradas hay un cuento

con consuelo de infancias transparentes

arrinconando un mudo de belleza.

Su patio siempre patio y firmamento

de unos ojos ausentes tiene huellas:

hay un árbol dormido y las baldosas

azulmente disfrazan su cemento.

El corredor -pilares sin querellas

sosteniendo una sombra de tejuelas-

ha perdido los pasos de algún niño

y los busca, nocturno, en las estrellas.

 

 

         LA CASA

 

Una casa es un hombro derrotado

es una mano abierta sin simiente,

una argamasa inútil, un doliente

conjunto de ladrillos apagado,

 

un pensamiento absorto en el pasado

que agrieta con sus voces el presente,

es un oscuro trozo de poniente,

es un juguete antiguo y olvidado.

 

Una casa es un llanto, un dolorido

balcón sin mariposas anhelantes,

una casa es mudez y es alarido,

 

es un amor que ha muerto sin amantes,

Una casa, Señor, es una infancia

huyente y malherida de distancia.

 

 

         EL GRILLO

 

Entonces era el grillo

-invisible, marrón y compañero-

oculto impenitente, perforando

la limpidez primera del secreto.

 

Luciérnaga sin brillo,

telégrafo de Dios y estafetero

nocturnamente hilando

las letras de mi sueño analfabeto.

 

entonces era el grillo

mi ubicuo cancionero

anónimo y tenaz, puro y discreto.

 

 

         SETIEMBRE

 

Pasaban las veredas en setiembre

su bullicio de sol y de naranjos

y la casa estudiaba en las cornisas

el álgebra inconsciente de los pájaros.

¿Era un papel setiembre? ¿Una pandorga

con destino de cables acechantes?

¿Una emoción, un signo o la promesa

de un crucigrama blanco de azahares?

 

Setiembre era una calle, una vereda

escrita de triciclos trashumantes

y era un sillón de mimbre que amparaba

el descanso de un juego sin edades.

Era un helado turbio de anilinas

y un poco más de sol cuando era tarde.

Setiembre no era un mes, era una novia

apoyada en la mano de su madre.

 

 

         LA ESCUELA

 

Cuando importó la escuela sus cuadernos

y la casa se abrió a los guardapolvos

la tinta se hizo azul y los canteros

clavaron en los libros sus abrojos.

 

Zapatos carcomidos de recreos

y virutas con gris de borradores.

Colón, Juan de Solís y los charrúas,

Salazar y el fortín hecho de adobes.

 

Por cima de los árboles, el cielo;

¡tan lejana la calle!

La libreta

midiendo mercurial el incipiente

calor de nuestra vida y nuestra ciencia.

 

Y la casa se abría cada tarde

y llenaba de luz sus corredores

para abrazar al niño amenazado

por infiernos de tiza y pizarrones.

 

 

         LAS PALABRAS

 

A veces hay palabras que se mueren

y no las resucita el diccionario;

palabras simples, claras, que acrecieron

el verbo de la infancia en nuestros labios.

En balde las buscamos para darles

una vida que ha muerto con los años.

 

Dulces palabras nuestras exiliadas

solo sonido ya desamparado,

que por un tiempo fueron los mojones

de nuestro personal vocabulario.

Es inútil buscarlas, ya se han muerto

bajo el peso brutal del diccionario.

 

 

 

         VACACIONES

 

Hubo un soplo de luz en los portones

cuando noviembre repitió de grado,

el aire de la casa trastornado

frente al viento febril de vacaciones.

 

Vacaciones, un tren, un pueblo, un lago,

una leche distinta y tras los cerros

un arroyo con márgenes de berro

y un florecer de trompos el guayabo.

 

Si se pudiese -siempre recordando-

volverlas a vivir, toda su esencia

tendría cercano y ya en ausencia

del resinoso beso de los mangos.

