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ALEJANDRO MACIEL


  EL SEÑOR ES CONTIGO... - 1ª EDICIÓN - Autores: GLORIA RUBÍN y ALEJANDRO BOVINO - Año 2005


EL SEÑOR ES CONTIGO... - 1ª EDICIÓN - Autores: GLORIA RUBÍN y ALEJANDRO BOVINO - Año 2005

EL SEÑOR ES CONTIGO… FEMINICIDIO EN PARAGUAY

 

GLORIA RUBIN – ALEJANDRO MACIEL

 

Fundación KUÑA ATY

Fondo de Igualdad y Género – FIG/ACDI – PARAGUAY

Imagen de tapa: Óleo de Miguel Pencieri basado en la obra:

“Virgen y el Niño” de Murillo, que fue robado del

Museo Nacional de Bellas Artes en 2004

Diseño de tapa: JULIÁN LEDO

Asunción – Paraguay

2005 - 213 páginas

 

 

El libro fue facilitado por la Fundación KUÑA ATY

a través de la Señora GLORIA RUBIN

(Diciembre 2013)

 


GLORIA RUBIN

Licenciada en Psicología, egresada de la Universidad Católica de Asunción.

Curso de Doctorado en la Universidad Nacional de Asunción.

Maestría en Sociología del Desarrollo. Universidad nacional de Asunción Periodista.

Dictó curso de Actualización de Posgrado sobre “Género y Violencia’’ Rectorado de la Universidad Nacional de Asunción. Año 2004.


ALEJANDRO MACIEL

Alejandro Maciel es médico psiquiatra argentino, egresado de la Universidad de Buenos Aires y escritor. La última obra publicada es la novela “El rey prófugo”, Editorial Landmark, Sao Paulo, Brasil (abril 2005) aparecida originalmente en traducción al portugués.

En el 2004 dictó el Curso de Actualización de Posgrado sobre “Género, violencia y psicopatología” en la Universidad Nacional de Asunción con las doctoras Gloria Rubín Ligia Fraulob y Lidia Giménez. También dictó el seminario “Estudios sobre el patriarcado” para Diakonía, en la Fundación Kuña Aty.



INDICE

Prólogo

Introducción       

Objetivos

Formulación de la hipótesis

Marco teórico. Violencia doméstica

Tipos- de violencia contra la mujer 

El ciclo de la violencia

Rueda del control y del poder

Feminicidio: La última estación de la violencia hacia la mujer

Sanción social     

Aspectos metodológicos

Presentación de los resultados

Acotación

Resultados

Evaluación de los resultados

Conclusiones

Epílogo

Bibliografía

Anexos



PRÓLOGO

Comencé a escuchar la palabra feminicidio cuando empezaron a salir las noticias de asesinatos en serie en la ciudad de Juárez, México; de ahí en más me puse a leer materiales sobre el tema: “mujeres muertas por sus maridos, novios o compañeros”, que se publicaban en España, Brasil, Argentina, y finalmente presté un poco más de atención a los diarios paraguayos para anotar cuántas mujeres mataban en Paraguay los novios, amantes, maridos y el resultado de esta pesquisa aproximativa fue abrumador. Paralelamente pedí a mi asistente Félix Sosa (a quién agradezco su permanente colaboración) que siguiera investigando en Internet lo que pasaba en México y constatamos con estupor que las muertes seguían en aumento; entonces pregunté a nuestras compañeras de la Fundación Kuña Aty; ¿no podríamos hacer una investigación en Paraguay sobre este tema? Ellas me acompañaron en la idea y presentamos un proyecto a FIG/ACDI (Fondo de Igualdad de Género), y fue elegido para iniciar esta investigación.

Posteriormente, hablando del tema y al observar su vivo interés invité al Dr. Alejandro Maciel a acompañarme en esta aventura; porque de eso se trató desde el comienzo: una aventura internados en aquellos mundos paralelos y desconocidos de policías, familiares de las desaparecidas, fiscales, jueces/as. Ya sabíamos que iba a ser una tarea ardua pero Alejandro aceptó y comenzamos a elaborar los instrumentos de recolección de datos, leimos más de 30 libros sobre violencia doméstica hacia las mujeres, una a una las informaciones periodísticas al respecto, pedimos colaboración a los directores de páginas policiales de los periódicos que se publican en Paraguay.

Lamentablemente no pudimos contar con toda esta ayuda. Inicialmente elegimos 44 casos entre los años 1998 y 2000 y fuimos descartando muchos de ellos por la dificultad para encontrar información fehaciente, y no solo quedarnos ion las notas de los diarios; al promediar la investigación decidimos llegar hasta el 2003 por las mismas razones, finalmente quedamos con 21 casos, empezamos a rastrear la palabra feminicidio y los actores/as entrevistados/as siempre nos contestaban, femini, ¿qué?

En este momento de la investigación comenzamos las entrevistas con la colaboración de Ignacio Martínez Paiva, quien tuvo que viajar por todo el país buscando los expedientes y partes policiales y a muchas ciudades varias veces, Alejandro y yo fuimos investigando en Asunción, el Dpto. Central y Pedro Juan Caballero. En la última parte del trabajo contamos con la colaboración del abogado Nery Peña, para la búsqueda de los certificados de antecedentes judiciales. Estos certificados nos sirvieron para corroborar o cruzar la información que habíamos recibido en la Dirección de Institutos Penales. Deseamos que nuestro trabajo sirva para crear conciencia de lo expuestas que están las mujeres a sufrir toda clase de violencia que termina, muchas más veces de lo que creemos en el cementerio. Deseamos que el Ministerio Público, la Policía y la Justicia Penal cumplán  su parte de responsabilidad para defender la vida de las mujeres.

Gloria Rubín



INTRODUCCIÓN

La idea de investigares una inquietud de la Fundación Kuñá Aty que viene trabajando por la defensa de los derechos de la mujer desde 1994, contra toda forma de abuso de poder de los hombres hacia sus mujeres, fundamentalmente dentro de la familia.

El feminicidio real es desconocido. Los casos que aparecen en la prensa son aquellos que tuvieron mayor repercusión por sus características especiales, por coincidencia con el trabajo de algún periodista o por estar involucrado/a en el crimen alguna persona de público conocimiento.

El estudio abarca un total de 21 casos. Se realizó el seguimiento de los mismos partiendo de la información periodística inicial que ejerció como base para empezar su estudio más detallado.

La investigación realizada en este trabajo tiene carácter cualitativo con muestreo selectivo.

Una de las ideas centrales a investigar en este trabajo debería responder siquiera aproximadamente ésta pregunta: ¿sigue considerándose el feminicidio como un delito menor; casi como un derecho del hombre sobre la mujer ante una falta de parte de ésta?

Esta pregunta tiene varios enfoques:

• ¿Tiene actualmente la mujer conciencia acerca de sus plenos derechos?

• ¿Tienen la familia, amigos, parientes y allegados a las víctimas confianza en la ejecución cabal de la Ley 1600 de violencia hacia la mujer?

• ¿Cómo se relaciona esta nueva situación con los distintos niveles de aplicación de la justicia?, a saber:

• Nivel policial

• Nivel de fiscalía

• Nivel judicial

• Nivel penitenciario

El estudio detallado de los casos se justifica porque, si tal como sospechamos, resultaren negativas estas interrogaciones formuladas a las distintas partes estaríamos ante una situación de disociación social: por un lado una ley del fuero civil escrita como letra muerta y por el otro una población desinformada o escéptica o con fuertes resistencias al acatamiento de la normativa; una especie de anomia por omisión, lo que generaría un peligroso sentido de impunidad por parte de los futuros actores criminales. La desconfianza en los funcionarios del Estado encargados de la aplicación de la norma (jueces, policías, fiscales) también tendría como consecuencia el bajo índice de denuncias registrados efectivamente en casos de violencia doméstica, que hemos constatado a lo largo de años de atención a las usuarias.

Si bien algo se avanzó en cuanto a la toma de conciencia de la situación civil por parte de la mujer, estamos aún muy lejos de registrar con rigor todos los casos de violencia doméstica que existen en la realidad. Como decía una pobladora de María Auxiliadora, Itapúa, tomando mate con nuestro encuestador: “¿Cómo vamos a denunciar que alguien le castiga a su mujer o sus hijos, si denunciamos asesinatos, robos y abigeatos y las autoridades no hacen nada? ”

Autoridades no hacen nada?”.

Los investigadores partimos de estudios realizados en distintos ámbitos sobre la violencia de género contra la mujer. Si definimos a la violencia de género como todo abuso de poder por parte del hombre contra la mujer por el solo hecho de ser mujer; el feminicidio es el segmento terminal de una larga cadena que se inicia en la infancia durante el proceso de socialización en el que se indica a la mujer, y sobre todo en nuestra cultura heredada del ámbito latino, un rol de sumisión a las directivas masculinas.

El paradigma social patriarcal enmarca toda la vida del Estado. Bajo estas condiciones, la mujer siempre está considerada como una propiedad del marido y no le está permitido tomar decisiones sobre sí misma, sus hijos o su hogar.

Cualquier intento de revertir estas leyes no escritas y sin embargo más vigentes que las del código civil, acarrea consecuencias drásticas para las futuras emancipadas. El feminicidio es el último y más grave episodio de la cadena del sufrimiento femenino; pero el hombre se libra de este final porque sabemos que casi siempre reinicia su vida con otra futura víctima ingresando en una circularidad fatalista de protección “represión” y sanción nefasta ante cualquier nuevo intento de emancipación por parte de la víctima. Entre estos casos, tenemos una reincidencia probable de criminalidad feminicida: como adelantáramos, algunos crímenes quedan impunes o el asesino huye y el caso queda “olvidado”.

La investigación tiene carácter exploratorio inicialmente, ya que carecemos de datos anteriores publicados en Paraguay sobre este tema. Es además descriptiva de la opinión de distintos niveles sociales sobre la vinculación Feminicidio/Justicia.

