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JOSÉ-LUIS APPLEYARD


  CENIZAS DE LA VIDA, 1997 - Poemario de JOSÉ-LUIS APPLEYARD


CENIZAS DE LA VIDA, 1997 - Poemario de JOSÉ-LUIS APPLEYARD

CENIZAS DE LA VIDA, 1997

Poemario de JOSÉ-LUIS APPLEYARD

FERNANDO PISTILLI MIRANDA - EDITOR

Talleres HARDSOFT – Servicios Gráficos

Asunción – Paraguay

Octubre 1997 (78 páginas)

 

 

DATOS BIOGRAFICOS - JOSÉ-LUIS APPLEYARD

Nació en Asunción, Paraguay, el 5 de mayo de 1927. Su educación primaria la hizo en la Escuela Normal de Profesores y la primera parte de los estudios secundarios la cursó en el Colegio San José de su ciudad natal. Concluyó su bachillerato en el Colegio San Marón de Buenos Aires. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, se desempeñó como abogado durante diez años y pasó posteriormente al periodismo. Director de Suplementos culturales, editorialista y creador en "La Tribuna" de una columna en la que popularizó sus "Monólogos". Actualmente es columnista del vespertino "Ultima Hora".

Poeta, narrador, periodista y dramaturgo. Integró la Academia Universitariadel Paraguay. Destacado miembro de la promoción de 1950.

Obras: "Poesía I de la Academia Universitaria", 1953; "Entonces era siempre", 1963; "Aquel 1811", drama poético galardonado con el Premio Municipal 1961, publicado diez añosdespués; "El sauce permanece", 1965; "Imágenes sin tierra", 1965, novela; "Los Monólogos", 1978; "Así es mi noche buena", 1978; "Tomado de la mano", 1981; "El labio y la palabra", 1982; "Solamente los años", 1983; "La voz que nos hablamos", 1983; "Las palabras Secretas", 1988; "Desde el tiempo que vivo", 1993, libro galardonado con el Premio Municipal de Literatura 1994; y "Antología poética", 1996, añoeste en que el Gobierno de su país le concede la Condecoración de la Orden Nacional al  Mérito en el grado de Comendador.

 

ÍNDICE

EN LA TARDE DE ENERO

ESTAMOS EN FEBRERO

SE LLAMABA CASILDA

PRISIÓN PARA SER LIBRE

PALABRAS Y SILENCIO

NO LO QUE VES ES TODO EN TU MIRADA        

 

 

 

 

EN LA TARDE DE ENERO

 

I

 

Esta tarde de enero se prolonga.

Hasta el viento ha cesado por completo.

Y el tiempo se desliza suavemente,

reptando entre los árboles y el tedio.

 

Existe en el ocaso

la sensación de un íntimo bostezo

¿por qué tiene que ser en esta hora

cuando llega el tropel de pensamientos?

Surgen como murciélagos oscuros

y vienen hacia mí con sus tormentos.

El Sol casi no es Sol

y una rosada niebla

se pierde en la mudez del firmamento.

 

II

 

Atardecido ya, como este día,

me enfrento a la falange de recuerdos.

Unos, ya muy lejanos, se interponen

y develan sus cándidos secretos.

 

Secretos que lo fueron bajo un techo

que los cubrió con cómplices derechos.

Sombras de algún desván, humo sin fuego,

pesadillas pasadas de algún sueño.

y así como han venido, ya se han ido

como deben hacerlo los desechos.

Vienen otros recuerdos, más cercanos,

que ofrecen realidades como ejemplos.

 

III

 

Experiencias que nunca me sirvieron

porque el hombre es así y sus maestros

solo sirven comidas sin adobos.

 

Caer y recaer con tozudez de ciego

en el hoyo que siempre nos precede;

tropezar con la piedra que sabemos

está en el mismo corazón del fuego.

Pozos y piedras, juegos malabares

con un puñal flamígero en el aire.

Si la experiencia enseña, mal alumno yo he sido,

pués he vuelto a caer.

Y el presente que es hoy, ignora el hecho.

 

IV

 

Me he puesto a meditar en el ocaso.

Pienso que fuí, que soy y... ya veremos.

La tarde se hace noche muy de prisa

y una extraña zozobra me atenaza.

 

¿Podrá ser solamente este calor de enero?

No lo sé, pero intuyo que existen más motivos.

Tristezas que no fueron del todo superadas;

dolores apagados que sangran muy por dentro,

palabras que fueron usadas en su tiempo

o gestos que murieron sin ser una advertencia.

Son muchos los motivos ocultos que aparecen

por el sutil misterio que nace de esta hora.