 

 

 

         ATRIO

 

Atrio, lugar de juegos y olvidado

jardín desnudo con pasión de árboles,

una gramilla blanda como el sueño

y gradas en insomnio de ser mármoles

 

Atrio de iglesia pura de campaña,

patio del pueblo simple y centenario,

flor de coco en diciembre, en viernes santo

patíbulo de cañas de calvario.

 

 

Atrio verde, ferviente de campanas,

sin sombra, pero amable y compañero,

atrio e iglesia pobre que alentara

mi trunca vocación de campanero.

 

 

 

         LAS HORMIGAS

 

Una vieja pasión por las hormigas:

las rojizas, las negras, la del patio,

abrumadas de cargas vegetales,

concisas, laboriosas, mis amigas.

 

Yo escruté sus saludos, sus secretos,

descifré su críptico lenguaje,

admiré su codicia y fui remero

en procesiones míticas de insectos.

 

Cuánto pensé mirándolas absorto

abrir sus carreteras ondulantes.

Meditaciones viejas que se fueron

con una edad de pantalones cortos.

 

Se fueron las hormigas, tristes, viejas,

cuando encerraron su labor en fábulas.

pobres hormigas de la infancia, ahora

solo el pretexto de una moraleja.

 

 

 

         FLOR DE COCO

 

Vaina de felpa que ocultando espiga

llora el verano al presentir enero

y abre en oro su vientre perfumero,

símbolo y paz de la velada amiga.

 

Y reclinada en monte al que castiga

con aroma en pesebres agorero,

vara de luz y flor del cocotero,

estival perfección de la cantiga.

 

Su perfume limita la presencia

de la estrella, en el alto, luminosa,

espiga de cristal sin transparencia,

 

diciembre en flor y trasmutada rosa

fragante su oración de sol y arena

me dice que ha llegado Nochebuena.

 

 

EL SAUCE PERMANECE Y TRES MOTIVOS

1965

 

 

 

         VIENTO NORTE

 

Es viento norte.

Siembra de fiebre y sol las manos.

Traficante del trópico,

llega voraz y árido

trayendo la presencia

caliente de un verano.

 

Es viento norte.

Fiebre.

Delirio de las siestas

en redomas de polvo

y remolino y tierra.

 

Es la bestia dormida

que despierta en su seno

y mefítica abre

su fauce en el invierno.

 

Es julio y viento norte.

Verano retenido

entre su polvo árido

y su sol traicionero.

 

Orgasmo ecuatorial.

sátiro hambriento.

Asperjador de arena.

Turbio aliento.

Curtidor de paciencia.

Ceniciento.

Amargo corazón de amargo viento.

 

 

         ¡OH, CONOCER!

 

¡Oh, conocer!

Conocimiento, olvido

de todo aquello que pensamos cierto.

Realidad perniciosa que ha borrado

deformes y grotescos nuestros sueños.

 

 

Oh, conocer,

oh, conocer al hombre

así cual es, sin la careta al viento

y saber con nostalgias de ignorancia

que la verdad hiede -perro muerto-

 

¡Oh, conocer!

Conocimiento, olvido

de lo mejor que ha sido y ya no es nuestro.

Nunca saber, porque sabiendo muere

herido el corazón de tan abierto.

 

 

         BUSCAR EL PAN

 

Buscar el pan.

Correr tras él.

Correr. dormir. Amanecer.

Volver a ser.

Correr. Buscar.

Comer. Dormir.

Y nada más.

Buscar el pan.

Correr tras él.

Llevarlo tembloroso hasta la boca.

Comer el pan.

Correr.

Dormir.

Andar y desandar por calles viejas.

Correr.

Dormir.

Andar y desandar por calles viejas.

Correr

-para comer-

con los dos pies.

Mirar los ojos con la boca amarga

de una saliva torpe que adelgaza

duras migas de pan.

Correr tras él.

Luchar por él.

Comer.

dormir.

No renacer.

Eso es vivir.

Pero vivir ya no es pensar

ni amar ni ser.