El tema de la violencia intrafamiliar ha sido analizado en un excelente estudio: “Encuesta Nacional sobre Violencia Doméstica”, del Centro de Documentación y Estudios, 2001, sobre un total de 1206 encuestados en todo el país, de distintas edades, profesiones, niveles educativos. Pero el feminicidio aún no ha sido estudiado en Paraguay.

En la Encuesta Nacional del CDE se tiene la percepción de la gente acerca de la violencia contra la mujer, causas, soluciones, consecuencias. Queríamos conocer la percepción de los actores de este delicado problema en relación al feminicidio específicamente.

Siguiendo esta dirección, investigamos la opinión de:

Nivel 1: AFECTADOS (familiares, amigos, allegados de la víctima)

Nivel 2: PRIMER NIVEL DE EJECUCIÓN (Policías, actuarios)

Nivel 3: SEGUNDO NIVEL DE EJECUCIÓN (Fiscalía investigativa)

Nivel 4: TERCER NIVEL DE EJECUCIÓN (Juzgados y sentencia)

Nivel 5: CUARTO NIVEL DE EJECUCIÓN (Penitenciaría)

Cada nivel se investigó por medio de un instrumento guía con preguntas cerradas y abiertas. Las mismas fueron administradas (y registradas las respuestas) por un auxiliar de la investigación.


 

OBJETIVOS

Los objetivos del estudio han sido:

• Identificar los casos de muerte por maltrato físico de mujeres que fueron publicados en prensa escrita entre los años 1998 y 2003 y que fueron denunciados.

• Describir los casos en cuanto a su proceso legal institucional, a partir del momento de la denuncia hasta el mes de Diciembre del 2003.

• Indagar el nivel de conformidad y actitud de los familiares cercanos de las víctimas en relación al desarrollo del proceso judicial.

• Indagar la actitud general de la policía y el Ministerio Público (fiscalías) ante la violencia doméstica y el feminicidio.

• Determinar y analizar las dificultades del proceso.


 

FORMULACIÓN DE LAS HIPÓTESIS

Para los investigadores, la hipótesis se podría formular del siguiente modo: la desconfianza en el sistema de protección legal (variable independiente) hace que las mujeres se muestren remisas a efectuar la denuncia (variable dependiente) ante las situaciones de violencia que culminan con el feminicidio. Ya que los investigadores no hemos intervenido en forma directa manipulando variables, nos limitamos a observar los 21 casos seleccionados de la prensa escrita, hacer su seguimiento hasta donde nos fue posible y analizar la opinión de los actores del feminicidio.

Los investigadores tenemos algunos indicios del bajo nivel de información acerca de los derechos de las mujeres; y de la distorsión del concepto de función social de las mismas en el esquema patriarcalista de nuestra sociedad. Las consultas psicológicas y psiquiátricas, tanto en los hospitales públicos como en el trabajo privado nos indican que a pesar de haberse sancionado y puesto en vigencia la Ley 1600 hace 4 años en el Paraguay; y a la difusión masiva de sus términos en los medios de comunicación, la gente sigue obedeciendo pautas de conducta con marcada inequidad a favor del hombre en cuanto a la toma de decisiones en el hogar, en forma imperativa, inconsulta y autoritaria. La idea del modelo de pater familiae romano con potestad sobre vida y obra de sus allegados sigue vigente a pesar de los avances de la sociedad en otros aspectos.

Para recoger la información hemos realizado el seguimiento de los 21 casos escogidos.

Además, se buscó complementar el seguimiento con:

• La opinión sobre la justicia en los damnificados por el crimen: familiares, allegados, vecinos.

• La percepción de repulsión, simpatía o indiferencia con la conducta feminicida por parte de los actores de los distintos niveles de ejecución de la justicia antes mencionados (policía y fiscalías)

• Los resultados objetivos de la penalización de los victimarios comparando con la pena prevista para el homicidio simple.


 

MARCO TEÓRICO VIOLENCIA DOMÉSTICA

Antes de entrar de lleno en los detalles de la investigación, es necesario puntualizar los conceptos básicos que nos han servido de guía para definir los términos que utilizamos en el informe y análisis de esta investigación.

Se considera “Violencia contra la Mujer” a todo lo que está contemplado en la Convención Interamericana de Belem do Pará para la prevención y erradicación de este mal y que sintetizamos a continuación:

Se considera Violencia contra la Mujer:

Art. 1°.- Cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.

Art. 2°.- Se entenderá que “violencia contra la mujer” incluye a la violencia física, sexual y la psicológica:

a) que tenga lugar dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio que la mujer, y que comprende, entre otros, violación, maltrato y abuso sexual.

b) que tenga lugar en la comunidad y sea perpetrada por cualquier persona y que comprende, entre otros, violación, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostitución forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar de trabajo, así como en instituciones educativas, establecimientos de salud o cualquier otro lugar;

c) que sea perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes, donde quiera que ocurra.


 

TIPOS DE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Violencia física

Existe cuando la persona con quien la mujer mantiene una relación afectiva, presente o pasada:

• La golpea, le da cachetadas, le da empujones, la patea.

• Le arroja objetos.

• La detiene contra su voluntad.

• La amenaza o lastima con cualquier tipo de arma (cuchillos, tijeras, armas de fuego, entre otras acciones violentas).

Violencia psicológica

Se considera violencia psicológica:

• Si el agresor le dice cosas que la humillen, insulten, denigren o avergüencen.

• Que no le permita estudiar o trabajar en lo que ella desee, aunque lo haga bajo pretexto de “cuidar su integridad”.

• Que la descuide cuando está enferma o embarazada.

• Que la amenace con matarla a ella y/o a sus hijas/os, o amenace con suicidarse para manipular su voluntad.

• Que utilice los celos como excusa para controlarla.

• Cualquier medio de dominación o maltrato que se utilice contra la mujer.

Las personas que reciben maltrato psicológico y se les ha causado daño emocional grave con esta conducta reiterada manifiestan, en forma recurrente, una o todas estas características:

• Miedo paralizador.

• Sentimientos de desamparo o desesperanza.

• Sentimientos de frustración o fracaso.

• Sentimientos de inseguridad, invalidez, aislamiento, autoestima debilitada u otra conducta similar.

Violencia sexual

Hay violencia sexual cuando el ofensor:

• Fuerza a la mujer a tener relaciones sexuales cuando ella no quiere.

• La obliga a realizar prácticas sexuales con las que ella no está de acuerdo.

• Critica su forma de tener relaciones sexuales, entre otras cosas.

Violencia económica

Podemos clasificarla en las siguientes formas:

De control: cuando el hombre de la pareja controla los gastos de la mujer (tenga o no ella un empleo remunerado) o cuando no entrega dinero suficiente para los gastos del hogar.

De ocultamiento: cuando el hombre evita que la mujer sepa cuanto gana o le oculta datos acerca de los bienes, ingresos y gustos.

De exclusión: cuando no da participación a la mujer de las decisiones financieras que afectan a la pareja o a la familia.

De incumplimiento: cuando se niega a dar prestación alimenticia a sus hijas/os.

Esto no agota las múltiples formas de coaccionar económicamente a la mujer para conseguir su control y subordinación. Hay formas mucho más sutiles, por ejemplo, retirarle la tarjeta de crédito bajo el pretexto de “excesos en gastos”.

En todas sus formas: La violencia es esencialmente un abuso de fuerza amparada en el poder. Esencialmente es la imposición injusta de un comportamiento ajeno a otra persona, el vulnerar su voluntad, obligarla a acatar órdenes arbitrarias o ideas extrañas y condicionar su conducta por coacción.

¿Cómo se explica esta violencia contra la mujer?. Ya hemos visto que el patriarcado tiené como premisa la dominación y subordinación de la mujer a la voluntad del hombre. Cuando estalla la Revolución Francesa viene a cambiar un orden social (el antiguo régimen) por otro más justo; pero deja fuera de esta búsqueda de equidad a la mujer ya que la “Declaración Universal de los Derechos” es la declaración de derechos para el hombre solamente. Como dice la investigadora Amelia Valcárcel en “Mujeres filósofas”: Al redactar la “Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana” en 1791 Olimpia de Gouges, su autora ignoraba que sería condecorada con la guillotina dos años después por orden del Directorio del Terror. De este modo la Revolución dejó bien claro que la inequidad sexista no entraba en su programa.

Analizaremos a continuación una serie de prejuicios, mitos y conceptos basados en equívocos que aparecen frecuentemente en los medios de comunicación, en la sociedad y hasta en el ámbito profesional cuando se está frente a casos de violencia familiar:

.

MITOS

REALIDADES

Las relaciones de agresión pueden cambiar y extinguirse con el tiempo.

Sin ayuda externa (profesional) la agresión tiende a repetirse y a ir empeorando a menos que el ciclo sea interrumpido. Sin embargo no hay que olvidar que existen experiencias de cambios desde lo social, como las organizaciones de mujeres que golpean cacerolas en sus casas cuando saben que alguien del vecindario está siendo maltratada. Es una forma de comunicación no verbal pero efectiva porque rompe el “silencio” que es el muro de Jericó que defiende al agresor en su accionar.



Las mujeres agredidas, se merecen la agresión.

No existe justificación alguna para la violencia contra seres humanos o cualquier otro ser viviente.

Los agresores dejan de ser violentos cuando se casan.

A partir de la vida en común (matrimonio o unión libre), la violencia se desata o aumenta progresivamente.

Las mujeres víctimas de violencia sólo representan un pequeño porcentaje de la población.

Sólo en Estados Unidos, cerca de 2.000.000 de mujeres son agredidas al año y cerca del 50% de todas las mujeres en el mundo, son agredidas en algún momento de su relación. Según el trabajo realizado por el Centro de Documentación y Estudios (CDE) con el apoyo de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (ACDI) en Paraguay el 84% de las personas encuestadas (en un total de 1.206) han manifestado haber tenido vivencia directa o indirecta relacionada con la violencia familiar. El 81% de las personas encuestadas conoce casos concretos de esta forma de violencia o a personas que la han sufrido. El 49% de las personas encuestadas ha tenido experiencia directa de violencia en su propia casa. Con esto tenemos una idea de la situación actual (la encuesta es de noviembre del año 2001) en nuestro país.

