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JERRY W. COONEY
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Datos biográficos

JERRY COONEY - SOBRE ESTO Y AQUELLO

Por GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ

Puede resultar muy difícil escribir sobre las personas que uno estima. Tratándose del historiador norteamericano Jerry Cooney, la tarea es aún más difícil a causa de su reciente muerte. Haciendo de lado los sentimientos personales, es justicia reconocer los méritos intelectuales de Cooney, y eso es lo que me decide a referirme a su trabajo de historiador.

Sucede a menudo que uno desconoce ciertos hechos básicos de una persona que conoce bien, y eso es lo que me pasa a mí. No tengo presente el listado de las numerosas publicaciones de Cooney; no puedo decir gran cosa sobre su trayectoria académica. Años de conversaciones personales y de correspondencia me permiten saber que había estado varios años en el Paraguay, antes de que yo lo conociera, y que el resultado de sus investigaciones fue El proceso de la independencia del Paraguay: 1807-1814, publicado dentro del programa de recordación del Bicentenario.

Un mérito del libro consiste en considerar la independencia como un proceso comenzado con las invasiones inglesas del Río de la Plata, que crearon conciencia revolucionaria en los criollos, y condujeron al derrocamiento del virrey español Cisneros en 1810. Lo sucedido en la capital virreinal, Buenos Aires, influyó en la formación de cuatro repúblicas independientes: la Argentina, el Paraguay, el Uruguay y Bolivia. Sin embargo, como lo muestra Cooney, el proceso de la independencia pudo haberse desarrollado de otra manera, y por eso es importante seguirlo en su desarrollo, en vez de explicarnos el pasado por el presente, suponiendo que todo estaba determinado desde el principio.

La historia es libertad, y la libertad supone opciones; en un momento dado, el Paraguay debió optar entre su independencia y su incorporación a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta visión de conjunto se aparta de un modo tradicional de concebir la historia americana: como la actualización de esencias nacionales presentes desde el principio (paraguayidad, argentinidad, etc.). Hace doscientos años, no existían tales esencias; en rigor, el concepto de esencia es una rémora de la filosofía medieval.

Otro libro notable de Cooney es el escrito en forma conjunta con Frank Mora, El Paraguay y los Estados Unidos. Como el anterior, este ofrece una visión de conjunto, comenzando con la labor diplomática de Carlos Antonio López y terminando con el gobierno de Duarte Frutos. Los últimos años de las relaciones binacionales no están tan documentados como los primeros, porque la documentación oficial aún permanece reservada. Eso no le quita el mérito de ser una obra pionera, por utilizar toda la información disponible.

Para terminar, quiero destacar la intervención de Jerry en la organización de las jornadas de historia paraguaya celebradas con la participación de nuestra Universidad Nacional y la Universidad de Montevideo; un poco de lo mucho que podría decirse de él.

Publicado en fecha: miércoles 5 de marzo de 2014

Fuente: DIARIO UILTIMA HORA / Edición digital

 

 

 

JERRY W. COONEY : La historia abunda en extrañas conjunciones de hechos, cuya relación escapa a los contemporáneos. Sólo el examen de un historiador extraordinario, yendo más allá de las apariencias, puede ha llar las conexiones ocultas de los acontecimientos, revelarlas y explicarlas. En el caso que nos concierne, tal historiador es Jerry W Cooney.

La especialidad de Cooney, los finales de la era borbónica, está llena de significados complejos para el pueblo paraguayo. La provincia -una de las más aisladas de la América del Sur española conoció en aquellos años innumerables cambios en lo político y lo económico. El crecimiento de la producción de la yerba y la creación del monopolio estatal del tabaco llevaron al Paraguay la moneda por primera vez; la rapidez con que surgió una economía monetaria creó posibilidades completamente diferentes para muchos paraguayos. Hasta el campesino más humilde conoció aquella nueva situación, en que los hijos de un labriego podían llevar una vida muy distinta de la del padre. Dicho de otra manera, la era borbónica ofreció al Paraguay la posibilidad de alcanzar una prosperidad anteriormente reservada a las áreas más modernas del imperio español. Sin embargo, la historiografía tiende a presentar aquel periodo como un simple preludio de los gobiernos de Francia y López.