Comer.

Dormir.

Mejor morir.

 

 

         TRÍTPTICO

 

         VIDA

 

Y puede ser que el hombre

fulgiendo su inquietud de pasajero

haga un alto y se asombre,

pendiente del lucero,

ante la augusta voz del mensajero.

 

Y puede ser que mida

la distancia que va del sol al llanto

y que tase su vida

en lágrima y quebranto

y con ellos rescate voz y canto.

 

Pero resta el camino,

resta el dolido sueño desandado

y molienda y molino,

amor desengañado

no pueden ser la gracia que he soñado.

 

Porque las horas viejas,

las que perdimos al azar del juego,

fingen ser las consejas

que nos refieren luego

cómo se hiela el alma junto al fuego;

 

cómo el dolor acucia

cuando no está en nosotros retenerlo

y cómo nos ensucia

el solo no tenerlo

y el no poder amar pudiendo serlo.

 

El pasado es un foso

cuya oquedad no llenan los acuerdos,

y el hombre, temeroso,

marchando a pasos lerdos

huyente está hacia él en los recuerdos.

 

Del tiempo nada resta

salvo el total conjunto de una vida

y en esa eterna apuesta

perdemos la partida

porque es la suerte amante consentida.

 

No valen para ella

promesas ni lucientes juramentos;

sabiéndose tan bella

elude los momentos

que del amor se tornan instrumentos

y escapa de las manos

con gracioso correr de fugitiva

y en vano la buscamos,

elemental y esquiva

huye y su risa vuelve y nos cautiva.

 

Y el hombre pasajero,

transita su camino hacia la suerte,

desoye al mensajero,

la música no advierte,

y alucinado abrázase a su muerte.

 

 

         MUERTE

 

Si es esta vida dura,

espasmo de dolor y de quebranto,

la senda más segura

y el más seguro canto

para lograr la calidad de santo,

 

prefiero yo la huidiza

y tierna llamarada del deseo

que al alma inmortaliza

-hastiada de lo feo-

y la vuelve a la tierra como a Anteo.

 

Así, abrazado a ella,

sediento manantial y pasajero

temblor de toda estrella,

podré morir primero

y al alba renacer con el lucero.

 

Porque huyendo se arriba

al origen de todo nuestro miedo

y es ésta nuestra estiba

y un grotesco remedo

de lastre singular y gusto acedo.

 

Porque huyendo se llega

al centro de la vida que tememos

y en esa dura brega

hallamos que perdemos

hasta el impulso inútil de los remos.

 

Y la sombra nos tienta

con el raso en su voz que es el misterio

y la mirada atenta

busca en su cautiverio

hender la inmensidad de un mundo serio

para buscar la risa,

la oscura risa torpe de los labios

que cada viento triza

y llena de resabios

sediento al corazón de desagravios.

 

Hurgante hacia el mañana

me llego ante el amparo del pasado

y en él se me desgrana

-antiguo y deseado-

el fruto que, inverniz, ha madurado.

 

En esta paradoja

-constante de la vida y del destino-

el círculo no afloja

su cíngulo divino

y estrangula el futuro que no vino.

 

Por ello, vida dura,

espasmo de dolor y de quebranto,

terrible ligadura

que lleva hasta el espanto,

ciñe el cordón y mátame en tu canto.

 

 

         SAUCE

 

El sauce apenas mío

que pace junto al agua la tristeza

del sereno y rocío

y tiene la belleza

de un llanto vegetal que amando reza

 

es la nota rendida,

es el perdido canto y la armonía

de un pedazo de vida

que muerta en alegría

su ramaje trocará en elegía.

 

Y su acento perdura

hecho cairel de derramada bruma

sobre el agua que oscura

se niega en tenue espuma

a reflejar el rostro que la abruma.

 

Sauce, viejo Narciso,

curvado corazón frente al espejo

de un lago siempre liso

sin luz y sin reflejo,

de mirarse sin ver se ha vuelto viejo.