Las mujeres agredidas son masoquistas.

A las mujeres, como a todos los seres vivos, NO les gusta que las agredan.

Las mujeres de clase media no son agredidas con tanta frecuencia o con tanta violencia como las mujeres de clase baja.

La agresión se da en todos los sectores sociales, aunque se reporta menos en los sectores medios y altos.

Las mujeres son agredidas porque se comportan mal o porque están locas.

Las mujeres son golpeadas, no importa su conducta o su estado emocional.

Las creencias religiosas evitan las agresiones.

Hombres muy religiosos también agreden a sus parejas.

Las mujeres agredidas no tienen educación formal o carecen de destrezas para trabajar.

Las mujeres con mayor educación también están expuestas a la violencia.

Los agresores son violentos en todas sus relaciones.

Los hombres agresores a menudo suelen tener doble fachada. Suelen ser amables en sus relaciones sociales y/o de trabajo y violentos con su pareja.

Los agresores son personas que no tienen éxito y carecen de recursos para enfrentarse a la vida.

Existen agresores en todos los sectores sociales y en todas las profesiones.

Las bebidas alcohólicas y las drogas son las principales causas del comportamiento agresivo y el abuso de poder.

El alcohol y las drogas pueden reforzar la violencia pero no son su causa ni pueden ser excusa para la agresión y el abuso.

Los agresores son en su mayoría enfermos mentales.

La gran mayoría de los agresores son hombres comunes y corrientes. No padecen de enfermedad mental como todo el mundo supone;  en la gran mayoría de los casos sólo hace abuso del poder que la sociedad le otorga.

La policía siempre protege a las mujeres agredidas.

La protección policial está casi siempre muy limitada.

Los agresores no son compañeros cariñosos.

El agresor, según el ciclo de la violencia, con frecuencia se muestra arrepentido y cariñoso después del abuso.

Los hombres que golpean a sus esposas o convivientes, también golpean a sus hijas e hijos.

El agresor, con mayor frecuencia abusa de su esposa o conviviente, aunque muy a menudo agreden también a sus hijas/os.

Si una mujer es víctima de agresión, no puede salir de esta situación.

La mujer víctima puede y de hecho, rompe con las relaciones de agresión.

Ninguna mujer puede ser agredida en contra de su voluntad.

El terror que produce la agresión, inmoviliza a la víctima. Y obviamente es contra su voluntad.


 

 

Mitos acerca de los hombres que golpean a la pareja y sobre mujeres que son golpeadas.

 

• El enojo y la ira causan violencia contra la pareja.

• Las mujeres son provocadoras de violencia.

• Las mujeres dicen no cuando quieren decir sí.

• Las mujeres deben estar en casa y los hombres trabajando afuera.

• Si a un hombre la pareja lo provoca, es natural que la agreda.

• A veces es necesario usar la violencia.

• Las mujeres liberadas odian a los hombres.

• Las mujeres son tan violentas como los hombres.

• Las mujeres quieren ser dominadas por los hombres.

• Alguien debe estar a cargo del hogar.

• Los celos son naturales en los hombres y son amor.

• La violencia se da por problemas en la comunicación.

• Un hombre tiene derecho a escoger las amistades de la compañera.

• La violencia es responsabilidad de los dos.

• Las mujeres golpeadas se quedan porque les gusta.

• Si la mujer aguanta por bastante tiempo, las cosas cambiarán.

• Las mujeres merecen ser golpeadas porque se portan mal.

• La violencia doméstica no afecta a las/os niñas/os.

• Esto es voluntad de Dios y nadie se debe meter.

• Esto es un asunto “privado” y nadie se debe meter.

• Si la mujer no se dejara, el hombre no le pegaría.

 


 

EL CICLO DE LA VIOLENCIA

¿Por qué la mujer no se va de la casa? La respuesta más simple es “porque le gusta” la rotulamos como masoquista y todos parece explicado. Pero recurrimos a cualquier manual de Psiquiatría y vemos que el masoquismo es una manifestación infrecuente de la sexualidad y tenemos un 50% de hogares con maltrato. O cundió una epidemia de masoquismo o estamos ante otro problema. El masoquista obtiene cierto gozo con el maltrato o la denigración simbólicas durante el acto sexual; en cambio la mujer maltratada sufre esta situación nada simbólica, crudamente real, no buscada ni deseada. Si no se va de la casa no es porque no quiera sino porque no puede. No es un problema de deseo, es un problema de poder. Le han quitado toda forma de poder sobre sí misma desde que se inició su proceso de socialización en el que se la adiestró sistemáticamente para depender siempre de un hombre: primero el padre o tutor, luego un hermano mayor si sale de la casa para estudiar o formarse, después el marido, va pasando de mano en mano sin obtener jamás la independencia absoluta sobre sus propios actos en la mayor parte de los casos. Recortar su derecho a formarse es el primer eslabón al que invariablemente le sigue el impedimento laboral y la falta de autonomía material para bastarse a sí misma.

De este modo sutil, los mandatos del patriarcado se perpetúan porque colocan a la mujer en situación de indefensión crónica. Siempre es la “doncella desamparada” que debe ser defendida del drapon por el caballero salvador (1). Está atrapada en un círculo de maltratos reforzado por la familia en nombre de su unidad. Asume esto como un karma, como el pathos griego de algo ineluctable que sucederá indefectiblemente sin que la voluntad pueda cambiar las cosas. Ha vivido ese yugo en forma natural desde que nació, lo mismo sucedió en su casa con su madre y sus tías. Las hermanas mayores repiten la historia y todo se ve como normal “así debe ser” porque como dice la doctrina religiosa “el hombre es la cabeza de la casa” y la mujer un miembro inútil por sí misma. Hay una suerte de predestinación que la lleva insensiblemente al camino de la obediencia debida al padre y al marido; obediencia autómata, acrítica, casi siempre perjudicial y ociosa, no produce beneficios al que manda ni a la que acata.

Fases del ciclo:

Fase de acumulación de tensión:

La víctima experimenta:

• MIEDO

• ANGUSTIA

• CONFUSIÓN.

Fase aguda de golpes:

La víctima experimenta:

• MIEDO

• ODIO

• IMPOTENCIA

• SOLEDAD

• DOLOR

Fase de arrepentimiento o de “Luna de miel”:

La víctima experimenta:

• MIEDO

• CONFUSION

• ILUSION

• LASTIMA

• CULPA (el agresor pide disculpas “se arrepiente” promete cambiar y nunca más volver a agredir).


 

RUEDA DEL CONTROL Y DEL PODER

AISLAMIENTO

Controla tus actividades, a quién ves, con quién hablás, adonde vas. Te impide visitar a tus amistades y familiares o que ellas/os te visiten. Esconde tus cosas, escucha tus conversaciones. No te deja salir sola.

ABUSO EMOCIONAL

Te hace sentir que no podes hacer nada bien, o que estás loca. Te culpa de todo. Se burla de vos, te ridiculiza o humilla ante tu familia, amistades o extraños.

ABUSO ECONOMICO

No te deja trabajar fuera de casa. Hace que le pidas dinero para cada gasto. Te acusa de robarle dinero cuando no te da lo suficiente para los gastos.

ESCLAVITUD DOMESTICA

Te trata como a una sirvienta, no participa en las tareas de la casa ni en el cuidado de los/as hijos/as. Te hace que lo trates como a un rey en su reino.

INTIMIDACIÓN

Te atemoriza con su mirada, sus gestos, actos, gritos, rompiendo objetos, destruyendo tus cosas. Te bloquea la entrada o salida a la casa.

AMENAZAS

Te amenaza si le decís que pensás abandonarlo, dice que te va a matar o herir, o que él se va a suicidar. Amenaza con quitarte las/os hijas/oso la casa.

VIOLENCIA FÍSICA

Cachetadas, tirones de pelo, mordiscos, torceduras de brazo, patadas, machetazos, cuchilladas, disparos, quemaduras, empujones, golpes y hasta la muerte.

ABUSO SEXUAL

Te obliga a realizar actos sexuales contra tu voluntad. Te trata como objeto sexual. No toma en cuenta tus deseos y necesidades. Te daña física o emocionalmente durante el acto sexual.

MUERTE (FEMINICIDIO)

Es la última estación del vía crucis femenino. Se llega a esta instancia final cuando la presión que ejerce ese poder masculino amenaza ser insuficiente. Generalmente es un acto de control brutal, último intento por doblegar lo que el hombre cree que es "una intolerable rebeldía” y se da en la mayoría de los casos cuando la mujer realiza algún acto de emancipación: prepararse para salir del hogar conyugal, iniciar trámites legales de divorcio, apartarse temporalmente del agresor. El asesino casi siempre se refugia en lo que anteriormente se conocía como “emoción violenta” que los códigos penales contemplaban como atenuantes. Ya veremos en estos 21 casos que todos invariablemente tuvieron tiempo de reflexionar antes de cometer el feminicidio, es más, éste había sido minuciosamente planificado en algunos de los casos y la emoción violenta es un acceso súbito, inesperado, causado por un factor ajeno al agente y sin precedentes, por definición.

El nuevo Código Penal (Ley 1160/97) además de excluir la emoción violenta, utiliza otra terminología jurídica para los atenuantes y además de su brevedad casi lacónica tiene un hermetismo que sólo lo hace accesible a iniciados. Muchos artículos tienen una enunciación ambigua lo que se prestaría a múltiples interpretaciones, como sucede por ejemplo: con la Biblia.

En el feminicidio ya tenemos casi siempre precedentes de violencia física, amenazas de muerte, el propio agente es quien facilita el acto (que no le es ajeno) y casi nunca es súbito. No obstante, sigue cargándose atenuantes a costa de criterios incomprensibles que son utilizados en forma fraudulenta para burlar la justicia con la aprobación del sistema judicial por acción u omisión.

