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LOURDES PERALTA
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Lourdes Peralta

(1966)

Para demostrar que en Paraguay siguen surgiendo nuevas y nuevos narradores jóvenes, cuya falta de obra individual y propia se debe a las dificultades de edición existentes en el país, presentamos en esta antología a una joven narradora poco conocida, aunque con bastantes cuentos publicados en el diario ABC. Se trata de Lourdes Peralta, nacida en Buenos Aires (Argentina), de padres paraguayos que emigraron por razones económicas y políticas al país vecino. Realizó sus estudios primarios en el barrio bonaerense de Parque Patricios, pero cumplió la educación secundaria en Asunción, y después de residir durante tres años en Buenos Aires de nuevo desde 1986, cursó la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Católica de Asunción a partir de 1989. Culminó estos estudios en 1994 y ya había comenzado a trabajar como colaboradora del diario ABC. Publica habitualmente notas y narraciones breves en la revista dominical de este periódico, donde se ha revelado como una de las autoras más prometedoras del ámbito literario paraguayo en la actualidad aunque aún no posee obra propia.

Destacable es su posición sobre el periodismo. Lourdes Peralta defiende la ética periodística frente al sensacionalismo que domina progresivamente en su profesión. De ahí que su interés se centre en el mundo de la cultura y el arte, desarrollando su trabajo de forma independiente.

Uno de sus cuentos más relevantes para el tema de nuestra antología es «La virtud de Renata». En su trayectoria ha ofrecido narraciones perfectas como «La traición», pero el carácter humorístico de aquel, lo convierte en una buena muestra de la evolución de la narrativa paraguaya hacia formas de expresión menos cargadas de tragicismo, aunque no por ello intranscendentes ni exentas de rigor dramático. La comicidad y la ironía, visibles ya en narradoras anteriores como Raquel Saguier y Delfina Acosta, son características fundamentales de «La virtud de Renata». La protagonista se distingue por su excentricidad acentuada que la mantiene al margen de la colectividad y de sus vecinos. Estas excentricidad no se relaciona con el rechazo de la sociedad vigente, como hemos visto en algunos cuentos de autoras anteriores, sino con la voluntad personal, en realidad con una obsesión maniática: la limpieza extrema. Lourdes Peralta abandona el acento social y feminista, que convierte a los personajes en índices de un problema colectivo, para adentrarse en un personaje perfectamente individual, parte de lo individual para adentrarse en la memoria colectiva. Con una técnica esperpéntica dibuja su personaje con breves esbozos, aunque profundos, y le infiere una actitud ante la vida muy personal.

«La virtud de Renata» es un buen ejemplo del carácter tragicómico que va adquiriendo el cuento paraguayo actual, con un especial énfasis en el aspecto grotesco del personaje, y la reacción que suscita en las gentes. En esta oposición entre el comportamiento de Renata y el de la comunidad estriba la valía del relato y de la autora. 

 

La virtud de Renata

 Renata tenía casi 40 años y nunca fue de salir a la calle ni con un hilito colgando, sus pupilas chispeaban como carbón al fuego cuando veía alguna persona con la ropa desordenada. «La pulcritud y la limpieza son virtudes de gente decente», rezaba una placa en su puerta. A todos nos molestaba profundamente, pero a pesar de ello soportábamos con calma su «enfermedad». Cuando nos enteramos de que decidió sumarse  a la comisión vecinal, respiramos hondo y nos sacudimos las pelusas de la ropa. «Yo opino que lo principal es la limpieza, por eso hemos de pensar en los niños y tomar las debidas precauciones para la construcción de la plaza, nada de arena». ¿Pero cómo? ¿Una plaza sin arena?, dijimos a coro. ¿Qué quieren? ¿Que vengan perros a dejar pulgas? Ustedes, vecinos, no se preocupen, que voy a hacer la plaza más limpia del mundo». Como era tan elegante y perfumada, nadie se animaba a contrariarla. Cuando no había reunión del barrio, nos permitíamos usar la ropa más informal y gastada. Pero cuando llegaba el miércoles, sabíamos que ella estaría allí, que estarían sus ojos evaluándonos, poniéndoles en silencio un cero grande a nuestros trapos. Por eso ese día vestíamos de domingo.

 «¿Qué les parece echar unas gotitas de perfume francés a las bolsas de basura? ¿No es original? Además, estuve pensando en colocar felpudos gigantes sobre las veredas. Vamos a hacer todo de cemento para poder barrer sin problemas». ¿Y los árboles?, dijimos a coro. «Bueno, señores, no se puede tener todo. ¡Caramba! Los árboles no se necesitan en otoño, ni en invierno; ya en setiembre pensaremos en alguna solución». Sin dudas, era una maniática. El día del vecino, nos regaló a cada uno un jabón desinfectante y un desodorante en barra. Nos dimos por ofendidos, pero recibimos el regalo con los labios en magnífica U. Ni el amor logró cambiar a Renata que tuvo un solo novio, Roberto. El hombre huyó despavorido después de aquellas inagotables pláticas sobre el aseo. «Mirá, yo voy de frente. A mí no me gustan los puercos; imaginate que el día de mi cumpleaños, Roberto cayó con una camisa manchada con dentífrico. ¡Qué tolerancia ni que nada! Lo eché a los gritos, le advertí que no lo quería ver nunca más y, que si quería dejarme, por qué no me lo dijo directamente, en vez de apelar a una chanchada semejante».

Un miércoles, aprovechando la tardanza de Renata, nos comprometimos a defender la rusticidad de nuestro barrio; había que impedir tanta chifladura. Así que procedimos con inteligencia. Asistimos a las reuniones con ropa descosida, hecha pliegues, con algunas manchitas de la comida de la siesta y sin desodorante. Renata no soportó más que un par de reuniones. «¿Qué les pasa? ¿Quieren ir al infierno?. La puerta de su casa se cerró definitivamente. Al principio, creímos que escarmentaría. Pero los años dicen que no. Algunos aseguran que cada medianoche Renata sale en bata blanca a barrer hasta el cansancio la vereda y antes de entrar da una vuelta por el barrio para tirar unas gotas de Chanel nº 5 a cada bolsa de basura. O... no puede dormir.

Fuente: Narradoras paraguayas (antología) - José Vicente Peiró, Guido Rodríguez Alcalá - [recopiladores]. Edición digital: Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000. N. sobre edición original: Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay), Expolibro, 1999.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





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