No resta en su madera

ni un murmullo de savia ni un momento

de antigua primavera.

El sauce es un lamento

que silencioso muere al par del viento.

 

Como un dios derrotado

tornando su tristeza hacia el poniente

es Tántalo agotado

vestido de relente

y bebiendo su sed junto a la fuente.

 

Eternamente ansioso

de jugar con el agua a la otra vida,

mansamente lloroso,

sin cauce hacia la huida,

se aferra a su dolor y se suicida.

Pero renace al día

y en la quietud del lago es siempre noria

que encadenada ansía

en repitiente historia

ser de nuevo semilla en la memoria.

 

No importa que la arena

lave sus pies en dimensión de playa

ni que el agua serena

oreando se vaya

a un cielo que a ser mar paciente ensaya,

 

el sauce permanece y muere con su angustia cada día

y al morir amanece

y es noche al mediodía

y es sauce eternamente en su porfía.

 

 

 

 

CÓMO REGRESA EL CIRCULO

 

 

         QUÉ POCO ENTIENDO LAS COSAS

 

Qué poco entiendo las cosas.

Los años no han logrado fijar en mi memoria

la experiencia

y siempre me sorprendo que existen unos ojos

que me miran de pronto tan cerca de mí mismo.

Me sorprende el oscuro poder de su mirada

que guarda ingenuidades de infancias manifiestas

y tiene, sin embargo, una profunda noche

nacida de secretas experiencias.

Como un viejo alquimista

yo quiero interpretarla trasmutando sus sueños,

quiero hacer con sus ojos

que me miran de cerca

una forma de olvido que me lleve a su centro.

Y así, cuando sus manos son lenguaje sin cifras,

cuando son la suave expresión de algo mío,

comprendo que no entiendo de las cosas,

y quedan en el aire sus reflejos,

mirándome, sin tiempo,

y hablándome de mí, de sí, de todo.

 

 

         COMO UN SUEÑO EN LOS OJOS

 

Volver y ser

pero no siendo la antigua llamarada

ni el orbitante fruto recargado,

ni anémona de mar,

ni tan siquiera la flor

que agosto siembra por los campos.

Volver a regresar y en el regreso

renovarse

y arena de las playas

ser pasiva materia que retrate

la levedad del paso que se ama.

 

Luego, saber,

con la conciencia exacta

de que una dimensión nueva nos guía,

y aprehender la palabra,

y de sus letras

robar el corazón y su poesía.

 

Cuando la luz,

no la interior morada que se oculta

a los ojos del extraño,

sino aquélla que al serlo nos desvía

hacia el lugar exacto de las ansias,

ha vuelto a titilar,

cuando de nuevo la lejana carga

que en un codo de ruta trasegamos

en odres de nostalgia

nos ha vuelto a pesar

y solo entonces nos sentimos completos

del bien que era en nosotros;

cuando otra vez se encuentra la mirada

en la mirada misma que nos mira

podemos, sin temores ni tardanza

acariciar un sueño simplemente.

Y no morir en él,

sólo tenerlo

como un sueño, en los ojos, para siempre.

 

 

         LAS CUATRO PALABRAS

 

El dolor, la esperanza, la fuerza, la tristeza,

conceptos que se envuelven en ritos de palabras

y pierden, como cantos que ruedan desde el tiempo

el valor de su rica, henchida artesanía.

Los años no responden al fin de la esperanza

y el dolor es un niño que sabe que ha vivido,

la tristeza se escurre de la tarde hacia el alma

y la fuerza es impuesta como daga homicida.

Quien tuvo la palabra la ha devuelto a su sueño

como un objeto oscuro, gastado e insalvable

abismo que separa los vivos de los vivos.

Miramos las estrellas desde pozos de sombra

y su brillo es la fábula de un astro corrompido.

Ay de quien tuvo un cielo personal en sus ojos

porque en él volarán los cuervos de la mañana.