En todo el mundo, al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada a entablar relaciones sexuales bajo coacción o maltratada de alguna otra manera muy frecuentemente por alguien que ella conoce, inclusive su esposo u otro varón miembro de su familia; una de cada cuatro mujeres ha sido objeto de sevicias (crueldad excesiva, trato cruel) durante el embarazo.

La violencia de género a lo largo de la vida de la mujer (2)

• Prenatal: Malos tratos durante el embarazo. Embarazo forzado (violación motivos religiosos que después impiden el aborto del hijo no deseado)

• Primera infancia: Malos tratos emocionales y físicos. Menos acceso a los alimentos y la educación.

• Infancia: Incesto y abuso sexual. Menor grado de acceso a los alimentos, la atención médica y la educación, prostitución infantil. Restricción a la recreación como derecho de la infancia.

• Adolescencia: Violencia en el cortejo y en el noviazgo. Relaciones sexuales bajo coacción afectiva o económica. Acoso y abuso sexual en el lugar de trabajo. Violación. Prostitución forzada.

• También hay violencia (económica) de género contra la mujer cuando se les paga menos por el mismo trabajo, o cuando se las segrega en el mercado de trabajo. Cuando se les asignan solamente las tareas domésticas como si no tuviesen capacidad para otra cosa.

• Vida adulta: Malos tratos por parte de la pareja. Violación en el matrimonio o fuera de él. Homicidio o Feminicidio. Malos tratos psicológicos, acoso y abuso sexual en el lugar de trabajo. Malos tratos a mujeres discapacitadas.

• Ancianidad: Malos tratos a viudas y a las ancianas en general. Violación. Homicidio. Feminicidio.


 

FEMINICIDIO (3): LA ÚLTIMA ESTACIÓN DE LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER

 

Según el concepto de Elizabeth Salguero Carrillo se denomina feminicidio a “Los asesinatos de seres humanos por el sólo hecho de ser mujeres” que se han venido sucediendo en casi todo el mundo. Es una forma extrema de violencia basada en la inequidad de género, entendida como la violencia ejercida por los hombres hacia las mujeres en su deseo de obtener poder, dominación o control.

Es preciso aclarar que hay feminicidio en condiciones de guerra y de paz. La categoría feminicidio es parte del cuerpo teórico feminista. Sus sintetizadoras son Diana Russell y Jill Radford. Su texto es Femicide. The politics of woman killing.

La traducción de femicide es femicidio. Sin embargo, se tradujo femicide como feminicidio y así se ha difundido. En castellano, femicidio es una voz homologa a homicidio y sólo significa asesinato de mujeres. Por eso, para diferenciarlo se escogió la voz feminicidio para denominar así al conjunto de hechos de lesa humanidad que implican los crímenes y las desapariciones de mujeres.

El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres.

En el feminicidio concurren en tiempo y espacio, daños contra mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por violentos, violadores y asesinos individuales y grupales; ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas. No todos los crímenes son concertados o realizados por asesinos seriales: los hay seriales e individuales, algunos son cometidos por conocidos: parejas, parientes, novios, esposos, acompañantes, familiares, visitas, colegas y compañeros de trabajo; también son perpetrados por desconocidos y anónimos, y por grupos mañosos de delincuentes ligados a modos de vida violentos y criminales. Sin embargo, todos tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y deshechables.

Y, desde luego, todos coinciden en su infinita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres.

Para que se dé el feminicidio concurren de manera criminal el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión de autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes.

Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa, ni en los espacios de trabajo, de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. En consecuencia, el feminicidio debería ser considerado un crimen de intervención de oficio para el Estado, como cualquier otro asesinato.

El feminicidio se conforma por el ambiente ideológico y social de machismo y misoginia, de violencia normalizada contra las mujeres, y por ausencias legales y de políticas de gobierno, lo que genera condiciones de convivencia insegura para las mujeres, pone en riesgo la vida y favorece el conjunto de crímenes que exigimos esclarecer y eliminar. Contribuyen al feminicidio el silencio social, la desatención, la idea de que hay problemas más urgentes, la vergüenza y el enojo que no conminan a transformar las cosas sino a disminuir el hecho y demostrar que “no son tantas” las muertas.

Estudiar el femicidio o feminicidio significa comprender que se trata del último eslabón de una larga cadena que se inicia en la historia de la especie al menos en los tiempos del patriarcado en Occidente (4). El pensamiento judeocristiano alcanzó su prestigio a través del concepto de monoteísmo pero trasladó un pequeño Dios omnipotente en cada hogar, una sucursal del todopoderoso que se transformó, dentro de los moldes de la legislación romana, en el pater familiae con potestad sobre personas y bienes que estaban bajo su “protección” muchas veces desgraciada u ominosa. La auctoritas de la que gozaba el pater familiae era similar a la que ostentaba Yahveh sobre el mundo todo, la misma que trasladó Cristo al pontificado, que usó y abusó de ese poder durante el largo letargo del medioevo. Un poder sin control ni contrapoder y con los únicos límites que le fijaba la conciencia del poderante.

Un poder, en suma, peligroso por su dimensión que excede la medida humana.

Para el derecho de familias arcaico, auctoritas implica ser guía, custodia civil y ética de los subalternos. Entre los romanos la asamblea de los “patres” (ancianos, generalmente senadores) custodiaban las tradiciones públicas, de allí viene el patriciado cuya raíz etimológica común resulta clara.

En el parentesco antiguo “familia” no sólo comprendía a esposa e hijos, también incluía a parientes y esclavos (famulae, de donde proviene la palabra “familia”) o sirvientes que vivían bajo el mismo techo del señor. El vasallaje que ejercían los señores feúdales sobre la gleba seguía siendo una extensión ampliada de esta “auctoritas”. Con el tiempo en el ámbito latino esa autoridad masculina se transformó en el honor del hidalgo español, que conserva en menor medida el italiano del sur. Un honor muy peligroso para las mujeres porque el adulterio, como entre los antiguos judíos, podía justificar la muerte de la mujer. También la libertad sexual de una hija era considerada una afrenta al honor del pater familiae como se ve en las óperas (5) “Don Giovanni” de Mozart y “La forza del destino” de Yerdi, para no citar el feminicidio de “Otello” de Verdi-Shakespeare.

"'Auctoritas ” es, según Theodor Momsen: “más que un consejo y menos que una orden, que configura el ordenamiento social”. Esta configuración anómala será la semilla de la violencia sexista porque otorga la aparente responsabilidad en una sola mitad de la sociedad excluyendo de la misma a las mujeres, que es como decir que la otra mitad debe consentir una obediencia guiada. Esta “auctoritas ” está en el punto intermedio entre la ética y el poder. Obliga a la conciencia de los subalternos por una parte y por otra mantiene toda la fuerza como elemento disuasivo.

Cualquier análisis por simple que parezca, resalta las bases irracionales de esta asimetría sexista. ¿Por qué entonces, se mantuvo tanto tiempo y tiende a reforzarse en nuestra contemporaneidad? Cuando el presente se muestra incierto y enturbiado por tinieblas, conviene recurrir al pasado. Allá están las raíces de moldes sociales que tal vez han sido necesarios durante algunos períodos de la evolución social y que después tendieron a perpetuarse por la inercia y la viscosidad propia de las instituciones sociales que cambian mucho más lentamente que las ideas.

Contra el excesivo uso del poder político nos fuimos protegiendo a través del parlamentarismo y la república que asegurara que haya suficiente potestad en los magistrados, autoridad en el senado y libertad en el pueblo, como quería Marco Tulio Cicerón. Esto sucedía en el ámbito público, sin embargo, en el ámbito privado la potestad y la autoridad unidas en el padre de familia seguía confiscando la libertad de su familia que, como vimos, proviene de la voz “famúlans” es decir sirvientes, esclavos.

Puede consultarse la historia de este concepto de la “auctoritas” en la magnífica obra “Autoridad” (Léxico de política) de Geminello Preterossi (5). Bástenos para nuestro análisis de antecedentes del sexismo, denunciar la asimetría de poderes creada en el transcurso la evolución social con marcada inclinación hacia la adjudicación de potestades en el hombre de la casa y sumisión en la mujer y subalternos (hijos, agnados, empleados, esclavos, criados). Este complejo proceso de socialización se ha visto como “natural” y aceptado como tal en la misma categoría que las funciones fisiológicas del parto, el puerperio o la producción de testosterona. Sin embargo, los estudios iniciados por los etnólogos y antropólogos desde principios del siglo XIX han demostrado en forma palmaria la subsistencia de sociedades humanas organizadas a partir de la igualdad de funciones y responsabilidades entre hombres y mujeres. Lewis Morgan describió entre los indígenas iroqueses y otras tribus nórdicas de América relictos de modelos familiares como la familia punalúa y la sindiásmica, ambas libres de restricciones y tabúes hacia las mujeres fuera del incesto.

• Lewis Morgan (6) estudiando la organización social de los iroqueses, como ya vimos, halló rastros de sociedades matrilineales en los que la mujer podía escoger parejas transitorias para la convivencia.

• Bachofen (7) recolectó un corpus inmenso de testimonios, historia, leyes, mitos, costumbres que dieron vida al “derecho materno” del que concluyó que después de una fase de hetairismo, con 'desorganización social' dada por las amplias libertades sexuales para la mujer sobrevino el orden civilizador masculino imponiendo la fidelidad monogámica que dio origen a la familia. Esta tesis de Bachofen tiene varios frentes de crítica adversa.

Engels propuso que inicialmente la igualdad sexual para hombres y mujeres y la igualdad comunitaria de bienes derivó en la división de trabajo, el nacimiento de la familia que está ligado a la heredabilidad (ya que solamente manteniendo la fidelidad marital el padre podía estar seguro de legar su herencia a sus hijos legítimos) y el concepto de propiedad privada que reemplazó al de propiedad social. Con esto también nace el Estado.