Miro la tarde-noche y algún suspiro surge

del fondo de mi cuerpo con vocación de alivio.

 

V

 

Hay tantas cosas nuestras que mueren en silencio,

sin llantos, ni alaridos ni oscuros funerales...

Las amé en su momento y luego fueron polvo,

ese polvo impalpable que atesoran los muebles

y que roba del viento sus huellas digitales.

 

Cosas es la palabra que abarca casi todo:

un lápiz, un florero, la mesa o un retrato.

Cosas es una carta que nunca fue enviada

o una camisa enferma de tanto ser usada.

Cosas que fueron nuestras, que nos dieron instantes

de profunda alegría o callada tristeza.

Cosas, cosas perdidas, halladas o compradas.

Cosas que fueron tiempo, mañanas, madrugadas...

En fin, hay tantas cosas que imposible sería tratar de enumerarlas.

¡Cuántas cosas, Dios mío, cuantas cosas y nada!

 

VI

 

Pero, en fin, ya la noche ha tendido sus alas.

Ya ha pasado el momento creador de pensamientos.

Transparentes u opacos.

La luz artificial se enciende en otros ámbitos.

La noche es más sincera con sus viejos misterios

que han dejado de serlo.

 

Si cruje una madera, sabemos que no es cierto,

y cuando canta un grillo, no nos tiene despiertos.

En un libro encontramos palabras y conceptos

o una música trae un mensaje de lejos.

La lucha cotidiana se arrebuja en su seno.

Y un mosquito pregona que me ha llegado el sueño.

Quisiera proseguir, pero sé que no debo...

No, no voy a dormir,

es que aún siento en las sienes

la opresión de ese fuego

que el crepúsculo puso

en la tarde de enero.

 

 

ESTAMOS EN FEBRERO

 

I

 

Ha llegado febrero.

Un mes breve e intenso como todo lo breve.

Calor y chaparrones. Viento sur pasajero.

En la historia,

su nombre se llena de recuerdos.

 

Golpes, revoluciones,

destierro y escarceos.

No faltan militares,

civiles cuarteleros

y leñas crepitantes del régimen caído.

Un nuevo amanecer: la Patria se ha salvado.

Un coronel ausente y un Gabinete tenso.

Lecciones de febrero.

 

II

 

Más tarde, un autogolpe.

Los jóvenes apañan al conductor glorioso.

Una constitución cercena libertades.

Todo ya estaba hecho para mandar cien años.

Y la soberbia ciega los ojos de los hombres

 

Haremos de la Patria un nuevo paraíso.

Los proyectos son muchos y el tiempo será breve.

La Parca ya ha afilado las tijeras del miedo.

Y así setiembre mata lo que nació en febrero.

Un avión abatido

Y una caja de fósforos buscando otro destino.

 

III

 

San Valentín. Febrero para los enamorados.

El carnaval se llena de traseros desnudos

y la televisión se empeña por mostrarlos.

Tambores africanos reviven en el samba.

Y tanta algarabía se llena de cenizas al cundir

la Cuaresma.

 

Pitos y serpentinas, disfraces y antifaces

resucitan y vuelven a morir en febrero

El verano resiste luchando contra el tiempo

Y el otoño de marzo parece una utopía.

Las cigarras acallan el latir de su élitros

Cuando llega febrero.

 

IV

 

Para los estudiantes que fueron aplazados

no es propicio febrero.

Intentan aprender lo que nunca supieron

entre bailes y risas, piscinas y paseos.

Las materias pendientes no acompañan sus juegos.

 

Los exámenes llegan con sus rostros severos.

El calor los circunda.

Los examinadores son conciertes verdugos

de la crasa ignorancia.

Beben jugos de frutas y preguntan solemnes.

No es culpa de febrero.

 

V

 

Febrero brinda frutas.

Las hace más maduras

y hasta más perfumadas.

Las frutas del verano terminan en febrero.

En marzo vendrán otras con gustos diferentes.

 

Este mes es un híbrido entre marzo y enero.

Un viejo calendario le dió esa ubicación

y le podó a sus días.

Por eso es irascible, pendenciero

y también un franco compañero.

Difícil de entender por sentirse bajito,

seamos buenos con él

porque es bueno febrero.

 

VI

 

Recordemos que en él cayó la dictadura.

Y una hermosa candela iluminó a San Blas

y ocurrió lo sabido.

Aún nos guarda sorpresas

por ser impredescible

 

Cualquiera de sus días

podrá abrir mil caminos y extraños derroteros.

Pequeño y perspicaz, guarda muchos secretos;

y si es bueno, también puede ser muy artero.