Así, pues, la esperanza es un recuerdo oscuro,

la tristeza, matrona que rige los destinos

y el dolor, una muerte que a diario vivimos.

Nada más. En los años ha quedado una historia

y en la boca, un silencio tenaz y dolorido.

 

 

         SI LA FURIA DE DIOS

 

Si la furia de Dios es la medida

de la plegaria fáustica, yo ansío

impetrarle piedad cuando me río

de todo lo que sufro en esta vida.

 

Y no sufrir de amante conocida

sino del ser que soy y en el que ansío

ser pez pescado en el cambiante río

del agua eterna que a beber convida.

 

Si la furia de Dios, digo y reclamo,

es el fondo total de toda risa

soy su boca plegante en la plegaria

 

de ser su voz, terna imaginaria,

que mis sueños deshace sin la prisa,

de quien sabe tan sólo que la amo.

 

 

         EL HOMBRE

 

No es gris ni ocre. Es sólo una manera

de vivir a un compás planificado.

 

Nadie puede decirle con palabras

que el mundo de su ser se ha desquiciado.

 

Transita, pero brújulas mezquinas

marcan nortes en todos sus caminos.

 

No puede hablar, tampoco prolongarse

en la risa mestiza de sus hijos.

La mano, el pan, la madre, la cosecha

son palabras de ayer y han variado.

 

Ha perdido la noche. No se puede

confiar en un sol domesticado.

 

Pero es hombre, y confiesa simplemente

que él es tal vez el único que ha errado.

 

Una estrella se mueve.

Es el satélite 522, extraviado.

 

 

         PRIMAVERA, SETIEMBRE

 

Deja el aire, la tierra

elévate setiembre sobre el polvo y el sol y el viento norte

y abre la puerta absurda

de la convencional tristeza de juventud perdida

que alberga el viejo nombre.

 

Setiembre, primavera...

Puesta en escena simple de lapachos gastados

en inverniz asombro de sus flores de cera.

 

 

Habría que cantarte con la voz afilada

de los viejos poetas

decir todas las cosas que de tanto decirlas

han dejado de serlo...

Símbolo, luz, renuevo...

Y por las calles tristes, una sonrisa vieja que recuerda

y una sonrisa nueva que presiente.

Por tus calles gastadas de ya no pasar nada

transita este Setiembre

hurgante de verdades sin poder encontrarlas.

Hay una ausencia, siempre...

Una ausencia presente en la mirada dura

que horada los umbrales sin poder traspasarlos.

 

Pero de todos modos,

la juventud que ría,

que encuentre el simbolismo de sus azahares rotos

y que sepa que el tiempo

puede mascar con lentitud buscada

el más tremendo acíbar

porque el futuro es cierto.

Polvo, sol, viento norte.

Primavera y Setiembre.

 

 

 

         NO ESTAR EN ÉL

 

No estar en él,

abierto alucinado que no tiene

otra cosa que el apoyo de la vida.

Bebiente agua que bebida sacia

la tristeza de ser, la lejanía

cada vez más remota de la infancia.

 

No estar en él,

que es YO vuelto en espejos

y ser -no estar desenroscando sombras-

la imagen, que no fue, de la ignorancia.

 

No estar.

No estar en nada, y ver en los minutos,

ser la parte del tiempo que no pasa

agorero y mugiente, como un astro

que se ha vuelto al revés de la distancia.

 

 

         VERANO Y LLANTO

 

Y es la suma total de tantas gotas

la que impulsa ese trueno y su alarido

y es la suma total que ha transferido

tanto furor sobre las venas rotas.

 

Tanto furor de márgenes ignotas

abiertas al dolor que ha preferido,

en esta vez, herir lo que ya ha herido

con el alma cristal de tantas gotas.

 

Tanto furor de este verano ciego

convertido en veraz fuerza creciente

que ha robado la sombra, el pan y el fuego

a quien los gana con sudor consciente.