Eduardo Galeano en “Memorias del fuego” planteó la situación de los Onas en términos míticos que sin embargo explican el cambio del matriarcado al patriarcado drástico:

“En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa. Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban a los hijos y curtían las pieles de abrigo. Así era la vida entre los indios onas y los yaganes, en la Tierra del Fuego, hasta que un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron las máscaras que las mujeres habían inventado para darles terror. Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio Mientras ellas crecían, los asesinos les decían y les repetían que servir a los hombres era su destino. Ellas lo creyeron. También lo creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas ". (8)

El modelo de familia “Ingalls” (llamado así por ser la proyección colectiva de un deseo de preservación encamado en la serie televisiva norteamericana coincidente con el inicio de la fractura del modelo familiar clásico: Papá, mamá, hijos, el perro y automóvil, en la década del '70 del pasado siglo) no nació con la humanidad ni fue así desde el principio de los tiempos. Importantes indicios arqueológicos sugieren la existencia de épocas pretéritas de predominio de matriarcados y hasta de culturas no sexistas, es decir con igualdad de derechos para el hombre y la mujer. El error fundamental que nos hizo creer largo tiempo que el modelo patriarcal es y ha sido natural en todos los tiempos estriba, en su interpretación de la evolución social a partir de la historia, como nos lo hizo ver admirablemente Sara Morace en “Origen Mujer” (9) (siguiendo a la investigadora americana Gerda Lemer) (10).

Y la historia, como sabemos, se inicia con la escritura, en una etapa relativamente madura del desarrollo social cuando ya se había instalado una clase dirigente masculina y el sexismo estaba formalmente constituido. Por esta razón la historia nos muestra cierta uniformidad en modelos sociales con el predominio masculino en el ejercicio del poder, salvo excepciones que son descriptas como anómalas y exóticas. La lectura de los antiguos historiadores enseña casi constantemente que las mujeres gobernantes o caudillas que asumían alguna actitud de liderazgo social (Zenobia de Palmira, capturada y llevada enjaulada ante el César; Semirámide de Babilonia, ejemplo de lenidad y moral disoluta; Dalila, la mujer bíblica de Sansón, presentada como traidora cuando en realidad prefirió ser fiel a su pueblo antes que a un hombre; las sucesivas reinas y regentes de Egipto sindicadas de intrigantes, asesinas e impías...) eran inmediatamente estigmatizadas y expuestas como elementos nocivos de una naturaleza perturbada cuando se sale de sus cauces. Mujer con poder era sinónimo de conflicto con lo natural.

La ley sálica, principio jurídico germánico de los francos (salios) del siglo VI que excluía a las mujeres de la sucesión del gobierno, fijó este tabú cuando en occidente lo incorporan Francia y otros países. Desde entonces las reinas no podrán gobernar efectivamente, sólo servirán como consortes.

Pero la escritura es un invento relativamente tardío si consideramos que el proceso de hominización (y feminización) se inició en épocas oscuras del pasado y los únicos indicios de datación están en alrededor de los 100.000 años antes de nuestra Era Común con la aparición del homo sapiens, último eslabón sofisticado de una larga cadena que se pierde en el inicio de los tiempos. Si pensamos que la escritura tiene 5.000 años, veremos que es casi nada en este arduo proceso de sociabilización progresiva del homo sapiens. Debemos pedir auxilio a la arqueología para inferir datos de la prehistoria.

Pero nuevamente nos encontramos con prejuicios sexistas a la hora de evaluar los hallazgos en los yacimientos arqueológicos.

Tal como lo señalara la antropóloga Margaret Ehrenberg (11) los estudios de Piggot han demostrado errores de sesgo en la “lectura” de los asentamientos: por ejemplo, el solo hecho de encontrar un esqueleto junto a un arma hacía presumir que se trataba del hombre cazador y proveedor. Posteriores análisis antropométricos y osteométricos revelaron que muchos de los esqueletos que portaban armas eran de mujeres. Pero esto era difícil de admitir, considerando la condición de subordinación supuestamente “natural” de la mujer destinada a proteger la cría y cuidar la casa: las mismas funciones que se les asigna hoy en las sociedades de base patriarcal.

Hasta los tres hallazgos fundamentales de la civilización que se reconocen como obra femenina, han sido minimizados en los círculos académicos hasta mediados del siglo pasado. Era como admitir que los tres aportes de la mujer fueron aceptados “pero no eran tan importantes”. Y estamos hablando de la agricultura, la domesticación del fuego y el lenguaje.

¿Qué hubiese sido de la civilización sin el lenguaje?

Sin la agricultura, ni siquiera hubiese sido posible el sedentarismo, que creó las ciudades.

Y sin el fuego, la humanidad estaría condenada al alimento estacional.

Los llamados “Textos Sagrados” son el vivo ejemplo de la instauración del patriarcado social. El modelo bíblico de conducta femenina es indudablemente María aunque desde el punto de vista del reparto argumental no pase de ser una figura secundaria en el relato sagrado. Pero ella dijo “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según Sus palabras” y aceptó en silencio las injurias que llovieron sobre ella al quedar embarazada soltera. Ni siquiera denunció al Padre ante su futuro esposo y la comunidad. Un ángel tuvo que comunicar al futuro marido la noticia.

En cambio son estigmatizadas como “mujeres viles y malditas” algunas figuras que han tenido el valor de pensar por sí mismas:

Eva, porque instigó al marido a conocer más (el árbol era el del conocimiento del Bien y del Mal) y, aunque él tomó la decisión ya que no era débil mental ni discapacitado, la mayor maldición recayó en la autora ideológica de la hazaña.

Dalila porque al traicionar el amor de Sansón, entorpeció los planes de Jahveh. Pocos ven que Dalila no hizo más que ser fiel a su propio pueblo. Los filisteos deberían considerarla su máxima heroína.

Salomé, porque pidió la cabeza de San Juan quien vivía promoviendo la sedición política que amenazaba el poder de su madre y su padrastro.

Estos textos inspiraron y modelaron todo el monoteísmo que influyó tanto en Oriente como en Occidente: desde la Torá al Nuevo Testamento y el Corán recibieron estas enseñanzas misóginas y aunque dentro de los mismos textos hay pasajes que intentan atenuar sus consecuencias, la ley mosaica sigue predominando en el control social cuando cualquier religión monoteísta se asocia al poder político. Y la ley mosaica prohíbe tocar a una mujer que está menstruando “porque es fuente de mal y de pecado”. Debe ser aislada, retirarse de la comunidad y no participar de actividad alguna ni tocar los alimentos. ¿No queda una sensación vaga de peligro e impureza sobre las mujeres después de leer estas líneas?

Imaginémoslas escritas por el dedo de Dios.

Si esta organización patriarcal se limitara a fijar las normas de convivencia matrimonial no pasaría de ser una característica de la organización social pasible de adaptaciones sucesivas y mejoramiento hacia la equidad. Pero el proceso de toma de posesión de la autoridad masculina va mucho más lejos, e imperceptiblemente va fundando las pautas que lo hacen posible y respetable, desde el nacimiento de cada sexo, adjudicándole derechos y tabúes que en la transmisión generacional aparecen como “naturales”. Así, vemos como natural que las nenas jueguen con muñecas y vajillas ensayando la futura domesticación en la que estarán entrampadas de por vida. Y que los hombres desarrollen deportes, competencias; ofensivas y defensivas para asimilar la agresividad que deben hipertrofíar para ser bien “machos”.

Con estas premisas ya quedan sentadas las bases del poder patriarcal cuya consecuencia más grave es la violencia doméstica o familiar: el poder absoluto en manos del hombre y la sumisión incondicional que se espera de la mujer. Cuando ésta quebrante la regla vendrá la injustificada “sanción” y represión” bajo un amplio escudo de impunidad que va desde las magnitudes invisibles pero igualmente dañinas de la degradación moral, la descalificación, los insultos y las amenazas a los ataques físicos y, como veremos en este estudio de 21 casos, el extremo del asesinato final.

Y se llega al crimen porque está respaldado por la impunidad. Basta recordar que en Paraguay, hasta la reforma del Código Penal del año 1997 el hombre tenía derecho a matar a la esposa hallada en flagrante adulterio. Sin embargo, la esposa jamás gozó de un derecho similar. Los padres, hasta nuestros tiempos y sobre todo en el ámbito rural, ejercen fuertes coacciones y restricciones sobre los hijos pero fundamentalmente sobre las hijas. El abuso infantil por parte de padrastros es otra forma de uso de este poder discrecional que está grabado a fuego en la mentalidad del hombre como amo y señor de los que considera subalternos.

Por desgracia el Estado acompaña estas convicciones como sujeto pasivo, permisivo, que siguen considerando la violencia domestica como un asunto privado y el feminicidio como un problema conyugal antes que un crimen.

Aunque la legislación avanzó hasta ponerse a nivel de los países de la región, la aplicación de las normas sigue siendo entorpecida por jueces que todavía consideran que “el hombre debe arreglar los asuntos de su casa para adentro y el Estado sólo debe intevenir de la casa para afuera”; es decir con una especie de complicidad encubierta por una cínica abstención de intervenir en la intimidad del individuo. Pero no hay un Estado paralelo que se abstiene de intervenir en la intimidad de las individuas. El Estado tiene una sola cara y está siempre del lado del hombre en estos casos.

Hemos visto que “feminicidio” implica un concepto amplio (crimen contra la mujer, en general) y un concepto más restringido (crimen contra la mujer en el ámbito de la pareja sexual). En nuestra investigación nos ceñimos a esta definición más restringida ya que hicimos el seguimiento de asesinatos de mujeres en manos de sus esposos, compañeros, novios o parejas. Otra investigación, con un panorama más amplio podría dedicarse a futuro a estudiar los feminicidios generales que también están presentes en Paraguay.

SANCIÓN SOCIAL

Tampoco existe sanción social. El vecindario que conoce perfectamente el drama de una familia maltratada se limita a cuchichear a media voz los entretelones del caso, como si presenciaran una telenovela por capítulos; pero nadie demanda al agresor aunque la ley 1600 ampare esta intervención que puede hacerla cualquiera. Todos prefieren el anonimato cómplice del silencio, y el “mejor no meterse” siguiendo el juego instalado por el agresor: vivir una doble vida de ciudadano probo y hasta ejemplo cívico familiar de día y lobo feroz de puertas adentro por las noches. Nadie señala públicamente este desdoblamiento. El hombre y la bestia siguen caminando juntos por la misma vereda, se saludan cordialmente y todo sigue como está, hasta que llega el día del crimen.