Y vivamos con él, ¡si estamos en febrero!.

 

 

SE LLAMABA CASILDA

 

I

 

Se llamaba Casilda.

La conocí en el tiempo

en que todo era nuevo.

Su voz sonaba a campo, a capueras , a viento.

 

El guaraní fluía de sus labios sedientos.

En cambio, el español le era tosco, imperfecto.

El yvapurú de sus ojos brillaba a cada instante

y el brillo me segaba

cuando de su boca surgía, espontánea, la risa.

El evano bruñido de sus trenzas jugaba

a ser una diadema.

Y no lo supe entonces, pero aprendí a saberlo

por dictado del tiempo.

No quiero hablar de cuando, porque los años sumen

los tiempos en olvido.

Prefiero recordarla así, bella y sencilla.

Prefiero recordar que su nombre es Casilda.

 

II

 

Llenó un lapso importante

de mi vida de entonces.

Por ella yo estudiaba,

por ella no salía a compartir los juegos

en la calle callada.

 

Por ella fui escribiendo mal que bien las palabras

y bastaba su voz para saber que amaba.

Yo no lo supe entonces.

Lo estoy sabiendo ahora, ya tarde y sin remedio.

Porque amar es tan grande que no cabe en el pecho.

Y ella fue para mí ese amor sin saberlo,

ese amor puro y simple, sin carne y sin deseo.

Y esa voz campesina, ingrávida y lejana,

aún retorna en mis sueños.

 

III

 

No recuerdo el momento en que dejó mi vida.

Se perdió para siempre sumida en ese mundo

de libros y juguetes.

 

Y de ese mundo emerjo, con mi propio silencio.

Su voz, como su nombre,

era la forma simple de llamarla Casilda.

Tal vez no haya belleza en sus escuetas sílabas,

pero en mí hay resonancias de amor y de poesía.

Se llamaba Casilda.

 

 

 

PRISIÓN PARA SER LIBRE

 

 

I

 

En tu propia prisión te has vuelto libre.

Paradojas de vida.

Las rejas que forjaste con paciencia

fueron tu forma de no ser cautivo.

 

Una celda es hogar cuando retiene

la intimidad con nadie compartida.

Es un lecho a medida sin Procustos

y un techo sin espadas de Damocles.

Limitado el andar, pero sin tasa

La basta magnitud del Universo.

Con grillos que no muerden

la dura voluntad de los tobillos

y esposas de un acero inoxidable

que morderan la furia de los puños.

 

II

 

Porque ser libre es siempre estar cautivo

de sí mismo, tascando recio freno del deseo.

Nadie puede pedir lo que ya tiene

ni perder lo que le ha sido dado.

 

La libertad no miente,

por eso es prisionera.

La verdad la transita.

La verdad es su esencia.

Lo libre si verdad es simplemente

lo más abominable del desprecio.

¡Y cuantos lo padecen sin saberlo!

Deambulan por las calles,

noctívagos sin precio.

Deambulan por la vida acollarados

por sofismas falaces de tan necios.

 

III

 

Si dices no entender

la clara latitud de estas palabras,

será porque le temes

a la luz ancestral

del sol que es verbo.

 

Tal la verdad que pare el hombre libre,

el cual, por serlo, será su prisionero.

No existen sutilezas en lo dicho.

Tampoco es pensamiento

al que envuelven las brumas de lo falso.

Acostumbra tu mente a no temerlo,

acostumbra tus ojos a mirarlo.

No enceguescas, creyendote vidente.

La verdad es terrible y dolorosa

porque hiende las carnes con cauterios

que aniquilan con fuego la mentira.

 

IV

 

La vida no es tan simple como quieres.

Y la simplicidad es mala consejera,

pues tiene como madre a la pereza,

pecado capital del que no piensa.

Hurga en tu ser, horada los misterios,

destroza oscuridades.

 

No te quedes al borde del camino

con el cansancio de no haber pensado.

Mientras no pienses, serás siempre el esclavo.

Busca tu libertad, la verdadera,

y la habrás de encontrar cuando tropieces

y caigas varias veces en tu intento.

Mas si esperas que llegue hasta tus fueros,

como gracia divina, estás equivocado.

 

V

 

Quien no tiene medida para nada

nunca podrá gozar de su albedrío.

El hombre es centro de un círculo perfecto

que establece sus límites de vida.

Si dentro de esa linde transcurre tu existencia,

podrás gozar de libertad extrema.

Y si sales de ella, no serás prisionero,

pero tampoco libre como quieres.

 

Una celda es hogar cuando retiene

la intimidad con nadie compartida.