 

Tanta lluvia sin fin y un sueño vano

disuelto en tanto llanto del verano.

 

 

MI VOZ, PARA LOS MÍOS

 

 

         EN EL NO CONOCER

 

         Para Oscar Trinidad

 

Podrías estar hablando como siempre

de tu pasión, tu celo, tu manera de ver

las cosas que rodean la concreción del arte

y dando tu leída memoria de vigilias

para que otros aprendan

que estética y recuerdo son una misma cosa

y una forma de ser.

Supongo que ya habrás traspasado

la memoria del hombre y la angustia concreta

y tendrás en tus ojos otra mirada abierta

a la esencia del todo y a la esencia del ser.

Marcha lenta la tuya, por precoz y esperada,

un regresar al tiempo y al sonido primero

o a los libros que hicieron en tu memoria un canto

y a tu múltiple forma la unidad de tu nombre.

Cercenado y en pie te has muerto como todos

pero algo más te llevas, que muchos no pudieron;

un transitar constante por las sendas más duras,

un mantener tu parte hasta el último día,

un recibir la muerte como siesta dormida

y la certeza ardiente, testimonial y dura

de saber que la muerte es empezar a ser.

Volcado hacia ese otro extremo de la nada

en la parte más pura de la materia hendida

estás, ya para siempre, en el no conocer.

 

 

 

         BREVÍSIMA ELEGÍA

 

         Para René Dávalos

 

La muerte, rostro ajeno y amarillo

que madura en nosotros.

 

Yo la he visto, Señor, y era yo mismo.

Yo lo vi con mis ojos.

 

Era su mismo rostro,

veladamente ajeno, en el domingo.

 

 

         A HÉRIB CAMPOS CERVERA

 

Qué pronto pasa el tiempo.

Qué pronto se deshace

en la teoría de todos el recuerdo.

solo quedan los versos, la voz que te mantuvo

sobre el puñado ávido de tierra

con tus brazos abiertos

de la cruz que forjaste, hachero del silencio.

A veces me detengo junto a la redimida ceniza

de tu sueño

y al sentir tu palabra, oh tristemente eterno,

te comprendo.

 

 

 

ÍNDICE

 

Presentación

Datos biográficos

Prólogo

 

ENTONCES ERA SIEMPRE

El tiempo

Infancia

La casa

El grillo

Setiembre

La escuela

Las palabras

Vacaciones

Atrio

Las hormigas

Flor de coco

 

YO

Colofón

 

EL SAUCE PERMANECE Y TRES MOTIVOS

Mujeres que hacen cántaros

Viento norte

¡Oh, conocer!

Buscar el pan

Tiempo de Navidad

Hombre y lluvia

 

TRÍPTICO

Vida

Muerte

Sauce

 

TRES MOTIVOS

I - Tu realidad

II - Los silencios

III - De pronto

 

COMO REGRESA EL CÍRCULO

Cómo regresa el círculo

Qué poco entiendo las cosas

Como un sueño en los ojos

Las cuatro palabras

Si la furia de Dios

El hombre

Dos hombres y su cáncer

Uno y otro

Miedo al gris

El ciclo está cerrado

Hoy conviene callar

La estática inquietud

Una fiebre me busca

Primavera, Setiembre

Me estaba acostumbrando a ser feliz

Los ángeles no vuelan en otoño

Se está haciendo muy tarde

Todo es ajeno, hoy

Otrosdías

No estar en él

Verano y llanto

Deseo

Porque es música el tiempo

 

MI VOZ PARA LOS MÍOS

En el no conocer

Para Ruy Díaz de Guzmán

Brevísima herejía

A Hérib Campos Cervera.

 

 

 

 

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 LOS MONÓLOGOS

 

por JOSÉ-LUIS APPLEYARD

Colección “OÑONDIVEPA”

Asunción-Paraguay 1973

(124 páginas)

 




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