Se han ensayado excelentes mecanismos de control social que por ignorancia, inoperancia o incuria debidas a la escasa conciencia de compromiso social en nuestro medio todavía no han sido aplicados. El más común, utilizado en Centroamérica es el de hacer sonar una campanilla cuando pasa el agresor frente a las casas del vecindario. También en Lima se utilizó un método similar. Al mismo tiempo que advertencia, funciona como sanción o repulsión y en general es disuasiva para el futuro. La campanilla de los vecinos está diciendo “sabemos que usted no es lo que aparenta, sabemos que maltrata a gente que no se puede defender”. Pasamos de la situación de “agresor encubierto” al descubrimiento de la agresión.

Otro recurso que falta en Paraguay es el de las casas de resguardo tal como se ha implementado en España, Brasil, Canadá, Argentina y otros países para dar albergue a la víctima y sus hijos en casos de extrema violencia, amenazas de muerte, atropellos físicos, como veremos en algunos de los 21 casos que analizaremos. La mujer debe ser aislada temporalmente al resguardo de las intenciones del agresor; pero nuevamente en este caso el Estado ausente en Paraguay no tiene nada que ofrecer a las víctimas en situación de alto riesgo. No pocas veces, el agresor incumple la exclusión de hogar (como vemos en algunos de los casos que analizamos) y no recibe sanción alguna de orden legal, policial ni social, lo que genera un sentido de impunidad altamente peligroso que los “autoriza” a proseguir el ciclo violento hasta sus últimas consecuencias. Sin el cambio de “sociedad cómplice y encubridora” a “sociedad punitiva” es difícil conseguir avances en el control de la violencia familiar. Pero los mecanismos culturales que se amparan en las sólidas bases del patriarcado lejos de adaptarse a los nuevos tiempos tratan de ajustar los viejos moldes en la dinámica actual usando el viejo recurso del “lecho de Procusto” (aquel griego que invitaba a dormir en una cama corta y lo que sobraba de piernas, lo cortaba), es decir amputando lo que sobra (el nuevo marco normativo de la Ley 1600) para adaptar las viejas costumbres a la realidad.

Esto requiere un profundo trabajo de educación y sobre todo de dilucidación de los viejos paradigmas patriarcales a la luz de la actualidad. Las organizaciones intermedias tienen un valor inmenso en este amplio campo de la responsabilidad social a través del trabajo educativo y las campañas de sensibilización.


NOTAS

1)      Cualquier representación iconográfica de San Jorge ilustra maravillosamente esta relación. ¿Acaso la mujer no puede montar? ¿No puede blandir una lanza? Si no puede, no es por incapacidad física: es porque no se la entrenó; únicamente se le enseñó a pedir auxilio esperando un príncipe que la ampare.

2) Fuente: Heise L. 1994. Banco Mundial. Los autores han agregado algunos comentarios.

3) ¿Qué es feminicidio?. Día V- Juárez Marcela Lagarde y de los Ríos

4) Las referencias al sexismo en Oriente pueden estudiarse en “Historia de la vida privada"

5)  Geminello Preterossi, “Autoridad, léxico de política”, Edit. Nueva Visión, Colección Claves, Bs. As. 2002.

6)  Lewis Morgan, “La sociedad antigua”, Edit del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Méjico, 1993.

7) Johann Bachofen, “El Matriarcado, una investigación sobre la ginecocracia en el mundo antiguo” Akal, Madrid, 1987.

Hetairismo: fase primitiva de libertad sexual de las mujeres que produjo desorganización social según Bachofen.

8) Galeano, E. Memoria del fuego I. Madrid, Siglo XXI. 1982

9) Origen Mujer, de Sara Morace, Edit. Prospectiva, Barcelona 2000.

10) Gerda Lemer, The creation of Patriarchy, New Cork, 1986

11) Margaret Ehrenberg, “La donna nella prehistoria”, Mandadori, Milano, 1992.





CASOS DE FEMINICIDIO - CASO N° 4: Juana Elvira González

 

“Como hombre, puedo tener todas las mujeres que quiera”.

Título: “MARIDO MATÓ A SU ESPOSA CON UN TIRO A LA CABEZA”

Diario Popular. 9 de Junio de 2003. Pág. 2.

El día 1 de junio a la tarde en la casa situada en el barrio San Salvador N° 514 de Posta Ybyraró, Departamento Central Juan Carlos Meza Zaracho disparó contra su esposa un tiro en la cabeza. La víctima fue trasladada al Hospital Central del IPS donde falleció en la madrugada. El médico forense informó “traumatismo craneoencefálico por herida de arma de fuego”. Entiende en la causa el fiscal Víctor Villaverde.

Título: “PAPÁ MATÓ A MI MAMI”

Diario Popular. 15 de Junio de 2003. Pág. 8.

Flora Cabrera Gonzáles declaró no haber estado de acuerdo con la relación que mantenía su hija Juana Elvira González, de 21 años porque el yerno “era muy prepotente”. La víctima había amenazado abandonarlo llevándose consigo a la hija de la pareja, lo que disgustó a Juan Carlos Meza Zaracho, guardia de seguridad, de 26 años. Luego de amenazarla disparó sobre la victima causándole una herida en la cabeza que ocasionó su muerte después de 8 días de agonía. El hecho sucedió en Posta Ybyraró el domingo 1 de junio del 2003. El marido fue detenido un tiempo pero recuperó la libertad antes de morir la víctima, Juana Elvira González había decidido abandonar a su marido después de enterarse que éste mantenía otra relación sentimental. Tenía fuertes actitudes machistas y se defendía diciendo que, como hombre, “podía tener muchas mujeres, todas las que quiera, ¿quién me va a prohibir?” No pocas veces Juan Carlos Meza amenazó, arma en mano, a la familia de su novia que se oponía al casamiento. El victimario trabajaba como guardia en un negocio y tiene una hermana abogada. Los suegros se extrañan de que al momento de la nota (15 de junio) Juan Carlos todavía no estaba detenido ni pesaba orden de captura sobre él. Quedó una hija huérfana de 2 años quien comentó al cronista del periódico “papá mató a mi mamá”.

Historia del caso

Fecha de entrevista: 05 de marzo de 2004.

La hermana de la víctima comentó que se sentía indignada por la actitud de la justicia, ya que su cuñado estaba libre; calificó a Juan Carlos como “una persona relativamente tranquila mientras no estaba alcoholizado, pero que bajo efectos del alcohol, se volvía incontrolable y violento”.

También recordó varios episodios de atropellos prepotentes a la familia, con arma en mano por parte del cuñado cuando todavía era novio de Juana Elvira González. Por esta razón ella tampoco estaba de acuerdo con la relación que su hermana mantenía con Juan Carlos.

La hermana comentó además que la víctima sospechaba de una relación que Juan Carlos mantenía con una vecina; fue a casa de ésta y terminó corroborando sus sospechas. Ante esta situación Juana Elvira regresó a su casa seguida de Juan Carlos, empezó a preparar algunas ropas para abandonar el domicilio llevándose a la pequeña hija de ambos. Juan Carlos reaccionó violentamente, empujándola para dispararle después en la cabeza terminando así con su vida.

La madre de Juana Elvira sospecha que las autoridades hacen oído sordo al caso porque ellos son pobres y además la hermana del imputado es abogada y está trabando la causa con sus influencias “así nomás es luego acá”. Casi a un año del crimen el presunto asesino continúa libre. La madre exige justicia y agregó que la pareja inicialmente vivía con ella y que Juan Carlos se manifestaba frecuentemente con violencia atemorizando a todos y amenazando. Tampoco respetaba a la suegra ni a los demás.

Como muestra, comentó que en una ocasión, sin motivo alguno, Juan Carlos sacó el arma y disparó al aire; la suegra le pidió que no volviera a repetir eso ya que en la casa había criaturas: Juan Carlos reaccionó con soberbia y despectivamente dijo: “¿Qué me importan? ¡Para eso tengo mi arma, para hacer lo que me da la gana!” Desde entonces, la familia ya tuvo miedo de él y sospechaban el desenlace que finalmente tuvo el caso. Después del ataque, la familia del victimario trató de ocultar los hechos. Por ejemplo, nadie les avisó lo que había sucedido. La madre de Juan Carlos dijo que “accidentalmente falleció su nuera”.

Parte Policial

La comisaría N° 33 de Capiatá recibió una llamada telefónica anónima a las 15:15 hs. del día 1 de junio del año 2003 que informaba acerca de una persona herida por arma de fuego. Acudió un oficial, quien fue recibido por la madre del presunto autor quien le entregó una pistola calibre 6,35 mm con una bala servida e informó que Juana Elvira González de Meza ya había sido auxiliada y trasladada al Hospital Regional de San Lorenzo y de allí derivada a Emergencias Médicas mediante el oficio de un vecino.

Posteriormente, intervino personal de la División Criminalística de la Policía del Departamento Central a cargo de un oficial inspector quienes levantaron evidencias balísticas y sanguíneas.

Tambien se tomó la prueba de parafina a Juan Carlos Meza quien quedó detenido aunque luego fue liberado con medidas alternativas de la prisión preventiva por oficio judicial N° 1290, emanada del Juzgado Penal de Garantías de Capiatá.

Informe de fiscalía

El 12 de noviembre del 2004 el auxiliar de la investigación después de varios intentos fue recibido por el asistente del fiscal que entiende la causa, quien no se encontraba en su despacho ese día. Intervino el Juzgado de Garantía de Capiatá. El juicio oral y público está programado para el día 24 de agosto del año 2005 por lo que no se conoce aún la sentencia definitiva. El victimario no registra antecedentes penales y al momento de elaborar este informe está en libertad. Sin embargo, solicitamos el informe correspondiente en la Oficina de Antecedentes Penales de Asunción en fecha 17.2.2005 (Oficio Judicial N° 28) donde consta que: “No se registran procesos judiciales con ese nombre”. Hay una contradicción con el informe anterior.