Es un lecho a medida sin Procustos

y un techo sin espadas de Damocles.

Limitado el andar, pero sin tasa

La basta magnitud del Universo.

Con grillos que no muerden

la dura voluntad de los tobillos

y esposas de un acero inoxidable

que morderan la furia de los puños.

 

 

PALABRAS Y SILENCIO

 

I

 

Dialogar, escribir, monologar.

¿ Qué más da?

Todo resulta igual, sin diferencia.

Los tres infinitivos son perfectos,

dialogar es hablar con uno mismo

y escribir es plasmarlo en unas letras.

 

Monologar, decir lo que se ha dicho

muy dentro de un espíritu callado.

Para escribir no existe algún motivo.

Al escritor le fluyen las palabras

no elige a quien lo lea.

¿Por qué interlocutores que no existen ?.

¿ Es tan difícil comprender lo obvio ?.

 

II

 

Aveces pienso que me estoy aislando,

que me voy separando lentamente

de tantos hombres y de tantas cosas.

 

Pero luego reacciono y me comprendo.

No tengo vocación para ser isla

porque es ponerme límites precisos.

Me callaré, el silencio es lo prudente,

y me refugio en él, como asilado

El silencio es un punto del olvido

que borra las distancias del recuerdo.

 

III

 

Si la palabra fluye, no la freno,

la dejo transitar entre mis dedos,

sin querer detenerla.

 

Las complejas vidrieras de la tarde

se llenan de rubores escarlatas.

Es el momento exacto en el que debo

iluminar las lámparas de casa.

 

IV

 

Y concluyo tornando a lo ya dicho.

No escribo para nadie y para todos.

Y si hoy me rehúyen las palabras,

las dejo a su albedrío, pues son libres.

 

Ya volverán de nuevo , mientras busco

en algún libro lo que siempre callan.

Se está muriendo julio y en la casa

vuelve a imponer sus normas el silencio.

Cuando me acojo a él,

irreverente,

con destemplada voz suena el teléfono.

 

 

NO LO QUE VEZ ES TODO EN TU MIRADA

 

I

 

Me dices con tristeza:

"nunca vi nada más que lo que había"

Navega en el silencio mi respuesta.

Miro tus grandes ojos sorprendidos

y comprendo tu pena y estupor.

 

Ves sin mirar, y ello resulta triste.

¿ Alguna vez pusiste tu mirada

en ese impalpable polvillo que flota en el hambiente

y que sólo es visible con los dedos del Sol?.

" Sí - me dices -, lo he visto".

en cada partícula hay un mundo

y todo un universo nos rodea en esta habitación.

Hay planetas y lunas, hay soles y montañas,

y hay seres tan pequeños que nuestros limitados patrones

no pueden concebir.

Y en la gota de rocío que se ha posado en una hoja

puedes ver la irizada luminosidad de belleza

que no sabes apreciar.

 

II

 

No ves mas que lo obvio.

Tu vista no puede abarcar lo que te ciega.

Tus ojos recorren la pieza en donde estas.

Miras un escritorio.

Varios diplomas viejos. Un estante de libros.

Un cuaderno, un retrato

y hasta la tela tenue que una invisible araña acaba de tejer.

 

Y crees haberlo comprendido todo

en ese ver que recorre el sitio

como el paneo de una cámara tonta,

de la cual los detalles se te evaden y crees

haberlo visto todo

por la suma de imágenes

a las que tu quieres imponer tu criterio.

 

III

 

No has visto , sin embargo, el gancho del que pende

aquel retrato oscuro, ni el vientre ya abultado

de ese televisor.

No ves lo que ya está porque no miras.

 

Y cuántos en la vida decimos tus palabras.

Todo lo que ya hay ha sido visto.

Nada mas alejado de la verdad que tal afirmación tan temeraria.

Y hay un cierto matiz de tu voz

en que la duda no se anima a avalar tu afirmación.

 

IV

 

A alguien le dije alguna vez que un libro

es un largo secreto encuadernado

entre dos tapas de cartón o cuero.

 

No puedes aquilatar su contenido si no lo abres

y lees cada una de sus múltiples páginas.

Un libro no se juzga por su volumen, sus poros, sus figuras.

El libro que no lees mantendrá su secreto.

 

V

 

Mientras tanto, trata de mirar con ojos nuevos,

y entonces, solo entonces,

podrás saber que has visto solo

la parte del todo que esta allí.

 

No sabrás del estuche en que guardo aquel anillo

ni del rostro que tuvo la mujer que no fue.

Tan solo tu mirada con tu sabiduría

abran de descubrir lo que no existe.

Y entonces sabrás ver.

 

 

 

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