Cooney ve las cosas de otra manera. Considera que la era borbónica o, más precisamente, la lucha del Paraguay por su autonomía en 1810 y 1811, merece un estudio histórico específico. En cierto sentido, su postura coincide con la de Efraím Cardozo y Rafael Eladio Velázquez, los dos historiadores paraguayos que dedicaron una particular atención al periodo. Pero quizás Cooney vaya más allá que sus predecesores en lo relativo a las conexiones del periodo con un contexto más amplio. En nuestros días, es frecuente hablar de fenómenos globales, como si los debates de la política económica en Pekín incidieran inevitablemente en la economía de Dinamarca o Madagascar. En el Paraguay, sin embargo, la mayoría de los historiadores aún centran sus investigaciones en la dimensión nacional -donde dominan el escenario las figuras del doctor Francia y los López-.

Pero Cooney no limita su análisis a la consideración de los tradicionales círculos de poder de Asunción, pues se ocupa también de las cortes de Madrid y Lisboa, los gabinetes de Buenos Aires y Londres, y los ranchos de paja de San Pedro y Caacupé. Es un enfoque ambicioso y que, al realizar su propósito de ofrecer una visión de conjunto, termina por demostrar el carácter único del Paraguay de una manera que la mayoría de los historiadores locales no ha tomado en debida cuenta. Simplificando, la mayoría de esos historiadores ha afirmado que el cambio político del Paraguay fue mayormente una consecuencia de acontecimientos europeos -como si el cautiverio de Fernando VII hubiese provocado una transformación inexorable para los pueblos del Nuevo Mundo-. El estudio de Cooney revela, sin embargo, que los paraguayos fueron los actores principales en la definición de su propio destino, y que los habitantes de la provincia tuvieron dirigentes comparables a Bolívar y San Martín; tenían también intereses a los que no estaban dispuestos a renunciar. Su lucha -para usar una expresión de Roa Bastos- fue un trueno entre las hojas, y no el mero eco de una tempestad originada en París o Buenos Aires. Por este motivo, el gobernador Bernardo de Velasco tuvo tan pocas dificultades para organizar un ejército a fin de enfrentar las pretensiones de los porteños; por el mismo motivo, quienes sucedieron a Velasco en el poder pudieron crear un Estado paraguayo autónomo en tan poco tiempo.

Esta manera de encarar la historia pide algo más que meras especulaciones apriorísticas, pues exige una atenta consideración de los hechos consignados en los documentos de los archivos. Por eso Cooney dedica una especial atención al examen de los acontecimientos del 14 y 15 de mayo de 1811; sobre todo al modo en que una generación de jóvenes oficiales de milicias dirigidos por Pedro Juan Caballero se apoderó de la revuelta para hacerla suya. Cooney también muestra que la dirigencia paraguaya no se vio enfrentada a una sola opción sino a varias -algunas de ellas no surgidas en Asunción sino en Buenos Aires y Río de Janeiro-. La lucha paraguaya de 1810 y 1811 fue un fenómeno particularmente ambiguo en que la libertad llegó, primeramente, del rechazo de las tesis liberales de los intrusos porteños; luego, de la adopción de tesis similares y, finalmente, del rechazo de las mismas. De acuerdo con esta interpretación, la larga dictadura de Francia fue un resultado posible -más no el único- en la lucha por el cambio del Paraguay. Para los paraguayos de hoy, que tratan de comprender de qué manera se encuadra la administración de Fernando Lugo en la tradición histórica de caudillismo y gobierno de un solo partido, puede ser muy provechoso el énfasis puesto por este estudio en recalcar la presencia de la ambigüedad.

THOMAS WHIGHAM

Fuente: Prologo del libro: EL FIN DE LA COLONIA: PARAGUAY 1810 – 1811. Obra de JERRY W. COONEY. Colección: INDEPENDENCIA NACIONAL . INTERCONTINENTAL EDITORA, Asunción – Paraguay 2010 (155 páginas)




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