Comentario de los autores

La “educación sentimental” de la mujer, en un rígido marco masculinista y patriarcal la coloca en una situación de vulnerabilidad para la violencia. Es muy difícil cambiar este paradigma; requiere un trabajo terapéutico continuado y seguimiento de todo el ámbito familiar enfermo. En este caso la violencia del asesino está extendida a la familia con golpes, amenazas, amedrentamiento, disparo del arma reglamentaria al aire; es curioso además que varios de los victimarios sean guardias de seguridad a quienes se les otorga un arma sin tener previamente algun estudio psicológico del portador. Esto sucede habitualmente en el Paraguay.

Otro factor alarmante para nosotros es que una jueza haya otorgado las medidas sustitutivas a un criminal que ultimó a otra mujer. Los mandatos del patriarcado afectan a todos los ámbitos, no solamente a las clases bajas como supone la mayoría. Es llamativo este ejemplo para ilustrar las ambigüedades del nuevo Código Penal en beneficio del victimario y en perjuicio de futuras víctimas, en este caso los familiares de la desaparecida que han sido amenazados de muerte por el asesino.



CASO N° 15: - Mirta Concepción Ramos

 

“Según el testimonio del guardia de seguridad quiso hacerle una broma a su novia, le apuntó en la cabeza y allí se produjo el disparo”.

Titulo: “GUARDIA BALEÓ EN LA BOCA A SU NOVIA”

Diario Ultima Hora. 24 de Octubre de 2003. Pág. 59.

El guardia de seguridad de COPACO (Empresa telefónica del Caraguay) de Villa del Rosario, Santaní, asesinó el martes a la noche a una funcionaría de la empresa telefónica con la que aparentemente mantenía vínculos sentimentales.

El trágico incidente se produjo a las 23:45 horas después que la victima, Mirta Concepción Ramos, soltera, 23 años, terminara su turno de trabajo.

El victimario fue identificado como Ramón Benítez Rodríguez, 21 años y alegó que todo fue un lamentable accidente, que el arma se disparó en forma casual. Según el peritaje forense, a cargo de la Dra. Ilse Casco Penayo de la Fiscalía, la herida que terminó con la vida de la víctima la recibió en la boca. El abogado Lucio Aguilera del Ministerio Público local ordenó una exhaustiva investigación y ayer tomó declaración al guardia Benítez.

Ramón Benítez trabaja para la empresa de seguridad “Acempar S.R.L” con oficinas en Asunción, y refirió que tomó su guardia a las 22:00 y lo hizo acompañado de su novia, Mirta Concepción. Según su versión, hablaban tranquilamente en la planta baja de la telefónica cuando sacó el revólver de la funda y sacó los proyectiles del tambor para enseñarle el manejo del arma a la novia y decidieron subir al primer piso; al subir las escaleras volvió a cargar el arma y para hacerle una broma apuntó a Mirta y alli se produjo el disparo.

La víctima murió instantáneamente y el guardia se entregó a las autoridades de la comisaría N° 13 de Villa del Rosario.

Historia del caso

Fecha de entrevista: 12 de junio de 2004.

Testimonio de la tía de la víctima

“No sé qué pasó después del crimen porque no se hizo nada, se quedó todo en la nada. El asesino está suelto a ocho días del asesinato porque según él fue un accidente. Puedo asegurar que no fue así, desde hacía tiempo mi sobrina tenía problemas con él porque era muy celoso, violento y prepotente. No le importaba la vida de nadie y era muy proclive a las bebidas. Se notaba desde lejos que tenía mal carácter aunque cada vez que venía de visita trataba de mostrarse como lo mejor.

Los problemas empezaron cuando él empezó a sospechar que Mirta volvió a verse con el padre de su hijita. Alguien hizo ese comentario y él creyó la mentira, ella era una chica muy respetada, no era una cualquiera y ya ven, que no sirvió de nada, igual este hombre la mató”.

La madre de la víctima

“El asesino la mató por celos, siempre le tiraba de los pelos, varias veces la maltrató a los golpes, dos o tres veces le hizo sangrar la boca a golpes porque sospechaba que Mirta se veía con la antigua pareja, el padre de la hija; pero era falso, mi hija trabajaba todo el dia y no tenía tiempo para andar perdiendo por ahí. Dos meses antes del asesinato Mirta ya quería terminar con esta relación, ultimamente se la notaba rara y muy callada y eso me extrañó porque nunca fue una chica triste. Cuando fue asesinada se notaban golpes en la cara y llena de cicatrices. Saqué mi conclusión que ella se le enfrentó y por eso la mató”.

Parte Policial

Intervino la comisaría N° 13 de Villa del Rosario, Santaní. Casi todos los habitantes de la zona tienen una opinión adversa a la misma; dicen que la policía solamente interviene cuando hay asaltos a bancos, pero que el resto de los delitos dejan pasar; que hay abigeato a diario, tráfico de rollos de maderas, crímenes que quedan en la nada.

El agente que intervino en el caso fue transferido hace algunos meses. No se encontraba el parte policial correspondiente.

Informe de fiscalía

La fiscalía ya estaba cerrada cuando pasó el encuestador, cerraba a las 16 horas y no se pudo recabar informe alguno.

En la fecha de la visita al Penal de Tacumbú (17 de Febrero de 2005) Ramón Benítez Rodríguez NO está cumpliendo condena en dicho penal. Esto coincide con el testimonio de los familiares quienes decían haberlo visto suelto en junio de 2004 casi un año después del crimen.

Comentario de los autores

Incógnitas, ni la policía ni la fiscalía pudieron proporcionar datos concretos que nos llevaran hacia la pista del número del Expediente Judicial. Están todos los pasos del maltratador: los celos, los castigos físicos, la presión psicológica y llegamos al día del crimen que él quiere presentar bajo la fachada de un “accidente” y se pierden las pistas. Cuando quisimos cruzar los datos del periódico con los datos de la policía nos encontramos con una total desorganización en la comisaría, falta de registros, lo que corrobora en alguna medida la opinión que tienen los vecinos acerca de dicha oficina policial. La fiscalía tampoco facilitó las cosas. Para nuestro análisis contamos con los testimonios de los parientes de la víctima que coinciden en señalar al supuesto “accidente” como un hecho premeditado y con claros antecedentes de violencia física. Cualquier observador sabe perfectamente que un arma no se dispara accidentalmente en la boca de nadie. El accionar policial es más débil a medida que nos alejamos de los centros urbanos.



CASO N° 21: Wilma Beatriz Acosta

 

“Wilma estaba tan desesperada que habló con su padre y decidió trasladarse hasta Asunción para escapar de Alcides. Pero éste presintió todo y planeó la forma de eliminarla brutalmente”.

Título: “ECHÓ AL NOVIO POR CELO PERO LE COSTÓ LA VIDA”

Diario Popular. 2 de Julio de 2003. Pág. 9.

Cansada de los celos enfermizos de su novio decidió abandonarlo después de una escandalosa escena de celos que éste le hizo en una discoteca. Desde ese momento el ex guardia de seguridad comenzó a tramar la venganza que acabó con la vida de la joven mujer; hasta dejó su trabajo para seguir a su novia. Alcides Maciel Figueredo, 29 años jamás aceptó haber sido abandonado por su novia y emprendió una tenaz persecución de la misma. Primero intentó reconquistarla por las buenas pero cuando la treta fracasó, optó por la venganza de muerte a ella y toda su familia. Abandonó su empleo para vigilar a su ex novia. La interceptó en la calle varias veces, fue hasta su casa, la acosó en la iglesia y en los bailes pero no consiguió recuperarla. Wilma estaba tan desesperada que habló con su padre y decidió trasladarse hasta Asunción para escapar de Alcides. Pero éste presintió todo y planeó la forma de eliminarla brutalmente.

La ocasión se dio el último sábado por la noche cuando Wilma asistió a un baile. El ex novio esperó afuera pacientemente hasta que Wilma abandonara el sitio, cosa que sucedió a las 3:00 horas del domingo cuando la joven salió para regresar a su casa pero fue interceptada por su ex, quien la llevó por la fuerza hasta un despoblado ubicado a un costado de la Ruta 6ta. donde la ultimó de un balazo en el corazón. Como tiro de gracia, ya estando en agonía, le aplicó una feroz puñalada en la espalda. Consumada la venganza, el asesino huyó del lugar a pie hasta que fue detenido y quedó a disposición de la justicia. Ahora el acusado enfrenta una pena de 25 años de prisión por el crimen. Ni en las fiestas podían estar juntos porque Wilma Beatriz Acosta Morínigo, de 22 años era tan linda que los muchachos la miraban insistentemente, lo que enloquecía de celos al novio Alcides. En una oportunidad éste la sacó a la calle de un local bailable tirándole de los pelos. La víctima dijo a una amiga: “si no fuera porque estoy tan enamorada, hace rato lo hubiese dejado”. Los celos de Alcides que al inicio del noviazgo trabajaba como guardia de seguridad en COPACO se manifestaron al tercer día de conocerse. Wilma vivía con su padre en el barrio San Blas de la localidad “María Auxiliadora” de Itapúa volvía de un autoservice donde fue para hacer las compras del día cuando se encontró por el camino con un ex compañero del colegio, se saludaron con un beso como es usual pero en ese momento pasaba por allí su nuevo novio quien vio esto e interpretó como señal de infidelidad ese encuentro casual. La reacción no se hizo esperar. La tomó bruscamente del brazo y al amigo le dio una patada. La pelea terminó en la comisaría local donde fueron llevados ambos jóvenes. Mediante sus patrones respectivos, ambos fueron liberados. Esto había sucedido hace dos años cuando se iniciaba el romance. Para Wilma el episodio fue un toque de atención que no quiso escuchar, según confesó meses después a una prima. La familia de Alcides vivía en Natalicio, una localidad de Itapúa que el muchacho había dejado para instalarse en María Auxiliadora donde trabajaba como guardia. De allí en más la relación sentimental se volvió difícil y tormentosa; convirtiendo la vida de Wilma y familiares en un infierno “amenazaba de muerte a todo el mundo, hasta a los parientes de su novia, era un enfermo”, comentaron los vecinos. Wilma soportó los celos hasta donde pudo y hace dos meses decidió cortar de raíz el problema y optó por separarse definitivamente.

Historia del caso

Fecha de entrevista: 16 de septiembre de 2004.

Testimonio del hermano de la víctima

“Alcides era muy violento, agresivo y alcohólico. Nunca supimos por qué no lo dejó cuando no hace mucho se conocieron. Ella estaba acompañada hace mucho tiempo pero después lo mataron al novio. Y entonces conoció a este asesino.

Pero sin dudas, era muy celoso. No admitía que Wilma hablase con otro hombre, según él ya era su amante. Ella era muy linda, se vestía bien, era muy alegre y todo eso no le gustaba a Alcides. Con nosotros se daba muy poco y lo poco que le conocíamos sospechábamos lo desagradable que era, eso se le notaba”.

Testimonio de la madre de la víctima

“La relación que mantenían no era buena. Era un hombre muy celoso, no la podía ver conversando con otra persona porque ya pensaba mal. Desde el principio yo lo notaba raro, era muy violento, uno se da cuenta por los gestos, la mirada, todo. Después de 15 días de conocerse, ella y nosotros empezamos a recibir amenazas de muerte por haberle aconsejado que se separara de él. Y así pasó hasta que cumplió con su palabra”

Parte Policial

Intervino la comisaría N° 16 de la localidad María Auxiliadora, Depto. Itapúa. El oficial de turno había asistido en el momento del hecho pero estaba de franco el día que fuimos a realizar la entrevista. Nos respondió otro oficial. Intervino el Juzgado de María Auxiliadora. El hecho se informó a la policía cuando llamó un agricultor quien iba a su trabajo y encontró a la víctima tendida al costado de la calzada de la Ruta 6. La policía se acercó al sitio y constató el crimen. Se dio participación del hecho a la fiscalía de donde concurrió el asistente del fiscal y personal forense. Diagnóstico de muerte: “hemorragia interna producida por arma blanca y/o de fuego”. Se procedió al rastrillaje de la zona en busca del autor, sin resultados.

Horas más tarde se presentó en la comisaría N° 16 Alcides Maciel Figueredo acompañado de su padre a comunicar lo ocurrido, manifestando ser autor material de la muerte de Wilma Acosta Morínigo; que utilizó para tal fin un revólver calibre 38 mm que después arrojó en un sitio boscoso en el Km. 37 de María Auxiliadora.

Informe de fiscalía

El 17 de setiembre del 2004 se realizó la entrevista en la Fiscalía de María Auxiliadora, en horas de la mañana sin resultados ya que todo el personal profesional de la misma estaba trabajando en un caso fuera de la localidad. Atendió el guardia de seguridad asegurando que por la tarde ya regresarían tanto el fiscal como los asistentes.

El entrevistador regresó nuevamente por la tarde pero ni el fiscal ni los asistentes habían vuelto del sitio donde estaban trabajando en un caso. El entrevistador tuvo que esperar 5 horas y al arribar el agente fiscal cerca de la hora de cierre de la oficina, alegó estar muy cansado y delegó la tarea de responder a los asistentes, quienes, después de revisar la causa, nos aclararon que se había llegado a la sentencia de 8 años por varios atenuantes: primero, el acusado se entregó a la policía después de cometer el crimen (el informe periodístico desmiente esto, dice claramente que huyó del lugar donde asesinó a la joven y posteriormente fue capturado por la policía). Segundo, no era marido ni pareja de la víctima, sólo eran novios. Tercero, no registra antecedentes penales.

El imputado se encuentra recluido en el penal de Encamación. La causa actualmente está radicada en el Tribunal de Encamación, oficina de causas.

El día de nuestra visita al Penal de Tacumbú se nos informó que Alcides Maciel Figueredo estuvo detenido en dicha institución pero salió en libertad el 12 de Agosto de 2004 el crimen sucedió en junio de 2003.1 año de prisión.

Comentario de los autores

Verdaderamente es imposible comprender cómo un crimen es sancionado con 1 año de prisión. Los ‘‘considerandos" para atenuar la misma son insostenibles, primero, no se entregó voluntariamente al instante, se presentó (seguramente presionado por su padre) mucho más tarde, abandonando a la víctima malherida en el sitio donde la atacó. Segundo, si no era marido, igual estamos ante un homicidio doloso para el cual el Código Penal vigente prevé penas de 5 a 15 años. Nunca menos de 5 años.

Varios penalistas nos explicaron que el nuevo Código Penal tiene un concepto moderno de justicia, por ejemplo, la aplicación de las penas sustitutivas, la prisión domiciliaria, los atenuantes de las penas siempre se instruyen olvidando a la víctima y beneficiando al infractor.

Otro aspecto que los autores quieren destacar es el acoso sistemático, el síndrome de posesión que padece el victimario ya que se desestructura ante la sola amenaza de pérdida de su esclava. La ronda, la maltrata, la descalifica, la atemoriza, y lentamente va ejerciendo ese poder de corrosión que hacen de la mujer una autómata. Es el mismo trabajo que se observa en la obra “Un tranvía llamado deseo” de Tennesse Williams en la que la frágil Blanche termina siendo destruida por el paciente desgaste de su cuñado.

ACOTACIÓN

Silbemos que una investigación comienza con una pregunta cuya respuesta son tres preguntas más y así, hasta el final. Sobre todo cumulo, como el presente trabajo, es de carácter cualitativo y abierto a un millar de posibilidades. No obstante, por el principio llamado “Navaja de Occam” en algún sitio hay que cortar y reducir las unidades a estudiar a las posibilidades del trabajo.

No sin dolor debimos resignarnos a ceder en dos terrenos que creemos hubiesen sido fértiles para explicar este complicado mecanismo del feminicidio y la violencia familiar emparentados.

El primero, que llamaríamos el problema vis a tergo, (lo que va hacia atrás) consistía en realizar un cuestionario a los feminicidas para conocer sus propios datos biográficos y tratar de vincular su vida pasada con las conductas actuales.

El segundo, que llamaríamos el problema del vis a fronte, (lo que se dirige hacia el futuro) investigar los 32 huérfanos que dejó esta serie de crímenes, con madre muerta y padre prófugo o detenido. Si afectó escolaridad, sociabilidad, si iniciaron síntomas psicosociales (adicción, bandolerismo, etc.) y cómo se mantienen económicamente estos expósitos sociales.



BIBLIOGRAFÍA PARA VIOLENCIA DOMÉSTICA Y FAMILIAR

• Antropológicas. Balandier, Georges.

• Feminismo. Amorós Célia.

• Manual de Funciones de la Justicia de Paz. Asociación de Magistrados de la Justicia de Paz. Paraguay. PROMUR / GES.

• Manual de Procedimiento Policial en casos de Violencia Doméstica. Honduras. Lic. Francisco Silva Cruz (ILANUD). 1997.

• La Violencia contra la Mujer, Ausencia de una Respuesta Institucional. UNICEF. 1992.

• Hablemos de la Mujer. Jaime Maristany. Editorial El Ateneo. 2000.

• Ibamos a ser reinas. Nuria Varela. Ediciones B. Grupo Z. 2002. España.

• O ovario de Eva. Clara Pinto Correia. Relógio D'Água Editores. 1998. Lisboa.

• Venid, Benditas de mi Padre. Teresa Valdes. FLACSO Ediciones. 1988. Chile.

• Tiempos de Mujer. Eva Giberti. Editorial Sudamericana. 1990. Argentina.

• Del ultraje a la esperanza, Tratamiento de las Secuelas del Incesto. Gioconda Batres Méndez. ILANUD. 1997. Costa Rica.

• The Women's History of the World. Rosalind Miles. Perennial Library Edition. 1990. EE.UU.

• La Mujer Maltratada. Graciela B. Ferreira. Editorial Sudamericana. 1989. Argentina.

• Derechos Humanos de las Mujeres: Paso a Paso. Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Editorama S.A. 1999. Costa Rica.

• El Lado Oculto de la Masculinidad - Tratamiento Para Ofensores. Gioconda Batres Méndez. ILANUD. 1999. Costa Rica.

• Violencia de Género, Derechos Humanos e Intervención Policial. Gioconda Batres Méndez. ILANUD. 2002. Costa Rica.

• Manual de Lecturas para cursos sobre Violencia Doméstica de las Academias de Policía. Batres Méndez, Gioconda - Portuguez Calderón, Flor. ILANUD. 1997. Costa Rica.

• Manual Metodológico de Capacitación en Violencia Domestica para docentes e las Academias de Policía. Batres Méndez, Gioconda - Portuguez Calderón, Flor. ILANUD. 1997. Costa Rica.

•Tratamiento Grupal: Adultas y Adolescentes sobrevivientes de Incesto y Abuso Sexual. Batres Méndez, Gioconda. ILANUD. 1998. Costa Rica.

• Manual Metodológico - Programa de Enseñanza y Entrenamiento de Terapeutas para el Tratamiento de Víctimas y Sobrevivientes de Incesto y Abuso Sexual. Batres Méndez, Gioconda - Marrocchi, Leda Marenco. ILANUD. 1999. Costa Rica.

• Manual para el Tratamiento Grupal del Incesto y Abuso Sexual Infantil. Batres Méndez, Gioconda. ILANUD. 2000. Costa Rica.

• Niños/as que abusan sexualmente - Manual p/ Tratamiento dirigido a Terapeutas. Batres Méndez. Gioconda. ILANUD. 2002. Costa Rica.

• Hombres que ejercen Violencia hacia su pareja - Manual p/ Tratamiento dirigido a Terapeutas. Batres Méndez, Gioconda. ILANUD. 2002. Costa Rica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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